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La Virgen de Castrotierra nunca falla

● A. Cordero ►Lunes, 21 de mayo de 2012 a las 8:45 Comentarios desactivados


Cumpliendo la tradición y, con la lluvia contenida en las nubes, para no ‘aguar la fiesta’, la Virgen volvió a Castrotierra dejando en los fieles ese sabor de fe que nunca falla. Este año, con los pronósticos bastante seguros peregrinó hacia Astorga -partiendo con ventaja, que dirían los agnósticos-; pero como a mí solo me gusta opinar y no entrar en detalles, me apuntaré a ese dicho tradicional que se oye por la Valduerna que dice que cuando sale la Virgen en busca de lluvia “…nunca falla”.

El caso es que pasados los nueve días en que las visitas a la catedral se han multiplicado, la Virgen de la Lluvia vuelve a su santuario en medio de una gran fiesta y la lluvia vuelve para quedarse entre nosotros, según algunos meteorólogos, de forma indefinida. Después de la peregrinación, la entrada triunfal en su santuario, la misa y los cánticos de agradecimiento “por esa lluvia tan necesaria” y la jornada festiva que se adivinaba por delante, habrá quien empiece a pensar en la próxima peregrinación a Castrotierra, o en volver a sacar el pendón, aunque sea por motivo profano…

Nunca llueve a gusto de todos y, aunque en este caso todos deberíamos estar de acuerdo en la petición por parte de los Procuradores de la Tierra y desear esa agua tan necesaria para el campo, los ríos, los grifos de nuestras casas, tal vez hayamos pensado -en silencio- que hoy no debería llover para evitar el deterioro de los paños de los pendones, del manto de la Virgen, o de los manteles que cubrieron las mesas de campo en la ladera del santuario. Pero mañana, y en los días sucesivos, tampoco nos vendrá bien que llueva porque entorpecerá nuestros planes de salir a caminar, de sacar la terraza, o de hacer la colada…

Unos salen en peregrinación por un cierto fervor religioso, aunque el hecho de que llueva o no sea lo de menos; otros piden agua para el campo, para que se recuperen un poco los pantanos y agradecen a la Virgen, a quien atribuyen, de forma sincera el milagro de la lluvia; otros van a caminar porque es “saludable” y aprovechan para pasar un día distinto y comer en el campo. Otros sacan el pendón en un acto cargado de simbología folclórica, pero paralelo al acto religioso que motiva, casi siempre, la salida en procesión.

Y, algunos, hacen demostraciones de su destreza, fuerza o atributos con la enseña de su pueblo aunque para ello tengan que pasar por alto educación, protocolo, respeto a las tradiciones, cumplimiento de las leyes o una actitud respetuosa hacia la Virgen que protagoniza el acto y al fervor religioso que, casi siempre, lleva aparejada alguno de los que van a su lado en el cortejo. Pero entre tanta gente -unas 30.000 personas según dicen los periódicos- tiene que haber de todo.

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