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Un plano de urbanización que costó un alcalde a La Bañeza

● José Cruz Cabo ►Martes, 27 de agosto de 2013 a las 9:00 Comentarios desactivados


José Cruz Cabo

Corrían los primeros meses de 1969, cuando en un pleno del Ayuntamiento se aprobó, de forma inicial, un Plano de Urbanización. Entonces los arquitectos redactores quisieron hacer de La Bañeza una ciudad de categoría, pero para ello había que tirar la mitad de la misma, cosa imposible de hacer.

El plano se sacó a información pública y los ricos de la ciudad se pusieron totalmente en contra del mismo. A pesar de la mesura y generosidad del entonces alcalde, Fidel Sarmiento Fidalgo, nada más salir a información pública, las personas ricas o propietarios grandes de La Bañeza, se convirtieron en una sola piña y no hubo forma de que el plano se estudiara en condiciones, para mejorarlo o para hacer cambios que no perjudicaran tanto a los bienes personales.

Para ello hubo cierta gente que se pasaba toda la mañana en las oficinas del ayuntamiento, y cuando alguien iba a preguntar por su casa o su finca, se le decía que la convertían en parque o zona verde. Daba igual lo que dijera el plano, las personas humildes, que solo tenían su casa, al ir a enterarse, automáticamente se la convertían, los que no querían que el Plano siguiera adelante, en zona verde o en parque.

Se intentó por todos los medios formar un grupo de personas entendidas, para mejorarlo y cambiar lo que fuera excesivo y el pobre Fidel Sarmiento se encontraba solo y nadie quería apoyarle. No solo no querían apoyarle, sino que los excesos críticos de los que más tenían, pusieron la ciudad casi al borde del enfrentamiento. La Guardia Civil patrullaba, con mosquetón al hombro, la Plaza Mayor. En los plenos de esos meses, en los que se abarrotaba el salón del ayuntamiento, también tenía que acudir la guardia civil por miedo a enfrentamientos entre concejales y vecinos.

Yo que durante muchos años, asistía solo a los plenos desde el año 1965 y después con otros alcaldes, en esos plenos casi no me dejaban sitio para pasar. De acuerdo con Fidel Sarmiento Fidalgo, fui al Ayuntamiento a estudiar el Plano de Urbanización y no había salido del mismo y ya le habían dicho a mi jefe y primo, Saturnino Cabo, “si Pepe escribe algo a favor del Plano y no lo despides, te hacemos el boicot y dejamos de comprarte”.

Yo fuí a casa y escribí un artículo sobre lo que de verdad era el plano de urbanización y se lo llevé a Don Santiago para que me dijera si era publicable. No había cerrado la puerta de su oficina de la casa parroquial, cuando llamaron a la puerta para decirle a Don Santiago, que no me permitiera publicar nada sobre el plano. Envié el artículo, por el coche de línea, entonces no había otra forma de enviarlo, al Diario de León y al día siguiente me llamó el director, Marcos Oteruelo y me dijo: “Mira Pepe, has hecho un buen trabajo, pero según están las cosas en La Bañeza no lo publicamos, ya que todos los días el Gobernador Civil tiene gente importante de tu ciudad para que hagan dimitir al alcalde y nombren a otro, y hasta se está buscando la manera de que cesen al Gobernador, por mantener a Fidel en el cargo”.

Al final, el plano se desechó por excesivo y las cosas volvieron a la normalidad y mucho más cuando a primeros del año 1970, el Gobernador le agradeció a Fidel Sarmiento Fidalgo su trabajo, y nombró alcalde de la ciudad al hermano de Fidel, el abogado Leandro Sarmiento Fidalgo, quien desde el primer momento congeló el plano, que fue devuelto a los arquitectos y las cosas volvieron a la normalidad, pero lo que no supimos nunca es si la ciudad perdió una gran ocasión de modernizarse y de prosperar.

El procurador Fidel Sarmiento Fidalgo fue un gran alcalde, modernizó la ciudad, construyó la Plaza de Abastos en contra de algunos de sus concejales, que no la querían ni a tiros, fue el promotor de los hoy institutos Ornia y Vía de la Plata, ayudado por la Asociación de cabezas de familia, que fueron a Madrid a reunirse con el entonces director general de Enseñanza, inició el Colegio San José de Calasanz, porque las Escuelas de la Villa, que estaban donde hoy es el Hogar del Jubilado, eran pequeñas para los niños de la ciudad, y desde luego, con nuestras desavenencias, que también tuvimos, para mí fue un gran alcalde y sobre todo una gran persona, que demostró un amor desinteresado por la ciudad impresionante.

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