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Alcaldes republicanos de La Bañeza (II)

● Ibañeza.es ►Lunes, 14 de abril de 2014 a las 9:24 Comentarios desactivados


El fraternal cambio de régimen

Nunca unas elecciones municipales suscitaron tanto interés ni fueron tan trascendentes como las del domingo 12 de abril de 1931, planteadas como un verdadero referéndum sobre la adhesión o no al régimen monárquico (como “elecciones legislativas y constituyentes”, según diría Melquiades Álvarez en el ABC del día 15 de abril). En León y su provincia, como en el resto del país, la jornada electoral transcurrió tranquila en medio de la expectación por la incertidumbre de los resultados. En la provincia leonesa el triunfo de los coaligados de la conjunción republicano-socialista fue abrumador.

En la capital del partido bañezano no se produjeron incidentes, y “en las escuelas públicas, el mismo escenario por el que pasaban años atrás conducidos como manso rebaño un buen número de votantes, y espacio esta vez de la gran obra de civismo bañezano” ganaron los dinásticos con 7 regidores liberales-demócratas (Eugenio de Mata Alonso, Celso Ares Alonso, Marcelino Martínez (Simón), Liberto Díez Pardo, David González Moratinos, Herminio Nistal Luengo, José Román) y 4 conservadores (José Santos Pérez, Manuel Ferrero Nuevo –era representante de la compañía Assurances Generales-, Juan Espeso González, José Ramos Pérez), empatando Iñigo Llanos (liberal) y Toribio González Prieto (de la Conjunción Republicano-Socialista), que consiguen sendas actas. Después del escrutinio, realizado a las cuatro de la tarde, corrillos y gran paseo en la Plaza Mayor. Al día siguiente, lunes, no hay prensa y todo son rumores sobre lo que está sucediendo en el país; “a la medianoche por teléfono se anuncian graves acontecimientos, y hasta la proclamación de la República. Se extiende la noticia, y la incertidumbre, por las sociedades y cafés”.

El martes, “por la tarde la pizarra de La Opinión va dando cuenta de la transición de poderes según van recibiendo noticias por radio y conferencia; la muchedumbre se agolpa y las recibe con júbilo. A las siete se reúne el Comité Revolucionario local en la Casa del Pueblo (la que ocupaban en el edificio compartido con la Asociación La Caridad) para dirigirse desde allí en manifestación y en perfecto orden al ayuntamiento, en el que su presidente, Félix Cardillo Puerta hace saber al alcalde Ildefonso Abastas Prieto que se ha instaurado la República en España, y aunque aún no tiene orden oficial de entrega de poderes, este se muestra dispuesto a traspasarlos cuando el Comité lo estime conveniente, lo que acuerdan hacer al día siguiente al mediodía, después de conferenciar con el gobernador civil y a pesar de la orden portada por un delegado del Comité Revolucionario provincial de recibir en esa misma fecha la alcaldía. Después de izada la bandera republicana en la Casa Consistorial, el secretario del Comité local, Felipe Alonso Marcos, desde uno de sus balcones transmite los acuerdos al pueblo reunido en la Plaza Mayor, y con vivas a España y a la República continúa la manifestación con todo orden”. Así lo contaba quien firma  El Alguacil Corchuelo (José Marcos de Segovia) en aquel semanario el día 19. Tal vez para hacerse perdonar su pasado republicanismo Felipe Alonso Marcos entregaba a la mitad de enero de 1937 un donativo de 125 pesetas para el comedor de Asistencia (Auxilio) Social, lo que no evitará que en 1939 se le tenga por masón.

