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Las elecciones del 19 de noviembre de 1933 en La Bañeza (II)

Publicado por Ibañeza.es el 4/12/2017 8:03 Comentarios desactivados

Los candidatos agrarios intervienen en La Bañeza el 16, y el 17 celebran actos de propaganda en Laguna de Negrillos y La Antigua. Entre los días 16 y 20 se suspendían las clases por motivos electorales en todas las universidades del país, y el 18 se traslada al Jefe del puesto de la Guardia Civil de La Bañeza la orden del gobernador civil sobre vigilancia en las elecciones. En su número de aquella fecha alardea El Adelanto de que las derechas hacen propaganda electoral por los medios más modernos, la radio y el avión, “algo nunca visto en España y que la iguala a los países más cultos y adelantados como Estados Unidos y Alemania”. Cuando el día 9 el Gobierno la prohíba mientras dura el periodo electoral (excepto por la radio para los discursos en los actos públicos autorizados) Acción Popular habrá gastado mil kilómetros de papel en pasquines y 50 millones de octavillas (cuatro millones por día venían repartiendo y arrojando los aviones), lo que suponía 750 duros diarios en reclamos, aunque desde sus páginas se dirá el 9 de diciembre que “las derechas casi no hicieron propaganda en La Bañeza, excepto las gestiones hechas desde Acción Femenina (cuya sede se hallaba a la mitad de mayo de 1934 en la planta baja del edificio de Patricio Pérez, en la calle Astorga) y la intensa campaña de El Adelanto -que ha sido insuficiente-, añadiendo que se echa de menos la organización efectiva de las derechas bañezanas, y se las urge una vez más a organizarse, “pues de no hacerlo sus intereses estarán a merced de gentes ignorantes y mangoneadas por la política perturbadora de la Casa del Pueblo”, cuya nueva sede se había inaugurado, por cierto, unos meses antes.

Elecciones del 19 de noviembre de 1933.

Las agresivas y modernas propagandas de la CEDA habían contado con cuantiosas donaciones de potentados que querían acabar con lo realizado en los dos años anteriores, como las del banquero Juan March, millonario y reconocido antirrepublicano. Las izquierdas, al menos las bañezanas que se acogían en aquella Casa, debieron de gozar de menores medios, y más tradicionales y artesanos (la brocha y el bote de pintura), a juzgar por lo que el mismo semanario narrará el día 25 en “Los hay con chispa: en la fachada de un comercio de ferretería, pusieron ‘votad a los socialistas´ y debajo una hoz y un martillo. Por la mañana, sin inmutarse, el comerciante añadió un ‘No’, con lo que se leía ‘No votad a los socialistas’, y debajo de la hoz y el martillo añadió ‘Ferretería”. Ilustra además la publicación católica independiente de algunas anécdotas electorales sucedidas en La Bañeza cuando las votaciones: una mujer que se presentó a votar por otra, que resultó ser la presidenta de la mesa; una más que dijo ser quien no era, y fue desenmascarada por una integrante del colegio electoral, o un hombre que no consiguió su pretensión de colar una docena de papeletas en la urna, manejos fraudulentos y caciquiles tradicionales y presentes también en aquellas elecciones en variados lugares, muy llamativos en algunos de la montaña leonesa.

En La Bañeza la candidatura agraria fue a lo práctico y difundió un panfleto en el que explicaba y advertía (sobre todo a las que por primera vez votaban) de los detalles a tener en cuenta en los colegios electorales y en las mesas y las urnas de la ciudad a la hora de emitir el voto para los aspirantes de su lista. En cuanto a los resultados en el partido judicial bañezano, se produjo en La Bañeza el triunfo parcial de las izquierdas, no de un modo aplastante, y aunque el cómputo de votos agrarios superó en 718 al del total de las restantes formaciones.

En la tarde del 3 de noviembre (“ya en periodo electoral”, se dice) se realizaba un registro policial, con nulos resultados, en tres casas de La Bañeza, “en los domicilios de personas por muchos conceptos dignas del mayor respeto y que gozan de la estimación pública”. Se habría tratado del abogado Laureano Alonso y Díez-Canseco, tesorero de la bañezana Juventud de Acción Popular (JAP) desde abril, el industrial Salvador González Alonso, titular de la fábrica de pastas para sopa La Flor Bañezana, almacenista y representante de la patronal en el Jurado Mixto de Alimentación de León, y el también industrial José Cabello Fernández, tal como cabe deducir de la jocosa noticia-inocentada publicada por El Adelanto el 30 de diciembre, según la cual “ellos, José Santos Pérez, José Marcos de Segovia, y Ángel Riesco Carbajo obsequiarían el día 28 al anterior gobernador civil Francisco Valdés Casas con un almuerzo por los ‘favores’ con los que él y los ‘soplones’ locales los habían agraciado”. El día 1 se había hecho otro muy minucioso en el santuario de la Virgen de Castrotierra, en el que, según el acta firmada por el párroco, dos policías, dos guardias civiles y dos testigos, “se inspeccionaron todos los locales y muebles y muy particularmente las bóvedas y techados”, también “sin resultado alguno para el fin que se perseguía”.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Las elecciones del 19 de noviembre de 1933 en La Bañeza (I)

Publicado por Ibañeza.es el 20/11/2017 8:09 Comentarios desactivados

La situación de las fuerzas políticas había dado en España un vuelco desde las elecciones constituyentes de junio de 1931, en parte por la insatisfactoria gestión de los gobiernos de Azaña.

Se publicaba el 23 de octubre de 1933 en El Diario de León la candidatura derechista por la provincia para aquellas elecciones generales que se regirán por la nueva Ley electoral del 27 de julio de aquel año y en las que se dará la novedad trascendental de que por vez primera participan en comicios de este tipo las mujeres (antes que en Francia, Bélgica o Italia).

En La Bañeza, según El Adelanto, la Juventud de Acción Popular se proponía a finales de aquel mes de octubre iniciar la campaña electoral dando mítines y conferencias en los pueblos principales del partido, y “como estas propagandas cuestan sus buenos puñados de pesetas, se encarece a los elementos de derechas a que coadyuven en esta hermosa labor”. Se anima al triunfo, y a votar contra las izquierdas para evitar “la vuelta a los días de prisión de sacerdotes y de personas de significación católica” (alusión aquella sin duda local y muy directa, pues no estaban muy lejanas las respectivas detenciones de los dos principales soportes del semanario, Ángel Riesco Carbajo y José Marcos de Segovia) y por la candidatura agraria, cuya lista y programa presenta en las portadas, señalando a quienes se ha de votar (agrarios y personas de orden) y a quienes no: “ningún católico puede votar en conciencia a radicales”. Aunque muchos de ellos fueran conservadores ideológica y socialmente, como lo era su líder bañezano. el militar y diputado Herminio Fernández de la Poza

Elecciones del 19 de noviembre de 1933.

El 3 de noviembre, abierto el periodo electoral (el ministro de Agricultura había ordenado que no suba el precio del pan durante aquel mes de elecciones), seguidores socialistas daban mítines en Alija de los Melones y en San Adrián del Valle, y el 5 los candidatos derechistas Francisco Roa de la Vega, Antonio Álvarez Robles, Pedro Martínez Juárez y Francisca Bohigas Gavilanes celebraron actos de Acción Agraria en Villadangos del Páramo, Santa Marina del Rey, Benavides de Órbigo (donde hubo ligeros incidentes), Sueros de Cepeda, Destriana y Castrillo de la Valduerna, con gran entusiasmo en todos ellos (según El Diario de León). El exalcalde de la capital, Francisco Roa de la Vega, y la señorita Bohigas participarían por la tarde del mismo domingo día 5 en un mitin en Destriana. Ya se habían celebrado otros el domingo 29 de octubre en Astorga, Fresno de la Vega, Torneros, Valencia de Don Juan, Grajal de Campos, Hospital de Órbigo, algunas otras poblaciones de la contorna comarcana, y también en La Bañeza, socialista en este caso (por los que El Adelanto calificaría de “volatineros”), en el Teatro Seoanez, y al que se convocaba el día antes “a los labradores, pequeños propietarios y trabajadores, los que visten traje de pana y hacen producir la tierra”, a los que se invita a “no secundar a los facinerosos que con el título de agrarios pretenden sumirlos de nuevo en el abandono mientras los mequetrefes y señoritos de cabaret, que ni son agrarios ni conocen el campo, viven de las rentas que después de la recolección aquéllos llevan a sus casas”, y se les llama a votar a los socialistas, “los únicos que cederán la tierra al que la trabaje”, y “por el mejoramiento de los labradores y por una España más equitativa”.

Se publicaba en El Adelanto el día 4 la composición de las mesas electorales en los dos distritos de La Bañeza y sus respectivas secciones, de las que formaban parte, entre otros, el sacerdote José Víctor Rodríguez Blanco, Gaspar y Víctor Marqués Pérez, Sofía Alija Fernández, Ricardo Álvarez Acedo, Balbino Nistal Fernández, Hipólita Carbajal Sánchez, Melchor Lombó Pollán, Julia Cabañas Martínez, Arturo Cabo Moro, y Elisa Carnicero Fernández. Componían el censo electoral en la ciudad 2.348 electores, 1.220 hombres y 1.128 mujeres, mayores todos de 23 años.

