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La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (I)

Publicado por Ibañeza.es el 8/10/2018 8:05 Comentarios desactivados

La española Segunda “República de trabajadores de toda clase” había decepcionado pronto a los obreros, desde que ya en junio de 1931 desencadenara la represión policial contra los cada vez más numerosos movimientos populares. Además el desgaste del gobierno republicano-socialista, que había introducido tantas rápidas reformas, sin terminar ninguna, y el aplastante triunfo en las urnas del frente antirrepublicano y antirreformista el 19 de noviembre de 1933 habían traído incertidumbre, desasosiego social y desesperanza a los grupos proletarios organizados, que veían como el rumbo de la Segunda República daba un importante golpe de timón, frente al cual florecen desde diciembre en toda España abundantes intentos insurrecciónales abanderados por los anarquistas, que también alcanzan a León, a pesar de haberse declarado el estado de prevención ya el 4 de diciembre.

El gobernador general de Cataluña pedía aquel mismo día al gobierno refuerzos de policía para que puedan descansar los que están allí, muy fatigados por los últimos acontecimientos provocados por los anarcosindicalistas. Se registraban y clausuraban en Madrid el 5 todos los círculos tradicionalistas (protestan sus militantes diciendo que las Casas del Pueblo están llenas de armas y ni se registran ni se clausuran), la oficina fascista de Falange Española y los ateneos libertarios; se retiraba (una vez más) el periódico El Socialista por orden del gobierno y por publicar un artículo violento, y se descubría en Tui (Pontevedra) un intento de sedición entre algunos marineros de la tripulación de la lancha de guerra Cabo Praderas, deteniéndose a los principales comprometidos, prolegómenos todos de actuaciones rebeldes de mayor envergadura que poco tardarían en producirse, y así se declaraba el día 9 el estado de alarma en todo el territorio nacional al estallar un levantamiento anarquista, con ramificaciones principales en Logroño, Huesca, Zaragoza y Barcelona, y con el resultado de cuatro guardias civiles muertos y once heridos, aunque “la rebelión está sofocada”, se añadía entonces.

En veinte minutos había creído el ministro de la Gobernación que se ahogaría aquel movimiento perturbador de extrema izquierda que los rumores ya anunciaban para la noche del 8 de diciembre, y en el que no intervendrían más fuerzas que las de la CNT-FAI (como dirá más adelante en el Parlamento Indalecio Prieto, desmarcando de él al socialismo, que a pesar de las retóricas declaraciones revolucionarias de Largo Caballero no secundaría la protesta), lo que no vino a resultar tan sencillo, durando cuatro días y dejando 75 muertos y 101 heridos entre los revolucionarios, 11 muertos y 45 heridos de la Guardia Civil, y 3 muertos y 18 heridos de las fuerzas de Seguridad.

Sólo a partir del triunfo conservador en las elecciones generales de noviembre comenzaron a producirse (a acrecentarse más bien, al tiempo que abundaban los intentos insurreccionales en toda España) los desórdenes en la provincia leonesa, en la que los problemas básicos que convulsionaban la vida del país (la Reforma Agraria, la cuestión religiosa y el paro obrero) no tenían traducción, y donde el sindicato UGT era reformista, sin ser faista el anarcosindicalismo, un reformismo sindical que obedecía a la cercanía de los trabajadores más a su antigua mentalidad agrícola que a su condición de asalariados. Por otra parte, el gobernador civil de León, Salvador Etcheverría Brañas, tenía ya conocimiento el 10 de noviembre anterior, por el informe del agente de Investigación y Vigilancia asistente a la misma como delegado gubernativo, de que en una reunión en el local de la CNT en la capital se acordaba declarar la huelga general revolucionaria con todas sus consecuencias si en las elecciones del 19 de aquel mes triunfaban las extremas derechas, y desde la Dirección General de Seguridad el 9 de diciembre de que el sindicato anarquista y la FAI llamaban en todo el país a la revuelta para imponer el comunismo libertario. Los anarcosindicalistas leoneses, partícipes de las consignas de los comités nacionales de una y otra organización, decidirán comenzar la huelga general el día 11, una vez conocidos los movimientos revolucionarios en Aragón y otros lugares.

Una visión cercana e interior del cómo y el porqué de la asonada que estalló en Veguellina de Órbigo (donde la CNT contaba en septiembre de 1932 con 169 asociados en su Sindicato de Oficios Varios, representados por Victoriano Fernández en el III Congreso Regional; en la vecina Astorga aún funcionaba a la altura de 1925, concebida y gestionada bajo criterios ácratas, una Biblioteca Pública Naturista) y en otros lugares del país y de la tierra leonesa nos la facilita Victoriano Crémer cuando en Ante el espejo vuelve atrás la mirada, con ojos de vencido,

hacia la que con presunción se dio en llamar “Revolución del 33” y que ni siquiera fue motín con probabilidades de éxito, sino demostración del mal humor nacional, preferentemente de los trabajadores de todas clases, salidos o sacados de sus casillas por las confusas operaciones electorales de un mes de noviembre en el cual se le dio el voto a la mujer y se perdieron todos los estribos republicanos y democráticos que nos parecía que habíamos conseguido arrancar de sus tradicionales poseedores.

Si tan sólo hacía dos años que habíamos decidido, pacíficamente, transformar la carátula del país y poner el gorro frigio a la copiosa matrona nacional, no cabía admitir que solamente dos años después, las urnas, donde se cuecen todos los engañosos juegos democráticos, hubieran dado el triunfo total a la confabulación capitaneada por Gil Robles y los caballeros de la CEDA y que, como satélite adherido, apareciera al frente del Gobierno nada menos que Alejandro Lerroux. Aquella Confederación de las Derechas Autónomas, así que se hizo cargo del mando, comenzó la tarea de desmontar los pocos signos de progreso y de emancipación de los siervos que la República había sugerido. Y la llamada Reforma Agraria quedó borrada, y las incautaciones devueltas a sus poseedores tradicionales, y los tanteos para la contención del poder militar y eclesial se tiraron por la borda de una nave que desde sus primeros avances había enarbolado la bandera de la contrarrevolución preventiva. Algo que los obreros y campesinos no acabaron de comprender por mucho que se les explicara.

Y como ya en la apenas nacida República los trabajadores se habían sentido profundamente defraudados, así que comenzaron a entrever los entresijos de una política que se anunciaba claramente, despiadadamente, impíamente revanchista se propusieron impedirlo.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Un joven participante en la revuelta detenido por la Guardia de Asalto en Zaragoza.


Huesos al borde del camino (III)

Publicado por Ibañeza.es el 24/09/2018 8:17 Comentarios desactivados

José Simón Alejo Barrios. Tenía 20 años, soltero y jornalero. Natural de Zaragoza (creemos que de Caspe), hijo de José y de Catalina, y vecino de La Bañeza. Trabajador de La Azucarera, en la que era uno de los abundantes afiliados al Sindicato Nacional Azucarero, afecto a la UGT.

Archivo de José Cabañas.

Patricio Martínez Castillo. Del Reemplazo de 1929, alistado en la Caja de Recluta de Astorga. Natural de La Bañeza, soltero. Trabajaba en La Azucarera bañezana, al igual que otro de sus hermanos, Agapito, fusilado en León el 18 de febrero de 1937 con el grupo de los 17 bañezanos.

Eugenio Carnicero Alonso. Nacido el 13-07-1904. Del Reemplazo de 1925, alistado en la Caja de Recluta de Astorga nº 113, y adscrito al regimiento de Regulares. Vivía en la calle Pablo Iglesias. Trabajaba en La Azucarera. En 1935, según consta en documento, habría estado preso en la Cárcel del Partido, seguramente a resultas de hechos acaecidos en octubre de 1934.

Norberto Ángel Martínez Mielgo. Natural de Hospital de Órbigo, nacido el 07-06-1905, hijo de Fernando y Francisca, tenía 31 años. Perito Mercantil (formado seguramente en la Escuela de Comercio de León), había sido Interventor de Fondos del Ayuntamiento de La Bañeza (donde lo habían apodado, por su disposición a ayudar, como “el pan de los pobres”), nombrado el 08-10-1934, y socio del Círculo Mercantil. Afiliado a Izquierda Republicana. En julio del 36 era Jefe Interino de la Sección de Presupuestos de la Diputación de Palencia, cargo por el que había dejado vacante el de Interventor en La Bañeza, y al que renuncia por motivos de salud, según escrito enviado al Ayuntamiento el 30-09-1936. Detuvieron a su padre, Fernando Martínez Rodríguez, en San Marcos, el 5 de octubre de 1936 para que se entregara su hijo, lo que hizo Norberto entre esa fecha y el 9 de octubre. Al entregarse, su padre fue liberado y regresó a Hospital de Órbigo. La familia siempre supo que había terminado asesinado en Izagre y enterrado al lado de la carretera, e incluso su padre habría estado allí en alguna ocasión.

Transcurrió la exhumación en Izagre desde el día 2 de septiembre de 2008 hasta el 11, y no sin dificultades se localizó el lugar de enterramiento, a pesar de las facilidades y la ayuda prestada por tantas personas del pueblo, Ayuntamiento y Alcaldía, vecinos, y propietarios de los terrenos (además de los valiosos datos que doña Gloria Begué Canton, hija de Juan María Begué, nos facilitaba por teléfono), como ardua resultó la tarea arqueológica de recogida de los restos de las víctimas dada la dureza del terreno, incluso con la colaboración tenaz y entregada de un buen número de voluntarios desplazados desde lugares tan diversos como Ponferrada y El Bierzo, Pontevedra, Ourense, León, Barcelona y Bilbao (desde donde se sumó con entusiasmo Roberto, bisnieto de Isaac). Las escenas de profundo respeto ante lo que el lugar significaba, de emoción contenida y de recogimiento ante la fosa se prodigaban a medida que la delicadeza y la precisión de los arqueólogos y los voluntarios iban sacando a la luz los huesos de los asesinados y lo que de aquello que los acompañaba en el momento del martirio la tierra había respetado, la suela o la goma de unas botas, unas gafas, un zapato, la piedra de afilar la navaja, o un pendiente, objetos todos consignados con los respectivos restos a la espera, con ellos, de ser tratados y analizados por los especialistas pertinentes, Antropólogos Forenses (también voluntarios), con el objetivo de identificar los huesos, de ponerles nombre y apellidos, para ser así entregados a sus respectivos familiares, y la emotividad siempre presente se desbordaba cuando alguno de estos se acercaban a la compartida tumba de los suyos.

De la fosa de Maire, que en su cementerio acogió los cuerpos de los bañezanos Toribio Santos Santos y Ángel González González (último Alcalde republicano de La Bañeza),  habíamos ya constatado la imposibilidad de su exhumación, dadas las alteraciones posteriores del camposanto, y hubimos de conformarnos con precisar el exacto lugar en que en la mañana del 23 de septiembre de 1936 aparecieron sus cadáveres. Indagamos también por enterramientos clandestinos y fosas de otros bañezanos en lugares como Pinilla de la Valdería, con el resultado de haber contribuido a exhumar allí a víctimas de otras procedencias. En cuanto a la “fosa de los estudiantes” en Albires, exhumada a continuación de la de Izagre,  habíamos conseguido avanzar los primeros datos pocas fechas antes de iniciar aquella, las identidades de dos posibles integrantes, jóvenes de Villarroañe, cuyas familias reclamaban ahora la recuperación de sus restos. Con la azarosa implicación y con la ayuda, que tan útil y provechosa nos ha venido a resultar, de un experto bañezano en Historia y en Archivos como es Alejandro Valderas Alonso, pudimos poner algunos nombres más a las víctimas de aquella fosa, asesinadas en torno al 20 de agosto de 1936, y, lo que vino a ser más importante, se pudo constatar la laguna existente en el conocimiento de la represión ejercida en León en el verano y otoño de 1936 sobre el colectivo estudiantil, sobre los alumnos de las Escuelas de Veterinaria, de Magisterio y de Comercio, y a partir de aquí, con la colaboración de diversos estamentos universitarios comenzar a colmar ese vacío, algo que desde entonces se viene ya haciendo.

Archivo de José Cabañas.

Y hubo más aún: estaba ya prevista la exhumación de otra fosa común en Faramontanos de Tábara (Zamora), cercano a Benavente, de la que apenas se sabía quienes la integraban, y fruto de esta cadena de acontecimientos y de las colaboraciones suscitadas se consiguió saber bastante más: los 12 cuerpos de muchachos y muchachas asesinados de la fosa (exhumada a mediados de octubre) corresponderían a otros tantos estudiantes leoneses, posiblemente de Magisterio y de Valderas, y ya, culminando la progresión de favorables encadenamientos, en la prospección de ésta se vino a conocer de la existencia en la misma zona de otras dos fosas, colectiva una, con otro grupo de malhadados estudiantes, e individual la otra, en la que se cree haber localizado al Diputado socialista por Jaén, catedrático y profesor de su Escuela Normal, Enrique Esbrí Fernández, del que nada se sabía más allá de su desaparición en León aquel fatídico verano después de haber formado parte del tribunal en las oposiciones de Magisterio que a la mitad de julio se habían realizado.

