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La revuelta de octubre de 1934 en La Bañeza (III)

● Ibañeza.es ►Lunes, 7 de noviembre de 2016 a las 8:40 Comentarios desactivados


Trenes obstaculizados serían, entre otros, los que llevaban el día 6 desde Zamora a Astorga (venciendo allí la resistencia de los maquinistas a transportarlo, y para continuar hacía León y Asturias) al Regimiento de Infantería 35, recién regresado de las maniobras militares desarrolladas días antes en tierras maragatas y embarcado después de que en la noche del 4 se reforzara la guardia del cuartel ante el apagón de luz y los rumores de su asalto por los revolucionarios zamoranos, y de patrullar y vigilar la ciudad el 5 (según narra en su diario casi al hilo de los hechos –entre el principio de noviembre y el final de enero- el soldado de reemplazo de Velez Rubio –Almería- José Lafront Soriano).

Tal vez con la huelga general y los conatos de revuelta tuvieran también que ver en La Bañeza los incendios producidos en las sucesivas noches de los sábados 6 y 13 de octubre de sendos carros de urces en la Plaza de la Leña, por los que la ya nueva Corporación designada por el gobernador indemnizaría el día 17 a sus dueños, acordando además “descontar tales gratificaciones del sueldo de los serenos si se repitieran tales lamentables hechos”. Lo tendrían, desde luego, algunas de las abundantes pintadas que llenaban la ciudad y sus inmuebles, “inscripciones referentes a votaciones, y vivas o mueras a diferentes tendencias políticas”, que la nueva alcaldía urgía mediante bando del 27 de octubre a que hicieran desaparecer los dueños de aquellos en el plazo de ocho días, y al Jefe de la estación férrea poco después a que haga retirar de su edificio los letreros subversivos.

Uno de los revolucionarios apresado en Bembibre aquellos días de octubre de 1934.

Algunos de los socialistas bañezanos apresados, además de los ya vistos y otros que veremos, fueron Fernando Alba Flórez, “por ejercer coacción sobre los obreros de la Azucarera para que no entraran al trabajo”; José García González, “destacado en los sucesos de octubre”, e Ignacio Alonso Ruiz, de las Juventudes Socialistas, que “intervino en la agitación de octubre”, y a quien (como seguramente a los demás) su familia hubo de proveer de comida, colchón y demás útiles de los que carecía el destartalado Depósito Municipal. Otros serían sometidos a estrecha vigilancia, como Joaquín González Duviz, presidente de la Casa del Pueblo en aquel año; Agustín Rodríguez Fernández, secretario de la UGT local; Elías Falagán Martínez, activo socialista cuando la revolución de 1934; Eugenio Teodoro Sierra Redondo, de 17 años, afiliado a la Juventud Socialista y a la UGT desde mayo de aquel año, “trabajando de mecánico en un garaje (el de Leopoldo Bahillo Melero) desde 1931” y sumado a la huelga general declarada en La Bañeza, y Juan María Begué Arjona, Registrador de la Propiedad, “directivo de la Casa del Pueblo y su asesor en el movimiento revolucionario del 34, que habría excitado en la Plaza Mayor a los obreros a la rebelión, habiéndosele prevenido por el teniente jefe de la línea de esta ciudad, Tomás Pérez Renedo, que permaneciera en su casa, y recogiéndosele una escopeta y una pistola remitidas a la comandancia de la Guardia Civil de León para chatarra e inutilización”, unos y otros según se señala en el Sumario 151/36 al que todos ellos serán sometidos después de julio de 1936.

Alguno de los represaliados después del golpe militar de julio de aquel año, como Daniel Fernández Cano, se había prestado voluntario en León para colaborar con las autoridades militares en el mantenimiento del orden en octubre de 1934. De algunos de los otros, como Ignacio Alonso o Eugenio Teodoro, cabe reseñar que después del golpe militar de julio de 1936 pasará el primero cinco años de topo en la casa familiar de la calle Astorga 36, para ser condenado en 1941 a prisión y a la represión económica de la Ley de responsabilidades políticas. Participará el segundo en la oposición al golpe en La Bañeza y termina siendo ejecutado por garrote vil en Oviedo el 30 de mayo de 1955, después de haber sido soldado nacional a la fuerza, evadido a la zona leal, combatiente republicano, exiliado y prisionero en los campos franceses, guerrillero contra la ocupación en Francia, maqui en Asturias y León, topo durante dos años en su casa familiar bañezana de la calle Laguna 13, y residente tres más en Madrid con falsa identidad. En cuanto al aprovisionamiento familiar y llevar a la cárcel a los presos la comida, era lo habitual; se practicaba también en febrero de 1936 en la Prisión Modelo madrileña, y se repetirá con los presos posteriores a julio de 1936 (y en La Bañeza aún con los huelguistas encarcelados de Jiménez de Jamuz en abril de 1947).

