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Los mártires de Santocildes (II)

Publicado por Ibañeza.es el 29/07/2019 7:39 Comentarios desactivados

Sobre las penosas condiciones de la reclusión de estos presos de la revuelta de 1934 también aporta datos Gordón Ordás en su denuncia de enero de 1935 ante el presidente de la República; lo hace para la prisión-cuartel astorgana, en la que el 20 de octubre del 34 continuaban ingresando detenidos procedentes de Asturias y de las cuencas mineras de León, y donde “llegó a haber hasta 800 encarcelados” (al finalizar noviembre alcanzaban la cifra de 1.050, y se esperaba un contingente de 300 detenidos más), en la cual

hay dos clases de presos: los enceldados y los alojados en la llamada aglomeración. Los primeros están encerrados en pequeñas habitaciones; la proporción es de treinta hombres por cada veinte metros cuadrados. No se pueden mover, y para dormir tienen que turnar o acostarse los unos con la cabeza sobre las piernas de los otros. Salen de la celda para la aglomeración, pero no al exterior, dos veces al día; por la mañana, dos horas; por la tarde, una. Mientras están encerrados hacen sus necesidades en botes de conservas, que han de tener entre ellos hasta que se les abre la celda, a las siete de la mañana y a las seis de la tarde.

La aglomeración es el dormitorio de una compañía de tropa. Consta de tres naves, una central y dos laterales en ángulo recto con aquélla. A la nave central van a dar las puertas de las celdas. En la aglomeración están los presos privilegiados, porque siquiera pueden andar un poco y hacer sus necesidades en algo más a propósito que un bote de conservas. Al fondo de las naves laterales hay un lavadero en una y un retrete en otra. En la aglomeración se alojan unos trescientos presos que la llenan por completo. Por eso, cuando se suelta a los enceldados, en ninguna de las tres naves de la aglomeración se puede dar un paso. Entre enceldados y aglomerados son unos cuatrocientos.

El lavadero de la aglomeración está perpetuamente anegado de un agua sucia en la que flotan residuos de comida. El retrete tiene cuatro agujeros para cuatrocientos hombres. Como muchos de ellos padecen disentería, durante horas se forman largas colas de pacientes. El orín y las heces fecales se filtran por la pared y forman un reguero permanente, que se extiende por gran parte del suelo. Del recinto de las tres naves nadie puede salir. El sol no penetra allí jamás. La mayor parte de las ventanas están clavadas y las restantes han de mantenerse cerradas para evitar las posibles y dolorosas contingencias de que muera quien se asome por el tiro de algún centinela (como le sucedió al minero Vicente Blanco González, de Villaseca de Laciana, de 38 años y padre de tres hijos. Según El Diario de León del 7 de noviembre, cuando intentaba fugarse del cuartel fue requerido por el centinela, y como no hiciera caso disparó contra él, muriendo a los pocos minutos. Estaba en la celda 14, a un metro de la ventana, cuando recibió sin ningún aviso previo un tiro de fusil, dirá por contra El Combate el 29 de febrero de 1936).

No se puede allí leer ni escribir. Todos los días vagan los presos igual que sombras por aquellas naves lóbregas como cuevas, en medio de una fetidez horripilante. Por la noche se duerme en el suelo, amontonados a lo largo de las paredes, sobre un centímetro de paja sucia, que no se renueva nunca. Abundan los parásitos de todas clases. El agua es insuficiente; a veces falta hasta para beber. La consecuencia es que nadie puede lavarse más que dos días por semana. La alimentación consiste en un cazo de agua caliente, o mejor tibia, con dudas y sospechas de café, leche y azúcar, a las ocho de la mañana; a una hora que varía entre doce y tres de la tarde, y a otra hora que oscila entre siete y diez de la noche, dan otro cazo de arroz, garbanzos, alubias o patatas, un guiso indeglutible a veces. Dan, además, medio kilo de pan por barba y día. La gente se encuentra famélica y enferma del intestino. Están bajo la vigilancia de varios funcionarios de prisiones, que al principio trataban con humanidad a los presos. Se les veía sonrojados y angustiados, pero nada o casi nada podían hacer por ellos.

Para estudiar esta vergonzosa situación y ver el modo de ponerle remedio se han realizado diversas visitas oficiales, una de ellas incluso por el Director General de Prisiones. Nada se ha hecho aún. Hace unos quince días estuve yo allí y supe que se esperaba la llegada de algunos centenares más de presos procedentes de la cárcel de Burgos. Ya han llegado, sin que antes se paliara ninguna de las deficiencias existentes, y como es lógico la situación ha empeorado.

Donde antes había cuatrocientos hombres hay ahora próximamente el doble en las mismas condiciones. La paja no se ha renovado desde hace tres meses y está mezclada con restos de comidas, esputos, heces fecales y orines arrastrados por los pies de los hombres, fermentada y pútrida. Muchos presos no tienen paja en que acostarse, ni siquiera esa paja estercolaria, y carecen también de manta para abrigarse. El rancho ha empeorado y es ahora malo y escasísimo. A los heridos y enfermos no se les presta asistencia médica más allá de ser atendidos parvamente y a medias cada cuatro o cinco días con un  poco de yodo para unos y una purga para los otros. La enfermería es una celda igual a las demás, con la misma paja y la misma hacinación y la misma miseria y suciedad. La alimentación de los enfermos es también igual a la de los sanos. No existe botiquín ni material alguno sanitario. Hasta los funcionarios de prisiones, que comenzaron por tratar benignamente a los presos, han cambiado. La aglomeración hubo de crear fatalmente problemas de organización, que no se han sabido resolver. Con los problemas no resueltos y el consiguiente exceso de trabajo, el carácter de dichos funcionarios se ha agriado. Han renunciado todos a establecer una organización seria y se ha encomendado la solución de las cuestiones al vergajo. Los funcionarios de aquella prisión andan ya vergajo en mano, como si este soez y vergonzoso instrumento fuera el signo de su autoridad y todos los días hay repugnantes escenas de golpes a los presos, propinados a diestro y siniestro, como si se tratara de animales en país sin Sociedad Protectora de ellos. Y así pasan los días, y las semanas, y los meses…

Porque a todos los presos sin excepción debe el Estado democrático un trato noble; porque el delito de estos detenidos, si existe, es un delito revolucionario, el mismo delito que estuvimos dispuestos a cometer, Excmo. Sr., todos nosotros, desde S. E. hasta el más modesto de los republicanos, contra un régimen que nos parecía abominable (¡Y qué pena da ver lo pronto que los hoy blancos olvidan la época en que fueron rojos!), y porque República es justicia o no es más que una palabra sin sentido, la dignidad de la República exige que se ponga inmediato fin a estas infamias.

Que también fueron denunciadas, y también el terror que allí se daba, por los recluidos en aquella prisión-cuartel en carta a la Agrupación de Abogados Defensores de los encartados en los sucesos de octubre (ASO, a la que pertenecía el letrado leonés Timoteo Morán, y cuya delegación en la capital estaba integrada además por Ramiro Armesto, Eustasio García Guerra, José Fuertes, David Fernández Guzmán, Alfredo Barthe, y Fidel Blanco).

Funcionaban en la plaza de Astorga a la mitad de enero de 1935 diferentes juzgados militares, y en la mañana del día 19 volvía a repetirse que “cuando se asomaba a una de las ventanas del Cuartel de Santocildes el preso Juan Álvarez Vázquez, natural de Oviedo, de 44 años, fue requerido por los centinelas para que se retirara, y como no  lo hizo, uno de ellos le disparó hiriéndolo en la cabeza; conducido a un sanatorio, continua en gravísimo estado”. Las condiciones de la reclusión en aquel cuartel-presidio harían que, por desesperación o por demencia, un preso se mate el 5 de marzo arrojándose al patio desde una galería, y aún se repetirá el 30 de mayo que un centinela dispare contra el recluso Francisco García González, de 18 años, vecino del Valle de las Casas, “el cual se asomó por una ventana, estando prohibido, y recibió un balazo en la cabeza, siendo su estado grave”, un alevoso fusilamiento el de aquel cuarto preso cazado sobre el que cómodamente disparan para entretener su tedio los aburridos centinelas que se ganan un mes de permiso cuando abaten a la pieza, una víctima a distancia por cuyo asesinato los demás recluidos en aquel cazadero humano (“con las paredes de las naves materialmente acribilladas a balazos”) declaraban unánimemente la huelga de hambre, según publicará el 29 de febrero de 1936 El Combate que había dado a conocer el también preso Antonio Rodríguez Calleja (médico municipal de Villablino desde 1923) entonces a sus compañeros socialistas astorganos.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Los mártires de Santocildes (I)

Publicado por Ibañeza.es el 15/07/2019 7:23 Comentarios desactivados

Pedía Izquierda Republicana al inicio de junio de 1936 en un manifiesto a todos los partidos del Frente Popular que no creen conflictos al gobierno, y se dispone el día 5 la dotación de un millón de pesetas a la Junta de Socorros para aliviar la situación de las viudas y los huérfanos de la revolución de Asturias de 1934; a sus víctimas, “a nuestros muertos caídos por las balas homicidas de los centinelas de la cárcel-cuartel de Santocildes”, conmemoraban el 7 de junio desde la Casa del Pueblo de Astorga con una manifestación en visita al cementerio y un acto ante sus tumbas.

Habían llegado a la ciudad maragata ya el día 13 de octubre del 34 más de un centenar de revoltosos de las cuencas asturianas, hechos prisioneros y encarcelados en el cuartel de Santocildes, y también diez revolucionarios heridos, de los que dos fallecían y el resto era ingresado en el Hospital Militar de San Juan Bautista.

