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En 1932 la Diputación de León tratará de hacer un estatuto leonés contando con los representantes en Cortes y los ayuntamientos de la provincia, y Acción Agraria Leonesa celebra una asamblea en la que define su ideario como “agrario y leonesista” y su programa autonomista, regionalista y leonesista, que persigue una autonomía basada en la personalidad leonesa, con una Diputación y unos municipios leoneses autónomos, éstos “con la institución del Concejo abierto en la plenitud de su organización y funciones, sustituyendo en muchos casos a los artificiosos ayuntamientos existentes”, con “legislación y ejecución sólo para la esfera regional en materia de régimen administrativo y Hacienda autónoma a base de un concierto económico periódicamente revisable”. En septiembre del mismo año las Cortes aprueban el Estatuto de Cataluña; la reacción anticatalana se generaliza en todo el país, y las inquietudes castellano-leonesas, apoyadas por un sector importante de la opinión pública, se canalizan hacia la consecución del Estatuto de autonomía como solución al problema regional, impedido una vez más por el triunfo de la derecha en las elecciones de noviembre de 1933. Antes, el líder de Acción Agraria Leonesa, Antonio Álvarez Robles, lanza desde El Diario de León un proyecto que busca primordialmente objetivos económicos y potenciar la identidad cultural de la provincia, afirmando y desarrollando los valores culturales que se convertirán en 1933 en la corriente del “leonesismo cultural”.

Diputados nacionales por León en el año 1931.

En el segundo bienio republicano refluyeron las exaltaciones regionalistas del primero, con una mayoría parlamentaria de derechas obstructora del autonomismo y un gobierno que lo frenaba en Cataluña e impedía otros intentos periféricos, y en León ya desde finales de 1932 comienza a imponerse la que devendrá mayoritaria posición de esperar el momento para reclamar una prudente autonomía regionalista (contrapuesta al separatismo y al nacionalismo), sin hacer más desde la izquierda que observar el curso de los procesos que otros habían ya iniciado, mientras que los conservadores aspirantes a dirigir el leonesismo optaban por aguardar reforzando sus desdibujados trazos y diluida personalidad regional, y “tiempo habrá de formar el estatuto y de pedir la autonomía, si se ve que por el camino de los catalanes se puede llegar a alguna parte, …en tanto se estudia, se forma y vigoriza la conciencia regional”, y a ello ajustaron sus iniciativas algunas de las fuerzas vivas y culturales leonesas como el Grupo de Tradiciones Leonesas, que rescataría ceremonias como las del Foro u Oferta (las Cabezadas) y las Cantaderas, en las que la participación municipal era temporalmente suspendida por el ayuntamiento en aplicación de las leyes de laicismo, y organizará veladas en el claustro catedralicio, conmemoraciones y conferencias, y celebraciones como la del Día del Libro Leonés, todas con el apoyo de la Diputación provincial.

La actividad regionalista y el leonesismo cultural resurgen y se animan en 1934 después del acceso al poder de los radicales y hasta los sucesos de octubre, que bloquearon una vez más el proceso regional español. En 1935 la derecha (que aún respeta al régimen republicano) se manifiesta opuesta a los nacionalismos pero partidaria de una descentralización del Estado a través de la articulación autónoma de las regiones mientras ello no afecte a la soberanía nacional, lo que, junto a la inútil polémica con Castilla, frenarán aquel resurgimiento.

Por lo que hace a la provincia leonesa, donde ya Fernando Merino, conde de Sagasta, había representado una aspiración leonesista, más o menos hábil o discretamente llevada, contra la aspiración o realidad centralista encarnada por los políticos datistas o garcíaprietistas, una de las características distintivas, no obstante, del regionalismo leonesista, del leonesismo cuyas raíces e impulso se hunden en el siglo XIX, frente al castellano-leonés fue la distinta relación que uno y otro tuvieron frente a las reivindicaciones autonómicas catalanas: Cuando en diciembre de 1918 se redacta por los representantes de las diputaciones de Castilla y de León en Burgos un documento de oposición al nacionalismo catalán, el ayuntamiento de León con su alcalde socialista Miguel Castaño al frente rechazará tales acuerdos y se manifiesta favorable a las pretensiones catalanas a la vez que reclama una amplia descentralización para municipios y provincias.

(Ya en el periodo revolucionario, de 1869 a 1873, los federalistas pretendieron una descentralización del país en contraposición al religioso y tradicional arcaicismo carlista de los fueros. La Primera República recogió en su proyecto de Constitución federal del 17 de julio de 1873 la pretensión de crear un único Estado federado -dentro de los 15 proyectados- de once provincias en el valle del Duero español que además hubiera comprendido las de Logroño y Santander, como pocos años antes habían propugnado para Castilla la Vieja desde Valladolid en el Pacto Federal Castellano. Aquel proyecto será contestado por los republicanos leoneses de manera contundente, y a la Asamblea Constituyente llegó en agosto de 1873 desde la comisión de la Diputación provincial de León -integrada por el secretario y cinco diputados, todos monárquicos- y apoyada por el ayuntamiento de La Bañeza y otros como los de Valencia de Don Juan y Riaño, una petición de su modificación que permitiera a la provincia formar un Estado propio dentro de la República Federal Española. El fin del breve régimen republicano, a principios de 1874, dio al traste con una y otra iniciativa.)

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Un fugaz parlamentario leonesista, y el regionalismo excluyente (I)

Publicado por Ibañeza.es el 3/12/2018 8:32 Comentarios desactivados

En las elecciones a Cortes Constituyentes del 28 de junio de 1931 se presenta como regionalista independiente por León, como leonesista, Francisco Molleda Garcés, “conservador bugallalista hasta hace poco” e hijo de quien había sido jefe de los conservadores de la provincia desde hacía 30 años, Antonio Molleda Melcón. Obtuvo 17.230 votos, pero este único diputado nacional leonesista de la historia no consiguió refrendar su acta, no llegó a serlo, apartado de una Cámara en la que estaba llamado a compartir escaño con los representantes de los entonces incipientes regionalismos catalán, vasco y gallego, porque la Comisión de Actas del Congreso lo incapacita para ello por incompatibilidad para el cargo, debido probablemente a que a sus múltiples empleos (vocal en la Diputación provincial y Juez municipal, entre otros) sumaba el de abogado del Estado, sin que de nada sirviera su protesta alegando las incompatibilidades de otros diputados que, al contrario, no fueron apartados. Lo sustituyó el bañezano Herminio Fernández de la Poza, candidato que, sin alcanzar los votos necesarios, se había presentado en aquellas elecciones por el Partido Republicano Radical de Lerroux. Sobre tal sustitución planeó la sombra de la supuesta masonería a la que después se acusó de pertenecer al bañezano, en un Parlamento que contó con un significativo número de diputados masones repartidos entre todas las adscripciones ideológicas.

Diputados nacionales por León en el año 1931.

En 1931, en la Revista del Clero Leonés Eugenio Merino escribirá sobre una autonomía leonesa-castellana que defienda los intereses agrícolas, y J. González lo hace “sobre los fundamentos históricos del regionalismo leonés”. Ese mismo año Bravo Guarida (que ya había protagonizado en 1919 y 1922 unas avanzadas proclamaciones leonesistas) establece el Curso de Estudios Leoneses, y desde primeros de diciembre de 1931 a principios de enero de 1932 aparece en El Diario de León el documento por entregas titulado Catecismo regionalista castellano-leonés, obra del párroco F. Gómez Campos (que rechaza el matrimonio civil y demás aspectos del Estado laico recogidos en la Constitución aprobada días antes), y cuyos postulados, opuestos por igual al nacionalismo separatista y al federalismo y tendentes a una autonomía con fuerte impronta católica y tradicional, se acercan a los del carlista tradicionalista Vázquez de Mella: integración de la unidad de Castilla-León; Santander como salida natural de Castilla al mar; la Cuenca del Duero base del territorio regional, y el proyecto estatutario salvaguarda y mantenedor de la unidad y la soberanía nacional, todo ello dentro de los marcos del “regionalismo sano”.

El autor, oculto bajo aquel seudónimo pero en realidad el clérigo Eugenio Merino Movilla, rector entonces del Seminario de Valderas y destacado referente en labores histórico-arqueológicas en la región terracampina y en el ámbito del catolicismo social y obrero, propugnaba (en una pretensión que entonces fue un fracaso) la creación de un partido regionalista que luche por alcanzar las aspiraciones diferenciadoras y que amparase esencias e instituciones propias como las del Concejo y las Cortes, además de los aspectos económicos, y señala los deberes del buen regionalista (…depurar los municipios de banderías necias y de caciques vividores; …defender los derechos y justas reivindicaciones de las clases, y más de las humildes; …practicar la solidaridad mutua entre familias, vecinos, pueblos y comarcas,…) para la consecución de un regionalismo guiado por “los mejores castellanos, los habitantes de los pueblos”, y para alcanzar el ente asociado, único y de conjunto de Castilla y León, “cuya savia y sangre han de ser la Fe y la Religión”, y del que excluye a los ateos y a los socialistas.

El 28 de diciembre de 1931 se reúne en Cacabelos una asamblea de alcaldes de la provincia para tratar sobre la formación de un Estatuto Leonés. Se nombró una comisión (formada por los de Cacabelos, Mansilla, Renuedo de Valdetuejar, Villamañán y Santa María del Páramo, y presidida por el secretario de Pola de Gordón, señor Micó) para enviar a los demás ayuntamientos la ponencia presentada allí para su estudio, y redactar un reglamento para su discusión. Se convocó una nueva asamblea para, estudiado el asunto, discutirlo con detenimiento.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (y IV)

Publicado por Ibañeza.es el 19/11/2018 8:03 Comentarios desactivados

El 16 de diciembre comenzaba a actuar en León el Tribunal de Urgencia para juzgar a los encartados en la subversión, compareciendo en aquella fecha Gregorio Fernández y Manuel Roces, condenados a 4 meses y 1 día de prisión, dos de los muchos apresados masiva y preventivamente en la capital y en la provincia, la mayoría militantes de la CNT, la FAI, y sus Juventudes Libertarias, en lo que bien puede pasar por magnífico prólogo de lo que sucederá tres años después (algunos volverían a ser detenidos antes, en la revuelta de octubre de 1934), cuando bien pocos sean quienes de ellos consigan escapar a la represión posterior al golpe militar de 1936. En la mañana de aquel mismo día presentaba el gobierno la cuestión de confianza y comenzaban las consultas para formar el nuevo, dándose ya su probable lista. Tres días después en la capital leonesa el mismo Tribunal absuelve a Manuel Durruti Domingo y a otro encausado, condenando a los restantes procesados.

El día 18 se resolvía la crisis de gobierno nombrando Lerroux (con el apoyo de la CEDA) un nuevo gabinete en el que entran un agrario, un melquiadista, uno de la ORGA, un progresista, uno de la Agrupación al Servicio de la República, uno de la Lliga, y siete radicales, y en el que pasa a Gobernación Martínez Barrio. El 19 Mariano Menor Poblador (del PRRS), pasa a ser el nuevo gobernador civil de León (aunque no llegaría a ejercer de tal, siendo sustituido el día 31 del mismo mes), la misma fecha en la que Gil Robles afirmaba (en un discurso tildado de fascista por las Juventudes Socialistas) que “el país debe de optar entre Largo Caballero y nosotros”, añadiendo: “queremos el poder para hacer una reforma constitucional”, y explicando que a cambio de sus votos espera obtener amnistía para los alzados con Sanjurjo en agosto de 1932 y una profunda revisión de la legislación en materia religiosa y laboral de las Cortes Constituyentes, a lo que responderá Indalecio Prieto que “frente a sus ambiciones dictatoriales de arrasar los logros republicanos no dudarán los socialistas en desencadenar la revolución para defenderlos”, presagio y germen de lo que sucederá en octubre del año siguiente.

