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Muertos que no pueden tener siquiera un entierro digno

Publicado por A. Cordero el 12/04/2020 9:03 Comentarios desactivados

Tristeza. Rabia. Desolación. Indignación. Dolor. Son las únicas palabras que se me ocurren para ponerme en el lugar de esas 16.400 familias que han perdido a algún ser querido por esta pandemia de la que nadie se siente responsable. De poco o nada sirve a estas alturas, cuando el daño ya está hecho, buscar culpables, aunque los hay. Aunque escondan su ineficacia mientras se parapetan tras los micrófonos ante la opinión pública cada vez más asustada, todos sabemos hasta donde llegan y desde cuándo pudieron haber puesto un freno que nadie accionó dejando a la ciudadanía a merced de un virus que amenazaba China, pero que a España “no iba a llegar” y en caso de que lo hiciera, sus efectos eran “similares a una gripe”.

Como no había motivo para la alarma, nos fuimos todos de fiesta, celebramos todo tipo de eventos, festivales, manifestaciones y carnavales mientras mirábamos con incredulidad las imágenes de los féretros que se amontonaban en Italia. Aquello no iba con nosotros. Nuestras fronteras seguían abiertas y el tráfico aéreo seguía su curso normal. Aquí en España “se muere cada año más gente por gripe común”. “Eso no es preocupante”, decía el presidente del Gobierno, el ministro, los expertos en epidemiología, mientras se colaba en las redes sociales el testimonio de un médico español residente en Italia poniéndonos en antecedentes de lo que podía pasar. Pero en España seguíamos haciendo nuestra vida normal.

Había que salir a la calle a celebrar el Día de la Mujer o el carnaval. Ahora, después de ‘verle las orejas al lobo’, ya paralizamos el país y mandamos al paro a media España intentando frenar una bola de nieve que ha crecido tanto que ya es imposible de atajar. Decretamos el Estado de Alarma cuando ya el daño estaba hecho y seguíamos siendo el hazmerreir de Europa en las negociaciones para la compra del material sanitario mientras que los casos crecían a un ritmo espeluznante y nuestros sanitarios tenían que enfrentarse a cara descubierta ante un enemigo del que no sabíamos con cuantos de los nuestros se iba a cebar.

Pero no sabíamos, o no queríamos saber que ese virus llegado de China se iba a llevar a tantas personas y que entre ellas estaría nuestro vecino, nuestro familiar, el padre de nuestra amiga, el marido de otra, el de la tienda de enfrente, el del bar, el del taller, el que nos saludaba cada mañana cuando salía a dar el paseo para mantener a raya el colesterol. Algunas personas han perdido a sus padres, si, a los dos, a causa de esta pandemia que todavía muchos se toman a chiste porque no pueden dejar de pasear sus perros ni de salir sin motivo justificado de sus casas.

Más de 16.400 muertos a día de hoy, 12 de abril, según las cifras oficiales que a muchos nos cuesta creer. Personas que ayudaron a levantar este país y hoy mueren hacinados en los hospitales sin poder despedirse de los suyos, sin un entierro digno y sin el último adiós que, seguramente habrían esperado tener algún día, en otro momento y en otras circunstancias, sin conformarse con el único adorno de un post-it pegado encima de un ataúd cualquiera de los que se encuentran apilados en una morgue improvisada a la espera de que lo lleven en un camión rumbo al panteón familiar, en el mejor de los casos.

Y esperando un nuevo día, con unas nuevas cifras, con unos nuevos decretos y con la esperanza de no tener que mandar por WattsApp un pésame más, porque los “sólo 510 muertos” de ayer, lejos de infundir esperanza por el descenso de los casos, da miedo al sumar otros 500 más cada día a una lista que resulta demasiado desgarradora.


Salvoconductos para salir de casa, por encima de la ley

Publicado por A. Cordero el 27/03/2020 9:02 Comentarios desactivados

Entre opiniones de Facebook (la barra del bar de los tiempos de confinamiento) y la noticia de que una protectora de animales de Salamanca se quedó sin perros en tan solo 3 días, me ha dado la inspiración necesaria que necesitaba para escribir lo que llevo pensando unos cuantos días tras repetidas visitas a las ventanas y el balcón de casa. ¡Qué listos son los salmantinos, que encontraron el motivo ideal para saltarse las reglas en estos días en que la primavera invita a salir al campo! Lo que pase después de esta crisis a los sufridos animales ya lo iremos viendo y a lo mejor también lo vamos contando.

