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Carta a una de las más grandes carnavaleras como fue Celia Amigo

● José Cruz Cabo ►Martes, 7 de marzo de 2017 a las 8:10 Comentarios desactivados


José Cruz Cabo

Querida amiga Celia Amigo Fernández: al final te marchaste tranquila y con la vida cumplida con creces, porque para ti no fue en muchos momentos una vida ni fácil ni alegre, aunque cuando llegaban los carnavales –con prohibición o sin ella– te lanzabas a la calle sin miedo a las multas. Ahora te has ido a encontrar con tus amigas Lucila, La Curina, Brene y otras tantas como tú, que érais carnavaleras que arrastrabais con vosotras la alegría y la gracia de vivir.

Pero yo tengo muchos más recuerdos tuyos, comenzando en mi niñez. En el año 1935, mi padre Manolillo, tuvo que subirse al balcón de la zapatería de tu amado Agapito Toral, que te dejó demasiado pronto, para cantar una saetas para que las pudieran oír las Carmelitas, quienes entonces no podían salir del colegio en la procesión de los pasos de la madrugada de la cofradía de Jesús; y mi padre y tu Agapito eran amigos y aquellas saetas salieron bordadas gracias al balcón del comercio de tu marido.

Siempre nos tratamos y cuando el Grupo de Los Tranquilos quisieron honrar a los carnavaleros de pro fueron a mi casa a preguntarme a quien se le podía homenajear, y yo di los de las tres amigas tuyas y el tuyo, y cuando os ofrecieron el homenaje a las cuatro, en el Restaurante Madrid, tú me tomaste más cariño porque me había acordado de ti para que te homenajearan.

Luego cuando nos veíamos en la calle y después cuando comenzaste a andar mal, que sólo salías hasta el banco municipal que estaba cerca de tu puerta, muchas veces me paraba a charlar contigo y el beso de despedida era para mí un maravilloso dulce.

Fuiste una mjer trabajadora, sencilla, humilde, pero con coraje, madre de tus hijos, cuando tu Agapito te dejó y cuando tu hija quedó viuda como tú, demasiado pronto, de una conversación agradabilísima cuando recordábamos las anécdotas del carnaval.

Estoy seguro de que con tu gran currículo humano, de amabilidad, simpatía, bondad y ayuda a los demás, además de hacernos reír tantos años con tu salero y tus disfraces, te habrán proporcionado un lugar de privilegio en el más allá, pues tuviste una vida cumplida y llena.

Desde donde ahora te encuentres recibe el abrazo más cariñoso de este amigo que no te olvidará y que posiblemente no tarde mucho en ir a verte, mientras a tus hijos, Celina, José y Claudio, así como al resto de familiares, mi más hondo pesar. Gracias Celia por toda la amistad que me diste.

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