El 6 de noviembre un empleado mercantil bañezano llamaba en una octavilla a toda la dependencia del comercio a votar por el Partido Socialista y por las listas obreras presentadas por la UGT. Cinco días más tarde se insta desde la edición del bañezano semanario El Adelanto a sacudir el yugo intolerable de la tiranía izquierdista y el látigo de la ignominiosa dictadura socialista sufrida durante dos años y medio, y al resurgimiento patrio votando integra la candidatura agraria de derechas, a lo que exhorta también a los obreros. El concejal socialista leonés Miguel Carro Llamazares acompañaría a Alfredo Nistal y a Jesús Zorrilla en el mitin que el Partido Socialista daba el siguiente día 12, domingo, en La Bañeza en el Teatro Seoanez. En Audanzas del Valle tenía lugar en la misma fecha un mitin del Partido republicano Radical.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La sustitución de la enseñanza religiosa

Publicado por Ibañeza.es el 6/11/2017 8:11 Comentarios desactivados

Al poco del triunfo electoral del Frente Popular, el 29 de febrero de 1936 el ministro de Instrucción Pública enviaba una circular a los inspectores de Enseñanza Primaria para que informen en el plazo de 8 días de los extremos relacionados con la sustitución de la enseñanza religiosa (aparcada tras la victoria de las derechas en noviembre de 1933), entre ellos “las localidades en que por falta de recursos pueda ser peligrosa de momento tal sustitución, y medios con los que se podría contar para llegar a ella rápidamente”. Al principio de abril trabaja el ministerio sobre la construcción de nuevas escuelas a la vez que para sustituir aquella enseñanza, y comenzado mayo establece la Gaceta que los inspectores de las zonas donde haya de realizarse la sustitución hagan una visita extraordinaria, estudiando con los ayuntamientos sus posibilidades, gestionando que estos realicen aportaciones económicas para ella, y de los propietarios de los edificios que la imparten que los cedan especificando las condiciones de la cesión, “una disposición que en nada va a beneficiar a la enseñanza privada, que será costosa para el Estado y los ayuntamientos, y que privará a los niños de la enseñanza que ahora disfrutan”, dice en El Diario de León el redactor de la noticia.

El Ayuntamiento de León es a la mitad de aquel mes propicio a la sustitución de la enseñanza religiosa en la capital, aunque dada su situación económica no puede contribuir hoy a ella si precisa realizar gastos, por tener agotadas para este año todas las posibilidades económicas, y así se lo indica el alcalde al Inspector jefe de Primera Enseñanza cuando este lo visita, unos días antes de que el ministro de Instrucción Pública declare que aquella ha comenzado a ponerse en práctica, y de que la Asociación Católica de Padres de Familia de Orense recoja allí firmas contra el cierre de los colegios católicos, o un concejal socialista se oponga en Pontevedra a la clausura del colegio de monjas del Sagrado Corazón, pues no sólo enseñan (dice), sino que visten y dan de comer a muchos niños, y si se cierra habrá que crear cantinas escolares, lo que supondría un gasto para el Consistorio.

Listado de alumnos de uno de los colegios religiosos bañezanos para la Junta Local de Sustitución de la Ense-ñanza Religiosa en 1933. / Archivo de José Cabañas

El Consistorio bañezano solicita el 25 de mayo a los maestros encargados (Iraides Alonso Álvarez, Francisca Pascua Riesco, Marcelo Toral Castro, y Cecilio Sixto Toral Manjón) el número de niños que asisten a las escuelas nacionales, y a la Corporación insta al día siguiente la Inspección provincial de Primera Enseñanza le remita a la mayor brevedad los acuerdos tomados sobre enseñanza religiosa, visitando al otro al alcalde y en relación con tal asunto la Inspectora de la zona, interesándose en que conteste el regidor si en todo o en parte se podrían facilitar cuatro locales para las cuatro escuelas más que se considera necesario crear, y el material para las mismas, y proporcionar casa para sus maestros o la indemnización procedente, acordando después consultar con los de la localidad y con el Consejo local de Primera Enseñanza y tomar un plazo de 8 días para resolver, según propone en el correspondiente pleno municipal el gestor socialista Joaquín González Duviz, ante la imposibilidad, a su juicio, de contar con las casas y los locales referidos, lo que se comunica a la Inspectora.

En Astorga la Asociación de Padres de Familia está a la mitad de mayo consternada con el cierre del Colegio La Salle, cuya incautación, y la de la escuela de monjas de San Andrés, se propone en el pleno municipal del día 25 (dice El Combate), y su alcaldía comunica el 2 de junio que no podrá pagar la casa-habitación a los maestros que sustituyan a las religiosas en las escuelas del Hospicio de la ciudad recién nacionalizadas. En la siguiente fecha se clausuran ya cuatro colegios de religiosos en Orense, y en La Bañeza se acuerda contestar a la Inspectora de Primera Enseñanza de la zona, en relación con la sustitución de la enseñanza religiosa, que “en las actuales escuelas nacionales existe cabida para 70 alumnos más, y estando en vías de construir nuevos Grupos Escolares, por ahora para el resto de la matrícula este Ayuntamiento no puede hacer nada, debiendo tenerse en cuenta que en el censo del actual colegio de religiosas existe mucho párvulo y muchos alumnos ya fuera de la edad escolar”. Solo se precisa en las actuales escuelas el material necesario para los 70 nuevos alumnos, que serán de distintos grados, y ha de saberse a cuál de ellos pertenecen, había expuesto González Duviz, y proponía como nuevo local escolar el destinado a la Academia de Música.

Hasta el nuevo presupuesto se entendía que este problema (la sustitución de la enseñanza religiosa) habrá de tener difícil solución. Se propone por Joaquín Perandones Franco –gestor municipal por el partido Unión Republicana- reclamar a las monjas relación de los niños y sus edades y grados, y por el también concejal Eugenio Sierra Fernández –socialista- que vea González Duviz si pudieran incautarse los locales de que disponen las religiosas, respondiendo el alcalde que la Inspectora ya las invitó a que los cedieran en propiedad o arriendo y aquellas no accedieron. La mayoría de los 170 alumnos que cursan con las monjas son párvulos, señala Isaac Nistal Blanco –otro de los concejales socialistas, él durante todo el periodo republicano-, lo que también indica Perandones, que añade que pudieran haber dado las monjas mayor número de alumnos de los que en realidad tienen, “porque hay quien se opone a que la República realice su obra”, y plantea que se reclame del colegio la relación de escolares con detalle de sus padres, terciando González Duviz, que dice que si se obligara a todos los alumnos a que dejen el colegio de las monjas el Ayuntamiento carecería de locales y maestros.

A la postre, por estos motivos, y porque se produjo la sublevación militar del 18 de julio mientras en medio de tales disquisiciones se trataba de hallar alternativas que solucionaran la situación escolar en la ciudad, no se llegaría a sustituir en La Bañeza la enseñanza religiosa.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La Plaza Mayor, la fuente, y los pozos ‘abisinios’ (II)

Publicado por Ibañeza.es el 23/10/2017 8:33 Comentarios desactivados

En el pleno de la semana posterior se dijo haberse presentado presupuestos para una motobomba transportable de riego e incendios (en base a lo que ya propusiera Pérez Arias el pasado 7 de noviembre), uno por el técnico mecánico-electricista Elías Falagán Martínez (representante de la coyantina firma Alcón que sumaba a sus otras ocupaciones la de ejercer, al menos desde enero de 1935, en La Bañeza de agente de la Sociedad Española de Edificación y Préstamos) y otro por Severino Hernández Canelas (industrial y gestor municipal), aunque se presentará solo el del primero (al segundo, que no lo llegó a ofrecer, ni tampoco condiciones, solo se le encargó facilitar noticias de motores y bombas con sus características), y dada la urgencia requerida se le aceptó con las cláusulas que en él se fijaban, exponiendo el edil su voto en contra en el pleno que siguió, “por considerar la motobomba aceptada insuficiente para los usos a que va a ser destinada, y estimar exagerado el precio de su coste”. Como el tiempo transcurre y no se entrega el grupo en el plazo convenido, se acordará el 31 de julio probar el primero que se ofrezca, lo que se hace al inicio de octubre, de manera que, hecho el pozo abisinio en la Plaza Mayor y resultando la motobomba apropiada para el riego, se decide el 16 de aquel mes “la conveniencia de resolver la construcción de los pozos necesarios para el riego de las principales calles de la ciudad”, diez, que se acuerda realizar por concurso en diversos emplazamientos de las vías públicas.

Una estampa del mercado bañezano de principios del siglo XX, la plaza Mayor en blanco y negro...