De todo este cúmulo de acontecimientos y de relaciones, y de la evidencia de este hueco histórico por explorar (la represión universitaria al inicio del golpe de Estado), o no explorado todo lo a fondo que se merece, llegó a derivar la pretensión y la previsión de crear en la Universidad de León un Grupo de trabajo de especialistas para acometerlo, y que iba a estar presidido por una señera figura de la investigación y la docencia universitaria leonesa. Más tarde, se optó por investigar en el mismo campo desde la integración de este Grupo leonés en otro Universitario estatal, más extenso y que pretendería abarcar el mismo objeto y ámbito de estudio para todo el colectivo estudiantil y universitario del país.

Además de los posibles y provechosos frutos que estas iniciativas puedan ir deparando, se producirán otros más inmediatos y cercanos si las previsiones con las que trabajamos se nos cumplen: en el mes de abril se habrán producido las identificaciones de los bañezanos asesinados en Izagre, y se contempla realizar la entrega de sus restos en el marco de unas Jornadas de Memoria y Homenaje a todas las víctimas bañezanas del franquismo, a celebrar en fecha adecuada y en el transcurso de las cuales se producirían las inauguraciones de un monolito en Izagre, en el Lugar de Memoria en el que durante tantos años estuvo la fosa, y un monumento a todos los represaliados en algún lugar de La Bañeza. Para acometer unas y otras actividades hemos solicitado en su momento la correspondiente subvención al organismo competente.

Un añadido posterior (13-03-2010).-

Además de los contratiempos habituales para ubicar la fosa de los bañezanos, se dio en ella una sorpresa: se constató haber sido once los allí asesinados, contra la asentada convicción que fue durante tanto tiempo transmitida de que lo habían sido diez, con lo que vino a resultar que la identidad de uno de los varones nos era desconocida. Mediado octubre de 2008 recibí de acreditados testimonios (doña Gloria Begué Cantón) la certeza de que once habían sido, efectivamente, las víctimas, y a través de la prensa bañezana solicité ayuda a sus lectores, sin que obtuviera resultado, para asignarle a aquél un nombre.

Ya en mayo de 2009, por datos obtenidos del Archivo Histórico Municipal de La Bañeza y contrastados con los procedentes de otras fuentes, hemos podido atribuirle filiación con un alto grado de certeza: Creemos que se trata de Miguel Miguelez Fernández, vecino de Sacaojos (hoy Santiago de la Valduerna), soltero, de 30 años, hijo de Bernardina Fernández Martínez, hermano de Emilia y Victorina, cuñado de José González González (uno de los hijos de quien ejerció de último Alcalde republicano, cuya familia fue dura y extensamente perseguida), todo ello según el Padrón de 1935 y los listados de recluidos en octubre de 1936 en la Prisión del Partido bañezana. Probablemente era trabajador de La Azucarera, uno más de los muchos que siéndolo fueron de variadas maneras castigados.

Una nueva actualización.-

En los campos de Villafer, frente a una viña en la cuneta de la carretera de Campazas, serían hallados el 12 de octubre de 1936 los cuerpos de tres asesinados sacados dos de ellos antes de la cárcel de La Bañeza, dos vecinos de la ciudad (Antonio Núñez Valderrey, de 41 años, panadero, y “un hermano mayor de Teresa, oficiala costurera en la academia de corte y confección de Matilde Mañanes”, al parecer Eugenio Carnicero Alonso, que creíamos haber sido asesinado el día 10 del mismo mes con otros diez bañezanos en Izagre, posiblemente arrancado de su domicilio, pues no figura entre los muchos entonces recluidos en aquella atiborrada ergástula) y un maestro en varios pueblos de la Valdería desde 1932 a marzo de 1936, Hermenegildo Cebrones Pedrosa (de la promoción de 1925 a 1926), ejerciente desde entonces en Magaz de Arriba, enterrados los tres en la parte civil del cementerio de la localidad, a la derecha de su entrada. De haber sucedido así, conforme a lo que ahora conocemos, en Izagre habría sido asesinado con los restantes bañezanos no Eugenio Carnicero sino Francisco de la Fuente Martínez (de Sacaojos, hermano de Miguel e hijo de Miguel de la Fuente Arribas y Micaela Martínez Carracedo), preso en La Bañeza al menos desde finales de septiembre y sacado de allí en la tarde del 9 de octubre con algunos de aquellos para “sumariarlos” en León, desde donde con otros que ya se hallan presos en la capital son conducidos a Izagre en la madrugada del día siguiente.

Se cumplen ahora diez años desde que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), a petición de algunos de sus familiares, exhumó al inicio de septiembre de 2008 los restos de quienes, asesinados en el otoño de 1936, terminaron arrojados en el pueblo de Izagre a la que desde entonces se conoció allí como la fosa de los bañezanos. En memoria de las víctimas traemos hoy aquí lo que con ocasión de aquel acontecimiento publicábamos unos meses más tarde en la jiminiega Revista Cultural JAMUZ. Más información en www.jiminiegos36.com


Huesos al borde del camino (II)

Publicado por Ibañeza.es el 10/09/2018 7:30 Comentarios desactivados

En San Marcos, ya en la madrugada del día 10 de octubre de 1936, sobre las tres de la mañana, sacan a las víctimas para Izagre; 11 personas, de las cuales se encontraban ya allí desde el 16 de agosto Abraham Becares y José Simón Alejo; desde el 5 al 9 de octubre Norberto Ángel Martínez, y desde el mismo día 9 Juan María Begué. En la mañana del 10 de octubre son hallados sus cadáveres en el campo, en la cuneta a un lado de la carretera León-Valladolid, a la derecha, por los primeros campesinos que se dirigen a las labores de la sementera. Conocido el hecho en el pueblo, acuden al lugar el cura, el maestro, y otros vecinos de Izagre. Entre las víctimas hay una mujer, una bañezana, María Alonso Ruiz; lleva aún el pelo corto por el rapado que los falangistas le han aplicado en la Prisión del Partido y se cubre la cabeza con una gorra. Begué Arjona, Registrador de la Propiedad, es el único que porta Cédula de identificación, y una estilográfica marca Schiffer y un anillo de boda que uno de los lugareños que ayudan a enterrarlos, en el lado opuesto de la carretera a aquel donde los hallan, se apropia. Algunas mujeres, familiares de algunas de las víctimas, solo pasados tres días de su traslado consiguen viajar hasta León y desde allí a Izagre. Llegan, pero nada pueden ya hacer sino tomar nota y memoria del lugar de la fosa en la que han terminado sus seres queridos, señalada con piedras, con forma semicircular, y cuya zona no fue labrada en muchos años, pagando para que así se hiciera a los dueños de las fincas. Las familias de algunos asesinados inscribieron la defunción de los suyos en el Registro Civil de La Bañeza en los años siguientes, fuera de plazo, y por lo que respecta a la de Begué Arjona, desde su inscripción intentó su esposa, Olimpia Cantón Blanco, la exhumación de los restos de su marido, lo que consiguió en el año 1959, con la aquiescencia de las autoridades del momento. Los restos de Begué Arjona fueron depositados en una sepultura del cementerio de Izagre hasta 1971, en que los trasladan al panteón familiar en Madrid. También recuperó su familia la estilográfica y el anillo que aquél llevaba cuando fue asesinado.

Archivo de José Cabañas.

No resultó fácil conocer las identidades de los “paseados” en la fosa de Izagre. Partíamos de saber que allí se encontraban María Alonso e Isaac Nistal, con otros más, y de hecho no conseguimos avanzar en la asignación de filiaciones a los demás asesinados hasta pocos días antes de iniciar la exhumación (de Norberto solo la conocimos cuando, ya iniciada, se presentó allí su sobrino Fernando Calzado), después de entrevistarnos a lo largo del verano con personas de Izagre que habían vivido la aparición en el pueblo de los cadáveres (Ángel Garrido y su esposa, y Claudio Puertas, cuya ayuda resultó tan valiosa tanto en la exhumación de esta fosa como en “la fosa de los estudiantes”, en el cercano pueblo de Albires), y con familiares de algunas de las víctimas bañezanas, como Vicente Nistal, hijo de Isaac, Josefina Alonso, hermana de María, Pilar Fernández, sobrina de Julio, y María Bécares, hija de Abraham. También nos supuso considerable ayuda disponer de los datos obtenidos de las Actas Municipales del Ayuntamiento de La Bañeza, que consultamos previamente, y de los del Registro Civil, que habían puesto a nuestra disposición los compañeros y amigos de AERLE. Nada útil para nuestro objetivo obtuvimos de los documentos de la Prisión de San Marcos y de la Prisión del Partido de La Bañeza, que también amablemente nos facilitaron desde aquella Asociación y que igualmente consultamos. Señalamos que no aparecen en el Registro Civil de Izagre anotaciones de ninguno de los asesinados en el lugar en esta fecha.

Archivo de José Cabañas.

Hasta el momento (febrero de 2009) no hemos conseguido conocer más que las filiaciones de diez de los once integrantes de la Fosa de Izagre, de los cuales fueron exhumados los restos de diez, después de haber sido retirados en 1959 los de Begué Arjona. De los varones identificados de la fosa, solamente de uno de ellos, Patricio Martínez, hemos obtenido datos de su expediente militar en el Archivo General Militar de Guadalajara; de los restantes, de Julio, Isaac, Eugenio, y Abraham, nos han aportado algunas informaciones de los expedientes de Quintas y otros del Archivo Municipal de La Bañeza. De los asesinados, cinco estaban procesados en el Sumario que se instruía por “los hechos de julio” en La Bañeza (por la mera contestación al golpe militar con el mantenimiento del orden público, por la escasa organización de una resistencia que ni siquiera llegó aquí a materializarse), María, Isaac, José Simón, Juan María, y Abraham, y el  “paseo” de algunos de ellos pudo obedecer a que los represores consideraran que no iban a poder achacarles en el proceso cargos suficientes como para “justificar” su asesinato “legal”, como asesinarían fusilándolos el 18 de febrero de 1937 en León a 17 de los con ellos encausados. Sus últimas declaraciones en el Sumario llevan fecha del 3 de agosto las de José Simón, del 6 las de María, del 7 las de Isaac, y del 28 de julio las de Abraham; el 3 de septiembre declaraba Begué Arjona ante el Juez Instructor, y en dicho Sumario, del que sustraen y desaparecen a varios procesados, no hay después de la fecha de sus asesinatos ni el más mínimo rastro de pesquisa o interés del Juez militar que lo instruía por saber lo que ocurrió con aquellos justiciables a su cargo.

Juan María Begué Arjona. Tenía 38 años y era natural de Bujalance (Córdoba); casado con una bañezana, Olimpia Cantón, tenía tres hijas, Olimpia, María Luisa, y Gloria, y un hijo, Juan María; había estudiado en los Agustinos de El Escorial, era Registrador de la Propiedad desde los 23 años, y había ocupado esta plaza en La Bañeza (aquí ejercía a la altura de 1927), además de en Pola de Laviana (Asturias) y en Guía de Gran Canaria, su último destino. Se encontraba en La Bañeza con baja por enfermedad cuando se produjo el golpe de estado. Detenido el 23 de agosto hasta el 29 en la Prisión del Partido; en esta fecha es puesto en libertad, después de haber enfermado gravemente, y permanece en su domicilio hasta el 1 de octubre, fecha en que de nuevo es detenido por la Guardia Civil y conducido en un coche a León, al colegio de los Agustinos, donde queda internado y le toman declaración los días 4 y 5 de dicho mes. El día 9 lo trasladan a San Marcos, de donde lo sacan a las tres de la mañana, con los demás, para con ellos ser asesinado en Izagre. Había sido avalista años antes para la construcción de la Casa del Pueblo bañezana, y para la adquisición de un proyector de cine en la misma. Del Sumario cabría deducir que no se le perdonó en La Bañeza que siendo de clase acomodada se hubiera acercado al socialismo y hubiera tomado partido por los humildes.

María Alonso Ruiz. Presidenta del partido Unión Republicana, tenía 32 años, estaba soltera y era hija de Lucas y de María. Fue encarcelada en los primeros días de agosto. Tenía cinco hermanas, Josefina, Nela, Eloísa, Victoria, Eudosia (esposa de uno de los fusilados de La Bañeza, Joaquín Perandones Franco), y un hermano, Ignacio, que pasó cinco años escondido, como “topo”, en la casa familiar de la calle Astorga. La familia tenía un negocio de guarnicionería. Sus hermanas y su madre fueron encarceladas varias veces, en el verano-otoño de 1936, y de nuevo en el invierno de 1939, como represalia por la “huida” de Ignacio, que había sido de las Juventudes Socialistas.