Encausado él y otros por aquel mismo Tribunal tan urgente y tempranamente como el 12 de octubre por coacción, y por exhorto del juzgado de Instrucción de Astorga, se pide al regidor de La Bañeza informe de conducta de Eugenio Sierra Fernández, de 39 años, casado, tipógrafo, y lo emite ya el día 15 quien es entonces (y lo será por pocos días) el alcalde de la ciudad, Manuel Martín Martín, segundo teniente de alcalde, designado por el gobernador civil después de deponer a Ángel González González, que era el primero y lo estaba siendo en funciones desde el 17 de septiembre por ausencia temporal del titular (Juan Espeso González), señalando que el informado “se ha manifestado siempre, mientras que desde principios de 1931 reside en el término, como organizador de conflictos obreros y huelgas, tanto como directivo de la UGT como por ser (haber sido) director de un semanario denominado Avance” (que a estas alturas había dejado ya de publicarse, desde julio, y que de no haber desaparecido antes habría sido suspendido como lo fue desde entonces la mayor parte de la prensa de izquierdas, incluidos El Combate astorgano y La Democracia leonesa, esta tan solo hasta el final de la revuelta en Asturias). Se le detuvo, resultando después absuelto. Dada la fecha y el lugar de su encausamiento, y los comentarios de aquellos días en El Adelanto de que los dirigentes e incitadores de la rebeldía se habían librado de la cárcel mientras los pobres obreros engañados eran apresados, es posible que su proceso y detención no tuvieran relación con la huelga general de octubre y si con hechos anteriores, acaso de propaganda antibélica y opuesta a las recientes maniobras militares. Fue detenido en Astorga, en cualquier caso, en la noche del 5 al 6 de octubre, en compañía de los hermanos Rafael y José Fuertes Martínez, y todo parece apuntar a que más bien lo habría sido por encontrarse preparando allí el paro del siguiente día, en aquellas clandestinas reuniones en las que se detuvo a numerosos astorganos. Era José Fuertes en abril de aquel año 1934 director de El Combate (que ya no se publicará desde el 6 de octubre hasta el inicio de enero de 1936), y su administrador en julio del mismo año, cuando en un acto civil (bautismo laico) nombra a su hijo como Helios.

A cuenta de haber detenido y encarcelado provisionalmente el 11 de febrero de 1935 al súbdito portugués Jaime Dosrreis Alfonso (natural de Viñas de Candedo –Portugal-, de 40 años, viudo de Martina de Blas, de profesión desconocida –jornalero, según oficio del juez municipal y el Padrón municipal de 1935-, de mediana conducta, insolvente y sin antecedentes penales) por tenencia ilícita de explosivos, al ocuparle la Guardia Civil en su domicilio 74 cartuchos de dinamita, 4 rollos de mecha y 5 detonadores (se había dedicado a extraer piedra de las canteras municipales, y por hacerlo sin permiso había sido denunciado al juzgado y condenado a una multa por desacato y al pago de otra cantidad como indemnización por los daños causados), todo ello sin licencia, se dice en la sentencia del Tribunal de Urgencia que el 12 de septiembre lo condenaba a un año y ocho meses de presidio menor (en aplicación de la Ley de vagos, que el fiscal reclama y logra) que “fue expulsado de España por la Dirección General de Seguridad por indeseable e indocumentado en diciembre de 1934 (pero al mes había vuelto a su anterior destino) y simpatizante con el último movimiento revolucionario y con los dirigentes socialistas de La Bañeza (según afirmarán un cabo y un número de la Guardia Civil en sus declaraciones), no habiendo hecho entrega de la dinamita que poseía a pesar de los requerimientos de los bandos dictados por las autoridades militares durante los sucesos del pasado octubre”. Antes, al principio de febrero de 1934, había sido detenido en la Prevención municipal por haber ofendido al alcalde de palabra.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia, de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

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