José Mateos Casado hará oferta el 16 de octubre para la construcción de aquellos pozos (será él quien los realice, y también Félix Fontanilla), aunque cuando se subaste se dirá ser gravosa para el Ayuntamiento la única proposición hecha, y teniendo en cuenta que el coste de cada uno de ellos será de 95 pesetas, se dispone el día 30 realizarlos por administración, y el 20 de noviembre se decide construirlos en la puerta de la Casa Consistorial, en la entrada de la calle Juan de Mansilla, otro más en la misma vía, dos en la calle Pérez Crespo, en la esquina del edificio de La Piedad, otro a continuación en la calle Marqués de Cubas, en la avenida Pablo Iglesias, y en la calle Astorga, en todas ellas donde los soliciten los vecinos y siempre que estos contribuyan con la mitad de su coste, decidiendo también las características de los pozos abisinios (de seis metros de profundidad y realizados con tubería de hierro negro) y adquirir la motobomba a satisfacer en el presupuesto venidero (así se haría, abonando el 12 de febrero de 1936 por la misma 1.180 pesetas a Elías Falagán), contratando mediante concurso las acometidas necesarias y el fluido del motor. El 9 de enero de 1936 se requería al constructor José Mateos a que termine los pozos aun pendientes de realizar (y a la casa Pallarés para que envíe las planchas metálicas y cierres para ellos), y aún el 27 de julio lo urgirá la Corporación impuesta por los alzados días antes a que en el plazo de 72 horas haga al Ayuntamiento entrega de los mismos.

Algunos vecinos de la Plaza de Romero Robledo (Rogelio Vivas Pastor forma parte de la comisión) pretenderán destinar al abastecimiento de aguas el que allí se construya, colocando ellos la bomba extractora pero sin hacerse cargo de la mitad del importe del pozo, y decide la Corporación el 13 de noviembre permitirlo así si se atienen a las condiciones acordadas y expuestas en el correspondiente bando informativo, además de correr también con las reparaciones de la bomba, requisitos que regirán para casos análogos de otros vecinos, como se indica a los de la calle Pablo Iglesias cuando a primeros de diciembre pretendan también realizar un pozo abisinio para abastecerse de agua. Se acuerda unos días antes cubrir provisionalmente con tapas de fundición los huecos de las calles donde se han construido aquellos pozos.

A pregunta del gestor municipal frentepopulista Joaquín González Duviz dice en la sesión de primeros de julio de 1936 el alcalde que “de los pozos abisinios realizados funciona uno, seis tienen agua limpia, y dos no han dado resultado; que a la moto-bomba le sobra potencia, y que para el riego de las calles debe de anunciarse concurso”, añadiendo que ha de comprobarse el resultado de los pozos y recoger el material si no fuera favorable y ver de quien haya sido la culpa. Muchos pozos abisinios particulares resultan adecuados, y sorprende que estos municipales no lo sean, dice Eugenio Sierra Fernández, y propone Fernando Alba Flórez (como los dos anteriores, otro de los concejales-gestores socialistas de la Corporación designada por el Frente Popular) que deben de informarse del contrato de su ejecución para ver si está cumplido o no .

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La Plaza Mayor, la fuente, y los pozos ‘abisinios’ (I)

Publicado por Ibañeza.es el 9/10/2017 8:37 Comentarios desactivados

Domingo González Martínez, vecino de Bilbao, solicita a primeros de enero de 1935 se le permita instalar en la ciudad un puesto de recreo denominado “tiro al blanco”, de ser posible en la Plaza Mayor, y se le indica que señale fecha en que lo ha de tener instalado, aunque se resolvía el día 27 “no autorizar en el futuro barracas en las que se rife o juegue dinero u objetos, poniendo para ello cuantos obstáculos sean posibles”.

Acabando febrero, por las gestiones de los diputados leoneses Antonio Peréz Crespo, Antonio Álvarez Robles, Manuel Sáenz de Miera, y Pedro Martínez Juárez, se concedía por la Dirección General de caminos un crédito de 50.000 pesetas (y otro posterior de 35.000, según noticias oficiosas) para el arreglo de las travesías que discurren por la ciudad de La Bañeza atravesando la Plaza Mayor, y se acuerda al principio de marzo solicitar de la leonesa Jefatura de Obras Públicas que cuanto antes se realice su reparación en virtud del lamentable estado de las mismas y del notable paro existente a causa de la terminación de la campaña azucarera. Por las mismas razones se urge el inicio cuanto antes de las obras de las calles Marqués de Cubas y otras.

Una estampa del mercado bañezano de principios del siglo XX, la plaza Mayor en blanco y negro...

A final de mes el ingeniero de caminos de la sección o zona bañezana formulaba las modificaciones que debe sufrir el pavimento de la Plaza Mayor y la glorieta de la misma con el arreglo que se va a efectuar, concediéndole la Corporación un amplio voto de confianza para que haga lo que estime conveniente en cuanto a la estética y la facilidad del tránsito, considerando que el refugio que sustituya a la glorieta quede lo más amplio posible, aunque a mediados de abril, visto el mal efecto producido al vecindario saber de la desaparición de aquella glorieta, se acordará ver si es posible respetarla en las obras de reparación (no debió de serlo, pues a final de mayo se accederá a la petición de varios vecinos de la Plaza Obispo Alcolea de “instalar en ella la glorieta retirada de la Plaza Mayor, siempre que los solicitantes se hagan cargo de la mitad de los gastos de su instalación”).

Ya se había encargado al arquitecto municipal al comenzar el mes de marzo un proyecto para establecer mediante un motor (del que el Ayuntamiento ya dispone almacenado en el matadero) una fuente en el pozo de la Plaza, aunque se acordará el 11 de septiembre “que, previa tasación que realicen los electricistas Elías Falagán y Veremundo Ossorio Fernández, se venda aquel motor como objeto inútil”. Vecinos de los barrios de San Eusebio y San Julián solicitaban una semana más tarde un terreno comunal para la construcción de un nuevo pozo, acordándose el 30 de octubre que los dos se construyan por cuenta del Consistorio, y colocarán aquellos por la suya las correspondientes bombas.

La subvención de 25.000 pesetas para alumbramiento de aguas concedidas por la Junta Nacional que trata de remediar el paro obrero ha de emplearse antes de acabar el año, por lo que se propone a primeros de noviembre de 1935 por el concejal y médico Martiniano Pérez Arias algo que no llegaría a realizarse con aquellos fondos, por aplicarla en su totalidad al primer fin: destinarla también a la construcción de varios pozos abisinios (o pozos clavados para el bombeo de agua) en las calles de la población para regarlas desde ellos con una motobomba transportable (lo que se realizará más adelante), y de varios urinarios con pozos sépticos.

Se acordaba en la sesión del 12 de junio de 1935 por mayoría de los asistentes (con el voto en contra del concejal José Perandones Cabo) subvencionar las fiestas del Corpus de aquel año con la suma de cien pesetas, “al objeto de dar esplendor a la indicada fiesta popular, que atrae forasteros y es tradicional en la ciudad”. El edil Tomás Pérez Benito manifestará en la siguiente reunión su voto contrario y “la oposición a aquel acuerdo si dicha suma ha de dedicarse a sufragar las procesiones religiosas” (pudiera haber tenido esta obstrucción, además de sus trabas a facilitar la construcción del cuartel para la Guardia Civil, algo que ver con los motivos de su encarcelamiento en el otoño de 1936).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El Sorbete, semanario cómico-bufo-charlotesco y de temporada

Publicado por Ibañeza.es el 25/09/2017 8:03 Comentarios desactivados

Salió en La Bañeza los domingos, desde el 3 de julio al 30 de octubre de 1921 (“hasta que las viñas estén en sazón”, había prometido mantenerse), y desde el 14 de mayo al 4 de junio de 1922 (al menos) en su segunda época. Fue su lema “chirigoteo y guerra al spleen”, y desde su primer número, o “servicio” (que costaba 15 céntimos) añadía en su cabecera “no necesitamos censuradores”. Se editan las ocho páginas con las que sale en Astorga, en la Imprenta y Librería de Porfirio López, y nace, dicen sus redactores (algunos nos son ya conocidos de publicaciones anteriores), “en un rato de buen humor, …para la alegría franca y sana, …desde el humorismo y la sátira que invite a reír, …con nombre tan frigorífico y altisonante, como refrescante y depurativo del ánimo, y para combatir la seriedad y la hipocondría y librar al lector de agrios humores invitándolo a la carcajada libre provocada ya por el fondo de los escritos, ya por la forma, la factura o hechura de los mismos”.

Ofrecen la empresa creativa y creadora a la mujer (a un cierto tipo o clase de mujer, “…con aficiones a la música, al teatro, a los viajes, al Suchard, a tocar el piano, y a la comunicación telefónica…”), y a ella dedicarán una buena parte de sus trabajos, compuestos por cierto con una muy ornada y cuidada estética y con maneras y artificios que se nos antojan modernistas, y así siembran sus ocho páginas abundantes semblanzas e interviuses a damas y señoritas de las familias más lustrosas y floridas del lugar, y festivas y devotas composiciones en prosa y verso que glosan las galanuras y virtudes de los agraciados jóvenes de uno y otro sexo y con posibles, mezcladas con relatos y creaciones literarias y con algunas (más bien pocas) breves noticias (frívolas y de sociedad, sobre todo) de lo que sucede en la ciudad, acompañadas a veces por ligeras y bienhumoradas críticas (rimadas en ocasiones) ante actuaciones municipales y otros acontecimientos. Las últimas son ahora el principal objeto de nuestro interés.

