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Semana Santa

● Ibañeza.es ►Viernes, 30 de marzo de 2018 a las 9:05 Comentarios desactivados


Pues sí, la de 2018, que, dicen, va a terminar prematuramente con disgusto de quienes se quedarán sin poder vivir su intensa religiosidad, tanto, que les dura un año entero. Menos mal que nos han dispuesto, para tan magna exhibición, unos prolegómenos culturales durante la Cuaresma, tiempo de escalada, como dice una bastante horrible canción.

Aquí, en la Semana Santa de L.B. han desaparecido tanto la música como el “descanso” de las procesiones en las que se ejecutaba. Bueno, desde que se han recuperado antiguas tradiciones en desuso, hemos dejado por el camino otras tantas en uso y la revitalización de lo que hicieron nuestros antiguos cofrades y cofradas no es más que una nueva hechura sin base histórica, ya que se ha retomado la idea para hacer algo “ex novo”.

Yo, a diferencia de casi todo el mundo añoro aquella Semana Santa nuestra sin pretensiones ni brillos, pero mucho más lígrima, los nuevos pobres sabemos que el oro no tiene por qué brillar, valoramos más el arte del orfebre, como dice el refrán y contradicen las nuevas dinastías arábigo-petroleras que nos epatan por deslumbramiento. Incluso Nuestra Señora de la Amargura tenía un carácter menos de barrio, los que sepan algo de la S.S. de Sevilla sabrán a qué me refiero, y la nombro porque era una imagen alejada de lo que se supone es el espíritu “castellano”: el manto bordado con hilo y aguja en vez de pegado con silicona, era mucho más costoso que la propia talla. Pocos sabrán dónde consiguió el Cabildo tan estupendo paño de terciopelo que luce ahora tan ajado como el resto de la imagen. ¿Para cuándo una restauración seria y rigurosa de esa obra de arte? Aunque sólo fuera por el escudo de L.B. bien valdría la pena que la priostía emprendiera tan costosa tarea. Bueno, el querubín tampoco lo iba a desdeñar.

Me metí en el taller de costura cuando yo estaba en el de música, perdón. Es verdad que en casa, el nivel de exigencia musical, era extremadamente alto: crecer oyendo a los eximios, te maleduca y el motete que se cantaba a la Amargura en la puerta de la iglesia del Colegio de las H.H. Carmelitas tras el sermón a cargo del “elocuente orador sagrado” no era como para grabar, pero ambos están tan desaparecidos como el esplendor de la Imagen. Esto ocurría también en el Encuentro y en la Procesión de Pasión en la que los pasos se metían dentro de la Iglesia, cosa hoy imposible dado su tamaño de los pasos, mientras la sensibilidad religiosa de los Hermanos de Jesús buscaba alivio trasegando limonada y churros. Eso sí que se conserva igual. Luego las sopas en Boño preludiaban el Calvario. Mi recuerdo y oración para Conchita.

Podría seguir, pero basta por hoy (por cierto qué “BASTA” tan extraordinario el del sábado, Hermano Consiliario) Termino dando las gracias a quienes me leeis con tanto esmero y condescendencia, en especial al “legítimo descendiente del Zar”: las coronas reposan temporalmente como espero hacerlo yo, eternamente, tras haber sido acogido por la benevolente misericordia de Jesús Nazareno.

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