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Brasas de San Juan para quemar malos espíritus

● Polo Fuertes ►Jueves, 23 de junio de 2011 a las 0:01 Comentarios desactivados


Mi ramalazo pirómano (que lo tengo) ha quedado desabrido. Pero no están de moda los pirómanos ahora porque, a poco que te descuides, preparas un incendio, un siniestro de proporciones desproporcionadas. Vamos, que la puedes armar muy gorda. Por eso, en la noche de las hogueras de San Juan, cuando el fuego sagrado de la montonera queme los malos espíritus para celebrar la entrada del solsticio de verano, esa fecha ladrona que va comiendo minutos al día, hasta llegar al arrebaño final del solsticio de invierno, me gustaría echar más leña a ese fuego virtual.

En esa hoguera virtual de mis brujas, cuando el sol ha dejado de hacer la puñeta en los termómetros, quiero hacer una lista de espíritus malos para quemarlos, para abrasarlos, aunque prepare con ello un gran incendio forestal en mi imaginación, con cierto ramalazo de pirómano.

De pequeños, desde las primeras tardes de junio, a la salida de la escuela, los chavales de cada barrio de La Bañeza nos dedicábamos a apañar leña, en forma de zarzas que íbamos segando con hoces ferruñosas que descolgábamos en algún desván. Después, con un gancho largo de hierro, arrastrábamos en polvareda la montonera hasta algún solar, que nos dejaban para guardar el combustible, de los ladrones de hogueras de San Juan, que también los había. Todo ello, mientras cantábamos aquello de “A coger el trébole, el trébole, la noche de San Juan”.. Una leña que defendíamos con uñas y dientes, con piedras de cantería, tiradores de chinas y hondas de badana, a poco que la chiquillería de otra barriada intentara hurtar los zarzales, los cardos o los trastos viejos que, en la limpieza para la entrada del verano, iban dejando las amas del barrio.

Hoy aquellas hogueras bañezanas, que llenaban de humos espirituales las noches previas a la fiesta de San Juan, se reducen a solo una, en la zona del barrio de ‘Las Malvinas’, o a la que se hace el sábado anterior a la festividad de San Pedro, en el barrio de Labradores. Pero dejadme aportar mi granito de arena. Mejor dicho, mi montonera de leña virtual para quemar, para abrasar espíritus malos. Hoy quemaría, por encima de todo, el paro y a los que lo han ocasionado (cada cual que se apañe la responsabilidad que tenga de ello). Son los peores espíritus que, actualmente, están ahogando el solar en el que lo han guardado (casi como oro en paño) el Gobierno, los sindicatos y los especuladores.

Sin embargo, mi leña sanjuanera de este año va más por la cosa local. Alguien quemará esos otros grandes malos espíritus nacionales mejor que yo. Me gustaría quemar pues las desavenencias políticas de nuestro pueblo. Sí, ya sé que es muy difícil. Los electos y los no electos confunden la palabra adversario con la de enemigo. Y aquí, como decía nuestro obispo de cabecera, Don Ángel, todos somos conocidos, todos somos amigos de un ente que se llama La Bañeza. Pondría cócteles molotov a tutiplé en las desavenencias entre vecinos, para que estas desavenencias no pasaran de las noches de los domingos, cuando los equipos de fútbol respectivos hayan ganado o hayan perdido. Al menos una escuálida antorcha encendería para asustar (más que nada) a los dueños de los perros cagones que no recojan las susodichas cacas perrunas.

A lo mejor (o a lo peor) habría que echar mano de unas pajas del cuelmo de la matanza para iluminar las mentes de los políticos provinciales, regionales y nacionales y se pongan de acuerdo en iniciar de una puñetera vez el circuito permanente de velocidad. Podría seguir y seguir echando más leña al fuego sagrado de la hoguera de San Juan. Una hoguera que sería enorme, peligrosa. Y con toda seguridad, los helicópteros que andan vigilando los humos en los campos, bajarían a poner una multa de padre y muy señor mío a este pirómano informático de perra gorda. Tantum ergo sacramentum…, entonaría mientras muevo el incensario de un lado a otro. Jesús, que noche de pavesas y de malos humos.

Pero ya digo al principio, los pirómanos estamos mal vistos en estos tiempos, cuando la hierba ha crecido por la humedad intensa del invierno y de la primavera. Apenas sólo unas brasas para ahuyentar los malos espíritus.

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