Quien firma Nispero va entrevistando en sucesivos números a todo un amplio ramillete de mujeres bañezanas: Milagros Vidal, Elisita Marqués, Adela de Mata, Ernestina Vigal, Conchita Alonso, Antoñita Espeso, Conchita Fernández Núñez, Laura Lombó, Jacinta Fernández López, Tránsito Alonso Llamas, Clarita Espeso, Pilarina Fernández Núñez, y Maruja Lombó.

Cabecera del periódico.

En el número 2, del 10 de julio, se adelanta el “descomunal” programa de las fiestas patronales, y se critica, con fina guasa, el derribo unos meses antes del viejo Teatro, anunciando la irreal inauguración del nuevo el 12 de agosto con la también falsa desmesura de los tres conciertos que en él dará la Banda Municipal de Madrid y la representación por la compañía Guerrero-Mendoza de la comedia El desdén con el desdén. Incluso el título escogido para la obra en la artificial noticia obedece seguramente al deseo de remarcar el descontento de las gentes bañezanas con los regidores que dejaron perecer el antiguo Teatro Municipal sin haber dispuesto otro que lo sustituyera (lo que vino a realizar el privado Teatro Seoanez en 1923), sin el que continúa la ciudad mientras en el consistorio discuten donde asentar otro, y se encuentra aquélla con que, mientras, …no hay coliseo / ni en el sitio viejo / ni en el sitio nuevo…, y por él sigue clamando la pluma de K. Melo en la sección “Con el Acordeón” en el siguiente número, en rima: …y dile a los concejales / que nos hagan un teatro / aunque sea en los arrabales, y en el posterior, del día 24, lo pide Becerril, como necesario recinto para el trato social, la expansión y el lucimiento, y como galantería que la Corporación ha de tener con las lindas señoritas bañezanas que quieren que el nuevo teatro, más coquetón y elegante que el ruinoso panerón en que se había convertido el derribado, se construya para pasar más agradablemente las veladas invernales.

Para las noches de verano, se dirá el 7 de agosto, el alcalde Ildefonso Abastas Prieto (capitán  honorífico de Infantería) ha tenido la idea de celebrar las funciones teatrales en la Plaza Mayor, y así acaba de hacerse sirviendo de camerino la que era inspección de la Guardia de Seguridad, con un aspecto magnífico y semejante al que los caricaturistas describen en sus cuadros de fiestas de villorrios, y con las familias de los barrios acudiendo cargadas de sillas y banquetas; más adelante se celebró alguna sesión de varietés en lo que debieron de ser condiciones parecidas. Se cuenta en aquel número (en un alarde de lo que hoy sería periodismo de investigación) que en La Bañeza se comen anualmente 5.000 burros; que existe un consumo y un matadero clandestino y más de un aprovechado industrial dedicados a tan lucrativa y rigurosamente prohibida industria (solo uno de ellos sacrificó el pasado mes unos 120 pollinos); que todo el mundo lo sabe, y que solo en un barrio se come tan sabroso manjar, que alimenta a muchas familias pobres que con sus miserables peculios no pueden acceder a otras carnes.

En el número (o “servicio”) que sale el mismo día de las fiestas patronales se lamentan de que no se honre ese año a la Patrona ni con unos modestísimos festejos: los cohetes, las bombas, los biplanos, los que no son alegres, se dice, desafortunadamente están de trágica actualidad (se acababa de producir en julio, en la guerra de África, el desastre de Annual), y altos deberes de humanidad y patriotismo imponen silencio; …además, desde unos días antes llueve y hace un frío siberiano, y están vacías las arcas municipales.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La lucha por los Grupos Escolares bañezanos

Publicado por Ibañeza.es el 11/09/2017 8:19 Comentarios desactivados

Ya en 1928 el Ayuntamiento de La Bañeza había reclamado al ministerio de Instrucción Pública la construcción de un segundo Grupo Escolar en el solar del antiguo Teatro Municipal cedido para ello, y ocho años más tarde, en el pleno del 11 de marzo de 1936, proponía el concejal Porfirio González Manjarín que el Consistorio gestione conseguir la edificación de sendos Grupos Escolares en los barrios del Polvorín y del Jardín, y confía el alcalde Joaquín Lombó Pollán en que este asunto sea llevado al Consejo local de Primera Enseñanza por el edil Toribio González Prieto y en que se formulará en el mismo la propuesta más conveniente según las necesidades de la población escolar, ya sea para construir Grupos o Escuelas Unitarias.

En la sesión municipal del 15 de abril del mismo año planteará Joaquín González Duviz, gestor de la recién designada Comisión Gestora frentepopulista, que el Ayuntamiento debe de atender al problema del paro (agravado por las lluvias desde hace tiempo padecidas y que no cesan) solicitando un crédito al Instituto Nacional de Previsión con el que construir Grupos Escolares, y que se estudie la posibilidad de crear un Instituto de Segunda Enseñanza y profesional de artes e industrias. El asunto del Instituto, propuesto por el gestor Isaac Nistal Blanco, era uno de los llevados por la comisión de corporativos que ha poco se desplazó a Madrid, se le responde, y en cuanto a los Grupos Escolares, requeridos por González Manjarín, el Ayuntamiento ya trató sobre ello en un anterior pleno, y ya el Consejo local de Primera Enseñanza se informo de que la ciudad precisa Escuelas Unitarias más que Grupos Escolares, y sin necesidad de crédito puede abordarse su construcción si el Estado contribuyera con 10.000 ó 12.000 pesetas (según fueran escuelas o grupos), siendo el medio más rápido de resolver esta cuestión. Insistirá González Duviz en la sesión celebrada cinco días más tarde en que también debe pretenderse la construcción de Grupos Escolares, ofreciendo que el Consejo local de Primera Enseñanza, en el que es vocal, estudie el asunto para después lograr del INP el crédito preciso, reiterando el alcalde sus manifestaciones de la anterior reunión, y que siguiendo el procedimiento legal se podrían construir las escuelas necesarias sin crédito alguno, sino solamente que el contratista cobre cuando el Estado entregase las subvenciones que concede para estos edificios.

Manifiesta Joaquín González Duviz en el pleno del 29 de abril que el Consejo escolar en su reunión de la semana pasada vio la necesidad de que se construyan en La Bañeza dos Grupos Escolares, en los barrios del Polvorín y del Jardín (en el solar que el Ayuntamiento discute con Gaspar Julio Pérez Alonso), aunque estimaba que también podría ser una solución la construcción de Escuelas Unitarias, y le ruega González Manjarín que ante el Consejo sostenga el criterio de la Corporación (de que debe atenderse a la comodidad del vecindario y no a la de los maestros), “que es sostener el criterio socialista”, y añade Isaac Nistal que debiera procurarse construir casas para los maestros en los mismos edificios-escuelas, teniendo en cuenta que para ello también concede subvenciones el Estado, acordándose invitar al Inspector para que venga y conozca los emplazamientos que el Consistorio ofrece.

Se aprobaba el 20 de mayo abonar a Patricio Fraile Ruiz una cuenta por dos viajes a León en relación con la visita de la Inspectora de Primera Enseñanza de la zona (desconocemos si lo seguía siendo la señorita Francisca Bohigas, en el octavo mes de su embarazo entonces), que hizo acompañada por el arquitecto provincial, Juan Torbado Franco, por el asunto de la construcción de las escuelas. A uno y otra les gustaron mucho los solares ofrecidos por el Ayuntamiento, y se propone en la sesión de aquella fecha que cuanto antes se proceda al levantamiento de los planos y la confección de sus proyectos en colaboración de los dos arquitectos, el municipal y el provincial. Las subvenciones que concede el Estado para escuelas suponen una importante suma, según expone el gestor González Duviz que le manifestó en León el Inspector jefe de Enseñanza, 12.000 pesetas para cada sección de Escuelas Graduadas, y otras tantas para duchas y baños una cantidad, y para bibliotecas la otra, habiéndole añadido “estar dispuesto a gestionar que se concedan aquí las máximas posibles”. Se acuerda aprobar lo realizado por la comisión municipal que se desplazó a la capital por considerarlo un gran beneficio para el pueblo, y “que no se abandone asunto tan urgente, más ahora que se avecina la sustitución de la enseñanza religiosa”.

Acuerda el pleno bañezano del 3 de junio de 1936 que los arquitectos Miguel Baz García (que lo es municipal), Juan Torbado Franco, y Ramón Cañas del Río (sería presidente de la Diputación Provincial de abril de 1949 al mismo mes de 1952) se encarguen de confeccionar el proyecto necesario para construir dos Grupos Escolares de siete secciones cada uno en esta ciudad en los emplazamientos que en definitiva se señalen de acuerdo con la Inspección de Primera Enseñanza, con subvenciones del Estado, y que ellos dirijan las obras de dichos Grupos. Se piensa en situarlos en el Jardín y el Polvorín, y se espera de la colaboración de los tres arquitectos que cuanto antes se elaboren y se aprueben los proyectos. La última referencia que en la documentación municipal hallamos a este asunto antes de la sublevación militar del 18 de julio trata de la consulta que una semana más tarde se hace a la Dirección General de Primera Enseñanza interesando saber “si para solicitar subvención del Estado para la construcción de Grupos Escolares basta con un solo proyecto del arquitecto”.

