publicidad Publicidad arjoca

publicidad publicidad publicidad publicidad
publicidad

La insurrección de octubre del 34 en León (donde no se adelantó)

● Ibañeza.es ►Lunes, 30 de septiembre de 2019 a las 8:06 Comentarios desactivados


El día 4 de octubre de 1934, por la tarde, se constituía el nuevo gobierno en el que los ministros de Trabajo, Agricultura y Justicia eran cedistas; aquella noche se acuarteló a las tropas (incluidas las que habían rematado las maniobras en los Montes de León el día 2), y el 5, por orden del Comité Revolucionario, formado exclusivamente por socialistas y presidido por Largo Caballero, la insurrección y la huelga revolucionaria en todo el país estaba en marcha, con poco o inexistente eco en zonas rurales y en algunos territorios, en parte porque el gobierno había tomado medidas en los días anteriores, arrestando a líderes políticos y obreros, clausurando sedes de partidos, sindicatos y centros republicanos, requisando armamento, e intensificando la vigilancia, para devenir en Asturias en revolución (“y en las zonas mineras de León, por aproximación y contagio” –dirá Crémer-, preludio de la sangrienta guerra civil en la que España se vería inmersa en menos de dos años), en sedición en Barcelona, en Madrid se quedó a medio camino entre levantamiento y huelga general, y en otros muchos territorios fue una huelga general con brotes insurreccionales. También en las comarcas mineras de León y Palencia se dio una decidida rebelión, y salvo en estas y en las asturianas, en el “Octubre” español predominó la falta de entusiasmo.

Cabecilla revolucionario detenido en Bembibre.

Igualmente en León, donde los sublevados estaban en combinación con elementos de la Casa del Pueblo y con trabajadores del aeródromo para asaltarlo, dándose en el mismo confusos avatares y oposiciones iniciales a las actuaciones dispuestas por el mando, órdenes ambiguas, ceses y sustituciones fulminantes, y reticencias entre los pilotos a la hora de actuar. En la capital, donde los anarquistas, debilitados por la represión del estallido de diciembre del año anterior, apenas colaboraron en la insurrección, el gobernador civil, Edmundo Estévez Lorenzo, imponía la censura de prensa el día 5 y la suspensión de La Democracia, y en la mañana del 6 el Comité Revolucionario de Enlace con los dirigentes asturianos y las cuencas mineras leonesas declaraba la huelga general en la ciudad. Los guardias de Asalto paseaban con carabinas y se detenía a jóvenes socialistas por ejercer coacciones para lograr el paro laboral. Por la tarde se pretendió impedir la salida de un tren procedente de Valladolid con artillería para Asturias estacionado desde horas antes por una avería, ocupando la vía con mujeres y niños que fueron retirados por los guardias (se condenaría el 19 de enero de 1935 por tenencia ilícita de armas a tres muchachos a quienes se les ocuparon con ocasión de aquel disturbio), y se dieron después sustos y carreras al producirse un apagón de luz por un desperfecto casual que algunos creyeron una señal convenida por los insurgentes (según otras fuentes, lo era para el frustrado asalto a la base de aviación leonesa).

En las poblaciones agrícolas del sur de la provincia (Sahagún de Campos, Santa María del Páramo o La Bañeza) el movimiento revolucionario tuvo escasa incidencia. Un pretendido conato de huelga en la villa paramesa, que estaba en la vendimia, y que no llegaría más allá, según El Adelanto. En Valderas algún incidente debió de producirse, pues cuando después del triunfo del Frente Popular se decrete la amnistía, aún quedarán en la cárcel de León tres presos valderienses “de cuando la revuelta de octubre”. Otro tanto hubo de suceder en Veguellina de Órbigo, con cinco recluidos también de octubre en aquellas mismas fechas, y donde se produjo sin duda algún altercado relacionado con la Guardia Civil, como denota la detención que allí hace la Benemérita el 25 de octubre de un sujeto herido que pretendía hacerse pasar por su defensor frente a los revoltosos, pero que según El Diario de León (y en la terminología despectiva con la que descalifica a los revolucionarios derrotados) “se trata de un pollo de cuidado”.

En cuanto a Astorga, donde los responsables socialistas se mostraron contrarios a toda violencia (hasta el punto de que uno de los miembros del comité revolucionario, Luís García Holgado, se habría marchado de la ciudad –al balneario de Guitiriz, en Lugo- para no participar en la revuelta, lo que no evitará que después sea cesado y desterrado junto con el alcalde, Miguel Carro Verdejo, y algún otro concejal), varios radicales colocaron unos viejos explosivos, que no llegaron a estallar, en el puente de Valderrey con el fin de impedir el paso de los trenes con tropas para Asturias, y se promovió una huelga general solo secundada por los camareros, alguna otra actividad entendida por la justicia como revolucionaria debió de producirse aquellos días, pues el 8 de noviembre el Tribunal de Urgencia de León encausaba a Bernardino Lasalle (será represaliado con prisión después de julio de 1936) y 24 socialistas astorganos más por reunión ilegal (detenidos en la Casa del Pueblo, que fue registrada; otros cinco serían apresados en otras circunstancias y lugares), condenando a Toribio Fuertes Martínez y otros siete a dos meses de arresto y 250 pesetas de multa. Los demás fueron absueltos. Por otra parte, en la Audiencia Provincial el Tribunal de Urgencia absuelve el 5 de diciembre a los hermanos Ángel, Pedro, y Valeriano León Murciego, acusados de insultar en estado de embriaguez a la fuerza pública, guardias de Seguridad de Astorga, el día 14 de octubre, pues “son gentes de orden y se habían dirigido en las jornadas de la revuelta a las autoridades ofreciéndose voluntarios para conducir fuerzas a Campomanes”, como certifica el comandante Germán Madroñero, jefe de las tropas que allí se dirigieron (ellos y algunos otros serán detenidos de nuevo, como significados derechistas, a mediados de abril de 1936). El condenado Toribio Fuertes era en 1932 presidente en Astorga de la ugetista Sociedad de Obreros de la Industria de la Edificación. Él y sus hermanos José (secretario del Centro Obrero entonces) y Rafael (condenado a muerte con ocho más) serán eliminados después del triunfo de la sublevación fascista de 1936.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

publicidad publicidad

No se admiten comentarios.


publicidad Publicidad

publicidad publicidad

publicidad publicidad

publicidad publicidad


publicidad Tanatorio San Pedro

publicidad publicidad

publicidad

publicidad

publicidad


    publicidad Publicidad publicidad


    publicidad publicidad publicidad


    |Ibañeza.es | el periódico digital de La Bañeza y comarca | © 2010-2020 | AVISO LEGAL

    Ibañeza.es