Isaac Nistal Blanco. Hijo de Cecilio y de Águeda, nacido el 03-07-1882, en Villamañan. Reemplazo de 1902. De 54 años, estaba casado con Baldomera González Castro y tenían 8 hijos, seis varones y dos mujeres. Había sido emigrante en Nueva York y en Cuba. Albañil, contratista de obras, y socialista. Fue Concejal en el Ayuntamiento de La Bañeza, por la minoría socialista, en todas las Corporaciones desde 1931. Ejerció de alcalde en el Pleno del 8 de julio de 1936 por ausencia por enfermedad del titular Ángel González González, (quien lo era por la dimisión de Joaquín Lombó Pollán el 20 de mayo de 1936, a quien sustituyó, como Teniente de Alcalde Primero que era, en funciones de alcalde) y por ser el concejal de mayor edad. Entre los días 18 y 21 de julio de 1936 ejerció ocasionalmente como alcalde, sustituyendo de nuevo las ausencias por enfermedad de Ángel González González. El 28 de julio estaba ya encarcelado en la Prisión de La Bañeza.

Abraham Bécares Rodríguez. De 29 años, del Reemplazo de 1928 y adscrito al Regimiento de Infantería nº 77. Vivía en la calle del Teatro. Tipógrafo en la imprenta de Doña Julita, y había accedido, por oposición, a una de las tres plazas de subalterno del Ayuntamiento convocadas en el verano de 1936, iniciando su desempeño a primeros del mes de julio. Natural de Canales-Coomonte (Zamora), hijo de Jerónimo y Adelaida. Casado con María Cubero Rubio, con quien tenía 2 hijos, María Luisa y Juan Manuel. Fue quien parlamentó, por orden del Ayuntamiento, ante el Jefe de las tropas rebeldes que tomaron La Bañeza. El 28 de julio estaba ya encarcelado. Su esposa acompañó a la de Begué Arjona varias veces en sus viajes a Izagre, algunas también acompañadas por la mujer de Ángel González Nadal, y otras por familiares de aquélla.

Ángel González Nadal. Estaba casado y tenía un hijo (al menos); era trabajador de La Azucarera. Natural de Astorga, donde tenía una hermana. Fue encarcelado el 18 de agosto, dos días después del asesinato en Astorga de su Alcalde, Miguel Carro Verdejo, en cuya fecha él regresó de allí a La Bañeza.

Julio Fernández Martínez. Nacido el 11-03-1903. Del Reemplazo de 1924 y alistado en la caja de Recluta nº 56. Tenía 33 años, y era albañil. Hijo de Manuel Fernández Monroy y de Elvira Martínez Castro. Trabajaba en La Azucarera bañezana. Vivía en el barrio de El Polvorín, en la Cuesta de Santa Marina. Estaba casado con Francisca Nadal García (un hermano de ella, Felicísimo, fue también “paseado” en otra fecha y lugar que aún desconocemos), y habían tenido un hijo que les murió al poco de nacer. Su hermano Andrés y su esposa Agustina Ramos Rebollo fueron los padres de Pilar. Lo nombraban Julio “el de los alambres”, por su padre, que había trabajado en el tendido del telégrafo.

Se cumplen ahora diez años desde que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), a petición de algunos de sus familiares, exhumó al inicio de septiembre de 2008 los restos de quienes, asesinados en el otoño de 1936, terminaron arrojados en el pueblo de Izagre a la que desde entonces se conoció allí como la fosa de los bañezanos. En memoria de las víctimas traemos hoy aquí lo que con ocasión de aquel acontecimiento publicábamos unos meses más tarde en la jiminiega Revista Cultural JAMUZ. Más información en www.jiminiegos36.com


Huesos al borde del camino (I)

Publicado por IBAÑEZA.ES el 27/08/2018 8:03 Comentarios desactivados

Una vez más, una historia de nuestra pasada guerra civil, otra historia más cuando algunos, en alguna parte y también cerca de nosotros, claman y dicen que ya basta, que ya está bien, y se molestan por que se siga hablando de ella. Qué hartazgo de aquella aciaga guerra (más adversa para unos que para otros: a unos los hicieron víctimas, y otros se hicieron beneficiarios – en un Informe de Falange de la Inspección Regional de León, de octubre de 1939, se cita a ciertos industriales de La Bañeza y Veguellina, “todos con gran capital hecho en su mayor parte durante la guerra”-, cuando no también verdugos) dicen algunos, tal vez interesadamente, tal vez deseosos de no saber y de que otros no sepan, empeñados quizás en que a toda costa se mantenga otra versión, más agradable para ellos, difundida y sostenida durante tanto tiempo, con fondos de todos tantas veces, a pesar de su manifiesta parcialidad, a pesar de ser falsaria en mucho muchas veces, y a pesar de resultar tan  inmerecidamente injusta para tantos.

Archivo de José Cabañas.

Quienes así se manifiestan desconocen y no valoran que “vivir con la memoria puede ser terrible, pero hacerlo sin ella es aún peor”. Por otra parte, al argumento de que sobre aquel tiempo todo está ya dicho se opone la terca realidad de que de él se habla hoy más que nunca, se crea y se publica más que nunca, y más que nunca se ocupan los medios, mostrando también hoy más que nunca el afloramiento de nuevos y desconocidos horrores, algunos de los cuales como el robo de niños y sus adopciones irregulares durante el franquismo nos tocan de cerca, como muestra la prensa provincial cuando informa del caso del “bebé secuestrado por un oficial nazi de la Legión Cóndor, la niña arrebatada a su madre, presa en San Marcos, en octubre de 1937, primero que sale a la luz de una leonesa arrancada a su familia con total impunidad durante la Guerra Civil”, o cuando lo hace sobre la asignación el 22 de febrero de una calle en León a víctimas de la represión de aquel periodo (“La inauguración de la calle dedicada a Jerónima Blanco y Fernando Cabo se convierte en un clamor en contra de la represión franquista y a favor de la convivencia democrática”, se decía en el Diario de León. Por cierto, en la noticia se afirmaba ser el Ayuntamiento de León el primero en honrar a caídos civiles en la guerra. Sabemos que no fue así, y que antes se hizo en el nuestro, Jiménez de Jamuz. Se envió nota al periódico, que publicó, rectificándoles su error).

Un año antes, el 10 de octubre del 36, eran asesinadas once personas, bañezanas todas o relacionadas con La Bañeza, en un paraje del término de Izagre, al lado de la carretera de León a Valladolid. A primeros de septiembre del año 2008 algunos descendientes y allegados de aquellas inocentes víctimas pudieron por fin y después de tanto tiempo recuperar los restos de sus seres queridos. Creemos que un hecho como éste sea, además de cercano y novedoso, importante y especialmente significativo en un pueblo como el nuestro en el que hay aún un considerable número de personas y familias que cuentan entre sus deudos a asesinados en parecidas circunstancias, y  de los que, lamentablemente, se desconoce el lugar de su martirio y se carece por ello de toda posibilidad de recuperar sus huesos. Por eso contamos en estas páginas la historia de cómo sus familiares traen a casa a aquellas  personas, de cómo se recogen sus restos del inicuo lugar en el que sus asesinos los tiraron, de cómo se dignifican unos huesos que, en palabras cantadas de Pedro Guerra, no son “…sólo huesos, desvencijados huesos enterrados al borde del camino. Abandonados huesos, no acariciados huesos de un dolor no amortajado. En el calcio del hueso hay una historia: desesperada historia, desmadejada historia de terror premeditado. Y habrá que contar, desenterrar, emparejar, sacar el hueso al aire puro de vivir. Pendiente abrazo, despedida, beso, flor, en el lugar preciso de la cicatriz…”.  Desenterramos aquellos restos, los sacamos al aire y los emparejamos, y lo narramos ahora:

A propósito de la preparación, en el año 2003, del homenaje tributado en nuestro pueblo a las víctimas de la represión franquista y a todas las de la violencia en el municipio, en la primavera y verano de aquel año se reactivó en La Bañeza el interés por saber también allí de los represaliados por el franquismo en el tiempo de la guerra civil y la posguerra. Se reaviva entonces el empeño, puesto que ya había habido antes actuaciones públicas, como la del recuerdo y la reivindicación de la memoria de las víctimas bañezanas mediante la publicación de una esquela-recordatorio en El Adelanto Bañezano el 20 de diciembre de 1986. Se produjeron entonces contactos entre familiares de las víctimas de La Bañeza e investigadores de la represión franquista ejercida sobre bañezanos y quienes habíamos indagado sobre la represión en Jiménez, fruto de los cuales fue ampliar el conocimiento de lo sucedido en aquel periodo histórico en ambos lugares.

Archivo de José Cabañas.

Ya en el mes de agosto de 2003, familiares e investigadores bañezanos se desplazaron a algunos de los pueblos en los que se suponía habían terminado varios de los asesinados de La Bañeza en el otoño de 1936, Maire de Castroponce e Izagre entre ellos. Además de confirmar en ambas poblaciones la existencia de fosas de “paseados” naturales de La Bañeza, en el cementerio en el primer lugar y en el campo en el segundo, les informaron, en Izagre, de la existencia además allí de otra fosa, cuya ubicación también les señalaron, y en la cual se hallarían once estudiantes de la Escuela de Veterinaria de León. Se confirmó así la existencia en Izagre de dos fosas comunes: la de los bañezanos, con ocho varones y una mujer, y la de los estudiantes, de los que no se aportaba dato alguno sobre sus posibles identidades ni ningún otro que permitiera tratar de esclarecerlas.

Una vez manifestada la voluntad de algunas familias de víctimas bañezanas cuyos restos, según los avances de las investigaciones, se hallarían en las fosas de Maire de Castroponce e Izagre, de exhumarlos y recuperarlos para sus respectivos panteones, con la ayuda de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) cuya intervención para ello solicitaron, se incluyó por la Asociación la posible exhumación de estas fosas en la programación del año 2008, después de una reunión mantenida con dichos familiares en La Bañeza a mediados de diciembre de 2007, a la vez que se continuaba con la investigación previa a las mismas, tratando de profundizar en el conocimiento de las identidades de quienes en ellas terminaron y en las circunstancias que allí los condujeron. En febrero de 2008 colaboradores de la ARMH acompañados por descendientes de alguno de los asesinados bañezanos se desplazaron de nuevo a estos lugares, para ubicar las fosas con exactitud, recabar de personas de los pueblos más datos relacionados con las mismas, y estudiar la viabilidad de las exhumaciones. A ellos les confirmaron una vez más los datos que ya nos eran conocidos.

A primeros de julio de 2008 me trasladé a Maire de Castroponce y a Izagre, para tratar de completar las informaciones disponibles sobre las fosas de uno y otro lugar, obtener datos precisos que pudieran facilitar los procedimientos de las exhumaciones, y ultimar lo necesario para proceder en su momento a las mismas, a la vez que me aseguraba de que las sucesivas ampliaciones de la carretera León-Valladolid no habían afectado a la fosa situada, en Izagre, en uno de sus laterales. De lo indagado hasta la fecha, y del cruce de multitud de datos, documentales unos y de aportaciones de testimonios orales otros, pudimos, a lo largo del tiempo, concluir lo siguiente respecto a la fosa de los bañezanos, situada en las cercanías del punto kilométrico 275 de la carretera N-601 León-Valladolid, a la izquierda y ya en esta provincia:

En ella terminaron 11 personas (diez eran residentes en La Bañeza, y el otro había tenido relación con la ciudad), diez hombres y una mujer, sacados en la noche del día 9 de octubre de 1936 de San Marcos de León donde algunos ya se encontraban desde antes de esta fecha, y otros habían sido llevados a media tarde de ese día desde la Prisión del Partido de La Bañeza, en la que ya estaban encarcelados desde finales de julio o primeros de agosto (hasta el 13 de octubre de 2008 no obtuvimos la certeza de haber sido once los asesinados en Izagre. Antes de esta fecha creímos que habían sido diez, ya que así se había transmitido siempre, tanto en La Bañeza como en Izagre). Llevan este día 9 de octubre, viernes, para San Marcos a estas personas de la cárcel bañezana, y se les dice que es para “sumariarlas”, y efectivamente, todas o la mayoría estaban incursas en el Sumario 151/36 que se les había incoado por los “hechos de julio” en La Bañeza, es decir, por defender la legalidad y al gobierno legítimo que el pueblo, en Elecciones Generales, se había dado; por oponerse al fascismo y defender el estado de derecho y la democracia. Los trasladan a San Marcos en un autobús de la Empresa Ramos al que siguen cierto número de vehículos, particulares y requisados, con las fuerzas de custodia, falangistas, y otras personas. Ese día, viernes y hasta la mañana del sábado, tocaba hacer las guardias en la Prisión de La Bañeza a los falangistas de la villa. Algunas mujeres, familiares de los trasladados, pretenden e intentan seguirlos a León en otros vehículos para interesarse por el lugar al que los llevan, pero no lo consiguen; no encuentran ni encontrarán en los tres días siguientes quien las acerque o permita que viajen hasta León; no hubo en La Bañeza transporte para ellas… (Las hermanas de Julio Fernández Martínez si consiguieron presentarse en San Marcos a la mañana siguiente; les dijeron que ya no estaban allí los bañezanos, y que preguntaran por ellos en la Prisión de Astorga…).

