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Las andanzas en Astorga del Príncipe Abisinio (II)

● Ibañeza.es ►Lunes, 4 de junio de 2018 a las 7:53 Comentarios desactivados


VUELVE A ASTORGA.

Su licenciamiento tuvo lugar aproximadamente por el mes de marzo del año 1924 y a los pocos días volvió a Astorga. En este viaje venía acompañado de otro personaje llamado Ricardo, que parece que era español y venía con el supuesto príncipe en concepto de secretario particular. Tal vez hubiera sido compañero de armas en la legión.

Esta segunda y última vez llegó en automóvil, que decía era de su propiedad. Su primera visita fue para el señor Rubio y familia. Aseguraba que venía exclusivamente a ver a sus amigos, a quienes nunca podría olvidar. Durante su estancia en la ciudad maragata hacía ostentación de hombre adinerado; frecuentaba los lugares a los que iba la alta sociedad, teatros, casinos, etcétera. Fue cuando ya manifestó que era príncipe y que pronto sería proclamado emperador de su país.

Al principio todo lo que decía se tomaba a chacota, pero más tarde fue propagándose la idea de que se trataba de un personaje que encerraba algún misterio.

¿TENÍA NOVIA EN ASTORGA?

La amistad que tenía con el industrial chocolatero le obligó a confesar que sentía verdadera predilección por una señorita astorgana, cuyo nombre nos está vedado decir; pero si podemos afirmar que aquella señorita pertenecía a la buena sociedad astorgana y que se ha casado hace varios años.

Al principio ésta, como las demás astorganas, tomaba al supuesto príncipe por un personaje extraño, a quien no podía dar ninguna clase de crédito; pero a medida que pasaban los días fue creciendo en ella la idea de que se trataba de un personaje poderoso. No debió de desagradar a la señorita el antiguo legionario, pues como más adelante veremos, sostuvo relaciones con él y hasta se cambiaron cartas entre ambos, durante la estancia del supuesto príncipe en Córdoba. No sabemos a ciencia cierta el tiempo que este personaje estuvo en esta segunda y última vez en Astorga, pues, como decimos anteriormente, su “mejor amigo” el señor Rubio Valcarce que es quien podría facilitar datos completos ha fallecido.

MARCHA DE ASTORGA.

De Astorga se ausentó con la firme promesa hecha al señor Rubio de volver nuevamente, al mismo tiempo que le hacía proposiciones para ir a Abisinia, donde él procuraría darle un alto cargo. Marchó a Córdoba y, en esta ciudad, una enfermedad le retuvo en cama bastante tiempo. Desde esta población escribió distintas cartas al señor Rubio. En todas le trataba como a su intimo y mejor amigo.

PADRINO DE UNA NIÑA.

La amistad que sostuvo con el señor Rubio llegó a tal grado que prometió apadrinar a una hija de éste que nació por aquellos días en que se encontraba enfermo en Córdoba. El señor Valcarce aceptó la proposición y, aunque al acto del bautizo no estuvo presente el futuro emperador de Etiopía, en el registro figura como padrino dicho personaje.

LA PRIMERA CARTA.

La primera carta que conserva la viuda del señor Rubio, doña Aurelia Murias, es una que tiene fecha de 25 de septiembre de 1924. Está fechada en Córdoba. En ella se interesa por la señorita astorgana con quien se suponía sostenía relaciones. Después de manifestar que la había enviado dos telegramas, se expresaba de este modo refiriéndose a la supuesta novia: “Para ella será un sueño el que yo me case con ella, pero no lo es sino que para mí la dicha mayor consistirá en que desease ceñir sobre sus sienes la corona de Abisinia”.

El 29 de septiembre escribe otra carta al señor Rubio. Le anuncia que en breve saldrá para América, pero antes quiere pasar por Astorga. Muestra sus deseos de que su presunta novia sea madrina de una niña que por aquellos días había nacido al señor Valcarce, y termina diciendo que, una vez restablecido, vendrá a Astorga.

Pocos días después se efectuó el bautizo, sin que se cumplieran los deseos del supuesto heredero de Etiopía. No obstante esto la señorita astorgana figura como madrina de Covadonga, que así se llama la ahijada de Shevington.

LA ÚLTIMA CARTA.

Fotografía utilizada para alistar voluntarios en la conquista de Abisinia.

Durante aquellos días envió varios telegramas a los señores Rubio, y el día cuatro de octubre escribe la última carta que doña Aurelia Murias conserva en su poder. Manifiesta mucho sentimiento porque no fue madrina de Covadonga la señorita por quien él mostraba tanto interés, pero espera que la consideren como tal. Agrega en la carta: “Pasado mañana, domingo, salgo para Algeciras y continuaré el viaje a Londres, para ventilar asuntos importantes de mi país con aquel Gobierno”.

Esta es la última carta que obra en poder de doña Aurelia, aparte de una tarjeta que también envió, con el escudo imperial de Abisinia. Aunque en esta última carta prometía a los señores de Rubio venir nuevamente a Astorga, no lo hizo, acaso porque la señorita en quien había puesto sus ojos no correspondía a sus amores.

FESTEJOS EN ASTORGA.

Durante su estancia en Astorga se efectuaron algunos festejos en su honor. Al pronto no se tomaba en serio lo que decía, pero más tarde adquirió visos de certeza en Astorga la idea de que era el verdadero emperador de Etiopía.

LA MARCHA DEL EX LEGIONARIO.

Por aquellos días marchó a Londres como indicaba en la última carta que escribió al señor Rubio. Un periódico de León baba la noticia en los siguientes términos: “Completamente restablecido de la enfermedad que le aquejaba marchó de Puerto Real a Cádiz, donde tiene su residencia, el príncipe Shevington de Abisinia. Fue despedido por las autoridades y personalidades más salientes de la población. Durante su estancia en Puerto real fue objeto de numerosos agasajos y muestras de atención.

Por orden telegráfica del ministro de la Guerra al capitán general de la Región y de éste al Gobernador Militar de Cádiz, partió a Puerto Real un médico militar para atender y trasladar al príncipe de Abisinia en caso de que su enfermedad lo requiriese.

Su Alteza agradeció mucho el ofrecimiento oficial y no hizo uso de él por encontrase ya restablecido”.

He aquí como se expresó uno de los periódicos que dio la noticia de su enfermedad. Claramente se deduce que el Gobierno español no había tomado el caso como uno de tantos que se presentan. Este supuesto príncipe hasta para el Gobierno era el futuro emperador de Etiopía.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

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