Aún detenía la Guardia Civil de Veguellina de Órbigo el día 23 a Claudio Centeno Santiago (el “Charrero”), “reclamado por el juez militar eventual de aquella plaza” (dice El Diario de León, y tal vez se creara un juzgado específico en el lugar para encausar lo sucedido) por ser uno de los que intervino en la revuelta que allí se originara, y el 26 apresaba la de Vega de Espinareda en Sezano a uno de los complicados en los hechos revolucionarios, mientras en Cacabelos dos fugitivos de aquellos sucesos disparaban contra una pareja de la Benemérita.

El 14 de marzo de 1935 se iniciaba en el leonés Cuartel del Cid el Consejo de Guerra (presidido por el coronel del Regimiento Burgos 36 Vicente Lafuente Lafuente-Baleztena (cuyo papel en la represión en León después de la sublevación militar de 1936 le valdría el ascenso a general) contra varios paisanos vecinos de Veguellina complicados en los sucesos de diciembre de 1933 (en cuya preparación intervinieron dirigentes de allí y de la capital, se afirma en la vista) por su agresión a la Guardia Civil que protegía los trabajos de los obreros telefonistas enviados a restablecer las líneas saboteadas, de la que resultaron dos de sus números inútiles y pudo costar la vida a otros dos (dice en su crónica de aquella fecha La Vanguardia). Eran los agresores Antonio García Dueñas (alias Gatiti, considerado como autor), y sus cómplices Manuel Álvarez Silva, Hipólito Abriala Pérez, Agustín Arias Rey (“Pitillo”, que con otros ya había participado en julio en el ataque al contratista Paulino Clérigo), Francisco Fernández García, Pascual Lozano Martínez, Andrés Martínez Blanco, Leopoldo Mielgo Domínguez, Casimiro Riesco Pérez, Joaquín Vega García, Manuel Fernández García y Abundio Lozano Martínez, de Pobladura de Pelayo García (dos procesados “Pitillo” –de 27 años- y “Sindi” –de 25-  no comparecen por haberse fugado con otros cuatro presos el 27 de agosto de 1934 de la cárcel provincial). El fiscal solicitaba la pena de muerte para el primero (además de para los no comparecientes) y condenas de reclusión perpetua para los restantes procesados (excepto Abundio Lozano, para quien, como encubridor, insta seis años de prisión). Los defensores (abogados Alfonso Ureña Delás y Carlos Álvarez Cadórniga), alegando que los hechos no están probados, pidieron la absolución de todos ellos. A la mitad de noviembre de 1935 el ministerio público reclamaría también en Consejo de Guerra la pena capital para el cenetista Timoteo José Álvarez Casasola (también procesado antes en rebeldía), detenido por entonces en Zaragoza (vecino de Veguellina, era natural de Roperuelos del Páramo, y sería fusilado en León, a los 31 años, el 29 de enero de 1938 con su compañero de militancia Abundio, de 25 años, y nueve más), y el 31 de aquel mes se verá ante el Tribunal Supremo el recurso contra el fallo del Tribunal Militar de León que había condenado a Antonio García Dueñas a la pena capital, sentencia que confirmará el 4 de diciembre el alto Tribunal.

Un rebelde arrestado por la Guardia Civil en Labastida (Logroño).

[Habían despedido en Veguellina de Órbigo al comienzo de julio de 1933 a varios obreros en la obra de construcción del puente sobre la vía férrea, ocasionándose protestas contra el contratista de obras Paulino Clérigo (tradicionalista de ascendencia vasca; su hijo Restituto Clerigo Santamaría, maestro cursillista de 1935 nombrado en junio interino para la escuela mixta de San Félix de la Valdería, será en 1937 Secretario Provincial de FET y de las JONS, después de la impuesta unificación de las milicias nacionales), agredido por cinco obreros que le solicitaron empleo, a lo que no accedió por tener cubierto el cupo, y forzado a huir pistola en mano hacia el cuartel de la Guardia Civil, donde se refugió, perseguido a tiros por algunos militantes anarquistas (Agustín Arias Rey –el “Pitillo”- y Manuel Trigal Mata, entre ellos) y apedreado en el trayecto, en el que hizo uso del arma. Los agresores fueron detenidos por los guardias y puestos en libertad poco después. Los dos citados participarán en julio de 1936 en la oposición al golpe militar en Veguellina; el primero conseguirá huir, y será el segundo condenado a muerte por ello y conmutado luego por reclusión perpetua].

Algunos de los penados en marzo de 1935 ya lo habían sido el 24 de enero de 1934 por el Tribunal de Urgencia de León, que veía la causa por los sucesos de Veguellina, Hospital de Órbigo y otros pueblos durante el movimiento revolucionario contra Casimiro Riesco, Leopoldo Mielgo Domínguez y Andrés Martínez, defendidos también antes por los mismos dos letrados y por Olegario Combarros (aparece como falangista astorgano en el otoño de 1936), y condenados por reunión ilegal a dos meses de arresto mayor, y por sedición a un año y ocho meses. A tres meses se condenó por reunión ilegal a los siete procesados restantes, y por sedición a dos años y once meses, absolviendo a unos y a otros de la acusación de uso de explosivos.

Se va al rápido y total desarme en toda España, decía el ministro de la Gobernación, Rico Avello, el día 30 de diciembre de 1933 (circulares gubernamentales para la retirada de armas continuarían dictándose aún en marzo de 1936), y añade que recomendará al ministro de Justicia el rápido establecimiento de campos de concentración de vagos y maleantes (en el centro, norte y sur del país) para aplicar eficazmente la Ley que de ellos se ocupa desde el pasado agosto. El día anterior los presos sociales (denominación que la prensa obrera daba entonces a quienes eran en su mayoría asalariados) de la cárcel de León se quejaban de las pésimas condiciones del edificio y de la insuficiencia del local (se había hecho preciso trasladar a Oviedo a parte de los presos comunes para acoger a los de la revuelta anarquista, promotores de la protesta), algo que se repetirá en el año próximo a iniciarse después de la insurrección socialista de octubre, cuando vuelva a desbordar de recluidos la prisión leonesa, además de las varias de Astorga y el Depósito Municipal de Presos y Detenidos de La Bañeza que como una más de aquéllas seguía funcionando.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (III)

Publicado por Ibañeza.es el 5/11/2018 7:57 Comentarios desactivados

En Valderas los obreros secundaron el lunes la huelga para volver la mayoría el martes al trabajo (excepto los ocupados en la reparación de las calles, que lo harán el día 14), animados por las noticias que les llegan de los disturbios de otras zonas y de las más cercanas, Veguellina de Órbigo entre ellas, donde la revuelta alcanzó graves cotas y “más se sintieron los horrores de la huelga revolucionaria”. Fue allí “víctima de un criminal atentado una pareja de la Guardia Civil cuando en la noche del domingo, día 10, se dirigía desarmada al cuartel del pueblo. Un grupo de desconocidos agredió a tiros por la espalda (ya a las puertas del recinto) a los guardias José Muñiz Alcoba y Manuel Guerra Martínez, presentando el primero 14 heridas de bala y 6 el segundo. El estado del uno era gravísimo, y menos grave el del otro. Ambos fueron trasladados en una ambulancia de la Diputación al sanatorio del doctor José Eguiagaray, en León, y habían mejorado ya bastante el día 16 (fecha en que lo narra El Adelanto, en un número “sometido a la previa censura”, como dispone el estado de alarma decretado, aunque los dos quedarán inútiles para el servicio, se dirá más adelante). Se practicaron algunas detenciones, después de que los rebeldes hicieran explotar varios cartuchos de dinamita y cortaran los hilos del telégrafo, teléfono y alumbrado, levantando algunos trozos de la vía férrea, y siendo milagroso que no se produjera una catástrofe a la llegada del expreso de Madrid” a aquella estación de ferrocarril, en la que trabajaría desde 1935 como factor Emilio Sanmiguel Herrero, padre de Lorenzo Sanmiguel Martínez, que tendría años después un marcado protagonismo en la guerrilla leonesa, encabezando una partida (la de “Martínez”), y sobre todo en la red de espionaje tramada en el norte peninsular y organizada por la Embajada inglesa con vistas a proveer a los Aliados de una alternativa en España al desembarco en Normandía de junio de 1944, lo que de haberse llegado a realizar hubiera cambiado radicalmente en nuestro país el curso de su historia.

Se dirá en El Combate el 23 de diciembre que “cuando los revolucionarios levantaron los raíles del tren en las estaciones de León y Veguellina cortaron al propio tiempo los alambres del disco para evitar el descarrilamiento de los trenes, pues al no poder dar con tal disco vía libre aquellos pararían, como sucedió, haciendo imposible el descarrilamiento,… aunque diga la ‘buena prensa’ (la católica y conservadora) que confundieron los cables del telégrafo (que van por arriba) con los del disco (que van a ras de tierra)”.

Cuando desde El Diario de León se cargue contra los derrotados revoltosos de octubre de 1934, se dirá el 17 de diciembre que “en la memoria de todos está en Veguellina la revolución de diciembre de 1933, en que la fábrica azucarera estuvo a punto de ser volada con la consiguiente ruina de un centenar de pueblos agrícolas; la Guardia Civil, en sanguinario asedio, se salvó de la muerte por milagro; levantados fueron los raíles del Ferrocarril del Norte con el fin de que perecieran los viajeros del exprés gallego; cortada la línea de Telégrafos y Teléfonos, y derribada la gigantesca red eléctrica de la empresa Fuerzas Motrices del Valle del Luna”, aunque nada se dijo sobre ello (tampoco sobre el derribo del tendido eléctrico) en ninguna publicación entonces, en los días de aquella algarada revolucionaria, y nada se dirá el 14 de marzo de 1935 cuando el mismo diario informe del Consejo de Guerra en el que se juzgarán aquellos hechos.

Un rebelde arrestado por la Guardia Civil en Labastida (Logroño).

Aquellos hechos sediciosos se achacan desde el semanario bañezano a “los obreros engañados por las predicaciones sangrientas de los jefes anarquistas y socialistas” (aunque los últimos no hubieran tenido participación en ellos y se hubiera tratado de una revuelta de perfil netamente libertario), algo que vendría a formar parte años después de los diversos mitos extendidos y sostenidos por los sublevados: el de que las víctimas de su represión habían sido embaucados por las ideas disolventes traídas a unas sociedades tradicionales, armónicas y pacíficas por gentes de fuera, como los forasteros, “cuatro pillos lenines comunistoides y socialeros –casi todos extranjis- que han laborado los últimos dos años y medio con engaño, huelgas, alboroto y división, explotando al pobre pueblo bañezano”, como dirá el clérigo regente que firma K-Vernícola en sus ediciones del 25 de noviembre y del 2 y 9 de diciembre, en una siembra de burla, desprestigio y odio en la que la publicación persistía, y que, convenientemente alimentados, producirían en pocos años resultados cainitas e inciviles.

Lo sucedido en Veguellina de Órbigo y en otros lugares había sido la explosión de conflictos fortuitos en los lugares en los que había militancia anarcosindicalista, coincidente con los puntos álgidos de agitación laboral, sindical y social, en acciones mayoritariamente aisladas entre ellas y sin más nexo de unión que ser la manifestación externa del descontento desesperanzado de las clases político-sociales menos favorecidas por la República; una revuelta con más rabia que ideas; un antagonismo que no es más que un frustrado intento de radicalización que ya preludia el resquebrajamiento de la sociedad en bloques enemigos y que parece indicar que en León los gobernantes, los revolucionarios y los militares ya están tomando partido antes del 18 de julio de 1936.

En la noche del martes, día 12 de diciembre, se presentaban al juez de Astorga, señor Duque, tres individuos (a quienes perseguía la Benemérita), presuntos autores de los bárbaros sucesos de Veguellina, los sindicalistas Casimiro Riesco y Manuel Martín, de Hospital de Órbigo, y Leopoldo Mielgo, de Puente de Órbigo, que ingresaban de inmediato en la cárcel en calidad de incomunicados. En la misma fecha era detenido por la Guardia Civil e ingresado también en la astorgana Prisión del Partido Antonio Peña Gallego, de Veguellina, y se ordenaba la detención de Miguel González Álvarez (“Sindi”), y de Agustín Arias Rey, a los que se acusaba de agresión. En la siguiente, día 13, dirá el rotativo leonés La Democracia que “el orden es completo en la capital y en la provincia, dándose por sofocado en su totalidad el movimiento, pues éste era el único foco que quedaba en toda España”.