Comenzaban pronto en la capital leonesa (el 22 de octubre) los juicios sumarísimos, uno de los primeros contra el pintor José Vela Zanetti por coacción e insultos a la fuerza pública, mientras se publicaba el bando del general López de Ochoa, “Jefe del Cuerpo de Ejército de operaciones en estas provincias” conminando a la entrega de armas y explosivos bajo sumarísimas y marciales penas; se aplazaba el licenciamiento de las clases de tropa actualmente en filas, y en la Prisión Provincial seguían ingresando revolucionarios, pasando ya los recluidos de 200, y en Astorga en el pabellón habilitado del Cuartel de Santocildes hay 316 detenidos y “continuamente están llegando camionetas con nuevos revoltosos”.

El 10 de noviembre informaba El Adelanto de que ya habían regresado los primeros expedicionarios del batallón de guarnición en Astorga, siendo recibidos con gran entusiasmo por la población, y de que hay en el pabellón del Cuartel de Santocildes 500 rebeldes detenidos. Nuevos contingentes de presos revolucionarios continuaban entrando a la altura del 17 de aquel mes, alcanzando la cifra de 750, aproximándose ya a primeros de diciembre al millar los reclusos que lo ocupan.

En León, Asturias y Palencia se prorrogó el 7 de noviembre el estado de guerra decretado tras la asonada del inicio de octubre, y las sucesivas ampliaciones (hasta el 14 de abril de 1935; el 24 de enero se había levantado para el resto del país) combinadas con el de alarma mantuvieron los estados de excepción durante más de un año. Desde el 20 de octubre la prensa conservadora publica sin parar noticias sobre presentaciones de rebeldes, detenciones, y hallazgos de armamento. En la capital leonesa se instaló de nuevo un Tribunal de Urgencia que de inmediato comenzó con los juicios sumarísimos (aún proseguían con notable dureza a finales de 1935, y en ellos se despliegan ya argumentaciones que se harán norma en los celebrados a partir de julio de 1936) y las condenas a mineros, dependientes de comercio, camareros y militares sobre todo, parte de los aproximadamente 800 detenidos en la provincia, puestos la mitad en libertad y recluidos algunos de los restantes para cumplir penas que oscilaban entre los 2 y los 30 años de prisión en la cárcel provincial (solo quedarán en ella ocho –cinco de Veguellina y tres de Valderas- cuando se decrete la amnistía el 22 de febrero de 1936) y las de Astorga (más de cien fueron enviados al Cuartel de Santocildes) y La Bañeza, expedidos otros a penales repartidos por todo el país, como Valladolid, el Dueso o el fuerte de San Cristóbal, en Pamplona, antigua fortaleza en ruinas que se habilitó y comenzó entonces a utilizarse como cárcel, en periplos que llevaban a algunos, como los procesados por los sucesos de Cistierna, a ser trasladados a primeros de noviembre al acuartelamiento penal astorgano desde el Depósito de La Bañeza, rebosante y en lamentable estado (con el tejado destrozado y celdas que se llueven), según se certificaba entonces a la autoridad provincial.

Las deplorables condiciones en que en aquellas cárceles y en otras se confinó a los numerosos presos de la represión del movimiento revolucionario de octubre de 1934 (se habilitaron ya como prisiones edificios religiosos) motivaron la denuncia por escrito, dirigido primero a la opinión pública el 22 de diciembre de 1934 y al presidente de la República el 11 de enero de 1935, del diputado por León del Partido Republicano Radical Socialista Félix Gordón Ordás (como ésta, con todos los detalles de nombres y firmas, se presentaron las respectivas de los también diputados Fernando de los Ríos -al inicio de enero de 1935- y Álvarez del Vayo), después de no habérsele permitido realizar ya el 12 de diciembre una interpelación urgente sobre ello en el Parlamento y de limitársele la tribuna periodística, y que tituló “Por la salud del régimen. La represión en las provincias de Asturias, León y Palencia”. Aquel manifiesto hubo de publicarse y circular en ediciones clandestinas, y se penó su posesión, como se hizo el 21 de enero de 1935, clausurando el Círculo Radical Socialista de Palencia y sometiendo a juicio sumarísimo a su conserje, a quien se le hallaron algunos ejemplares.

Según tal denuncia, en toda España se estaban dando anomalías y atropellos en la “cruel, feroz e inhumana represión” del movimiento revolucionario, y singularmente en las provincias objeto de su reclamación, que el parlamentario visitó para constatar las perpetradas en Pravia, Mieres, Pola de Gordón, Villafría, Barruelo de Santullán, Aguilar de Campoó, Bembibre, La Bañeza y Astorga, para concluir que en el cuartel-cárcel de la última “han seguido sintiendo el vergajo los detenidos, lejos de haberse convertido para ellos en remanso de paz”, narrando después las torturas y apaleamientos por la Guardia Civil que se infligen entre los días 15 y 20 de noviembre de 1934, bajo el mando del comandante militar Baltasar Chinchilla Orantes (que había participado con tropas de Santocildes en las operaciones militares contrarrevolucionarias en El Bierzo), a apresados vecinos de Caboalles de Abajo y de Matarrosa del Sil, y que remiten al hacerse cargo del mando el comandante Germán Madroñero (cesará en la comandancia de la Plaza de Astorga el 8 de enero de 1936 destinado como comandante jefe de las fuerzas de Seguridad y de Asalto de la 4ª División en Barcelona, para donde sale el 4 de febrero).

Había en el Cuartel de Santocildes a primeros de enero de 1935 unos 1.030 presos, todos ellos procedentes del movimiento revolucionario y pertenecientes a la zona leonesa y algunos a la asturiana, según el informe de Fernando de los Ríos, en situación horrible: “la inmensa mayoría no tiene manta, y sólo existen quince o veinte jergones de paja; los demás duermen sobre el bálago infectado de toda clase de parásitos. En tres meses, ni una sola vez han sido sacados al patio, tan espléndido, donde pudieran airearse. Constantemente sometidos a todo género de malos tratos; incluso muerto de un balazo un preso que cierto día se asomara a la ventana de una galería. Los que son puestos en libertad por los jueces, cuando van a sus pueblos, la Guardia Civil los lleva al cuartel, les da una paliza horrible y de nuevo los llevan a la cárcel, a pesar de estar judicialmente libertados”. En aquel habilitado recinto carcelario el diputado socialista visitó solamente a Alfredo Nistal, y un periódico de Astorga publicó un suelto a cuenta de las preferencias en su visita, lo que molestó un tanto a los funcionarios de prisiones, y la publicación astorgana hubo de aclarar que las preferencias aludidas se referían a las del parlamentario, que se olvidó de los demás presos, y no a los funcionarios a cuya custodia se hallan los recluidos (contaba el 17 de enero de 1935 El Diario de León).

En alguna fecha de aquel mismo año por mandato del Partido Socialista se desplazaría a Astorga Rodolfo Llopis, uno de sus responsables, para hacer entrega al comité de ayuda a los presos, representado por el médico Ildefonso Cortés Rivas, de dinero para su distribución equitativa entre los socialistas detenidos en aquella cárcel y cuartel. A primeros de enero de 1936 una comisión de presos da las gracias en carta abierta publicada en El Combate por el reparto que entre ellos se hizo de la ropa y el dinero (siete pesetas a cada uno) recogido en la colecta. El condenado Alfredo Nistal habría sido también socorrido mientras ocupó aquel reclusorio por sus hermanos masones del maragato Triángulo Asturica. Sería, por cierto y como señalará La Democracia el 23 de marzo de 1936, el maestro David Escudero Martínez, natural de Castrocalbón y delegado provincial de la sección leonesa de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza (integrada en la FETE), el alma mater en la organización de la ayuda económica prestada por numerosos maestros nacionales de la provincia (la mayoría afiliados a la ATE) a los compañeros presos y perseguidos por causa de la revolución de octubre del 34 y a sus familiares. Ayuda parecida se prestó a sus represaliados por el Cuerpo de Correos, y por un grupo de médicos a sus colegas castigados.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La aparición de un nuevo libro: ‘Convulsiones’

Publicado por Ibañeza.es el 4/07/2019 15:58 Comentarios desactivados

Me permitirán los seguidores de esta sección hacer un alto en el camino de los sucesos acaecidos antaño en nuestra comarca bañezana que, extraídos de mi libro La Bañeza 1936. La vorágine de Julio. Los prolegómenos de la tragedia, publicado en el verano del año 2013, vengo relatando casi desde entonces, para darles cuenta de la muy reciente aparición, en las mismas Ediciones del Lobo Sapiens, de una nueva obra, también de mi autoría, titulada ahora Convulsiones. Diario del soldado republicano Jaume Cusidó Llobet. Prisioneros catalanes en el ‘Gulag’ de León, salida de la imprenta el pasado día 1 de este mes de julio.

El libro ha sido –de nuevo- prologado por el insigne historiador e hispanista Sir Paul Preston, y, aún a riesgo de ser tachado de inmodesto, me atrevo a trasladar aquí algunas de sus apreciaciones en el Prólogo:

“Pertenece –el autor- al grupo de investigadores minuciosos cuyos trabajos son imprescindibles… Se trata de un estudio enjundioso de lo que él  llama el ‘Gulag’ de León,  y su descubrimiento y reproducción del Diario del soldado republicano Jaume Cusidó Llobet de los últimos meses de la guerra y los primeros del franquismo, es un hallazgo de primera importancia…, y nos ofrece una visión de la guerra civil muy diferente a las de rabia o agresividad que impregnan otros diarios. La inclusión, también, de las cartas que el cautivo Cusidó y su mujer se entrecruzan es otro gran acierto y amplía lo anteriormente dicho…El volumen en total constituye un trabajo impresionante. Primero, saca a la luz un tema prácticamente desconocido hasta ahora: el campo de concentración de prisioneros de guerra que existió en Valencia de Don Juan. Luego, añade información ingente sobre el campo de prisioneros de San Marcos, el campo de concentración de Santa Ana de León y los campos astorganos de Santocildes y La Pajera. Finalmente, revela algo que ha permanecido casi en el más absoluto silencio: los más de 290 catalanes asesinados en León…No dudo que este libro abrirá nuevas puertas en una temática todavía bastante desconocida y ayudará a los investigadores a entender más y mejor el horror que fueron la prisión y campo de concentración de prisioneros de guerra de San Marcos de León y los demás de la ciudad y la provincia, y, cómo no, la Guerra Civil española. Otra vez, estamos en deuda con José Cabañas”.