Yo no tengo perro, ni intención alguna para hacerme con uno aunque solo sea como coartada para salir a cualquier hora sin que las fuerzas del orden me recriminen el hecho de andar por la calle como si tal cosa, pero me indigna sobremanera el hecho de que el mismo perro, con distinto dueño salga a pasear y a correr por el campo en horario de mañana y tarde, mientras los hijos de esos dueños de perros y el resto de niños de España tiene que conformarse con pintar, dibujar, jugar y ver la tele en casa, porque hay una orden gubernamental que les impide cualquier tipo de salida de su casa.

Esto demuestra que los perros tienen más derechos que las personas y eso me asusta, pero más me asustan sus dueños que en un momento tan delicado como el que estamos viviendo, desafían a la autoridad, al coronavirus y a todo aquel que se atreva a decirle algo acerca del paseo prolongado con el que obsequian a su perro día tras día y que, por cierto, los hay tan chulos que se le olvida recoger ciertos recados que abandonan en la acera porque ni llevan bolsa, ni guantes, ni mascarilla, como si las leyes no fueran con ellos.

Me asusta que por culpa de las personas que se toman a cachondeo las normas impuestas porque se piensan que no van con ellos ya que “van a seguir sacando a su perro cada día, le pese a quien le pese, porque su perro es lo primero”, el resto de españoles estaremos en cuarentena hasta el día de Navidad, pero claro, ellos no pueden hacer nada por detener el avance del virus que nos puede matar a todos; porque lo único que les preocupa es la felicidad de su perro. Eso es lo que me asusta.

Desconozco las rutinas perrunas y tampoco tengo intención alguna de familiarizarme con ellas, pero supongo que muchos de esos perros, cuyos dueños trabajan todo el día no estén acostumbrados a tanto paseo, ni necesiten salir a pasear todos los días. Otra cosa es que al dueño le apetezca pasearlo o quiera premiar al can con unas carreras para que ejercite las patas, que no es lo mismo. En fin, que a la conclusión que he llegado es que hay familias en las que el perro, además de ser claramente el salvoconducto para salir a pasear, preocupa más que la educación y el entretenimiento de los hijos. Ahí lo dejo.


Pretextos, improvisación, excusas y contradicciones

Publicado por A. Cordero el 9/02/2020 9:07 Comentarios desactivados

‘Vergüenza ajena’ sería la expresión perfecta para definir la situación política actual de La Bañeza. El equipo de gobierno está convencido de que la culpa la tiene la prensa y, le falta tiempo para convocar a los escasos aspirantes a medios de comunicación que les aplauden y les hacen los coros para echar más mierda a la mierda (perdón por la expresión, queridos lectores) y mostrar su verdadera cara, mientras esperan salir airosos de una ciénaga de la que ya es complicado salir.

Poco a poco vamos viendo desaparecer algunas actividades que formaban parte de la vida social bañezana, mientras el alcalde pregona desde la radio municipal un día un discurso y al siguiente el contrario. Un día se levanta con ganas de criticar a Ibañeza y otro llama por teléfono pidiendo que “lo traten bien”, sin pararse a pensar en que su antecesor jamás se vio en la necesidad de tener que recurrir a tales argucias para que la cámara sacara una buena imagen suya y se ganara los tan codiciados “parriba” en los periódicos provinciales.

Y a mi que de vez en cuando me gusta dar un repaso a la situación, en este momento tengo tal aglomeración de temas, que me da la sensación de que si me pusiera a analizarlos todos necesitaría un folio de 500 metros de largo y varios días aporreando las teclas. Estoy segura de que cuando diera por finalizada la perorata, el señor alcalde habría cambiado de opinión y mi columna ya estaría obsoleta.

Como en Ibañeza.es presumimos de adelantarnos a la información, no quedaría bien publicar una columna ‘caducada’, así que pasaré por encima y profundizaré lo justito. De este modo, no adelantaré acontecimientos, sino que esperaré a que sean las fechas venideras quienes se encarguen de dar o quitar razones y de ir poco a poco cumplimentando las quinielas que los no afines y, sobre todo los afines llevan tiempo rellenando.

