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Sub iudice para un juzgado

● Polo Fuertes ►Viernes, 27 de abril de 2012 a las 0:01 Comentarios desactivados


Nos quitan, nos cierran el juzgado, el palacio de justicia. Un auto, o quizá un camión del Consejo del Poder Judicial ha lanzado el globo sonda. Lo que ha dejado sub iudice (bajo el peso de la ley) a nuestros dos juzgados de primera instancia e instrucción. Los que, por desgracia, hemos tenido que pasar alguna vez (muchas veces) por el banquillo de los acusados, sabemos lo que es el peso de la ley, el sub iudice de marras. Y eso que todos los litigios los he ganado. Pero ya dice la maldición del gitano: “Tengas juicios y los ganes”. O sea, que de momento, y a la espera que el dichoso Consejo del Poder Judicial dé a luz definitivamente, nuestro juzgado está sub iudice.

Hace ahora quince años, una casualidad me puso sobre la pista del desastre, de la ruina en que se encontraba el edificio de la calle Doctor Palanca, en la que se asentaban los juzgados de La Bañeza. Había asistido a uno de los juzgados como justiciable. O sea, uno de los muchos líos en los que me vi involucrado durante mi vida laboral como periodista. Para matar la espera de mi comparecencia recorrí varias de las instancias que tenían las puertas abiertas (casi todas) y di con un archivo del que rezumaban humedades entre montones de legajos, colgados de atestadas estanterías.

Sin el permiso correspondiente, saqué varias fotografías, hasta que fui sorprendido por uno de los funcionarios, que resultó ser el juez ante el que tenía que practicar las diligencias en las que estaba imputado. “Así es como tenemos que trabajar, con la humedad en las paredes hasta más de metro y medio metro de altura”. Pedí permiso para hacer algo en el periódico en el que trabajaba, La Crónica 16. Y su respuesta fue un encogimiento de hombros, a la vez que me puntualizaba que no le nombrara a él por nada del mundo.

Así empezó el camino de un nuevo Palacio de Justicia para La Bañeza (me cuelgo esta medalla, porque ya antes me la colgaron instancias más altas), después de casi una veintena de artículos informativos, históricos y silencios administrativos por parte del Ministerio de Justicia y de los propios funcionarios afectados que, en ningún momento, quisieron involucrarse públicamente.

Hasta que alguien desde Madrid, el entonces presidente de la Comisión de Justicia del Senado, el leonés Alfredo Prada Presa se interesó por mi rosario de denuncias. Fueron largas conversaciones telefónicas hasta lograr involucrarle. Después el camino se hizo largo, pero sin pausa. Primero llegaron unos técnicos del Ministerio de Justicia que constataron mis denuncias sin paliativos. Y después, acompañado de Alfredo prada, visitó La Bañeza el director general de Relaciones con la Administración de Justicia, Juan Ignacio Zoido Álvarez que, de inmediato borró todas las barreras para que el nuevo palacio de justicia de La Bañeza fuera una realidad.

Dos años más tarde era inaugurado por el entonces ministro de Justicia, Ángel Acebes, que trajo a la ciudad a los más altos mandatarios de este departamento.

Pero el nuevo palacio de Justicia de La Bañeza nació gafado ya desde el principio. El primer temporal de lluvias anegó despachos y archivos, porque a los arquitectos del Ministerio se les debió olvidar poner tejado a las instalaciones. Nuevos trabajos, nuevos contratiempos y, claro, estreno por mi parte de las dependencias con alguna denuncia, que ahora no viene al caso. Pero ya solucionados, de alguna manera, las deficiencias en los últimos diez años. Creo.

Bueno, pues ahora, nos quitan, nos cierran los juzgados. Lo dicen los magistrados del Conejo del Poder Judicial. Un grupo de jueces provectos que, desde las mesas de sendos despachos, creen que van a ahorrar algún dinero cerrando estos juzgados de partido judicial, después de más de 150 años instituidos.

Con estos juzgados de partido judicial se eternizan las causas judiciales. Así que no digo nada cuando pasen a los juzgados de León o de Ponferrada, que son los únicos que quedarán en servicio en la provincia. Dos juzgados, los ponferradinos y los capitalinos, totalmente colapsados desde que el rey de bastos era sargento.

No sé a qué juegan estos magistrados del Poder Judicial. Se podían dar una vuelta por los partidos judiciales de toda España para saber que, a lo peor, la cagan con su sentencia supletoria. La cual ha dejado sub iudice a los juzgados de mi pueblo. Vamos, digo yo.

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