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Presentación en La Bañeza del libro ‘Convulsiones’

● IBAÑEZA.ES ►Miércoles, 21 de agosto de 2019 a las 8:04 Comentarios desactivados


El pasado 4 de julio, con motivo de la aparición de mi nuevo libro Convulsiones, y con idéntico título, traía a propósito de ello a esta sección un artículo en el que daba cuenta de algunos pormenores en cuanto al prologo y al contenido del mismo. A ellos, y a la colaboración de aquella fecha remito a los posibles lectores/as interesados en refrescar ahora tal información (en http://www.ibaneza.es/?p=69148).

Próxima la presentación de la obra Convulsiones. Diario del soldado republicano Jaume Cusidó Llobet. Prisioneros catalanes en el “Gulag” de León, en La Bañeza el día 23 de agosto, viernes, a las 20:00 horas en el Centro Cultural de las Tierras Bañezanas, acercamos aquí, entresacados de su texto, algunas cuestiones y episodios que, relacionados con lugares de confinamiento de disidentes ciertos o potenciales establecidos por el franquismo en nuestra tierra, tienen que ver con algunos de los diversos asuntos que en el libro se tratan:

La Prisión de Partido de La Bañeza, con capacidad para unos 30 internados, se hallaba –como todas las restantes- rebosada al inicio de 1939, alcanzando ocupaciones que excederían de los 200 recluidos, situación parecida a la que atravesaría la de Valencia de Don Juan (construida como aquella y la de Astorga al comenzar el siglo y con idéntica cabida y hechura de panóptico)…. Valga como muestra de los padecimientos de quienes se hacinaban en aquellas prisiones de partido los que en la de La Bañeza sufrían entre enero de 1938 y octubre de 1940 el paramés Leandro Sarmiento Juan y los demás cautivos:

La vida en la reclusión de La Bañeza tuvo varios altos y bajos; unas veces los jefes de prisión y los guardias nos trataban con más educación y se portaban mejor que otras con nosotros. Había temporadas que nos dejaban salir al patio y teníamos las celdas abiertas todo el día, de modo que el que se cansaba de estar en el patio si le parecía entraba a la celda, y viceversa. Hubo otra época en que no nos permitían salir nada, ni al retrete, y teníamos que hacer nuestras necesidades en el que había en cada celda (la que yo ocupaba con otros ocho o diez era, como casi todas, de unos ocho metros cuadrados), sin condiciones higiénicas ni agua, por lo que cuando en él se iba depositando la basura picábamos a la puerta para que nos dejaran salir al patio por unos cubos de agua para limpiarlo. Unas veces nos daban permiso, pero otras no, y tampoco nos dejaban salir al retrete del patio, y así el de la celda se llenaba y teníamos que soportar los malos olores todo el día. Suponíamos que esto lo hacían para que enfermáramos y muriéramos. Uno de los guardianes era falso y malo hasta más no poder; hacía todo el mal que podía; en una ocasión los presos de “la enfermería” (así se usaba la celda en tiempos normales, atestada ahora por más de 30 presos) le pidieron permiso para ir al patio por agua para desocupar y limpiar el retrete, y les contestó: -¡todavía no tenéis falta; podéis hacerlo unos en la boca de los otros! En otra, por el verano en la misma celda, hacía tanto calor que un compañero cayó asfixiado. Llamaron al guardián, le contaron el caso, y este les dijo: -¡cuando quedéis uno sólo vivo, que avise, para que ese saque a los demás!  

El médico que nos visitaba cuando caíamos enfermos (al que apodábamos “La Cabra”, por las figuras que hacía cuando entraba en la cárcel y al hablar con el personal; decíamos: “está como una cabra”, y vestía de distinta forma cada vez que hacía la visita, unas veces de falangista, otras de requeté, y algunas de mezcla de lo uno y de lo otro) curaba con bicarbonato todos los dolores y enfermedades de los presos, así que el que tuviera la desgracia de enfermar tenía un trágico fin. Tres muertos salieron de esta prisión mientras yo estuve en ella.

Para hacer el encierro un poco más llevadero, la mayoría nos dedicábamos a alguna labor; se hacían estuches de madera, de papel, cinturones de seda, etc…., y teníamos todos los días clases de Gramática, Historia, Matemáticas, Geografía y otras materias, impartidas por profesores (maestros y estudiantes) que también eran compañeros presos y que nos enseñaban porque querían.

