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Un cuento de Reyes

● IBAÑEZA.ES ►Jueves, 6 de enero de 2011 a las 0:25 Comentarios desactivados


Como todos los niños, sufrí mucho cuando descubrí que los Reyes Magos no existían. Tres reyes, venerables ancianos que llegaban de Oriente a honrar al Niño Jesús con oro, incienso y mirra y, de paso, traían toda una carga inmensa de juguetes para todos los niños del mundo. La verdad es que, visto así, es un poco exagerado. Luego San Nicolás, Santa Claus y Papa Noel a nivel internacional y en algunos territorios concretos, otros distribuidores de juguetes como el Olentzero vasco-navarro, el Angulero en San Juan de la Arena, por citar a algunos. Casi todos llegan por navidad. Cuando yo era niño solo eran los Reyes Magos el día 5 de enero, pero ahora tienen mucha competencia que trae los juguetes mucho antes. Los Reyes Magos tienen que cambiar un poco la estrategia sino van a perder cotas de mercado.

Bueno, pero esto pretende ser un cuento, al menos esa intención tenía cuando comencé a escribirlo. Entonces vamos a crear un decorado para esta historia. La ambientaremos en la calle de El Reloj la víspera de Reyes, llena de luces, de gentes corriendo de un lado para el otro para realizar las últimas compras, las confiterías con grandes colas para el roscón de Reyes. Yo me voy a remontar al año después de enterarme que los Reyes Magos eran los padres. Tendría 7 ú 8 años y había pillado a mi padre, el año antes, poniéndome los juguetes al lado de los zapatos. Yo me hice el dormido y al día siguiente disimulé y, como si no supiera nada, seguí hablando de los Reyes y de lo espléndidos que eran. Como decía, la escena se desarrolla en la calle El Reloj, la que va de la Plaza de los Churros a la Plaza Mayor. Yo, paseando por la calle observándolo todo con los ojos curiosos del niño, mientras mi padre está en el Pasaje esperando a mi madre. Miro el Belén de la Ferretería Ruiz, sus figuritas están colocadas entre herramientas y cajas de puntas y tornillos. Pasan padres y madres cargados de juguetes para sus hijos. Yo los miro con incredulidad haciéndome el interesante “a quien quieren engañar”. Doña Josefa Toral la farmacéutica me llama: – “Odonín”, ven. Me da un caramelo de menta y yo le sonrío. Camino hacia la Plaza sorteando a la gente que corre por los encargos a las carnicerías y pescaderías, por fin llego a la altura de Perico, el comercio de juguetes de esta calle ya muy cerca de la Plaza. Allí hay un rey mago a la puerta: los niños se agolpan sobre él con sus cartas y yo los miro con ganas de decirles que los reyes son los padres. Compro pipas a “la agüelica” en la misma esquina de Perico. Mientras las como miro uno de sus escaparates repleto de juguetes. De repente me apoyo en la luna del escaparate y me caigo dentro del local. Es un pequeño almacén de la juguetería, pensé yo.

Un largo pasillo me lleva a otra habitación mucho mayor, también llena de juguetes, muchos de ellos embalados, con el nombre y la dirección de algunos niños. Descubro una trampilla que conduce a un sótano inmenso, también todo lleno de paquetes, de todos los tamaños, empaquetados con su nombre y dirección. Incluso reconozco el nombre de algún amigo mío. Del sótano salen muchas puertas, avanzo por una de ellas y aparecen grandes naves llenas de estanterías con juguetes empaquetados también con nombres y direcciones. Leo algunas: La Bañeza, Soto, Requejo, Huerga. A ver si este va a ser el centro de recepción de juguetes y resulta que va a ser verdad lo de los Reyes Magos. Naves y más naves inmensas, en un gran almacén que parece no tener fin. Comienzo a tener miedo, esto es un auténtico laberinto, tropiezo con un paquete grande, alargado y estrecho que no tiene nombre. Hay rotuladores en el suelo y, sin saber muy bien por qué, escribo mi nombre y dirección en el paquete. Oigo ruidos y me asustó. Está llegando gente a las naves de al lado. Trato de volver sobre mis pasos, Después de un rato llegó por fin llego al sótano primero, subo hacía la habitación grande, no encuentro la puerta donde me apoyé……

-Toño, vamos hijo, llevamos un buen rato buscándote, dijo mi madre sacándome del ensimismamiento en el que me había quedado apoyado en la luna del escaparate de Perico mirando los juguetes. –Que has estado haciendo para estar sudando de esta manera. Les doy la mano y paseamos un rato entre la multitud. Luego en casa la cena con el roscón de Reyes. Mis padres y yo, los tres felices. Llega mi primo Manolín con mis tíos, Manolo era cinco años mayor que yo y era muy espabilado. Le habían encargado que no me dijera la verdad sobre los reyes magos. Jugando con él me quedé dormido. Mi padre me lleva a la cama y coloca varias cajas de regalos al lado de mis zapatos. Los reyes de mis padres, los de mis tíos, cuatro o cinco paquetes.

Estaba muy cansado y dormí toda la noche de un tirón. Al llegar la mañana despierto, mis padres estaban en la habitación y yo me abalanzo sobre los zapatos al lado del balcón y comienzo a abrir los regalos, el tren eléctrico, un carrito con Piñocho, lápices de colores… mientras yo saco los juguetes de las cajas, mis padres, embobados, tienen la felicidad pintada en sus caras, me ayudan a recoger los envoltorios. De repente observo a través del cristal de la ventana y, afuera, en el balcón, hay un paquete grande, alargado y estrecho. Abro la ventana del balcón y lo introduzco dentro ante la cara de sorpresa de mis padres: -mirad, pone “Antonio-Odón Alonso Ramos, calle 18 de julio. La Bañeza”. Es para mi –les dije. Mis padres no salían de su asombro pues no sabían de ese regalo.

Lo abro. Era un caballete para pintar grande, precioso, plegable, de madera. Lo montamos mi padre y yo. Tiene unos pequeños cajones llenos de colores. Mis ojos se iluminan como platos. Debajo de los tubos de óleo hay una nota manuscrita, la cojo sin que se dé cuenta mi padre y la leo: “Estos regalos son solo para los que creen en nosotros. Firmado Baltasar”. Guardo la nota con disimulo en el bolsillo.

Nos llama mi madre para desayunar. Mientras degustamos un chocolate con rebanadas de pan tostado y hablamos de los juguetes, tengo la sensación de que los tres creemos un poco más en los Reyes Magos.

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