De inmediato se aplicó sobre los insurgentes la represión que la ley y el estado de alarma establecían, y ya el día 14 pasaban a considerarse hechos de guerra los realizados por la fuerza pública al reducir a los intervinientes en los últimos sucesos, cuando los insurrectos aún merodean y cometen desmanes en los pueblos altos del Bierzo y llegaban a León al medio día, en dos autobuses y custodiados por guardias de Asalto, 21 detenidos de Fabero y Villafranca para ser recluidos en su cárcel por no haber sitio en las de aquellos pueblos. Al día siguiente se traslada a 16 a la prisión de Sahagún, y a la de Astorga se envían otros tantos (además de los 37 escoltados desde Bembibre el mismo día), al tiempo que el gobernador civil impone 32 multas de 10.000 pesetas (o el arresto subsidiario por dos meses en caso de insolvencia, que era el de la mayoría) a igual número de principales promotores, dirigentes y organizadores del movimiento revolucionario, además de otra de 500 al coadjutor de Santa María del Páramo, Antonio Sotillo Sanromán, “por enseñar y obligar a los niños de la catequesis a cantar canciones con la música de la marcha real” (se le levantaría la sanción a finales de enero de 1934, pues aquellos cánticos –a la Virgen- se hacían sin estar presente el sacerdote).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (II)

Publicado por Ibañeza.es el 22/10/2018 7:23 Comentarios desactivados

Para que aquel ensayo de revolución del año 33 apareciera con todas las contradicciones, se promovió en el mes de diciembre, el periodo menos indicado para echarse a la calle, y mucho menos aún en regiones como las leonesas. En León, una de las ciudadelas del buen entendimiento social; con un partido republicano radical que no desertaba de su coordinación y coherencia con las tribulaciones populares; con un partido socialista exasperado por lo que tenía aquella aparición de las derechas autónomas de derrota en toda la línea de sus previsiones; y sobre todo con una Confederación Nacional del Trabajo que no había digerido todavía las defecciones socialistas durante los primeros tanteos republicanos, con aquellos barbarismos de Casas Viejas, de Arnedo, o de las deportaciones de los más significados hombres de la Federación Anarquista Ibérica, con el leones Buenaventura Durruti en cabeza, ni estaba dispuesta a que los nuevos amos de la finca les negaran el pan y la sal, fue la Revolución.

Se levantaron en armas los hombres de la mina, las gentes ácratas de Fabero del Bierzo y las de La Valcueva y las de Toreno, y más o menos todas aquellas que rumiaban en soledad sus desencantos. Y a bombazo limpio, con más coraje y corazón que cabeza, se lanzaron a la conquista del mundo. Tomaron el cuartel de la Guardia Civil y produjeron la muerte de algún representante de la Ley. Y se dispusieron a tomar Ponferrada, su proyección revolucionaria máxima, su objetivo estratégico principal. Ni fue posible la guerra, ni fue ya posible la paz, salvo la de los sepulcros.

Se inició la represión, la reconquista, y pagaron los de siempre. El gobernador civil de la Provincia, Salvador Etcheverría Brañas, impuso la ley a bandazo tronante, y las cárceles de León, de Astorga y de Ponferrada se llenaron de desilusionados y deslumbrados. Fue una guerra estúpida, un movimiento táctico criminal, y una represión desmesurada. Ni los muchachos que habían tomado lo de la revolución en serio, a lo que tenían perfecto derecho, ni las víctimas entre los Guardias Civiles merecían un tan pobre, tan triste y tan paranoico montaje. Murieron cuatro romanos y cinco cartagineses. Pero quedó en la boca de cuantos intervinieron y en los que siguieron el relato, un sabor ácido que les venía de las entrañas.

De los entresijos de aquel episodio bárbaro nadie parecía querer saber nada. Sólo los anarquistas de la CNT, los apasionados y fieles cachorros de la FAI; ni el Partido Socialista ni la Sindical del mismo apego tenían nada que ver con la tremenda refriega organizada.

A los republicanos de todos los colores les parecía inoportuno, inadecuado y negativo el ensayo revolucionario, tal vez porque si salía bien, podía extenderse el invento y dar al traste con la casta y pura doncella republicana; para los socialistas, porque como miembros de la combinación republicano-socialista, llamada a gobernar por las buenas, aquellas malas no le servían sino para descubrir sus posibles fallos ante los trabajadores; y a los núcleos victoriosos de las derechas acumuladas, tampoco les convenía comenzar su andadura gubernamental machacando masas proletarias y tiñendo las crónicas de sangre.

Solamente los encendidos e irreconciliables libertarios encontraban el levantamiento, no solo justificado, sino propicio para una posible extensión y sobre todo para una comprobación de fuerzas.

Consecuencia lógica de tantísima confusión, las carreras a pelo, las escapadas tácticas, los escondites bajo la capa del cielo. Y en León, no faltaban ni heroicos fugitivos, ni técnicos en los juegos del escondite y de la dispersión.

Así aquel Elías García Sobrino, el que escribía los mensajes y las proclamas en tiempos de huelga, hombre austero y leal entregado tan de por vida a la “causa” que en ella acabó consumido y convertido en cenizas mártires. O aquel José Rey Álvarez, tan sereno y tan entero en los momentos de mayor riesgo; o Manuel Durruti Domingo, emplazado para la muerte en el año inmediato; o Melón Prieto, que empezó por ser boxeador y acabó zurrándoselas con el viento, como el personaje de Machado, o Juan Monje Antón, de la raíz de los negrillos de la tierra, pequeño, acortezado y duro, que un día le robó un fusil al centinela del Cuartel de la Fábrica; o “El Zancajo”, que cargó a hombros con su padre enfermo y le trajo a morir al pie de casa, y que luego fuera ejecutado a garrote vil en el patio de la carcelona de Puerta Castillo, en el año de la gran derrota, en el extravío del año 36; o “El Canalejas”, que era como un César Vallejo, en pequeño, al que todos le pegaban sin que él hiciera jamás daño a nadie, y que en la canallesca bronca del año 36, fue apresado en su casa de Puertamoneda, trasladado en un coche misterioso, como eran todos los que se dedicaban a la recogida de desleales, por las milicias sin padre ni apellidos políticos registrados, a la Diputación Provincial, que era donde se había establecido el cuartel general de los guardianes del orden público y de las puras esencias de la raza, y ya nadie volvió a saber de su vida ni de su muerte.

Todos o casi todos los que en aquel trágico esperpento del año 33 fueron detenidos, interrogados o borrados del censo por paradero desconocido, cuyo fracaso derivó en la paulatina declinación del poder sindical de la CNT, de cuyos componentes, sobre todo de sus fieles de la FAI, no quedaría sino un recuerdo como de leyenda, que el feroz holocausto del año de la sublevación de los sargentos habría de afirmar, en el año 1936 (¡Apenas tres años después de que se apagaran  las llamas de la ingrata sublevación de los pobres!), acabaron no diré que de mala manera, porque de muchos ni siquiera se sabe cómo fueron suprimidos.

El 11 de diciembre se remitían a los alcaldes del partido bañezano copias de los bandos fechados el 9 y que el gobernador civil había enviado el día antes al regidor de La Bañeza y a los de las demás cabezas de partido y villas y pueblos señalados (como Santa María del Páramo, Benavides, Hospital de Órbigo, Villamañán, Valderas, Veguellina, San Cristóbal de la Polantera, o Riego de la Vega) declarando el estado de alarma en la nación, cuyos acuses de recibo se devolvían de  Pobladura de Pelayo García el día 13, de San Adrián, Destriana, Quintana del Marco y  San Pedro Bercianos el 14, y el 15 de Santa Elena de Jamuz y de Castrocalbón. El mismo día 11 se corta por algunos revoltosos la línea telefónica que une León con Galicia y la telegráfica entre Astorga y la capital, y se inicia en la mañana una huelga que afecta a todo el ramo de la construcción y a las fábricas, a la que se suman por la tarde los tipógrafos, con lo que no habrá prensa el martes día 12, aunque si parece que abrió el comercio en la tarde de la fecha anterior.

Los sucesos revolucionarios anarcosindicalistas resultarían de más aparatosa gravedad en Cataluña, la Rioja, y Aragón (entre las víctimas habidas en Zaragoza se contó al leonés de Villarejo de Órbigo Dionisio Martínez Fernández, de 19 años, muerto cuando prestaba servicio como repartidor de Telefónica), y en la provincia de León alcanzarían los chispazos de aquel movimiento (así los nombra El Diario de León) a la capital, donde declararon la huelga general los elementos de la CNT, no publicándose los periódicos y adoptándose grandes precauciones, sin que la normalidad se viera alterada (aunque la policía controlaba la situación en un par de días –dirán otras fuentes- y detenía de inmediato a los anarquistas más activos), y a lugares de la cuenca minera del Bierzo como Cacabelos, Fabero (donde los cenetistas del Sindicato Único Minero, capitaneados por el natural de Requejo de la Vega Clemente Gregorio Aparicio Pérez proclamarán el comunismo libertario), Vega de Espinareda y Villafranca, donde estallaron focos revolucionarios (principalmente en las tres primeras poblaciones), habiendo salido para Ponferrada dos compañías del Regimiento nº 36 de León (en nueve automóviles de línea requisados, a cargo de un comandante y dos capitanes, uno de ellos Eduardo Rodríguez Calleja) y una compañía de ametralladoras de Astorga, concentrándose además nutridas fuerzas de la Benemérita, acompañadas todas ellas por dos aeroplanos de la base de la Virgen del Camino. La calma se restableció, huyendo al monte los rebeldes y saliendo para Vega de Espinareda una sección de ametralladoras y 35 Guardias Civiles para reducir a los extremistas, que se hicieron fuertes en este pueblo. En Cacabelos resultó herido un Guardia Civil, y en un camión abandonado por los revoltosos se halló el cadáver de un paisano, todo ello según lo contaba el semanario bañezano El Adelanto el día 16, añadiendo que para entonces la huelga ya se solucionó en León, y reina la tranquilidad en toda la provincia y en España, según comunicaba a los periodistas el gobernador civil.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Un joven participante en la revuelta detenido por la Guardia de Asalto en Zaragoza.


La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (I)

Publicado por Ibañeza.es el 8/10/2018 8:05 Comentarios desactivados

La española Segunda “República de trabajadores de toda clase” había decepcionado pronto a los obreros, desde que ya en junio de 1931 desencadenara la represión policial contra los cada vez más numerosos movimientos populares. Además el desgaste del gobierno republicano-socialista, que había introducido tantas rápidas reformas, sin terminar ninguna, y el aplastante triunfo en las urnas del frente antirrepublicano y antirreformista el 19 de noviembre de 1933 habían traído incertidumbre, desasosiego social y desesperanza a los grupos proletarios organizados, que veían como el rumbo de la Segunda República daba un importante golpe de timón, frente al cual florecen desde diciembre en toda España abundantes intentos insurrecciónales abanderados por los anarquistas, que también alcanzan a León, a pesar de haberse declarado el estado de prevención ya el 4 de diciembre.

El gobernador general de Cataluña pedía aquel mismo día al gobierno refuerzos de policía para que puedan descansar los que están allí, muy fatigados por los últimos acontecimientos provocados por los anarcosindicalistas. Se registraban y clausuraban en Madrid el 5 todos los círculos tradicionalistas (protestan sus militantes diciendo que las Casas del Pueblo están llenas de armas y ni se registran ni se clausuran), la oficina fascista de Falange Española y los ateneos libertarios; se retiraba (una vez más) el periódico El Socialista por orden del gobierno y por publicar un artículo violento, y se descubría en Tui (Pontevedra) un intento de sedición entre algunos marineros de la tripulación de la lancha de guerra Cabo Praderas, deteniéndose a los principales comprometidos, prolegómenos todos de actuaciones rebeldes de mayor envergadura que poco tardarían en producirse, y así se declaraba el día 9 el estado de alarma en todo el territorio nacional al estallar un levantamiento anarquista, con ramificaciones principales en Logroño, Huesca, Zaragoza y Barcelona, y con el resultado de cuatro guardias civiles muertos y once heridos, aunque “la rebelión está sofocada”, se añadía entonces.

