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Recuerdos lejanos y dolorosos

● José Cruz Cabo ►Viernes, 14 de septiembre de 2018 a las 8:58 Comentarios desactivados


José Cruz Cabo

En la mitad del año 1936, cuando estalló la desgraciada guerra civil, tengo en mi recuerdo la visión de un muñeco representando al entonces presidente de la nación, Manuel Azaña, colgado del balcón de la casa donde está hoy Gráficas Nino, entonces sede de Telégrafos, con una cuerda atada al cuello, y en mi visión de niño de seis años me impactó tanto que no he podido borrar de la imaginación y estuvo unos cuantos meses.

Los balillas de Falange salían todas las noches ya oscurecido cantando y desfilando por varias calles. Mujeres que salían con el pelo al cero de donde hoy está el bar de la Plaza Mayor, llorando después de haber sufrido con la cantidad de aceite de ricino que las hacían beber.

También recuerdo un día que estaba haciendo mis necesidades en la cuadra y pasó muy bajo un avión que nos hizo a todos meternos corriendo para las casas. Y a mi padre Manolillo diciéndole a mi madre, Everilda, con bastante miedo en el cuerpo, que le había dado unos zurriagazos a un falangista forastero que a la una de la mañana estaba dando voces por la plaza mayor.

Era el cabo de serenos entonces y siguió “Se lo he dicho al alcalde y me contestó que no me preocupara que había cumplido con mi deber, y efectivamente nada pasó. Los gritos de los presos de la carcel del partido, hoy gracias a Dios desaparecida, con las voces y gritos de los presos que a la mayoría los metieron por envidia o rencor, ya que nada malo habian hecho, mas que pertenecer a un partido.

Pero entonces el unico partido era el de Franco y no se podia hablar mal del mismo, ni decir blasfemias en público, que eso también te llevaba a la trena, y una vez en ella sabe Dios lo que podía pasarte. Mi familia tuvo algo de suerte, ya que solo detuvieron a mi tio Lorenzo y después de finalizada la guerra lo mandaron para casa y al poco tiempo mi tio Rafael lo llevó a un médico de Madrid pero tenía cáncer de laringe, cogida del frío y la humedad de la cárcel gallega y murió al poco tiempo y por parte de mi padre el marido de su hermana Eugenia fue asesinado en el año 37 para que no hablara si cambiaban las cosas, ya que había tenido que sepultar a muchos inocentes porque era el enterrador de la villa de “Dos Hermanas”. Mi tío Rafael tuvo que luchar en ella del lado azul y cuando lo mandaron para casa tenía una infección de hígado y riñón que le hizo morir demasiado pronto.

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