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Fusionando el ‘Tocho cheli’ con el diccionario de la RAE

● A. Cordero ►Domingo, 26 de octubre de 2014 a las 9:36 Comentarios desactivados


Cuando allá por el año 93 Ramoncín sacaba a la calle el ‘Tocho cheli’, un diccionario de “jergas, germanías y chirigonzas”, la España más tradicional se escandalizaba y dejaba en entredicho el buen gusto del polifacético cantante metido a escribiente. A otros le llamaba la atención aquella publicación diferente y algunos comprábamos un ejemplar para culturizarnos un poco en el lenguaje vulgar, porque saber un poco de todo nunca está de más, aunque sean vulgaridades.

En la recta final del pasado siglo, y todavía algo lejos de las nuevas tecnologías que nos han inculcado nuevos vocablos, el contenido del Tocho cheli era, en su mayoría, palabras utilizadas en barrios marginales y en ambientes poco selectos. 20 años después eso ha cambiado en parte, ya que la mayoría de las nuevas palabras son injertos espanglish, expresiones relacionadas con acciones diarias en redes sociales y palabrejos que alguien se inventó en su momento sin imaginar que acabarían formando parte de tan insigne publicación.

Está claro que el mundo avanza y a los nuevos “hallazgos” hay que ponerles nombre; por eso he de reconocer que algunas palabras como ciclogénesis, giga, hipervínculo, spa, pilates o wifi, entre otras muchas, son muy habituales, no son malsonantes, y constituyen la forma más común que tenemos para referirnos a ellas. Yo no sé si son adecuadas para formar parte del diccionario de la RAE, ¡quién soy yo para poner en tela de juicio el criterio de tan sesudos académicos, pero al menos no me avergüenzo de ellas al considerarlas parte de mi lenguaje, como sucede con algunas del citado Tocho.

Pero tengo que confesar que me he sorprendido bastante al conocer muchas de las palabras, que los académicos han introducido en nuestro diccionario, quedándose tan panchos y alegando que “se ha llevado a cabo una profunda renovación para dar una visión más moderna y dinámica del léxico actual”, y convencernos de que el término amigovio merece estar en el diccionario porque es la clásica fusión de amigo con derecho a roce que ya conocemos, o que cagaprisas se puede utilizar del mismo modo que impaciente. Nada que decir de culamen, pechamen o muslamen; sobran las palabras.

En fin, que aunque las utilicemos de forma habitual no quiere decir que sean correctas, pero que el ilustre diccionario de la RAE las incluya y las acepte como válidas, ya me parece de traca. El hecho de que se prepare un fiestorro (puede servir para una próxima actualización) para celebrarlo por todo lo alto, se me escapa y no me quedan palabras para expresar lo que pienso. Quizás por esos pequeños detalles esta nueva ampliación del diccionario me recordó, y mucho, al Tocho cheli de Ramoncín, con todo lo que eso conlleva. Quizás lo siguiente sea una fusión entre ambos, veamos qué pasa próximamente…

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