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Más de mil años mercando los sábados en medievo

● Polo Fuertes ►Lunes, 23 de agosto de 2010 a las 15:00 Comentarios desactivados


Si algún pueblo, si alguna ciudad se puede vanagloriar de su origen mercantil en la Edad Media, esa es La Bañeza. Lo que hoy es el caserío, el plano urbano bañezano no existía a finales del siglo X, según relatan los cronicones de la época. Tan solo un extenso monasterio, bajo la advocación de Sancti Salvatoris, enclavado en el Monte Urba, es la única referencia vecinal y poblacional, en los albores del siglo XI. Todo está escrito y no voy a ser yo quien diga dónde y cuando se fecha esta aseveración.

A las tapias y defensas de aquel cenobio, de lo que hoy solo quedan unos pocos restos en la iglesia parroquial de San Salvador, llegaban cada sábado y víspera de fiesta los labriegos y artesanos de los pueblos de la contorna, para cambiar, trapichear, mercar cada uno  de sus productos, como la mejor forma de resguardarse de bandidos y malandrines, ladrones y asaltacaminos, pícaros y danzantes, a la vera y cobijo de los frailes, para después, el domingo o día festivo, oír la misa en comandita.

De aquellos mercados sabatinos que han llegado hasta nuestros días, nació, poco a poco, La Bañeza, según la mejor teoría descrita por nuestro actual cronista oficial de la ciudad, Conrado Blanco González. Una ciudad poblada después por mercaderes medievales, saltimbanquis, artesanos, pícaros, charlatanes, trileros, aparceros, bandidos, asaltacaminos, ladrones y gentes de buen y mal vivir. Esto es mío, pero creo que tan cierto como lo que asegura Don Conrado.

La pasada semana fui un asiduo visitante del mercado medieval de las fiestas patronales. Unos mercados medievales que ahora se han puesto de moda hasta en poblaciones que no tienen nada más que una tienda durante el año, en la que se venden alimentación y cachivaches de todo tipo y condición. Recorrí puesto a puesto los más de 80 tendales y tomé nota de cada producto. No así de sus precios, algunos prohibitivos para un jubilado como el que esto escribe. A la vez que me maravillé del anacronismo supremo de modernidad, por el que alguno de los tenderos aceptaba tarjetas de crédito para cobrar sus ventas. Lo que va de ayer a hoy, jo, tío.

Hace unos años, un buen amigo mío, concejal del equipo de gobierno a la sazón, me propuso que con el tiempo que fuera necesario, le diera una serie de posibles iniciativas para poder organizar eventos festivos y conmemorativos de la historia de La Bañeza, al tenerme por estudioso de nuestra historia (vaga conocencia de amigo) y lector empedernido de todo lo que huele a Bañeza.

No le hice esperar mucho y le puse sobre la mesa de concejal una serie de ideas (creo que imaginativas) que podían dar un buen resultado, de cara a posibles celebraciones. Una de ellas era potenciar con la Historia (con mayúscula) en la mano, dentro de una semana cultural, la reivindicación del auténtico mercado medieval, como cuna de nuestro pueblo, de nuestra ciudad. Algo que, después, no se llevó a cabo, porque todo cuesta y esto no debía ser prioritario para sus compañeros de gobernación.

Juntamente con el mercado medieval, le expuse la posibilidad de agasajar, homenajear, recordar a una serie de oficios bañezanos que se habían perdido o se iban a perder, tales como adobero, cantero, calero, techador, tejero, chocolatero, heladero/barquillero, castañero, aguardentero, sastre, modista, hilandera, galochero, zapatero, cestero, herrero, cuchillero, afilador, trillero, cerandero,, carbonero, molinero, esquilador, cerero, linotipista/tipógrafo, encuadernador… Unos oficios sacados de una publicación de la Crónica de León sobre el mismo tema. Mas todo quedó para efecto de inventario porque, parece ser, valía más el collar que el galgo.

Por último, sobre la marcha, apunte la posibilidad de reunir en una gran jornada de amistad, a representantes de pueblos y ciudades de Castilla y León que tuvieran en su nomenclatura la letra Ñ. Y gustó mucho la idea. Pero ya lo dijo Cristo: “Son muchos los llamados y pocos los escogidos”. Eran iniciativas que votos, lo que se dice votos. Daban, más bien, pocos de cara a futuras elecciones municipales.

En cuanto a lo del mercado medieval todo estaba en marcha en cada programa de la Patrona y en manos de profesionales de la farándula. Así que mejor no tocar, no fuera a ser que saliera algún erudito diciendo que si la abuela fuma, que si el abuelo va a misa… Lo dicho, mandangas de monja austera. Aunque llevemos más de mil años mercando los sábados en plan medievo.

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