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Historia, música y poemas bajo la farola bañezana

● Ibañeza.es ►Miércoles, 8 de septiembre de 2010 a las 0:22 Comentarios desactivados


Muchas líneas he escrito sobre la luz de la farola de la plaza. Esa farola que en sus primeros tiempos servía de guía para los que llegaban junto a ella buscando una dirección o para los que se citaban cualquier domingo del año para tomar unos vinos, salir a bailar o intercambiar opiniones…, de blanco para aquellas coplillas que, con el mismo soniquete, cambiaban de ciudad, de destinatarios, de siglo o de farola; dependiendo del sitio en que se cantaran, algo muy común en las canciones populares… pero la farola bañezana tiene un particular encanto. Aquella farola popular que “se estaba muriendo de risa …” es testigo de tantas situaciones ligadas a la vida de La Bañeza que no hay hemerotecas suficientes para albergarlas todas.

Aquel punto de encuentro y poste direccional, actualmente en otro enclave, se ha vuelto más poético, más romántico. Ahora sirve de inspiración a poetas, cantantes, trovadores y juntaletras, de que de vez en cuando pasamos por allí y nos quedamos mirándola. Sin embargo, su magia traspasa las fronteras de poemas y melodías y tiñe de tonalidades amarillentas las notas que se escapan de los múltiples instrumentos que se congregan bajo su luz en esas mágicas noches.

La farola acoge mil y un eventos musicales, poéticos o artísticos, todos ellos con un punto en común: desplegar esas líneas invisibles que unen el arte, las palabras, las notas musicales y la suave brisa y ofrecer al público un espectáculo único. Ella, vigilante ofrece todo lo que tiene, su luz hechizada por todas las imágenes que atesora entre sus cristales… su colorido amarillento que tiñe el ambiente del color de la piedra milenaria, sus brazos llenos de caricias de historia, su confortable asiento, sus perfumadas flores.

Todos los eventos que llevan la coletilla “a la luz de la farola” parten con la ventaja de un éxito seguro. Quienes nos congregamos allí, sabemos que la suave brisa que acompaña en ese lugar milenario, sirve para acurrucarnos dentro de nuestras prendas de abrigo y dejarnos llevar por los sonidos que envuelven el entorno, por la imaginación o por la magia que desprende el lugar. Es como si la farola, disfrutando del espectáculo, ofreciera al auditorio una luz diferente, que mejora la calidad del sonido y le infunde un halo de misterio.

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