En veinte minutos había creído el ministro de la Gobernación que se ahogaría aquel movimiento perturbador de extrema izquierda que los rumores ya anunciaban para la noche del 8 de diciembre, y en el que no intervendrían más fuerzas que las de la CNT-FAI (como dirá más adelante en el Parlamento Indalecio Prieto, desmarcando de él al socialismo, que a pesar de las retóricas declaraciones revolucionarias de Largo Caballero no secundaría la protesta), lo que no vino a resultar tan sencillo, durando cuatro días y dejando 75 muertos y 101 heridos entre los revolucionarios, 11 muertos y 45 heridos de la Guardia Civil, y 3 muertos y 18 heridos de las fuerzas de Seguridad.

Sólo a partir del triunfo conservador en las elecciones generales de noviembre comenzaron a producirse (a acrecentarse más bien, al tiempo que abundaban los intentos insurreccionales en toda España) los desórdenes en la provincia leonesa, en la que los problemas básicos que convulsionaban la vida del país (la Reforma Agraria, la cuestión religiosa y el paro obrero) no tenían traducción, y donde el sindicato UGT era reformista, sin ser faista el anarcosindicalismo, un reformismo sindical que obedecía a la cercanía de los trabajadores más a su antigua mentalidad agrícola que a su condición de asalariados. Por otra parte, el gobernador civil de León, Salvador Etcheverría Brañas, tenía ya conocimiento el 10 de noviembre anterior, por el informe del agente de Investigación y Vigilancia asistente a la misma como delegado gubernativo, de que en una reunión en el local de la CNT en la capital se acordaba declarar la huelga general revolucionaria con todas sus consecuencias si en las elecciones del 19 de aquel mes triunfaban las extremas derechas, y desde la Dirección General de Seguridad el 9 de diciembre de que el sindicato anarquista y la FAI llamaban en todo el país a la revuelta para imponer el comunismo libertario. Los anarcosindicalistas leoneses, partícipes de las consignas de los comités nacionales de una y otra organización, decidirán comenzar la huelga general el día 11, una vez conocidos los movimientos revolucionarios en Aragón y otros lugares.

Una visión cercana e interior del cómo y el porqué de la asonada que estalló en Veguellina de Órbigo (donde la CNT contaba en septiembre de 1932 con 169 asociados en su Sindicato de Oficios Varios, representados por Victoriano Fernández en el III Congreso Regional; en la vecina Astorga aún funcionaba a la altura de 1925, concebida y gestionada bajo criterios ácratas, una Biblioteca Pública Naturista) y en otros lugares del país y de la tierra leonesa nos la facilita Victoriano Crémer cuando en Ante el espejo vuelve atrás la mirada, con ojos de vencido,

hacia la que con presunción se dio en llamar “Revolución del 33” y que ni siquiera fue motín con probabilidades de éxito, sino demostración del mal humor nacional, preferentemente de los trabajadores de todas clases, salidos o sacados de sus casillas por las confusas operaciones electorales de un mes de noviembre en el cual se le dio el voto a la mujer y se perdieron todos los estribos republicanos y democráticos que nos parecía que habíamos conseguido arrancar de sus tradicionales poseedores.

Si tan sólo hacía dos años que habíamos decidido, pacíficamente, transformar la carátula del país y poner el gorro frigio a la copiosa matrona nacional, no cabía admitir que solamente dos años después, las urnas, donde se cuecen todos los engañosos juegos democráticos, hubieran dado el triunfo total a la confabulación capitaneada por Gil Robles y los caballeros de la CEDA y que, como satélite adherido, apareciera al frente del Gobierno nada menos que Alejandro Lerroux. Aquella Confederación de las Derechas Autónomas, así que se hizo cargo del mando, comenzó la tarea de desmontar los pocos signos de progreso y de emancipación de los siervos que la República había sugerido. Y la llamada Reforma Agraria quedó borrada, y las incautaciones devueltas a sus poseedores tradicionales, y los tanteos para la contención del poder militar y eclesial se tiraron por la borda de una nave que desde sus primeros avances había enarbolado la bandera de la contrarrevolución preventiva. Algo que los obreros y campesinos no acabaron de comprender por mucho que se les explicara.

Y como ya en la apenas nacida República los trabajadores se habían sentido profundamente defraudados, así que comenzaron a entrever los entresijos de una política que se anunciaba claramente, despiadadamente, impíamente revanchista se propusieron impedirlo.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Un joven participante en la revuelta detenido por la Guardia de Asalto en Zaragoza.


Huesos al borde del camino (III)

Publicado por Ibañeza.es el 24/09/2018 8:17 Comentarios desactivados

José Simón Alejo Barrios. Tenía 20 años, soltero y jornalero. Natural de Zaragoza (creemos que de Caspe), hijo de José y de Catalina, y vecino de La Bañeza. Trabajador de La Azucarera, en la que era uno de los abundantes afiliados al Sindicato Nacional Azucarero, afecto a la UGT.

Archivo de José Cabañas.

Patricio Martínez Castillo. Del Reemplazo de 1929, alistado en la Caja de Recluta de Astorga. Natural de La Bañeza, soltero. Trabajaba en La Azucarera bañezana, al igual que otro de sus hermanos, Agapito, fusilado en León el 18 de febrero de 1937 con el grupo de los 17 bañezanos.

Eugenio Carnicero Alonso. Nacido el 13-07-1904. Del Reemplazo de 1925, alistado en la Caja de Recluta de Astorga nº 113, y adscrito al regimiento de Regulares. Vivía en la calle Pablo Iglesias. Trabajaba en La Azucarera. En 1935, según consta en documento, habría estado preso en la Cárcel del Partido, seguramente a resultas de hechos acaecidos en octubre de 1934.

Norberto Ángel Martínez Mielgo. Natural de Hospital de Órbigo, nacido el 07-06-1905, hijo de Fernando y Francisca, tenía 31 años. Perito Mercantil (formado seguramente en la Escuela de Comercio de León), había sido Interventor de Fondos del Ayuntamiento de La Bañeza (donde lo habían apodado, por su disposición a ayudar, como “el pan de los pobres”), nombrado el 08-10-1934, y socio del Círculo Mercantil. Afiliado a Izquierda Republicana. En julio del 36 era Jefe Interino de la Sección de Presupuestos de la Diputación de Palencia, cargo por el que había dejado vacante el de Interventor en La Bañeza, y al que renuncia por motivos de salud, según escrito enviado al Ayuntamiento el 30-09-1936. Detuvieron a su padre, Fernando Martínez Rodríguez, en San Marcos, el 5 de octubre de 1936 para que se entregara su hijo, lo que hizo Norberto entre esa fecha y el 9 de octubre. Al entregarse, su padre fue liberado y regresó a Hospital de Órbigo. La familia siempre supo que había terminado asesinado en Izagre y enterrado al lado de la carretera, e incluso su padre habría estado allí en alguna ocasión.

Transcurrió la exhumación en Izagre desde el día 2 de septiembre de 2008 hasta el 11, y no sin dificultades se localizó el lugar de enterramiento, a pesar de las facilidades y la ayuda prestada por tantas personas del pueblo, Ayuntamiento y Alcaldía, vecinos, y propietarios de los terrenos (además de los valiosos datos que doña Gloria Begué Canton, hija de Juan María Begué, nos facilitaba por teléfono), como ardua resultó la tarea arqueológica de recogida de los restos de las víctimas dada la dureza del terreno, incluso con la colaboración tenaz y entregada de un buen número de voluntarios desplazados desde lugares tan diversos como Ponferrada y El Bierzo, Pontevedra, Ourense, León, Barcelona y Bilbao (desde donde se sumó con entusiasmo Roberto, bisnieto de Isaac). Las escenas de profundo respeto ante lo que el lugar significaba, de emoción contenida y de recogimiento ante la fosa se prodigaban a medida que la delicadeza y la precisión de los arqueólogos y los voluntarios iban sacando a la luz los huesos de los asesinados y lo que de aquello que los acompañaba en el momento del martirio la tierra había respetado, la suela o la goma de unas botas, unas gafas, un zapato, la piedra de afilar la navaja, o un pendiente, objetos todos consignados con los respectivos restos a la espera, con ellos, de ser tratados y analizados por los especialistas pertinentes, Antropólogos Forenses (también voluntarios), con el objetivo de identificar los huesos, de ponerles nombre y apellidos, para ser así entregados a sus respectivos familiares, y la emotividad siempre presente se desbordaba cuando alguno de estos se acercaban a la compartida tumba de los suyos.

De la fosa de Maire, que en su cementerio acogió los cuerpos de los bañezanos Toribio Santos Santos y Ángel González González (último Alcalde republicano de La Bañeza),  habíamos ya constatado la imposibilidad de su exhumación, dadas las alteraciones posteriores del camposanto, y hubimos de conformarnos con precisar el exacto lugar en que en la mañana del 23 de septiembre de 1936 aparecieron sus cadáveres. Indagamos también por enterramientos clandestinos y fosas de otros bañezanos en lugares como Pinilla de la Valdería, con el resultado de haber contribuido a exhumar allí a víctimas de otras procedencias. En cuanto a la “fosa de los estudiantes” en Albires, exhumada a continuación de la de Izagre,  habíamos conseguido avanzar los primeros datos pocas fechas antes de iniciar aquella, las identidades de dos posibles integrantes, jóvenes de Villarroañe, cuyas familias reclamaban ahora la recuperación de sus restos. Con la azarosa implicación y con la ayuda, que tan útil y provechosa nos ha venido a resultar, de un experto bañezano en Historia y en Archivos como es Alejandro Valderas Alonso, pudimos poner algunos nombres más a las víctimas de aquella fosa, asesinadas en torno al 20 de agosto de 1936, y, lo que vino a ser más importante, se pudo constatar la laguna existente en el conocimiento de la represión ejercida en León en el verano y otoño de 1936 sobre el colectivo estudiantil, sobre los alumnos de las Escuelas de Veterinaria, de Magisterio y de Comercio, y a partir de aquí, con la colaboración de diversos estamentos universitarios comenzar a colmar ese vacío, algo que desde entonces se viene ya haciendo.

Archivo de José Cabañas.

Y hubo más aún: estaba ya prevista la exhumación de otra fosa común en Faramontanos de Tábara (Zamora), cercano a Benavente, de la que apenas se sabía quienes la integraban, y fruto de esta cadena de acontecimientos y de las colaboraciones suscitadas se consiguió saber bastante más: los 12 cuerpos de muchachos y muchachas asesinados de la fosa (exhumada a mediados de octubre) corresponderían a otros tantos estudiantes leoneses, posiblemente de Magisterio y de Valderas, y ya, culminando la progresión de favorables encadenamientos, en la prospección de ésta se vino a conocer de la existencia en la misma zona de otras dos fosas, colectiva una, con otro grupo de malhadados estudiantes, e individual la otra, en la que se cree haber localizado al Diputado socialista por Jaén, catedrático y profesor de su Escuela Normal, Enrique Esbrí Fernández, del que nada se sabía más allá de su desaparición en León aquel fatídico verano después de haber formado parte del tribunal en las oposiciones de Magisterio que a la mitad de julio se habían realizado.

De todo este cúmulo de acontecimientos y de relaciones, y de la evidencia de este hueco histórico por explorar (la represión universitaria al inicio del golpe de Estado), o no explorado todo lo a fondo que se merece, llegó a derivar la pretensión y la previsión de crear en la Universidad de León un Grupo de trabajo de especialistas para acometerlo, y que iba a estar presidido por una señera figura de la investigación y la docencia universitaria leonesa. Más tarde, se optó por investigar en el mismo campo desde la integración de este Grupo leonés en otro Universitario estatal, más extenso y que pretendería abarcar el mismo objeto y ámbito de estudio para todo el colectivo estudiantil y universitario del país.

