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El polen que cerca todos los años al centro médico

● Polo Fuertes ►Martes, 7 de junio de 2011 a las 0:02 Comentarios desactivados


Desde luego, el parque Juan de Ferreras no era el sitio más idóneo para construir el centro médico comarcal de La Bañeza. Eso lo sabía hasta el que asó la manteca. Bueno, todo quisque…, menos los entonces mandatarios del Ayuntamiento que se liaron la manta a la cabeza y dieron el plácet al Gobierno de Felipe González para que siguiera adelante la instalación. Porque, aparte de joder para siempre el mejor jardín público de la ciudad que existía en aquellos tiempos, su emplazamiento era vecino de la única gran industria existente en La Bañeza, con todas las rémoras contaminantes propias de su actividad.

Y todo ello con el agravante de tener ya cedidos más de 5.000 metros cuadrados en las inmediaciones de la barriada del Polvorín, relativamente cercanos al pequeño primer centro médico de la Seguridad Social habilitado en la ciudad. Las obras se iniciaron en 1987 y dos años más tarde, un 28 de enero de 1989 las instalaciones eran inauguradas por el entonces ministro de Sanidad y Consumo, Julián García Vargas, al que acompañaba el consejero de Santidad de la Junta, un tal Javier León de la Riva (conocido por los leoneses por su
constancia en intentar jorobar lo poco que Valladolid ha dejado tranquilo en la provincia) y otras autoridades de media polaina.

Esto ya no tiene remedio ahora. A pesar de que el responsable gubernamental prometió al alcalde bañezano construir algún día un hospital en la ciudad (ese algún día aún no ha llegado, promesa de político, amén). Pero ya digo, eso ya no tiene remedio. Máxime, cuando el centro médico ha sido ampliado para mejorar las urgencias, con el añadido de un departamento para cirugías menores y ampliación de especialidades.

La bomba, oiga, pero el centro está ahí, la azucarera también y las doscientas mil toneladas de remolacha que molturaba en 1989 se han convertido en casi un millón en las últimas campañas. Pero no echemos la culpa a la azucarera que llevaba sesenta años transformando raíces y fabricando el dulce manjar. Esto ya no tiene remedio. Sin embargo, a los añadidos contaminantes fabriles (y algunos días, febriles) hay que apuntar también las montoneras de polen de los
chopos que, todos los meses de mayo, junio y julio, cuajan los alrededores del centro médico bañezano. Unos chopos que también estaban ahí mucho antes de que los mentalistas gubernamentales, comunitarios y municipales escogieran su ubicación.

Porque esos chopos eran, son lo últimos restos de la antigua zaya de ‘Los Molinos’. Un cauce interurbano ya desaparecido que, durante siglos, sirvió para mover molinos, fábricas de curtidos y algunos telares, a la vez que servía de batán para lavar linos y lanas de estos telares. Sí señor, estos chopos tampoco tienen la culpa que, entre los meses de mayo y julio su polen cerque las instalaciones sanitarias.

Unas instalaciones cuyos pasillos y escaleras se ven cada día invadidos por las flores blancas y pardas que aprovechan el calzado de los visitantes a los ambulatorios de la Seguridad Social, para llevar a sus rincones más recónditos las posibles infecciones que este polen pueda acarrear.

Yo no soy médico ni biólogo. Pero el polen es, durante tres meses, el más asiduo asistente a los numerosos actos médicos que diariamente se desarrollan en el centro médico ‘Juan de Ferreras’ (por cierto, ¿dónde ha ido a parar el busto de este ilustre bañezano, fundador de la Real Academia de la Lengua, en las últimas obras de ampliación del conjunto sanitario?).

Ni soy médico ni, gracias a Dios, tampoco político municipal. Por eso, a quien corresponda (médicos o políticos) deberán tomar parte en erradicar este sitio de las instalaciones sanitarias, antes de que un día se desarrolle una cepa maligna de alguna bacteria que transporte del pobre polen chopero, como está ocurriendo ahora en Alemania. Y nosotros no vamos a poder echar la culpa a los pepinos alemanes, porque estos chavales y sus tierras no producen pepinos que llevarse a la boca. Quisió (qué se yo) lo que se debería hacer. Pero algo habrá que mover. Mecagüenlaaaa.

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