Por mi parte, en cuanto al contenido de este nuevo trabajo, haría notar que a los Diarios de Jaume Cusidó (uno de tantos y de tantas como hubieron de sufrir en carne propia, ellos y sus allegados, las ignominias y los dramas de una guerra que otros desataron), transcritos, traducidos y contextualizados con numerosas notas, añadí lo siguiente:

La transcripción de algunas de las cartas que el prisionero cruza con su familia en Sabadell mientras se halla confinado en el campo coyantino; el resultado de mis indagaciones sobre tan desconocido campo de concentración como hasta ahora ha sido el que se habilitó durante los años de la guerra y el inicio de la posguerra en los Talleres Casa Ponga de Valencia de Don Juan; el Diario que otro soldado, movilizado en las filas nacionales, Antonio Lobato Cabañas, natural de Jiménez de Jamuz, escribió desde las primeras líneas del frente de Aragón y otros a lo largo de algunos meses de 1937 y 1938, y que traigo como contraste o contrapunto a los que Jaume Cusidó, en parte en el mismo tiempo, compuso al otro lado de las trincheras; una centena de reseñas de cautivos que penaron en la Prisión de Partido de Valencia de Don Juan en los tiempos de la guerra; una extensa relación nominal de los varios centenares de prisioneros de guerra catalanes inhumados en las fosas comunes del cementerio de León en el invierno y la primavera de 1939, fusilados en el campo de tiro militar de Puente Castro tras ser sacados del Campo de Concentración de San Marcos o fallecidos dentro de sus muros por enfermedades y privaciones; una amplia serie de más extensas y detalladas referencias sobre algunos de aquellos y otros que, de la misma procedencia, sobrevivieron a las tribulaciones de su paso por tal campo o por los al menos otros seis que con él vinieron a constituir una especie de particular “gulag” leonés infame y vergonzante, a los que les cupo la desventura de padecer alguno de aquellos aflictivos y afrentosos recintos en los que mayoritariamente (parece que no en todos) se impuso la deshumanización y la crueldad; y un manojo de desgarrados testimonios dejados por otros prisioneros tras haber sufrido alguno o varios de aquellos campos leoneses y las innumerables y brutales violencias de todo tipo que en casi todos se estilaron, en algún caso contrapuestos a los complacientes y falseados relatos que de la vida en ellos se hacía desde los medios de comunicación del régimen que los había establecido.

Agregué además algunos apartados con informaciones y noticias que vienen a sumar nuevos conocimientos sobre los campos de concentración de San Marcos y Santa Ana de León, y a inaugurar prácticamente los que también ahora comenzamos a tener sobre otros dos asimismo apenas conocidos y asentados en Astorga: el de La Pajera, y el que aparece en algunos documentos como Campo de Concentración de Astorga en el Cuartel de Santocildes, asentado en aquel inmenso recinto militar cuyas instalaciones compartían sus prisioneros de guerra con los reclusos de la Prisión Central que también lo habitaban, una situación de coexistencia de unos y otros en el mismo reducto similar a la que se daba en San Marcos de León hasta el inicio de 1939, y que tampoco ha sido hasta el presente nítidamente esclarecida y remarcada, como no lo ha sido la dedicación oficial durante algunos años de la guerra y la posguerra de la Prisión de Partido de Astorga a Prisión de Mujeres, que también ahora desvelo.

Portada del libro.

Con todo ello, con las penosas odiseas que se cuentan de Jaume Cusidó y de los demás que dejaron testimonio de ellas y de los lugares en los que transcurrieron, con tales retazos de lo que viene a ser un mismo lienzo, fui componiendo a lo largo de casi tres años este libro, que estimo pueda ser de interés para cualquiera que desee aproximarse y mirar de cerca a lo que fue nuestro reciente y cercano pasado, en el que se dieron, en medio de episodios tan bárbaramente negros y terribles como los que aquí se han recogido, fulgurantes y solidarios destellos de humanidad y de altruismo como los que también se cuentan.

Componen así los contenidos señalados las dos piezas o secciones en las que el libro se estructura (bien pudiera decirse, que, aunque relacionados, se trataría de dos libros en uno). Su título, Convulsiones, remite a la referencia que a ellas y a las tragedias en que estas desembocan, y a los votos para que no se repitan, hace el ya entonces exprisionero de guerra Jaume Cusidó en el remate de sus Diarios, y lo hemos adoptado por creerlo idóneo para un trabajo como este, en el que se muestra un extenso haz de las abundantes conmociones y calamidades (personales, familiares, colectivas) que tiempos tornados en aciagos vinieron a deparar a tantos, parte de las muchas que acompañaron a aquella guerra civil que fue “la más horrenda e infausta de las convulsiones que consignó la historia”.

Del aludido ‘Gulag’ leonés formaron parte también tanto la abarrotada Prisión de Partido de La Bañeza como algún Batallón de Trabajadores asentado en la ciudad, y a ellos, y a las penalidades de la vida de quienes en una y otro eran huéspedes forzados dedicamos en esta obra también un cierto espacio.

Este nuevo libro (en formato 17×24 cms.), que consta de 452 páginas y contiene 90 ilustraciones, además de 626 notas a pie de página, al precio de 25 euros se encuentra ya a la venta en librerías de la provincia y en la sede de la Editorial (C/ Barahona, 14 – Bajo. drcha.  24003 – León. Telf.: 987 17 06 52.  comercial@lobosapiens.net   www.lobosapiens.net), además de estar presente en la próxima Feria del Libro bañezana, y presentarse en Valencia de Don Juan el 11 de julio; en Astorga el 19 de julio; en La Bañeza el 8 de agosto; en Jiménez de Jamuz el 9 de agosto; y el 28 de agosto en Ponferrada.

“La obra que acrecienta lo conocido de los campos de concentración de San Marcos y Santa Ana de León, e inaugura el conocimiento del coyantino de Casa Ponga y los astorganos de La Pajera y Santocildes. Un gran acierto que ayuda a entender el horror de los reclusorios franquistas”.

Más información (el Índice, el Prólogo, y la Presentación) sobre este nuevo libro CONVULSIONES se halla en mi web (www.jiminiegos36.com y www.jiminiegos36.com/convulsiones.htm).


La catástrofe ferroviaria del túnel de las Fraguas en junio de 1936

Publicado por Ibañeza.es el 17/06/2019 8:25 Comentarios desactivados

En el diario capitalino La Mañana, con algunos espacios censurados, se noticia el 1 de julio de 1936 la inauguración por la Empresa de Autobuses de León (y su bendición en el santuario de la Virgen del Camino) de su autobús número 9, de 16 asientos y plataformas espaciosas, magnífico, muy elogiado, y construido en la capital, “flecha roja en el aire gris de la ciudad, de línea alargada y elegante, pulido y coquetón por no estar aún resobado por el vulgo espeso y municipal”, dirá de él Lamparilla, que lo presenta como un exponente de la industria leonesa (construido en los talleres de Auto-Carrocerías de León, de don Isidoro González) y del espíritu de iniciativa leonés (a pesar de que proceda de Santander el emprendedor paisano que iniciara la empresa del transporte urbano en la capital), cuando otro hijo de esta tierra, el joven Fernando Rubio Gómez, lleva un tiempo circulando en la ciudad con un automóvil que porta un aparato inventado y patentado por él mismo, “productor de gases combinados que lo mueven con un menor consumo, y que en breve, una vez perfeccionado, supondrá por su baratura y comodidad un gran progreso en los motores de explosión”. También circulaba por León en un Fiat Balilla la primera mujer taxista de la ciudad (Piedad Álvarez Rubio, “que ya antes sabía conducir, pero no pudo hacerlo de modo oficial y público hasta que vino la República”), un inusual hecho que ya había por ello merecido portadas y reportajes en la prensa gráfica de entonces. Narra además el rotativo leonés detalles de la catástrofe ferroviaria (se saldó con unos 20 muertos y más de 40 heridos) de unos días antes en el túnel de las Fraguas, en San Miguel de las Dueñas, cerca de Ponferrada, cuando chocaba con un mercancías el tren expreso de Galicia.

