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Penurias escolares en 1934

Publicado por Ibañeza.es el 3/06/2019 7:33 Comentarios desactivados

A la mitad de enero de 1934, a petición de los maestros (maestra y maestro) regentes de las escuelas unitarias del local de Severino Hernández Cancelas, se colocan en ellas unos cristales; el arreglo del retrete ha de hacerlo por su cuenta el arrendador de los locales, que se dotaban por entonces de estufas y de luz eléctrica, por cuya instalación se abonaban 77 pesetas al industrial Bernardo Canton Blanco, titular de la compañía Electra Bañezana.

Manifestaba por entonces el ministro de Instrucción Pública que el asunto de la calefacción de las escuelas corresponde a los ayuntamientos (por carecer de ella se habían cerrado en Madrid cinco grupos escolares), aunque “por una sola vez y sin continuidad” se ocupará de ello el Estado, que tendrá que rebajar el presupuesto de su departamento al hacerse cargo de los gastos de calefacción de las escuelas municipales, cerradas muchas de ellas en España por negarse los ayuntamientos a pagarla. En La Bañeza en el pleno del 14 de febrero se desechaba la petición de los maestros encargados de las escuelas unitarias de que se les provea de carbón para las estufas recién instaladas. Ya se había desestimado una solicitud semejante de las escuelas graduadas por considerar que el Estado les da consignación para calefacción (en realidad, se dice, 150 pesetas para todos los gastos de atenciones y servicios), y se propone la intervención del delegado municipal en el Consejo local de Primera Enseñanza, el concejal Joaquín Lombó Pollán, y la convocatoria de una reunión del mismo, cosa difícil dice el delegado (no se reunió ni cuando en el otoño de 1933 se clausuraron las escuelas), que añade que funciona irregularmente y manifiesta su deseo de, por ello, dimitir como vocal. Se reconoce que 30 pesetas es poca cantidad para la calefacción de cada escuela, aunque se puede contar, se dice, con la gratificación que por la enseñanza de adultos reciben los maestros.

Maestra y niñas de una escuela en La Cabrera en 1934.

En la sesión municipal del 18 de abril se acuerda realizar las obras necesarias en el pavimento de la escuela de Sacaojos, ya en mal estado bajo el mandato del anterior alcalde, pero que no se reparó por no dilucidar entonces si las obras correspondían al Ayuntamiento bañezano o a la Junta administrativa de la pedanía. Debió de hacerse aquél cargo de su estado, “pésimo (según el informe del arquitecto municipal del 13 de junio) tanto en la planta baja como la casa del maestro, por lo que debiera de construirse otra nueva”, y se acuerda al acabar el mes repararla durante las vacaciones de verano, ya que no se encontró en el pueblo local adecuado para sustituirla, ni tampoco a la vivienda del docente. Ya en agosto, dado que el importe de reparación de la casa-escuela según el proyecto del arquitecto municipal sería sobre una casa ruinosa, lo que representará perderla, se acuerda estudiar la conveniencia de construir un edificio de nueva planta, convocando a tal efecto a la Junta vecinal para ver si tal construcción puede abordarse, y como las posibilidades y condiciones aportadas no satisfacen a la Corporación bañezana (el pueblo acarrearía y cedería la piedra de sus canteras y tres árboles para la madera –ya en diciembre dirán hacerse tan solo cargo del transporte de la piedra-, pero debía ser construida por el Ayuntamiento), después de votarse en el pleno del día 29 se decide esperar a que la construya el Estado, frente a la desechada alternativa de ser levantada por el municipio, que satisface a la minoría socialista.

No eran las únicas escuelas en lamentable estado: por las mismas fechas las de Jiménez de Jamuz, y también las casas-vivienda de los maestros, estaban en completa ruina, y acordaba la Corporación del Ayuntamiento al que la pedanía pertenece vender en pública subasta (con la urgencia que el caso requiere) un solar municipal bien situado y conocido por el Pósito y reformar unas y otras con los fondos obtenidos. A otro de los maestros nacionales en el pueblo se le enviaba con igual premura uno o dos albañiles que a cuenta del Ayuntamiento le recorran el tejado y reformen la casa-habitación. Finalizando el mes de julio los corporativos habían ya acordado la necesidad de construir nuevas escuelas, y a mediados de septiembre se aprobaba la cuenta de 300 pesetas por el alquiler en 1932 y 1933 de la casa-habitación y edificio escuela de niñas de Santa Elena de Jamuz a Manuel de Blas del Palacio.

