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La autonomía defensiva, paradójica y antirrepublicana

Expone en la misma fecha Isaac Abeytua en La Democracia, en su artículo “El quimérico sueño del cantonalismo reaccionario”, que “los monárquicos, los cedistas y sus satélites, creen haber descubierto en el estatutismo un medio eficaz de quebrantar a la República y han decidido atomizar a España multiplicando las autonomías regionales. La idea parece grotesca, pero es odiosa. Las derechas han afirmado que el Estatuto de Cataluña causa un grave perjuicio a la Hacienda nacional; unos cuantos estatutos más llevarían al país a la ruina y desintegrarían España, y para que esa catástrofe se produzca van a pedir cuantos estatutos puedan. Los estatutos deben pedirlos libremente las regiones y no los caciques que las mediatizan. Castilla no ha sentido nunca la necesidad de ser una región autónoma, y es poco verosímil que los castellanos se pongan ahora de acuerdo para este fin. Lo que más interesa a Castilla es recobrarse a sí misma y emanciparse de las oligarquías aldeanas que la aíslan espiritualmente del resto de la nación; lo que más necesita es que la dejen expresarse libremente en las urnas los feudales políticos que maniatan a los labriegos por medio de la usura, el confesionario y el reparto vecinal; y si limpia de estas taras acaso Castilla quiere un Estatuto, la República accederá a la demanda, pero no cuando lo deseen, con dañina intención, los enemigos del régimen y de las autonomías”. Divertida paradoja la de las derechas: siguen pensando lo mismo de las autonomías regionales: que significan la ruina económica y geográfica de España…, y en su consecuencia, deben de ser autónomas todas sus regiones, incluso las que nunca se han preocupado por serlo. Se quiere ir a una campaña de agitación regional; se quiere complicar más aún la vida de la República creándole preocupaciones innecesarias, dice el periódico leonés, que lo toma del Heraldo de Madrid, afirmando tres días más tarde que “dadme un estatuto y acabaré con todos”, parece decir Gil Robles remedando a Arquímedes.

No se había hecho en los años anteriores alusión alguna desde la publicación socialista leonesa al regionalismo castellano-leonés o al leonesismo como fórmulas que pueden instituirse para resolver los problemas de la región o de la provincia. En una sola ocasión y en una colaboración de J.M. Luengo, muy en los albores del nuevo régimen republicano, se mencionaba la necesidad de que León articule su propia vía regionalista sin que tenga nada que ver con Castilla, atendiendo a sus propias peculiaridades y especificidades, y no se había vuelto a insistir más desde La Democracia en aquella cuestión.

Dirá El Diario de León el 27 de mayo que M. Bañuelos, un médico vallisoletano que ha roto muchas lanzas en pro del autonomismo de León y Castilla, acaba de publicar unas “posibles bases políticas y administrativas” del estatuto de Castilla y León, coincidentes con lo manifestado por Antonio Álvarez Robles hace unos días en aquella asamblea derechista, que contemplan un Consejo Supremo de Castilla y León, redefinen a las diputaciones como Consejos Provinciales, y reclaman para el Consejo Supremo y para la Asamblea de Consejos castellano-leoneses las mismas atribuciones de la Generalitat de Cataluña y el Parlamento catalán. Expone el mismo día J. González en el suelto “El Estatuto de León-Castilla”, que “los pueblos fuertes, Japón, Inglaterra, Alemania (donde el genio de Hitler amasó un pueblo de disciplina férrea y virtudes colectivas envidiables), Italia (en ella Mussolini lleva trazas de hacer no solo un imperio, sino lo que vale más: un pueblo), se apiñan en una sola asociación unitaria; aquí, la moda autonomista nos invade y el afán disgregador nos empuja y arrastra, y en esta calamitosa situación solo le queda a la región leonesa-castellana un dilema: o toda España unitaria, o, de haber autonomía, nadie tiene tanto derecho a ella como León y Castilla. Lo que nos conviene es una sola España (mejor sería una y sola Iberia con Portugal). Vamos deprisa a deshacer a España, y en este plan nadie como León y Castilla (con Asturias) con más derecho a constituir un autonomismo que sea célula regeneradora de grandeza”. A primeros de junio continuaba el diario regional capitalino publicando artículos de aquel colaborador bajo el mismo título, en los que narra la historia de España, “cuyo surco comenzó a torcerse a la muerte de los Reyes Católicos”, sostiene, y tratando de argumentar “las pretensiones de unidad de las regiones (por la que aboga) frente a su autonomismo”.

También desde el diario La Mañana José Pinto Maestro, su director desde su fundación en 1928 hasta su ya pronta incautación por los nacionales, participa al inicio de julio (en un número que “ha sido visado por la censura”) de aquella visión del autonomismo como disolvente de la unidad española y retroceso en la tendencia histórica, a propósito de “su desmembración consumada días antes con la votación (sinceramente, o con trampa y cartón) del Estatuto Gallego”, y de la obligada necesidad del de Castilla y León (una vez que Castilla nos asoció a su proyecto de Estatuto), “en el sarampión de las autonomías, para igualarnos con todas las demás regiones españolas, evitando los privilegios y la desigualdad, única forma de conseguir que, ante la inutilidad de las ventajas, todas se sometan de nuevo a la unidad”, y llama, ahora que aquella votación en Galicia puede animar a Castilla a defender en solitario el suyo, “a todos (porque no es cuestión de derechas ni de izquierdas) a que León se prevenga, no por su autonomismo, sino para poder aportarle a la región castellana el prestigio de su personalidad para ser una aliada, a una cruzada cuyo lema es ‘León por encima de todo”.

A la mitad del mes se celebraban en Santander, entre autoridades municipales, provinciales y otras, montañesas y de Burgos, reuniones preparatorias para la redacción del Estatuto Castellano, “de acuerdo en primer lugar con las demás provincias que constituyen la tradicional Castilla la Vieja”, se dirá el 18 de julio, anunciándose el nombramiento de ponencias y comisiones de propaganda y la reunión en Burgos de una magna asamblea en la que el Estatuto habrá de quedar casi perfilado, “para defender los intereses de Castilla en un sistema que no nos coloque en situación de inferioridad en relación con otras regiones españolas”. Precisamente en Burgos votaba el 9 de junio su ayuntamiento a favor de un estatuto para Castilla la Vieja en solitario.

Teniendo en cuenta que el Estatuto Castellano-Leonés nunca pasó de ser un proyecto político, para los legisladores de los años 30, a nivel constitucional, León y Castilla seguirán siendo dos regiones diferentes, cada una con su propia personalidad jurídica y administrativa. Por otra parte, ya en la guerra civil provocada por la sublevación militar de 1936 (que acabó con las aspiraciones de la autonomía para la región, y con sus fragores todas las tentativas regionalistas, de cualquier signo que fuesen, desaparecieron por completo), en diciembre, un decreto de la República crea el Consejo Interprovincial de Asturias y León dando así legalidad a una situación de hecho, pues ya hacía algunos meses que existía esa coordinación entre leoneses y asturianos. En dicha disposición se crea en Villamanín un gobierno de los territorios leoneses leales. El 25 de agosto de 1937, fecha de la última reunión, el Consejo se declarará independiente y soberano al estar bloqueado por los nacionales, siendo disuelto el 21 de octubre al hundirse bajo el empuje de las armas franquistas definitivamente el Frente Norte.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El Estatuto de Castilla y León (o de León y Castilla) en 1936 (I)

Publicado por Ibañeza.es el 28/10/2019 7:33 Comentarios desactivados

La autonomía defensiva, paradójica y antirrepublicana

Tras el triunfo electoral del Frente Popular en febrero de 1936 y de que aquel relanzara el autonomismo catalán con la reanudación de su Parlamento y su Estatuto de Autonomía y el restablecimiento de la Generalitat, y se dinamicen los diversos procesos estatutarios, iniciándose los debates parlamentarios del Estatuto Vasco y plebiscitándose el Estatuto Gallego mientras Andalucía, Valencia y Aragón reelaboran sus proyectos autonómicos y las aspiraciones de lograr los suyos, la efervescencia regionalista llega también y de inmediato a Castilla y a León, donde la derecha se replanteará la autonomía castellano-leonesa, buscando un estatuto como contrapeso a los que estaban impulsándose en las regiones periféricas, y después de que en mayo el parlamentario leonés por la coalición de derechas Antonio Álvarez Robles y otros integrantes de partidos conservadores elaboren la ponencia para su estudio y redacción, trazando la campaña del Estatuto Castellano-Leonés desde la casi unanimidad y a pesar de algunas voces de centralistas a ultranza (la CEDA y el Frente Popular son regionalistas; las JONS de Onésimo Redondo se oponen al Estatuto de autonomía), en la que la reacción no es ya contra Cataluña sino contra el centralismo madrileño, y a favor de un texto legal que perseguía obtener las mismas competencias de gobierno que su modelo catalán y que en su anteproyecto definía “la Región como una federación regional de provincias que defiende los intereses de España y salvaguarda la unidad nacional y la soberanía del Estado”, y que preveía la existencia de la provincia y una cierta autonomía para los municipios de 25.000 o más habitantes, y un Ejecutivo regional desempeñado por el Consejo Supremo de Castilla y León.

También desde El Diario de León se renueva el interés por “la autonomía de la región leonesa”, movido más que por alcanzarla y ganar con ella en algo, por defenderse y no perderlo a causa de lo que consigan otras, y así, en un artículo de aquella manera titulado, se dirá el 20 de mayo que “está sobre el tapete la cuestión de las autonomías. Los acontecimientos se precipitan, y creemos necesario pedir la autonomía de la región leonesa; tenemos tanto derecho como quien más lo tenga a que se reconozca nuestra personalidad, y tenemos además la necesidad de defendernos para que no nos ahoguen los ventajosos traspasos que se han concedido y se van a conceder a otras regiones. Cuando solo se había concedido un Estatuto, eran odiosos los privilegios otorgados a la región beneficiada, aunque no podían influir grandemente en la vida del resto de la nación; pero ahora que los estatutos se van a multiplicar y con ellos las regiones privilegiadas, a las que permanezcan sin él, y por ello sin privilegios, les será imposible la vida. Tiene Cataluña su Estatuto, y lo van a tener más pronto o más tarde, Vasconia, Galicia, Valencia, Aragón…, y o León y Castilla se constituyen en regiones autónomas, o se verán marcadas con el sello de la servidumbre, el enflaquecimiento y la pobreza.

