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Nos hemos quedado sin reinas de las fiestas

● José Cruz Cabo ►Miércoles, 7 de agosto de 2013 a las 9:01 Comentarios desactivados


José Cruz Cabo

Aunque habían existido reinas sueltas en algunos años, como Esperanza García en los cuarenta o Finita Crespo en los sesenta, lo cierto es que la primera reina que eligió la Corporación Municipal, siendo alcalde Fidel Sarmiento Fidalgo, fue Conchita Villegas, en el año de 1967. El alcalde hizo la petición oficial y a partir de ahí, hasta el año crítico de 2012, todos los años estuviera de alcalde quien estuviera -y han sido ya unos cuantos- siempre en el mes de julio se pedía a una familia de la ciudad la confirmación de que una de sus hijas aceptara ser reina de las fiestas y ella solía proponer a sus amigas como damas de honor.

Pero el pasado año de 2012 la cadena se rompió cuando se iba ya por la reina mayor número 45, y es que la crisis no solo acabó con miles de obreros en la calle, muchas industrias relacionadas con la construcción quebradas y millones de parados en el Inem, sino que también La Bañeza perdió en dicha crisis las reinas mayor e infantil y uno de los actos más bonitos con el que se cerraban las fiestas, como era el desfile de carrozas, al que invariablemente venía mucha gente de la comarca y de otras zonas más alejadas de la ciudad, así como la presencia de las bellezas bañezanas en traje de gala, en la ofrenda a la Patrona o en traje regional durante la misa de San Roque.

Es una pena que una tradición muy bonita y de tantos años se haya perdido por la crisis, cuando es posible que alguna familia con guapas jóvenes se sintiera con ganas de que sus hijas siguieran la tradición y fueran nombradas reinas, pero estamos en una ciudad donde las tradiciones se rompen con mucha facilidad y en vez de seguir con ellas se busca la manera de romperlas y nacen otras cosas que con el tiempo también se romperán, pero la vida es así y las autoridades, cada una, tiene sus propios gustos y al final todo desaparece y se buscan sucedáneos que con el tiempo también morirán.

Es una pena que se haya acabado una costumbre tan bella y que tanto gustaba en nuestra ciudad, pero la vida es un nacer, crecer y morir y, con el tiempo, también terminarán por desaparecer las fiestas y hasta, quizás, la misma Bañeza.

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