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Paradojas familiares de la guerra civil (y II)

● Ibañeza.es ►Lunes, 18 de julio de 2016 a las 8:24 Comentarios desactivados


Harto intrigante y curioso nos había resultado en su momento la adscripción de los dos diferentes grupos de paseados a la misma fosa de Pinilla, con coincidencias y disimilitudes entre ambos, y aunque el porcentaje de certeza al atribuirla a los asesinados bercianos había sido muy alto, aún nos rondaba una minúscula pero desazonante duda en cuanto a lo acertado de tal atribución, a pesar de saber que la pendiente y ulterior labor del análisis antropológico y genético de los restos en el laboratorio despejaría toda posible incertidumbre y afianzaría del todo las certezas, cuando obtuvimos la confirmación documentada de no haber errado en ella, además de la radiografía un tanto detallada de lo sucedido con los desgraciados que allí fueron ejecutados, y del camino seguido en su calvario, y esta nos vino desde los archivos de la Causa General para Oviedo y León:

En 1941 se unió a una de sus Piezas noticia del asesinato “en La Bañeza, el 13 de septiembre de 1936”, de uno de los bercianos de Noceda, Tomás González López, de 24 años, junto con el de su hermano Álvaro, de 20, estudiante con los frailes Cistercienses en la Abadía de Cobreces, “de significación política tradicionalista” y asesinado este en diciembre del mismo año en el Santander republicano “por elementos de la FAI”. En documentos de principios de 1942 se alude a Tomás como “asesinado por los marxistas”, y se envía exhorto al Juzgado municipal de Noceda del Bierzo para que se tome declaración sobre ello a Vicenta López Núñez, viuda, madre de Tomás y de Álvaro, y de José, su otro hijo, que ocupa una plaza de Oficial provisional de Prisiones en el Destacamento Penal de Orallo de Luna (posiblemente porque había sido voluntario falangista y teniente de Infantería en la contienda), y que en documento que a la misma Causa General dirigía en noviembre del año anterior manifestaba que su hermano Tomás había “desaparecido (asesinado), el 13-09-1936 sin culpa (creo que por equivocación) cerca de La Bañeza”, y que “se sabe donde está enterrado”.

En la declaración que el 17 de enero de 1942 ante el Juez municipal hace la madre se refiere a Tomás como “soltero, jornalero, sin significación política, que se hallaba trabajando en la siega de la hierba en tierras de Laciana cuando estalló el Movimiento Nacional y fue ocupada aquella región por los mineros; que regresó a su domicilio cuando fue la zona liberada para reintegrarse al Ejército con su quinta, que estaba siendo llamada a primeros de septiembre; que el día 11 de dicho mes un sargento del pueblo con otros que no eran conocidos ni conocedores del lugar lo hizo subir a un camión diciéndole que lo llevaban para incorporarlo al cuartel de Astorga y dirigiéndose a Bembibre, donde pernoctó, con otros, en la cárcel; que al día siguiente se presentó ella en Bembibre para llevarle la Cartilla Militar y algún dinero; que volvió a Bembibre a visitarlo el día 13, y que le salió al encuentro Antonio, el sargento que lo había detenido, el cual le manifestó que su hijo había quedado ya en Astorga, y que a quienes lo acompañaban los mataron; que como no tuvo en los siguientes días noticias de su hijo trató de saber donde se hallaban él y los demás que salieron juntos de Bembibre, y que supo que el día 14 en el pueblo de Pinilla de la Valdería sintieron disparos en la madrugada (28 segaron las vidas de aquellos desdichados, según nos testimoniarían en el pueblo 72 años más tarde) y que personados los curiosos y con ellos la Maestra, reconoció ésta el cadáver de uno de ellos (cinco en total) por haber sido Maestro compañero en Felechares de la Valdería; que supone que entre los muertos estaba su hijo, por formar parte del grupo con el que en Bembibre también estaba el Maestro, y por otras señas de la ropa y demás que le llegaron; que los cadáveres fueron enterrados junto al empalme de las carreteras que conducen a Astorga y a La Bañeza, y que sus defunciones no se hallan inscritas”.

Eran los restantes martirizados en la cuneta de aquella carretera con Tomás González López y a más de setenta kilómetros de su tierra los también vecinos de Noceda Santiago Travieso y José Travieso Travieso, de 47 años, antiguo emigrante en Argentina, Ángel Fernández Corredera, de Viñales, y el maestro José Fernández Riesco, afiliado a la ugetista FETE, destinado ahora en San Justo de Cabanillas, en cuya casa-escuela y en su domicilio natal de Colinas del Campo había dado refugio a los perseguidos alcaldes de Folgoso de la Ribera y de Noceda del Bierzo, motivo, de no haber otros más, por el que seguramente era asesinado (a su viuda, desposeída luego de los muebles por falangistas de Noceda, le sería entregado su reloj). Desconocemos las razones que pudieron provocar el, como todos los demás, aquí y en Santander, también injustificado asesinato de Tomás, pero pudo haber bastado que, como tantos, tuviera fe en el constitucional y legítimo régimen republicano amenazado por el golpe de Estado y se ocupara o se significara de algún modo en su defensa y en mantener el orden y la legalidad durante su estancia en tierras lacianiegas, de donde posiblemente llegarían las acusaciones o denuncias a su pueblo.

Ignoramos los pormenores, pero estamos seguros de que, como tantos otros impunemente asesinados por los sublevados el 18 de julio de 1936 en la España “nacional”, algunos de aquellos mártires de Pinilla de la Valdería, víctimas injustas de la organizada y violenta represión política de aquellos, lo fueron también por mantenerse firmes en sus ideologías o creencias y no traicionar sus conciencias, y es muy posible que, también como tantas otras víctimas de aquella violencia en tantos lugares, murieran sin odio y perdonando a sus asesinos.

Actual placa en el muro de la bañezana Iglesia de Santa María.

Así murió, desde luego, y así lo dejó escrito en su postrera carta de despedida a sus allegados (sus padres y sus siete hermanos), el bañezano Joaquín González Duviz (de 30 años, soltero), concejal socialista en la Gestora municipal frentepopulista de La Bañeza, fusilado con otros 17 convecinos en León el 18 de febrero de 1937, cuyo padre, el industrial Vicente González Prieto, sufriría la represión del encierro domiciliario mientras duró la guerra y el expolio de buena parte de sus bienes, además del acoso y las vejaciones y abusos de los falangistas locales padecidos por toda la familia, otra en la que también se dio la paradoja, doblemente dolorosa y trágica, de que otro de sus hijos, Fernando, falleciera luchando en las filas “nacionales” en el frente de Teruel el 5 de febrero de 1938 (contaba 27 años), uno de los “caídos por Dios y por España” (la misma España que tanto perjudicaba a su familia) que todavía son honrados y reconocidos en la placa que desde 1942 campa en la fachada de la bañezana Iglesia de Santa María, un reconocimiento que, como en el caso de la familia González-López de Noceda, poco enjugaría la pérdida del otro hijo y hermano asesinado y olvidado, acrecentando sin duda la ya desmesurada desgracia familiar el tan diverso trato que a uno y a otro aún hoy se tributa.

Más información en Cabañas González, José. La Bañeza 1936. La vorágine de julio. Golpe y represión en la comarca bañezana. Volumen I. Algunas consideraciones previas. León. Ediciones del Lobo Sapiens. 2010.

Y en http://www.jiminiegos36.com

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