León y Castilla, médula y corazón de España, tienen que defenderse contra el estatutismo en las actuales circunstancias, impidiendo que se concedan más estatutos (cosa difícil por ahora), o reclamando trato de igualdad con las demás regiones y obtener el nuestro con las mismas ventajas de los restantes, aunque la dificultad está en el cómo: algunos (como César Silió) pretenden un solo estatuto para las provincias de León y Castilla la Vieja, constituyendo una región; La Gaceta Regional de Salamanca quiere una región con la capitalidad allí y las provincias de Salamanca, Ávila, Zamora y Cáceres. Somos partidarios de la conservación de las antiguas regiones consagradas por la historia, no sin sólidos fundamentos en la geografía, y creemos acertada la idea de unir en una sola personalidad regional a León y Castilla la Vieja en torno a la gran cuenca del Duero. El antiguo reino de León, la Región Leonesa, tiene su capitalidad, como la tiene Castilla la Vieja, y únicamente en el caso de que conviniera dar a la región la amplitud castellana habría de discutirse la capitalidad; fuera de ese caso León no debe de admitir discusión en un punto que le ha dado discutido y ganado ya la historia. No debe de perderse tiempo. Debe prepararse activamente la campaña en pro de la autonomía defensiva de León y de Castilla, que contará con el fervoroso entusiasmo de El Diario de León” (afirmaba el rotativo).

El estatuto de León y Castilla (o de Castilla y León; de las dos maneras se referirán a él, según quienes y desde donde lo aludan) tendrá un matiz totalmente apolítico y solo económico, según concluyen el día 21 en una reunión de diputados de la CEDA por las provincias afectadas por aquel, que acuerdan reunirse con los demás partidos y entidades que acepten la idea de afirmar la personalidad regional de Castilla y León. El 22 de mayo las minorías popular agraria, independiente, y agraria de la Cámara acuerdan nombrar una ponencia (de la que formará parte el diputado leonés Álvarez Robles) encargada de estudiar el estatuto de Castilla y León, que “secundará las iniciativas de las corporaciones y entidades que ya han convenido reunirse para encauzar el problema de la personalidad de Castilla y León”.

“El jueves se reunirán los diputados derechistas de las provincias castellanas y leonesas para tratar sobre la preparación de un estatuto para Castilla y León. Vivir para ver”, titulaba La Democracia el mismo día, tomando del Heraldo de Madrid que “ahora resulta que el señor Gil Robles es un furibundo estatutista. La CEDA, a la que tan pocas simpatías inspiraba la autonomía de Cataluña (están recientes sus carteles de propaganda electoral rechazándola y propugnando la unidad nacional), pretende ahora el Estatuto de Castilla y su autonomía, que para ser eficaz tiene que nacer y ser deseada por los propios habitantes de las regiones que se quieren autónomas”, y de La Voz que “los antiestatutistas de ayer son hoy ardientes estatutistas”.

Los partidos políticos de todos los matices ven con buenos ojos la idea de pedir el Estatuto para Castilla y León (una afirmación que, como veremos, distaba de ser cierta para los que no lo eran de derechas). “Todas hermanas son las regiones, y por ello todas iguales, sin que haya razón alguna para los privilegios, y de no pedir el estatuto nuestra región será la pagana de los que las otras disfruten, pero no será por ello la región central de España enemiga de la unidad nacional, ya que no está en su mano el impedir la concesión de estatutos (de haberlo estado no se habría concedido ninguno), solo que no se puede pedir a las regiones que se dejen pisar por las restantes. León y Castilla tendrán estatuto porque tienen decidida voluntad de no continuar siendo las cenicientas de España, y nadie debe pretender oponerse a esta decisión, porque no hay razón para ello y porque sería arrollado quien lo pretendiera”. Tal exponía el día 23 el católico diario leonés, señalando en cuanto al regionalismo castellano que “es netamente español -dice Gil Robles-, buscando solo una autonomía administrativa para lograr un pie de igualdad con otras regiones, y lejos de implicar separatismo será el aglutinante que reúna a todas las regiones españolas en el amor a la patria común, además de servir para la reconstrucción económica de Castilla, que tendrá su puerto de mar en Santander, y para proteger más a la agricultura y revalorizar sus productos”.

El mismo sábado 23 concluía Acción Agraria Leonesa en su asamblea extraordinaria (a la que asistieron 150 delegados) que “las derechas fueron y serán siempre partidarias acérrimas de la unión nacional, pero también celosamente regionalistas, y Castilla y León necesitan defenderse, imponiendo la justa distribución de cargas, para ser ejemplo de organización regional en lo moral, en lo material y en el amor patrio, y el factor de más peso en la política nacional”.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La insurrección de octubre del 34 en León (donde no se adelantó)

Publicado por Ibañeza.es el 14/10/2019 8:07 Comentarios desactivados

Aquel mismo Tribunal, por exhorto del juzgado de Instrucción de Astorga, encausaba el 12 de octubre por coacción a Eugenio Sierra Fernández, de 39 años, casado, tipógrafo, residente desde principios de 1931 en La Bañeza, a donde se había desplazado con su familia desde Astorga, “destacado como directivo de la UGT y organizador de conflictos obreros y huelgas”. Apresado para ser después absuelto, dada la fecha y el lugar de su encausamiento es posible que su proceso y detención no tuvieran relación con la huelga general de octubre y si con hechos anteriores, acaso de propaganda antibélica y opuesta a las recientes maniobras militares, aunque todo parece apuntar a que su detención en Astorga en la noche del 5 al 6 de octubre, en compañía de los hermanos Rafael y José Fuertes Martínez (era en abril de aquel año 1934 director de El Combate -que ya no se publicará desde el 6 de octubre hasta el inicio de enero de 1936-, y su administrador en julio, cuando en un bautismo laico nombra a su hijo como Helios), más bien lo habría sido por encontrarse preparando allí el paro del siguiente día, en aquellas clandestinas reuniones en las que se detuvo a numerosos astorganos. Ya el día 13 llegarán a Astorga más de un centenar de revoltosos de las cuencas asturianas, hechos prisioneros y encarcelados en el cuartel de Santocildes, y también diez revolucionarios heridos, de los que dos fallecían y el resto era ingresado en el Hospital Militar de San Juan Bautista.

En Alija de los Melones, según narraba el 3 de noviembre El Adelanto, “vecinos en número de 200, al enterarse de que en La Bañeza se había suspendido el mercado por los revolucionarios, y de que estos seguían amenazando, se dispusieron a la defensa constituyéndose en milicia al lado de la autoridad. Los demás pueblos no secundaron la patriótica iniciativa, sin duda por desconocer lo que ocurría. El guardia civil de este pueblo, Octavio Valera Alija, padre de cuatro hijos, fue muerto en un tiroteo con los rebeldes de Sama de Langreo”.

En Destriana (decía entonces el mismo semanario) “toca a su fin la siembra del centeno, que ha venido retrasada por circunstancias como el poco surtido de abonos minerales en los almacenes, que no han llegado a tiempo por motivo de los fracasados intentos sediciosos. Aquí, aunque no hemos visto nada de lo ocurrido en otros lugares, también sufrimos las consecuencias”.

Volviendo a lo sucedido en la capital leonesa, lo que en ella no se dio, contra lo que erróneamente han venido señalando algunos autores, fue el adelantamiento de la insurrección en unas horas (bastantes: casi un día y medio), la anticipación el 4 de octubre a la revuelta general por soldados del Regimiento de Infantería Burgos 36, un equívoco seguramente producido por la cercanía de las fechas en las que en 1935 son juzgados algunos militares leoneses que el año anterior habían participado en sendas sediciones, que se dan por conexas pero que no lo fueron:

Un Consejo de Guerra juzga el 31 de agosto y el 1 y 2 de septiembre en el Palacio de la Diputación los sucesos del aeródromo en la noche del 5 al 6 de octubre de 1934, en los que un grupo de 18 soldados, además del cocinero de una cantina de la base (socialistas, anarquistas y otros revolucionarios, “entre los que no se contaban comunistas, pues no los había en aquel campo de aviación”), con la pasividad de su comandante, Ricardo de la Puente Baamonde, y la complicidad del capitán Núñez (a quien la acusación considera extremista y caracterizado masón) y el sargento Velasco, descerrajaron los armeros arrebatando las armas y municiones y trataron de impedir la salida para Asturias de las escuadrillas de aviones que por orden del Gobierno habrían de practicar reconocimientos primero y bombardear después. Algunos de aquellos soldados se negaron a llevar bombas a los aparatos y otros cortaron los cables de la luz, por lo que a las doce de la noche hubo en la base tres apagones (la señal convenida para su asalto), supliendo la carencia de iluminación con el alumbrado de los coches que se hicieron extraer de las cocheras. En la primera salida de los aparatos para Asturias regresaron sin haber hecho uso de las bombas, y no se utilizaron los aviones que mayor rendimiento podían dar. Tampoco se ordenó que los aeroplanos llevaran ametralladoras, y se mantendrá en la vista (según El Diario de León) que se hizo así “por no ser de reglamento”.

Otro Consejo de Guerra, diferente, celebrado en este caso en el Hogar del Soldado del Cuartel del Cid, se ocupa el 3 de septiembre de 1935 de juzgar lo sucedido no el día 4 de octubre de 1934 (“horas antes de que estallara la insurrección”, como inexactamente apuntan ciertas fuentes), sino el 4 de mayo de dicho año, cuando ocho cabos y otros tantos soldados del Regimiento de Infantería Burgos 36 que guarnece aquel cuartel se alzan en sedición negándose a comer el rancho de la cena (se pedirán penas de muerte para cuatro y para los restantes largas condenas de prisión). El plante, acordado ya dos días antes, se había realizado cuando estaba “de cuartel” el capitán Eduardo Rodríguez Calleja como protesta ante la actitud hostil de algunos oficiales (de ella se pretendería informar en un escrito enviado al Heraldo de Madrid) y fue “instigado por elementos perturbadores pertenecientes a partidos extremistas, a los que se ocuparía hojas subversivas de las organizaciones comunistas, anarquistas y sindicalistas contrarias a las fuerzas armadas, panfletos clandestinos que se refieren a oficiales fascistas que persiguen a los soldados amigos del proletariado; a su pretensión de lograr la desaparición de los focos y camarillas de mandos rebeldes de los cuarteles; a las células socialistas, comunistas y revolucionarias que existen en este Regimiento; al coronel Vicente Lafuente Lafuente-Baletzena (que lo rige, y al que califican de fatídico); y al capitán Juan Rodríguez Lozano, a quien alaban”. Se impusieron a doce de los revoltosos penas de cárcel entre los veinte y los dos años, que cumplirían en el duro presidio de Mahón.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La insurrección de octubre del 34 en León (donde no se adelantó)

Publicado por Ibañeza.es el 30/09/2019 8:06 Comentarios desactivados

El día 4 de octubre de 1934, por la tarde, se constituía el nuevo gobierno en el que los ministros de Trabajo, Agricultura y Justicia eran cedistas; aquella noche se acuarteló a las tropas (incluidas las que habían rematado las maniobras en los Montes de León el día 2), y el 5, por orden del Comité Revolucionario, formado exclusivamente por socialistas y presidido por Largo Caballero, la insurrección y la huelga revolucionaria en todo el país estaba en marcha, con poco o inexistente eco en zonas rurales y en algunos territorios, en parte porque el gobierno había tomado medidas en los días anteriores, arrestando a líderes políticos y obreros, clausurando sedes de partidos, sindicatos y centros republicanos, requisando armamento, e intensificando la vigilancia, para devenir en Asturias en revolución (“y en las zonas mineras de León, por aproximación y contagio” –dirá Crémer-, preludio de la sangrienta guerra civil en la que España se vería inmersa en menos de dos años), en sedición en Barcelona, en Madrid se quedó a medio camino entre levantamiento y huelga general, y en otros muchos territorios fue una huelga general con brotes insurreccionales. También en las comarcas mineras de León y Palencia se dio una decidida rebelión, y salvo en estas y en las asturianas, en el “Octubre” español predominó la falta de entusiasmo.

