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De Comedias y comediantes (y II)

● Ibañeza.es ►Lunes, 24 de febrero de 2014 a las 15:15 Comentarios desactivados


(A quienes aún practican y mantienen esta tradición tan nuestra)

El 11 de enero de 1933 el que era director de La Opinión, Antonio Alonso González, estrenaba en aquel mismo teatro su obra Flor del Valle, “comedia en tres actos y en prosa ambientada en el sabor de nuestra tierra y en los detalles de nuestro vivir”, representada por aficionados que tienen la laudable pretensión de instituir con la recaudación obtenida varios premios para los niños pobres de las escuelas gratuitas; mejor interpretada por las actrices (Pilar y Antonia Casado, Pilar Valderas -hija de Augusto-, Lola Martín y Raquel Madroñero), pero buenos ellos también (incluido el autor-actor, Baudilio y Gonzalo Fernández Pérez, José Olegario y Emilio Fernández González, Nicolás Moro y Julio Valderas). Contenía el programa de la velada teatral una Sinfonía antes del estreno de la obra, a la que seguía el gracioso monólogo Una cocinera, a cargo de una de las actrices; otra entonará después, acompañada a la guitarra, unas canciones argentinas, tras lo que “un grupo de bellísimas señoritas cantará algunos coros de conocidísimas revistas o zarzuelas”.

Unos días después Alfredo Fernández Falagán publica en aquel mismo semanario una autocrítica a su obra de teatro María-Antonia, “drama vulgar en tres actos, en prosa”. En breve se estrenará, se dice el 21 de enero, lo que se hizo el día 25 en el Teatro Pérez Alonso, con excelente interpretación de las señoritas Toral, Acebes, Ferrero y Cubero, y de los jóvenes González, Martín, Cabo, Flórez y Berciano, además del veterano señor Sierra (con mención honorífica; debía de tratarse de Gregorio, padre de Eugenio y de Tomás). Siguió a la pieza principal la puesta en escena del dúo de zarzuela de costumbres leonesas El gaitero, en la que se lucieron Susana Acebes y Sierra, “que aún conserva buena voz, buen oído y mucha vis cómica”.

El 4 de abril de 1934 un grupo de jóvenes aficionados bañezanos llevaba al escenario del Teatro Pérez Alonso la comedia en tres actos Mamá (atribuida a Gregorio Martínez Sierra, aunque escrita en realidad por su esposa María Lejárraga), cuya recaudación era a beneficio del Colegio de Huérfanos de Telégrafos, como harían el día 16 en el Teatro Coyanza de Valencia de Don Juan (donde por entonces ejerce de Notario el bañezano Emilio de Mata Alonso), en una representación admirable en la que fueron aplaudidos todos los intérpretes, celebrándose después un brillante baile en el Casino. En el mismo teatro se estrenaba el domingo 10 de junio el nuevo drama en tres actos del bañezano Alfredo Fernández Falagán titulado Bibiana, llevado a escena por aficionados, y el 24 de julio la corporación bañezana da las gracias al presidente del Cuadro Artístico Ferroviario de La Bañeza por su invitación a la función teatral que celebrarán al día siguiente.

Aquel Cuadro Artístico invita a finales de abril de 1935 al consistorio (que lo agradece) a la velada de teatro que en el Pérez Alonso realizaba el día 30 a beneficio del Hospital de la Vera Cruz y de Don Juan de Mansilla de la ciudad, agradecimiento que también les hará llegar el 9 de mayo a sus componentes desde El Adelanto José Marcos de Segovia en nombre de la cofradía que lo administra, artistas a los que dedica muchos aplausos y traslada efusivas gracias por la entrega que a sus fondos han hecho de las 86,60 pesetas recaudadas.

Conocemos por lo que El Adelanto noticia el 8 de abril de 1950 qué obras se representaban por aquellas fechas en algunos pueblos del contorno bañezano: en Genestacio, las mocedades pondrán en escena El soldado de San Marcial, y el mismo drama se verá en Villoria de Órbigo; en Miñambres, Sangre gemela y El rorro; Huerga de Garaballes se deleitará con El lindo Don Diego; en San Cristóbal de la Polantera se llevará a las tablas Un lance de honor. Guzmán el Bueno en el sitio de Tarifa; en Valcabado y Brime de Sog, La vida es sueño; y el elenco artístico de Fuente Encalada pondrá en Castrocalbón (donde también “se preparaban obras de teatro y se daban recitales”), El jorobado o el juramento de Lagardere.

