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La obra de Toño Odón nunca será efímera

● Polo Fuertes ►Sábado, 21 de septiembre de 2013 a las 0:01 Comentarios desactivados


Antonio Odón Alonso, Toño Odón para los amigos, es como esos cantos populares, que los de mi generación aprendimos en las tabernas o en las romerías de montes cercanos. Canciones populares que huelen a fiambrera de tortilla cubierta de pimientos fritos y que muchas veces, he tenido ocasión de cantar con él. Toño Odón es un artista completo y, sobre todo, un amigo de sus amigos, como es mi caso.

Por eso, cuando hace dos o tres años (ya ni me acuerdo), me explicó la iniciativa que quería poner en marcha, dándole un contenido literario, una explicación personal, una pirueta poética a sus innumerables carteles, que a lo largo de su vida ha sabido confeccionar para toda clase de eventos, me puse a su disposición sin dudarlo. Unos días después me mandó la carátula del cartel anunciador de los carnavales de 1990, “más que nada para que vayas pensando una de tus columnas”.

Para mí fue fácil, porque sólo tuve que echar mano de mis notas periodísticas y saber cómo había vivido aquellos carnavales de casi veinte años atrás. Lo que no supe hasta ahora, es que tuviera tantos carteles donde escoger y, más que nada, amigos de los que echar mano para completar esta obra maestra que está a punto de salir a la calle, con toda clase de detalles técnicos, pictóricos y la puesta en escena de algo que seguirá completando eso que suelo llamar yo como las historias de la historia bañezana.

Cerca de doscientas personas hemos puesto nuestro granito de arena a una obra maestra de la pintura, de la cartelería de Toño Odón, con el que tengo un pequeño desacuerdo, porque la obra de Toño, tanto la pictórica, como la musical, la poética o la teatral nunca será efímera.

El libro hay que verlo, hay que leerlo, hay que acariciarlo, hay que ponerlo en el dosel de una obra que, hace más de medio siglo, comenzó por su cuenta y riesgo a escribir en El Adelanto Bañezano, el cronista oficial de La Bañeza, Conrado Blanco con sus artículos titulados ‘Capiteles para la historia bañezana’ y que, desde 1986, viene recogiendo en una ya larga colección, en la que sigue la filosofía de contar las historias de la historia de la ciudad, las historias de los bañezanos.

Precisamente, la fundación que con su mecenazgo ha creado, ha sido la encargada de editar el precioso libro de Toño Odón, igual que ha hecho con otros autores, tales como textos sobre la Coral del Milenario, o los poemas de Antonio Santos, o Napoleón en La Bañeza, de Domingo del Prado o ahora este de Toño Odón.

Hoy aquellos capiteles para la historia bañezana, que Conrado publicó en un principio en El Adelanto Bañezano, ya no sólo son una columnata jónica, corintia, románica o gótica, son ya un claustro de doble o triple altura, como la torre parroquial de Santa María para tener una medida de referencia.

Y es que la historia de La Bañeza será siempre la historia de quienes nacieron, nacimos, vivieron y vivimos en la ciudad. La historia de nuestras anécdotas, de nuestros desvelos, de nuestras cuitas. Las historias de la historia de lo que debería (o no) ser la oficial. Una historia de la que también se ha encargado nuestro querido Conrado. Pero eso es ya otra historia, contenida en cientos de carpetas azules del cronista oficial, a las que alguien tendrá que echar mano algún día. Hoy sólo cabe la enhorabuena a otro contador de historias, como es Toño Odón.

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