Se cumplen ahora diez años desde que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), a petición de algunos de sus familiares, exhumó al inicio de septiembre de 2008 los restos de quienes, asesinados en el otoño de 1936, terminaron arrojados en el pueblo de Izagre a la que desde entonces se conoció allí como la fosa de los bañezanos. En memoria de las víctimas traemos hoy aquí lo que con ocasión de aquel acontecimiento publicábamos unos meses más tarde en la jiminiega Revista Cultural JAMUZ. Más información en www.jiminiegos36.com


In Memoriam, doña Gloria Begué Cantón, bañezana

Publicado por IBAÑEZA.ES el 13/08/2018 9:27 Comentarios desactivados

El 27 de diciembre de 2016 fallecía en su casa madrileña doña Gloria Begué Cantón, nacida en La Bañeza el 23 de enero de 1931. Era una de los cuatro hijos del matrimonio formado por el natural de Bujalance (Córdoba) Juan María Begué Arjona, estudiante en los Agustinos de El Escorial, precoz Registrador de la Propiedad a los 23 años, destinado en La Bañeza desde el inicio de los años 20 hasta finales de 1934, y la bañezana Olimpia Cantón Blanco, hija de Bernardo Cantón Cisneros y hermana de Bernardo Cantón Blanco (sucesivos propietarios padre e hijo de la empresa de alumbrado La Electra Bañezana). Hermanos de doña Gloria eran Olimpia (finada en Madrid el 29 de enero de 1998, también eminente constitucionalista), María Luisa (Química) y Juan María Begué Cantón.

Los extraordinarios y abundantes méritos profesionales que a lo largo de su vida fue cosechando doña Gloria Begué han sido reseñados y reconocidos desde diversos ámbitos, sobre todo con ocasión de su fallecimiento. Fueron algunos de ellos los siguientes:

Destacó desde adolescente, y fue la primera alumna en ser Premio Extraordinario de Bachillerato, convirtiendo su biografía desde entonces en una sucesión de “carreras ganadas”: Compatibilizó los estudios superiores de Derecho y Ciencias Económicas en la Universidad Complutense de Madrid obteniendo la licenciatura de ambas carreras y el Doctorado en Derecho. Posteriormente se trasladó al Departamento de Economía de la Universidad de Chicago donde de 1958 a 1961 realizó estudios de doctorado. En 1963 de regreso a España obtuvo por oposición la plaza de profesora adjunta de Economía Política de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y fue adjunta de Teoría económica en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas (la primera mujer que lo era en España). Fue catedrática de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Salamanca. Ganó la oposición en 1964 y se convirtió en la primera mujer catedrática de una facultad de derecho –también la primera en ser decana- y la cuarta que conseguía una Cátedra en España. En 1977 fue nombrada senadora por Designación Real (de nuevo la primera) en la Legislatura Constituyente y en 1980, a propuesta del Senado, Magistrada del Tribunal Constitucional (la primera también), institución de la que fue Vicepresidenta desde 1986 hasta 1989. Toda una larga serie de logros que harían de la ilustre y distinguida bañezana una pionera y la primera en romper el “techo de cristal” de las mujeres.

Tales merecimientos, y otros más, fueron puestos de manifiesto en las fechas de su fallecimiento por El Adelanto Bañezano, y pocos días más tarde, señalándolos también, relataba José Cruz Cabo en La Bañeza Hoy como aquella mujer que había llegado “a lo más alto de la ciencia y la política”, aquella insigne bañezana, se había negado amablemente cuando él quiso hacerle una entrevista, pues “de La Bañeza no quería saber nada, ya que solo tenía recuerdos dolorosos, al haberle matado a su padre al comienzo de la guerra civil”, al igual que se negara a que le dedicasen una calle y la homenajearan conforme a sus amplias cualidades y su mucha valía, y creo que ya toca, con respecto a tales afirmaciones, introducir algunos matices aclaratorios:

Doña Gloria Begué Cantón en el Senado 27 años después. Enero 2006.

Fue el Registrador Juan María Begué uno de los once bañezanos paseados en Izagre en la madrugada del 10 de octubre de 1936, en su caso por sus afinidades y colaboraciones con los socialistas bañezanos (a los que tal vez se acercara por la influencia de su cuñado Bernardo Cantón, primer director del semanario Avance a su creación en 1932), y el mayúsculo y persistente dolor causado en doña Gloria por el injusto asesinato de su padre está desde luego más que justificado. Resultan también entendibles las viscerales –y por ello irracionales- reacciones de rechazo, sobre todo en los más cercanos allegados a las inmerecidas víctimas, a los lugares que fueron el escenario de tan tremendas desgracias personales y familiares, asociados con tan amargos y penosos recuerdos, rechazo que (como ya apuntaba en mi libro del año 2010 La Bañeza 1936. La Vorágine de julio) es muchas veces injusto con la localidad objeto del mismo, a la que se hace genérica y totalmente responsable, y especialmente con sus actuales pobladores, y su extendida y arraigada perdurabilidad entre personas de las más variadas condiciones y capacitaciones intelectuales (incluida la excepcional de doña Gloria) no hace sino mostrarnos aún hoy lo profundo y duradero de la huella que la represión franquista trazó, directa o indirectamente, en tantas mentes, corazones y conciencias de quienes la padecieron.

A mediados de octubre del año 2008 tuve en varias ocasiones el honor de hablar personalmente por teléfono con doña Gloria, “largo y tendido”, y entre otras cosas, de aquel rechazo suyo a La Bañeza, y de lo injusto que resultaba, en especial para tantos bañezanos y bañezanas que como ella fueron víctimas directas o cercanas de aquella represión, y sus descendientes, injusticia y contradicción de la que era consciente (me decía), pero que no podía remediar, pues “el sentimiento pesaba más que la razón”.

Pero tampoco sentía doña Gloria un rechazo “universal” por La Bañeza y todo lo que ella representara, y ya había dejado claro su voluntad y su capacidad de discriminar entre la ciudad “oficial” y algunos bañezanos en los días del inicio de septiembre de aquel mismo año, cuando solicitando desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) por teléfono su ayuda para localizar en Izagre la fosa común en la que terminaron su padre y los demás compañeros de martirio, para exhumar sus restos y entregarlos a sus descendientes que los reclamaban, se desvivió por ayudar a que las restantes familias de los asesinados pudieran también rescatarlos de la fosa, al igual que ya había podido hacer con los de su padre la suya en los años cincuenta. De hecho, sirvió de mucho su decidida colaboración para el hallazgo de “la fosa de los bañezanos” y la exitosa recuperación de los restos que en ella se encontraban.

Vital fue también después la ayuda de doña Gloria para esclarecer importantes detalles relativos a cuántos y quiénes habían sido asesinados con su progenitor al alba de la aciaga fecha, así como algunas de las circunstancias concurrentes, conocidas gracias a los datos e informaciones de primera mano que en las charlas de aquel otoño de 2008 ella me aportara por teléfono. Y en la primavera del año 2010, cuando, identificados los huesos de aquellos malhadados que pudieron serlo, tocaba entregarlos a los descendientes que los anhelaban, de nuevo brillaba la solidaria generosidad de doña Gloria, que, desdiciendo de aquel pretendido rechazo a todo lo que tuviera que ver con La Bañeza, compartía por teléfono con algunos bañezanos familiares de los entonces inmolados la alegría y la satisfacción de cumplir la meta de haberlos hallado, de retirarlos del indigno lugar en que yacían, y de darles adecuado reposo en el cementerio bañezano, en los particulares panteones o en la doble sepultura donada por el Ayuntamiento (cuyas losas y mármoles obsequiaba el responsable de Mármoles San Pedro).

Pero no se quedó solo en esto la benefactora implicación de doña Gloria. Fue más allá (y lo cuento, rompiendo la discreción de que hizo gala y a sabiendas de que no me perdonará por ello, porque –en aras de los matices aludidos- considero de justicia que se sepa): A la hora de costear el monumento que en el lugar de Izagre en el que fueron los once bañezanos masacrados desde abril de 2010 los recuerda y honra su memoria, como el reparto de su importe podía resultar gravoso para las débiles economías de la mayoría de los familiares de las víctimas (a pesar del solidario precio de coste que la firma Mármoles Martí, de Veguellina de Órbigo, fijara), fueron doña Gloria Begué Canton y doña Josefina Alonso Ruiz quienes corrieron con su totalidad.

Descanse en paz doña Gloria Begué Cantón, bañezana de pro que, según y cómo, sí quiso saber de La Bañeza.

Más información en La Bañeza 1936. La vorágine de julio. (Algunas consideraciones previas). León. Ediciones del Lobo Sapiens. 2010. (Y en www.jiminiegos36.com)


Penurias escolares en 1934

Publicado por Ibañeza.es el 30/07/2018 7:17 Comentarios desactivados

A la mitad de enero de 1934, a petición de los maestros (maestra y maestro) regentes de las escuelas unitarias del local de Severino Hernández Cancelas, se colocan en ellas unos cristales; el arreglo del retrete ha de hacerlo por su cuenta el arrendador de los locales, que se dotaban por entonces de estufas y de luz eléctrica, por cuya instalación se abonaban 77 pesetas al industrial Bernardo Canton Blanco, titular de la compañía Electra Bañezana.

Manifestaba por entonces el ministro de Instrucción Pública que el asunto de la calefacción de las escuelas corresponde a los ayuntamientos (por carecer de ella se habían cerrado en Madrid cinco grupos escolares), aunque “por una sola vez y sin continuidad” se ocupará de ello el Estado, que tendrá que rebajar el presupuesto de su departamento al hacerse cargo de los gastos de calefacción de las escuelas municipales, cerradas muchas de ellas en España por negarse los ayuntamientos a pagarla. En La Bañeza en el pleno del 14 de febrero se desechaba la petición de los maestros encargados de las escuelas unitarias de que se les provea de carbón para las estufas recién instaladas. Ya se había desestimado una solicitud semejante de las escuelas graduadas por considerar que el Estado les da consignación para calefacción (en realidad, se dice, 150 pesetas para todos los gastos de atenciones y servicios), y se propone la intervención del delegado municipal en el Consejo local de Primera Enseñanza, el concejal Joaquín Lombó Pollán, y la convocatoria de una reunión del mismo, cosa difícil dice el delegado (no se reunió ni cuando en el otoño de 1933 se clausuraron las escuelas), que añade que funciona irregularmente y manifiesta su deseo de, por ello, dimitir como vocal. Se reconoce que 30 pesetas es poca cantidad para la calefacción de cada escuela, aunque se puede contar, se dice, con la gratificación que por la enseñanza de adultos reciben los maestros.

Maestra y niñas de una escuela en La Cabrera en 1934.

En la sesión municipal del 18 de abril se acuerda realizar las obras necesarias en el pavimento de la escuela de Sacaojos, ya en mal estado bajo el mandato del anterior alcalde, pero que no se reparó por no dilucidar entonces si las obras correspondían al Ayuntamiento bañezano o a la Junta administrativa de la pedanía. Debió de hacerse aquél cargo de su estado, “pésimo (según el informe del arquitecto municipal del 13 de junio) tanto en la planta baja como la casa del maestro, por lo que debiera de construirse otra nueva”, y se acuerda al acabar el mes repararla durante las vacaciones de verano, ya que no se encontró en el pueblo local adecuado para sustituirla, ni tampoco a la vivienda del docente. Ya en agosto, dado que el importe de reparación de la casa-escuela según el proyecto del arquitecto municipal sería sobre una casa ruinosa, lo que representará perderla, se acuerda estudiar la conveniencia de construir un edificio de nueva planta, convocando a tal efecto a la Junta vecinal para ver si tal construcción puede abordarse, y como las posibilidades y condiciones aportadas no satisfacen a la Corporación bañezana (el pueblo acarrearía y cedería la piedra de sus canteras y tres árboles para la madera –ya en diciembre dirán hacerse tan solo cargo del transporte de la piedra-, pero debía ser construida por el Ayuntamiento), después de votarse en el pleno del día 29 se decide esperar a que la construya el Estado, frente a la desechada alternativa de ser levantada por el municipio, que satisface a la minoría socialista.

No eran las únicas escuelas en lamentable estado: por las mismas fechas las de Jiménez de Jamuz, y también las casas-vivienda de los maestros, estaban en completa ruina, y acordaba la Corporación del Ayuntamiento al que la pedanía pertenece vender en pública subasta (con la urgencia que el caso requiere) un solar municipal bien situado y conocido por el Pósito y reformar unas y otras con los fondos obtenidos. A otro de los maestros nacionales en el pueblo se le enviaba con igual premura uno o dos albañiles que a cuenta del Ayuntamiento le recorran y reformen la casa-habitación. Finalizando el mes de julio los corporativos habían ya acordado la necesidad de construir nuevas escuelas, y a mediados de septiembre se aprobaba la cuenta de 300 pesetas por el alquiler en 1932 y 1933 de la casa-habitación y edificio escuela de niñas de Santa Elena de Jamuz a Manuel de Blas del Palacio.