Así, mientras que se consume el calendario y esperamos a que llegue la fecha para saber si habrá o no habrá ferias decentes, si habrá o no habrá charangas que animen el carnaval, nuestro buque insignia, si habrá o no habrá carrera de motos, nuestro otro buque insignia, si el Museo de las Alhajas seguirá abierto o se volverá a cerrar y si la situación no se vuelve más insostenible de lo que ya es, quizás en ese ir y venir de excusas improvisadas y situaciones contradictorias, alguno se canse de jugar a ser concejal y decida volver al modo de vida que nunca debió dejar. Igual así los ciudadanos abandonemos esa vergüenza ajena con la que empezaba este rollo.


Buscando en las luces el auténtico espíritu de la Navidad

Publicado por A. Cordero el 25/12/2019 8:03 Comentarios desactivados

(Cuento de Navidad)

Hugo miraba por la ventana buscando algún atisbo de Navidad a través del cristal: unos copos de nieve, algún elfo de los que veía a todas horas en el anuncio de El Corte Inglés, o la típica decoración navideña que otros años colgaba de los cables en las principales calles y plazas de la ciudad. Pero los días pasaban y, a pesar de que en el calendario se estaba acercando el día en que Papá Noel tendría que llegar, tenía la sensación de que su ciudad no estaba preparada para tal evento. Hugo no sabía muy bien qué buscaba, pero creía que había algún símbolo escondido en las luces o las ramas del árbol donde se encontraría el auténtico espíritu navideño.

Apenas unos días antes, cuando Hugo ya se había hecho a la idea de que no habría iluminación navideña, gracias en parte a que su abuelo –el concejal de la Navidad– le había dicho que no había dinero para contratar las tradicionales guirnaldas de colores y luces navideñas, vio como poco a poco iban decorando algunos puntos con distintos diseños de árboles que daban a las calles y plazas ese aire navideño que la ciudad tanto necesitaba de cara a estas fiestas tan entrañables.

Ahora sí –pensó–, esto ya parece Navidad. Tras los cristales empañados por el frío de la calle, Hugo seguía buscando día tras día alguna huella, algún indicio de la llegada de esos personajes mágicos que alegran la Navidad de los niños, pero no fue hasta el día en que los mayores estaban revolucionados por el sorteo de la lotería, cuando Hugo vio algo que le hizo sonreír y fue corriendo a buscar a su abuelo que estaba afanado en mirar los números premiados y apenas prestaba atención a lo que pasaba por la calle.

–La Bañeza es la ciudad de las motos, ya lo sabes–, le dijo a Hugo con desgana. Ya las has visto más veces desde esta ventana. Yo llevo sesenta años viendo pasar la carrera por ahí, por esa calle, y espero seguir viéndola, y que tú también la veas toda tu vida, pero, ¿qué es eso?, dijo pegando la nariz al cristal. Si todos van vestidos de rojo, como Papá Noel. Hugo daba saltos de alegría convencido de que cuantos más ‘papanoeles’ llegaran, más regalos tendría, ¡y en moto!, como a él le gustaba. ¡Qué suerte tenía de vivir ahí!

–Esta es la Navidad que me gusta–, pensaba mientras miraba la comitiva pasando por delante de su ventana. Vamos, abuelo, llévame a la plaza que quiero verlos de cerca, subirme a alguna de sus motos y que me hagas una foto con el de verdad, que yo sé que tú lo conoces y sabrás distinguirlo entre tantos, porque yo igual me lío. No, Hugo, serás tú quien lo reconozca nada más verlo, –dijo el abuelo–. Ya lo verás.

El abuelo dejó las gafas encima de la mesa del salón, se puso el abrigo y la bufanda y salió con Hugo en busca del preciado personaje. No le costó encontrarlo, aunque todos ellos iban bastante bien ataviados con el traje rojo y las barbas blancas, pero el auténtico tenía algo que los demás no tenían y Hugo supo enseguida de qué se trataba. Sus ojos brillaban, no pudo contener la emoción cuando lo subió a su moto y le dijo al oído: “Esta noche iré a tu casa y te llevaré un regalo, porque has sabido encontrar el auténtico espíritu de la Navidad”.

Hugo había sido el único responsable de la decoración navideña, ya que con su insistencia había convencido a su abuelo a decorar la ciudad y, aunque tarde, lo había conseguido porque éste no era capaz de negarle nada. Hugo sabía que una buena preparación previa era esencial para que la magia de la Navidad facilitara la llegada de Papá Noel primero, y los Reyes Magos unos días más tarde y todos los niños pudieran recibir sus regalos.


