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El último Encuentro… con la Música

● Polo Fuertes ►Viernes, 15 de julio de 2011 a las 7:31 Comentarios desactivados


Hace unos días concluyó en la vecina ciudad el Curso Internacional de Música Ciudad de Astorga. Vale. Fui uno de los notarios principales de esos cursos musicales veraniegos astorganos mientras estuve en activo laboral. Vale. Y siempre, con la envidia a flor de piel. Otra vez vale. Sana envidia, oiga (si es que alguna vez es sana la envidia). Porque la maqueta de este Curso Internacional de Verano de Astorga ha sido y sigue siendo calcada a un invento de un músico bañezano, Agapito Toral. Un invento que se llamó Encuentros con la Música.

Hace ahora veinticuatro años escribía en La Crónica de León la presentación de aquel primer Encuentro con La Música, a la vez que disertaba en un artículo de opinión aquel curso internacional bajo el título de ‘El Salzburgo Bañezano’. Un curso internacional con un mes de duración en el que las clases se combinaban con una serie de actividades que llenaban el mes de julio de sones y músicas las calles y plazas bañezanas, al viejo estilo de la ciudad austriaca.

La maqueta era la de un encuentro de amigos, todos ellos prestigiosos músicos españoles y extranjeros que cambiaban sus vacaciones veraniegas en playas y montañas por la alegría y acogida de los bañezanos, que supimos, desde el principio, arropar la idea de Agapito. Mientras que su soldada no pasaba mucho de ser una moneda de curso legal, llamada amistad.

En aquella primera edición de julio de 1987 fueron un centenar los inscritos y apuntados al I Encuentro con la Música. Gentes aficionada y profesional de la música que quisieron probar la iniciativa y que, después de siete años, siguieron repitiendo hasta completar en 1994 los 250 alumnos para una fantasía musical que sonó en la Bañeza e hizo sonar la ciudad en toda la comunidad de Castilla y León como el Salzburgo Bañezano.

Entre los profesores de aquel primer Encuentro con la Música hay que destacar al propio Agapito Toral, entonces profesor de percusión de los conservatorios de música de Bilbao y León. El virtuoso del órgano y clave, David Hoyland, un inglés que se hizo bañezano por los cuatro costados a lo largo de aquellos siete años, llegando a componer una fantasía sobre versos de un poema de Antonio Colinas. El guitarrista leonés Daniel Sanz, profesor del Conservatorio de León y celebrado concertista. El violinista Félix Ángel del Barrio, solista de las orquestas sinfónicas de Euskadi y de Castilla y León. Rosario Rodríguez, profesora de piano del Conservatorio de Bilbao. A los que hay que añadir trompetistas, saxofonistas, clarinetistas, etc., de reconocido prestigio. Muchos de ellos han sido profesores del curso astorgano.

Las cuotas eran un tanto ridículas para la categoría del elenco de profesores. Los externos pagaban 6.000 (36 euros de ahora) pesetas y los de pensión completa para 28 días la cuta íntegra fue de 32.000 (192 euros) pesetas. Todo ello daba derecho a las clases instrumentales escogidas, a la vez a un bono para la piscina y toda una batería de actividades extraescolares. Porque, como digo más arriba, la moneda de curso legal era entonces la amistad interprofesoral.

La iniciativa funcionó cada mes de julio. Algunos años se hizo coincidir el final con el inicio de las fiestas patronales, porque era una gozada ver como alumnos y profesores, desperdigados por rincones bañezanos imprevisibles, dejaban su impronta musical, después de bajar del Seminario Menor de la ciudad, donde se celebraban estos encuentros.

Hasta que llegó el Último Encuentro… con la Música. En 1995, con el programa ya impreso y repartido por toda España, el Ayuntamiento retiró los encuentros. Unos meses antes las elecciones habían dejado a cada cual en su sitio y el nuevo equipo de gobierno que, al fin y al cabo era el que pagaba las pequeñas plusvalías, se encontró que en las arcas municipales no había ‘ni un puto duro’ que diría Doña Esperanza Aguirre. Y si se quería sanear las cuentas consistoriales, en estado catatónico, había que empezar a reducir costos y gastos.

Ese fue el final de aquella iniciativa musical que, durante siete años convirtió a la ciudad en el Salzburgo Bañezano. Otros acogieron la idea, con menos entusiasmo, pero que ha venido funcionando y a pesar de que su afición musical era sensiblemente más baja que la nuestra. Tendrá que ser así.

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