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Flavius, el Beduniense (cuento)

● Polo Fuertes ►Jueves, 1 de agosto de 2013 a las 18:31 Comentarios desactivados


En agosto de 1997, el Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’ de Astorga organizó su ronda literaria alrededor de la defensa de la auténtica Vía de la Plata, con la literatura como mejor arma arrojadiza contra los que querían y siguen queriendo robar el patrimonio, la historia y la cultura de este camino entre Mérida y Astorga. Un grupo de escritores, poetas y periodistas fuimos los encargados de levantar nuestras voces contra los usurpadores.

Para ello, yo escogí un cuento, fruto sólo de mi imaginación, algo que advertía al principio del relato. Aunque después supe que muchos eruditos de la Historia habían buceado en códices y armarios, en busca de nuevos documentos. He de decir que en 1997, Google estaba aún en carnetas en España.

El relato comenzaba así:

Desde hace casi un siglo, una estatuilla, incrustada en la torre, preside la iglesia parroquial de Quintana del Marco. Una estatuilla a la que los vecinos de este pueblo definieron como la imagen de san Pedro, y como tal se venera. Sin embargo, la vieja estatuilla de san Pedro no deja de ser parte de los hallazgos encontrados, allá por el año 1899, en la finca de los Villares, en la que mosaicos y una pléyade de estos ‘santos’ salieron a relucir. Aunque la desidia de las autoridades de entonces y las de ahora, han dejado que muchos de estos restos arqueológicos se perdieran y otros fueran a parar a huertos, portales de casas solariegas o, como el san Pedro de la iglesia de Quintana del Marco, a un nicho en una torre de campanario

Así y todo, recientes investigaciones, a las que he tenido acceso, dan al traste con la advocación sanpedrina y empiezan a poner luz en esta figura. La traducción y posterior redacción apresuradas, componen el siguiente relato, con las consiguientes lagunas que, el paso de los siglos ha borrado.

“Me llamo Pergo de nacimiento. Nací esclavo. Y durante la mayor parte de mi juventud estuve en las brigadas topográficas que recorrían el ‘Iter ab Emerita Augustam’, a las órdenes del gran patricio agrimensor e ingeniero Flavius Severus, verdadero artífice de esta vía. Los portes de tesoros escoltados por centurias armadas hasta los dientes discurren desde Asturica Augusta a Emerita Augusta, una vez clasificados en justos valores en la civitas”.

“Mi pericia en lo tocante a la construcción y posterior conservación del ‘Iter ab Emerita Asturicam’, me valió, con el pasar de los años y la adquisición de experiencias necesarias, la llegada de la hora de la libertad, desde la benignidad de ni señor Flavius Severus. El Conventus Juridicus Asturicenses me puso al frente de la primera Mansio, en este entronque de vías, a unas veinte millas de la salida de Asturica Augusta, en mi tierra natal, Bedunia. Un entronque de caminos parecido a la salida de una fusta de cuadrigas, cuyo mango siempre soportó y mantuvo la Urbs Asturicensis, y de donde salen los ramales para Caesar Augusta (por levante), Bracara (por el sur) y Emerita (por el mediodía). En honor de mi señor tomé el nombre de Flavius de liberto. Y desde entonces se me conoce como Flavius el Beduniense…”.

“En mi casa de Bedunia, muy cerca de las instalaciones de la Mansio, se han fraguado los más insólitos convoyes, cargados de toda clase de mercancías y mercaderías, hacia todas las partes de Hispania, una vez hechos los correspondientes ajustes, trasvases y transbordos consignados en la Urbs…”.

“Un completo mecanismo burocrático dio las claves precisas para que más de cien esclavos fueran organizando las cargas, siempre bajo mi supervisión y organización… Ello me ha supuesto un estado social sumamente importante en Bedunia y en la capital Asturica. Además, empezaron a llegar a la Mansio toda clase de artesanos, músicos y retóricos, como corresponde al camino de patricio, iniciado por mis buenos hados”.

“Uno de estos artesanos esculpió dos bustos exactos de mi persona. Uno de ellos le fue enviado a mi amada Algricia Aurelia, que seguía siendo esclava en la quinta de Marco Aurelio a un tiro de honda de Bedunia, en el mismo ‘Iter ab Emerita Asturicam’…”.

Marco Aurelio fue el nuevo ingeniero y agrimensor, encargado de este itinerario emeritense, a la muerte de mi dueño Flavius Severus. A su mando los administradores de Asturica Augusta pusieron varias cohortes, para tratar de perseguir el bandidaje, que hacía peligrar los transportes, a causa de las constantes incursiones, robos y pillajes contra mercancías y carretas… Todo fue un discurrir de felicidades, camino de la opulencia y del poder que me otorgaba mi puesto y mi posición…”.

Hasta que llegó la catástrofe. Hace unos años, con la llegada de una gran riada de los ríos Torto, Ornia y Urbico, que confluyen a la entrada de Bedunia. La gran inundación se llevó parte de la Mansio, arrasó mi casa e hizo desaparecer a mi amada Algricia Aurelia para siempre. Sin saber nunca dónde han ido a para sus restos… Mi vida ha sufrido un desgarro y se va consumiendo entre el ajetreo diario y el recuerdo de la tragedia. La concentración de agua hizo cambiar los emplazamientos de la primera Mansio, para vial desde Asturica y de mi casa, a los altozanos de Bedunia…”

“Por dichos altozanos tienen que subir desde entonces las carretas cargadas de metales preciosos, arrancados en los montes medulios del gran dios Tileno. La desesperación busca, a veces, las soledades de las lágrimas para no llegar al suicidio… Sólo el recuerdo de mis amores frustrados por la tragedia repentinamente me sostiene, mirando al busto gemelo que, un artesano de paso, duplicó para mi amada Algricia y para mí… Con el que quiero que me entierren el día del tránsito… Una muerte que veo ya muy cercana por mi desconsuelo”.

Hasta aquí las citas que corresponden a las primeras transcripciones de los pergaminos que, en forma de diarios, fueron encontrados recientemente en una necrópolis beduniense, en la que, juntamente con los restos humanos, apareció también un busto idéntico al que desde hace más de un siglo preside, como un san Pedro, la torre parroquial de Quintana del Marco.

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