En 1936 había 908 escuelas en la diócesis de León, con matrícula de 44.240 alumnos, más 18 escuelas de religiosos con 4.683 alumnos. En febrero de 1939 seguirán funcionando en La Bañeza dos Escuelas Unitarias (de niños y de niñas), y cinco grados o secciones (como ya los había habido, al menos, en los cursos de 1932, 1934 y 1936) en cada una de las dos Escuelas Graduadas, de niños y de niñas, servidas por maestros y maestras, del único Grupo Escolar que continuaba existiendo. En las pedanías de San Mamés y de Sacaojos seguía habiendo sendas escuelas mixtas, servidas entonces por maestra y por maestro (según el informe que entonces enviaba la alcaldía al Gobierno Civil de la provincia).

En junio de 1947, cuando se inauguraba el Centro Secundario de Sanidad, próximos a terminar el abastecimiento de agua potable y el alcantarillado (se haría al cabo de año y medio), e iniciada la construcción del Seminario Menor Diocesano, seguían siendo en La Bañeza aspiraciones contar con una digna Casa de Juzgados (de la que había ya proyecto), un plan de pavimentación de calles y la confección de un plano de urbanización, una plaza de abastos, un centro de alimentación infantil de Auxilio Social, un centro de Enseñanza Media “para nuestra juventud artesana y agrícola”, casas para maestros, y “un edificio de escuelas y viviendas de maestros en el más caracterizado y populoso barrio obrero”.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Abusos y apropiaciones del ‘Común’

Publicado por IBAÑEZA.ES el 28/08/2017 8:17 Comentarios desactivados

Muchas eran las componendas que en provecho propio urdían en las décadas a caballo de los siglos XIX y XX los beneficiarios del sistema caciquil de la Restauración y quienes lo sustentaban y propiciaban en los pueblos, a costa a veces de esquilmar los intereses y las propiedades comunales, como a lo que parece habría sucedido en aquellos antaños en el nuestro (Jiménez de Jamuz) cuando regía el municipio el alcalde Ceferino Cabañas Domínguez, que ya lo era en 1908, secundado por el secretario del Ayuntamiento, Francisco Vivas. Cuando pasados unos años, en 1914, sea alcalde Tomás Cabañas Carnicero, maestro nacional, le impondrá multas al anterior por sus irregularidades en el Consistorio y por no haber facilitado correctamente las cuentas municipales, enviando al alguacil a cobrar a Ceferino las sanciones, de una peseta cada vez, hasta que las corrigiera y presentara, y resultando que éste se negaba a su abono, se las aumentaba el regidor en otra peseta más en cada ocasión que no pagaba. A la tercera multa se avino a pagar el sancionado, no sin que antes tratara de excusar ante el nuevo mandatario municipal (más estricto y recto en el cumplimiento de la legalidad) su antiguo proceder (y el de aquel secretario), mandándole a decir, por el mismo alguacil y a propósito de las apropiaciones de terrenos comunales de la pedanía de unos años antes, pretendiendo justificarlas, que del cielo cayó una zorra / atada con un cordel, / con un cartel que decía: / ”el que lo coja es para él”…

Con el tiempo, en 1936 formarían parte de la Junta administrativa del pueblo de Jiménez, además del “ti Pedrón” (Pedro Gordón Álvarez; ya la había presidido en los años de la dictadura primoriverista), Francisco Martínez Vivas, Simón Bolaños González, Rafael Mateos Cela (posiblemente), y Domitilo González Lobato (mi abuelo materno), devenido en 1917 yerno de Ceferino por su matrimonio con Domitila Cabañas Alonso, hija de aquel, y todos ellos (algunos eran a la vez concejales en la Gestora municipal frentepopulista), allí como en otros muchos lugares, tratarían en la primavera y el inicio del verano de aquel aciago año de recuperar para el común los predios indebidamente despojados a lo largo de los pasados años, en el caso de Domitilo actuando en beneficio de los intereses comunales a pesar del menoscabo y merma de los particulares de la familia de la que había llegado a formar parte que ello representaba. Aquel empeño supondría para él y para los demás (Francisco, Simón, y Rafael) una buena parte de los motivos que los llevarían a ser asesinados y desaparecidos en el otoño, cuando al ser apresados con otros vecinos en la noche del 19 de septiembre recordarán e instarán burlonamente a algunos de ellos los verdugos a “reclamar ahora las parcelas comunales”.

Había una larga tradición de que los alcaldes se apropiaran de bienes del común de los vecinos, sobre todo en los lugares en los que estos cargos y los de concejal no eran remunerados (todos, aunque en villas y ciudades como Astorga o La Bañeza copaban entonces tales puestos los integrantes de la hidalguía rentista y la burguesía comercial, quienes no tenían necesidad de compensarse de tal modo por su dedicación a los asuntos públicos), y también de abusos, desidia y dejadez en las actuaciones sobre los bienes comunales y los propios, y de roturaciones, rompimientos y usurpaciones por parte de regidores y vecinos, y así, aún en 1932 y en el espacio de unos meses, desde final de abril al de julio, por el Ayuntamiento bañezano se ha de requerir a catorce residentes para que abandonen la roturación que han emprendido en el predio comunal las Quintanillas; a uno que el 3 de mayo con perjuicio de los intereses comunales había intrusado un reguero en la zona del matadero; el 9 del mismo mes a otro para que deje de intrusar terrenos comunales en la Vega de Arriba; a tres más el 1 de junio que intrusaban fincas de los propios en la Cuesta de la Salgada, y se intentará el 20 de julio recuperar los terrenos apropiados por los herederos de Nicolás Fernández Sampedro en la Cuesta de Santa Marina (a finales de 1935 aún se discute con el municipio la propiedad de los terrenos) para, convertidos en solares, facilitarlos a vecinos poco pudientes como los otros ya cedidos, además de una nueva apropiación en los terrenos del común de la Vega contra la que se decide intervenir el 21 de septiembre, y de constatar desde el Ayuntamiento a mediados de noviembre la certeza de las intrusiones en las fincas comunales de el Polvorín que Agapito Martínez Castillo (otro asesinado en el otoño de 1936) denunciaba poco antes, usurpaciones que no dejarían de producirse, ni de denunciarse y de tratar de impedirlas, hasta muy pocas fechas antes de la sublevación militar de julio de aquel año.

Tal había sido en todas partes la magnitud de los expolios realizados que en numerosos ayuntamientos, como en junio de 1931 en el de Ponferrada (donde a su primer alcalde republicano, el socialista Francisco Puente Falagán, le reprochan en abril de 1932 y lo acusan -falsamente; resultó después absuelto- de malversación de fondos públicos –inhabilitándolo para el cargo- al pasar al Consistorio la factura de un viaje a un congreso municipalista), “la acotación de los terrenos comunales y la recuperación de los intrusados o irregularmente cedidos” formó parte de los programas electorales de la izquierda socialista y republicana en los comicios del periodo, y de tales reivindicaciones se había hecho bandera en el del Frente Popular y por ellas se trabajaba ya en el verano de 1936 en el Parlamento, en las corporaciones municipales, y en juntas administrativas como la de la pedanía de Jiménez de Jamuz (con las trágicas consecuencias que aquella pretensión después tuvo para algunos).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La enseñanza en La Bañeza al final de los años 20

Publicado por Ibañeza.es el 14/08/2017 8:14 Comentarios desactivados

En la capital del partido judicial bañezano (según la Guía de Mourille López de 1928) hay un edificio con dos Escuelas Graduadas de bastante capacidad pero insuficientes para atender las necesidades de la población, cuyo censo escolar excede de 600 niños de ambos sexos; hay otras dos bibliotecas (la de la municipalidad y la del Casino de La Unión), además de la de dichas escuelas, cuando en 1914 no había ninguna.

Más pormenores en cuanto a la enseñanza en La Bañeza en 1927 nos aporta el Almanaque Catequístico para 1928, publicado por Ángel Riesco Carbajo, presbítero y coadjutor, desde la perspectiva de los centros educativos en los que imparten catequesis los sacerdotes bañezanos: En las Escuelas de la Villa ocupa la planta alta la graduada de niñas, con tres secciones, y con igual número la baja la graduada de niños, siendo Cecilio Sixto Toral Manjón el maestro del 2º Grado. Al Colegio de las monjas asisten a la Escuela Dominical “jóvenes de la ciudad y pueblos limítrofes que no pueden aprender de otra manera por tener que dedicarse al servicio domestico o a las labores del campo”, y en el mismo se imparte también clases a “alumnas gratuitas”, párvulos, y “del Sagrado Corazón”. El Colegio del Niño Jesús, sito en la calle de la Verdura y regentado por don Servando Juárez Prieto (licenciado en Filosofía y Letras y Maestro Nacional que publicó varias obras didácticas –Ortografía Práctica, y Nociones de Matemáticas, entre otras- además de la literaria Canción del Inclusero), reúne a más de 80 alumnos, algunos de los pueblos limítrofes, internos los de los más alejados, funcionando desde 1909, cuando después de creado al inicio del siglo en San Adrián del Valle su fundador lo trasladara a la ciudad, y había mantenido en los años en torno a 1917 alumnos subvencionados por el Ayuntamiento.