A la mitad de julio la Dirección General de Primera Enseñanza había enviado un aparato de proyección para las Escuelas Graduadas bañezanas, y se denunciaban por entonces desde el semanario socialista astorgano El Combate algunas irregularidades y desatenciones en la primera enseñanza, como eran las de que en Castrocalbón la maestra no apareciera por su escuela, lo mismo que hacía la de Soguillos, en Laguna Dalga, y en La Bañeza redujera su dedicación a ella la maestra que vivía en Astorga y se desplazaba cada día en tren entre las dos ciudades (se trataba de Tránsito Castro González, la esposa del abogado astorgano Olegario Combarros).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Velando por el orden. El 18 de julio de 1936 en La Bañeza

Publicado por Ibañeza.es el 17/07/2018 7:30 Comentarios desactivados

Traemos en esta ocasión los párrafos iniciales del apartado dedicado a lo ocurrido en la citada fecha en la ciudad de La Bañeza, en el contexto y el transcurso de los días del golpe militar de 1936 en la provincia de León y en el país, primicia y anticipo del libro Cuando se rompió el mundo. El asalto a la República en León y sus tierras, en el que venimos trabajando desde febrero de 2014, y que en unos meses estará listo para ser publicado en la editorial leonesa Lobo Sapiens.


El 18 de julio de 1936, sábado, amanecía caluroso, y en La Bañeza los concejales de la Gestora municipal frentepopulista que integraban la comisión especial de aguas constituida el 20 de abril y de la que desde el 27 de mayo seguían formando parte además del Interventor municipal, Norberto Ángel Martínez Mielgo (de Izquierda Republicana, natural de Hospital de Órbigo, soltero, de 31 años, perito mercantil; seguramente en esta fecha su plaza estaba ya vacante por hallarse destinado como Jefe interino de la Sección de Presupuestos en la Diputación de Palencia), Porfirio González Manjarín (albañil, de 35 años, casado) y Eugenio Sierra Fernández, a los que se sumaban entonces Isaac Nistal Blanco (de 54 años, casado, socialista como los dos anteriores, albañil y maestro de obras) y Joaquín Perandones Franco (de Unión Republicana, casado, de 30 años, industrial), estaban convocados por la mañana a una reunión en la Casa Consistorial para tratar una vez más de la sempiterna cuestión de la traída de las aguas y la dotación del alcantarillado a la ciudad, que ahora por fin y desde el empuje con que la nueva Corporación había retomado tras el inicio de su mandato el 15 de abril el problemático asunto tanto tiempo pendiente, se veía factible conseguir. Cuando a finales de agosto la Gestora impuesta por los sublevados triunfantes revise la actuación de aquella última Corporación republicana hallarán un recibo por importe de 991,25 pesetas empleadas en el viaje a Madrid en la misma fecha del 18 de julio de una comisión que integraban tres personas, sin que al respecto hayamos encontrado más noticias sobre la identidad de los comisionados o el objeto de su desplazamiento, que, si se inició o se culminó, debió de hacerse en medio de las crecientes dificultades, desajustes y zozobras que ya aquel día se vivían a lo largo del itinerario que precisarían recorrer.

La mañana de aquel sábado aparecía en el semanario La Hojita Parroquial una esquela en la que “un grupo de patriotas bañezanos” invitaba a las gentes de la localidad a los funerales que por el alma de José Calvo Sotelo, asesinado en Madrid el día 12, se preveía oficiar en la Iglesia de Santa María el lunes siguiente (se efectuarían con toda solemnidad el 26 de agosto). Algunos viajeros llegados aquella fecha en ferrocarril a La Bañeza quedaron allí atrapados unos días, mientras la situación se decantaba y resolvía, como le sucedió a los padres de Santos Izquierdo de la Torre (que tenía entonces 9 años), desplazados desde A Rúa en el tren correo de Galicia porque eran padrinos de una boda (seguramente la de la señorita Felisa Tagarro González y el joven Severiano Pequeño Bobo –propietario de los Almacenes Bobo-, que se celebraría el día 20 en una ciudad ya bien inquieta y agitada, “en la iglesia y sin ser molestados por nadie”), y de los que no supieron nada más hasta el día 31, cortado por los acontecimientos el tráfico ferroviario que no se restablecerá hasta el 30 de julio, después de ser volado en los primeros días de la sublevación (transcurrida la media tarde del 20) en la línea de Palencia a La Coruña, de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, el puente del ferrocarril de Valbuena de la Encomienda por jóvenes izquierdistas de los pueblos de la zona.

Estando reunida la bañezana comisión de aguas, en aquella jornada de calor tan bochornoso como había sido la anterior, tuvieron sus componentes noticias no oficiales (que ya durante la pasada noche se habían ido desgranando), pero no por ello menos preocupantes, sobre la sublevación militar iniciada en Marruecos el día antes por la tarde, y de que en Melilla habían ocurrido algunos disturbios (dirá Eugenio Sierra Fernández, originario de Astorga, de cuyo Teatro fue empresario cuando allí y hasta 1931 residió con su familia, de 42 años, casado, secretario en 1928 de la UGT astorgana, tipógrafo en la imprenta bañezana de la Viuda de M. Fernández, al ser interrogado el 28 de julio), por lo que el alcalde, Ángel González González (natural de Saludes de Castroponce, de 51 años, casado, jornalero, socialista, regidor en funciones desde el pasado 20 de mayo, como primer teniente de alcalde que era, tras la dimisión del titular, el veterinario Joaquín Lombó Pollán, de Izquierda Republicana), “ordenó o previno a los empleados municipales al objeto de que no se alterase el orden aquella noche, y que al día siguiente, domingo 19 de julio, fue aceptado por él y por los demás compañeros de la Corporación el ofrecimiento que les hicieron gran número de obreros de esta población para cortar cualquier disturbio y para defender la causa, digo, el poder constituido”. Uno de aquellos empleados municipales fue Abraham Bécares Rodríguez (natural de Canales y vecino de La Bañeza, socialista de 29 años, casado, tipógrafo y ocupado en consumos desde el inicio de aquel mes), “requerido por el alcalde cuando realizaba su trabajo en unión de otros compañeros, Valeriano Domínguez Carbajo y Manuel Rubio Antúnez, para que en las horas francas de servicio cumplieran el de vigilancia y mantenimiento del orden dentro y sobre todo en los alrededores de la villa” (declaraba el primero en la misma fecha).

El 23 de agosto, interrogado por Pedro Lagarejo Villar, cabo comandante del puesto de la Guardia Civil de La Bañeza (“donde lleva ya tres años destinado, por lo que conoce perfectamente a todo el vecindario”, dirá cuando en noviembre testifique contra una buena parte de quienes lo integraban), lo hará José García González, soltero, de 25 años, socialista, también guarda de consumos desde la misma fecha (destinado como los anteriores en la recaudación de arbitrios; sería uno de los varios separados del servicio poco después), quien dice que el día 18 de julio fue llamado a presentarse en el Ayuntamiento por ser empleado del mismo, y le dijo el alcalde Ángel González[1] que tenía que estar de vigilancia, para lo cual el médico Emilio Perandones Franco (socialista, de 28 años de edad, soltero) le proporcionó una pistola, de color aluminio, que tuvo en su poder hasta el lunes día 20 por la noche, en que se la retiró el acalde para devolvérsela a quien se la diera, confiándole a cambio una escopeta para mantener el orden público, con la que estuvo un día completo por la Plaza Mayor (la entregará al cabo de la Guardia Civil el mismo 23 de agosto cuando junto con otros sea detenido).

A medida que llegaban nuevos datos sobre lo que estaba sucediendo en el país, en medio de la preocupación que aquellos generaban en todos, y especialmente entre los directivos, afiliados y simpatizantes de las entidades republicanas e izquierdistas locales, algunos bañezanos se fueron acercando al Consistorio a lo largo del sábado, día 18, para ponerse a disposición de la Corporación y prestarle su apoyo. Así lo hizo Cecilio Toral de la Fuente, de 23 años, soltero, estudiante (lo había sido del cuarto curso de Magisterio, Plan de 1931, en el recién finalizado, y dependiente de comercio en el de Alberto Valderas Castro), secretario de Unión Republicana, partido que como tal formó parte del Frente Popular (“roto en el mes de mayo en La Bañeza por desacuerdo entre las organizaciones que lo integraban”, puntualizará en su declaración ante el comandante militar de la Plaza el 14 de agosto, cuando sea uno de los numerosos encausados por los sucesos de “los días de julio”), que se ofrece moralmente, y no materialmente por ser inútil para manejar armas. Alguno entre tantos como serían sumariados por tales sucesos, Mariano Medina Alvarado (que corrobora la ruptura hace dos meses del Frente Popular[2], al que por Izquierda Republicana –IR- dice pertenecer desde las elecciones de febrero), soltero, de 23 años, empleado de banca, asegurará no haber intervenido en ellos entre los días 18 y 21 por haber estado trabajando en las oficinas del Banco Urquijo Vascongado, del que es asalariado “desde hace unos doce años, cuando entró de botones” (es también afiliado de la Asociación de Empleados de Banca, afecta a la UGT).

Ourense, 15 de julio de 2018.


[1] Lo apodaban “Chepa González”, propietario del kiosco de prensa que en la Plaza Mayor –al lado del templete- atendía su hijo Ángel, y “quien todas las mañanas, antes de incorporarse a las tareas propias de su cargo en el Ayuntamiento, llevaba personalmente El Debate, La Nación o el ABC a sus abonados”.

[2] Se habría producido coincidiendo con la dimisión el 20 de mayo del alcalde Joaquín Lombó Pollán y los gestores Toribio González Prieto y Leopoldo Bahillo Melero (ambos también de IR) que con él renunciaron a seguir formando parte de la Comisión Gestora nombrada el 13 de abril por el gobernador civil. Al parecer, también había notables desavenencias y disensiones internas ya desde primeros de abril en IR de León. Joaquín Lombó había militado en el viejo (fundado en 1912) Partido Republicano Autónomo Leonés –o Alianza Republicana- antes del advenimiento de la Segunda República.

Más información en www.jiminiegos36.com

Franco y otros generales rebeldes. / Foto: Archivo


Las andanzas en Astorga del Príncipe Abisinio (III)

Publicado por Ibañeza.es el 25/06/2018 7:41 Comentarios desactivados

LAS RELACIONES CON LA SEÑORITA ASTORGANA.

Las relaciones con la señorita astorgana dieron comienzo a los pocos días de haber llegado a Astorga licenciado del Tercio. El carácter simpático y bondadoso del príncipe hizo ver en la señorita un personaje a quien adornaban bondades extraordinarias. Las relaciones que éste había adquirido en la aristocracia le sirvieron de mucho para lograr el objetivo que se había propuesto. No bien la conoció mostró deseos de acompañarla. Esta aceptó la propuesta aunque nos consta que nunca tomó en serio las pretensiones del supuesto heredero de Etiopía. En Astorga, como ya hemos dicho, Shevington frecuentaba los centros de la buena sociedad, y esto le proporcionaba ocasión de acompañar con más frecuencia a su deseada. A los pocos días marcha a la Toja esta señorita, y a continuación el supuesto príncipe a Córdoba.

El Diario de León.- 14 de octubre de 1935. (Lunes).

LA AVENTURA DEL PRÍNCIPE ABISINIO EN TIERRAS LEONESAS.

Descarrila el tren en Plasencia y hay muertos y heridos.

Generosa correspondencia con la señorita astorgana.- Esta rompe las relaciones.- Shevington es el verdadero príncipe de Abisinia, según “Diario de Madrid”.

Después de la información publicada en el último número relativa al príncipe abisinio hemos de concretar algunos puntos más, para que se vea que no es pura fantasía. De este asunto se han ocupado otros periódicos de Madrid, y en especial “Diario de Madrid”, con la diferencia de que ellos han hecho alusión a la estancia de Shevington en nuestra provincia, que es para nosotros lo que más interés despierta.

El supuesto heredero del trono etíope la segunda y última vez que estuvo en Astorga, pasó de un mes, durante el cual alternó con la aristocracia de la población. En el Casino de Astorga, y allí debe constar en acta, se dio un festival en su honor al que acudió muchísima gente.

 

Fotografía utilizada para alistar voluntarios en la conquista de Abisinia.

SE ESCRIBIÓ DURANTE MUCHO TIEMPO CON LA SEÑORITA.