Además de los posibles y provechosos frutos que estas iniciativas puedan ir deparando, se producirán otros más inmediatos y cercanos si las previsiones con las que trabajamos se nos cumplen: en el mes de abril se habrán producido las identificaciones de los bañezanos asesinados en Izagre, y se contempla realizar la entrega de sus restos en el marco de unas Jornadas de Memoria y Homenaje a todas las víctimas bañezanas del franquismo, a celebrar en fecha adecuada y en el transcurso de las cuales se producirían las inauguraciones de un monolito en Izagre, en el Lugar de Memoria en el que durante tantos años estuvo la fosa, y un monumento a todos los represaliados en algún lugar de La Bañeza. Para acometer unas y otras actividades hemos solicitado en su momento la correspondiente subvención al organismo competente.

Un añadido posterior (13-03-2010).-

Además de los contratiempos habituales para ubicar la fosa de los bañezanos, se dio en ella una sorpresa: se constató haber sido once los allí asesinados, contra la asentada convicción que fue durante tanto tiempo transmitida de que lo habían sido diez, con lo que vino a resultar que la identidad de uno de los varones nos era desconocida. Mediado octubre de 2008 recibí de acreditados testimonios (doña Gloria Begué Cantón) la certeza de que once habían sido, efectivamente, las víctimas, y a través de la prensa bañezana solicité ayuda a sus lectores, sin que obtuviera resultado, para asignarle a aquél un nombre.

Ya en mayo de 2009, por datos obtenidos del Archivo Histórico Municipal de La Bañeza y contrastados con los procedentes de otras fuentes, hemos podido atribuirle filiación con un alto grado de certeza: Creemos que se trata de Miguel Miguelez Fernández, vecino de Sacaojos (hoy Santiago de la Valduerna), soltero, de 30 años, hijo de Bernardina Fernández Martínez, hermano de Emilia y Victorina, cuñado de José González González (uno de los hijos de quien ejerció de último Alcalde republicano, cuya familia fue dura y extensamente perseguida), todo ello según el Padrón de 1935 y los listados de recluidos en octubre de 1936 en la Prisión del Partido bañezana. Probablemente era trabajador de La Azucarera, uno más de los muchos que siéndolo fueron de variadas maneras castigados.

Una nueva actualización.-

En los campos de Villafer, frente a una viña en la cuneta de la carretera de Campazas, serían hallados el 12 de octubre de 1936 los cuerpos de tres asesinados sacados dos de ellos antes de la cárcel de La Bañeza, dos vecinos de la ciudad (Antonio Núñez Valderrey, de 41 años, panadero, y “un hermano mayor de Teresa, oficiala costurera en la academia de corte y confección de Matilde Mañanes”, al parecer Eugenio Carnicero Alonso, que creíamos haber sido asesinado el día 10 del mismo mes con otros diez bañezanos en Izagre, posiblemente arrancado de su domicilio, pues no figura entre los muchos entonces recluidos en aquella atiborrada ergástula) y un maestro en varios pueblos de la Valdería desde 1932 a marzo de 1936, Hermenegildo Cebrones Pedrosa (de la promoción de 1925 a 1926), ejerciente desde entonces en Magaz de Arriba, enterrados los tres en la parte civil del cementerio de la localidad, a la derecha de su entrada. De haber sucedido así, conforme a lo que ahora conocemos, en Izagre habría sido asesinado con los restantes bañezanos no Eugenio Carnicero sino Francisco de la Fuente Martínez (de Sacaojos, hermano de Miguel e hijo de Miguel de la Fuente Arribas y Micaela Martínez Carracedo), preso en La Bañeza al menos desde finales de septiembre y sacado de allí en la tarde del 9 de octubre con algunos de aquellos para “sumariarlos” en León, desde donde con otros que ya se hallan presos en la capital son conducidos a Izagre en la madrugada del día siguiente.

Se cumplen ahora diez años desde que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), a petición de algunos de sus familiares, exhumó al inicio de septiembre de 2008 los restos de quienes, asesinados en el otoño de 1936, terminaron arrojados en el pueblo de Izagre a la que desde entonces se conoció allí como la fosa de los bañezanos. En memoria de las víctimas traemos hoy aquí lo que con ocasión de aquel acontecimiento publicábamos unos meses más tarde en la jiminiega Revista Cultural JAMUZ. Más información en www.jiminiegos36.com


Huesos al borde del camino (II)

Publicado por Ibañeza.es el 10/09/2018 7:30 Comentarios desactivados

En San Marcos, ya en la madrugada del día 10 de octubre de 1936, sobre las tres de la mañana, sacan a las víctimas para Izagre; 11 personas, de las cuales se encontraban ya allí desde el 16 de agosto Abraham Becares y José Simón Alejo; desde el 5 al 9 de octubre Norberto Ángel Martínez, y desde el mismo día 9 Juan María Begué. En la mañana del 10 de octubre son hallados sus cadáveres en el campo, en la cuneta a un lado de la carretera León-Valladolid, a la derecha, por los primeros campesinos que se dirigen a las labores de la sementera. Conocido el hecho en el pueblo, acuden al lugar el cura, el maestro, y otros vecinos de Izagre. Entre las víctimas hay una mujer, una bañezana, María Alonso Ruiz; lleva aún el pelo corto por el rapado que los falangistas le han aplicado en la Prisión del Partido y se cubre la cabeza con una gorra. Begué Arjona, Registrador de la Propiedad, es el único que porta Cédula de identificación, y una estilográfica marca Schiffer y un anillo de boda que uno de los lugareños que ayudan a enterrarlos, en el lado opuesto de la carretera a aquel donde los hallan, se apropia. Algunas mujeres, familiares de algunas de las víctimas, solo pasados tres días de su traslado consiguen viajar hasta León y desde allí a Izagre. Llegan, pero nada pueden ya hacer sino tomar nota y memoria del lugar de la fosa en la que han terminado sus seres queridos, señalada con piedras, con forma semicircular, y cuya zona no fue labrada en muchos años, pagando para que así se hiciera a los dueños de las fincas. Las familias de algunos asesinados inscribieron la defunción de los suyos en el Registro Civil de La Bañeza en los años siguientes, fuera de plazo, y por lo que respecta a la de Begué Arjona, desde su inscripción intentó su esposa, Olimpia Cantón Blanco, la exhumación de los restos de su marido, lo que consiguió en el año 1959, con la aquiescencia de las autoridades del momento. Los restos de Begué Arjona fueron depositados en una sepultura del cementerio de Izagre hasta 1971, en que los trasladan al panteón familiar en Madrid. También recuperó su familia la estilográfica y el anillo que aquél llevaba cuando fue asesinado.

Archivo de José Cabañas.

No resultó fácil conocer las identidades de los “paseados” en la fosa de Izagre. Partíamos de saber que allí se encontraban María Alonso e Isaac Nistal, con otros más, y de hecho no conseguimos avanzar en la asignación de filiaciones a los demás asesinados hasta pocos días antes de iniciar la exhumación (de Norberto solo la conocimos cuando, ya iniciada, se presentó allí su sobrino Fernando Calzado), después de entrevistarnos a lo largo del verano con personas de Izagre que habían vivido la aparición en el pueblo de los cadáveres (Ángel Garrido y su esposa, y Claudio Puertas, cuya ayuda resultó tan valiosa tanto en la exhumación de esta fosa como en “la fosa de los estudiantes”, en el cercano pueblo de Albires), y con familiares de algunas de las víctimas bañezanas, como Vicente Nistal, hijo de Isaac, Josefina Alonso, hermana de María, Pilar Fernández, sobrina de Julio, y María Bécares, hija de Abraham. También nos supuso considerable ayuda disponer de los datos obtenidos de las Actas Municipales del Ayuntamiento de La Bañeza, que consultamos previamente, y de los del Registro Civil, que habían puesto a nuestra disposición los compañeros y amigos de AERLE. Nada útil para nuestro objetivo obtuvimos de los documentos de la Prisión de San Marcos y de la Prisión del Partido de La Bañeza, que también amablemente nos facilitaron desde aquella Asociación y que igualmente consultamos. Señalamos que no aparecen en el Registro Civil de Izagre anotaciones de ninguno de los asesinados en el lugar en esta fecha.

Archivo de José Cabañas.

Hasta el momento (febrero de 2009) no hemos conseguido conocer más que las filiaciones de diez de los once integrantes de la Fosa de Izagre, de los cuales fueron exhumados los restos de diez, después de haber sido retirados en 1959 los de Begué Arjona. De los varones identificados de la fosa, solamente de uno de ellos, Patricio Martínez, hemos obtenido datos de su expediente militar en el Archivo General Militar de Guadalajara; de los restantes, de Julio, Isaac, Eugenio, y Abraham, nos han aportado algunas informaciones de los expedientes de Quintas y otros del Archivo Municipal de La Bañeza. De los asesinados, cinco estaban procesados en el Sumario que se instruía por “los hechos de julio” en La Bañeza (por la mera contestación al golpe militar con el mantenimiento del orden público, por la escasa organización de una resistencia que ni siquiera llegó aquí a materializarse), María, Isaac, José Simón, Juan María, y Abraham, y el  “paseo” de algunos de ellos pudo obedecer a que los represores consideraran que no iban a poder achacarles en el proceso cargos suficientes como para “justificar” su asesinato “legal”, como asesinarían fusilándolos el 18 de febrero de 1937 en León a 17 de los con ellos encausados. Sus últimas declaraciones en el Sumario llevan fecha del 3 de agosto las de José Simón, del 6 las de María, del 7 las de Isaac, y del 28 de julio las de Abraham; el 3 de septiembre declaraba Begué Arjona ante el Juez Instructor, y en dicho Sumario, del que sustraen y desaparecen a varios procesados, no hay después de la fecha de sus asesinatos ni el más mínimo rastro de pesquisa o interés del Juez militar que lo instruía por saber lo que ocurrió con aquellos justiciables a su cargo.

Juan María Begué Arjona. Tenía 38 años y era natural de Bujalance (Córdoba); casado con una bañezana, Olimpia Cantón, tenía tres hijas, Olimpia, María Luisa, y Gloria, y un hijo, Juan María; había estudiado en los Agustinos de El Escorial, era Registrador de la Propiedad desde los 23 años, y había ocupado esta plaza en La Bañeza (aquí ejercía a la altura de 1927), además de en Pola de Laviana (Asturias) y en Guía de Gran Canaria, su último destino. Se encontraba en La Bañeza con baja por enfermedad cuando se produjo el golpe de estado. Detenido el 23 de agosto hasta el 29 en la Prisión del Partido; en esta fecha es puesto en libertad, después de haber enfermado gravemente, y permanece en su domicilio hasta el 1 de octubre, fecha en que de nuevo es detenido por la Guardia Civil y conducido en un coche a León, al colegio de los Agustinos, donde queda internado y le toman declaración los días 4 y 5 de dicho mes. El día 9 lo trasladan a San Marcos, de donde lo sacan a las tres de la mañana, con los demás, para con ellos ser asesinado en Izagre. Había sido avalista años antes para la construcción de la Casa del Pueblo bañezana, y para la adquisición de un proyector de cine en la misma. Del Sumario cabría deducir que no se le perdonó en La Bañeza que siendo de clase acomodada se hubiera acercado al socialismo y hubiera tomado partido por los humildes.

María Alonso Ruiz. Presidenta del partido Unión Republicana, tenía 32 años, estaba soltera y era hija de Lucas y de María. Fue encarcelada en los primeros días de agosto. Tenía cinco hermanas, Josefina, Nela, Eloísa, Victoria, Eudosia (esposa de uno de los fusilados de La Bañeza, Joaquín Perandones Franco), y un hermano, Ignacio, que pasó cinco años escondido, como “topo”, en la casa familiar de la calle Astorga. La familia tenía un negocio de guarnicionería. Sus hermanas y su madre fueron encarceladas varias veces, en el verano-otoño de 1936, y de nuevo en el invierno de 1939, como represalia por la “huida” de Ignacio, que había sido de las Juventudes Socialistas.

