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A media asta

● Ibañeza.es ►Lunes, 31 de julio de 2017 a las 22:26 Comentarios desactivados


Hace ya mucho tiempo que no escribía nada, supongo que con agradecimiento y regocijo general, pero hay media docena de egregios que  añoraban estos acordes. La vuelta se debe a la gratitud que es la memoria del corazón.

El sábado la Iglesia Católica recordó a Santa Marta, esa que, según San Lucas recibió en su casa a Jesús y andaba muy afanada sirviéndole… Ese Jesús tuvo a bien el que despidiéramos a Conchita “Boño” ese día. El sentido del humor de Dios es… divino y tiene gracia que, quien de servir a los demás hizo su profesión, haya sido rezada en la fiesta de quien sirvió al Hijo de Dios.

Otros tienen muchos más saberes que yo para hablar de ella y de ellos, pero considero un deber plasmar mi agradecimiento por tantos ratos compartidos esperando a Tomás o cumpliendo con la Piedad. Se dice que cuando una persona muere, toda una biblioteca desaparece con ella. ¡Cuántas anécdotas y qué discreción al referirlas! Conchita sí que tenía para un buen libro de memorias; fue una pena que no lo hiciera: aparte de voluminoso, hubiera sido instructivo, didáctico, revelador y entretenido. He admirado mucho su libertad para decir, por igual, lo bueno y malo que veía en nosotros, carente de halago en el primer caso y de maldad en el segundo. Además, dada su generosidad, recibí instrucción en asuntos culinarios, todo un privilegio: Casa Boño sigue siendo un referente cuando de comer bien en L.B. se trata.

Sí, he tenido la suerte de tratar con mujeres extraordinarias. La primera vez que escribí una Clave de Mi, hablé del señorío de doña María Alonso Moro, una bañezana integral. Dije entonces que quien no tuvo la suerte de conocerla, bien poco sabe lo que es el señorío y el trato exquisito, agradable, ingenioso, afable y chispeante. Cualidades que ella consideró excesivas y que sólo son un pálido reflejo de su personalidad. No hizo de su vida un espectáculo, ni se dio a conocer a base de publicidad y mucho menos trató de comprar el cariño de la gente. Los guardianes de las más puras esencias se lo han perdido.

Dejé estas “Claves” coincidiendo con otro abandono, el de una de mis “vice-Madres”. Ya dije que había tenido suerte con la gente que Dios ha dispuesto en mi camino. Amalia fue la última en llegar, me conoció de mayor, al igual que tía Purina (otra inolvidable). Era una mujer de belleza deslumbrante, ocurrente, simpática, de amena conversación y palabra oportuna. Me quiso desde el primer momento. Fue tan generosa como para abrirme no sólo las puertas de su casa, sino también las de su corazón y de su familia, hasta meterme en ella y con una sencillez y naturalidad propia de la grandeza, algo por lo que estar siempre en deuda con ella.

No sé si ellas supieron que las quiero. Descansen en paz, las tres. Alguien aquí las sigue recordando agradecido porque las almas libres son raras pero se identifican porque te sientes a gusto, muy a gusto cuando estás con ellas o cerca de ellas.

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