Cuando al 13 le quitamos el 3 pensando que no se nota

Publicado por A. Cordero el 27/11/2019 9:01 Comentarios desactivados

De todos es sabido que el número 13 no es el más querido; se asocia a la mala suerte y se mira con recelo cada vez que hay que mencionarlo. Hay quien se refiere a él como 12+1 y se evita de forma alarmante cuando quien tiene que lidiar con él es un supersticioso o alguien que se apunta a frases hechas por parte de personajes mediáticos que han conseguido referirse al trece sin mencionar la ‘fatídica’ cifra.

Supongo que eso fue más o menos lo que pensaron los encargados de elaborar este año, por cierto, la decimotercera (13ª) edición de las Jornadas contra la violencia hacia la mujer que, para borrar la cifra de un plumazo se les ocurrió la brillante idea de quitar el tres y quedarse con el uno. Así, cuando hagan balance de las actividades llevadas a cabo, se apuntarán el tanto de poner en marcha tales jornadas y ser pioneros en unos actos que, desgraciadamente, llevan celebrándose –también en La Bañeza– unos cuantos años, 13 para ser exactos.

Tal vez fuera en su afán por innovar el hecho de que a alguna cabeza pensante –de esta legislatura, por supuesto- se le ocurrió colocar en círculo tantas sillas como mujeres asesinadas en el transcurso del año y, para ser la primera edición no estaba nada mal, a pesar de lo impropio de la publicidad, pero si se tiene en cuenta que la anterior Carmen ya colocaba las sillas vacías a principios de esta década, al asunto de la buena idea, hay que cambiarle la autoría. Nos centraremos en la lectura del manifiesto, la traducción al lenguaje de signos, la vistosidad de las sillas y el simbolismo que representan para no seguir sacándole punta.

Y yo, ingenua de mi, que pensaba que el nuevo gobierno venía cargado de ideas, con ganas de trabajar y con mucha ilusión por hacer algo de forma altruista por su ciudad y sus habitantes, sin cifras astronómicas en sus nóminas y mejorando los niveles de participación en las actividades, llego este lunes a la plaza Mayor, esperando ver alguna novedad en esta “primera” edición de las Jornadas contra la violencia hacia la mujer y me encuentro las consabidas sillas semi cubiertas con un “farrapo” publicitario con bastante mal gusto, y con menos de la mitad de público de años anteriores.

Digo yo, que en este asunto de las equivocaciones la imprenta siempre suele ser quien se carga con las culpas de la inoperancia ajena. Quizás sea esa la causa de que al 13 se le haya caído el 3 de repente y el error se subsane para el año que viene. Esperaremos a ver si, de seguir el gobierno municipal como está, las próximas jornadas lucirán el número 14 como les corresponde, o se borrarán de las hemerotecas y de la memoria de la población y las siguientes que veamos serán las segundas. Tal vez en lugar de avanzar, retrocedemos y en lugar de sumar restamos, como el asunto ese del 3. Quién sabe.


Cuando el tiempo no se mide de forma correcta

Publicado por A. Cordero el 16/10/2019 9:05 Comentarios desactivados

Hoy quiero hablar del tiempo. El día tiene 24 horas y, excepto unas cuantas personas que se aburren y no saben cómo exprimirlas al máximo, casi todo el mundo tenemos la agenda lo suficientemente repleta como para no desperdiciar más minutos de los que realmente queremos malgastar, siempre según nuestro juicio (acertado o equivocado) dependiendo de muchas cosas.

Pero demasiadas veces nos encontramos con esos ‘vampiros’ que no tienen nada que hacer y nos cuentan su vida, la de su brillante hija y la ultima aventura de la vecina de arriba en la versión más extendida y echan a perder nuestros planes de aprovechar algún valioso minuto o simplemente dejar descansar la mente de esas personas cansinas que casi nunca aportan nada más que un cansancio psicológico que muchas veces dura horas y consumen las energías con más facilidad que el trabajo o las preocupaciones.