En la última información ignorábamos si la correspondencia que había tenido la señorita astorgana había sido mucha y frecuente; hoy sabemos que fue copiosísima y que duró no solamente el tiempo en que estuvo enfermo en Córdoba y en Inglaterra, adonde según él fue reclamado por su país, sino después de haber regresado a Etiopía. El supuesto príncipe en todas las cartas se expresaba en términos encomiásticos para España.

EL PRÍNCIPE EN PELIGRO.

Sabemos de fuente muy autorizada que la correspondencia con la señorita astorgana, de quien dejamos hecha mención, comenzó tan bien hubo salido de Astorga, desde Plasencia envió la primera carta a la futura emperatriz, y esto obedeció a que el tren en que viajaba descarriló en las inmediaciones de la población dicha, descarrilamiento que tuvo graves consecuencias, ya que en él perecieron algunas personas y hubo bastantes heridos. El exlegionario no podía menos de comunicar a aquella en quien había puesto sus ojos la noticia de que había salido ileso del accidente.

Desde Córdoba fueron muchísimas las cartas que escribió y lo mismo desde Londres y Abisinia.

COMO CESARON LAS RELACIONES.

Las relaciones que se prolongaron bastante tiempo cesaron por voluntad expresa de la señorita astorgana. Esta, que nunca había tomado en serio las cosas, tampoco quería ser protagonista de una aventura.

¿ERA EL VERDADERO PRÍNCIPE?

Ya queda expuesto que era el príncipe de Abisinia, pero si esto fuera poco, copiamos a continuación lo que dice en una información el “Diario de Madrid

“…entre los hijos de Menelik II figuraban el padre del príncipe Shevington y la que hoy es emperatriz de Abisinia. Poco antes de la muerte del invencible Negus, Shevington había quedado huérfano, de manera que al desaparecer el rey le correspondía el trono etíope. Como aún era un chiquillo se nombró regente a su tía carnal, a la mujer del poderoso “Ras” Tafari, hoy Rey de Reyes, y el pequeño Shevington quedó encomendado al cuidado de varios fieles de Menelik. La regente y su marido se aposentaron en Addis Abeba. Pronto comenzaron a tejerse intrigas entre los altos funcionarios de la corte negra, intrigas a las que, según parece, no era ajeno el regente consorte, que tendía a desplazar definitivamente de la gobernación del Estado al nieto de Menelik, vinculando el poder a una nueva dinastía que comenzaría con los entonces regentes.

El “ras” Tafari, hombre decidido, inteligente y dominador, viéndose cerca del trono se propuso llegar hacia él. La regente nada podía hacer en contra, pues según las costumbres feudales, imperantes en Abisinia, no era sino un instrumento dócil en manos del marido.

Por todos estos datos que anteceden y otros el supuesto príncipe que el año 1924 estuvo en Astorga es a quien correspondería ser en la actualidad el verdadero emperador de Etiopía.

Así lo creyó el Gobierno español que entonces estaba al frente de los destinos del país, en primer lugar licenciándole de la Legión, sin haber cumplido el compromiso, y más tarde dándole toda clase de facilidades, durante la estancia en nuestra nación.

Los periódicos que dieron la noticia de su marcha a Inglaterra así lo creyeron al dar la noticia.

Aunque ahora no se habla de él es casi seguro que se encuentra en Abisinia presenciando la guerra que se ha desencadenado en su país.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Las andanzas en Astorga del Príncipe Abisinio (II)

Publicado por Ibañeza.es el 4/06/2018 7:53 Comentarios desactivados

VUELVE A ASTORGA.

Su licenciamiento tuvo lugar aproximadamente por el mes de marzo del año 1924 y a los pocos días volvió a Astorga. En este viaje venía acompañado de otro personaje llamado Ricardo, que parece que era español y venía con el supuesto príncipe en concepto de secretario particular. Tal vez hubiera sido compañero de armas en la legión.

Esta segunda y última vez llegó en automóvil, que decía era de su propiedad. Su primera visita fue para el señor Rubio y familia. Aseguraba que venía exclusivamente a ver a sus amigos, a quienes nunca podría olvidar. Durante su estancia en la ciudad maragata hacía ostentación de hombre adinerado; frecuentaba los lugares a los que iba la alta sociedad, teatros, casinos, etcétera. Fue cuando ya manifestó que era príncipe y que pronto sería proclamado emperador de su país.

Al principio todo lo que decía se tomaba a chacota, pero más tarde fue propagándose la idea de que se trataba de un personaje que encerraba algún misterio.

¿TENÍA NOVIA EN ASTORGA?

La amistad que tenía con el industrial chocolatero le obligó a confesar que sentía verdadera predilección por una señorita astorgana, cuyo nombre nos está vedado decir; pero si podemos afirmar que aquella señorita pertenecía a la buena sociedad astorgana y que se ha casado hace varios años.

Al principio ésta, como las demás astorganas, tomaba al supuesto príncipe por un personaje extraño, a quien no podía dar ninguna clase de crédito; pero a medida que pasaban los días fue creciendo en ella la idea de que se trataba de un personaje poderoso. No debió de desagradar a la señorita el antiguo legionario, pues como más adelante veremos, sostuvo relaciones con él y hasta se cambiaron cartas entre ambos, durante la estancia del supuesto príncipe en Córdoba. No sabemos a ciencia cierta el tiempo que este personaje estuvo en esta segunda y última vez en Astorga, pues, como decimos anteriormente, su “mejor amigo” el señor Rubio Valcarce que es quien podría facilitar datos completos ha fallecido.

MARCHA DE ASTORGA.

De Astorga se ausentó con la firme promesa hecha al señor Rubio de volver nuevamente, al mismo tiempo que le hacía proposiciones para ir a Abisinia, donde él procuraría darle un alto cargo. Marchó a Córdoba y, en esta ciudad, una enfermedad le retuvo en cama bastante tiempo. Desde esta población escribió distintas cartas al señor Rubio. En todas le trataba como a su intimo y mejor amigo.

PADRINO DE UNA NIÑA.

La amistad que sostuvo con el señor Rubio llegó a tal grado que prometió apadrinar a una hija de éste que nació por aquellos días en que se encontraba enfermo en Córdoba. El señor Valcarce aceptó la proposición y, aunque al acto del bautizo no estuvo presente el futuro emperador de Etiopía, en el registro figura como padrino dicho personaje.

LA PRIMERA CARTA.

La primera carta que conserva la viuda del señor Rubio, doña Aurelia Murias, es una que tiene fecha de 25 de septiembre de 1924. Está fechada en Córdoba. En ella se interesa por la señorita astorgana con quien se suponía sostenía relaciones. Después de manifestar que la había enviado dos telegramas, se expresaba de este modo refiriéndose a la supuesta novia: “Para ella será un sueño el que yo me case con ella, pero no lo es sino que para mí la dicha mayor consistirá en que desease ceñir sobre sus sienes la corona de Abisinia”.

El 29 de septiembre escribe otra carta al señor Rubio. Le anuncia que en breve saldrá para América, pero antes quiere pasar por Astorga. Muestra sus deseos de que su presunta novia sea madrina de una niña que por aquellos días había nacido al señor Valcarce, y termina diciendo que, una vez restablecido, vendrá a Astorga.

Pocos días después se efectuó el bautizo, sin que se cumplieran los deseos del supuesto heredero de Etiopía. No obstante esto la señorita astorgana figura como madrina de Covadonga, que así se llama la ahijada de Shevington.

LA ÚLTIMA CARTA.

Fotografía utilizada para alistar voluntarios en la conquista de Abisinia.

Durante aquellos días envió varios telegramas a los señores Rubio, y el día cuatro de octubre escribe la última carta que doña Aurelia Murias conserva en su poder. Manifiesta mucho sentimiento porque no fue madrina de Covadonga la señorita por quien él mostraba tanto interés, pero espera que la consideren como tal. Agrega en la carta: “Pasado mañana, domingo, salgo para Algeciras y continuaré el viaje a Londres, para ventilar asuntos importantes de mi país con aquel Gobierno”.

Esta es la última carta que obra en poder de doña Aurelia, aparte de una tarjeta que también envió, con el escudo imperial de Abisinia. Aunque en esta última carta prometía a los señores de Rubio venir nuevamente a Astorga, no lo hizo, acaso porque la señorita en quien había puesto sus ojos no correspondía a sus amores.

FESTEJOS EN ASTORGA.

Durante su estancia en Astorga se efectuaron algunos festejos en su honor. Al pronto no se tomaba en serio lo que decía, pero más tarde adquirió visos de certeza en Astorga la idea de que era el verdadero emperador de Etiopía.

LA MARCHA DEL EX LEGIONARIO.

Por aquellos días marchó a Londres como indicaba en la última carta que escribió al señor Rubio. Un periódico de León baba la noticia en los siguientes términos: “Completamente restablecido de la enfermedad que le aquejaba marchó de Puerto Real a Cádiz, donde tiene su residencia, el príncipe Shevington de Abisinia. Fue despedido por las autoridades y personalidades más salientes de la población. Durante su estancia en Puerto real fue objeto de numerosos agasajos y muestras de atención.

Por orden telegráfica del ministro de la Guerra al capitán general de la Región y de éste al Gobernador Militar de Cádiz, partió a Puerto Real un médico militar para atender y trasladar al príncipe de Abisinia en caso de que su enfermedad lo requiriese.

Su Alteza agradeció mucho el ofrecimiento oficial y no hizo uso de él por encontrase ya restablecido”.

He aquí como se expresó uno de los periódicos que dio la noticia de su enfermedad. Claramente se deduce que el Gobierno español no había tomado el caso como uno de tantos que se presentan. Este supuesto príncipe hasta para el Gobierno era el futuro emperador de Etiopía.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Las andanzas en Astorga del Príncipe Abisinio (I)

Publicado por IBAÑEZA.ES el 21/05/2018 7:07 Comentarios desactivados

A la mitad de agosto de 1935 Italia continuaba con el embarque de tropas para Abisinia, enviadas por Mussolini, por cierto, al igual que los cañones para aquella conquista, con las bendiciones del romano pontífice Pío XI (a pesar de que la Sociedad de Naciones considera a Italia país agresor y le impone sanciones económicas), y gran cantidad de españoles se han inscrito en su consulado en Barcelona como voluntarios en el ejército italiano para tomar parte en la segunda guerra contra Etiopía (la primera se había dado entre los años 1895 y 1896, cuando la invasión italiana del país, uno de los pocos casos exitosos de resistencia armada al colonialismo europeo del siglo XIX), en la que nuestro país se declarará neutral, se noticiaba el día 24, aunque como dirá Julio Camba en ABC, habrá aquí los bandos de los italianistas y los etiopistas, posicionados “no tanto por deseo de exterminar a la otra nación, como por afán de degollar al otro bando, al de derechas favorable a Italia el de izquierdas que se proclama a favor de Etiopía”, si bien, y como afirma aquel cuyo pseudónimo es K-Vernícola en El Adelanto del 19 de octubre, “muchos de los entusiastas del Negus no lo son por devoción a los abisinios, sino porque Roma está en Italia; y ni siquiera porque allí está Mussolini, sino porque en ella está el Papa”, al tiempo que “muchos italianos en edad militar abandonan el país ante el temor de una movilización general con motivo de aquel enfrentamiento”, mientras en España, al decir de El Diario de León, “las disensiones socialistas cada día son más hondas, y sigue el partido dividido en tres tendencias: las que comandan Prieto, Besteiro y Largo Caballero”.

Fotografía utilizada para alistar voluntarios en la conquista de Abisinia.

Se rompen el 3 de octubre las hostilidades entre Italia y Abisinia, que decretaba la movilización general. Las tropas italianas avanzan sobre Ardua, y se producen numerosos muertos y heridos en los primeros combates. Lo relacionado con el país africano, invadido por Italia, estaba de actualidad, y narra El Diario de León el día 12 el episodio vivido hace unos años en la provincia leonesa por quien pretendía ser el verdadero emperador de Etiopía, que sostuvo cordiales relaciones con un industrial de Astorga y hasta estuvo a punto de hacer emperatriz de Abisinia a una bella señorita astorgana, “el negro príncipe Shevington, un personaje de leyenda que por enemistades e intrigas de la corte etíope huyó a Europa, donde estuvo en la guerra europea a las órdenes de Francia, pasando a primeros de 1921 por nuestra provincia trabando en Astorga amistad con el industrial chocolatero José Rubio Valcarce, desapareciendo al poco de la capital maragata para alistarse por cinco años en la Legión Extranjera cuando estaba reciente en el protectorado español el desastre de Annual, aunque estuvo enrolado solo tres, volviendo por Astorga a su licenciamiento en marzo de 1924 para visitar al señor Rubio y su familia acompañado de su secretario, con un lujoso automóvil, haciendo ostentación de hombre adinerado, y sintiendo verdadera predilección por una señorita astorgana perteneciente a la buena sociedad y que se ha casado hace varios años”, con la que mantendría un noviazgo e intercambiaría cartas desde su estancia en Córdoba, donde una enfermedad le retuvo en cama bastante tiempo. A la novia le llegaría a ofrecer ceñir la corona de Abisinia, y al señor Rubio, su amigo, a quien le apadrinaría una hija llamada Covadonga nacida por entonces, un alto cargo en aquel reino.