Isaac Nistal Blanco. Hijo de Cecilio y de Águeda, nacido el 03-07-1882, en Villamañan. Reemplazo de 1902. De 54 años, estaba casado con Baldomera González Castro y tenían 8 hijos, seis varones y dos mujeres. Había sido emigrante en Nueva York y en Cuba. Albañil, contratista de obras, y socialista. Fue Concejal en el Ayuntamiento de La Bañeza, por la minoría socialista, en todas las Corporaciones desde 1931. Ejerció de alcalde en el Pleno del 8 de julio de 1936 por ausencia por enfermedad del titular Ángel González González, (quien lo era por la dimisión de Joaquín Lombó Pollán el 20 de mayo de 1936, a quien sustituyó, como Teniente de Alcalde Primero que era, en funciones de alcalde) y por ser el concejal de mayor edad. Entre los días 18 y 21 de julio de 1936 ejerció ocasionalmente como alcalde, sustituyendo de nuevo las ausencias por enfermedad de Ángel González González. El 28 de julio estaba ya encarcelado en la Prisión de La Bañeza.

Abraham Bécares Rodríguez. De 29 años, del Reemplazo de 1928 y adscrito al Regimiento de Infantería nº 77. Vivía en la calle del Teatro. Tipógrafo en la imprenta de Doña Julita, y había accedido, por oposición, a una de las tres plazas de subalterno del Ayuntamiento convocadas en el verano de 1936, iniciando su desempeño a primeros del mes de julio. Natural de Canales-Coomonte (Zamora), hijo de Jerónimo y Adelaida. Casado con María Cubero Rubio, con quien tenía 2 hijos, María Luisa y Juan Manuel. Fue quien parlamentó, por orden del Ayuntamiento, ante el Jefe de las tropas rebeldes que tomaron La Bañeza. El 28 de julio estaba ya encarcelado. Su esposa acompañó a la de Begué Arjona varias veces en sus viajes a Izagre, algunas también acompañadas por la mujer de Ángel González Nadal, y otras por familiares de aquélla.

Ángel González Nadal. Estaba casado y tenía un hijo (al menos); era trabajador de La Azucarera. Natural de Astorga, donde tenía una hermana. Fue encarcelado el 18 de agosto, dos días después del asesinato en Astorga de su Alcalde, Miguel Carro Verdejo, en cuya fecha él regresó de allí a La Bañeza.

Julio Fernández Martínez. Nacido el 11-03-1903. Del Reemplazo de 1924 y alistado en la caja de Recluta nº 56. Tenía 33 años, y era albañil. Hijo de Manuel Fernández Monroy y de Elvira Martínez Castro. Trabajaba en La Azucarera bañezana. Vivía en el barrio de El Polvorín, en la Cuesta de Santa Marina. Estaba casado con Francisca Nadal García (un hermano de ella, Felicísimo, fue también “paseado” en otra fecha y lugar que aún desconocemos), y habían tenido un hijo que les murió al poco de nacer. Su hermano Andrés y su esposa Agustina Ramos Rebollo fueron los padres de Pilar. Lo nombraban Julio “el de los alambres”, por su padre, que había trabajado en el tendido del telégrafo.

Se cumplen ahora diez años desde que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), a petición de algunos de sus familiares, exhumó al inicio de septiembre de 2008 los restos de quienes, asesinados en el otoño de 1936, terminaron arrojados en el pueblo de Izagre a la que desde entonces se conoció allí como la fosa de los bañezanos. En memoria de las víctimas traemos hoy aquí lo que con ocasión de aquel acontecimiento publicábamos unos meses más tarde en la jiminiega Revista Cultural JAMUZ. Más información en www.jiminiegos36.com


Huesos al borde del camino (I)

Publicado por IBAÑEZA.ES el 27/08/2018 8:03 Comentarios desactivados

Una vez más, una historia de nuestra pasada guerra civil, otra historia más cuando algunos, en alguna parte y también cerca de nosotros, claman y dicen que ya basta, que ya está bien, y se molestan por que se siga hablando de ella. Qué hartazgo de aquella aciaga guerra (más adversa para unos que para otros: a unos los hicieron víctimas, y otros se hicieron beneficiarios – en un Informe de Falange de la Inspección Regional de León, de octubre de 1939, se cita a ciertos industriales de La Bañeza y Veguellina, “todos con gran capital hecho en su mayor parte durante la guerra”-, cuando no también verdugos) dicen algunos, tal vez interesadamente, tal vez deseosos de no saber y de que otros no sepan, empeñados quizás en que a toda costa se mantenga otra versión, más agradable para ellos, difundida y sostenida durante tanto tiempo, con fondos de todos tantas veces, a pesar de su manifiesta parcialidad, a pesar de ser falsaria en mucho muchas veces, y a pesar de resultar tan  inmerecidamente injusta para tantos.

Archivo de José Cabañas.

Quienes así se manifiestan desconocen y no valoran que “vivir con la memoria puede ser terrible, pero hacerlo sin ella es aún peor”. Por otra parte, al argumento de que sobre aquel tiempo todo está ya dicho se opone la terca realidad de que de él se habla hoy más que nunca, se crea y se publica más que nunca, y más que nunca se ocupan los medios, mostrando también hoy más que nunca el afloramiento de nuevos y desconocidos horrores, algunos de los cuales como el robo de niños y sus adopciones irregulares durante el franquismo nos tocan de cerca, como muestra la prensa provincial cuando informa del caso del “bebé secuestrado por un oficial nazi de la Legión Cóndor, la niña arrebatada a su madre, presa en San Marcos, en octubre de 1937, primero que sale a la luz de una leonesa arrancada a su familia con total impunidad durante la Guerra Civil”, o cuando lo hace sobre la asignación el 22 de febrero de una calle en León a víctimas de la represión de aquel periodo (“La inauguración de la calle dedicada a Jerónima Blanco y Fernando Cabo se convierte en un clamor en contra de la represión franquista y a favor de la convivencia democrática”, se decía en el Diario de León. Por cierto, en la noticia se afirmaba ser el Ayuntamiento de León el primero en honrar a caídos civiles en la guerra. Sabemos que no fue así, y que antes se hizo en el nuestro, Jiménez de Jamuz. Se envió nota al periódico, que publicó, rectificándoles su error).

Un año antes, el 10 de octubre del 36, eran asesinadas once personas, bañezanas todas o relacionadas con La Bañeza, en un paraje del término de Izagre, al lado de la carretera de León a Valladolid. A primeros de septiembre del año 2008 algunos descendientes y allegados de aquellas inocentes víctimas pudieron por fin y después de tanto tiempo recuperar los restos de sus seres queridos. Creemos que un hecho como éste sea, además de cercano y novedoso, importante y especialmente significativo en un pueblo como el nuestro en el que hay aún un considerable número de personas y familias que cuentan entre sus deudos a asesinados en parecidas circunstancias, y  de los que, lamentablemente, se desconoce el lugar de su martirio y se carece por ello de toda posibilidad de recuperar sus huesos. Por eso contamos en estas páginas la historia de cómo sus familiares traen a casa a aquellas  personas, de cómo se recogen sus restos del inicuo lugar en el que sus asesinos los tiraron, de cómo se dignifican unos huesos que, en palabras cantadas de Pedro Guerra, no son “…sólo huesos, desvencijados huesos enterrados al borde del camino. Abandonados huesos, no acariciados huesos de un dolor no amortajado. En el calcio del hueso hay una historia: desesperada historia, desmadejada historia de terror premeditado. Y habrá que contar, desenterrar, emparejar, sacar el hueso al aire puro de vivir. Pendiente abrazo, despedida, beso, flor, en el lugar preciso de la cicatriz…”.  Desenterramos aquellos restos, los sacamos al aire y los emparejamos, y lo narramos ahora:

A propósito de la preparación, en el año 2003, del homenaje tributado en nuestro pueblo a las víctimas de la represión franquista y a todas las de la violencia en el municipio, en la primavera y verano de aquel año se reactivó en La Bañeza el interés por saber también allí de los represaliados por el franquismo en el tiempo de la guerra civil y la posguerra. Se reaviva entonces el empeño, puesto que ya había habido antes actuaciones públicas, como la del recuerdo y la reivindicación de la memoria de las víctimas bañezanas mediante la publicación de una esquela-recordatorio en El Adelanto Bañezano el 20 de diciembre de 1986. Se produjeron entonces contactos entre familiares de las víctimas de La Bañeza e investigadores de la represión franquista ejercida sobre bañezanos y quienes habíamos indagado sobre la represión en Jiménez, fruto de los cuales fue ampliar el conocimiento de lo sucedido en aquel periodo histórico en ambos lugares.

Archivo de José Cabañas.

Ya en el mes de agosto de 2003, familiares e investigadores bañezanos se desplazaron a algunos de los pueblos en los que se suponía habían terminado varios de los asesinados de La Bañeza en el otoño de 1936, Maire de Castroponce e Izagre entre ellos. Además de confirmar en ambas poblaciones la existencia de fosas de “paseados” naturales de La Bañeza, en el cementerio en el primer lugar y en el campo en el segundo, les informaron, en Izagre, de la existencia además allí de otra fosa, cuya ubicación también les señalaron, y en la cual se hallarían once estudiantes de la Escuela de Veterinaria de León. Se confirmó así la existencia en Izagre de dos fosas comunes: la de los bañezanos, con ocho varones y una mujer, y la de los estudiantes, de los que no se aportaba dato alguno sobre sus posibles identidades ni ningún otro que permitiera tratar de esclarecerlas.

Una vez manifestada la voluntad de algunas familias de víctimas bañezanas cuyos restos, según los avances de las investigaciones, se hallarían en las fosas de Maire de Castroponce e Izagre, de exhumarlos y recuperarlos para sus respectivos panteones, con la ayuda de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) cuya intervención para ello solicitaron, se incluyó por la Asociación la posible exhumación de estas fosas en la programación del año 2008, después de una reunión mantenida con dichos familiares en La Bañeza a mediados de diciembre de 2007, a la vez que se continuaba con la investigación previa a las mismas, tratando de profundizar en el conocimiento de las identidades de quienes en ellas terminaron y en las circunstancias que allí los condujeron. En febrero de 2008 colaboradores de la ARMH acompañados por descendientes de alguno de los asesinados bañezanos se desplazaron de nuevo a estos lugares, para ubicar las fosas con exactitud, recabar de personas de los pueblos más datos relacionados con las mismas, y estudiar la viabilidad de las exhumaciones. A ellos les confirmaron una vez más los datos que ya nos eran conocidos.

A primeros de julio de 2008 me trasladé a Maire de Castroponce y a Izagre, para tratar de completar las informaciones disponibles sobre las fosas de uno y otro lugar, obtener datos precisos que pudieran facilitar los procedimientos de las exhumaciones, y ultimar lo necesario para proceder en su momento a las mismas, a la vez que me aseguraba de que las sucesivas ampliaciones de la carretera León-Valladolid no habían afectado a la fosa situada, en Izagre, en uno de sus laterales. De lo indagado hasta la fecha, y del cruce de multitud de datos, documentales unos y de aportaciones de testimonios orales otros, pudimos, a lo largo del tiempo, concluir lo siguiente respecto a la fosa de los bañezanos, situada en las cercanías del punto kilométrico 275 de la carretera N-601 León-Valladolid, a la izquierda y ya en esta provincia:

En ella terminaron 11 personas (diez eran residentes en La Bañeza, y el otro había tenido relación con la ciudad), diez hombres y una mujer, sacados en la noche del día 9 de octubre de 1936 de San Marcos de León donde algunos ya se encontraban desde antes de esta fecha, y otros habían sido llevados a media tarde de ese día desde la Prisión del Partido de La Bañeza, en la que ya estaban encarcelados desde finales de julio o primeros de agosto (hasta el 13 de octubre de 2008 no obtuvimos la certeza de haber sido once los asesinados en Izagre. Antes de esta fecha creímos que habían sido diez, ya que así se había transmitido siempre, tanto en La Bañeza como en Izagre). Llevan este día 9 de octubre, viernes, para San Marcos a estas personas de la cárcel bañezana, y se les dice que es para “sumariarlas”, y efectivamente, todas o la mayoría estaban incursas en el Sumario 151/36 que se les había incoado por los “hechos de julio” en La Bañeza, es decir, por defender la legalidad y al gobierno legítimo que el pueblo, en Elecciones Generales, se había dado; por oponerse al fascismo y defender el estado de derecho y la democracia. Los trasladan a San Marcos en un autobús de la Empresa Ramos al que siguen cierto número de vehículos, particulares y requisados, con las fuerzas de custodia, falangistas, y otras personas. Ese día, viernes y hasta la mañana del sábado, tocaba hacer las guardias en la Prisión de La Bañeza a los falangistas de la villa. Algunas mujeres, familiares de los trasladados, pretenden e intentan seguirlos a León en otros vehículos para interesarse por el lugar al que los llevan, pero no lo consiguen; no encuentran ni encontrarán en los tres días siguientes quien las acerque o permita que viajen hasta León; no hubo en La Bañeza transporte para ellas… (Las hermanas de Julio Fernández Martínez si consiguieron presentarse en San Marcos a la mañana siguiente; les dijeron que ya no estaban allí los bañezanos, y que preguntaran por ellos en la Prisión de Astorga…).

