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No son rebajas; son duros a cuatro pesetas

● A. Cordero ►Lunes, 21 de julio de 2014 a las 9:15 Comentarios desactivados


No, no voy a decir que en las rebajas nos tomen el pelo ni que nos vendan un producto de calidad inferior al que nos ofrecen en temporada. Tampoco voy a decir que nos engañen en el precio y la rebaja prometida no sea tal; es más, considero que las rebajas es un buen momento para comprar a un precio razonable sin que el margen –a veces excesivo- con el que marcan los precios en temporada nos haga desistir. El problema es cuando nos dejamos tentar con ese precio rebajado y dejamos de pensar en la calidad o la necesidad del artículo, pero eso es otra historia, y hoy de eso no quiero hablar.

Quiero sumergirme en esas rebajas que no tienen nada que ver con las rebajas al uso que todos conocemos; esas rebajas imposibles que sólo con mencionarlas ya está la mitad de la venta hecha. Paseando por internet me tropecé con una curiosa oferta: una persona, a través de una conocida página web, ofrecía cosméticos ‘muy poco usados’, ‘casi sin estrenar’, ‘a mitad de precio’. Inmediatamente pensé que muy mal tiene que andar la economía de los usuarios de la página si hay quien se deje tentar por la oferta.

Como no podía ser de otra manera, la curiosidad pudo conmigo y dediqué un rato a ver todas las ofertas que se presentaban como una ‘auténtica ganga’. Las opiniones de los usuarios que estaban encantados con su adquisición, los escépticos que, como yo, no estaban por la labor de comprar y el debate que se generó en torno al polémico trueque en el que todo “merecía la pena por tratarse de artículos de primerísima calidad, casi regalados”. Lo que llaman en el refranero popular ‘duros a cuatro pesetas’. Y, por cierto, encontré material para escribir esta columna.

Secadores de pelo, planchas, depiladoras, maquinas de afeitar y multitud de artículos de esos que no se cambian en las tiendas por motivos de higiene se amontonaban en las listas de esos improvisados mercadillos de segunda mano a mitad de precio que los nuevos. ‘Un chollo’ -decían los comentarios- ‘me lo pido’ o ‘es justo el aparatejo que necesito’… Yo no daba crédito. -A dónde hemos ido a parar con esta crisis que nos asfixia-, pensé. E inmediatamente aterricé en el mundo real, en el que todo se comparte, donde todo está en internet, todo, hasta un intercambio de parejas, si es preciso.

Y sin salir del mundo de la cosmética, donde parece ser que no pasa nada por compartirlo todo, me hizo gracia, tanta hasta el punto de hacer una mención especial a un anuncio que decía: “vendo pestañas postizas”. Yo que pensaba que solo se compraban de segunda mano artículos de cierta cantidad de dinero, como los coches o las casas… ahora se compra la ropa de segunda mano que lucen las presentadoras de la tele, cosméticos y cremas de cualquier índole, lencería, calzado, ropa de bebé, aparatos de aseo personal… y yo aquí haciéndole ascos a una chaqueta usada y a unas cremas donde ha metido las manos una usuaria de internet. Desde luego, cuanto me sobra…

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