Algunas de las noticias que entonces se mostraban bien pudieran merecer hoy que nos detengamos siquiera sea brevemente en ellas:

El paisano emprendedor, era Ernesto Mateos Tomás, de Herreros de Jamuz, emigrante junto con su esposa en la segunda década del siglo XX a la Argentina (desde Santander, donde con sus padres –que regentaban en el pueblo de sus orígenes una tienda y cantina- y hermano se había radicado en 1904) y trabajador allí en una fábrica de sebo para emplearse en la hostelería de Estados Unidos después, regresado ya en el periodo republicano para fundar con otros socios en 1934 la empresa Autobuses de León (que venderá a Martiniano Fernández en 1944, en cuyas manos acabarán también en los años cincuenta la línea Truchas-La Bañeza de David González Pombar y la Puebla de Sanabria-Astorga de la empresa de Ángel Beltrán que compraría en 1945 Domingo García e Hijos). El indiano ganaba en diciembre de 1933 (en exclusiva por 50 años) el concurso para el establecimiento en la ciudad de una línea de autobuses, cuyas bases aprobaba el consistorio a finales de junio, repetido por segunda vez, después de que en octubre el primer adjudicatario pida prórroga (que no se le concede) para iniciar el servicio el 1 de enero de 1934, “ya que la reparación de dos vehículos le ha causado retraso sobre la fecha convenida”. Comenzarían a circular, inaugurándose, el 18 de febrero (se haría oficialmente el 9 de junio) los cuatro flamantes coches de los primeros autobuses de León (se había adjudicado el servicio a Plácido Diéguez, que en vista del resultado favorable se proponía al inicio de marzo adquirir cinco nuevos vehículos más grandes, se dirá en El Diario de León, aunque en 1993 la misma publicación alude a Ernesto Mateos Tomás como el fundador de aquella empresa), en los que, se decía, actuarán de cobradoras señoritas. El reportero Lamparilla ya había señalado que “de León son los dirigentes de la empresa de autobuses, aunque duela que hayan venido de Santander a su tierra a establecer aquello que los que se hallaban aquí en condiciones para ello dejaron abandonado por la eterna apatía…”.

El innovador automóvil que se presentaba como un modelo de progreso era “un torpedo de dos plazas con el que el inventor local había realizado viajes de prueba a Villamanin a velocidad de hasta 70 kilómetros por hora, movido por el óxido de carbono e hidrógeno ligeramente combinado en que el aparato por él patentado transforma los aceites pesados (fuel-oíl y gas-oíl) mezclados con agua”. Con unos cinco litros de aceite pesado y 300 gramos de agua (para producir la combinación química precisa), y con el coste de 30 céntimos por litro, recorría los 70 kilómetros de aquel desplazamiento.

El siniestro ferroviario del túnel de las Fraguas (a seis kilómetros de Ponferrada), ocurrida el 23 de junio, no suele citarse cuando se desempolvan memorándums de desastres parecidos, casi siempre al hilo de otros actuales, habiéndose producido muy cerca de otro túnel, el nº 20 de Torre del Bierzo, en el que tendrían lugar otras dos desgracias de suma envergadura: el 3 de enero de 1944 el mayor accidente ferroviario ocurrido en España, con un balance oficial de 83 muertos y 64 heridos, una cifra que se falseó por la dictadura (que ocultó el suceso y censuro su conocimiento, y aún llegó a presentarlo como responsabilidad de la guerrilla), siendo en realidad considerablemente mayor (habrían fallecido por encima de 500, según algunas fuentes, y en torno a 150, según otras que hoy resultan más fiables), una tragedia repetida en el mismo túnel el 27 de diciembre de 1947, cuando descarriló el correo La Coruña-Madrid causando un muerto y doce heridos. Del resultado de aquella olvidada catástrofe de finales de junio de 1936 informaban profusamente los medios nacionales y los locales (La Democracia y La Mañana; El Diario de León no se publica desde el día 13 de aquel mes por huelga de sus empleados), con titulares como los siguientes: “Entre San Miguel de las Dueñas y Ponferrada chocan un expreso y un mercancías. El expreso iba lleno de viajeros. Numerosas víctimas”. Se contaron entre éstas un muchacho de 18 años que viajaba en la perrera sin billete y que se ocupaba en Ferrol de limpiabotas, un soldado de la base aérea leonesa, el contratista de obras de León Francisco Fernández Menéndez, que se había ocupado de construir el Puente Paulón y de urbanizar años antes algunas calles bañezanas (lesionado levemente), y una artista de varietés; fallecía también, el día 25 la madre, de 25 años, del niño de cuatro meses que fue recogido ileso. Entre los heridos que acogen en Ponferrada el Hospital y en el Sanatorio López Ríos se hallan los dos guardias civiles del puesto de Toral de los Vados que formaban la pareja de escolta del exprés. Se detuvo a los Jefes de las estaciones de Ponferrada y San Miguel de las Dueñas y al guarda agujas de ésta. En los trabajos de salvamento rivalizaron empleados de la Compañía, autoridades y vecindario de los pueblos cercanos.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Penurias escolares en 1934

Publicado por Ibañeza.es el 3/06/2019 7:33 Comentarios desactivados

A la mitad de enero de 1934, a petición de los maestros (maestra y maestro) regentes de las escuelas unitarias del local de Severino Hernández Cancelas, se colocan en ellas unos cristales; el arreglo del retrete ha de hacerlo por su cuenta el arrendador de los locales, que se dotaban por entonces de estufas y de luz eléctrica, por cuya instalación se abonaban 77 pesetas al industrial Bernardo Canton Blanco, titular de la compañía Electra Bañezana.

Manifestaba por entonces el ministro de Instrucción Pública que el asunto de la calefacción de las escuelas corresponde a los ayuntamientos (por carecer de ella se habían cerrado en Madrid cinco grupos escolares), aunque “por una sola vez y sin continuidad” se ocupará de ello el Estado, que tendrá que rebajar el presupuesto de su departamento al hacerse cargo de los gastos de calefacción de las escuelas municipales, cerradas muchas de ellas en España por negarse los ayuntamientos a pagarla. En La Bañeza en el pleno del 14 de febrero se desechaba la petición de los maestros encargados de las escuelas unitarias de que se les provea de carbón para las estufas recién instaladas. Ya se había desestimado una solicitud semejante de las escuelas graduadas por considerar que el Estado les da consignación para calefacción (en realidad, se dice, 150 pesetas para todos los gastos de atenciones y servicios), y se propone la intervención del delegado municipal en el Consejo local de Primera Enseñanza, el concejal Joaquín Lombó Pollán, y la convocatoria de una reunión del mismo, cosa difícil dice el delegado (no se reunió ni cuando en el otoño de 1933 se clausuraron las escuelas), que añade que funciona irregularmente y manifiesta su deseo de, por ello, dimitir como vocal. Se reconoce que 30 pesetas es poca cantidad para la calefacción de cada escuela, aunque se puede contar, se dice, con la gratificación que por la enseñanza de adultos reciben los maestros.

Maestra y niñas de una escuela en La Cabrera en 1934.

En la sesión municipal del 18 de abril se acuerda realizar las obras necesarias en el pavimento de la escuela de Sacaojos, ya en mal estado bajo el mandato del anterior alcalde, pero que no se reparó por no dilucidar entonces si las obras correspondían al Ayuntamiento bañezano o a la Junta administrativa de la pedanía. Debió de hacerse aquél cargo de su estado, “pésimo (según el informe del arquitecto municipal del 13 de junio) tanto en la planta baja como la casa del maestro, por lo que debiera de construirse otra nueva”, y se acuerda al acabar el mes repararla durante las vacaciones de verano, ya que no se encontró en el pueblo local adecuado para sustituirla, ni tampoco a la vivienda del docente. Ya en agosto, dado que el importe de reparación de la casa-escuela según el proyecto del arquitecto municipal sería sobre una casa ruinosa, lo que representará perderla, se acuerda estudiar la conveniencia de construir un edificio de nueva planta, convocando a tal efecto a la Junta vecinal para ver si tal construcción puede abordarse, y como las posibilidades y condiciones aportadas no satisfacen a la Corporación bañezana (el pueblo acarrearía y cedería la piedra de sus canteras y tres árboles para la madera –ya en diciembre dirán hacerse tan solo cargo del transporte de la piedra-, pero debía ser construida por el Ayuntamiento), después de votarse en el pleno del día 29 se decide esperar a que la construya el Estado, frente a la desechada alternativa de ser levantada por el municipio, que satisface a la minoría socialista.

No eran las únicas escuelas en lamentable estado: por las mismas fechas las de Jiménez de Jamuz, y también las casas-vivienda de los maestros, estaban en completa ruina, y acordaba la Corporación del Ayuntamiento al que la pedanía pertenece vender en pública subasta (con la urgencia que el caso requiere) un solar municipal bien situado y conocido por el Pósito y reformar unas y otras con los fondos obtenidos. A otro de los maestros nacionales en el pueblo se le enviaba con igual premura uno o dos albañiles que a cuenta del Ayuntamiento le recorran el tejado y reformen la casa-habitación. Finalizando el mes de julio los corporativos habían ya acordado la necesidad de construir nuevas escuelas, y a mediados de septiembre se aprobaba la cuenta de 300 pesetas por el alquiler en 1932 y 1933 de la casa-habitación y edificio escuela de niñas de Santa Elena de Jamuz a Manuel de Blas del Palacio.

A la mitad de julio la Dirección General de Primera Enseñanza había enviado un aparato de proyección para las Escuelas Graduadas bañezanas, y se denunciaban por entonces desde el semanario socialista astorgano El Combate algunas irregularidades y desatenciones en la primera enseñanza, como eran las de que en Castrocalbón la maestra no apareciera por su escuela, lo mismo que hacía la de Soguillos, en Laguna Dalga, y en La Bañeza redujera su dedicación a ella la maestra que vivía en Astorga y se desplazaba cada día en tren entre las dos ciudades (se trataba de Tránsito Castro González, esposa del abogado astorgano Olegario Combarros).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Cuando se quiso poner tasas al toque de campanas

Publicado por Ibañeza.es el 20/05/2019 8:03 Comentarios desactivados

A finales de 1932 se promulgaba la Ley de contribución general sobre la renta (un impuesto aún muy limitado y de escaso poder recaudatorio, tímido primer paso en la creación de la moderna fiscalidad), cuando la renta per cápita alcanzaba las 1.083 pesetas. En La Bañeza, en los extensos debates sobre los presupuestos municipales para 1933 los socialistas habían pretendido la incongruencia (que les señala desde el local semanario La Opinión su director) de recuperar el impopular y ya suprimido impuesto de consumos, una carga indirecta y nada progresiva contra la que tantas protestas y motines había habido en el pasado, y tratado de establecer un gravamen por el toque de campanas (“asesorados por algunos entre los cuales hay fervorosos monárquicos hasta el 14 de abril de 1931”, dirá El Adelanto), que rechazaron los demás miembros de la Corporación. También en León fue desechada la propuesta socialista de incluir en los presupuestos del año próximo a iniciarse una tasa anual por el tañido de campanas (150 pesetas por una, 200 por dos, 300 por tres o más), pero prospera gravar con 25 céntimos los carteles que anuncian funciones religiosas y cobrar impuestos por tirar cohetes y tocar organillos.

