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P.J. Abajo

Con la generosidad y la amabilidad que caracteriza a la institución, Ciudad Misioneras abrió este sábado de par en par sus puertas a unos invitados muy especiales, los antiguos alumnos de la Guardería San José y sus familias, con motivo de los actos de clausura del 50 aniversario de la fundación del parvulario que puso en marcha en 1964 el Siervo de Dios Ángel Riesco para dar servicio a las familias de La Bañeza, atendiendo «tanto necesidades humanas como espirituales dentro de una gran obra basada en la caridad y en el amor al prójimo como señas de identidad, siempre haciendo el bien».

El encuentro, que arrancó con la actuación de los niños que actualmente llenan las aulas del viejo edificio de la calle Juan de Mansilla por las que han pasado tantas generaciones desde hace medio siglo, tuvo como acto central una mesa redonda para acercar a los asistentes la importancia de la obra del fundador de las Misioneras Apostólicas para las comarcas bañezanas y para contextualizar el valor de poner en marcha un lugar donde las madres pudieran llevar a sus hijos y que estuvieran bien atendidos «sin que el hecho de poder pagar o no la cuota establecida fuera motivo de exclusión para nadie».

«Sacar a los niños de la calle»

Bajo el título de ‘Edificando caridad’, la directora general del instituto secular, Mercedes Moratinos, señaló que «nos ha unido el recuerdo de una fecha que marcó un antes y un después para las familias de La Bañeza, especialmente para las más necesitadas que vieron en aquel amigo de los niños o ‘atropachicos’ una persona que fue capaz de poner en marcha lo que hoy, cincuenta años después, sigue siendo una institución al servicio de la infancia». Y es que la apertura de la guardería infantil puesta bajo el patrocinio de San José «es una muestra más del amor que nuestro Padre Fundador descubrió de niño y quiso traer a La Bañeza, para sacar a los más pequeños de las garras de la calle y gracias a las Misioneras –sus madres en lo material y en lo espiritual– ayudarles a descubrir a Jesús como su mejor amigo».

«Una sonrisa permanente»

Luis Pedro Carnicero, arquitecto, escritor y buen conocedor de la figura de don Ángel Riesco, al que también tuvo la suerte de conocer personalmente, esbozó una figura del fundador del instituto como «un constructor de una gran obra con muchas fases, tanto en España como en América Latina» y a lo largo de muchos años en los que «nunca le faltaba la sonrisa, esa misma sonrisa que siempre nos ofrecen las Misioneras», en palabras del editor Rafael Cabo, quien presentó el acto recordando su paso por la guardería en los primeros años de funcionamiento, como niño, y también como padre de familia.

«La caridad, seña de identidad»

Por su parte, José Cruz Cabo, decano de los periodistas bañezanos y monaguillo cuando el Siervo de Dios era párroco en La Bañeza, hizo revivir a los asistentes el aspecto más humano de un sacerdote con el que tuvo su primer contacto durante la Guerra Civil y «que sabía cómo llegar a los niños y a las familias a través de la catequesis o de Acción Católica, ser muy querido en nuestra ciudad y hacer de la caridad un verdadero pilar de toda su obra», al tiempo que recordó sus encuentros con el padre «motivados por asuntos de la imprenta, correcciones o redacción de artículos». Finalmente, Emilia Estévez, también misionera, hizo hincapié en cómo el empeño de don Ángel «cuya causa de canonización está abierta en Roma y esperamos que pronto le lleve a los altares», al que definió como «un hombre corazón noble y santo, totalmente entregado, ha llegado hasta nuestros días y traspasado las fronteras, siempre al lado de los más necesitados».

Exposición y recuerdo

Además del encuentro festivo, que finalizó con una intervención musical de cuatro jóvenes, haciendo sonar un piano que llevaba varias décadas en silencio en una esquina del salón de actos de Ciudad Misioneras, las Misioneras Apostólicas de la Caridad organizaron una exposición de fotografías antiguas para explicar a través de las imágenes de sus protagonistas la historia de la guardería, una muestra pensada para que los alumnos que a lo largo de este medio siglo han pasado por sus aulas –quienes recibieron un llavero conmemorativo como recuerdo de este día- pudieran recordar junto a sus familias su paso por esta casa donde se intenta cada día que «la caridad de Cristo reine en el mundo».

José Cruz Cabo, Mercedes Moratinos, Emilia Estévez, Luis Pedro Carnicero y Rafael Cabo, durante la mesa redonda

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Un comentario de los lectores en “La extraordinaria obra de don Ángel, edificada en la caridad, para la atención material y la espiritual”

  1. José Castaño D.N.I. 10165855-Q dice:

    El edificio que ocupan las Misioneras en Calle Juan de Mansilla, es propiedad de la Cofradía de la Vera Cruz. Al parecer se hizo un contrato de cesión GRATUITA por 50 años, y desearía saber:
    LA FECHA DEL VENCIMIENTO de dicha CESIÓN.
    SI EXISTEN PLAZAS DE GUARDERÍA Y COMEDOR, “GRATUITOS”, para niños
    DE FAMILIAS NECESITADAS.
    Y CUANDO SE COMENZARÁN LAS OBRAS DE LA CAPILLA DE LA COFRADIA.
    Agradeciendo de antemano esta información, y felicitando cordialmente a todas las personas presentes en la foto que ilustra la noticia, con un recuerdo cariñoso y emocionado para su Fundador, D. ANGEL RIESCO CARBAJO.

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