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Entre chismes, líneas no escritas y risas fáciles

● A. Cordero ►Viernes, 1 de febrero de 2013 a las 15:15 Comentarios desactivados


Admiro la capacidad de persuasión que tiene el arte del monólogo en La Bañeza, cómo consigue hacernos cambiar mentalmente de página y hacer que olvidemos por unas horas esos problemas que nos mantienen en vilo. Será porque llevamos todo el mes leyendo sucesos en las primeras páginas de los diarios y en el ránking de las noticias más vistas de Ibañeza.es y la gente está harta de tantas desgracias juntas y busca alternativas de escape como el humor, que calienta motores en el preludio del Carnaval.

Y es que en un monólogo casi cualquier tema tiene cabida, siempre buscando la risa fácil y el aplauso del público. Nada mejor para hacer frente a los sinsabores que nos ofrece la escabrosa actualidad que una retahíla de chistes, muchas veces supuestas anécdotas o comentarios de chismes televisivos con los que el espectador se pase todo el espectáculo alternando aplausos y carcajadas. O pequeñas “píldoras” en las que se adivinan algunos favores políticos que –tal vez- deberían quedarse en el tintero con el fin de no inmiscuirse demasiado en esos jardines que conviene no cruzar.

El caso es que los monólogos llenan el teatro y, a la hora de hacer caja, eso también cuenta. Actuaciones de renombre, conciertos que cuelgan el cartel de “aforo completo” en otras ciudades o compañías escénicas con sobrada fama nacional no son capaces de conseguir una participación como la que consiguen estos concursantes -algunos apenas aficionados, otros expertos integrantes de los circuitos de monólogos-, pero todos ellos con el denominador común de hacer de la risa su modo de vida y de ganarse al público.

De ese modo, se nota que en La Bañeza nos gusta más pasarlo bien y reírnos con esos grupos incesantes de chistes fáciles que tener la incertidumbre de no saber si la escueta información facilitada en la cartelera dejará satisfechas nuestras expectativas, o nos arriesgaremos a pasarnos el espectáculo intentando comprender intrincadas tramas y terminar corriendo el riesgo de salir con un mal sabor de boca. El caso de los monólogos es una apuesta segura sobre otros muchos de los eventos de los que han tenido lugar desde que el teatro regresó a nuestras vidas y, especialmente, entre los jóvenes.

Así, queridos lectores, y ya para terminar, recomiendo la risa que nos proporcionan los monólogos o cualquier otro espectáculo de género cómico para esperar a los carnavales que nos convertirán por unas cuantas horas en lo que no somos a lo largo del año. Ya vendrán de nuevo, y antes de que nos demos cuenta, los quebraderos de cabeza que nos quitan el sueño desde hace tiempo. De momento, rían ustedes, acudan a los monólogos, que la risa tiene muchos beneficios y, mientras nos divertimos, hacemos un favor a la sanidad pública.

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