En La Bañeza, en realidad las discusiones y la elaboración de aquellos presupuestos (en múltiples y maratonianos plenos) fueron bastante más complejas y ajetreadas: la minoría socialista decidía el 23 de noviembre contar con sus representados antes de entrar a discutirlos, y lleva enmiendas en la sesión municipal del 28 al proyecto que presenta la comisión de Hacienda, basado en el percibo de ingresos por arbitrios (como el de 1932, al que supera considerablemente), que perjudica al vecindario (se dice), opuesto al de ingresos por consumos (como lo fue aún el de 1931), de mayor recaudación y por el que los forasteros pagan más, y derogado por una de las disposiciones transitorias del Estatuto Municipal y otras legales. Se acuerda por mayoría (los cuatro concejales de la minoría socialista, José Santos Pérez y Joaquín Lombó Pollán) obtener los ingresos por consumos, con lo que se rechaza el proyecto de la comisión de Hacienda. El alternativo de la minoría socialista también era por arbitrios, por lo que procede confeccionar uno nuevo basado en ingresos por impuestos de consumos.

Antigua postal de la Iglesia de Santa María de La Bañeza.

En el pleno del 7 de diciembre se revoca el anterior acuerdo (volver al sistema de consumos) y se desecha el proyecto de presupuestos de la comisión especial surgida de la anterior sesión, según votación en la que solo opta por no hacerlo el concejal Joaquín Lombó. Los socialistas aclaran su pretensión de reemplazar los arbitrios de 1932 por otros más justos, y de rebajar algunos como el de la carne, que consideran alto, para que deje de regir lo que manifiestan que algún concejal habría afirmado (“el que no pueda comer carne, que coma bacalao”), y que es desmentido por el alcalde (Juan Espeso González), sustituyendo con otros gravámenes lo dejado de recaudar por ello. Por mayoría se acordó presentar otro nuevo proyecto en el pleno del lunes próximo, confeccionado por la comisión de Hacienda una vez más. En cuanto a las carnes, a pesar de haberlas clasificado por categorías ya en enero de 1933 y de haber rebajado sus arbitrios, no han bajado sus precios los carniceros, lo que expondrán algunos concejales como queja en el pleno del 18 de aquel mes.

El día 12 de diciembre se entra por fin a estudiar y discutir el proyecto de presupuestos para 1933, en su apartado de Gastos, y se hace por artículos, partidas y capítulos. Se retira la partida de 480 pesetas del teléfono del alcalde (ya hay uno en secretaría) y el del cuartel de la Guardia Civil. Se destina una partida para el deslinde y amojonamiento de los terrenos comunales (en la fecha determinada en que se revisan anualmente las marras o mojones municipales), otra para salarios de los 15 vigilantes de arbitrios que habrán de atender el servicio junto con los serenos, y una más destinada a retribuir las nuevas plazas de arquitecto y de maestro de obras que se crean.

El pleno del 14 de diciembre, cuando cerrado ya el capítulo de Gastos se discuten los arbitrios que habrán de generar los Ingresos, conoce debates sobre si las bicicletas son artículo de lujo (como afirma el concejal socialista Porfirio González Manjarín), o no lo son, pues las usan mucho los obreros (según argumenta David González Moratinos). Y no debían de serlo, ya que se aumenta su canon, quedando en 6 pesetas anuales. También se establece una tasa a la circulación de perros, y un arbitrio por los anuncios o carteles que se exponen. Algunos concejales alegan haber determinado gravámenes elevados para las carnes de cerdo y de ternera, que consumen los ricos, para que los presupuestos no sean tachados de burgueses. Los socialistas exponen por su parte que su tendencia no es obrerista, y abogan en prueba de ello por la rebaja de tales gravámenes.

Propone el edil Porfirio González Manjarín el impuesto de 100 pesetas anuales por cada una de las 11 campanas de la ciudad, consideradas como anuncios. La comisión elaboradora del proyecto pensó en ello, se dice, pero observó su ilegalidad (en la que coincide la Revista de la Administración Pública del mes de la fecha, que se consulta en la sesión). Hay empate en la votación (a favor, la minoría socialista y el concejal Toribio González Prieto), que se repite por dos veces, y decide la cuestión el voto de calidad del alcalde-presidente, rechazando la propuesta. El edil Joaquín Lombó Pollán vota en contra, pero añade que vería tal impuesto con satisfacción por vivir cerca de la Iglesia, y que vota como lo hace porque ha visto que la tasa no se impone en ninguna población (en la mayoría de las que la establecen, las delegaciones provinciales de Hacienda la revocan después, como sucedería en Huelva finalizando el siguiente mes de enero, o en marzo en Ponferrada), además de que “el asunto se resolverá cuando se promulgue la Ley de congregaciones religiosas, por la que los templos pasarán a ser propiedad del Estado, sobre cuyos bienes no se pueden imponer arbitrios” (parecida argumentación se había manejado en su momento en el consistorio leonés). El concejal David González Moratinos alegaba que en tal caso debería de gravarse también el timbre del Teatro y la sirena de la Azucarera.

Finalizaba la elaboración del presupuesto municipal para 1933 con la asignación de Ingresos en superávit sobre los Gastos, y se debate entonces si aplicarlo a rebajar las tasas de las carnes o al aumento de sueldo que los empleados municipales habían solicitado, sobre lo que hay empate y resuelve, en contra de la subida de salarios, de nuevo el voto del alcalde. Queda aprobado el presupuesto de Ingresos en 234.166,06 pesetas, con superávit sobre el de Gastos en 5.377,26 pesetas, que asciende a su vez a 228.788,80 pesetas.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La diversión antaño en La Bañeza

Publicado por Ibañeza.es el 6/05/2019 7:55 Comentarios desactivados

El 9 de abril de 1916 se refería La Crónica a la partida de La Bañeza de La Rentina, vedette de cuplé y tango que, “cual estrella fugaz de las que de vez en cuando aparecen por estos pueblos de menor cuantía, había alegrado la vida de multitud de ciudadanos”. Se cuenta en el ejemplar del 16 de julio del mismo semanario que no entusiasmó a la concurrencia la vedette Nieves Mimosa que actuaba en el Café Marina (en el verano de 1931 tenía “orquesta tarde y noche”), y que su dueño, Avelino García, “tiene la palabra con Conchita Ulía, que en breve debutará en el Teatro Ideal Cinema” (traerán a la canzonetista en aeroplano, se dice, si la huelga ferroviaria que entonces se daba persistiera), y también que habrá concurso de aviación en el programa que para las ya cercanas fiestas se preparan.

En la inauguración del nuevo Café Victoria, espacioso y elegante (en la calle Pérez Crespo, propiedad de Jerónimo González Álvarez), actuó un sexteto formado para la ocasión por jóvenes bañezanos aficionados a la música, Odón Alonso entre ellos, dirigidos por José Gutiérrez Pascual (volvieron a agradar en otras actuaciones posteriores). Proseguían las regulares sesiones de teatro, y a veces las compañías actuantes en las giras se deshacían y separaban, como ocurrió entonces aquí con la del señor Sepulveda por diferencias y rencillas entre los integrantes de su elenco. De la inauguración de aquel Café informaba también El Pueblo, que compartía entonces el kiosco de prensa bañezana, e igualmente de la renombrada tonadillera Conchita Ulía, “artista genial que ha cautivado y conseguido el aplauso de todos los públicos de España y de las posesiones españolas en Marruecos”, y que se presentará al bañezano el sábado 22 de julio solo por cuatro funciones y de paso para los principales teatros de Galicia. Se noticia el día 30 la actuación en el Teatro de la cupletista Favorita, y de que van adelantados los trabajos de construcción de la plaza de toros (que no se llegaría a rematar).

En 1927 el monarca y la reina Victoria Eugenia visitaban León y en octubre se inauguraba en La Bañeza el elegante Gran Café Novelty, rebautizado poco después en “Café Minuto”, propiedad de Francisco Miranda del Palacio (antiguo botones y conserje más tarde del Círculo Mercantil) y concebido, con su permanente orquestina, como café-espectáculo, al igual que sus competidores en la localidad, los cafés Pasaje (abierto en 1926, ya como café teatro y regentado durante muchos años por la familia Blanco Toral), Central (éste de efímera vida), y Royal (fundado por Maximino Ruiz García). En un anexo del último, que contaba además con reservados en los que era frecuente el juego de dinero, estaba instalado el Royal Cinema, competencia en la proyección de películas de los teatros-cines de más aforo.