Luego están los otros, los que se consideran a sí mismos ‘empresario del año’, ‘persona influyente’, ‘cacique’ o ‘personaje de alcurnia’ –por mencionar algunos ejemplares que se adapten a este texto–, quienes creen firmemente que sólo su tiempo es válido, así como el trabajo que desempeñan, aunque en algunos casos les regalen el sueldo y todos los demás, que dicho sea de paso, estamos a su servicio, somos meros peones en un tablero de juego en el que ellos se creen el rey, o la reina o…

Y se permiten el lujo de llegar tarde y hacer esperar a personas de un rango superior aunque destaquen por su humildad, y se toman a la ligera el tiempo de los demás, y se piensan que somos sus súbditos y, con un ‘lo siento’, ‘me olvidé’ o ‘no tuve tiempo’ lo arreglan, porque se piensan que son una especie de semidiós al que hay que adorar y que son los que más trabajan del mundo aunque, repito, les regalen el sueldo.

Esos, que siguen pensando que su tiempo vale mucho y el de los que estamos alrededor no vale nada, quizás deberían abrir un poco más los ojos y mirar el reloj antes de que sea demasiado tarde y las agujas comiencen una carrera imparable donde no valgan ni los ‘losientos’ ni los ‘semeolvidó’, que aterricen en el mundo real y se bajen del guindo antes de que una de sus ramas se desquebraje y la caída sea mortal. Quizás en ese momento, dejen de medir el tiempo de la misma manera, porque a partir de entonces, tendrán todo el tiempo del mundo.


Como no todo el año es agosto, hay que estudiar el viento

Publicado por A. Cordero el 19/08/2019 8:30 Comentarios desactivados

Ahora que se terminaron las fiestas llega el momento de empezar a trabajar o seguir trabajando, depende del caso, de hacer balances y comprobar si el negocio sigue siendo rentable o por el contrario dar la cara ante la plantilla y reconocer –si es el caso– que se avecinan malos tiempos y que hay que tomar medidas drásticas para seguir manteniendo a flote el barco que quita el hambre a tanta gente.

Quizás el puesto de empresario o de director general sea uno de esos que más se ambicionan cuando se piensa en la nómina que recibe a final de mes o en el coche que conduce y en las corbatas que lleva, pero cuando se tiene que poner a dar explicaciones, a dar la cara cuando hay problemas o a asumir culpas que no siempre son suyas, es cuando empiezan los malos rollos.

Algunas empresas acaban cerrando sus puertas al público después de un periodo de fiestas que –inicialmente pensaron que le iban a solucionar todos sus problemas– porque hay empresarios que se piensan que todo el año es agosto y al llegar septiembre se dan de bruces con la realidad, con las facturas, las nóminas, los seguros sociales –entre otras cosas– y se llevan las manos a la cabeza intentando entender qué hicieron mal, cuando es demasiado tarde.

Dicen que cualquier momento es bueno para revisar las cuentas, las estrategias y las negociaciones para asegurarnos de que se están haciendo las cosas bien, de lo contrario no quedaría más remedio que cambiar las unas para sanear las otras, cambiar de proveedores, de clientes, o de gestores.

Tal vez después de unas fiestas en las que igual nos hemos pasado un poco todos, sea buen momento para tomarse el asunto en serio, fijarnos bien de dónde sopla el viento y remar en la dirección correcta. Quizás no salvemos la tripulación, pero al menos intentemos salvar el barco.


Quince días y un punto y final a los escaparates de humo

Publicado por A. Cordero el 26/05/2019 8:00 Comentarios desactivados

No hace falta ser psicólogos, ni sociólogos; solo hay que tener un poco de vista, un poco de sentido común, y dejar transcurrir el tiempo de la campaña electoral para ver que a medida que pasan los días esperando el momento de contar las papeletas y comparar con las encuestas, esas tan criticadas y puestas en tela de juicio por los menos favorecidos, los hay que pierden los nervios, y las buenas formas a medida que avanza la campaña.

Quince días de sonrisas, apretones de mano y promesas, quizás a algunos les parezcan pocos para conseguir esos votantes que no saben bien a quien confiar su voto para gobernar durante cuatro años, pero a mi modo de entender –siempre muy particular, he de reconocer–, si la campaña hubiera durado tres o cuatro días muchas meteduras de pata, pataletas e incoherencias se habrían evitado y los escaparates de humo en que se convirtieron algunos programas electorales no habrían llegado a las manos de los votantes, con el peligro que ello supone…

A pocas horas de que se desvelen los resultados y se vayan cayendo del guindo todos aquellos que nunca tuvieron los pies sobre la tierra, apenas queda la opción de dejar de soñar para coger la calculadora y comprobar de primera mano que todas las cábalas que hacían en la red los que ni van en la lista ni se juegan gran cosa, quedaron atesorando dos o tres caretas y la satisfacción de haber engañado a Facebook y haber protagonizado por unos días unos insulsos diálogos –monólogos en algunos casos–para matar el tiempo e imaginarse las papeletas del color de sus sueños.

