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Esta Navidad regala un DIY

● A. Cordero ►Lunes, 23 de diciembre de 2013 a las 9:39 Comentarios desactivados


Es curioso recordar como hace años todo lo que se hacía en casa, bien por uno mismo, o por aquella tía que tenía cierta habilidad con la costura era considerado como algo burdo, tosco y sin encanto. Rápidamente se le colocaba la etiqueta de “se nota que es casero”, con un tono despectivo y dando a entender que por el simple hecho de estar hecho a mano, aquel artículo que a primera vista resultaba original o atractivo dejaba de ser bonito y pasaba a ser considerado un objeto de segunda.

En cambio, en pleno siglo XXI y tal vez provocado por la crisis que ha vuelto a poner de moda esas viejas costumbres de hacer las cosas uno mismo y ahorrar algunas monedas, quienes tenían esas habilidades pasaron a ser admirados y en cierto modo envidiados por quienes no sabían más que cambiar una bombilla, pero aquello del “acabado casero” se seguía dejando entrever cuando había que evaluar alguna de aquellas reliquias con olor a naftalina y con un historial de agotamiento de paciencia y demasiadas horas de trabajo.

Hasta que llegó la moda del DIY –para los ajenos a este mundo modernil, “do it yourself”, hazlo tú mismo- que llegó casi de la mano de la regla de las tres erres (reducir, reciclar, reutilizar). Así el hecho de transformar un pantalón viejo en una falda nueva, de volver a dar vida útil al viejo jersey con unos simples cambios, o de hacer bisutería con botellas de plástico, anillas metálicas o cápsulas de café, comenzó a ser visto con otros ojos: los ojos de la modernidad, la ecología o la exclusividad. Así fue cómo las estanterías se llenaron de artesanía y de materiales para dar vida a todo lo imaginable.

Pero como para imitar a la costurera de la tele hace falta mucho más que una máquina de coser, unos útiles de costura y un par de manos, sólo hay dos formas para hacerse con un artículo procedente de un DIY: buscar uno a la medida de la habilidad personal en los tutoriales y clases prácticas que pululan por la red, o adquirirlo ya hecho en algún mercadillo, aprovechando el tirón que tiene lo vintage y la variedad de artículos para elegir y, en la medida de lo posible, adjudicarse el mérito de su creación.

Y en estas fechas en las que el hecho de regalar algo es casi una obligación, una buena idea puede ser esa: hacerse con uno de esos –casi- exclusivos objetos que se exhiben ante el público o ponerse manos a la obra delante del ordenador a las órdenes de la última gurú con desparpajo que dice ser experta en asuntos de esta índole, armarse de paciencia y esperar a ver qué sale. Quizás esta Navidad sea el momento de regalar un DIY.

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