En la Escuela del Sagrado Corazón, que ocupaba una casa de planta baja de reciente construcción, inmediata a la Capilla de las Angustias y camino del Jardín, dirigida por don Justo García, cursan enseñanza elemental multitud de niños y algunas niñas, sumando más de 100. La Escuela de San José, a cuyo frente está Josefa Santiago, enseña a numerosas niñas de todas las edades y a algunos párvulos. Doña Catalina Acebes se ocupa en la Escuela de Santa Teresita, en la travesía del Barrio de Bueyes, de los benjamines de ambos sexos.

A propósito de la enseñanza de parvulitos (la que después se llamó preescolar o infantil), Everilda Cabo Valenciano pasa por ser quien estableció la primera guardería en La Bañeza, y hubieron de pasar aún muchos años hasta que la cubrieran los organismos estatales. Hasta entonces, todavía en el final de los años cincuenta algunos asistimos a escuelas privadas como la de don Gabriel Fernández de Mata (un bañezano cultivado, uno de los hijos de quien fue abogado y juez, diputado provincial y presidente de la Diputación, industrial residente en 1935 en la calle Manuel Diz, 9 con su esposa, dos hijos y criada y entonces con una economía naufragada que apenas reflotaba haciéndose enseñante), en el bajo de una céntrica casa en Jiménez de Jamuz (trasunto en la época y aquí de aquellas viejas escuelas de ferrado) en la que nos iniciábamos en “los cristos” y en “el silabario” antes de comenzar, a los seis años, en la Escuela Nacional (la de “los pequeños”) de don Jacinto Cuevas, a la que llegábamos ya así un tanto “desasnados”.

Según la estadística escolar del curso 1929-1930 que remite el director de la Escuela Graduada de niños de La Bañeza, Ricardo Álvarez Acedo (seguía ejerciendo de maestro a mitad de febrero de 1931), cuya entrega a la alcaldía dispone el 6 de septiembre del último año el gobernador civil Emilio Díaz-Moreu Irisarry, en su sección de Primer Grado hubo 50 alumnos matriculados, y asistieron 40, además de una matrícula de 30 adultos, de los que asistieron 20; en la de Segundo Grado, a cargo de Antonio Juárez Crespo, 43 matriculados y 36 asistentes, además de 16 adultos asistentes de los 30 matriculados; en la de Tercer Grado, cuyo responsable es ahora el maestro Cecilio Sixto Toral Manjón que lo era años antes del Segundo, se matricularon 35 niños y asistieron 30, y 17 adultos de los 18 matriculados. En la Escuela Graduada de Niñas, que dirige Margarita Marcos Emperador, en el Grado Primero, a su cargo, asistieron 60 alumnas, de 70  matriculadas; en Segundo Grado, a cargo de Francisca Pascua Riesco, hubo 40 matriculadas y 33  asistentes, y en el Tercer Grado, responsabilidad de Dionisia Arconada, asistieron 22 niñas, de 30 matriculadas. 800 niños componían el censo escolar en la ciudad.

A la Escuela Nacional de Primera Enseñanza de Sacaojos, regida por Horacio Martínez Blanco, asistieron 11 niños y 18 niñas, de 19 y 39 matriculados, además de 10 de los 16 adultos inscritos; su censo escolar era de 30 niños. En la Escuela Nacional de San Mamés de la Vega (cuyo censo escolar era de 29 niños), a cargo de Daniel Huerga Diéguez (seguiría rigiéndola a la mitad de agosto de 1935, cuando la intervención de Hacienda pide contestación a Oficio sobre él como maestro de la pedanía, y lo estaría hasta la mitad de octubre de aquel año, en que sería jubilado por haberse quedado ciego total), habían asistido 16 niños y 19 niñas, de 13 y 29 matrículas, además de 4 de los 10 adultos matriculados. Llaman la atención los censos escolares de las dos pedanías bañezanas, en los que parece no haberse incluido a las niñas, y que en San Mamés asistieran a la escuela más niños que los matriculados.

De las escuelas privadas, en el Colegio de las Hermanas Carmelitas, autorizado desde octubre de 1907, con 20 secciones y 12 profesores, hubo 60 niños y 200 niñas matriculados, con una asistencia media de 178 alumnos. En la escuela regentada por Claudio Joaquín Fraile Tascón, carente de autorización oficial, con 4 secciones mixtas y un solo maestro, se matricularon 18 niños y 12 niñas, asistiendo una media de 25 alumnos, además de 8 adultos, todos los matriculados. En el Colegio de Servando Juárez Prieto, autorizado desde marzo de 1907, con 6 secciones mixtas y un solo docente, se habían matriculado 45 niños y 25 niñas, asistiendo a las clases 30 de ellos, además de 35 adultos, de los que asistieron 7. Por último, en la escuela de Luisa Palau Fernández hubo matriculados 10 niños y 13 niñas, habiendo asistido al aula 18 de ellos. Hay en otros documentos referencias a las escuelas privadas de Ricardo del Río, con matrícula de 26 niños y 6 niñas, y asistencia de 22, y de Margarita Marcos, con 111 matriculados y 89 asistentes, además de la de Justo García y la de Catalina Acebes, de las que no se consignan datos.

En julio de 1930 la Corporación bañezana planeaba resolver la escasez de maestros existente en proporción a la población escolar de la ciudad y gestionaba conseguir por mediación del exdiputado Antonio Pérez Crespo el Grupo Escolar necesario para las exigencias de la educación en la ciudad, y a principios de 1931 proyectaba reformar el Edificio-Escuela para dedicarlo todo a enseñanza, perfeccionándolo pedagógicamente y estableciendo una escuela de niños y otra de párvulos, de Patronato municipal. Desde La Opinión, en casi todos los editoriales y en numerosas colaboraciones, se sigue reclamando aquel segundo Grupo Escolar para La Bañeza, ahora con el argumento de acrecer las necesidades escolares con la pronta finalización de la Azucarera en construcción y el añadido de población que el inicio de su actividad acarreará. Cifra el semanario entonces las necesidades en dos nuevos Grupos Escolares, uno de niños y otro de niñas, con seis grados cada uno, y ampliar los dos existentes al menos en otros tres grados cada cual, o cuando menos en uno destinado a párvulos. Aquellos dos Grupos Escolares seguirían siendo reclamados por las corporaciones municipales republicanas, y aún por la última, que había puesto en su consecución un especial empeño. Hasta bastantes años más tarde no se harían realidad en La Bañeza.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Artesanos chocolateros, tejedores y fotógrafos

Publicado por IBAÑEZA.ES el 31/07/2017 8:03 Comentarios desactivados

Se dieron a lo largo de las pasadas centurias, además de la ancestral alfarería practicada en Jiménez de Jamuz (también se asentaron alfareros en Castrocalbón y en La Bañeza, en su barrio de Olleros, en diferentes tiempos) otras variadas artesanías en la comarca bañezana y en sus tierras aledañas, ocupando a sus hombres y mujeres y concurriendo a sus mercados, además de las tradicionales de cuyos productos se surtía la vida diaria o estacional de sus gentes: la de los zuecos o galochas, la del mimbre de las cestas y talegas, la del cuero de la guarnicionería y los talabarteros (presente también en Santa María del Páramo ya desde el siglo XIX en tenerías como la de Froilán Prieto González y otras), los herreros y herradores componedores en sus fraguas de las herramientas de labranza, la tan necesaria como laboriosa fabricación de carros (aún conocimos en nuestra infancia y nuestro pueblo jiminiego el industrioso “taller de los Marianos”), los hacedores de adobes y tapiales…, y algunas de ellas, como las de manufactura del chocolate o la confección de mantas y cobertores, se expandieron hasta alcanzar extensión y categoría de auténticas y afamadas industrias.

Chocolateros acreditados hubo en La Bañeza (ya en la Exposición Universal de Barcelona de 1888 recibían sendos premios por su exquisita elaboración las mantecadas y chocolates de Hermógenes Blanco, cuya tradición de esmerado buen hacer pastelero seguirían su hijo y su nieto Conrado); también en Castrocontrigo desde 1916, y en San Justo y San Román de la Vega (el acomodado Juan Geijo en el segundo, un aventurero que había hecho las Américas y tornado a su tierra natal para casarse y montar la fábrica de chocolates La Montañesa -cuyo edificio todavía se conserva- y que compartía su amor por la fotografía con su afición a los coches, siendo el primer vecino que compra en aquel pueblo un automóvil), seguramente algunos procedentes de Astorga, donde “en 1914 se censan en la ciudad 49 fábricas dedicadas a la preparación del chocolate, alguna de ellas de las más importantes de España, una saturación que hace emigrar a otros lugares a muchos chocolateros astorganos, incluso a naciones americanas, expandiendo el nombre de la ciudad y de la maragatería”, cuyos arrieros propagaron el complementario trabajo familiar de las faenas del campo y el comercio y popularidad del elaborado del cacao en la que era ruta habitual de sus desplazamientos comerciales y acarreos (una empresa de diligencias de transporte de viajeros que recorrían el noroeste de España en el siglo XIX era ya de titularidad maragata y tenía su sede en Santiagomillas), ofreciendo sus productos en los establecimientos comerciales y realizando, para los pudientes, confecciones a domicilio y al gusto de quienes reclamaban sus servicios (como hacía la viuda de Hermógenes Blanco en los anuncios que en julio de 1916 aparecían en La Crónica, semanario bañezano). Una industria artesanal que no requería, al parecer, mucho aparataje, pues cuando don Trinidad Afaba traspasa al inicio de junio de 1934 su fábrica de chocolates “La flor de La Bañeza” la componían una máquina para elaborarlo movida a brazo, otra para mondar y limpiar el cacao, un tostador y varios moldes.

