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El cierre en 1933 de las Escuelas Nacionales bañezanas (I)

● Ibañeza.es ►Lunes, 12 de febrero de 2018 a las 8:03 Comentarios desactivados


En La Bañeza, la Corporación acordaba en el pleno del día 6 de julio de 1931 el arreglo de locales para instalar en ellos dos escuelas más (pues el problema de los “sin escuela” se agravará al inicio del curso en virtud del decreto que prohíbe enseñar sin poseer título académico para ello) y que los maestros hagan relación de sus alumnos y de los que no asisten a las clases, para ponerlo en conocimiento de sus padres e imponer a estos correctivo en caso de reincidencia. Marcelo Toral Castro era entonces maestro en Santiagomillas, y en La Bañeza los términos del problema escolar son: tres maestros, tres maestras, locales capaces solo para la mitad del censo, y material pedagógico insuficiente. Las escuelas de Sacaojos requieren también obras. Al iniciarse agosto en la sesión municipal del día 3, toda vez que el alcalde asegura que se podría contar con más maestros si hubiera disponibles más locales para escuelas, se decide acondicionar otro más en el edificio a ellas destinado, y se ofrece el concejal Isaac Nistal Blanco en nombre de las sociedades La Caridad y Federación Local de Sociedades Obreras (creemos que era entonces presidente de la segunda) a facilitarlos para dos escuelas más en el edificio en el que comparten sede, “lo que merece un amplísimo voto de gracias a ambas sociedades” y al diputado Herminio Fernández de la Poza (lo era por el Partido Republicano Radical de Lerroux) por su intercesión en Madrid en este asunto (consiguiendo para la ciudad dos maestros y dos maestras más) y por su donativo de 2.000 pesetas para construir escuelas. Se señala en el pleno que en la provincia quedarán lugares sin ellas por falta de locales, por cuanto si los hay se disponen desde la Inspección de Primera Enseñanza los maestros para ellos.

En la reunión de la semana siguiente (17 de agosto de 1931) se dispone el blanqueo de los locales escolares, incluidos los nuevos, y se anuncia que se alquilarán edificios particulares para establecer en ellos más escuelas y acoger las cuatro (dos de niños y dos de niñas) que se creaban el 19 de septiembre (se abonará a Severino Hernández Canelas el inquilinato de dos locales en la calle Pablo Iglesias –con retrete y fosa séptica que habrá de construir- por dos años a razón de 1.000 pesetas anuales por local), aunque un año después, en septiembre de 1932, “carecía de agua el excusado y los niños se veían precisados a evacuar sus necesidades en la vía pública”, denunciaba el maestro Antonio Juárez Crespo al alcalde, que todavía en diciembre urgía al arrendatario la implantación de tal servicio e intentaba en enero de 1933 llegar con él a un entendimiento en cuanto a las comprometidas fosas sépticas. En agosto de 1936 se le notificará la rescisión del contrato desde el próximo noviembre, cuando la Corporación impuesta por los sublevados dispondrá ya de locales propios adecuados (en la Casa del Pueblo, requisada y reformada para acoger las escuelas que se llaman de Calvo Sotelo).

El calendario escolar de aquel primer curso republicano usaba los términos laicos “vacaciones de invierno” y “de primavera”, en lugar de Navidad y Semana Santa, y finalizadas las de verano, el 21 de septiembre de 1931 se hacía cargo de la zona de inspección de La Bañeza la Inspectora de Primera Enseñanza Francisca Bohigas Gavilanes.

A finales del año 1932 aún no se habían dotado de agua los retretes de las escuelas bañezanas instaladas en los locales de alquiler de Severino Hernández, lo que daría lugar a una controversia en torno a la interpretación del contrato firmado en su momento (el arrendatario acepta poner el agua gratis a cambio de que el Consistorio instale los lavabos y letrinas, que quedarán de su propiedad después de la extinción del arriendo), y la Corporación dilucida y acuerda que todo ha de ir por cuenta del propietario. Mientras, se señalaba la necesidad de consignar en el presupuesto para el año a punto de iniciarse cantidades para el arreglo de aquellos excusados y para su limpieza, ya que de persistir en su estado serán cerradas las escuelas en dos meses, como la Inspectora de Enseñanza Primaria de la zona, Francisca Bohigas, repetidamente ha indicado.

El 26 de febrero de 1933 disponía la Inspectora el traslado de las secciones de las Escuelas Graduadas de los locales de Severino Hernández al edificio municipal (el que alojaba las llamadas Escuelas Villa), e instalar en aquéllos las dos nuevas Escuelas Unitarias, toda vez que su dueño avisaba cuando se iniciaba marzo de que (por fin) ya funcionaban en ellos los retretes, y puesto que a pesar de que se siguen buscando no se encuentran espacios para ellas en los barrios. En aquellos locales alquilados se realizó una reunión de maestros, cediendo una viga, lo que hizo que bajara un tabique y se deteriorara el techo raso, ruinoso estado que denunciaba la prensa local, y también el indecoroso de los excusados de las escuelas de niñas del local municipal y su falta de limpieza.

Se trasladaba por entonces (principios de abril de 1933) a la Inspección de Primera Enseñanza queja de los alumnos de las escuelas nacionales bañezanas por la basura que proliferaba en ellas (barridas por las niñas por orden de sus maestras, lo que también se denuncia desde el Consistorio), la cual comunicaba a finales de mayo su cierre por no haberse realizado en sus locales las obras que repetidamente se habían ordenado, denegando el 7 de junio la petición de su apertura en aquellas penosas condiciones, y motivando que desde El Adelanto al principio de julio se señale: “Hace ya algunas semanas que las escuelas nacionales están cerradas, los niños vagando por calles y plazas, su formación interrumpida, y sentándose un precedente jamás conocido en la ciudad”. Una semana más tarde se acordaba encargar cuanto antes al recién nombrado arquitecto municipal el pliego de condiciones para subastar aquellas obras (que incluirían la pavimentación del patio escolar), y ofrecer a la inspectora los locales de las escuelas unitarias, para que al menos en ellos continúen las clases posibles. Se suspendían entonces (a primeros de agosto) por orden del alcalde los trabajos de pavimentación de aquel patio (que como necesarias había dispuesto la Inspectora), a la cual se notificaba el 13 de septiembre haber finalizado las obras de las escuelas, “satisfactoriamente”, el pasado día 6.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Estación de La Bañeza a mitad de los años 30.

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