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Las auténticas magas del Carnaval de La Bañeza

● A. Cordero ►Miércoles, 14 de febrero de 2018 a las 8:41 Comentarios desactivados


Es muy fácil ir a la tienda y salir con una nueva personalidad metida en una bolsa, a la que con un poco de maquillaje y algo de desparpajo se le puede dar bastante vidilla –eso ya depende del sujeto que vaya dentro del disfraz–, o colocarse un pijama, un albornoz y unas zapatillas de andar por casa y decir que van disfrazados, para los que les vale cualquier cosa. Pero el Carnaval de La Bañeza va más allá de lo fácil y, exceptuando esos grupos que dan prioridad a otros gastos y consideran que ‘llevando un disfraz, vale’ están los que buscan sorprender y ser el centro de todas las miradas, a ser posible conseguir que se recuerden y se siga hablando de ellos con el paso del tiempo.

Pero el Carnaval de La Bañeza no sólo es llevar un traje precioso y bailar al son de la música. Detrás de un bonito traje de carnaval hay mucho trabajo que no siempre se valora: habilidad con la costura, mucha dedicación, muchas horas, muchos detalles hasta dar por finalizado el trabajo porque no es lo mismo hacer un traje en serie que hacer uno a medida y quienes nos dedicamos un poco al arte de la costura, sabemos que son muchas las puntadas que hay que dar hasta que la prenda está lista para poner.

Y es verdad que hay modistas profesionales que se dedican a ello y muchos de esos trajes salen de sus talleres, para ellas es más fácil trabajar sobre unos patrones que le son familiares y en unas cuantas horas consiguen realizar esos trajes, pero en mi columna de hoy quiero hacer una mención especial a esas esposas, madres y sobre todo abuelas que son las encargadas de que sus familiares salgan a la calle vestidos de carnaval. Ellas son las más merecedoras de los halagos y sin embargo, no siempre se repara en las manos que hacen posible admirar la magia del carnaval.

Ellas son las auténticas magas del carnaval. Esas mujeres que dedican horas y horas al noble oficio de coser y muchas veces se encuentran con tener que descoser la prenda casi en su totalidad porque no es idéntica a lo exigido en el grupo, porque la niña creció o porque el marido engordó, o porque ‘déjame la falda más larga, no ahora más corta o esta manga tal y tal…’, que yo de eso también sé un poco. Sin pensar en que la abuela o la madre –sin tener nociones académicas de costura– bastante hace con confeccionar una docena de trajes cada año.

Y es tan fácil distinguir un traje hecho con amor, con tiempo, dedicación, sabiduría, pericia… esos que se confeccionan en las casas de las auténticas magas del carnaval, de uno de esos que llegan en contenedores procedentes del gigante asiático empaquetados en fardos de miles de unidades… igual de fácil que encontrar las diferencias entre un carnaval con ‘denominación de origen’, como es el Carnaval de La Bañeza, y otro carnaval cualquiera.

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