Arte muchas veces familiar fue también el de la fotografía, destacando la rama de los Prieto Ferrero en la que todavía era villa bañezana cuando mediado el siglo XIX supo de su descubrimiento en Francia en 1816 por el físico Niépce y por el pintor Mandé Daguerre en 1831, lo que motivaría que Benito, uno de sus miembros, viaje a aquel país aprendiendo allí el oficio que unos años después, al regreso a su lugar natal, enseñará a su hermano Leonardo para montar entre ambos el estudio fotográfico que inauguran en 1879 y que crea en La Bañeza un negocio fotográfico familiar y una afición que Leonardo transmite a sus siete hijos, todos conocedores del oficio y tres de ellos profesionales de la fotografía (Leonardo Prieto Fernández, que continuaría con el estudio bañezano, y Julio y Gaspar en Ponferrada), dando lugar a cuatro generaciones ininterrumpidas de fotógrafos que llegan a la época actual asentados además en Astorga y Benavente. Benito (fallecido en 1944, a los 72 años, “y enterrado en una sepultura procedente de Robledo de la Valduerna”), por su parte, montó posteriormente –hacia 1880- su propio gabinete fotográfico en Ribadeo (Lugo, con sucursales en Navia y Luarca) del que derivará una progenie de artistas en la que destaca su hijo Benito Prieto Coussent (nacido en 1907; llegaría a estar preso en Tui en 1936 acusado de simpatizar con las izquierdas y de ayudar a obreros y anarquistas de la villa, en cuyo Instituto era profesor de dibujo), pintor de celebridad internacional que aprendió de él los secretos de la luz y la composición, alumno de Julio Romero de Torres y compañero de Salvador Dalí en la madrileña Academia de San Fernando. Aquel oficio tenía entonces mucho de ambulante, desplazándose los fotógrafos con sus equipos por lugares más o menos alejados de sus domicilios, y así encontramos el retrato de un grupo familiar realizado en 1907 por Leonardo Prieto Ferrero en Villalba de la Loma, pueblo cercano a Mayorga de Campos, ya en la provincia de Valladolid.

Los apreciados cobertores y mantas fueron por antonomasia los del cercano Val de San Lorenzo, cuya artesanía textil goza de larga tradición. A mediados del siglo XVIII se tejían paños y estameñas, que se usaban para las prendas femeninas, y el pardo, generalmente para las masculinas. Además de los fabricantes de tejidos había mujeres que se ejercitaban en hilar y muchas otras se dedicaban al peinado y cardado la lana. Al concluir la arriería, sus habitantes, en vez de emigrar, se aplicaron a incrementar la fabricación de paños burdos con lana de los rebaños de la zona y lino de los linares de la ribera del Turienzo. La crisis textil de la mitad del XIX incidió fuertemente en la artesanía del Val y de otros muchos lugares. Las fábricas catalanas de Sabadell y de Tarrasa eran ya a mediados de aquel siglo los más importantes centros productivos del país, que habían implantado con éxito un modelo industrial moderno y competitivo, al que tal vez, adaptándose a los nuevos tiempos, solo siguieron haciendo competencia desde Béjar.

La ciudad de Palencia, conocida desde antiguo por sus mantas, continuaba aún entonces esta producción en sus telares tradicionales cuando gentes de Val de San Lorenzo se desplazaban a trabajar a aquellos talleres palentinos. Uno de los estacionales, José Cordero Geijo, lo hizo con el empeño de sustituir la industria de paños burdos de su pueblo por la fabricación de cobertores o mantas, cuyo secreto atesoraba la ciudad castellana, regresando a los pocos meses con los conocimientos adquiridos y algunos utensilios necesarios. En 1858, el día de su Fiesta Sacramental, fueron expuestas en el Val de San Lorenzo las seis primeras mantas tejidas en este lugar. Y así comenzó una nueva era y la cosecha de galardones como el otorgado en 1900 en la Exposición Internacional de París. En 1920 un grupo de setenta y tres vecinos formaron una Comunidad de bienes e instalaron La Comunal, la primera fábrica con maquinaria moderna, destinada a cardados e hilados de lana.

Val de San Lorenzo fue por muchos años un prestigioso centro textil con tradición artesanal. Existían en 1998 alrededor de veinte familias dedicadas a tejer mantas, alfombras, y otros manufacturados, además de cuatro fábricas más industrializadas y con mayor capacidad de producción, mientras en un viejo y antiguo telar familiar se tejían aún mantas al estilo tradicional, y alguna tejedora seguía haciendo aquellos mantones negros con flecos que tanto usaron nuestras mujeres del campo en los días invernales.

El interés por el Val de San Lorenzo y por su preciada artesanía llegó antaño hasta la madrileña Escuela de Cerámica de la Moncloa (creada en 1911 como extensión de la Institución Libre de Enseñanza), de la que se desplazó en el curso de verano de 1926 un grupo de 45 personas entre profesores y alumnos que convivió durante seis semanas con sus vecinos buscando motivos de inspiración para su arte, plasmado en una excelente colección de 300 acuarelas de retratos, paisajes, artesanía textil, labores agrícolas y escenas de hogar que allí realizaron, y al menos otras 253 elaboradas en el curso posterior a partir de fotografías tomadas por el profesor Aniceto García Villar, uno de los que acompañó a los estudiantes, y de cuyas reproducciones dispondrán en el museo de la localidad. Los artífices madrileños, que recalaron entonces en el Val debido a la amistad que unía al director de aquella Escuela, Francisco Alcántara, con el pintor Joaquín Sorolla, que desde 1902 a 1911 había viajado por nuestra provincia en varias ocasiones, también realizaron algunos trabajos en arcilla, que no se conservan debido a la destrucción sufrida en la guerra civil, lo que no sucedió con las acuarelas, que fueron salvadas de los bombardeos. La Escuela pagaba diariamente a cada vecino del pueblo por posar para los artistas la cantidad de tres pesetas, algo impensable de ganar allí en aquel momento (en cinco se fijaba a finales de febrero de 1931 el salario mínimo del personal ferroviario), y fue aquella una experiencia de inspiración institucionista adelantada en sus pretensiones, planteamientos y métodos a las que unos años más tarde, en el periodo republicano, depararán las Misiones Pedagógicas también por estas tierras.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El ferrocarril León-Braganza y otras fallidas vías férreas

Publicado por Ibañeza.es el 17/07/2017 8:33 Comentarios desactivados

Los años veinte estuvieron en nuestro país (y especialmente en lugares como León, Astorga, Veguellina de Órbigo o La Bañeza) muy ligados al ferrocarril, dado el auge alcanzado ya entonces por este medio de transporte en contraposición a las deficientes y escasas carreteras y al rudimentario y costoso tráfico de mercancías en camiones. Con base en estas circunstancias, y al socaire de la pretensión del Consejo Superior de Ferrocarriles de establecer “líneas secundarias, estratégicas y de tráfico local”, el ilustre bañezano, abogado y militar Nicolás Benavides Moro proyectó en 1925 la construcción de la línea férrea León-Braganza (Portugal). Sus estudios y propuestas movilizaron a la prensa en pro del trazado, llegando hasta dicho Consejo, que se interesó por el proyecto, y a los ingenieros de la Compañía de Ferrocarril del Norte de España, que propugnaron un ramal que colmara “intereses ferroviarios regionales” y que desde Puebla de Sanabria pasara por La Bañeza, Valencia de Don Juan, Sahagún y Saldaña, para enlazar en Mataporquera con los ya existentes del Norte hacia Asturias y de La Robla a Valmaseda.

Los bañezanos defendieron su propuesta, variante de otra de la Diputación provincial que pretendía el enlace Guardo (Palencia)-La Bañeza. Dos años más tarde don Nicolás Benavides, entonces coronel de Estado Mayor, añadió a su diseño algunas variaciones con la idea de que el trazado (“el más corto y el menos costoso”) uniera dos importantes puertos marítimos (Bilbao-León-La Bañeza-Puebla de Sanabria-Braganza-Oporto) y aproximara las cuencas mineras astur-cántabro-leonesas al norte de Portugal carente de carbón.

En 1927 otro bañezano, Vicente Fernández Alonso (uno más de los iniciales entusiastas de la dictadura primorriverista en nuestra tierra que lo sería después del socialismo), logró mediante sus intervenciones en la prensa local, regional y nacional, las adhesiones del ayuntamiento y de la Diputación leoneses al proyecto de don Nicolás, para cuya defensa y la de la línea León-Braganza se celebró en octubre una asamblea interprovincial en la Casa Consistorial bañezana seguida de un banquete popular en el que brindaron por el éxito del empeño, entre otros, el médico Mariano Andrés Luna y el Jefe de Correos Augusto Valderas Blanco.