Cabecilla revolucionario detenido en Bembibre.

Igualmente en León, donde los sublevados estaban en combinación con elementos de la Casa del Pueblo y con trabajadores del aeródromo para asaltarlo, dándose en el mismo confusos avatares y oposiciones iniciales a las actuaciones dispuestas por el mando, órdenes ambiguas, ceses y sustituciones fulminantes, y reticencias entre los pilotos a la hora de actuar. En la capital, donde los anarquistas, debilitados por la represión del estallido de diciembre del año anterior, apenas colaboraron en la insurrección, el gobernador civil, Edmundo Estévez Lorenzo, imponía la censura de prensa el día 5 y la suspensión de La Democracia, y en la mañana del 6 el Comité Revolucionario de Enlace con los dirigentes asturianos y las cuencas mineras leonesas declaraba la huelga general en la ciudad. Los guardias de Asalto paseaban con carabinas y se detenía a jóvenes socialistas por ejercer coacciones para lograr el paro laboral. Por la tarde se pretendió impedir la salida de un tren procedente de Valladolid con artillería para Asturias estacionado desde horas antes por una avería, ocupando la vía con mujeres y niños que fueron retirados por los guardias (se condenaría el 19 de enero de 1935 por tenencia ilícita de armas a tres muchachos a quienes se les ocuparon con ocasión de aquel disturbio), y se dieron después sustos y carreras al producirse un apagón de luz por un desperfecto casual que algunos creyeron una señal convenida por los insurgentes (según otras fuentes, lo era para el frustrado asalto a la base de aviación leonesa).

En las poblaciones agrícolas del sur de la provincia (Sahagún de Campos, Santa María del Páramo o La Bañeza) el movimiento revolucionario tuvo escasa incidencia. Un pretendido conato de huelga en la villa paramesa, que estaba en la vendimia, y que no llegaría más allá, según El Adelanto. En Valderas algún incidente debió de producirse, pues cuando después del triunfo del Frente Popular se decrete la amnistía, aún quedarán en la cárcel de León tres presos valderienses “de cuando la revuelta de octubre”. Otro tanto hubo de suceder en Veguellina de Órbigo, con cinco recluidos también de octubre en aquellas mismas fechas, y donde se produjo sin duda algún altercado relacionado con la Guardia Civil, como denota la detención que allí hace la Benemérita el 25 de octubre de un sujeto herido que pretendía hacerse pasar por su defensor frente a los revoltosos, pero que según El Diario de León (y en la terminología despectiva con la que descalifica a los revolucionarios derrotados) “se trata de un pollo de cuidado”.

En cuanto a Astorga, donde los responsables socialistas se mostraron contrarios a toda violencia (hasta el punto de que uno de los miembros del comité revolucionario, Luís García Holgado, se habría marchado de la ciudad –al balneario de Guitiriz, en Lugo- para no participar en la revuelta, lo que no evitará que después sea cesado y desterrado junto con el alcalde, Miguel Carro Verdejo, y algún otro concejal), varios radicales colocaron unos viejos explosivos, que no llegaron a estallar, en el puente de Valderrey con el fin de impedir el paso de los trenes con tropas para Asturias, y se promovió una huelga general solo secundada por los camareros, alguna otra actividad entendida por la justicia como revolucionaria debió de producirse aquellos días, pues el 8 de noviembre el Tribunal de Urgencia de León encausaba a Bernardino Lasalle (será represaliado con prisión después de julio de 1936) y 24 socialistas astorganos más por reunión ilegal (detenidos en la Casa del Pueblo, que fue registrada; otros cinco serían apresados en otras circunstancias y lugares), condenando a Toribio Fuertes Martínez y otros siete a dos meses de arresto y 250 pesetas de multa. Los demás fueron absueltos. Por otra parte, en la Audiencia Provincial el Tribunal de Urgencia absuelve el 5 de diciembre a los hermanos Ángel, Pedro, y Valeriano León Murciego, acusados de insultar en estado de embriaguez a la fuerza pública, guardias de Seguridad de Astorga, el día 14 de octubre, pues “son gentes de orden y se habían dirigido en las jornadas de la revuelta a las autoridades ofreciéndose voluntarios para conducir fuerzas a Campomanes”, como certifica el comandante Germán Madroñero, jefe de las tropas que allí se dirigieron (ellos y algunos otros serán detenidos de nuevo, como significados derechistas, a mediados de abril de 1936). El condenado Toribio Fuertes era en 1932 presidente en Astorga de la ugetista Sociedad de Obreros de la Industria de la Edificación. Él y sus hermanos José (secretario del Centro Obrero entonces) y Rafael (condenado a muerte con ocho más) serán eliminados después del triunfo de la sublevación fascista de 1936.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Una mirada a la enseñanza al final del siglo XIX

Publicado por Ibañeza.es el 16/09/2019 8:03 Comentarios desactivados

En el sexenio revolucionario (1868-1874), primer intento –fracasado y efímero- desde la burguesía progresista y las clases medias de establecer en España una democracia moderna, se practicó en materia de educación una política ampliamente liberal y secularizada. La Primera República creó Institutos locales libres de segunda enseñanza en Ponferrada (en 1870), Astorga (1869-1870) y León (en 1872); aquí se abrieron, también y animadas por la Junta de Damas, escuelas dominicales para la educación de la mujer en la segunda mitad de 1869, y escuelas de adultos, además de en la capital, en Bembibre y en otros lugares.

En 1876 el analfabetismo alcanzaba en España entre el 75 y el 80% de la población, y estaban sin escolarizar el 60% de los niños en edad escolar. Cuatro años más tarde existen en el partido bañezano 123 escuelas, y se habían mejorado las de la villa cabeza de comarca pero no las de sus pueblos (no al menos de manera generalizada) a pesar del gran esfuerzo que entonces se estaba realizando para construir edificios, reparar los existentes, y dotar a los centros de mejores medios materiales.

Antigua Calle Pérez Crespo, hoy Del Reloj.

Hay en 1884 para sus 124 pueblos 90 escuelas, 24 elementales de niños y 19 de niñas; 4 incompletas de niñas, y 43 mixtas infantiles. Es precaria la situación en la capital provincial para la enseñanza primaria, por lo que mucho más habría de serlo en los restantes municipios, y en La Bañeza aquel año, siendo alcalde constitucional Joaquín Núñez Franco, y con un elocuente discurso de don Manuel, cura párroco de Santa María de la Plaza, se inaugura en un lateral de la Plaza de los Cacharros el magnífico local de las Escuelas de la Villa (“luminosas, ventiladas e higiénicas, y bien dotadas”) levantadas sobre el solar de un antiguo cuartel (se proyectaba erigir también en él un Palacio de Justicia, algo que no se hizo y que en los años 30 del siguiente siglo, allí y en la capital, se consideraría necesario y en vano se trataría de obtener). Recordaba el clérigo en su plática las condiciones de la escuela única (“niños, niñas y párvulos casi lactantes”) que sesenta años antes existía en los bajos de la Casa Consistorial: “tugurio humilde y local raquítico sin luces ni ventilación, cuyo techo se alcanzaba con la mano, suelo de tierra que emanaba efluvios deletéreos, y paredes desnudas de toda clase de menaje para la instrucción”. Aquel mismo año contaba Santa María del Páramo con una escuela elemental de niños y otra de niñas, dotadas con 2.062,50 pesetas, para las que se concedía subvención el siguiente, nombrándose en mayo de 1886, “en virtud de oposición”, para la segunda a la maestra Elvira Mounguiria y Santa Marta, que se ausentó al poco de tomar posesión de la plaza, sin que hubiera vuelto por el pueblo al menos al cabo de tres meses, dejando la escuela en completo abandono, “un escándalo que se mantiene por las influencias superiores de las que goza la maestra”; en abril de 1889 volvía a anunciarse vacante aquella escuela. En 1907 se constituirá en otro rincón de la misma plaza bañezana el Colegio de las Monjas Carmelitas de la Caridad de la Enseñanza, en el que había puesto no poco empeño don Julián de Diego y Alcolea, conocido en su día como “el obispo de los obreros”.

Tiene la villa escuela de primera y de segunda enseñanza en 1886, según la Guía del Antiguo reino de León, de Emilio Valverde y Álvarez, y cuentan con escuela todos los pueblos del recorrido que en su partido sigue la carretera Madrid-Coruña, así como Veguellina, Santa María de la Isla, y muchos otros. El año siguiente se funda en Astorga un Colegio de Segunda Enseñanza dirigido por José Carceda y por Luís Luengo, y dos antes, en octubre de 1884, se instalaban los Agustinos en Valencia de Don Juan para iniciar tres más tarde la enseñanza en su Colegio-Seminario (solo ya lo segundo desde 1918), una construcción del maestro de obras Rogelio Cañas que se iniciaba el 31 de enero de 1883 sobre los solares de la antigua parroquia de Santa María, incendiada irreversiblemente en 1842, y del desamortizado monasterio de Santo Domingo, entonces utilizado como cárcel pública. En septiembre de 1889 es maestro desde casi cinco años antes Pedro Rubio Cadierno en el pueblo de Jiménez de Jamuz.

Ya en 1877 se había establecido otro colegio en La Bañeza, en la calle Astorga, a cargo de Toribio Moro Villasol, y se avanza en tal año una situación, la del interés que tradicionalmente ha mostrado la provincia de León por la enseñanza (que volverá a ser motivo de elogio por el periodista y pedagogo Luís Bello en 1926 en su obra Viaje por las escuelas de España), de la que informa Gumersindo de Azcárate en un artículo en el periódico leonés La Democracia con datos como los de ser entonces analfabetos tan solo el 16% de los electores provinciales, y el 3% en la Montaña, cifras inferiores a algunos estados de Norteamérica, e incluso en el segundo caso a las del estado de Nebraska, el de más bajo índice de la Unión (en Villablino, en 1925, con 5.060 habitantes, hay 16 escuelas nacionales y 6 más particulares, y saben leer y escribir todos los mozos del reemplazo), o el de que en 13 ayuntamientos rurales no se da analfabetismo en sus electores, existiendo en la provincia 1.326 escuelas (solo Asturias, con mucha más población, la supera), a las que acuden 38.123 alumnos, cuando la media provincial en el país es de 500.