Se cumplen ahora diez años desde que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), a petición de algunos de sus familiares, exhumó al inicio de septiembre de 2008 los restos de quienes, asesinados en el otoño de 1936, terminaron arrojados en el pueblo de Izagre a la que desde entonces se conoció allí como la fosa de los bañezanos. En memoria de las víctimas traemos hoy aquí lo que con ocasión de aquel acontecimiento publicábamos unos meses más tarde en la jiminiega Revista Cultural JAMUZ. Más información en www.jiminiegos36.com


In Memoriam, doña Gloria Begué Cantón, bañezana

Publicado por IBAÑEZA.ES el 13/08/2018 9:27 Comentarios desactivados

El 27 de diciembre de 2016 fallecía en su casa madrileña doña Gloria Begué Cantón, nacida en La Bañeza el 23 de enero de 1931. Era una de los cuatro hijos del matrimonio formado por el natural de Bujalance (Córdoba) Juan María Begué Arjona, estudiante en los Agustinos de El Escorial, precoz Registrador de la Propiedad a los 23 años, destinado en La Bañeza desde el inicio de los años 20 hasta finales de 1934, y la bañezana Olimpia Cantón Blanco, hija de Bernardo Cantón Cisneros y hermana de Bernardo Cantón Blanco (sucesivos propietarios padre e hijo de la empresa de alumbrado La Electra Bañezana). Hermanos de doña Gloria eran Olimpia (finada en Madrid el 29 de enero de 1998, también eminente constitucionalista), María Luisa (Química) y Juan María Begué Cantón.

Los extraordinarios y abundantes méritos profesionales que a lo largo de su vida fue cosechando doña Gloria Begué han sido reseñados y reconocidos desde diversos ámbitos, sobre todo con ocasión de su fallecimiento. Fueron algunos de ellos los siguientes:

Destacó desde adolescente, y fue la primera alumna en ser Premio Extraordinario de Bachillerato, convirtiendo su biografía desde entonces en una sucesión de “carreras ganadas”: Compatibilizó los estudios superiores de Derecho y Ciencias Económicas en la Universidad Complutense de Madrid obteniendo la licenciatura de ambas carreras y el Doctorado en Derecho. Posteriormente se trasladó al Departamento de Economía de la Universidad de Chicago donde de 1958 a 1961 realizó estudios de doctorado. En 1963 de regreso a España obtuvo por oposición la plaza de profesora adjunta de Economía Política de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y fue adjunta de Teoría económica en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas (la primera mujer que lo era en España). Fue catedrática de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Salamanca. Ganó la oposición en 1964 y se convirtió en la primera mujer catedrática de una facultad de derecho –también la primera en ser decana- y la cuarta que conseguía una Cátedra en España. En 1977 fue nombrada senadora por Designación Real (de nuevo la primera) en la Legislatura Constituyente y en 1980, a propuesta del Senado, Magistrada del Tribunal Constitucional (la primera también), institución de la que fue Vicepresidenta desde 1986 hasta 1989. Toda una larga serie de logros que harían de la ilustre y distinguida bañezana una pionera y la primera en romper el “techo de cristal” de las mujeres.

Tales merecimientos, y otros más, fueron puestos de manifiesto en las fechas de su fallecimiento por El Adelanto Bañezano, y pocos días más tarde, señalándolos también, relataba José Cruz Cabo en La Bañeza Hoy como aquella mujer que había llegado “a lo más alto de la ciencia y la política”, aquella insigne bañezana, se había negado amablemente cuando él quiso hacerle una entrevista, pues “de La Bañeza no quería saber nada, ya que solo tenía recuerdos dolorosos, al haberle matado a su padre al comienzo de la guerra civil”, al igual que se negara a que le dedicasen una calle y la homenajearan conforme a sus amplias cualidades y su mucha valía, y creo que ya toca, con respecto a tales afirmaciones, introducir algunos matices aclaratorios:

Doña Gloria Begué Cantón en el Senado 27 años después. Enero 2006.

Fue el Registrador Juan María Begué uno de los once bañezanos paseados en Izagre en la madrugada del 10 de octubre de 1936, en su caso por sus afinidades y colaboraciones con los socialistas bañezanos (a los que tal vez se acercara por la influencia de su cuñado Bernardo Cantón, primer director del semanario Avance a su creación en 1932), y el mayúsculo y persistente dolor causado en doña Gloria por el injusto asesinato de su padre está desde luego más que justificado. Resultan también entendibles las viscerales –y por ello irracionales- reacciones de rechazo, sobre todo en los más cercanos allegados a las inmerecidas víctimas, a los lugares que fueron el escenario de tan tremendas desgracias personales y familiares, asociados con tan amargos y penosos recuerdos, rechazo que (como ya apuntaba en mi libro del año 2010 La Bañeza 1936. La Vorágine de julio) es muchas veces injusto con la localidad objeto del mismo, a la que se hace genérica y totalmente responsable, y especialmente con sus actuales pobladores, y su extendida y arraigada perdurabilidad entre personas de las más variadas condiciones y capacitaciones intelectuales (incluida la excepcional de doña Gloria) no hace sino mostrarnos aún hoy lo profundo y duradero de la huella que la represión franquista trazó, directa o indirectamente, en tantas mentes, corazones y conciencias de quienes la padecieron.

A mediados de octubre del año 2008 tuve en varias ocasiones el honor de hablar personalmente por teléfono con doña Gloria, “largo y tendido”, y entre otras cosas, de aquel rechazo suyo a La Bañeza, y de lo injusto que resultaba, en especial para tantos bañezanos y bañezanas que como ella fueron víctimas directas o cercanas de aquella represión, y sus descendientes, injusticia y contradicción de la que era consciente (me decía), pero que no podía remediar, pues “el sentimiento pesaba más que la razón”.

Pero tampoco sentía doña Gloria un rechazo “universal” por La Bañeza y todo lo que ella representara, y ya había dejado claro su voluntad y su capacidad de discriminar entre la ciudad “oficial” y algunos bañezanos en los días del inicio de septiembre de aquel mismo año, cuando solicitando desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) por teléfono su ayuda para localizar en Izagre la fosa común en la que terminaron su padre y los demás compañeros de martirio, para exhumar sus restos y entregarlos a sus descendientes que los reclamaban, se desvivió por ayudar a que las restantes familias de los asesinados pudieran también rescatarlos de la fosa, al igual que ya había podido hacer con los de su padre la suya en los años cincuenta. De hecho, sirvió de mucho su decidida colaboración para el hallazgo de “la fosa de los bañezanos” y la exitosa recuperación de los restos que en ella se encontraban.

Vital fue también después la ayuda de doña Gloria para esclarecer importantes detalles relativos a cuántos y quiénes habían sido asesinados con su progenitor al alba de la aciaga fecha, así como algunas de las circunstancias concurrentes, conocidas gracias a los datos e informaciones de primera mano que en las charlas de aquel otoño de 2008 ella me aportara por teléfono. Y en la primavera del año 2010, cuando, identificados los huesos de aquellos malhadados que pudieron serlo, tocaba entregarlos a los descendientes que los anhelaban, de nuevo brillaba la solidaria generosidad de doña Gloria, que, desdiciendo de aquel pretendido rechazo a todo lo que tuviera que ver con La Bañeza, compartía por teléfono con algunos bañezanos familiares de los entonces inmolados la alegría y la satisfacción de cumplir la meta de haberlos hallado, de retirarlos del indigno lugar en que yacían, y de darles adecuado reposo en el cementerio bañezano, en los particulares panteones o en la doble sepultura donada por el Ayuntamiento (cuyas losas y mármoles obsequiaba el responsable de Mármoles San Pedro).

Pero no se quedó solo en esto la benefactora implicación de doña Gloria. Fue más allá (y lo cuento, rompiendo la discreción de que hizo gala y a sabiendas de que no me perdonará por ello, porque –en aras de los matices aludidos- considero de justicia que se sepa): A la hora de costear el monumento que en el lugar de Izagre en el que fueron los once bañezanos masacrados desde abril de 2010 los recuerda y honra su memoria, como el reparto de su importe podía resultar gravoso para las débiles economías de la mayoría de los familiares de las víctimas (a pesar del solidario precio de coste que la firma Mármoles Martí, de Veguellina de Órbigo, fijara), fueron doña Gloria Begué Canton y doña Josefina Alonso Ruiz quienes corrieron con su totalidad.

Descanse en paz doña Gloria Begué Cantón, bañezana de pro que, según y cómo, sí quiso saber de La Bañeza.

Más información en La Bañeza 1936. La vorágine de julio. (Algunas consideraciones previas). León. Ediciones del Lobo Sapiens. 2010. (Y en www.jiminiegos36.com)


Penurias escolares en 1934

Publicado por Ibañeza.es el 30/07/2018 7:17 Comentarios desactivados

A la mitad de enero de 1934, a petición de los maestros (maestra y maestro) regentes de las escuelas unitarias del local de Severino Hernández Cancelas, se colocan en ellas unos cristales; el arreglo del retrete ha de hacerlo por su cuenta el arrendador de los locales, que se dotaban por entonces de estufas y de luz eléctrica, por cuya instalación se abonaban 77 pesetas al industrial Bernardo Canton Blanco, titular de la compañía Electra Bañezana.

Manifestaba por entonces el ministro de Instrucción Pública que el asunto de la calefacción de las escuelas corresponde a los ayuntamientos (por carecer de ella se habían cerrado en Madrid cinco grupos escolares), aunque “por una sola vez y sin continuidad” se ocupará de ello el Estado, que tendrá que rebajar el presupuesto de su departamento al hacerse cargo de los gastos de calefacción de las escuelas municipales, cerradas muchas de ellas en España por negarse los ayuntamientos a pagarla. En La Bañeza en el pleno del 14 de febrero se desechaba la petición de los maestros encargados de las escuelas unitarias de que se les provea de carbón para las estufas recién instaladas. Ya se había desestimado una solicitud semejante de las escuelas graduadas por considerar que el Estado les da consignación para calefacción (en realidad, se dice, 150 pesetas para todos los gastos de atenciones y servicios), y se propone la intervención del delegado municipal en el Consejo local de Primera Enseñanza, el concejal Joaquín Lombó Pollán, y la convocatoria de una reunión del mismo, cosa difícil dice el delegado (no se reunió ni cuando en el otoño de 1933 se clausuraron las escuelas), que añade que funciona irregularmente y manifiesta su deseo de, por ello, dimitir como vocal. Se reconoce que 30 pesetas es poca cantidad para la calefacción de cada escuela, aunque se puede contar, se dice, con la gratificación que por la enseñanza de adultos reciben los maestros.

Maestra y niñas de una escuela en La Cabrera en 1934.