En aquellos cafés cantantes amenizaban el ocio de los concurrentes algunas artistas, pícaras y divertidas cupletistas, ligeras de ropa y generosas en la exhibición de sus cuerpos y procaces en sus ademanes y en el doble sentido de sus canciones, lo que incitaba a algunos clientes desprendidos a alternar con ellas y a gastarse en el descorche sus dineros. Más allá de lo sicalíptico, tan del momento, y del Bar La Alegría de Cándido González, “servido por camareras” (según se anunciaba en la revista Azul en 1920), existía desde el inicio de 1933 y creado a lo que parece por David González Manjarín (su titular en febrero de aquel año) en el camino de los Molinos, cercano a la Azucarera Bañezana, un establecimiento de señoritas (Bar Azucarero se llamaba en febrero de 1934, regentado por Francisco Alonso Prieto, casa de lenocinio más o menos encubierta y clandestina), que se mantuvo en este uso largos años y que en 1935 y 1936 dirigía Tomás Martínez Prieto, natural de Santibañez de Vidriales, regresado después de 1933 de Argentina y domiciliado entonces en la bañezana calle Pablo Iglesias.

Desde años antes funcionaba el salón de baile Variedades, otro local de diversión en el que a veces se pasaban “originales secciones cinematográficas”, regentado por Patricio González, quien también era dueño del Frontón Novedades (sito en el interior de la manzana delimitada por las calles del Carmen y Juan de Mansilla). Existía en 1916 el salón de baile El Recreo, de Gabriel González, y un baile más popular solía celebrarse en la Fonda la Galocha, en la salida de la población hacia el Monte de Riego, y a los de disfraces y máscaras, y al de Piñata del Carnaval, se concurría en el Teatro Seoanez, del que para la ocasión se retiraban algunas butacas (contaba con 650 y 6 plateas) y convertía en elegante y espaciosa pista.

Había además otros lugares de recreo: los locales de las sociedades el Casino, el Círculo (que disponía de Estudiantina y de Rondalla), La Caridad, el Liceo y los Recreos ya citados; cines como el Ideal Cinema; el Teatro Seoanez; cafés como los de Maximino Ruiz García; La Unión, de Modesto Ruiz García y Modesto Arias (en los locales del Casino de igual nombre; en 1907 lo regentaba Jerónimo González Álvarez); Nogarol; Marina (con cuplés), o el Café Victoria…, y también el Bar Moderno de José Concejo Grandoso, muy frecuentado por la intelectualidad bañezana que redactaba El Sorbete en 1921, al que llamaban El Boliche del Che, o El Casinillo, y en cuya amplia terraza “se hablaba y se discutía de socialismo, anarquismo y sindicalismo”.

En junio de 1931 no todo era propaganda política y elecciones constituyentes próximas a celebrarse: cerraban a altas horas de la noche los cafés de Maximino Ruiz, Francisco Fidalgo y Ramón Acebes González, y en el Café Minuto (a veces también en el Marina) debutaban por aquellas fechas gentiles canzonetistas (prácticamente una atracción por semana a lo largo de aquellos años, según publicitaba la prensa local) que entretenían a su público con sesiones de tarde y noche, como Lia Foli, a la que seguiría la vedette de cante flamenco Lola Alcázar y la colosal artista y estupenda bailarina Teresita Aguirre; el Teatro Pérez Alonso combinaba espectáculos arrevistados con sesiones cinematográficas y recitales de canciones, y algunos patricios bañezanos viajaban por entonces a Madrid para asistir a la inauguración de la nueva plaza de toros.

Se denuncia el día 11 de agosto de 1933 ante el juez municipal lo sucedido la noche anterior, cuando “contestaron con frases gruesas y ofensivas” al sereno Manuel Casasola Pisabarro el dependiente del despacho del Café de “Minuto” y el cartero Luís Pérez Fernández, que “venían dando voces con tres artistas” (del cuplé o canzonetistas que actuaban aquellos días en los cafés de la ciudad).

En septiembre de 1935 se daba desde la alcaldía a los cafés bañezanos “orden de no exhibir en los escaparates o transparentes imágenes o fotograbados indecentes”, después de que se ruegue el 27 de agosto a Francisco Miranda del Palacio, Maximino Ruiz, Francisco Fidalgo, y Vicente Blanco que “se abstengan de exponer fotografías de artistas que atenten a la moral, y que prohíban en sus establecimientos la entrada de menores”, se recuerde a Ángel González (que regentaba un kiosco de prensa en la Plaza Mayor) “la prohibición que existe sobre exhibir escritos pornográficos en la vía pública”, y de que Servando Juárez Prieto, como alcalde accidental, proclamara el día 30 un bando llamando a los residentes a que “se abstengan de proferir blasfemias y palabras indecorosas”.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El concejal comunista de La Bañeza que nunca existió

Publicado por Ibañeza.es el 22/04/2019 7:57 Comentarios desactivados

En La última gesta. Los republicanos que vencieron a Hitler (1939-1945) (Aguilar, 2006), el historiador Secundino Serrano cuenta el papel decisivo que desempeñaron tres leoneses contra la ocupación nazi de Francia: El maestro y guerrillero Julián García Villapadierna luchó con las tropas francesas y fue uno de los escasos supervivientes. También el leonés Teodoro González, alias Fernando, combatió contra las tropas de Hitler y falleció luchando en junio del 44 en Fôret de Saint-Léger. Por último, “el concejal del Partido Comunista en La Bañeza” Erasmo Díez Zapico, que huyó a Francia tras el fin de la Guerra Civil, se unió al ejército francés, y fue uno de los republicanos que entró en España con las invasiones del valle de Arán.

Tan solo 22 comunistas se proclamaron candidatos en todo el país en las elecciones a Cortes Constituyentes del 28 de junio de 1931 (67 concejales de esta ideología habían sido elegidos en las municipales del 12 de abril, y un único diputado comunista, por Málaga, obtendrá escaño en las Cortes de 1933, para alcanzarlo 17 en las de febrero de 1936), ninguno en León, como ya había ocurrido en las citadas de abril y ocurriría en las siguientes. En la provincia las derechas no saben entonces a quién votar, después de la abstención de los que eran aspirantes de Acción Nacional que deja como protagonistas casi exclusivos de la vida pública a los republicanos ante el desprestigio y el retraimiento de los monárquicos.

El Partido Socialista nunca fue numeroso durante la Segunda República en el territorio leonés, aunque llegó a tener en él unas 50 agrupaciones que sumaban 1.487 afiliados en 1932, cifra que aumentaría en los años siguientes. Los escasos comunistas en el país y en nuestra provincia, donde su partido no cuajó hasta después de iniciada la guerra civil, debieron de serlo más aún (casi testimoniales) en la comarca bañezana, y de hecho de los más de 400 represaliados después de julio de 1936 que en nuestro primer volumen (La Bañeza 1936. La vorágine de julio. Algunas consideraciones previas, publicado en el año 2010) hemos censado no tenemos constancia de que lo fueran más de cuatro (desperdigados y ni siquiera unitarios, pues alguno era del POUM), y no hubo nunca, desde luego, ningún “Erasmo Díez Zapico, concejal del Partido Comunista en La Bañeza, huido a Francia tras el fin de la contienda y unido al ejército galo para ser uno de los republicanos que entraran en España con las fallidas invasiones del valle de Arán”, por más que así se haya publicado por aquel prestigioso historiador leonés, que ha obtenido el dato de errados testimonios familiares (uno de los hijos del guerrillero, residente en Burdeos), un error que ya llamó nuestra atención hace unos años, que ha sido copiado y difundido luego por otros investigadores (como el astorgano Alejandro M. Gallo, que ha novelado historias del maquis en Asturias), y que, después de arduas indagaciones en el entorno local de aquel personaje y de consultas con el historiador confundido y con la investigadora francesa Evelyn Mesquida, de origen español y experta en la historia de la resistencia francesa al nazismo y en la participación en ella de los republicanos españoles, hemos tenido ocasión de corregir ahora:

En 1990 fallecía en La Mata de Curueño (León), a los 81 años, Erasmo Díez Zapico, el resistente erróneamente referido, sin ninguna vinculación con La Bañeza, donde no hubo en el periodo republicano estructura comunista ni presencia municipal alguna de ningún partido de tal signo, y no habría concejales comunistas (dos, Santiago Fonfría Rodríguez y Gaspar Santos Santos) hasta las elecciones municipales de 1979.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Dulzuras y amargores del Bar Azucarero

Publicado por IBAÑEZA.ES el 8/04/2019 8:05 Comentarios desactivados

En enero de 1933 se requería desde el consistorio bañezano a David González Manjarín (en junio formaría parte del Jurado Mixto de Industrias Hosteleras de León), cursado aviso de la Sociedad General de Autores de España (representada en la capital desde el inicio de noviembre del año anterior por Pedro Fernández-Llamazares Escobar) tras la denuncia interpuesta por el músico Odón Alonso González, para que suspenda toda ejecución de obras musicales en público en el Café de camareras que regentaba en el extrarradio (Bar Azucarero se llamaba), en el camino de los Molinos, en las inmediaciones de la fábrica de azúcar, cuyo poco ejemplar funcionamiento merecería la reprobación de algunos concejales en el pleno del 15 de febrero y que se acuerde informarse “para evitar muchos abusos”, para terminar siendo denunciado el 23 de mayo ante el juzgado de Instrucción, inspeccionado sanitariamente para certificar su idoneidad el 30 de agosto, y requerido a su cierre el 9 de diciembre quien era ya su dueño, Francisco Alonso Prieto, después de haberlo comprado al anterior (deducimos de las insistentes reclamaciones que por entonces se le hacen desde la Oficina Liquidadora de Derechos Reales de Astorga para que abone lo que en concepto de aranceles de compra-venta adeuda).