En octubre de 1893 es nombrada maestra para Roperuelos del Páramo, con 500 pesetas de haber anual, María Juana de la Debesa. En noviembre se nombran por la Junta de Instrucción Pública maestros interinos Manuela Fariñas para San Justo de la Vega, y José Lobato para Miñambres. En 1894 es María Milagros Morellón maestra en Santa María del Páramo (continuaba siéndolo en 1900, dice La Escuela, “órgano oficial de la asociación provincial y defensor constante de los intereses del Magisterio Leonés”, al que está suscrita), destinándose allí en mayo de 1895 al maestro de primera enseñanza Benito León Miranda (se jubilará en la misma escuela en enero de 1935), colaborador de El Porvenir de León, que lo noticia entonces. A finales de enero de 1898 se anuncia concurso para las escuelas incompletas de niñas de Santa Colomba de la Vega, San Cristóbal de la Polantera, y Riego de la Vega, todas con 275 pesetas; las incompletas mixtas de Navianos de la Vega, con 400 y de Villaestrigo con 375; y la temporera de Santa Elena de Jamuz con 250 pesetas. Eran en febrero de 1899 maestros en las escuelas públicas de Zotes del Páramo Jesusa Rosalía Rebollo de la de niñas, y Francisco García de la de niños, y por entonces ya llevaba algunos años dando escuela en La Bañeza la maestra Anselma Jesusa Blanco García (hermana del fraile agustino Francisco Blanco), a donde llegaría destinada desde Astorga, casándose más tarde con Isidoro Valderas, acaudalado comerciante de tejidos (“nacionales y extranjeros”) del lugar, que se ocupará cuando enviude de él al final de aquel año de regentar el establecimiento “El precio fijo”, situado en el inicio de la calle del Reloj.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El luctuoso eco en León de las armas del Turquesa

Publicado por Ibañeza.es el 2/09/2019 7:39 Comentarios desactivados

Se producía el 12 de septiembre de 1934 el frustrado desembarco de armas del vapor Turquesa en San Esteban de Pravia (Asturias), en el que se incautaron más de mil largas y cortas, 500 fusiles y 50 ametralladoras, y 200.000 cartuchos, un episodio del que informará profusamente El Diario de León aquellas fechas, señalando que “parece que Indalecio Prieto y otros diputados socialistas (se detuvo a dos con armas sin licencia) estuvieron cerca del lugar donde se descubrió el alijo, armamento y municiones que estaban preparados para impedir la asamblea de la Juventud de Acción Popular (JAP) y para el movimiento revolucionario y la huelga general previstos para el sábado y domingo pasados (en el que iba a radicar en Asturias principalmente la fuerza de la resistencia, por ser donde el partido socialista está mejor organizado), no llegando a tiempo. El barco había salido de Cádiz y fue adquirido hacía un mes al diputado a Cortes y jefe de Renovación Española Ramón de Carranza. Las armas venían consignadas para los socialistas, y eran custodiadas por socialistas”.

Revolucionarios asturianos con armas procedentes del Turquesa en octubre de 1934.

Procedían, al parecer, de un depósito que revolucionarios portugueses venían trasladando de un lugar a otro sin encontrar oportunidad de utilizarlo, dicen algunas fuentes, mientras afirman otras que se trataba de un cargamento que el Gobierno de Azaña se había procurado dos años antes como parte de su política intervencionista a favor de los rebeldes izquierdistas contrarios al régimen en el vecino Portugal. Las armas nunca se les entregaron y, finalmente, el comité revolucionario socialista consiguió comprarlas al Consorcio de Industrias Militares a través de intermediarios y fueron transportadas desde un almacén en el sur al Turquesa, que comenzó a descargarlas por la noche en la costa asturiana, hasta que fueron descubiertos por los carabineros, haciéndose de nuevo entonces el navío a la mar con la mayor parte de las armas todavía a bordo y continuando hasta Burdeos, donde el barco y su cargamento fueron confiscados por el cónsul español.

En La Bañeza el 13 de septiembre, Día del Pimiento, comunicaba la Guardia Civil (según El Diario de León) “haberse armado un gran escándalo y alboroto cuando en el baile del Teatro Seoanez se cruzaron tres disparos (entre elementos socialistas y otros de significación opuesta), siendo detenido en las proximidades del local (de cuyo pavimento se recogieron varias pistolas) un individuo llamado Felipe Pérez Alonso (afiliado ya por entonces a Falange), al cual le fue ocupado un revólver, que dijo haber encontrado en el suelo. Parece ser que el escándalo fue ocasionado, según rumores, por llegar embriagados varios individuos de filiación socialista que discutieron con elementos derechistas”, provocándolos (diría El Adelanto). Será juzgado por el Tribunal de Urgencia, que lo absuelve y lo pone en libertad el 29 de aquel mes. Por otros motivos, la riña por unas jugadas de pelota, agredían el 19 en Santa Elena de Jamuz dos jóvenes a otro, herido con un palo y navaja, siendo apresados los agresores y  puestos a disposición del juzgado por la misma Benemérita.

Se descubría dos días más tarde de aquel incidente bañezano otro gran alijo de armas y explosivos en la Casa del Pueblo de Madrid, que era nuevamente clausurada, a la vez que el Gobierno decidía (a requerimiento del ministro de la Gobernación, quien mantiene en su seno la política de autoridad frente a la línea claudicante de su presidente Ricardo Samper, tan molesta para la CEDA) suspender en adelante toda clase de actos públicos, reuniones, manifestaciones y demás. Nuevos hallazgos de armamento se continuaban produciendo el día 20 en la capital de la nación y en otros lugares, y se detalla en la prensa de derechas el complot sedicioso previsto para aquel mismo día, que disponía, se dice, de listas con personas de derechas que, de triunfar, habrían de ser asesinadas. Lo mismo estaría previsto realizar en Jerez el día 21.  (La versión de las supuestas listas negras de gentes de derechas destinadas a ser asesinadas tras el triunfo de la prevista revolución comunista se pondría también en circulación días después en la revuelta de octubre, y de inmediato tras la sublevación militar de julio de 1936, para justificarla, refutándose tanto la prevenida revolución como las listas hace ya muchos años -Herbert R. Southworth en 1964- por la historiografía como rotundamente falsas).

El asunto de las armas asturianas iba a llevar el luto y los altercados a León, pues se decía que no todas las desembarcadas habían sido confiscadas, y se buscaba la camioneta y el coche que supuestamente se habían sustraído a la requisa y que las repartían por doquier (a la capital leonesa llegaron entonces, de manera misteriosa, una treintena de fusiles, pertrechos de la guerra del catorce, vendidos por algún truhán a los mandos socialistas y cuyo destino final se desconocería, pues no aparecerán cuando en los días de la sublevación de julio de 1936 los trabajadores pidan armas para oponerse a los alzados, dirá en 1978 Victoriano Crémer). También se rastreaban la noche del sábado 15 de septiembre en un control en la carretera de Madrid entre Arcahueja y Villarente en el que se produjo un muerto y dos heridos (del todo ajenos a los hechos) por los torpes y precipitados disparos de los agentes de la autoridad (pertenecientes al Cuerpo de Seguridad y Asalto) al detener de forma poco ortodoxa (a tiros) en ella a dos vehículos. Hubo el domingo gritos de protesta y puños en alto y vivas a Rusia y a la revolución social y mueras al fascismo en el entierro de la víctima mortal (Maximino Castro, un obrero católico, por lo que los socialistas dejaron a su militancia en libertad de acudir o no a sus funerales), y después del sepelio ante el gobierno civil y el cuartel de la Guardia de Asalto, en la calle Torres de Omaña, para llegar en la mañana del lunes 17 a declararse por las organizaciones obreras afectas a la Casa del Pueblo leonesa una huelga general que duró hasta la del día 18.

El Gobierno decretaba el estado de alarma el 25 de septiembre (en Asturias se tomaban precauciones enviando tropas de Asalto procedentes de Valladolid y reteniendo en Oviedo al Regimiento que tenía previsto participar en las maniobras militares iniciadas el día 22 en los montes del noroeste leonés) y trataba el 29 de contar con un nuevo gabinete el 2 de octubre, planteando el día 1 la crisis total que ya se anunciaba días antes (el Ejecutivo dimitía al retirarle Gil Robles su confianza); Lerroux era encargado de formarlo de nuevo el día 3, y en la mañana del 4 el presidente de la República acordaba ampliar las consultas a los líderes políticos, divididos ante si disolver o no las Cortes. La composición del nuevo Gabinete desataría la tan previamente anunciada revolución de octubre.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Presentación en La Bañeza del libro ‘Convulsiones’

Publicado por IBAÑEZA.ES el 21/08/2019 8:04 Comentarios desactivados

El pasado 4 de julio, con motivo de la aparición de mi nuevo libro Convulsiones, y con idéntico título, traía a propósito de ello a esta sección un artículo en el que daba cuenta de algunos pormenores en cuanto al prologo y al contenido del mismo. A ellos, y a la colaboración de aquella fecha remito a los posibles lectores/as interesados en refrescar ahora tal información (en http://www.ibaneza.es/?p=69148).

Próxima la presentación de la obra Convulsiones. Diario del soldado republicano Jaume Cusidó Llobet. Prisioneros catalanes en el “Gulag” de León, en La Bañeza el día 23 de agosto, viernes, a las 20:00 horas en el Centro Cultural de las Tierras Bañezanas, acercamos aquí, entresacados de su texto, algunas cuestiones y episodios que, relacionados con lugares de confinamiento de disidentes ciertos o potenciales establecidos por el franquismo en nuestra tierra, tienen que ver con algunos de los diversos asuntos que en el libro se tratan:

La Prisión de Partido de La Bañeza, con capacidad para unos 30 internados, se hallaba –como todas las restantes- rebosada al inicio de 1939, alcanzando ocupaciones que excederían de los 200 recluidos, situación parecida a la que atravesaría la de Valencia de Don Juan (construida como aquella y la de Astorga al comenzar el siglo y con idéntica cabida y hechura de panóptico)…. Valga como muestra de los padecimientos de quienes se hacinaban en aquellas prisiones de partido los que en la de La Bañeza sufrían entre enero de 1938 y octubre de 1940 el paramés Leandro Sarmiento Juan y los demás cautivos:

La vida en la reclusión de La Bañeza tuvo varios altos y bajos; unas veces los jefes de prisión y los guardias nos trataban con más educación y se portaban mejor que otras con nosotros. Había temporadas que nos dejaban salir al patio y teníamos las celdas abiertas todo el día, de modo que el que se cansaba de estar en el patio si le parecía entraba a la celda, y viceversa. Hubo otra época en que no nos permitían salir nada, ni al retrete, y teníamos que hacer nuestras necesidades en el que había en cada celda (la que yo ocupaba con otros ocho o diez era, como casi todas, de unos ocho metros cuadrados), sin condiciones higiénicas ni agua, por lo que cuando en él se iba depositando la basura picábamos a la puerta para que nos dejaran salir al patio por unos cubos de agua para limpiarlo. Unas veces nos daban permiso, pero otras no, y tampoco nos dejaban salir al retrete del patio, y así el de la celda se llenaba y teníamos que soportar los malos olores todo el día. Suponíamos que esto lo hacían para que enfermáramos y muriéramos. Uno de los guardianes era falso y malo hasta más no poder; hacía todo el mal que podía; en una ocasión los presos de “la enfermería” (así se usaba la celda en tiempos normales, atestada ahora por más de 30 presos) le pidieron permiso para ir al patio por agua para desocupar y limpiar el retrete, y les contestó: -¡todavía no tenéis falta; podéis hacerlo unos en la boca de los otros! En otra, por el verano en la misma celda, hacía tanto calor que un compañero cayó asfixiado. Llamaron al guardián, le contaron el caso, y este les dijo: -¡cuando quedéis uno sólo vivo, que avise, para que ese saque a los demás!  