A la mitad de julio la Dirección General de Primera Enseñanza había enviado un aparato de proyección para las Escuelas Graduadas bañezanas, y se denunciaban por entonces desde el semanario socialista astorgano El Combate algunas irregularidades y desatenciones en la primera enseñanza, como eran las de que en Castrocalbón la maestra no apareciera por su escuela, lo mismo que hacía la de Soguillos, en Laguna Dalga, y en La Bañeza redujera su dedicación a ella la maestra que vivía en Astorga y se desplazaba cada día en tren entre las dos ciudades (se trataba de Tránsito Castro González, esposa del abogado astorgano Olegario Combarros).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Cuando se quiso poner tasas al toque de campanas

Publicado por Ibañeza.es el 20/05/2019 8:03 Comentarios desactivados

A finales de 1932 se promulgaba la Ley de contribución general sobre la renta (un impuesto aún muy limitado y de escaso poder recaudatorio, tímido primer paso en la creación de la moderna fiscalidad), cuando la renta per cápita alcanzaba las 1.083 pesetas. En La Bañeza, en los extensos debates sobre los presupuestos municipales para 1933 los socialistas habían pretendido la incongruencia (que les señala desde el local semanario La Opinión su director) de recuperar el impopular y ya suprimido impuesto de consumos, una carga indirecta y nada progresiva contra la que tantas protestas y motines había habido en el pasado, y tratado de establecer un gravamen por el toque de campanas (“asesorados por algunos entre los cuales hay fervorosos monárquicos hasta el 14 de abril de 1931”, dirá El Adelanto), que rechazaron los demás miembros de la Corporación. También en León fue desechada la propuesta socialista de incluir en los presupuestos del año próximo a iniciarse una tasa anual por el tañido de campanas (150 pesetas por una, 200 por dos, 300 por tres o más), pero prospera gravar con 25 céntimos los carteles que anuncian funciones religiosas y cobrar impuestos por tirar cohetes y tocar organillos.

En La Bañeza, en realidad las discusiones y la elaboración de aquellos presupuestos (en múltiples y maratonianos plenos) fueron bastante más complejas y ajetreadas: la minoría socialista decidía el 23 de noviembre contar con sus representados antes de entrar a discutirlos, y lleva enmiendas en la sesión municipal del 28 al proyecto que presenta la comisión de Hacienda, basado en el percibo de ingresos por arbitrios (como el de 1932, al que supera considerablemente), que perjudica al vecindario (se dice), opuesto al de ingresos por consumos (como lo fue aún el de 1931), de mayor recaudación y por el que los forasteros pagan más, y derogado por una de las disposiciones transitorias del Estatuto Municipal y otras legales. Se acuerda por mayoría (los cuatro concejales de la minoría socialista, José Santos Pérez y Joaquín Lombó Pollán) obtener los ingresos por consumos, con lo que se rechaza el proyecto de la comisión de Hacienda. El alternativo de la minoría socialista también era por arbitrios, por lo que procede confeccionar uno nuevo basado en ingresos por impuestos de consumos.

Antigua postal de la Iglesia de Santa María de La Bañeza.

En el pleno del 7 de diciembre se revoca el anterior acuerdo (volver al sistema de consumos) y se desecha el proyecto de presupuestos de la comisión especial surgida de la anterior sesión, según votación en la que solo opta por no hacerlo el concejal Joaquín Lombó. Los socialistas aclaran su pretensión de reemplazar los arbitrios de 1932 por otros más justos, y de rebajar algunos como el de la carne, que consideran alto, para que deje de regir lo que manifiestan que algún concejal habría afirmado (“el que no pueda comer carne, que coma bacalao”), y que es desmentido por el alcalde (Juan Espeso González), sustituyendo con otros gravámenes lo dejado de recaudar por ello. Por mayoría se acordó presentar otro nuevo proyecto en el pleno del lunes próximo, confeccionado por la comisión de Hacienda una vez más. En cuanto a las carnes, a pesar de haberlas clasificado por categorías ya en enero de 1933 y de haber rebajado sus arbitrios, no han bajado sus precios los carniceros, lo que expondrán algunos concejales como queja en el pleno del 18 de aquel mes.