En la sesión municipal del 18 de abril se acuerda realizar las obras necesarias en el pavimento de la escuela de Sacaojos, ya en mal estado bajo el mandato del anterior alcalde, pero que no se reparó por no dilucidar entonces si las obras correspondían al Ayuntamiento bañezano o a la Junta administrativa de la pedanía. Debió de hacerse aquél cargo de su estado, “pésimo (según el informe del arquitecto municipal del 13 de junio) tanto en la planta baja como la casa del maestro, por lo que debiera de construirse otra nueva”, y se acuerda al acabar el mes repararla durante las vacaciones de verano, ya que no se encontró en el pueblo local adecuado para sustituirla, ni tampoco a la vivienda del docente. Ya en agosto, dado que el importe de reparación de la casa-escuela según el proyecto del arquitecto municipal sería sobre una casa ruinosa, lo que representará perderla, se acuerda estudiar la conveniencia de construir un edificio de nueva planta, convocando a tal efecto a la Junta vecinal para ver si tal construcción puede abordarse, y como las posibilidades y condiciones aportadas no satisfacen a la Corporación bañezana (el pueblo acarrearía y cedería la piedra de sus canteras y tres árboles para la madera –ya en diciembre dirán hacerse tan solo cargo del transporte de la piedra-, pero debía ser construida por el Ayuntamiento), después de votarse en el pleno del día 29 se decide esperar a que la construya el Estado, frente a la desechada alternativa de ser levantada por el municipio, que satisface a la minoría socialista.

No eran las únicas escuelas en lamentable estado: por las mismas fechas las de Jiménez de Jamuz, y también las casas-vivienda de los maestros, estaban en completa ruina, y acordaba la Corporación del Ayuntamiento al que la pedanía pertenece vender en pública subasta (con la urgencia que el caso requiere) un solar municipal bien situado y conocido por el Pósito y reformar unas y otras con los fondos obtenidos. A otro de los maestros nacionales en el pueblo se le enviaba con igual premura uno o dos albañiles que a cuenta del Ayuntamiento le recorran y reformen la casa-habitación. Finalizando el mes de julio los corporativos habían ya acordado la necesidad de construir nuevas escuelas, y a mediados de septiembre se aprobaba la cuenta de 300 pesetas por el alquiler en 1932 y 1933 de la casa-habitación y edificio escuela de niñas de Santa Elena de Jamuz a Manuel de Blas del Palacio.

A la mitad de julio la Dirección General de Primera Enseñanza había enviado un aparato de proyección para las Escuelas Graduadas bañezanas, y se denunciaban por entonces desde el semanario socialista astorgano El Combate algunas irregularidades y desatenciones en la primera enseñanza, como eran las de que en Castrocalbón la maestra no apareciera por su escuela, lo mismo que hacía la de Soguillos, en Laguna Dalga, y en La Bañeza redujera su dedicación a ella la maestra que vivía en Astorga y se desplazaba cada día en tren entre las dos ciudades (se trataba de Tránsito Castro González, la esposa del abogado astorgano Olegario Combarros).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Velando por el orden. El 18 de julio de 1936 en La Bañeza

Publicado por Ibañeza.es el 17/07/2018 7:30 Comentarios desactivados

Traemos en esta ocasión los párrafos iniciales del apartado dedicado a lo ocurrido en la citada fecha en la ciudad de La Bañeza, en el contexto y el transcurso de los días del golpe militar de 1936 en la provincia de León y en el país, primicia y anticipo del libro Cuando se rompió el mundo. El asalto a la República en León y sus tierras, en el que venimos trabajando desde febrero de 2014, y que en unos meses estará listo para ser publicado en la editorial leonesa Lobo Sapiens.


El 18 de julio de 1936, sábado, amanecía caluroso, y en La Bañeza los concejales de la Gestora municipal frentepopulista que integraban la comisión especial de aguas constituida el 20 de abril y de la que desde el 27 de mayo seguían formando parte además del Interventor municipal, Norberto Ángel Martínez Mielgo (de Izquierda Republicana, natural de Hospital de Órbigo, soltero, de 31 años, perito mercantil; seguramente en esta fecha su plaza estaba ya vacante por hallarse destinado como Jefe interino de la Sección de Presupuestos en la Diputación de Palencia), Porfirio González Manjarín (albañil, de 35 años, casado) y Eugenio Sierra Fernández, a los que se sumaban entonces Isaac Nistal Blanco (de 54 años, casado, socialista como los dos anteriores, albañil y maestro de obras) y Joaquín Perandones Franco (de Unión Republicana, casado, de 30 años, industrial), estaban convocados por la mañana a una reunión en la Casa Consistorial para tratar una vez más de la sempiterna cuestión de la traída de las aguas y la dotación del alcantarillado a la ciudad, que ahora por fin y desde el empuje con que la nueva Corporación había retomado tras el inicio de su mandato el 15 de abril el problemático asunto tanto tiempo pendiente, se veía factible conseguir. Cuando a finales de agosto la Gestora impuesta por los sublevados triunfantes revise la actuación de aquella última Corporación republicana hallarán un recibo por importe de 991,25 pesetas empleadas en el viaje a Madrid en la misma fecha del 18 de julio de una comisión que integraban tres personas, sin que al respecto hayamos encontrado más noticias sobre la identidad de los comisionados o el objeto de su desplazamiento, que, si se inició o se culminó, debió de hacerse en medio de las crecientes dificultades, desajustes y zozobras que ya aquel día se vivían a lo largo del itinerario que precisarían recorrer.

La mañana de aquel sábado aparecía en el semanario La Hojita Parroquial una esquela en la que “un grupo de patriotas bañezanos” invitaba a las gentes de la localidad a los funerales que por el alma de José Calvo Sotelo, asesinado en Madrid el día 12, se preveía oficiar en la Iglesia de Santa María el lunes siguiente (se efectuarían con toda solemnidad el 26 de agosto). Algunos viajeros llegados aquella fecha en ferrocarril a La Bañeza quedaron allí atrapados unos días, mientras la situación se decantaba y resolvía, como le sucedió a los padres de Santos Izquierdo de la Torre (que tenía entonces 9 años), desplazados desde A Rúa en el tren correo de Galicia porque eran padrinos de una boda (seguramente la de la señorita Felisa Tagarro González y el joven Severiano Pequeño Bobo –propietario de los Almacenes Bobo-, que se celebraría el día 20 en una ciudad ya bien inquieta y agitada, “en la iglesia y sin ser molestados por nadie”), y de los que no supieron nada más hasta el día 31, cortado por los acontecimientos el tráfico ferroviario que no se restablecerá hasta el 30 de julio, después de ser volado en los primeros días de la sublevación (transcurrida la media tarde del 20) en la línea de Palencia a La Coruña, de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, el puente del ferrocarril de Valbuena de la Encomienda por jóvenes izquierdistas de los pueblos de la zona.

Estando reunida la bañezana comisión de aguas, en aquella jornada de calor tan bochornoso como había sido la anterior, tuvieron sus componentes noticias no oficiales (que ya durante la pasada noche se habían ido desgranando), pero no por ello menos preocupantes, sobre la sublevación militar iniciada en Marruecos el día antes por la tarde, y de que en Melilla habían ocurrido algunos disturbios (dirá Eugenio Sierra Fernández, originario de Astorga, de cuyo Teatro fue empresario cuando allí y hasta 1931 residió con su familia, de 42 años, casado, secretario en 1928 de la UGT astorgana, tipógrafo en la imprenta bañezana de la Viuda de M. Fernández, al ser interrogado el 28 de julio), por lo que el alcalde, Ángel González González (natural de Saludes de Castroponce, de 51 años, casado, jornalero, socialista, regidor en funciones desde el pasado 20 de mayo, como primer teniente de alcalde que era, tras la dimisión del titular, el veterinario Joaquín Lombó Pollán, de Izquierda Republicana), “ordenó o previno a los empleados municipales al objeto de que no se alterase el orden aquella noche, y que al día siguiente, domingo 19 de julio, fue aceptado por él y por los demás compañeros de la Corporación el ofrecimiento que les hicieron gran número de obreros de esta población para cortar cualquier disturbio y para defender la causa, digo, el poder constituido”. Uno de aquellos empleados municipales fue Abraham Bécares Rodríguez (natural de Canales y vecino de La Bañeza, socialista de 29 años, casado, tipógrafo y ocupado en consumos desde el inicio de aquel mes), “requerido por el alcalde cuando realizaba su trabajo en unión de otros compañeros, Valeriano Domínguez Carbajo y Manuel Rubio Antúnez, para que en las horas francas de servicio cumplieran el de vigilancia y mantenimiento del orden dentro y sobre todo en los alrededores de la villa” (declaraba el primero en la misma fecha).

El 23 de agosto, interrogado por Pedro Lagarejo Villar, cabo comandante del puesto de la Guardia Civil de La Bañeza (“donde lleva ya tres años destinado, por lo que conoce perfectamente a todo el vecindario”, dirá cuando en noviembre testifique contra una buena parte de quienes lo integraban), lo hará José García González, soltero, de 25 años, socialista, también guarda de consumos desde la misma fecha (destinado como los anteriores en la recaudación de arbitrios; sería uno de los varios separados del servicio poco después), quien dice que el día 18 de julio fue llamado a presentarse en el Ayuntamiento por ser empleado del mismo, y le dijo el alcalde Ángel González[1] que tenía que estar de vigilancia, para lo cual el médico Emilio Perandones Franco (socialista, de 28 años de edad, soltero) le proporcionó una pistola, de color aluminio, que tuvo en su poder hasta el lunes día 20 por la noche, en que se la retiró el acalde para devolvérsela a quien se la diera, confiándole a cambio una escopeta para mantener el orden público, con la que estuvo un día completo por la Plaza Mayor (la entregará al cabo de la Guardia Civil el mismo 23 de agosto cuando junto con otros sea detenido).

A medida que llegaban nuevos datos sobre lo que estaba sucediendo en el país, en medio de la preocupación que aquellos generaban en todos, y especialmente entre los directivos, afiliados y simpatizantes de las entidades republicanas e izquierdistas locales, algunos bañezanos se fueron acercando al Consistorio a lo largo del sábado, día 18, para ponerse a disposición de la Corporación y prestarle su apoyo. Así lo hizo Cecilio Toral de la Fuente, de 23 años, soltero, estudiante (lo había sido del cuarto curso de Magisterio, Plan de 1931, en el recién finalizado, y dependiente de comercio en el de Alberto Valderas Castro), secretario de Unión Republicana, partido que como tal formó parte del Frente Popular (“roto en el mes de mayo en La Bañeza por desacuerdo entre las organizaciones que lo integraban”, puntualizará en su declaración ante el comandante militar de la Plaza el 14 de agosto, cuando sea uno de los numerosos encausados por los sucesos de “los días de julio”), que se ofrece moralmente, y no materialmente por ser inútil para manejar armas. Alguno entre tantos como serían sumariados por tales sucesos, Mariano Medina Alvarado (que corrobora la ruptura hace dos meses del Frente Popular[2], al que por Izquierda Republicana –IR- dice pertenecer desde las elecciones de febrero), soltero, de 23 años, empleado de banca, asegurará no haber intervenido en ellos entre los días 18 y 21 por haber estado trabajando en las oficinas del Banco Urquijo Vascongado, del que es asalariado “desde hace unos doce años, cuando entró de botones” (es también afiliado de la Asociación de Empleados de Banca, afecta a la UGT).

Ourense, 15 de julio de 2018.


[1] Lo apodaban “Chepa González”, propietario del kiosco de prensa que en la Plaza Mayor –al lado del templete- atendía su hijo Ángel, y “quien todas las mañanas, antes de incorporarse a las tareas propias de su cargo en el Ayuntamiento, llevaba personalmente El Debate, La Nación o el ABC a sus abonados”.

[2] Se habría producido coincidiendo con la dimisión el 20 de mayo del alcalde Joaquín Lombó Pollán y los gestores Toribio González Prieto y Leopoldo Bahillo Melero (ambos también de IR) que con él renunciaron a seguir formando parte de la Comisión Gestora nombrada el 13 de abril por el gobernador civil. Al parecer, también había notables desavenencias y disensiones internas ya desde primeros de abril en IR de León. Joaquín Lombó había militado en el viejo (fundado en 1912) Partido Republicano Autónomo Leonés –o Alianza Republicana- antes del advenimiento de la Segunda República.

Más información en www.jiminiegos36.com

Franco y otros generales rebeldes. / Foto: Archivo

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