El médico que nos visitaba cuando caíamos enfermos (al que apodábamos “La Cabra”, por las figuras que hacía cuando entraba en la cárcel y al hablar con el personal; decíamos: “está como una cabra”, y vestía de distinta forma cada vez que hacía la visita, unas veces de falangista, otras de requeté, y algunas de mezcla de lo uno y de lo otro) curaba con bicarbonato todos los dolores y enfermedades de los presos, así que el que tuviera la desgracia de enfermar tenía un trágico fin. Tres muertos salieron de esta prisión mientras yo estuve en ella.

Para hacer el encierro un poco más llevadero, la mayoría nos dedicábamos a alguna labor; se hacían estuches de madera, de papel, cinturones de seda, etc…., y teníamos todos los días clases de Gramática, Historia, Matemáticas, Geografía y otras materias, impartidas por profesores (maestros y estudiantes) que también eran compañeros presos y que nos enseñaban porque querían.

En el año 1939, por el tiempo de las confesiones un fraile iba a la cárcel a dar sermones a los presos,  que les hacían poco caso,  y menos siendo a la fuerza, como eran; forzados a ir a misa, forzados a confesar, etc.… Los reclusos lo que queríamos era lo que no nos daban: ¡libertad! Aquel año mandaron dos oficiales a la prisión, que eran militares y mucho más humanitarios con nosotros que los guardianes. Por medio de una colecta que hicimos entre nosotros se arregló un poco una pared del patio para usarla de frontón, y allí jugábamos a la pelota cuando nos sacaban de las celdas. También le tomaron cuentas al jefe de la cárcel, y después nos daban mejor de comer, además de organizar veladas en las que se cantaba, se hizo algo de teatro, y escuchábamos la radio algunas veces……

De otros variados hechos y materias también se ocupa el libro, dos Diarios de sendos soldados entre ellas, uno el que redactó Jaume Cusidó Llobet, encuadrado en el republicano Ejército del Este, minuciosa y esmeradamente manuscrito en un cuaderno en el que iba detallando los múltiples avatares y las no pocas penalidades con las que le tocó lidiar durante largos días, sobre todo desde el 25 de enero, en que con otros soldados compañeros abandona Barcelona a punto de ser ocupada por las tropas sediciosas, hasta su vuelta al hogar familiar el 7 de mayo de aquel mismo año 1939, cuyo valor se realza porque no fueron al parecer abundantes los dietarios personales mantenidos durante la Guerra Civil por combatientes republicanos, y más lo hace aún haberlos conservado a lo largo de los años, cuando las implicaciones emotivas de la contienda, la amargura entre los derrotados, y el temor a las consecuencias de haberlos escrito, de poseerlos, o de sus revelaciones, disuadió a algunos de hacerlo, y los condujo a deshacerse de unos materiales percibidos como muy comprometedores en aquellos oscuros y peligrosos tiempos, más si, como era el caso, el autor los redactaba en catalán.

Es el otro Diario, incluido en la obra como contraste o contrapunto al anterior, el que, encontrado en el desván de la casa de Francisco González Miguélez y María Gordón Fernández, en Jiménez de Jamuz en la primavera del año 2006, “haciendo limpieza de papeles y trastos viejos”, vino a resultar ser de la autoría del jiminiego Antonio Lobato Cabañas (quinto del remplazo de 1937, uno de los muchos jóvenes de nuestros pueblos también movilizados contra su voluntad para la guerra, en su caso en las filas de los alzados), abarcando desde el 31 de julio de 1937 al 12 de octubre de 1938, escrito a pluma en un cuadernillo rayado, encuadernado manualmente mediante el cosido con hilo grueso de sus hojas, y redactado sobre la marcha de los acontecimientos que narra y en la inmediatez de los mismos (al igual que en otros momentos y lugares hiciera Jaume Cusidó con el suyo), lo que, como en aquel, acrecienta su valía y su importancia como fuente testimonial directa y de primera mano, una más de las que contribuyen hoy al conocimiento de la realidad de nuestra última Guerra Civil y de los hechos a los que el segundo de ellos se refiere: las ofensivas y batallas libradas entre el verano de 1937 y el otoño de 1938 en los frentes aragoneses y catalanes de la cuenca del Ebro.

En las cuestiones referidas, y en otras muchas no menos trascendentes de nuestro no tan lejano pasado, en especial en el tiempo de la pasada Guerra Civil y la primera posguerra en nuestra provincia leonesa, tendrán ocasión de profundizar los lectores y lectoras que en ello se interesen a través de este libro, Convulsiones, que tendremos el placer y la inmensa satisfacción de presentar el próximo día 23 en La Bañeza, presentación a la que quedan todos ustedes invitados.

Más información (índice, prólogo, y presentación) sobre este nuevo libro CONVULSIONES en www.jiminiegos36.com y www.jiminiegos36.com/convulsiones.htm)

Dos páginas del Diario de Antonio Lobato Cabañas, con anotaciones de los días 25 al 28 de marzo de 1938.


Los mártires de Santocildes (II)

Publicado por Ibañeza.es el 29/07/2019 7:39 Comentarios desactivados

Sobre las penosas condiciones de la reclusión de estos presos de la revuelta de 1934 también aporta datos Gordón Ordás en su denuncia de enero de 1935 ante el presidente de la República; lo hace para la prisión-cuartel astorgana, en la que el 20 de octubre del 34 continuaban ingresando detenidos procedentes de Asturias y de las cuencas mineras de León, y donde “llegó a haber hasta 800 encarcelados” (al finalizar noviembre alcanzaban la cifra de 1.050, y se esperaba un contingente de 300 detenidos más), en la cual

hay dos clases de presos: los enceldados y los alojados en la llamada aglomeración. Los primeros están encerrados en pequeñas habitaciones; la proporción es de treinta hombres por cada veinte metros cuadrados. No se pueden mover, y para dormir tienen que turnar o acostarse los unos con la cabeza sobre las piernas de los otros. Salen de la celda para la aglomeración, pero no al exterior, dos veces al día; por la mañana, dos horas; por la tarde, una. Mientras están encerrados hacen sus necesidades en botes de conservas, que han de tener entre ellos hasta que se les abre la celda, a las siete de la mañana y a las seis de la tarde.

La aglomeración es el dormitorio de una compañía de tropa. Consta de tres naves, una central y dos laterales en ángulo recto con aquélla. A la nave central van a dar las puertas de las celdas. En la aglomeración están los presos privilegiados, porque siquiera pueden andar un poco y hacer sus necesidades en algo más a propósito que un bote de conservas. Al fondo de las naves laterales hay un lavadero en una y un retrete en otra. En la aglomeración se alojan unos trescientos presos que la llenan por completo. Por eso, cuando se suelta a los enceldados, en ninguna de las tres naves de la aglomeración se puede dar un paso. Entre enceldados y aglomerados son unos cuatrocientos.

El lavadero de la aglomeración está perpetuamente anegado de un agua sucia en la que flotan residuos de comida. El retrete tiene cuatro agujeros para cuatrocientos hombres. Como muchos de ellos padecen disentería, durante horas se forman largas colas de pacientes. El orín y las heces fecales se filtran por la pared y forman un reguero permanente, que se extiende por gran parte del suelo. Del recinto de las tres naves nadie puede salir. El sol no penetra allí jamás. La mayor parte de las ventanas están clavadas y las restantes han de mantenerse cerradas para evitar las posibles y dolorosas contingencias de que muera quien se asome por el tiro de algún centinela (como le sucedió al minero Vicente Blanco González, de Villaseca de Laciana, de 38 años y padre de tres hijos. Según El Diario de León del 7 de noviembre, cuando intentaba fugarse del cuartel fue requerido por el centinela, y como no hiciera caso disparó contra él, muriendo a los pocos minutos. Estaba en la celda 14, a un metro de la ventana, cuando recibió sin ningún aviso previo un tiro de fusil, dirá por contra El Combate el 29 de febrero de 1936).

No se puede allí leer ni escribir. Todos los días vagan los presos igual que sombras por aquellas naves lóbregas como cuevas, en medio de una fetidez horripilante. Por la noche se duerme en el suelo, amontonados a lo largo de las paredes, sobre un centímetro de paja sucia, que no se renueva nunca. Abundan los parásitos de todas clases. El agua es insuficiente; a veces falta hasta para beber. La consecuencia es que nadie puede lavarse más que dos días por semana. La alimentación consiste en un cazo de agua caliente, o mejor tibia, con dudas y sospechas de café, leche y azúcar, a las ocho de la mañana; a una hora que varía entre doce y tres de la tarde, y a otra hora que oscila entre siete y diez de la noche, dan otro cazo de arroz, garbanzos, alubias o patatas, un guiso indeglutible a veces. Dan, además, medio kilo de pan por barba y día. La gente se encuentra famélica y enferma del intestino. Están bajo la vigilancia de varios funcionarios de prisiones, que al principio trataban con humanidad a los presos. Se les veía sonrojados y angustiados, pero nada o casi nada podían hacer por ellos.

Para estudiar esta vergonzosa situación y ver el modo de ponerle remedio se han realizado diversas visitas oficiales, una de ellas incluso por el Director General de Prisiones. Nada se ha hecho aún. Hace unos quince días estuve yo allí y supe que se esperaba la llegada de algunos centenares más de presos procedentes de la cárcel de Burgos. Ya han llegado, sin que antes se paliara ninguna de las deficiencias existentes, y como es lógico la situación ha empeorado.

