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A tu casa vendrán y te insultarán… casi siempre un cerebro reptiliano

● A. Cordero ►Sábado, 28 de marzo de 2015 a las 9:23 Comentarios desactivados


Una vez oí que cuando el miedo, el remordimiento, la venganza o algún sentimiento negativo hacía aparición en eso que llaman ‘conciencia’, uno se dejaba llevar por los instintos más rastreros de los que se esconden en esa parte más salvaje que todos tenemos en el cerebro – el cerebro reptiliano- en términos de psicología, sin pensar en las consecuencias que ese gesto pudiera tener a largo plazo.

Es así que ciertos sujetos se enfundan en su traje más vengativo y, pensando que nadie se va a enterar, aprovechan el anonimato que da el firmar con un “bañezano”, “cabreado”, “yo” o cualquier otro pseudónimo que se le ocurra en el momento y deje a salvo su verdadera identidad; otros utilizan nombre y apellido para arremeter contra el periodista que escribió la noticia que no gusta leer, contra el alcalde y compañía, contra el comentario del que escribió con anterioridad, contra el que discrepe y contra todo el que no deposite la papeleta de su agrado.

Esos individuos, cuyos cerebros reptilianos conquistan la mayor parte de su materia gris, hacen uso de las libertades a su antojo y no respetan las opiniones de los demás, siempre en su afán de que la suya sea la que más se escuche –o la que más impresione- a juzgar por los tacos, amenazas y expresiones barriobajeras y de mal gusto de que suelen ir acompañadas; expresiones que dejan claro la clase, el modus operandi y el talante que tienen. No se dan cuenta que lo de venir a insultarte a “tu casa” no va a tener buen fin y el insulto lo más probable es que no salga de la suya.

Y siempre pasa esto cuando está de por medio la política –ese modo de vida que algunos piensan que viene caído del cielo y tratan de lograr por todos los medios- utilizando todas las herramientas que tengan a su alcance sin pararse a pensar en que la ética, la humildad, la discreción, la educación y los modales son esas cosas intangibles que abren y cierran puertas, dependiendo del modo en que se usen.

Por eso, cuando tengo que leer ciertas barbaridades y ponerle cara y nombre al autor de tal galantería acierto, sin ser experta en tipos de cerebros, en la parte proporcional que esos individuos destinan a su cerebro neocórtex (el que es capaz de hacer algo útil), tanto en la vida privada, como en la pública que nos tratan de imponer con su sonrisa y llego a la conclusión de que, tanto en cerebros, como en sonrisas, hay que saber muy bien distinguir y no meter la pata antes de dejarnos embaucar por un encandilador cínico provisto de una encantadora sonrisa.

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