En la última fecha (según los informes que obran en la alcaldía, procedentes de los policías y serenos) “se venía ejerciendo en aquel establecimiento descaradamente la prostitución clandestina con varias mujeres que se suceden destinadas a este tráfico, del que su dueño hace su medio de vida, y que además de ser un delito perjudica a la salud pública del vecindario”, y en el que se producían altercados como el promovido en la noche del cinco al seis de noviembre por un parroquiano portugués al agredir a una mujer, de Ponferrada, de las siete que allí se encontraban, y otras incidencias comentadas por algunos jóvenes de los que acuden al lugar, en el que “mantener trato carnal cuesta dos duros” y dilapidan algunos en aquel comercio y en francachelas sus dineros debiendo ser en alguna ocasión rescatados en lamentable estado de embriaguez para sus casas por aquellos mismos atareados serenos que informaban (como sucedía a primeros de diciembre ante la petición de ayuda que les hace Cecilio Toral de la Fuente, de 20 años, dependiente del comercio de Cástor Soto de las Heras, para recoger de aquel establecimiento a su tío A. F. M.). Sería Cecilio Toral en los años siguientes maestro-estudiante (cursillista), y representante de Unión Republicana, como su secretario, en el Frente Popular bañezano, por lo que se le encarcelará después de julio de 1936.

Por el daño causado, sanitario y moral, por la corrupción de las costumbres, y por el grave escándalo y los disgustos familiares ocasionados, el alcalde clausura entonces provisionalmente el local y ordena el 6 de enero de 1934 su cierre definitivo (que el día 14 seguía sin acatarse), para desestimarle el 14 de febrero su petición de reapertura al titular. Aquel mismo Bar Azucarero será regentado a la altura de julio de 1936 por Tomás Martínez Prieto, de Santibañez de Vidriales, regresado unos años antes de la emigración en Argentina (en torno al inicio de 1934; su hijo Mateo Martínez Villalba figura en el padrón de 1935 como nacido en abril de 1933 en el país andino, en Santiago del Estero) y desposado con la bañezana Modesta Macías Castro (residían en la bañezana Avenida de Pablo Iglesias). El negocio era para entonces, además de un local mitad lupanar y mitad tasca, lugar que frecuentaban los trabajadores de la cercana Azucarera Bañezana, y por causa de una pelea o discusión habida allí entre falangistas y obreros de la fábrica en los primeros días después de haber sido tomada La Bañeza por los sublevados contra la República, de aquel bar será sacado para el martirio en una cuneta su dueño el 27 de julio para ser seguramente el primero de la larga lista de los que a partir de aquella fecha serían en la ciudad y en la comarca paseados y desaparecidos (en su caso, a la edad de 29 años y en las cercanías de Castrocalbón), víctimas de la extensa y mortal represión perpetrada por los esbirros de Falange y quienes los dirijan.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La chispa del ferretero bañezano en los comicios generales de 1933

Publicado por Ibañeza.es el 25/03/2019 7:39 Comentarios desactivados

Se publicaba en El Adelanto el día 4 de noviembre de 1933 la composición de las mesas electorales de los comicios generales del próximo día 19 en los dos distritos de La Bañeza y sus respectivas secciones, de las que formaban parte, entre otros, el sacerdote José Víctor Rodríguez Blanco, Gaspar y Víctor Marqués Pérez, Sofía Alija Fernández, Ricardo Álvarez Acedo, Balbino Nistal Fernández, Hipólita Carbajal Sánchez, Melchor Lombó Pollán, Julia Cabañas Martínez, Arturo Cabo Moro, y Elisa Carnicero Fernández. Componían el censo electoral en la ciudad 2.348 electores, 1.220 hombres y 1.128 mujeres, mayores todos de 23 años.

En su número del día 12 alardea el semanario católico bañezano de que las derechas hacen propaganda electoral por los medios más modernos, la radio y el avión, “algo nunca visto en España y que la iguala a los países más cultos y adelantados como Estados Unidos y Alemania”. Cuando el día 9 el gobierno la prohíba mientras dura el periodo electoral (excepto por la radio para los discursos en los actos públicos autorizados) Acción Popular habrá gastado mil kilómetros de papel en pasquines y 50 millones de octavillas (cuatro millones por día venían repartiendo y arrojando los aviones), lo que suponía 750 duros diarios en reclamos, aunque desde sus páginas se dirá el 9 de diciembre que “las derechas casi no hicieron propaganda en La Bañeza, excepto las gestiones hechas desde el comité local de Acción Femenina y la intensa campaña de El Adelanto (que ha sido insuficiente), añadiendo que se echa de menos la organización efectiva de las derechas bañezanas, y se las llama una vez más a organizarse, “pues de no hacerlo sus intereses estarán a merced de gentes ignorantes y mangoneadas por la política perturbadora de la Casa del Pueblo”, cuya nueva sede se había inaugurado, por cierto, unos meses antes.

Las agresivas y modernas propagandas de la CEDA habían contado con cuantiosas donaciones de potentados que querían acabar con lo realizado en los dos años anteriores, como las del banquero Juan March, millonario y reconocido antirrepublicano. Las izquierdas, al menos las bañezanas que se acogían en aquella Casa del Pueblo, debieron de gozar de menores medios, y más tradicionales y artesanos (la brocha y el bote de pintura), a juzgar por lo que el mismo semanario narrará el día 25 de noviembre en un suelto que titula “Los hay con chispa”, según el cual, en la fachada de un comercio local de ferretería, pusieron “votad a los socialistas” y debajo una hoz y un martillo. Por la mañana, sin inmutarse, el comerciante añadió un “No”, con lo que se leía “No votad a los socialistas”, y debajo de la hoz y el martillo añadió “Ferretería”. Ilustra además la publicación católica independiente de algunas otras anécdotas electorales sucedidas en La Bañeza cuando las votaciones: una mujer que se presentó a votar por otra, que resultó ser la presidenta de la mesa; una más que dijo ser quien no era, y fue desenmascarada por una integrante del colegio electoral; o un hombre que no consiguió su pretensión de colar una docena de papeletas en la urna, manejos fraudulentos y caciquiles tradicionales y presentes todavía en variados lugares en aquellas elecciones y también en otras posteriores.

Nada indica la católica publicación bañezana sobre quién de los siete que según el anuario de 1928 regentaban en la ciudad ferreterías (Liberto Díez Pardo, Eumenio Fernández Alonso, Julián Fernández de la Poza, Benigno Isla Carracedo, Pedro López, José Ramos Pérez, y Francisco Ruiz García) pudiera haber sido aquel sereno y gracioso ferretero.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Una imagen de las elecciones de febrero de 1936.


La maestra Mari Sol en los años 20 en Villanueva de Jamuz

Publicado por Ibañeza.es el 11/03/2019 7:05 Comentarios desactivados

En 1928, el que había sido Delegado gubernativo de varios distritos provinciales en los años  anteriores durante los Directorios de la dictadura primoriverista y era concejal del ayuntamiento de la capital y secretario de la Unión Patriótica Nacional, el capitán José Mourille López, publicaba La provincia de León. (Guía general), y en ella señala existir en León 1.546 maestros y maestras y 1.507 escuelas nacionales (además de una buena cantidad de otras privadas), de aquéllas 82 de maestros (1 graduada, 27 de niños y 54 mixtas) y 58 de maestras (1 graduada, 27 de niños y 30 mixtas) en el partido judicial de La Bañeza, y ser la décima provincia por su menor número de analfabetos (el 36,61%), mientras este índice es en nuestro partido del 39,44%.

Portada del libro. / Archivo de José Cabañas

Según aquella Guía, hay en Santa Elena de Jamuz buen local escolar (en julio de 1921 había cesado Lorenzo Hernández Prieto como maestro de instrucción primaria, el cual remitía en febrero de 1915 Oficio de residencia como sustituido), regular en Villanueva (figuran en 1928 un maestro y una maestra, al igual que en Jiménez, y tan solo un maestro en Santa Elena), y se halla en construcción la escuela en Jiménez de Jamuz.

En aquel regular local-escuela de Villanueva de Jamuz (donde figura Teresa Martínez como enseñante en 1928) había sido maestra propietaria desde 1921 hasta 1929 Josefa Álvarez Díaz, una experiencia que, combinada con la de su paso como docente por el pueblo asturiano de Carbayín, y firmando como Josefina Álvarez de Cánovas (Inspectora de Primera Enseñanza y Licenciada en Derecho), plasmaría en cuatro libros de lectura para las escuelas (ya nacionalcatólicas) de niñas, y en especial en el titulado Mari Sol, maestra rural, que publicó la Editorial del Magisterio Español en 1944, aprobado por el ministerio de Educación Nacional, con licencia eclesiástica, el Imprimatur del Vicario general, y el Nihil Obstat del censor.

Había nacido Josefa Álvarez Díaz en Puertas de Cabrales (Asturias) en mayo de 1898. Desarrolló después su labor profesional como Inspectora de Primera Enseñanza en la provincia de Toledo (1929-1931). Entre su producción anterior prologó en 1933 el libro Hacia una Escuela Nueva. Fue una de las 100 mujeres pensionadas por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), en su caso en Francia, Bélgica y Suiza en 1935. (Resultaría sin duda interesante comparar aquellos místico-patrióticos libros de lecturas de la posguerra con su Plan de Hacer Escolar para el curso 1934-1935).