Donde antes había cuatrocientos hombres hay ahora próximamente el doble en las mismas condiciones. La paja no se ha renovado desde hace tres meses y está mezclada con restos de comidas, esputos, heces fecales y orines arrastrados por los pies de los hombres, fermentada y pútrida. Muchos presos no tienen paja en que acostarse, ni siquiera esa paja estercolaria, y carecen también de manta para abrigarse. El rancho ha empeorado y es ahora malo y escasísimo. A los heridos y enfermos no se les presta asistencia médica más allá de ser atendidos parvamente y a medias cada cuatro o cinco días con un  poco de yodo para unos y una purga para los otros. La enfermería es una celda igual a las demás, con la misma paja y la misma hacinación y la misma miseria y suciedad. La alimentación de los enfermos es también igual a la de los sanos. No existe botiquín ni material alguno sanitario. Hasta los funcionarios de prisiones, que comenzaron por tratar benignamente a los presos, han cambiado. La aglomeración hubo de crear fatalmente problemas de organización, que no se han sabido resolver. Con los problemas no resueltos y el consiguiente exceso de trabajo, el carácter de dichos funcionarios se ha agriado. Han renunciado todos a establecer una organización seria y se ha encomendado la solución de las cuestiones al vergajo. Los funcionarios de aquella prisión andan ya vergajo en mano, como si este soez y vergonzoso instrumento fuera el signo de su autoridad y todos los días hay repugnantes escenas de golpes a los presos, propinados a diestro y siniestro, como si se tratara de animales en país sin Sociedad Protectora de ellos. Y así pasan los días, y las semanas, y los meses…

Porque a todos los presos sin excepción debe el Estado democrático un trato noble; porque el delito de estos detenidos, si existe, es un delito revolucionario, el mismo delito que estuvimos dispuestos a cometer, Excmo. Sr., todos nosotros, desde S. E. hasta el más modesto de los republicanos, contra un régimen que nos parecía abominable (¡Y qué pena da ver lo pronto que los hoy blancos olvidan la época en que fueron rojos!), y porque República es justicia o no es más que una palabra sin sentido, la dignidad de la República exige que se ponga inmediato fin a estas infamias.

Que también fueron denunciadas, y también el terror que allí se daba, por los recluidos en aquella prisión-cuartel en carta a la Agrupación de Abogados Defensores de los encartados en los sucesos de octubre (ASO, a la que pertenecía el letrado leonés Timoteo Morán, y cuya delegación en la capital estaba integrada además por Ramiro Armesto, Eustasio García Guerra, José Fuertes, David Fernández Guzmán, Alfredo Barthe, y Fidel Blanco).

Funcionaban en la plaza de Astorga a la mitad de enero de 1935 diferentes juzgados militares, y en la mañana del día 19 volvía a repetirse que “cuando se asomaba a una de las ventanas del Cuartel de Santocildes el preso Juan Álvarez Vázquez, natural de Oviedo, de 44 años, fue requerido por los centinelas para que se retirara, y como no  lo hizo, uno de ellos le disparó hiriéndolo en la cabeza; conducido a un sanatorio, continua en gravísimo estado”. Las condiciones de la reclusión en aquel cuartel-presidio harían que, por desesperación o por demencia, un preso se mate el 5 de marzo arrojándose al patio desde una galería, y aún se repetirá el 30 de mayo que un centinela dispare contra el recluso Francisco García González, de 18 años, vecino del Valle de las Casas, “el cual se asomó por una ventana, estando prohibido, y recibió un balazo en la cabeza, siendo su estado grave”, un alevoso fusilamiento el de aquel cuarto preso cazado sobre el que cómodamente disparan para entretener su tedio los aburridos centinelas que se ganan un mes de permiso cuando abaten a la pieza, una víctima a distancia por cuyo asesinato los demás recluidos en aquel cazadero humano (“con las paredes de las naves materialmente acribilladas a balazos”) declaraban unánimemente la huelga de hambre, según publicará el 29 de febrero de 1936 El Combate que había dado a conocer el también preso Antonio Rodríguez Calleja (médico municipal de Villablino desde 1923) entonces a sus compañeros socialistas astorganos.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Los mártires de Santocildes (I)

Publicado por Ibañeza.es el 15/07/2019 7:23 Comentarios desactivados

Pedía Izquierda Republicana al inicio de junio de 1936 en un manifiesto a todos los partidos del Frente Popular que no creen conflictos al gobierno, y se dispone el día 5 la dotación de un millón de pesetas a la Junta de Socorros para aliviar la situación de las viudas y los huérfanos de la revolución de Asturias de 1934; a sus víctimas, “a nuestros muertos caídos por las balas homicidas de los centinelas de la cárcel-cuartel de Santocildes”, conmemoraban el 7 de junio desde la Casa del Pueblo de Astorga con una manifestación en visita al cementerio y un acto ante sus tumbas.

Habían llegado a la ciudad maragata ya el día 13 de octubre del 34 más de un centenar de revoltosos de las cuencas asturianas, hechos prisioneros y encarcelados en el cuartel de Santocildes, y también diez revolucionarios heridos, de los que dos fallecían y el resto era ingresado en el Hospital Militar de San Juan Bautista.

Comenzaban pronto en la capital leonesa (el 22 de octubre) los juicios sumarísimos, uno de los primeros contra el pintor José Vela Zanetti por coacción e insultos a la fuerza pública, mientras se publicaba el bando del general López de Ochoa, “Jefe del Cuerpo de Ejército de operaciones en estas provincias” conminando a la entrega de armas y explosivos bajo sumarísimas y marciales penas; se aplazaba el licenciamiento de las clases de tropa actualmente en filas, y en la Prisión Provincial seguían ingresando revolucionarios, pasando ya los recluidos de 200, y en Astorga en el pabellón habilitado del Cuartel de Santocildes hay 316 detenidos y “continuamente están llegando camionetas con nuevos revoltosos”.

El 10 de noviembre informaba El Adelanto de que ya habían regresado los primeros expedicionarios del batallón de guarnición en Astorga, siendo recibidos con gran entusiasmo por la población, y de que hay en el pabellón del Cuartel de Santocildes 500 rebeldes detenidos. Nuevos contingentes de presos revolucionarios continuaban entrando a la altura del 17 de aquel mes, alcanzando la cifra de 750, aproximándose ya a primeros de diciembre al millar los reclusos que lo ocupan.

En León, Asturias y Palencia se prorrogó el 7 de noviembre el estado de guerra decretado tras la asonada del inicio de octubre, y las sucesivas ampliaciones (hasta el 14 de abril de 1935; el 24 de enero se había levantado para el resto del país) combinadas con el de alarma mantuvieron los estados de excepción durante más de un año. Desde el 20 de octubre la prensa conservadora publica sin parar noticias sobre presentaciones de rebeldes, detenciones, y hallazgos de armamento. En la capital leonesa se instaló de nuevo un Tribunal de Urgencia que de inmediato comenzó con los juicios sumarísimos (aún proseguían con notable dureza a finales de 1935, y en ellos se despliegan ya argumentaciones que se harán norma en los celebrados a partir de julio de 1936) y las condenas a mineros, dependientes de comercio, camareros y militares sobre todo, parte de los aproximadamente 800 detenidos en la provincia, puestos la mitad en libertad y recluidos algunos de los restantes para cumplir penas que oscilaban entre los 2 y los 30 años de prisión en la cárcel provincial (solo quedarán en ella ocho –cinco de Veguellina y tres de Valderas- cuando se decrete la amnistía el 22 de febrero de 1936) y las de Astorga (más de cien fueron enviados al Cuartel de Santocildes) y La Bañeza, expedidos otros a penales repartidos por todo el país, como Valladolid, el Dueso o el fuerte de San Cristóbal, en Pamplona, antigua fortaleza en ruinas que se habilitó y comenzó entonces a utilizarse como cárcel, en periplos que llevaban a algunos, como los procesados por los sucesos de Cistierna, a ser trasladados a primeros de noviembre al acuartelamiento penal astorgano desde el Depósito de La Bañeza, rebosante y en lamentable estado (con el tejado destrozado y celdas que se llueven), según se certificaba entonces a la autoridad provincial.

Las deplorables condiciones en que en aquellas cárceles y en otras se confinó a los numerosos presos de la represión del movimiento revolucionario de octubre de 1934 (se habilitaron ya como prisiones edificios religiosos) motivaron la denuncia por escrito, dirigido primero a la opinión pública el 22 de diciembre de 1934 y al presidente de la República el 11 de enero de 1935, del diputado por León del Partido Republicano Radical Socialista Félix Gordón Ordás (como ésta, con todos los detalles de nombres y firmas, se presentaron las respectivas de los también diputados Fernando de los Ríos -al inicio de enero de 1935- y Álvarez del Vayo), después de no habérsele permitido realizar ya el 12 de diciembre una interpelación urgente sobre ello en el Parlamento y de limitársele la tribuna periodística, y que tituló “Por la salud del régimen. La represión en las provincias de Asturias, León y Palencia”. Aquel manifiesto hubo de publicarse y circular en ediciones clandestinas, y se penó su posesión, como se hizo el 21 de enero de 1935, clausurando el Círculo Radical Socialista de Palencia y sometiendo a juicio sumarísimo a su conserje, a quien se le hallaron algunos ejemplares.

Según tal denuncia, en toda España se estaban dando anomalías y atropellos en la “cruel, feroz e inhumana represión” del movimiento revolucionario, y singularmente en las provincias objeto de su reclamación, que el parlamentario visitó para constatar las perpetradas en Pravia, Mieres, Pola de Gordón, Villafría, Barruelo de Santullán, Aguilar de Campoó, Bembibre, La Bañeza y Astorga, para concluir que en el cuartel-cárcel de la última “han seguido sintiendo el vergajo los detenidos, lejos de haberse convertido para ellos en remanso de paz”, narrando después las torturas y apaleamientos por la Guardia Civil que se infligen entre los días 15 y 20 de noviembre de 1934, bajo el mando del comandante militar Baltasar Chinchilla Orantes (que había participado con tropas de Santocildes en las operaciones militares contrarrevolucionarias en El Bierzo), a apresados vecinos de Caboalles de Abajo y de Matarrosa del Sil, y que remiten al hacerse cargo del mando el comandante Germán Madroñero (cesará en la comandancia de la Plaza de Astorga el 8 de enero de 1936 destinado como comandante jefe de las fuerzas de Seguridad y de Asalto de la 4ª División en Barcelona, para donde sale el 4 de febrero).

Había en el Cuartel de Santocildes a primeros de enero de 1935 unos 1.030 presos, todos ellos procedentes del movimiento revolucionario y pertenecientes a la zona leonesa y algunos a la asturiana, según el informe de Fernando de los Ríos, en situación horrible: “la inmensa mayoría no tiene manta, y sólo existen quince o veinte jergones de paja; los demás duermen sobre el bálago infectado de toda clase de parásitos. En tres meses, ni una sola vez han sido sacados al patio, tan espléndido, donde pudieran airearse. Constantemente sometidos a todo género de malos tratos; incluso muerto de un balazo un preso que cierto día se asomara a la ventana de una galería. Los que son puestos en libertad por los jueces, cuando van a sus pueblos, la Guardia Civil los lleva al cuartel, les da una paliza horrible y de nuevo los llevan a la cárcel, a pesar de estar judicialmente libertados”. En aquel habilitado recinto carcelario el diputado socialista visitó solamente a Alfredo Nistal, y un periódico de Astorga publicó un suelto a cuenta de las preferencias en su visita, lo que molestó un tanto a los funcionarios de prisiones, y la publicación astorgana hubo de aclarar que las preferencias aludidas se referían a las del parlamentario, que se olvidó de los demás presos, y no a los funcionarios a cuya custodia se hallan los recluidos (contaba el 17 de enero de 1935 El Diario de León).