El problema es que en las redes sociales no se contabilizan los votos –aunque a los que les vale todo se piensen lo contrario– y la urna está a punto de destapar la realidad. Es entonces el momento de dejar a un lado los juegos y ocuparse de las cosas serias para entender que ser alcalde dista mucho de ser un juego y no se debe tratar al votante como si fuera tonto. Pero será el domingo a última hora y, queridos lectores, ya será demasiado tarde, el humo se habrá desvanecido y las caretas de las redes sociales habrán dejado al descubierto la dura realidad, la de gobernar una ciudad, en serio.


¿Diecisiete entre seis?, no sé si me saldrán las cuentas

Publicado por A. Cordero el 19/05/2019 9:15 Comentarios desactivados

Dice la calculadora –que es la que más sabe de estos asuntos– que son 2,8333333… y como no vamos a poder partir a nadie en trocitos para hacer las cuentas exactas, nos tendremos que conformar con hacer un reparto aproximado y colocar los culos en los sillones manejando otros criterios que poco o nada tengan que ver con las matemáticas, que dicho sea de paso, aquí no funcionan del todo bien.

El caso es que yo siempre me fío más del sentido común que de las ciencias exactas y, como el calendario me dice que ya han pasado cuatro años y volvemos otra vez a enfrentarnos a las papeletas, habrá que buscar en ellas los nombres nuevos, los de otras veces y ciertas caras cambiadas de bando con apretones de mano y abrazos desmedidos, que no vienen a cuento y con demostraciones de cariño desorbitadas que se exceden, en muchos casos y acaban haciendo una clara demostración de hipocresía.

Pero los tiempos cambian y las campañas electorales se adaptan a ellos, aquello que decían de que un apretón de manos era un voto, quizás haya que cuestionarlo. Ahora, antes de llegar a las urnas, ya se baten en duelo las páginas con las candidaturas aspirantes al sillón y al mismo tiempo que proliferan éstas, lo hacen ciertos “seguidores” cuyo perfil, de reciente creación, contribuye a hacer política de chirigota y baratillo, confiados en que el hecho de colocar un nombre falso o un personaje de comic, garantiza el anonimato para crear debate y asegurar la zona más visible a cuantos seguidores hayan conseguido captar.

Y algunos en lugar de salir a la calle a pegar carteles y a hacer campaña puerta a puerta (como nos gusta en los pueblos), con apretón de manos y palmadita en la espalda incluida, se parapetan en su página, sonríen desde la foto mientras esperan que los votos le lleguen por arte de magia, y se frotan las manos mientras hacen las cuentas, evidentemente con resultados distintos a los míos, convencidos de que la división se hará entre dos y a ser posible al alza y se imaginan a sí mismos ocupando el sillón presidencial del salón de plenos.

Y otros, los que más papeletas ganadoras tienen, son realistas, precavidos y trabajan desde el minuto 0, como mandan los cánones, sin confiar en la providencia y peleando cada voto, recorriendo cada rincón y visitando a cada persona que, con su voto pueda hacer una división más o menos orientada a su favor, con los pies en la tierra, porque saben que las ciencias en ocasiones fallan y los votos como mejor se cuentan es cuando se sacan de la urna.

Pero yo espero que mi calculadora falle y esas cifras que me arroja no tengan ningún parecido con la realidad, que aquella obligatoriedad de sacar el resultado exacto de los tiempos del colegio, simplemente era para el examen, pero ahora, que ya hemos aprendido algo –aunque no sea mucho-, sabemos que una división entre dos sería ideal, entre tres, bastante buena; cualquier otro resultado sería difícil de asimilar y en cuatro años el desaguisado podría ser demasiado evidente.


¿Quién nos robó aquella Noche Bruja?