Grupo de teatro aficionado de Santa María del Páramo en 1927. Foto: Archivo particular de José Cabañas

En lo que toca a Jiménez de Jamuz, en 1952 ó 1953 se representa el drama Flor de un día, y en 1956 se repite la obra Caín y Abel; en 1957 ó 1958 se escenificó Magdalena, la mujer adúltera, y en el primero de estos años se llevaron a la escena dos obras, La muerte civil, en cinco actos, como interpretación secundaria, y la que era pieza principal, Embrujamiento (prácticamente el mismo elenco actuaba en la una y en la otra), puesta en el Cine Zurrón (que fue antes Cine Villa Alija, competencia de las salas bañezanas y a cuyas a veces anticipadas sesiones peregrinaban gentes de la ciudad en el atestado y achacoso coche de línea del señor Domingo, el que hacía el recorrido a Camarzana), no sin que hubieran primero de enfrentarse a la intransigencia del párroco del pueblo, que tachaba la obra (un éxito sin precedentes, por otra parte) de inmoral. Escenificada en La Bañeza por invitación del ayuntamiento, se llevó a Miñambres, donde el cura los increpó de comunistas y les impidió actuar, volviendo los comediantes al domingo siguiente con el permiso de los responsables de Información y Turismo (que lo concedieron con la condición de que no se permitiera ser vista por los niños), representándola por fin con enorme afluencia de público no solo de Miñambres (donde el sacerdote se quedó solo a la hora del dominical rosario) sino de toda la Valduerna, igualmente bien acogida en Valdesandinas, y no tanto en Regueras por la oposición que entre la gente del pueblo también el párroco sembrara.

Ya en 1960 se prepara la representación de nuevo de El cuchillo de plata, drama en cinco actos y un prólogo que se lleva en el pueblo al escenario de la Plaza (a rebosar de público) y con el que después se gana por unanimidad del jurado compuesto por el general Nicolás Benavides Moro, José Marcos de Segovia, Alfredo Fernández Falagán y Jesús Toral Pascua el primer premio del Concurso de Comedias que en las fiestas patronales se celebra en La Bañeza, compitiendo en la recoleta Plaza de los Cacharros con las obras de los grupos de aficionados de Palacios de la Valduerna, Moscas del Páramo –“célebre durante muchos años por mantener el noble deporte de los aluches o lucha leonesa”, dirá el primero de los jurados en su crónica de entonces en El Adelanto Bañezano- y San Martín de Torres (que participaron respectivamente con las obras Don Juan de Serrallonga y Don Álvaro o la fuerza del sino).

Aquel torneo triangular de teatro al aire libre, como lo calificará en la misma publicación Marcelo Toral Castro (que lo contrapone a los seriales radiofónicos del momento, “de chinchorrerías de hospicio teatralizado, marqueses desaprensivos y mecanógrafas libertinas con las que el pueblo llora”, y que clama por modificar con urgencia el gusto estético de las gentes) se repitió en 1961 en el patio del Colegio La Bañeza, y allí volvieron a triunfar los aficionados jiminiegos con el drama histórico El Cardenal, representado antes en la localidad en el frontón de Serafín Argüello, y cuyo buen hacer en las tablas mereció que a finales de agosto fueran visitados en ella por un grupo de teatro universitario madrileño de los patrocinados por el ministerio de Información y Turismo, después de que la compañía ofreciera al público bañezano tres representaciones de su repertorio, todas con tan aplaudido y caluroso éxito como el que allí cosechó la extraordinaria y gratuita con la que antes de su regreso a la capital obsequiaron sus miembros a este lugar de entregados comediantes, cuyas gentes, “regocijadas y gozosas” (dirá el cronista, el citado Jesús Toral Pascua, cuando en agosto de 2007 lo narre en El Adelanto Bañezano) correspondieron al generoso gesto de los cómicos invitándolos (haciendo tiempo hasta la hora de abrir el telón en el escenario de la Plaza) a presenciar la elaboración de la alfarería local y a merendar en una bodega acompañados por el grupo de actores aficionados de Jiménez, y en ella (“santuario del buen yantar y mejor beber”) el trasiego de viandas y vino de la tierra y los repetidos viajes a la cuba a punto estuvieron de entorpecer en algo el triunfo y los aplausos así y todo conseguidos, aunque obligado se les hizo a los intérpretes madrileños pernoctar en el pueblo aquella noche al amparo de la hospitalidad de sus vecinos, “pues también el conductor del autobús había caído en la trampa de la espita”. El grupo teatral universitario visitante se llamaba La Barca, y “tenía por objetivo fundamental desplazarse a cualquier ignorado pueblo y despertar la conciencia cultural a través del teatro, algo similar a la labor pedagógica que realizara La Barraca lorquiana”, de la que parecía ser trasunto, y de la que ahora, y de su filosofía y planteamientos y hasta del nombre con escaso disimulo, se apropiaba el mismo régimen que antaño había asesinado al poeta que era su alma mater.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia, de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

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