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Virgencita, que me quede como estoy

● Polo Fuertes ►Jueves, 23 de enero de 2014 a las 15:37 Comentarios desactivados


Adelantaba hace unos días este periódico la noticia de una nueva solución para la calle Magistrado García Calvo, proponiendo dos direcciones de entrada y salida a ninguna parte, con la instalación de semáforos y toda la pesca. Una peregrina idea que se le ocurrió al concejal de la cosa, Juan Francisco Gobantes y se quedó como un reloj.

Decía el abogado y periodista Javier Nart que el político está para crear problemas y luego tratar de resolverlos. Cosa que no siempre, por no decir nunca, sucede. La citada calle Magistrado García Calvo no deja de ser un desahogo del embudo que forma la avenida Vía de la Plata en su primer tramo y desde hace la tira de años, ha sido bienvenida esta solución por vecinos, viandantes y automovilistas. Salvo…

Siempre hay un pero. Desde que entró en funcionamiento la urbanización de la plaza Obispo Briva Mirabent. Hace veinte años aproximadamente, ha sido esta calle uno de los mejores aliviaderos para su entrada y salida. Excepto los sábados por la mañana, con la instalación del mercado semanal en la también nominada avenida Vía de la Plata. O cuando se cierra esta avenida por eventos festivos.

Los que vivimos en la nombrada ya plaza del Obispo Briva Mirabent hemos solicitado al concejal Gobantes que ponga un pequeño letrero en la señal de dirección prohibía a la entrada de García Calvo, avisando que excepto residentes y visitantes, ese día por la mañana se deshace la dirección prohibida.

Sencillo, verdad. Pues después de veinte años, el letrerín está sin poner y ahora sale el sesudo concejal con la instalación de semáforos y toda la pesca.

No dejará de ser una atracción más para los residentes de la Birva Mirabent, ver cómo se forman colas, esperando la apertura del semáforo. Aunque quedaremos a verlas venir lo que respecta en la otra parte de este tramo de calle, Porque no todo se podrá ver desde nuestros balcones y miradores. Un atasco que llegará hasta la plaza de los churros (Fray Diego Alonso) por un lado y hasta la esquina oeste del Instituto Ornia, por el otro. Qué mentes más privilegiadas hay que tener para ser concejal, para ser político.

Pero hay más (o como dicen las diligencias judiciales otro sí digo). Hace media docena de años, con la construcción del edificio que hace de Y griega a la salida de la plaza y un pequeño encontronazo entre dos coches, se solicitó la instalación de un espejo, para los que saliéramos de Briva Mirabent no tuviéramos que adelantarnos más de la cuenta y ver los coches que se acercaban desde la plaza los churros (Fray Diego Alonso), con la intención de evitar males mayores.

¿Lo colocaron? No señor, era cargo de conciencia. Hay que esperar a que atropellen a alguien o que dos vehículos se ‘besen’. Así y todo, como se dice en estos casos: Virgencita, Virgencita que me quede como estoy.

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