En alguna fecha de aquel mismo año por mandato del Partido Socialista se desplazaría a Astorga Rodolfo Llopis, uno de sus responsables, para hacer entrega al comité de ayuda a los presos, representado por el médico Ildefonso Cortés Rivas, de dinero para su distribución equitativa entre los socialistas detenidos en aquella cárcel y cuartel. A primeros de enero de 1936 una comisión de presos da las gracias en carta abierta publicada en El Combate por el reparto que entre ellos se hizo de la ropa y el dinero (siete pesetas a cada uno) recogido en la colecta. El condenado Alfredo Nistal habría sido también socorrido mientras ocupó aquel reclusorio por sus hermanos masones del maragato Triángulo Asturica. Sería, por cierto y como señalará La Democracia el 23 de marzo de 1936, el maestro David Escudero Martínez, natural de Castrocalbón y delegado provincial de la sección leonesa de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza (integrada en la FETE), el alma mater en la organización de la ayuda económica prestada por numerosos maestros nacionales de la provincia (la mayoría afiliados a la ATE) a los compañeros presos y perseguidos por causa de la revolución de octubre del 34 y a sus familiares. Ayuda parecida se prestó a sus represaliados por el Cuerpo de Correos, y por un grupo de médicos a sus colegas castigados.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La aparición de un nuevo libro: ‘Convulsiones’

Publicado por Ibañeza.es el 4/07/2019 15:58 Comentarios desactivados

Me permitirán los seguidores de esta sección hacer un alto en el camino de los sucesos acaecidos antaño en nuestra comarca bañezana que, extraídos de mi libro La Bañeza 1936. La vorágine de Julio. Los prolegómenos de la tragedia, publicado en el verano del año 2013, vengo relatando casi desde entonces, para darles cuenta de la muy reciente aparición, en las mismas Ediciones del Lobo Sapiens, de una nueva obra, también de mi autoría, titulada ahora Convulsiones. Diario del soldado republicano Jaume Cusidó Llobet. Prisioneros catalanes en el ‘Gulag’ de León, salida de la imprenta el pasado día 1 de este mes de julio.

El libro ha sido –de nuevo- prologado por el insigne historiador e hispanista Sir Paul Preston, y, aún a riesgo de ser tachado de inmodesto, me atrevo a trasladar aquí algunas de sus apreciaciones en el Prólogo:

“Pertenece –el autor- al grupo de investigadores minuciosos cuyos trabajos son imprescindibles… Se trata de un estudio enjundioso de lo que él  llama el ‘Gulag’ de León,  y su descubrimiento y reproducción del Diario del soldado republicano Jaume Cusidó Llobet de los últimos meses de la guerra y los primeros del franquismo, es un hallazgo de primera importancia…, y nos ofrece una visión de la guerra civil muy diferente a las de rabia o agresividad que impregnan otros diarios. La inclusión, también, de las cartas que el cautivo Cusidó y su mujer se entrecruzan es otro gran acierto y amplía lo anteriormente dicho…El volumen en total constituye un trabajo impresionante. Primero, saca a la luz un tema prácticamente desconocido hasta ahora: el campo de concentración de prisioneros de guerra que existió en Valencia de Don Juan. Luego, añade información ingente sobre el campo de prisioneros de San Marcos, el campo de concentración de Santa Ana de León y los campos astorganos de Santocildes y La Pajera. Finalmente, revela algo que ha permanecido casi en el más absoluto silencio: los más de 290 catalanes asesinados en León…No dudo que este libro abrirá nuevas puertas en una temática todavía bastante desconocida y ayudará a los investigadores a entender más y mejor el horror que fueron la prisión y campo de concentración de prisioneros de guerra de San Marcos de León y los demás de la ciudad y la provincia, y, cómo no, la Guerra Civil española. Otra vez, estamos en deuda con José Cabañas”.

Por mi parte, en cuanto al contenido de este nuevo trabajo, haría notar que a los Diarios de Jaume Cusidó (uno de tantos y de tantas como hubieron de sufrir en carne propia, ellos y sus allegados, las ignominias y los dramas de una guerra que otros desataron), transcritos, traducidos y contextualizados con numerosas notas, añadí lo siguiente:

La transcripción de algunas de las cartas que el prisionero cruza con su familia en Sabadell mientras se halla confinado en el campo coyantino; el resultado de mis indagaciones sobre tan desconocido campo de concentración como hasta ahora ha sido el que se habilitó durante los años de la guerra y el inicio de la posguerra en los Talleres Casa Ponga de Valencia de Don Juan; el Diario que otro soldado, movilizado en las filas nacionales, Antonio Lobato Cabañas, natural de Jiménez de Jamuz, escribió desde las primeras líneas del frente de Aragón y otros a lo largo de algunos meses de 1937 y 1938, y que traigo como contraste o contrapunto a los que Jaume Cusidó, en parte en el mismo tiempo, compuso al otro lado de las trincheras; una centena de reseñas de cautivos que penaron en la Prisión de Partido de Valencia de Don Juan en los tiempos de la guerra; una extensa relación nominal de los varios centenares de prisioneros de guerra catalanes inhumados en las fosas comunes del cementerio de León en el invierno y la primavera de 1939, fusilados en el campo de tiro militar de Puente Castro tras ser sacados del Campo de Concentración de San Marcos o fallecidos dentro de sus muros por enfermedades y privaciones; una amplia serie de más extensas y detalladas referencias sobre algunos de aquellos y otros que, de la misma procedencia, sobrevivieron a las tribulaciones de su paso por tal campo o por los al menos otros seis que con él vinieron a constituir una especie de particular “gulag” leonés infame y vergonzante, a los que les cupo la desventura de padecer alguno de aquellos aflictivos y afrentosos recintos en los que mayoritariamente (parece que no en todos) se impuso la deshumanización y la crueldad; y un manojo de desgarrados testimonios dejados por otros prisioneros tras haber sufrido alguno o varios de aquellos campos leoneses y las innumerables y brutales violencias de todo tipo que en casi todos se estilaron, en algún caso contrapuestos a los complacientes y falseados relatos que de la vida en ellos se hacía desde los medios de comunicación del régimen que los había establecido.

Agregué además algunos apartados con informaciones y noticias que vienen a sumar nuevos conocimientos sobre los campos de concentración de San Marcos y Santa Ana de León, y a inaugurar prácticamente los que también ahora comenzamos a tener sobre otros dos asimismo apenas conocidos y asentados en Astorga: el de La Pajera, y el que aparece en algunos documentos como Campo de Concentración de Astorga en el Cuartel de Santocildes, asentado en aquel inmenso recinto militar cuyas instalaciones compartían sus prisioneros de guerra con los reclusos de la Prisión Central que también lo habitaban, una situación de coexistencia de unos y otros en el mismo reducto similar a la que se daba en San Marcos de León hasta el inicio de 1939, y que tampoco ha sido hasta el presente nítidamente esclarecida y remarcada, como no lo ha sido la dedicación oficial durante algunos años de la guerra y la posguerra de la Prisión de Partido de Astorga a Prisión de Mujeres, que también ahora desvelo.

Portada del libro.

Con todo ello, con las penosas odiseas que se cuentan de Jaume Cusidó y de los demás que dejaron testimonio de ellas y de los lugares en los que transcurrieron, con tales retazos de lo que viene a ser un mismo lienzo, fui componiendo a lo largo de casi tres años este libro, que estimo pueda ser de interés para cualquiera que desee aproximarse y mirar de cerca a lo que fue nuestro reciente y cercano pasado, en el que se dieron, en medio de episodios tan bárbaramente negros y terribles como los que aquí se han recogido, fulgurantes y solidarios destellos de humanidad y de altruismo como los que también se cuentan.

Componen así los contenidos señalados las dos piezas o secciones en las que el libro se estructura (bien pudiera decirse, que, aunque relacionados, se trataría de dos libros en uno). Su título, Convulsiones, remite a la referencia que a ellas y a las tragedias en que estas desembocan, y a los votos para que no se repitan, hace el ya entonces exprisionero de guerra Jaume Cusidó en el remate de sus Diarios, y lo hemos adoptado por creerlo idóneo para un trabajo como este, en el que se muestra un extenso haz de las abundantes conmociones y calamidades (personales, familiares, colectivas) que tiempos tornados en aciagos vinieron a deparar a tantos, parte de las muchas que acompañaron a aquella guerra civil que fue “la más horrenda e infausta de las convulsiones que consignó la historia”.

Del aludido ‘Gulag’ leonés formaron parte también tanto la abarrotada Prisión de Partido de La Bañeza como algún Batallón de Trabajadores asentado en la ciudad, y a ellos, y a las penalidades de la vida de quienes en una y otro eran huéspedes forzados dedicamos en esta obra también un cierto espacio.

Este nuevo libro (en formato 17×24 cms.), que consta de 452 páginas y contiene 90 ilustraciones, además de 626 notas a pie de página, al precio de 25 euros se encuentra ya a la venta en librerías de la provincia y en la sede de la Editorial (C/ Barahona, 14 – Bajo. drcha.  24003 – León. Telf.: 987 17 06 52.  comercial@lobosapiens.net   www.lobosapiens.net), además de estar presente en la próxima Feria del Libro bañezana, y presentarse en Valencia de Don Juan el 11 de julio; en Astorga el 19 de julio; en La Bañeza el 8 de agosto; en Jiménez de Jamuz el 9 de agosto; y el 28 de agosto en Ponferrada.

“La obra que acrecienta lo conocido de los campos de concentración de San Marcos y Santa Ana de León, e inaugura el conocimiento del coyantino de Casa Ponga y los astorganos de La Pajera y Santocildes. Un gran acierto que ayuda a entender el horror de los reclusorios franquistas”.

Más información (el Índice, el Prólogo, y la Presentación) sobre este nuevo libro CONVULSIONES se halla en mi web (www.jiminiegos36.com y www.jiminiegos36.com/convulsiones.htm).


La catástrofe ferroviaria del túnel de las Fraguas en junio de 1936

Publicado por Ibañeza.es el 17/06/2019 8:25 Comentarios desactivados

En el diario capitalino La Mañana, con algunos espacios censurados, se noticia el 1 de julio de 1936 la inauguración por la Empresa de Autobuses de León (y su bendición en el santuario de la Virgen del Camino) de su autobús número 9, de 16 asientos y plataformas espaciosas, magnífico, muy elogiado, y construido en la capital, “flecha roja en el aire gris de la ciudad, de línea alargada y elegante, pulido y coquetón por no estar aún resobado por el vulgo espeso y municipal”, dirá de él Lamparilla, que lo presenta como un exponente de la industria leonesa (construido en los talleres de Auto-Carrocerías de León, de don Isidoro González) y del espíritu de iniciativa leonés (a pesar de que proceda de Santander el emprendedor paisano que iniciara la empresa del transporte urbano en la capital), cuando otro hijo de esta tierra, el joven Fernando Rubio Gómez, lleva un tiempo circulando en la ciudad con un automóvil que porta un aparato inventado y patentado por él mismo, “productor de gases combinados que lo mueven con un menor consumo, y que en breve, una vez perfeccionado, supondrá por su baratura y comodidad un gran progreso en los motores de explosión”. También circulaba por León en un Fiat Balilla la primera mujer taxista de la ciudad (Piedad Álvarez Rubio, “que ya antes sabía conducir, pero no pudo hacerlo de modo oficial y público hasta que vino la República”), un inusual hecho que ya había por ello merecido portadas y reportajes en la prensa gráfica de entonces. Narra además el rotativo leonés detalles de la catástrofe ferroviaria (se saldó con unos 20 muertos y más de 40 heridos) de unos días antes en el túnel de las Fraguas, en San Miguel de las Dueñas, cerca de Ponferrada, cuando chocaba con un mercancías el tren expreso de Galicia.