En La Bañeza, el día 15 de abril por la mañana (“Sol abrileño. Fiesta. Comercios cerrados. Alegría y animación en los primeros grupos callejeros”, diría La Opinión) una nueva marcha de nuevo presidida por el Comité Revolucionario se encamina desde la Casa del Pueblo a la Casa Consistorial, en la que a las once se constituyó en su sala de sesiones en sesión extraordinaria el ayuntamiento pleno (lo presidió el alcalde saliente Ildefonso Abastas Prieto, y fueron ausentes los concejales Tomás Antúnez Fernández y Doroteo Alonso Sastre) último de la monarquía, para resignarlo junto con la alcaldía en el Comité Republicano Socialista de la ciudad, cuyos miembros acompañan a los corporativos que cesan en sus cargos, y que conformaban Félix Cardillo Puerta, Manuel Martín Martín, Toribio González Prieto, Joaquín Lombó Pollán, Severino Muñoz Velasco, Ángel González González (el padre), Narciso Asensio Asensio, e Isaac Nistal Blanco (todos los anteriores habían sido candidatos municipales), Santiago Vidales Manjón, Porfirio González Manjarín, Felipe Alonso Marcos y Ramón Santos Prada, “animados de un alto espíritu ciudadano”, al decir del señor Abastas Prieto (en febrero de 1937 será nombrado delegado gubernativo para el partido judicial) al resignar su autoridad, “con satisfacción y confiado en que ha de ser beneficioso para la ciudad que todos aman”.

Agradece sus palabras el señor Cardillo Puerta, y añade que “representando la monarquía la historia del pasado y la República el porvenir para hacer una España grande, habrá que olvidar toda clase de rencillas y en una amplia cordialidad y amistad seguir el elevado ejemplo de ciudadanía que en esta transición ha dado España entera, realizando una revolución como no existe otra en la historia, y por tanto, al hacerse cargo de la alcaldía en nombre de la República, quiere que el acto de transmisión de poderes entre alcaldes que cesa y que entra se adorne de toda solemnidad, reintegrando al pueblo a los concejales cesantes con un abrazo de hermanos que ha de efectuarse en la Plaza Mayor a la finalización de la sesión”. A continuación pasa a ocupar la presidencia y recibe del alcalde saliente las insignias de mando.

En lo administrativo el ayuntamiento ha de seguir rigiéndose por las ordinarias normas de funcionamiento, había señalado también el nuevo alcalde, cuyas palabras, como las del sustituido, fueron acogidas por el mucho público asistente con aplausos y con murmullos de satisfacción, para acoger el congregado en la plaza a las corporaciones entrante y saliente con vítores y aplausos cuando en su centro y a los acorde de la Marsellesa ejecutada por la Banda Municipal de Música ambos regidores, el elegido y el depuesto, aclamados por la muchedumbre se dieron un efusivo abrazo, continuando la manifestación “con mucho entusiasmo pero con muchísimo orden”. Por la tarde el pueblo en fiesta celebra los acontecimientos y la Banda da un concierto escuchado por el nutrido vecindario que pasea por la Plaza.

El día 16 de abril, a las siete de la tarde, se reunió la nueva corporación bañezana, estando la sala de sesiones invadida de numeroso público, al que el flamante munícipe Félix Cardillo Puerta dirige una alocución manifestando su satisfacción por la implantación del nuevo régimen que anuló la causa que nos llevó al envilecimiento, en unas fechas de júbilo para todos, “aunque no para los bañezanos, ya que éstos reflejaron en las urnas su predilección por lo que moría” (aquí habían triunfado los monárquicos). Añade “sentir que la intervención que se les encomienda no pueda ser tan activa como exige el cumplimiento del amplio programa que hay que desarrollar, una verdadera revolución administrativa”. Según el artículo 56 de la Ley municipal de 1877 se eligen dos tenientes de alcalde y un concejal como procurador síndico, el primero de aquéllos Ramón Santos Prada (impresor, era presidente de la Agrupación Socialista bañezana); el segundo, y por unanimidad, Ángel González González; Felipe Alonso Marcos resulta elegido síndico. Unos y otro “tomaron posesión quieta y pacíficamente de sus cargos”, y acordó el consistorio celebrar los lunes de cada semana, a las ocho de la tarde, sus sesiones ordinarias. El viernes, 17, “todo el pueblo trabaja tranquilo y hace su vida ordinaria”. El sábado hay mercado semanal y muchos desplazados de los pueblos comarcanos reclaman noticias y detalles de la proclamación de la Segunda República española. El domingo, 19 de abril, desde La Opinión dan la bienvenida al nuevo régimen, del que con hidalguía y nobleza ha sonado la hora del resurgir, dicen, y llaman “a todos y a todo por España, y a respetar las órdenes del gobierno provisional y a cooperar en el mantenimiento del orden”.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia, de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

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