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Los tiempos que se fueron

● José Cruz Cabo ►Lunes, 3 de febrero de 2014 a las 9:30 Comentarios desactivados


José Cruz Cabo

Todavía recuerdo como si fuera hoy cuando las tropas, que al final le dieron el triunfo a Franco, entraron en nuestra ciudad el 19 de junio de 1936. Estábamos jugando los niños por la tarde en la calle Padre Miguélez, donde vivía con mis padres y mi hermano Manuel, y las vecinas sentadas al fresco de la tarde, charlando y cosiendo o haciendo punto o ganchillo, cuando de repente vimos aparecer a los militares simultáneamente, con el fusil apuntando a la gente, unos por la boca de la calle que da a la Plaza Mayor y otros por la boca que da a la Plaza Obispo Alcolea. Todos desaparecimos de la calle y entramos cada uno para nuestras casas. Mi madre estaba muy asustada porque mi padre Manolillo, como le llamaban por ser andaluz, tenía que entrar de cabo de serenos a las diez de la noche y tenía miedo que le pasara algo.

Por la mañana del día siguiente, mi padre volvió a casa, como siempre y nada le ocurrió ya que siguió siendo el cabo de serenos hasta octubre de 1938, que marchó de La Bañeza a trabajar a Puerto de Béjar, con su oficio de siempre, que era la tonelería, mi madre en febrero del 38, se murió y nos dejó huérfanos, y eso fue lo que hizo que mi padre y mi hermano y yo, marcharamos de La Bañeza.

Otra de las cosas que recuerdo de aquella época es que unos días antes de estallar la guerra civil, hubo una aurora boreal, el cielo se puso totalmente rojo y la gente decía “qué desgracia nos ocurrirá”, ya que entonces no se conocía lo que era una aurora boreal. No creo que tuviera nada que ver, pero a los pocos días estalló esta nefasta guerra civil.

Aquellos eran tiempos de estrechez, pero de mucho compañerismo. En el verano la gente, lo mismo en los barrios que en las calles céntricas, salía con sus cenas a la calle, se sentaban en corro y mientras degustaban la cena, se formaban grandes tertulias entre los vecinos más cercanos, dado que no había ni televisiones ni aparatos de radio, y los periódicos casi nadie los compraba, a no ser la gente rica, porque los obreros bastante tenían con ganar para mantener a la familia, con grandes estrecheces.

El rey de la posguerra fue el estraperlo. Las casas no tenían aguas corrientes y había que salir a las bombas que tenía el ayuntamiento, para llenar los cántaros en las fuentes públicas, para hacer las comidas y tener para beber. La Bañeza tenía luz cuando los avatares del tiempo, bien por tormentas o por viento, tiraban algún poste o varios, y había que reponerlos y enlazar los cables, lo que podía suponer unos días usando velas, hasta que se arreglaba la avería, por lo que se iba a la cama pronto para no gastar velas.

No había pilas, ni lavadoras, para lavar en casa y el lavado de la ropa, las mujeres lo tenían que hacer, bien en el rio o en los muchos regueros que entonces pasaban por diversas calles de la ciudad, o hacerlo en el alberque, una especie de lavadero con tejado, que había en la entonces calle de la alberca, hoy Antonio Bordas, camino de la Azucarera, que desapareció, ya que hacía años que no se usaba, cuando se hizo la casa de varios pisos, a la izquieda de la entrada a dicha calle.

Tampoco había servicios en las casas y por las noches, la gente que tenía dinero, vaciaban los orines y excrementos en un cubo grande. Personas que se ganaban un dinero, iban por las casas de los señorones y llevaban las inmundicias a sitios determinados que ellos preparaban para vaciarlos. Los que no podían, que eran la mayoria de los ciudadanos, tenían que hacer sus necesidades al aire libre y por las noches en los orinales y luego de mañana tirarlos donde cuadraba. En cualquier recodo de una calle, solía haber de todo, ya que la gente hacía sus necesidades menores y mayores, en donde le cogía la necesidad y nadie se asustaba.

La limpieza de los excrementos se hacía con una piedra o algún papel que el viento trajera. El año 1948, en este mes de febrero se inauguraron las aguas y ya comenzaron a ponerse servicios en las casas, y una pila detrás de la puerta de entrada para poder lavar sin tener que ir al rio o al reguero. Concretamente yo no tuve water hasta el año 1955 y para eso en un patio, para los cuatro familias de vecinos. Ya en 1960, que cambié de casa, tenía el servicio y el lavabo dentro de la vivienda y hasta el año 1965, que volví a mudarme de domicilio, no tuve servicio completo en el piso, ya con ducha y demás complementos, y hasta 1987, no tuve un completo cuarto de baño, y todos los servicios que hay en una casa, por modesta que sea. Y es que la vida da muchas vueltas y la sociedad cambia con los tiempos.

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