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La Cabrera de Pilar Ortega y Severino Carbajo

● Ibañeza ►Jueves, 26 de agosto de 2010 a las 15:57 Comentarios desactivados


Fue en 1989 cuando conocí a Pilar y Severino. Compartíamos cartel con otros pintores en una exposición colectiva en la Casa de la Cultura de La Bañeza. Desde entonces he seguido su obra y gozado de su amistad. Quizás fue allí, a través de sus pinturas y dibujos, cuando tomé conciencia de la realidad de la Cabrera, esa comarca tan vinculada a La Bañeza pero, al mismo tiempo, tan distante.

En las pinturas de Seve y en los maravillosos dibujos de Pilar, reparé en todo aquello que ya había visto en mis visitas reales a los pueblos cabreirenses. Entonces me dí cuenta que no conocía la Cabrera, que la estaba descubriendo ahora en los cuadros que contemplaba.

¿Qué hubiera sido de la Cabrera sin Ramón Carnicer, Concha Casado, Severino Carbajo y Pilar Ortega y algunos otros que han luchado por ella? Seguramente le hubiera pasado lo que a otros parajes naturales de España. Lo tradicional se hubiera destruido o transformado sin criterio hasta desvirtuar por completo su paisaje y los elementos que lo integran. Los palomares hubieran desaparecido o se hubieran convertido en pequeños apartamentos y los pajares, las fraguas o los molinos serían viviendas de fin de semana. Afortunadamente Doña Concha ha seguido ligada a La Cabrera desde su tesis doctoral hasta recibir el galardón que la reconoce como Hija Adoptiva y Severino y Pilar siguen trabajando, atrapando, con sus pinceles y lápices, cada rincón.

Cuando en 1974 tomaron la decisión más importante de sus vidas: cambiar las “comodidades” de la gran ciudad por el frío invierno de Truchillas, lo hacían sabiendo que estaban desembarcando y quemando las naves. Ya nada volvería a ser igual. No sólo consistiría en acondicionar una casa con estudio y pintar paisajes que luego se venderían en las salas comerciales de las grandes ciudades. Esos paisajes maravillosos y auténticos estaban habitados por gentes rudas pero agradecidas, gentes necesitadas de alguien que proclamara a los cuatro vientos que hay otra manera de vivir que ayude a crecer sin destruir. Los cuadros y las exposiciones se suceden y cada una de ellas es un gran reportaje sobre la Cabrera. Todo el mundo podía admirar los palomares, muchos de ellos hoy restaurados con la inestimable ayuda de Concha Casado; los corredores de madera, la especial configuración de las chimeneas que compiten en belleza con las de la Pedrera gaudiniana, los techos de paja o los hornos que abrigan y protegen del sol y del frío.

Apenas hemos hablado todavía de la pintura de Severino y los dibujos de Pilar, pero era necesario este preámbulo para entender, no sólo la labor artística de estos dos grandes artistas, sino su valor etnográfico. Su obra, la de los dos, independientemente de las técnicas utilizadas, ha ido catalogando, anotando con el pincel y el lápiz, herrajes, ventanos, balconadas, corredores, maderas y pizarras; inventariado todo lo que hace de la Cabrera un entorno particular, único. Severino ha acomodado su paleta de colores hasta confundirla con los paisajes que pinta y Pilar ha traducido a grises todos los tonos de la piedra, el verde o la madera creando, en cada catálogo de exposición, una guía de ruta para que todos entendamos la Cabrera de sus sueños que es una mezcla de la real y la ideal.

La Cabrera de Severino y Pilar, la que aparece en sus cuadros, necesita nutrirse de la realidad en que viven para captar sus elementos cotidianos, pero también la Cabrera real necesita parecerse a los óleos y dibujos de estos dos grandes artistas, en una suerte de catarsis que acabe confundiendo realidad y ficción. Esa mimesis que no sólo sea imitación de la realidad sino que se acerque a la idea platónica, a la esencia de Cabrera que a veces cuesta ver cuando viajamos a ella pero que es muy sencillo de apreciar en los dibujos de Pilar Ortega y los óleos de Severino.

Si la Cabera desapareciera y hubiera que construirla de nuevo, se podría hacer a través de estas obras que, en una mínima parte, ahora el espectador puede admirar en La Bañeza, o mediante el magnífico libro editado por el Instituto Leonés de Cultura con la obra de Pilar y Seve titulado “arquitectura y paisaje en Cabrera” que recomiendo a los que quieran conocer esta comarca de una manera diferente: a través de las obras de estos dos notarios de un tiempo que desde su enclave en Truchillas se empeñan en que existe otra forma de vivir, de integrarse en un territorio, sembrar y recoger, y luego devolverle parte de la cosecha para así continuar el ciclo de la vida. Pilar Ortega y Severino Carbajo, lo han hecho, lo están haciendo, devuelven a este territorio, a través de su obra, la esencia de lo que lo hace genuino y, al mismo tiempo, fijan las claves para su desarrollo ideal.

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