Según el relato de la maestra Mari Sol, el pueblo de Villanueva de Jamuz no tenía entonces carretera (la de Alija, en la que se halla, pasaría aún en 1934, con el ensanche y el acondicionamiento en su extremo bañezano, a serlo desde su anterior categoría de camino), y sus casas estaban “rodeadas de altos muros de adobe con portón que da a la vivienda recoleta de habitaciones, todas abiertas al corral, con piso de barro (lo que obligaba a calzar galochas en invierno) y alumbradas con candil de mecha (la torcida), no anidando en su castillo ya desde hace muchos siglos más que las cigüeñas y las golondrinas”. Sin acomodo ni vivienda para la maestra, comiendo las familias de la olla común (“al pilón”, bien sazonado de pimentón picante), con la anterior escuela en un local arrendado y la que aquella maestra desempeña instalada también en alquiler “en la antigua y desocupada panera de los diezmos y primicias de la Iglesia, que las alumnas han de abandonar cuando llega el tiempo de la siega”… Una obra que compone un mosaico en el que no faltan la descripción (entreverada de términos propios de sus gentes) de tipos populares de la tierra, las alusiones a tradiciones y costumbres del lugar, y la narración de las estacionales faenas campesinas de sus naturales.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


En memoria de los asesinados en 1936 en el puente de Valimbre

Publicado por Ibañeza.es el 25/02/2019 8:01 Comentarios desactivados

“Destrozan el memorial en recuerdo de los republicanos fusilados en el puente de Valimbre”
23 de febrero de 2019.
(El fascismo se cura leyendo)

Cuarenta cadáveres de paseados aparecerían en parajes del contorno de Astorga en el tiempo que va del final de julio a diciembre de 1936, al menos 19 de ellos en los montes de Estébanez desde octubre hasta acabar el año, de los primeros en este frecuentado lugar de ajusticiamiento los de tres desconocidos miembros de las milicias nacionales, seguramente castigados ellos mismos con la muerte por haberse extralimitado en la aplicación de la represión encomendada (uno falangista vallisoletano –la marca JONS Valladolid se muestra en su ropa interior-, y portaban los otros dos en la solapa de la americana sendas insignias con los colores de la bandera monárquica), a los que seguirían varios vecinos de Valderas y otros muchos, además de los que se irían hallando en los primeros meses de 1937, el de un hombre en las cercanías de San Justo de la Vega, otro cadáver -bastante descompuesto- en el monte de Castrillo de los Polvazares, y uno más en las inmediaciones de Villavante, este identificado como el de un astorgano con domicilio en la calle del Postigo.

Al igual que en San Marcos de León, en el cuartel de la Guardia Civil de Astorga se cometían las más execrables y refinadas torturas con quienes de madrugada eran sacados y asesinados sin piedad en algún camino o descampado más o menos cercano, como se haría con los tres hermanos Fuertes Martínez y con José Herrero, eliminado este dejando desamparados a su viuda y a sus cinco hijos de corta edad, parecido abandono e indefensión en el que quedaban los deudos de los seis ejecutados en diferentes fechas de los meses de agosto y septiembre de 1936 en Castrillo de las Piedras al lado del puente de Valimbre, tal vez arrancado alguno de su cautiverio en el Cuartel de Santocildes (además de estos lugares y la Prisión de Partido, lo eran de detención en la ciudad maragata los locales de Falange, el Requeté, la JAP, y las Milicias Ciudadanas).

El 23 de agosto, a las cinco de la tarde, en el kilómetro 321 de la carretera Madrid-Coruña el primero, “un hombre desconocido, de unos 30 años de edad, que viste traje de corte y botas negras de cuero” (más tarde identificado como Amancio Sarmiento Alonso, casado, vecino de Noceda del Bierzo y maestro nacional en el mismo pueblo). Otro de unos 60 años un kilómetro antes a las cuatro de la tarde del 12 de septiembre, vistiendo botas negras y traje de pana. En el mismo punto y a la misma hora tres días después uno más, de unos 65 años, con traje de corte negro, sombrero, y botas negras (al que identifican en noviembre de 1940 como Ernesto de Paz Guisasola). Al siguiente día 16, a las once de la mañana en El Val, a la altura del kilómetro 318, dos desconocidos, de unos 45 años el uno, vistiendo traje de corte azul y zapatos negros, y el otro, que viste chaqueta de gabardina negra, pantalón de tela rayada, y alpargatas color café, de unos 30 años, sepultados ambos en el cementerio de Castrillo y que, “aparecidos en la cuneta y encontrados por las gentes cuando se dirigían a Astorga”, resultarían ser los bercianos José Villar Sobrín y Agustín Alonso Jambrina, maestro de la cría del gusano de seda en San Román de Bembibre. Pasada una semana, de nuevo en el punto kilométrico 320, término de Cuevas, era hallado a las ocho de la mañana el cadáver de un desconocido joven de unos 20 años, que vestía pantalón de corte color chocolate y alpargatas blancas y que se enterraba en el cementerio de aquella pedanía del municipio de Valderrey, al igual que ya se hiciera con los tres primeros que se hallaron.

Los trajes de los infelices asesinados a la vista del vetusto puente de Valimbre sobre el río Turienzo (“que no eran de hombres de campo; más bien parecían de personas significadas”) se guardaron durante muchos años en un trastero de la iglesia de Castrillo, junto a las andas de los pasos y los santos, para ayudar a identificarlos por si por allí pasaban sus familiares, y tal vez sirvieran para ponerles nombre luego a alguno de ellos, aunque no se consiguiera hacerlo con el primero y el último.

La filiación del paseado el 23 de septiembre de 1936 no vino a desvelarse hasta hace menos de dos años, y se logró por el empeño de Miguel Ángel Núñez Martínez en conocer el destino de su tío político Toribio Alfayate González, nacido en Santa Colomba de la Vega en junio de 1910 y maestro de 26 años, soltero, por entonces en Posada de Valdeón: él fue el último de aquella inmisericorde sucesión de ajusticiados. Formado en la Escuela Normal del Magisterio Primario de León en los cursos de 1930 a 1934, era nombrado a la mitad de febrero de 1935 maestro nacional interino para la escuela de niños de aquella villa (solicitaba en abril el mismo desempeño en cualquiera de la provincia), hospedándose en una pensión en Los Llanos, y de allí salía a la mitad de julio de aquel año para pasar con su familia sus vacaciones de verano, al igual que haría al año siguiente, 1936, pero participando este en León como maestro cursillista en los agitados y al final interrumpidos Cursillos del Magisterio Nacional, y seguramente en algunas de las movilizaciones, protestas, huelga y altercados que en ellos se vivieron, tornando después de aquellas fechas a la casa familiar en Santa Colomba para ayudar a sus padres labradores y sus otros cinco hermanos en las labores veraniegas.

Y en ello anduvo hasta que en la noche del 23 de septiembre fue sacado de casa por la Guardia Civil. Estaba acostado. Podía haber huido por la huerta trasera, pero no lo hizo (confiado, como tantos, en que nada anómalo había hecho ni había causado ningún mal, dice muchos años más tarde su primo José Alfayate García, también después maestro), y sin pasar por la cárcel ni por ningún otro lugar de reclusión de La Bañeza sería directamente conducido por la carretera Madrid-Coruña hasta el lugar de su martirio, seguido el vehículo que lo transportaba junto con sus matadores por Ángel, el mayor de sus hermanos, y por un tal Jacinto. En el kilómetro 320 era asesinado de varios disparos por el guardia civil Olegario Ferrero Barrio, y el oír las detonaciones en el pueblo de Cuevas era señal de que algunos de sus vecinos habrían de ir en la mañana a recoger de la cuneta los cuerpos de los infortunados. Así hizo con el de Toribio el presidente de la Junta vecinal, Anselmo, quien en un carro de bueyes lo trasladó al cementerio, en el fondo del cual lo enterraron después de desnudarlo de sus ropas y envolverlo en una sábana (como a los ejecutados anteriores; en el dobladillo de los pantalones aún tenía paja de las faenas de la era).

El maestro Toribio Alfayate González.

Según la versión de otra fuente familiar, Toribio Alfayate habría sido apresado brevemente en el Depósito Municipal bañezano tras su detención por la Guardia Civil, y de allí lo sacaría al alba el lumpen de origen portugués Irineo de Jesús Pereira “el Portu”, que se había hecho de Falange, para asesinarlo porque codiciaba apropiarse de la bicicleta nueva en la que el maestro se movía, un relato que resulta menos creíble si lo es el asentamiento de la defunción del portugués en el Registro Civil de La Bañeza el 19 de septiembre de 1936, tras haber sido muerto el día antes (también por militares y por actuar represivamente por su cuenta asesinando a un republicano de La Bañeza que, para evitar las represalias se había alistado en la Legión). Tras el paseo del maestro, algunos vecinos de Santa Colomba de la Vega habrían bloqueado con grandes piedras la desviación al pueblo desde la carretera de Madrid a La Coruña, tratando de evitar que en otros vehículos se sacara de su hogar a más personas.

Quienes sí parece que tuvieran algo que ver en el asesinato de Toribio fueron el viejo cacique del valle de Valdeón, Daniel Abascal González “el Pasiego”, jerarca de Falange en la zona y alcalde del municipio ejerciente desde Riaño todo el tiempo que hasta el 3 de septiembre de 1937 Posada de Valdeón fue republicano, y su denuncia del joven enseñante y lo que desde allí informara sobre él, con el que habían tenido al parecer enfrentamientos a cuenta de la aplicación de las vigentes disposiciones sobre laicidad en la escuela los dos párrocos que por el pueblo pasaron mientras él ejercía de maestro, don Fabio García y don Pedro Riaño Canal. Así, por la intervención del alcalde de Posada llegaría la orden de eliminar al docente, sin que nada hiciera o pudiera hacer para evitarlo Gonzalo García Montiel, desde aquel mes de septiembre de 1936 alcalde de Soto de la Vega, y sin que se opusiera el párroco de su propio pueblo, don Bienvenido Arias Pérez, cura de pistola al cinto y entusiasta de Falange.

Tomado de mi libro en preparación Cuando se rompió el mundo. El asalto a la República en León y sus tierras, próximo a publicarse en Ediciones del Lobo Sapiens. León. (Más información en www.jiminiegos36.com)

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