Algunas de las noticias que entonces se mostraban bien pudieran merecer hoy que nos detengamos siquiera sea brevemente en ellas:

El paisano emprendedor, era Ernesto Mateos Tomás, de Herreros de Jamuz, emigrante junto con su esposa en la segunda década del siglo XX a la Argentina (desde Santander, donde con sus padres –que regentaban en el pueblo de sus orígenes una tienda y cantina- y hermano se había radicado en 1904) y trabajador allí en una fábrica de sebo para emplearse en la hostelería de Estados Unidos después, regresado ya en el periodo republicano para fundar con otros socios en 1934 la empresa Autobuses de León (que venderá a Martiniano Fernández en 1944, en cuyas manos acabarán también en los años cincuenta la línea Truchas-La Bañeza de David González Pombar y la Puebla de Sanabria-Astorga de la empresa de Ángel Beltrán que compraría en 1945 Domingo García e Hijos). El indiano ganaba en diciembre de 1933 (en exclusiva por 50 años) el concurso para el establecimiento en la ciudad de una línea de autobuses, cuyas bases aprobaba el consistorio a finales de junio, repetido por segunda vez, después de que en octubre el primer adjudicatario pida prórroga (que no se le concede) para iniciar el servicio el 1 de enero de 1934, “ya que la reparación de dos vehículos le ha causado retraso sobre la fecha convenida”. Comenzarían a circular, inaugurándose, el 18 de febrero (se haría oficialmente el 9 de junio) los cuatro flamantes coches de los primeros autobuses de León (se había adjudicado el servicio a Plácido Diéguez, que en vista del resultado favorable se proponía al inicio de marzo adquirir cinco nuevos vehículos más grandes, se dirá en El Diario de León, aunque en 1993 la misma publicación alude a Ernesto Mateos Tomás como el fundador de aquella empresa), en los que, se decía, actuarán de cobradoras señoritas. El reportero Lamparilla ya había señalado que “de León son los dirigentes de la empresa de autobuses, aunque duela que hayan venido de Santander a su tierra a establecer aquello que los que se hallaban aquí en condiciones para ello dejaron abandonado por la eterna apatía…”.

El innovador automóvil que se presentaba como un modelo de progreso era “un torpedo de dos plazas con el que el inventor local había realizado viajes de prueba a Villamanin a velocidad de hasta 70 kilómetros por hora, movido por el óxido de carbono e hidrógeno ligeramente combinado en que el aparato por él patentado transforma los aceites pesados (fuel-oíl y gas-oíl) mezclados con agua”. Con unos cinco litros de aceite pesado y 300 gramos de agua (para producir la combinación química precisa), y con el coste de 30 céntimos por litro, recorría los 70 kilómetros de aquel desplazamiento.

El siniestro ferroviario del túnel de las Fraguas (a seis kilómetros de Ponferrada), ocurrida el 23 de junio, no suele citarse cuando se desempolvan memorándums de desastres parecidos, casi siempre al hilo de otros actuales, habiéndose producido muy cerca de otro túnel, el nº 20 de Torre del Bierzo, en el que tendrían lugar otras dos desgracias de suma envergadura: el 3 de enero de 1944 el mayor accidente ferroviario ocurrido en España, con un balance oficial de 83 muertos y 64 heridos, una cifra que se falseó por la dictadura (que ocultó el suceso y censuro su conocimiento, y aún llegó a presentarlo como responsabilidad de la guerrilla), siendo en realidad considerablemente mayor (habrían fallecido por encima de 500, según algunas fuentes, y en torno a 150, según otras que hoy resultan más fiables), una tragedia repetida en el mismo túnel el 27 de diciembre de 1947, cuando descarriló el correo La Coruña-Madrid causando un muerto y doce heridos. Del resultado de aquella olvidada catástrofe de finales de junio de 1936 informaban profusamente los medios nacionales y los locales (La Democracia y La Mañana; El Diario de León no se publica desde el día 13 de aquel mes por huelga de sus empleados), con titulares como los siguientes: “Entre San Miguel de las Dueñas y Ponferrada chocan un expreso y un mercancías. El expreso iba lleno de viajeros. Numerosas víctimas”. Se contaron entre éstas un muchacho de 18 años que viajaba en la perrera sin billete y que se ocupaba en Ferrol de limpiabotas, un soldado de la base aérea leonesa, el contratista de obras de León Francisco Fernández Menéndez, que se había ocupado de construir el Puente Paulón y de urbanizar años antes algunas calles bañezanas (lesionado levemente), y una artista de varietés; fallecía también, el día 25 la madre, de 25 años, del niño de cuatro meses que fue recogido ileso. Entre los heridos que acogen en Ponferrada el Hospital y en el Sanatorio López Ríos se hallan los dos guardias civiles del puesto de Toral de los Vados que formaban la pareja de escolta del exprés. Se detuvo a los Jefes de las estaciones de Ponferrada y San Miguel de las Dueñas y al guarda agujas de ésta. En los trabajos de salvamento rivalizaron empleados de la Compañía, autoridades y vecindario de los pueblos cercanos.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Penurias escolares en 1934

Publicado por Ibañeza.es el 3/06/2019 7:33 Comentarios desactivados

A la mitad de enero de 1934, a petición de los maestros (maestra y maestro) regentes de las escuelas unitarias del local de Severino Hernández Cancelas, se colocan en ellas unos cristales; el arreglo del retrete ha de hacerlo por su cuenta el arrendador de los locales, que se dotaban por entonces de estufas y de luz eléctrica, por cuya instalación se abonaban 77 pesetas al industrial Bernardo Canton Blanco, titular de la compañía Electra Bañezana.

Manifestaba por entonces el ministro de Instrucción Pública que el asunto de la calefacción de las escuelas corresponde a los ayuntamientos (por carecer de ella se habían cerrado en Madrid cinco grupos escolares), aunque “por una sola vez y sin continuidad” se ocupará de ello el Estado, que tendrá que rebajar el presupuesto de su departamento al hacerse cargo de los gastos de calefacción de las escuelas municipales, cerradas muchas de ellas en España por negarse los ayuntamientos a pagarla. En La Bañeza en el pleno del 14 de febrero se desechaba la petición de los maestros encargados de las escuelas unitarias de que se les provea de carbón para las estufas recién instaladas. Ya se había desestimado una solicitud semejante de las escuelas graduadas por considerar que el Estado les da consignación para calefacción (en realidad, se dice, 150 pesetas para todos los gastos de atenciones y servicios), y se propone la intervención del delegado municipal en el Consejo local de Primera Enseñanza, el concejal Joaquín Lombó Pollán, y la convocatoria de una reunión del mismo, cosa difícil dice el delegado (no se reunió ni cuando en el otoño de 1933 se clausuraron las escuelas), que añade que funciona irregularmente y manifiesta su deseo de, por ello, dimitir como vocal. Se reconoce que 30 pesetas es poca cantidad para la calefacción de cada escuela, aunque se puede contar, se dice, con la gratificación que por la enseñanza de adultos reciben los maestros.

Maestra y niñas de una escuela en La Cabrera en 1934.

En la sesión municipal del 18 de abril se acuerda realizar las obras necesarias en el pavimento de la escuela de Sacaojos, ya en mal estado bajo el mandato del anterior alcalde, pero que no se reparó por no dilucidar entonces si las obras correspondían al Ayuntamiento bañezano o a la Junta administrativa de la pedanía. Debió de hacerse aquél cargo de su estado, “pésimo (según el informe del arquitecto municipal del 13 de junio) tanto en la planta baja como la casa del maestro, por lo que debiera de construirse otra nueva”, y se acuerda al acabar el mes repararla durante las vacaciones de verano, ya que no se encontró en el pueblo local adecuado para sustituirla, ni tampoco a la vivienda del docente. Ya en agosto, dado que el importe de reparación de la casa-escuela según el proyecto del arquitecto municipal sería sobre una casa ruinosa, lo que representará perderla, se acuerda estudiar la conveniencia de construir un edificio de nueva planta, convocando a tal efecto a la Junta vecinal para ver si tal construcción puede abordarse, y como las posibilidades y condiciones aportadas no satisfacen a la Corporación bañezana (el pueblo acarrearía y cedería la piedra de sus canteras y tres árboles para la madera –ya en diciembre dirán hacerse tan solo cargo del transporte de la piedra-, pero debía ser construida por el Ayuntamiento), después de votarse en el pleno del día 29 se decide esperar a que la construya el Estado, frente a la desechada alternativa de ser levantada por el municipio, que satisface a la minoría socialista.

No eran las únicas escuelas en lamentable estado: por las mismas fechas las de Jiménez de Jamuz, y también las casas-vivienda de los maestros, estaban en completa ruina, y acordaba la Corporación del Ayuntamiento al que la pedanía pertenece vender en pública subasta (con la urgencia que el caso requiere) un solar municipal bien situado y conocido por el Pósito y reformar unas y otras con los fondos obtenidos. A otro de los maestros nacionales en el pueblo se le enviaba con igual premura uno o dos albañiles que a cuenta del Ayuntamiento le recorran el tejado y reformen la casa-habitación. Finalizando el mes de julio los corporativos habían ya acordado la necesidad de construir nuevas escuelas, y a mediados de septiembre se aprobaba la cuenta de 300 pesetas por el alquiler en 1932 y 1933 de la casa-habitación y edificio escuela de niñas de Santa Elena de Jamuz a Manuel de Blas del Palacio.

A la mitad de julio la Dirección General de Primera Enseñanza había enviado un aparato de proyección para las Escuelas Graduadas bañezanas, y se denunciaban por entonces desde el semanario socialista astorgano El Combate algunas irregularidades y desatenciones en la primera enseñanza, como eran las de que en Castrocalbón la maestra no apareciera por su escuela, lo mismo que hacía la de Soguillos, en Laguna Dalga, y en La Bañeza redujera su dedicación a ella la maestra que vivía en Astorga y se desplazaba cada día en tren entre las dos ciudades (se trataba de Tránsito Castro González, esposa del abogado astorgano Olegario Combarros).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

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