Publicado por A. Cordero el 5/03/2019 9:03 Comentarios desactivados

Mucho se habla de la Noche Bruja de La Bañeza y quienes no saben de qué va el asunto están convencidos de que es la noche grande del carnaval bañezano, quizás por escuchar a sus padres y abuelos hablar de ella con nostalgia año tras año, o porque la nomenclatura ‘Noche Bruja’ tiene algo que engancha. Tal vez sea por eso que todos los adolescentes de la provincia se frotan las manos al imaginarse hacer realidad el sueño de asistir a uno de los eventos más sonados en el programa carnavalero.

Desde el ayuntamiento se hace un despliegue de medios para intentar tapar la mala imagen que los empleados de la limpieza se encuentran a la mañana siguiente y tratando de prevenir desgracias que, todo hay que decirlo, a día de hoy no se han producido, mientras añoran aquellas noches brujas que vivimos los que ya peinamos alguna cana y rememoran disfraces, lugares y momentos inmortalizados en viejas fotos.

Estos últimos años he oído decir, de forma muy acertada, que la mañana del sábado y parte de la tarde es ahora ‘la nueva Noche Bruja’, donde el auténtico carnavalero bañezano saca a la calle su personaje disfrutando y haciendo disfrutar a los que solemos verlos desde la barrera, pero admiramos el ingenio y la imaginación que se dan cita cada año en los aledaños de la Plaza Mayor. Sin duda es el momento más esperado por quienes lo hacen y quienes lo vemos, sin organización, sin normas, sin impedimentos de ningún tipo, pero carnaval auténtico, como suelen titular en los papeles.

Así, esos carnavaleros auténticos que –ayer mismo se lo dije a uno de mis favoritos– cada año se merecen ganar un premio, porque cada año se superan a sí mismos y cada año dan lo mejor de si, que salen a la calle interpretando un papel sin necesidad de grandes alharacas y –sobre todo– sin ir pegados a un vaso que les haga desinhibirse y romper el hielo para meterse en la piel del personaje al que dan vida de forma magistral.

Quizás decir que hemos perdido la Noche Bruja sea un poco exagerado por mi parte, así que voy a decir que con el ‘todo vale’ y el afán por atraer autobuses llenos de chavales a cualquier precio, la hemos convertido en algo que afea la imagen de un carnaval con ‘denominación de origen’ y recuperarla para que vuelva a ser lo que fue hace 20 años será casi imposible; por eso y para dejar buen sabor de boca diré que acaparamos las portadas de los periódicos de tirada provincial porque el Carnaval de La Bañeza se supera cada año gracias a todas esas personas involucradas en el éxito indiscutible de esta fiesta de Interés Turístico Nacional.

Sirvan estas líneas para felicitar a esos carnavaleros GRANDES que cada año se merecen un premio por el ingenio, la interpretación, la puesta en escena, el aguante, el trabajo que todo ello conlleva y por arrancarnos a quienes los disfrutamos tantas y tantas sonrisas. Ellos son el auténtico carnaval. Enhorabuena por tanto derroche de imaginación.


¿Qué tendrá la palabra gratis, qué tendrá?

Publicado por A. Cordero el 27/01/2019 9:09 Comentarios desactivados

Es indiscutible, si es gratis, como si es mierda, siendo gratis las opciones de interés crecen por minutos y todo aquello que exhiba la preciada palabra a su lado se convierte al instante en un asunto a tener en cuenta, mientras que si hay que pagar, aunque sea una mísera cantidad, la gente comienza a poner excusas y el preciado objeto de deseo ya deja de tener atractivo.

Cuando a mediados de diciembre se empezó a hablar de las cien mil bombillas que una conocida marca de bombones había colocado en Puebla de Sanabria, la noticia corrió como la pólvora y, mientras algunos pensamos de inmediato que, entre otras cosas, lo que perseguía la conocida casa italiana era asegurarse la promoción de la campaña navideña de sus productos, hubo quien sólo acertó a recordar que el día de la inauguración habían repartido bombones a todo el que se acercó a presenciar el encendido con autoridades, prensa, los rostros famosos de la cadena televisiva y la parafernalia que suele acompañar a estos saraos mediáticos.