El día 12 de diciembre se entra por fin a estudiar y discutir el proyecto de presupuestos para 1933, en su apartado de Gastos, y se hace por artículos, partidas y capítulos. Se retira la partida de 480 pesetas del teléfono del alcalde (ya hay uno en secretaría) y el del cuartel de la Guardia Civil. Se destina una partida para el deslinde y amojonamiento de los terrenos comunales (en la fecha determinada en que se revisan anualmente las marras o mojones municipales), otra para salarios de los 15 vigilantes de arbitrios que habrán de atender el servicio junto con los serenos, y una más destinada a retribuir las nuevas plazas de arquitecto y de maestro de obras que se crean.

El pleno del 14 de diciembre, cuando cerrado ya el capítulo de Gastos se discuten los arbitrios que habrán de generar los Ingresos, conoce debates sobre si las bicicletas son artículo de lujo (como afirma el concejal socialista Porfirio González Manjarín), o no lo son, pues las usan mucho los obreros (según argumenta David González Moratinos). Y no debían de serlo, ya que se aumenta su canon, quedando en 6 pesetas anuales. También se establece una tasa a la circulación de perros, y un arbitrio por los anuncios o carteles que se exponen. Algunos concejales alegan haber determinado gravámenes elevados para las carnes de cerdo y de ternera, que consumen los ricos, para que los presupuestos no sean tachados de burgueses. Los socialistas exponen por su parte que su tendencia no es obrerista, y abogan en prueba de ello por la rebaja de tales gravámenes.

Propone el edil Porfirio González Manjarín el impuesto de 100 pesetas anuales por cada una de las 11 campanas de la ciudad, consideradas como anuncios. La comisión elaboradora del proyecto pensó en ello, se dice, pero observó su ilegalidad (en la que coincide la Revista de la Administración Pública del mes de la fecha, que se consulta en la sesión). Hay empate en la votación (a favor, la minoría socialista y el concejal Toribio González Prieto), que se repite por dos veces, y decide la cuestión el voto de calidad del alcalde-presidente, rechazando la propuesta. El edil Joaquín Lombó Pollán vota en contra, pero añade que vería tal impuesto con satisfacción por vivir cerca de la Iglesia, y que vota como lo hace porque ha visto que la tasa no se impone en ninguna población (en la mayoría de las que la establecen, las delegaciones provinciales de Hacienda la revocan después, como sucedería en Huelva finalizando el siguiente mes de enero, o en marzo en Ponferrada), además de que “el asunto se resolverá cuando se promulgue la Ley de congregaciones religiosas, por la que los templos pasarán a ser propiedad del Estado, sobre cuyos bienes no se pueden imponer arbitrios” (parecida argumentación se había manejado en su momento en el consistorio leonés). El concejal David González Moratinos alegaba que en tal caso debería de gravarse también el timbre del Teatro y la sirena de la Azucarera.

Finalizaba la elaboración del presupuesto municipal para 1933 con la asignación de Ingresos en superávit sobre los Gastos, y se debate entonces si aplicarlo a rebajar las tasas de las carnes o al aumento de sueldo que los empleados municipales habían solicitado, sobre lo que hay empate y resuelve, en contra de la subida de salarios, de nuevo el voto del alcalde. Queda aprobado el presupuesto de Ingresos en 234.166,06 pesetas, con superávit sobre el de Gastos en 5.377,26 pesetas, que asciende a su vez a 228.788,80 pesetas.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La diversión antaño en La Bañeza