En este asunto, “que bien lo merecía y lo merece” (se decía de él todavía a la altura de 1957) La Bañeza comenzó a ser oída en algo que le interesaba (aunque más importaba a la capital provincial y a las zonas leonesas del Páramo y zamoranas de la Carballeda y la Sanabria, aisladas y sin comunicación ferroviaria), y a su favor se sumaron muchas voces, manifestándose en contra solo una, la de “un contumaz colaborador de un periódico vecino (El Pensamiento Astorgano) que obtuvo varapalos a diestro y siniestro, tanto por lo serio como por lo bufo”. En los inicios de 1931, desde el número 5 del semanario bañezano La Opinión, Vicente Fernández Alonso llega a proponer, ante el desinterés de la capital, una línea que comience en Veguellina o en Astorga con ramal de Nogarejas a La Bañeza.

(Tal vez sean reminiscencias aún de aquellos intereses y anhelos las actuales pretensiones de conseguir ver realizada la autovía León-Braganza, cuyo trazado presenta grandes similitudes con el que antaño se pretendió para aquella tan deseada vía férrea).

Ya había habido años antes intentos de conseguir otros trazados ferroviarios que transcurrieran por La Bañeza: los regidores bañezanos acordaban en junio de 1859 dar toda clase de facilidades para la construcción del “camino de yerro” que habría de unir la villa con la capital de la provincia, en lo que ya se consideraba una decisiva apuesta de futuro. Después, se había pretendido en 1904, y se llegó a realizar para tal fin una asamblea en Veguelllina de Órbigo, el ferrocarril Grado-La Bañeza y su posterior prolongación hasta Puebla de Sanabria; en 1907 tomaron gran relieve las gestiones encaminadas a alcanzar su construcción, realizándose en mayo una reunión de representantes de los ayuntamientos enclavados en su pretendido trazado, y el desplazamiento a Madrid de una comisión formada por los dos diputados provinciales del distrito y dos concejales, que se entrevistaron con el ministro y con responsables de Fomento y obtuvieron su interés y la demanda de que se les presentase el oportuno estudio. Cuando desde La Bañeza se comunicó a los ayuntamientos de Grado y de Puebla de Sanabria el importe de aquél (70.000 pesetas), contestó el primero que no contribuiría, y el segundo ni siquiera contestó. En 1923, en el Índice de peticiones que la ciudad de León hace al Rey y al Directorio Militar gobernante para el progreso de la provincia, se dice hallarse aún en estudiado proyecto (aprobado desde junio de 1890 y considerado ya en 1864 de interés por el gobierno) la línea a Portugal por Benavente desde León, “que tantos años atrás ya fuera rechazada por la decisión de un preboste maragato”, y por la que desde la Cámara de Comercio de Gijón se abogaba en noviembre de 1930, propuesta de la que aquí se hacía eco El Diario de León a primeros de marzo de 1931.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Estación de La Bañeza a mitad de los años 30.


Cuando solo los pobres servían a la Patria

Publicado por Ibañeza.es el 3/07/2017 8:04 Comentarios desactivados

Prosiguió en el siglo XX la guerra marroquí iniciada en 1859, “cuando España alzó banderas contra el moro” (de las iniciales campañas de aquel año y el siguiente sobrevivió el bañezano José Monroy Santos, honrado como héroe “pensionado de supervivencia” a la altura de 1916), y que tantas aprensiones y temores suscitó entre tantas generaciones de quintos sorteados y en sus familias (todavía apesadumbradas en la década de los sesenta cuando al mozo le tocaba “pa África”), y lo hizo entre escasos triunfos como Alhucemas y sonados desastres como los del Barranco del Lobo en julio de 1909 y Annual en el mismo mes de 1921, en medio de un sistema de reclutamiento que permitía a los pudientes, privilegiados, y clases acomodadas quedar exentos, rescatados, de la incorporación a filas (en 1912 se estableció el Servicio militar obligatorio, aunque persistió el privilegio de los soldados de cuota, los que mediante pago gozaban de contribuir con una prestación aligerada y reducida al solo periodo de instrucción durante seis meses), o ser sustituidos mediante el abono de un canon, que era de 6.000 reales en 1910 y de 2.000 pesetas en 1916, cantidades que desde luego no estaban al alcance del pueblo, habida cuenta que el sustento diario de un trabajador ascendía entonces a unos 10 reales -2,50 pesetas-, y que la economía de la época contaba con una muy escasa circulación dineraria, por lo que generalmente los menos acomodados eran prófugos o se autolesionaban y los adinerados se redimían o sustituían por otro mozo al amparo de las posibilidades ofrecidas por la ley.

Además, la mayor parte de los reservistas eran pobres campesinos y obreros cuyos intereses nada tenían que ver con los que se ventilaban en la contienda, padres de familia en las que la única fuente de ingresos era el trabajo de éstos. Mientras, los hijos de los ricos compraban al vástago de un trabajador para que ocupara su plaza en África, lo que con profusión y acierto era denominado en el periodo como trata de blancos. En La Bañeza en 1916 pudo permitirse tal discriminatorio privilegio el recluta Julián Fernández de la Poza, al que al inicio de aquel año solicitaban de la Caja de Recluta de Astorga “la presentación de la carta de pago de la cuota militar”, al igual que Odón Alonso González y José Cabo Valenciano en 1921.

Eran formas de eludir la “contribución de sangre” la “redención a metálico” (primero y desde 1836), además de la “sustitución personal” después, y otras exenciones (cambiar un número bajo por otro alto en el sorteo), así como las que originaron el negocio de los Seguros de Quintas que florecieron a su costa, en unos tiempos en los que las frecuentes guerras hacían de la prestación del Servicio militar un importante riesgo aun en el caso de volver de ellas con vida.

Ya en 1819 Pascual Martínez Fuertes, acaudalado de Boisán, había contratado con Joaquina Mielgo y su hijo Miguel López Mielgo, del mismo pueblo, para que éste sirva a la Patria como sustituto que reemplazará como soldado a su hijo Francisco Martínez Martínez (apodado Cuarentavacas), pagándole 10.000 reales -2.500 pesetas-, un precio elevado según los contratos similares que regían aquellos años (en Santa Marina del Rey se pagaban entre 5.000 y 6.000 reales), seguramente no menos que el riesgo que debió de afrontar el reclutado, que se encontró de pleno con la sublevación del general Riego y fue quizá llevado a América, en aquellos años tan revueltos en España y en sus posesiones de ultramar. La esposa del entonces sustituido contrataría en 1855 con Tiburcio Otero, de Villalibre de Somoza, por 4.000 reales, la sustitución de su hijo Santiago Martínez Criado (en lo que parece que era ya una costumbre famliar).

En 1847 Juan Martínez, de Jiménez de Jamuz, sustituía por 4.200 reales (“o afianzando el doble”) la suerte de soldado de su hijo Cayetano. En 1856 la viuda Agustina Vidales, del mismo pueblo, libra a su hijo Mateo Vidal Vidales “que sostenía la labranza en la familia” y había obtenido el primer número en el sorteo, cambiándolo con el del mozo Agustín López, de Villanueva de Jamuz, “exento de cupo” al sortear (solo se reclutaba a la quinta parte de los integrantes del reemplazo, y de ello venía lo de quinto), pero que servirá en su lugar los 8 años entonces establecidos y al que entregará 1.000 reales al año siguiente y un traje completo cuando se licencie. En 1858 Ambrosio Peñín sustituye a su hijo Antonio por Antonio González, de Quintana y Congosto, al que paga 5.500 reales. Felipe Pérez, de Tabuyuelo de Jamuz, se cambia por 3.000 pesetas en 1863 por el hijo del amo con el que estaba de criado para ser alistado en vez de aquel por otros tres después de haber servido ya tres años en África. El confitero bañezano Manuel Fernández Centeno halla en 1878 sustituto para su hijo Manuel en el jiminiego Jacinto García Sanjuán, al que paga 6.500 reales, y en el mismo año y por 6.600 Inocencio Santamaría Vivas, de Jiménez de Jamuz, sustituye a su hijo Pablo Santamaría Fuertes, al que necesita en los trabajos alfareros, por un mozo de 22 años de Posada de la Valduerna.

Y si cierto fuera lo que la bañezana Josefina Alonso Ruiz nos dice que oyó contar siempre en su casa, rescatado habría sido también, a la altura de 1820 y con el dinero que para ello le prestara su bisabuelo, el que llegaría a ser oficial del Ejército y perseguido liberal, además de afamado relojero londinense, José Rodríguez Losada (constructor en 1866 del reloj enclavado en la madrileña Puerta del Sol), que años después enviaba a su benefactor un reloj de oro (que aún conserva la familia) en agradecimiento por su ayuda.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia, de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Alhucemas. Cala del Quemado. Café en el barrio civil. De una colección de postales traída por el jiminiego Miguel Lobato Fernández de su Servicio militar en África en torno a 1925.


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