Durante su estancia en Astorga se celebraron algunos festejos en su honor, prometiendo a primeros de octubre de 1924 volver allí después de su viaje a Londres, lo que no hizo “acaso porque la señorita en quien había puesto sus ojos no correspondía a sus amores”. Dos días después concretaba el mismo periódico “algunos puntos más, para que se vea que no es pura fantasía”, tomados de lo que a este asunto habían dedicado otras publicaciones madrileñas, y en especial el Diario de Madrid, concluyendo que “el supuesto príncipe que el año 1924 estuvo en Astorga es a quien correspondería ser en la actualidad el verdadero emperador de Etiopía”, y que “aunque ahora no se habla de él es casi seguro que se encuentra en Abisinia presenciando la guerra que se ha desencadenado en su país”, una lucha que se hacía cada día más dura (se dice el 22 de noviembre): los abisinios combaten con el sistema de guerrillas y los italianos bombardean.

En el anterior relato, resumido, hemos recogido lo que El Diario de León publicaba por aquellas fechas, cuya trascripción literal es la que sigue:

El Diario de León.- 12 de octubre de 1935. (Sábado).

EL EMPERADOR DE ETIOPÍA POR TIERRAS LEONESAS.

Sostuvo cordiales relaciones con un industrial de Astorga y hasta estuvo a punto de hacer emperatriz de Abisinia a una bella señorita astorgana.

El Gobierno español también le tenía en concepto de príncipe, cuando fue licenciado del tercio.

Todo lo relacionado con Abisinia tiene hoy actualidad por eso adquiere relieve entre nosotros los leoneses, un episodio vivido en nuestra provincia por un personaje que pretende ser nada menos que el verdadero emperador de Etiopía. Se trata de Shevington, príncipe etíope que más que príncipe parece un personaje de leyenda. Es casi seguro que este personaje es el verdadero emperador de Abisinia, por ser nieto de Menelik II, que a su muerte dejó dos hijos: la actual emperatriz de Etiopía y el padre de Shevington que falleció cuando este contaba muy pocos años de edad. A la muerte de su padre, como era muy niño, fue nombrada regente la esposa del hoy emperador de Etiopía. No se sabe de seguro si por intrigas habidas en la Corte o por otras causas, lo cierto es que Shevington enemistado con el emperador y altos dignatarios de la Corte, huyó a Europa, donde estuvo en la guerra europea a las órdenes de Francia.

VISITA POR PRIMERA VEZ ASTORGA.

Poco después de terminada la guerra europea, hacia primeros del año 1921, el supuesto príncipe estuvo en nuestra provincia. En Astorga trabó amistad con el entonces industrial chocolatero don José Rubio Valcarce. Este industrial ha fallecido hace aproximadamente siete años, por lo que hemos tenido que valernos de segunda persona para adquirir los datos de cuanto se relaciona con la estancia de este personaje en la capital maragata. No bien llegado a la ciudad la casualidad quiso que el supuesto príncipe hablase con el industrial citado, a quien desde entonces al decir de él mismo, tuvo por el mejor amigo.

Por aquellos días tuvo frecuentes entrevistas con el señor Rubio, de las cuales conservó siempre el negro un grato recuerdo. A los pocos días desaparecía de la capital maragata para alistarse en la legión, ya que por entonces había tenido lugar en nuestro protectorado español el llamado desastre de Annual.

EN LA LEGIÓN.

Alistado en la legión siguió conservando un grato recuerdo del señor Rubio, a quien escribió varias cartas. De estas no se conserva ninguna, aunque si otras, que más adelante daremos a conocer a nuestros lectores. En la legión firmó un contrato por cinco años. A los tres se licenció y parece ser que el licenciamiento obedeció a gestiones de Gobiernos extranjeros, probablemente del inglés, aunque esto no ha podido ser bien aclarado. Lo cierto es que a la familia del señor Rubio, a quien vino a visitar más tarde, confesó que su licenciamiento obedecía a una reclamación diplomática.

Su licenciamiento fue presenciado por numerosos legionarios que despidieron a su antiguo compañero dándole los honores de príncipe.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Las rendijas de la desmemoria (en La Bañeza y Astorga)

Publicado por Ibañeza.es el 9/05/2018 7:35 Comentarios desactivados

Traemos hoy a este espacio la reseña de un libro de ahora sobre lo que, principalmente en La Bañeza y en Astorga, ocurrió antaño. Se trata de la obra Las rendijas de la desmemoria, de la antropóloga de raíces bañezanas y astorganas Lala Isla Ortiz (descendiente de una familia de la pequeña burguesía comercial de La Bañeza marcadamente conservadora, y de otra de Astorga no menos pequeñoburguesa, aunque más liberal), un muy meritorio y enjundioso trabajo que, después de no pocos años de minuciosa y cuidada artesanía, ve ahora la luz.

Estamos ante el esmerado fruto de una labor arriesgada, valiente, y también dolorosa, como sin duda es el ejercicio de introspección y desnudez personal y familiar que la autora practica, a la vez que magistralmente enfrenta y contrapone al menos dos de las diversas memorias existentes (lo que en su familia le contaron y lo que más tarde y por sí misma descubrió) sobre lo acontecido –esencialmente en las dos ciudades de sus orígenes- en la pasada guerra civil y la posguerra: la durante tanto tiempo oficial y única de los vencedores y los usufructuarios de la victoria, y la de los vencidos y olvidados, un contraste del que, con verbo ágil, ameno y acertado, hace surgir un libro que es, por cierto, comparable en importancia y calidad a los titulados Habíamos ganado la guerra y Confesiones de una vieja dama indigna, brotados hace ya años de la crítica pluma y los recuerdos y vivencias de otra significada hija de familia vencedora, como fue la catalana Esther Tusquets, criada también a la sombra del régimen nacido del golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

Poco más cabe decir de la obra que ahora nos regala Lala Isla, sobre todo después de lo que el insigne historiador e hispanista Paul Preston remarca en el Prólogo de la misma, sobrada garantía de que nos hallamos ante un libro excelentemente concebido, riguroso y solvente, de interés para tantos, especialmente –pero no solo- en La Bañeza y Astorga, y digno de ser leído. Con los  merecimientos que semejante maestro de historiadores le señala dejamos al lector:

 

Portada del libro de Lala Isla.

Las rendijas de la desmemoria (Prólogo de Paul Preston)

Hace ya más de quince años, me llegó un libro de Lala Isla.  Se trataba de un trozo de autobiografía con el título intrigante Londres, pastel sin receta.  En ella contaba las peripecias de una joven española que aterrizó en el Reino Unido en los años setenta, pero el libro alcanzaba mucho más que eso.  A lo largo de una narrativa graciosísima, presentada con un estilo que vibraba de vida y color, ofrecía unas observaciones agudas de las inmensas diferencias sociales y culturales entre la España del tardofranquismo y la Gran Bretaña del primitivo Thatcherismo.  Lo que logró aquel libro tan divertido fue hacer que una materia seria llegara a mucha más gente que lo usual en un tema de esa índole. Al describir las enormes diferencias entre las dos sociedades, sobre todo en cuestiones relacionadas con el matrimonio, la familia y la educación, logró confeccionar un estudio sociológico de gran utilidad, además de una crónica de la decadencia británica, el descenso de la grandeza imperial hacia un país con rasgos del tercer mundo.  Fue un estudio en el cual sustituía con humanidad y humor el tono paternal y el estilo seco de los textos académicos.  Además se trataba de un libro muy profético que anticipaba ciertos aspectos de la sociedad británica empobrecida cultural, social y económicamente que se vería años después por todo el proceso del Brexit.

Conociendo lo que acabo de contar, no tenía la más mínima duda de que Las rendijas de la desmemoria, esta segunda entrega de la autobiografía de una mujer extraordinaria, sería igualmente esclarecedora y ocurrente aunque necesariamente bastante menos humorística.  Y así es.  La capacidad de observación de la autora se moviliza ahora para contar lo que vio y lo que vivió al criarse en el seno de una familia extendida procedente de Astorga y La Bañeza a partir de mediados de los años cuarenta.  Considerándose tanto su familia paterna como la materna fiel a la causa denominada nacional, la historia contada por Lala Isla refleja, por una parte, el ambiente de silencio de su niñez y adolescencia y, por otra, el proceso a través del cual empezó a cuestionar lo que le habían contado como la historia real de sus familiares y de sus dos ciudades.

Al hacer esto, Lala Isla consigue construir una antropología social de la España de los años de su infancia y adolescencia vista desde la atalaya de una familia de derechas.  Uno de los ejemplos chocantes del control social de la clase dominante que nos ofrece es la reacción de su abuela paterna cuando un día una de sus empleadas domésticas llegó llevando un sombrero, prenda que no solían llevar las obreras.  La abuela la despidió en el acto.  La primera parte del libro está llena de semejantes anécdotas ilustrativas mientras la segunda se centra en algo mucho más dramático. Lo que descubrió Lala Isla al husmear en la historia de su familia y sus pueblos puede colocarse al lado de los estudios minuciosos de José Cabañas González sobre los horrores de la guerra civil en La Bañeza y el libro espeluznante de Ramón Sender Barayón -Muerte en Zamora- sobre la matanza de su madre, Amparo Barayón, la esposa de Ramón J. Sender, (uno de los ejemplos más extremos de la represión sobre los inocentes en Zamora, como en tantos lugares de Castilla y León).

Lala cita la frase de su padre ‘aquí no pasó nada durante la guerra’ que planta la duda de si reflejaba más bien un deseo suyo de que no hubiera pasado nada o un deseo de que no se descubriera lo que había pasado de verdad.  Esta frase recuerda el título irónico de otro de los libros más impresionantes sobre la represión franquista durante la guerra y después.  Me refiero a Aquí nunca pasó nada, de Jesús Vicente Aguirre González sobre La Rioja, provincia tan conservadora como Zamora, no muy lejos de León, con un elevado grado de soterrada tensión social, y con unas experiencias semejantes.  Allí, como en León, la derecha se hizo con el control con pasmosa facilidad ya que solamente tuvo en frente la débil resistencia de grupos de izquierdas desarmados y luego se llevaron a cabo muchas matanzas, la mayor parte de ellas extrajudiciales.

Con una ambición, como ella dice, de descerrajar el silencio, la autora nos lleva al fondo de lo nunca dicho, de lo escondido o silenciado, no solamente en su familia y en su entorno sino en docenas de miles de familias en las cuales, por diferentes razones, se consideró más prudente callar lo que se había visto y sufrido.  No sé si es apropiado para un libro tan perturbador hablar del encanto de su estilo tan ameno.  Sí se puede elogiar su originalidad, que se encuentra en ese contrapunto de dos tipos de realidad, lo que a Lala Isla le contaron durante su infancia y adolescencia y lo que a base de muchas lecturas y entrevistas conseguidas a veces con alguna dificultad ha podido averiguar. Así ilumina lo que pasó en términos de las palizas y tortura, prisión y muerte, que fueron el destino de izquierdistas, de los asesinatos de mujeres republicanas, y de las experiencias de las esposas de los leales ejecutados sometidas a frecuentes vejaciones como afeitarles la cabeza, obligarlas a beber aceite de ricino y otras formas de humillación sexual.

Cuando el lector de este libro sigue los descubrimientos de Lala Isla, comprende inmediatamente que su padre decía ‘aquí no pasó nada durante la guerra’ porque tenía razones de sobra para que no se descubriera lo que había pasado de verdad.  Entre las cosas dolorosas que reconstruye minuciosamente se cuenta la participación de su padre, su abuelo y uno de sus tíos en una algarada callejera muy violenta en la primavera de 1936. Los tres, falangistas de pro, después de haber atacado a unos obreros dejando a uno medio muerto, fueron a su vez agredidos por izquierdistas del pueblo.  El padre de Lala siempre había dicho que ‘los rojos’ les habían atacado a los tres simplemente porque eran señoritos.  Ella ha desentrañado ahora la verdadera historia.

Narra luego otros detalles de la represión de la guerra en La Bañeza que me recuerdan muchas historias semejantes que me indignaron mientras escribía mi libro El holocausto español.  Especialmente triste, aunque lejos de ser descomunal, es lo que cuenta de la detención del republicano, inocente de cualquier crimen, Joaquín Perandones cuando iba por la calle con su mujer y su hija pequeña.  Pidió llevarlas antes a casa y el guardia le respondió fríamente con un comentario que expresaba la crueldad usual de los represores: ‘Déjelas, que vayan solas, que así se van acostumbrando’.  Entre las historias realmente espeluznantes contadas sobre la brutalidad contra las mujeres figura la que pasó a un matrimonio de maestros del pueblo zamorano de Benavente, al sur de La Bañeza.  Fueron asesinados por unos falangistas bañezanos y luego tirados al río Órbigo.  Antes de hacerlo, le cortaron un pezón a la mujer y el mismo día uno de los asesinos que lo hizo paseaba por la cárcel con el pezón pinchado en la solapa, recién cortado con la sangre casi fresca.