En el año 1939, por el tiempo de las confesiones un fraile iba a la cárcel a dar sermones a los presos,  que les hacían poco caso,  y menos siendo a la fuerza, como eran; forzados a ir a misa, forzados a confesar, etc.… Los reclusos lo que queríamos era lo que no nos daban: ¡libertad! Aquel año mandaron dos oficiales a la prisión, que eran militares y mucho más humanitarios con nosotros que los guardianes. Por medio de una colecta que hicimos entre nosotros se arregló un poco una pared del patio para usarla de frontón, y allí jugábamos a la pelota cuando nos sacaban de las celdas. También le tomaron cuentas al jefe de la cárcel, y después nos daban mejor de comer, además de organizar veladas en las que se cantaba, se hizo algo de teatro, y escuchábamos la radio algunas veces……

De otros variados hechos y materias también se ocupa el libro, dos Diarios de sendos soldados entre ellas, uno el que redactó Jaume Cusidó Llobet, encuadrado en el republicano Ejército del Este, minuciosa y esmeradamente manuscrito en un cuaderno en el que iba detallando los múltiples avatares y las no pocas penalidades con las que le tocó lidiar durante largos días, sobre todo desde el 25 de enero, en que con otros soldados compañeros abandona Barcelona a punto de ser ocupada por las tropas sediciosas, hasta su vuelta al hogar familiar el 7 de mayo de aquel mismo año 1939, cuyo valor se realza porque no fueron al parecer abundantes los dietarios personales mantenidos durante la Guerra Civil por combatientes republicanos, y más lo hace aún haberlos conservado a lo largo de los años, cuando las implicaciones emotivas de la contienda, la amargura entre los derrotados, y el temor a las consecuencias de haberlos escrito, de poseerlos, o de sus revelaciones, disuadió a algunos de hacerlo, y los condujo a deshacerse de unos materiales percibidos como muy comprometedores en aquellos oscuros y peligrosos tiempos, más si, como era el caso, el autor los redactaba en catalán.

Es el otro Diario, incluido en la obra como contraste o contrapunto al anterior, el que, encontrado en el desván de la casa de Francisco González Miguélez y María Gordón Fernández, en Jiménez de Jamuz en la primavera del año 2006, “haciendo limpieza de papeles y trastos viejos”, vino a resultar ser de la autoría del jiminiego Antonio Lobato Cabañas (quinto del remplazo de 1937, uno de los muchos jóvenes de nuestros pueblos también movilizados contra su voluntad para la guerra, en su caso en las filas de los alzados), abarcando desde el 31 de julio de 1937 al 12 de octubre de 1938, escrito a pluma en un cuadernillo rayado, encuadernado manualmente mediante el cosido con hilo grueso de sus hojas, y redactado sobre la marcha de los acontecimientos que narra y en la inmediatez de los mismos (al igual que en otros momentos y lugares hiciera Jaume Cusidó con el suyo), lo que, como en aquel, acrecienta su valía y su importancia como fuente testimonial directa y de primera mano, una más de las que contribuyen hoy al conocimiento de la realidad de nuestra última Guerra Civil y de los hechos a los que el segundo de ellos se refiere: las ofensivas y batallas libradas entre el verano de 1937 y el otoño de 1938 en los frentes aragoneses y catalanes de la cuenca del Ebro.

En las cuestiones referidas, y en otras muchas no menos trascendentes de nuestro no tan lejano pasado, en especial en el tiempo de la pasada Guerra Civil y la primera posguerra en nuestra provincia leonesa, tendrán ocasión de profundizar los lectores y lectoras que en ello se interesen a través de este libro, Convulsiones, que tendremos el placer y la inmensa satisfacción de presentar el próximo día 23 en La Bañeza, presentación a la que quedan todos ustedes invitados.

Más información (índice, prólogo, y presentación) sobre este nuevo libro CONVULSIONES en www.jiminiegos36.com y www.jiminiegos36.com/convulsiones.htm)

Dos páginas del Diario de Antonio Lobato Cabañas, con anotaciones de los días 25 al 28 de marzo de 1938.

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