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107.7… o para qué matar un ruiseñor

● Polo Fuertes ►Miércoles, 5 de septiembre de 2012 a las 9:27 Comentarios desactivados


El título en cuestión no tiene nada que ver con la novela de la estadounidense Harper Lee. No señor. Pero me vino a la cabeza cuando descubrí el pasado sábado que nuestra Bañeza Radio, 107.7 había callado para siempre, había quedado afónica, muda por orden municipal. Y es que el canto de un ruiseñor puede ser la mejor metáfora de esta nuestra radio de cabecera de los bañezanos que, alguna vez durante el día, colocábamos en el dial de nuestro aparato. O al menos yo.

Por ello, permitidme, queridos lectores, presidir este oficio de difuntos a la libertad de expresión, que la crisis, ese monstruo sin cabeza y sin rabo que esta comiéndose España y Europa por los cuatro costados, haya sido una de las excusas para acallar a La Bañeza Radio, en la frecuencia modular del 107.7.

Una vez, Don Rogelio García San Román, cura párroco que fue de la iglesia de San Salvador, me contó que cuando su paisana, la cantante lírica Teresa Berganza se ponía en afonía era una tragedia de padre y muy señor mío. Hasta que, en una de estas ocasiones, cantando en México, un paisano de aquellas tierras le dio como receta el morder y comerse y fuera preciso una guindilla picante. “Y santo remedio, oye”, sentenciaba el que también fuera primer director de la Coral del Milenario.

Traigo esta anécdota a colación para ver si por el ayuntamiento o por quien tenga mano en este asunto busca una guindilla, lo suficientemente picante, que le devuelva a nuestra emisora de radio la voz. Aunque esta voz haya sido siempre un tanto pobre, un tanto escueta, un tanto rústica y repetitiva, casi mediocre. Pero era nuestra voz. El periscopio al que nos podíamos asomar los bañezanos para dar nuestra opinión sobre el pasar de los días, sobre los pros y los contras municipales, sobre la vida de pipas y caramelos.

Una voz que nació hace una docena de años de la mano de un gran profesional, Amador Arconada, con la espada de Damocles sobre la cabeza invisible de la nomenclatura del 107.7. Y tanta presión tuvo aquel locutor curtido en mil y una batallas radiofónicas, que a los treinta días tuvo que dejar, bastante malparada por cierto, la sede de la plaza Obispo Alcolea, por los malos entendimientos con el municipio.

Un año después, y por concurso público, se adjudicó a una sociedad limitada que tiró por el carro durante casi diez años, entre los estertores de la quiebra económica hasta su desaparición total. Llegando en el último año o un poco más a ser un referente musical a lo largo de todo el día, con pequeños apuntes informativos, a través de varios colaboradores que pusieron su granito de arena para que La Bañeza Radio siguiera emitiendo. Hasta que el uno de septiembre cayó el portón del silencio, hasta tanto alguien intente remediarlo.

Cuando una emisora, un periódico se calla algo de todos también queda enmudecido. Lo sé por experiencia. Allá por los albores del final de la dictadura franquista, en 1976, un grupo de gentes pusimos en marcha la asociación de Vecinos ‘Bedunia’, como mejor garante de una libertad que empezábamos a vislumbrar al final del túnel de aquella época opaca.

Al mismo tiempo, pusimos en marcha un boletín informativo, con el mismo nombre, para que cada quince días, asociados y no asociados supieran de sus derechos contra las políticas trasnochadas de nuestro ayuntamiento, de nuestra diputación, de nuestros caciques y de sus deberes. Fueron diez años de lucha en una transición política modélica, pero con ciertos ramalazos de la época que habíamos ya dejado atrás. Y cuando más consolidado estaba aquel periódico, una serie de circunstancias personales dieron al traste con aquella voz del pueblo (que así se subtitulaba), sin relación de continuidad. Y murió el ‘Bedunia’, allá por 1987.

Hoy la afonía le ha tocado a nuestro depauperado ruiseñor de La Bañeza Radio. Las ciudad ha quedado sin su arma de expresión para poner a caldo a los munícipes si llegara el caso, o simplemente, dar noticia de algo importante, casero, de andar por la calle, aunque sea una repetición de los periódicos (como hacen casi todas las emisoras del mismo rango, oiga, que esa es otra). Por eso, este oficio de difuntos no lo vamos a terminar con el requiescat in pace preceptivo, sino con un hasta la vista, o hasta cuando quieran nuestros ediles gobernantes. Amén.

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