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Un conocido transportista de La Bañeza se enfrenta a una pena de once meses de prisión y la retirada del permiso de conductor por un periodo de cuatro años y tres meses tras conducir bajo los efectos del alcohol, sufrir dos salidas de vía, arrollar a un peatón y negarse a someterse a las pruebas de alcoholemia. La defensa niega el consumo de bebidas alcohólicas y el atropello ocurrido en el año 2016 en la plaza Antonio Colinas de La Bañeza, por lo que pide su libre absolución.

Según las calificaciones previas, los hechos se remontan a las 20:00 horas del 3 de julio de 2016, cuando el acusado conducía un vehículo con sus facultades disminuidas por la ingesta de alcohol y a gran velocidad por la vía, saliéndose de la vía en la glorieta de la plaza Antonio Colinas de La Bañeza, arrollando a un peatón en la acera.

Como consecuencia del atropello, el varón sufrió un traumatismo craneoencefálico, fracturas de varias vertebras, rodilla, contusiones en el muslo y contusiones múltiples que requirieron asistencia médica e intervención quirúrgica, tardando en curar 250 días.

A continuación, el conductor se dirigió a la calle José Marcos Segovia, donde volvió a perder el control y acabó impactando contra la fachada de una vivienda, ocasionando desperfectos tasados en 571 euros. Ante los síntomas de embriaguez que presentaba, el acusado fue requerido para la práctica de la prueba de alcoholemia, simulando la imposibilidad de realizar de la prueba a pesar de ser informado de la concurrencia de un delito.

El Ministerio Fiscal entiende que los hechos son constitutivo de un delito de lesiones por imprudencia grave con delito de alcoholemia y un delito de negativa a realizar las pruebas de alcoholemia, por los que pide una pena de 11 meses de prisión y la retirada del carnet de conducir durante cuatro años y tres meses.

Por su parte, la defensa niega el relato de la Fiscalía y recuerda que su cliente perdió el control de su vehículo, subiéndose momentáneamente a la estrecha acera en una de las salidas de la glorieta, sin ser consciente de que alguien hubiese resultado herido. Ante la actitud de los peatones que le increparon, no detuvo la marcha y abandonó del lugar, sufriendo una segunda salida como consecuencia de los daños sufridos por su vehículo.

Además niega que condujese a una velocidad indebida ni bajo los efectos del alcohol, y advierte que su cliente insistió en someterse a la práctica de una prueba de detección alcohólica en aire aspirado-hasta en 15 ocasiones-, siendo imposible llevarla a cabo por su estado anímico. Por último, señala que nunca se le ofreció la posibilidad de realizar una prueba de detección en sangre incluso cuando, a causa del accidente, fue reconocido en un centro de salud del Sacyl. Por todo ello, solicita la libre absolución de su cliente.

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