Una muestra de lo minucioso del trabajo de desmitificación llevado a cabo por Lala Isla es cómo desmonta la leyenda franquista respecto a las tres enfermeras astorganas que murieron en el frente de Somiedo, tema que también está investigando Mercedes Unzeta, sobrina de una de ellas.  Siendo tres mujeres jóvenes y guapas de la burguesía de Astorga, la manera de su muerte fue tergiversada para explotarla como una leyenda del martirologio político-religioso.  De hecho, como muestra nuestra autora, las tres, hechas prisioneras, sí que sufrieron una muerte horrible, ametralladas con otros presos por una mujer republicana enloquecida por la muerte de su marido.  Sin embargo, la muerte de las tres inocentes enfermeras fue convertida por la propaganda franquista en una muestra de la supuesta bestialidad de ‘las hordas rojas’.  Se inventaba una historia en la cual las tres mujeres fueron violadas repetidamente para luego ser fusiladas desnudas.  Esto no solamente fue la versión ventilada por la prensa local sino que fue la base de un libro de Concha Espina, Princesas del Martirio, publicado en Barcelona en 1940, un libro que la novelista escribió bajo el enorme chantaje de las autoridades franquistas, que habían detenido a un hijo suyo al que amenazaban con fusilar.  El sobrino de una de las enfermeras, apoyado por la Iglesia de Astorga, trata ahora de beatificar a las tres, intento al que no se ha sumado al menos una de las familias.  Como muestra Lala Isla con su característica sensibilidad, todo el proceso fue muy doloroso para las tres familias respectivas.

A pesar de la gravedad tremenda del contenido, y la seriedad con que está contado, Las rendijas de la desmemoria no deja de ser un libro de Lala Isla.  Por tanto, no faltan los destellos de humor o los brotes de nostalgia por el pasado, como por las bragas de perlé.  Entre cientos de detalles reveladores que llaman la atención está la anécdota de escuchar a su madre y una tía hablar de Franco ‘sin un respeto o cariño especial pero tampoco con miedo o aprensión’.  Y esto ¿por qué?  Porque aparte de haber ganado la guerra y ‘tranquilizado al país’, a ojos de muchas mujeres de ‘buena familia’, Franco no dejó de ser un provinciano que había dado un braguetazo, casándose por encima de sus posibilidades con una señorita de pretensiones aristocráticas que a fin de cuentas usaba la misma modista que ellas. También nos evocan Londres, pastel sin receta los irónicos comentarios feministas que alumbran sobre el papel doméstico de la  mujer en el franquismo (por no decir en la actualidad).  Se trata, en fin, de un libro magnífico basado en la historia personal pero que arroja muy lejos su luz, máxime por la originalidad de su enfoque.

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El libro de Lala Isla, Las rendijas de la desmemoria, publicado en la leonesa Ediciones del Lobo Sapiens, se presenta por su autora en León, en la Biblioteca Pública (calle Santa Nonia, 5), el próximo día 11 de mayo, viernes, a las 19.30 horas. Desde dicha fecha estará presente en librerías. Está prevista su presentación en agosto en La Bañeza y Astorga.


Cuando las Misiones Pedagógicas visitaron Astorga y La Bañeza

Publicado por IBAÑEZA.ES el 23/04/2018 7:23 Comentarios desactivados

Surgía en 1907 la iniciativa de las Misiones Pedagógicas, consistente en excursiones de carácter científico, conferencias y otros trabajos dirigidos a difundir la cultura por los pueblos. Ya en el Congreso Nacional Pedagógico de Valencia de julio de 1909 se trata sobre intercambio escolar y misiones pedagógicas, y un Real Decreto de mayo de 1910 recomendaba a los inspectores de enseñanza organizar conferencias y misiones pedagógicas para interesar a los elementos sociales en favor de la escuela primaria, mientras en febrero de 1912 también en Valencia se propone que las segundas se desplacen a los pueblos “con el fin de mejorar las costumbres y desterrar la ignorancia, origen de las mayores perturbaciones sociales”, una realización que resultó difícil en los años posteriores a pesar de las buenas intenciones y los intentos de llevarla a cabo, como los de la Asociación de Misiones Pedagógicas en el mismo año 1912, o la Comisión nombrada el 6 de marzo de 1931 para organizar y dirigir una misión pedagógica para “llevar por España un curso de perfeccionamiento ambulante”, y que, ya constituida, no pudo cumplir su propósito al proclamarse el 14 de abril la Segunda República, en la que las Misiones Pedagógicas se re-crean, se potencian y se expanden (también desaparecen antes de la guerra civil casi del todo), un logro cuya culminación se puede considerar republicano y del que se beneficiaron numerosos pueblos de la diversa geografía hispana, aunque ya en agosto de 1919 se celebraban en lugares como Sahagún conferencias ambulantes en sesiones de mañana, tarde y noche, recibidas por los encargados de las Misiones Pedagógicas en aquel partido, ante un numeroso auditorio y en las que participa, entre otros, el director de la Escuela Normal de Maestros de León.

Con el Teatro del Pueblo, eran el cinematógrafo y las proyecciones fijas (especialmente el primero; las segundas se usan sobre todo en relación con el Museo Circulante) el auxiliar más poderoso de la actuación misionera en las poblaciones visitadas. De las películas del amplio fondo disponible sobre variada temática se proyectaron en Astorga 18 de los días 22 al 25 de diciembre de 1933, y otras tantas en Val de San Lorenzo, en Nistal y San Román de la Vega, en algunas fechas (que no constan en la Memoria) del mismo mes y año. El 8 de abril de 1934 volvieron las proyecciones a Quintanilla, donde se pasaron tres películas, y el 2 y 3 de noviembre se llevaban ocho a La Baña, además de las seis incluidas en el cursillo agronómico que el 21 de diciembre se impartía en Ponferrada. Algunas de aquellas proyecciones se usaron en los pueblos de La Cabrera como instrumento de lucha por la mejora de la higiene infantil, unidas a conferencias y folletos que perseguían desterrar el vino de la dieta de sus niños y frenar su excesiva mortandad.

El pintor Ramón Gaya en el Museo Ambulante de las Misiones Pedagógicas. La imagen bien pudo haberse tomado en La Bañeza.

Del 7 al 13 de agosto de 1933 una exposición de la primera de las dos colecciones de pintura del Museo Circulante visitó Benavente (a donde llegaba después de estar en Toro). Desde Madrid, el Patronato de Misiones Pedagógicas había propuesto el 24 de julio de 1933 a la alcaldía bañezana traer el Museo de Pintura Circulante del 12 al 19 de agosto, y solicitaba local y medios para su instalación, cediéndose para ello el propio salón del consistorio (que sufraga los gastos) al tiempo que se encargaba al Consejo local de Primera Enseñanza organizar la exposición. El 11 de agosto comunicaba el Patronato que retrasaría su instalación en unos días por desplazarse antes a Galicia. En realidad el retraso tornaría en suspensión de la visita pues la gira por Galicia (por algunas villas orensanas, más concretamente) se debió de alargar más de lo previsto, hasta finales de diciembre de 1933, y es al final de este periplo, ya bajando de tierras gallegas, cuando las Misiones (que portaban el Museo del Pueblo, y las actividades de Cine, Biblioteca, Música, y el Retablo de fantoches) recalan en Astorga y San Román y Nistal de la Vega, para finalizarlo en Val de San Lorenzo, donde su estancia recordaría sin duda a sus vecinos la de los alumnos de la Escuela Madrileña de Cerámica del verano de 1926, que arribaron allí entonces debido a la amistad que unía a su director, Francisco Alcántara, con el pintor Joaquín Sorolla, que desde 1902 a 1911 había viajado por nuestra provincia en varias ocasiones.

Aquel Museo (llamado también del Pueblo, o del Arte) recorrió después otras geografías, y no se le terció mostrar sus pinturas en algunos de los lugares antaño suspendidos hasta el verano de 1935, y así lo hizo en Astorga del 4 al 9 de agosto. En La Bañeza preveía permanecer del 11 al 16, aunque debió de quedarse hasta el día 18 (se ocupó de su vigilancia Lucas Mantecón, y se le pagaron por ello tres jornales), después de que el pleno municipal del 7 de aquel mes acordaba “rogar al Patronato de las Misiones Pedagógicas, que anunciaba la llegada de su Museo Circulante de Arte para el día 10 hasta el 16 de agosto, amplíe la estancia hasta el día 18 inclusive, por alcanzar hasta esa fecha las fiestas patronales de la ciudad”, prosiguiendo en Valencia de Don Juan del 18 al 23 del mismo mes, en una gira provincial iniciada a mitad de julio en Ponferrada y que cerraba en Riaño a mediados de septiembre (con estancias además en Villafranca, Villablino, y Sahagún), en una ruta descendente ahora (al revés de la de dos años antes) del Bierzo a la Meseta. Finalizado aquel recorrido, el Patronato de Misiones Pedagógicas remitía desde Madrid el 16 de octubre al Ayuntamiento bañezano una colección de fotografías pictóricas (realizadas para las Escuelas Normales de Maestros) que se expondrán, según se les comunicará desde la alcaldía al inicio de noviembre, unas en las dependencias de la Casa Consistorial y en las escuelas otras.

El Museo Circulante recorría el país en camiones alquilados y acercaba al pueblo “para su goce y para educar su inteligencia” las grandes obras pictóricas de los autores españoles más importantes de los siglos XII al XVII, en reproducciones de gran tamaño cuidadosamente realizadas. Generalmente estaba una semana en cada lugar, en los días de ferias o de fiestas, y los dos o tres misioneros responsables obsequiaban a los visitantes con copias de los cuadros en fototipia o huecograbado, y dejaban a su finalización otras mayores y enmarcadas para la decoración de los ayuntamientos, escuelas y centros obreros, y como recuerdo permanente del paso del Museo. La colección iba acompañada por voluntarios de la categoría de Sánchez Barbudo, Ramón Gaya o Luis Cernuda, quienes además de dar conferencias explicaban las pinturas a los visitantes, muchos de ellos campesinos. El Museo del Arte llevaba además un proyector de cine y un fonógrafo, y en el inicio de sus sesiones, como en el de todas las actividades que las Misiones difundían, se leía el texto que Manuel Bartolomé Cossio había escrito para explicar quienes eran y lo que hacían: “una escuela ambulante enviada por el gobierno de la República a los pueblos y aldeas, ante todo a las más pobres, a las más recónditas, a las más abandonadas…”.

Los cuadros se colgaban en el lugar más apropiado, normalmente el salón de actos del Ayuntamiento (como se hizo en La Bañeza) o en alguna escuela, cubriendo las paredes con sábanas blancas, para que se vieran mejor, se ponía música clásica de fondo y se colocaban macetas con plantas y flores en la sala, disponiéndose horarios de visita matutinos y de tarde que se combinaban con charlas instructivas sobre las pinturas y su historia y con sesiones dedicadas a los niños, a los que se facilitaba materiales para que ellos mismos dibujaran (algunos habrá que aun lo recuerden…). Antes de irse, la costumbre era dejar en el lugar el gramófono y la colección de discos que hasta allí habían transportado, y también una biblioteca de unos cien libros para que los adultos y los niños siguieran aprendiendo.

140 bibliotecas (60 en 1932 y 80 en 1933) habían distribuido en municipios y pedanías de la provincia de León (más que en ninguna otra) las Misiones Pedagógicas al finalizar el segundo de los años, además de otras 89 bibliotecas escolares repartidas ya en 1931: en Astorga, La Baña, La Bañeza (una donada a la escuela –que será expurgada después que se desate la vorágine de julio de 1936- y otra a la Agrupación Socialista), Benavides, Veguellina, Villarejo, Hospital y Villamor de Órbigo (a la Sociedad Recreativa), Castrillo de San Pelayo, Castrillo de la Valduerna, Fresno de la Vega, Benavente, Pombriego, Manganeses de la Polvorosa, Pobladura y San Román del Valle, Santa María y Valcabado del Páramo, Santa Marina del Rey, Valencia de Don Juan, y Villamañán. En 1934 se reparten en la provincia leonesa 17 nuevas bibliotecas (más de 5.000 había concedido el Patronato al finalizar el año en éste y los dos anteriores), y a 16 pueblos más se entregaban en 1935. La que se halla en una de las escuelas unitarias de la ciudad maragata “es gobernada por los niños y usada por toda clase de personas, circulando además lotes de libros a otras escuelas que los piden”. Aquella y todas las demás serían incautadas a finales de agosto de 1936, una vez que triunfan los alzados, obligándose a los maestros a precintarlas y entregar las llaves al alcalde.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


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