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¡A pintarse los labios!

● Ibañeza.es ►Martes, 19 de julio de 2011 a las 12:01 Comentarios desactivados


Cuando aterrizó la crisis las ventas de los pintalabios crecieron un 6%. Por lo visto el cosmético entra dentro de los pequeños caprichos que el consumidor mantiene (y potencia) durante los vendavales económicos. Los diarios financieros estudiaron los picos del mercado y los medios más sensacionalistas salieron a buscar razonólogos, que son estos seres que sin tener ni puta idea de nada buscan razones para todo. Una de las brillantes conclusiones de los razonólogos para este fenómeno fue el optimismo.

De alguna forma (inexplicable salvo por las interconexiones de la mente) comprarnos una barra de labios nos pone de buen humor. Lo que en la sociedad que nos toca vivir es tan imprescindible como tener un ipad, un ipod o cualquier otra cosa disfuncional y con teclas que acabe en d. Hay que ser feliz o fingirlo, pero nada de amargar a los demás. Y es en esa búsqueda por el simulacro perfecto de la felicidad inexistente donde llevaremos a cabo las acciones más patéticas a las que tendremos que enfrentarnos jamás. Diremos cosas que no pensamos, haremos cosas que no sentimos, nos refugiaremos en películas que no queremos ver y escucharemos música que aborrecemos. Hay otras lindezas, como enfrascarse en la lectura de libros de autoayuda y superación, pero eso ya son palabras mayores y tampoco se trata de asustar a nadie.

Por mi librería encontré uno de esos volúmenes que debieran ser intocables para la salud intelectual (y emocional de paso). No citaré al autor por respeto y me detendré sólo en la primera frase del primer capítulo del libro: «Piensa en la peor de las desgracias como la mejor de las oportunidades». La piedra filosofal de los yankees y la base argumental de los optimistas. ¿Saben lo que más me jode de estos tipos? Que hacen creer al resto del planeta que el mundo se divide entre derrotistas suicidas o happyflowers vomitivos y sinceramente, una ya se cansa. Si los momentos son duros, aciago el destino y la economía familiar hace aguas por todas partes a mí no me ayuda pensar que debo ver mi tragedia como una oportunidad, porque de no lograrlo las consecuencias sobre mi autoestima, sí pueden ser irreparables.

Es cierto eso que dicen que la felicidad está en los pequeños detalles. Ahora la pregunta es ¿Nos hace felices comprarnos un pintalabios o lo que sentimos con los labios pintados?

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