Tanto es así que aquello se convirtió poco menos que en una peregrinación a la que, he de reconocer, también asistí, aprovechando un viaje de vuelta del país vecino, para ver qué era aquello que tanto daba que hablar en los corrillos modernos. Eran luces. Luces colocadas con bastante buen gusto que realzaban la indiscutible belleza de la plaza Mayor de un pueblo ya de por sí considerado uno ‘de los más bonitos de España’ y un letrero excesivo que, bajo mi punto de vista, lo que buscaba en todo momento era el postureo en las fotos de los perfiles y que el nombre de la marca estuviera presente en todas ellas a coste cero.

Quizás algunos, de los que sólo acertaron a recordar que el día de la inauguración se repartieron bombones, pensaban que los bombones colgaban de los tejados a modo de bolas navideñas, porque nada más llegar se oían los rumores de la ausencia del preciado botín, uno, dos, tres… cerca de una docena de golosos conocidos me encontré preocupados por el asunto ya que, al parecer, su única excusa para acudir allí fue la de hartarse de bombones, eso si, gratis.

Además de los comentarios y las caras de disgusto por la ausencia de los mismos y tras decir yo que lo que buscaba la tanto la marca, como el ayuntamiento de Puebla de Sanabria era la difusión de las fotos y la llegada masiva de visitantes ávidos de foto y bombones gratis, fue la pataleta de decir: “pues yo no pienso subir fotos, que se chinchen…” Y a continuación, tras informarle a una dama sobre la opción de comprar en el supermercado una caja de 3 unidades de Ferrero Rocher por un euro y una caja de 16 por poco más de cuatro, acabó diciéndome que no podía comer bombones, que tenía colesterol.


Buscando un cambio en la elección de los regalos

Publicado por A. Cordero el 25/12/2018 8:31 Comentarios desactivados

(Cuento de Navidad)

Hacía varios días que la nieve era la única protagonista, los copos no paraban de caer cada vez que Javier se asomaba a la ventana y, a juzgar por el color del cielo, todo parecía indicar que éstas serían unas navidades blancas. Las leves pisadas que, los más atrevidos dejaban en la nieve, desaparecían al poco rato porque la nieve seguía imparable y apenas se veían personas transitar por las calles cubiertas de un espeso manto blanco.

Javier seguía con la nariz pegada a la ventana tratando de reconocer entre las pisadas que se adivinaban bajo la nieve, las de los camellos que esperaba con tanta ilusión. Esperaba que no le fuera a pasar como el año pasado, que había recibido una carta de Papá Noel diciendo que debido a la mala ortografía, sólo podía dejarle un diccionario y un manual de reglas ortográficas junto a una buena reprimenda firmada de su puño y letra para que aprendiera a escribir correctamente.

¡Menudo disgusto!, este año, con la lección aprendida, Javier había encargado sus juguetes a los Reyes Magos; la experiencia vivida con la misiva de Papá Noel, le había hecho esforzarse más en el colegio y sacar un sobresaliente en Lengua. Había aprendido a distinguir bes de uves, a colocar haches, a acentuar las palabras, a usar todas las letras en los mensajes de Whatsapp y a mejorar la letra, pero todavía le quedaba alguna cosilla sin dominar del todo y, no quería otro diccionario, por eso había decidido depositar su confianza en otro lugar.

-Como dice mi padre: “cuando un político no hace lo que promete, o no da más de si, lo mejor es retirarle la confianza y cambiar. Así haré yo con este graciosillo vestido de rojo”, pensó Javier mientras escribía la carta a los Reyes. Seguro que estos, que dice mi abuela que son los de toda la vida, no me fallan-. No quería más tratos con alguien que, bajo su punto de vista y con la perspectiva de los nueve años, lo había engañado.

Y así transcurrió el día, ante el temor a que la nieve no dejara transitables las carreteras para facilitar el paso a los Reyes Magos, y con la duda de si ellos también tendrían alguna queja de las notas de Javier, de su comportamiento en casa, en el colegio, en el equipo de fútbol, en las clases de inglés. Javier se fue a la cama después de revisar una vez más el mensaje enviado, comprobando que no tenía ninguna falta.

El beso tranquilizador de su madre le hizo entender que este año todo estaba bien, que no tenía por qué preocuparse. Javier había aprendido en este último año una lección que recordaría toda su vida y podía dormir tranquilo. Así soñó –o creyó soñar– que tres reyes entraban en su casa y –además de los regalos que había pedido– le habían dejado una nota en la que le decían que estaban tan orgullosos de él que iban a hacer algún cambio para hacerle participar en el reparto de juguetes a los más pequeños del próximo año.

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