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Santos Ramos Castro (‘Tarzán’), un hombre sencillo y trabajador

● José Cruz Cabo ►Domingo, 19 de octubre de 2014 a las 9:03 Comentarios desactivados


José Cruz Cabo

Hace tiempo que quería escribir un artículo sobre una persona que traté bastante, sobre todo cuando fue empleado municipal y que ya conocía de mi adolescencia, ya que ambos vivimos en el Barrio de San Eusebio. Santos Ramos Castro, más conocido por el seudónimo de Tarzán, pues de niño y de joven no había árbol que se le resistiera para coger los frutos que tuviera, además de buen pescador, fue ya desde los doce años una persona responsable que tuvo que ponerse a trabajar, ayudando a su abuela por esos caminos de Dios, para conseguir lo suficiente para dar de comer a sus hermanos. Qué tiempos más duros fueron los años cuarenta de la postguerra.

Pasados unos años, abrió un bar restaurante en la zona del parador, de nombre “La Selva”, donde su plato más emblemático era la trucha, y tanto prestigio cogió este plato, que muchos pescadores, cuando no pescaban nada, recurrían a Santos para comprarle truchas, ya que él siempre las tenía.

Recuerdo que una vez un abuelo presumía en el Bar Mi Casa ante la pandilla de amigos de que había pescado seis truchas en el Órbigo, y de repente salta su nieto, “y no pescó más, porque a Tarzán ya no le quedaban”.

Al tener que dejar pasados unos años el Restaurante “La Selva”, porque iban a ampliar la Nacional VI, entró a trabajar en el Matadero municipal, donde desarrolló un manejo de la puntilla que hasta cuando había becerradas en las fiestas, era Santos Ramos el encargado de darle la puntilla al toro porque los aficionados no eran capaces de matarlo. Eso le hizo muy famoso entre el mundillo de los aficionados a los toros, ya que con la puntilla era infalible, al primer puntillazo el animal caia fulminado. Durante unos cuantos años fue puntillero oficial de las becerradas y hasta en alguna ocasión de corridas de toro o novilladas, ya que era un mago con la puntilla.

Al cerrarse el Matadero municipal, ya que había que hacerle una serie de reformas para que continuara, y el equipo de gobierno de aquella época prefirió cerrarlo, Santos Ramos Castro quedó de empleado municipal para otros menesteres y durante unos años era el encargado de repartir el raticida en las campañas municipales y de echarlo en los registros de vez en cuando, para que las ratas del agua sucia se fueran muriendo. Siempre eficaz, siempre amable, siempre un trabajor ejemplar y además afectuoso y atento, para tratar con la gente, el sobrenombre de Tarzán no lo perdió nunca y tampoco le parecía mal que se le llamara así, pues contestaba con amabilidad y simpatía ante el seudónimo.

La verdad es que Santos Ramos Castro, alias Tarzán, fue una de esas maravillosas personas humildes y trabajadoras, que hicieron de su trabajo y de su quehacer diario, su seña de identidad y que además era muy valioso para la comunidad, a la que siempre sirvió con afecto y simpatía. Dentro de las gentes que conocí, y que supe de sus virtudes y trabajos, Santos Ramos Castro, Alias Tarzán, fue una de esas personas que se hacían querer por sus numerosas virtudes, su hombría de bien y su agradable carácter. Amigo Tarzán, que allá arriba te hayan premiado tu bondad y amabilidad.

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