Publicado por Ibañeza.es el 6/05/2019 7:55 Comentarios desactivados

El 9 de abril de 1916 se refería La Crónica a la partida de La Bañeza de La Rentina, vedette de cuplé y tango que, “cual estrella fugaz de las que de vez en cuando aparecen por estos pueblos de menor cuantía, había alegrado la vida de multitud de ciudadanos”. Se cuenta en el ejemplar del 16 de julio del mismo semanario que no entusiasmó a la concurrencia la vedette Nieves Mimosa que actuaba en el Café Marina (en el verano de 1931 tenía “orquesta tarde y noche”), y que su dueño, Avelino García, “tiene la palabra con Conchita Ulía, que en breve debutará en el Teatro Ideal Cinema” (traerán a la canzonetista en aeroplano, se dice, si la huelga ferroviaria que entonces se daba persistiera), y también que habrá concurso de aviación en el programa que para las ya cercanas fiestas se preparan.

En la inauguración del nuevo Café Victoria, espacioso y elegante (en la calle Pérez Crespo, propiedad de Jerónimo González Álvarez), actuó un sexteto formado para la ocasión por jóvenes bañezanos aficionados a la música, Odón Alonso entre ellos, dirigidos por José Gutiérrez Pascual (volvieron a agradar en otras actuaciones posteriores). Proseguían las regulares sesiones de teatro, y a veces las compañías actuantes en las giras se deshacían y separaban, como ocurrió entonces aquí con la del señor Sepulveda por diferencias y rencillas entre los integrantes de su elenco. De la inauguración de aquel Café informaba también El Pueblo, que compartía entonces el kiosco de prensa bañezana, e igualmente de la renombrada tonadillera Conchita Ulía, “artista genial que ha cautivado y conseguido el aplauso de todos los públicos de España y de las posesiones españolas en Marruecos”, y que se presentará al bañezano el sábado 22 de julio solo por cuatro funciones y de paso para los principales teatros de Galicia. Se noticia el día 30 la actuación en el Teatro de la cupletista Favorita, y de que van adelantados los trabajos de construcción de la plaza de toros (que no se llegaría a rematar).

En 1927 el monarca y la reina Victoria Eugenia visitaban León y en octubre se inauguraba en La Bañeza el elegante Gran Café Novelty, rebautizado poco después en “Café Minuto”, propiedad de Francisco Miranda del Palacio (antiguo botones y conserje más tarde del Círculo Mercantil) y concebido, con su permanente orquestina, como café-espectáculo, al igual que sus competidores en la localidad, los cafés Pasaje (abierto en 1926, ya como café teatro y regentado durante muchos años por la familia Blanco Toral), Central (éste de efímera vida), y Royal (fundado por Maximino Ruiz García). En un anexo del último, que contaba además con reservados en los que era frecuente el juego de dinero, estaba instalado el Royal Cinema, competencia en la proyección de películas de los teatros-cines de más aforo.

En aquellos cafés cantantes amenizaban el ocio de los concurrentes algunas artistas, pícaras y divertidas cupletistas, ligeras de ropa y generosas en la exhibición de sus cuerpos y procaces en sus ademanes y en el doble sentido de sus canciones, lo que incitaba a algunos clientes desprendidos a alternar con ellas y a gastarse en el descorche sus dineros. Más allá de lo sicalíptico, tan del momento, y del Bar La Alegría de Cándido González, “servido por camareras” (según se anunciaba en la revista Azul en 1920), existía desde el inicio de 1933 y creado a lo que parece por David González Manjarín (su titular en febrero de aquel año) en el camino de los Molinos, cercano a la Azucarera Bañezana, un establecimiento de señoritas (Bar Azucarero se llamaba en febrero de 1934, regentado por Francisco Alonso Prieto, casa de lenocinio más o menos encubierta y clandestina), que se mantuvo en este uso largos años y que en 1935 y 1936 dirigía Tomás Martínez Prieto, natural de Santibañez de Vidriales, regresado después de 1933 de Argentina y domiciliado entonces en la bañezana calle Pablo Iglesias.

Desde años antes funcionaba el salón de baile Variedades, otro local de diversión en el que a veces se pasaban “originales secciones cinematográficas”, regentado por Patricio González, quien también era dueño del Frontón Novedades (sito en el interior de la manzana delimitada por las calles del Carmen y Juan de Mansilla). Existía en 1916 el salón de baile El Recreo, de Gabriel González, y un baile más popular solía celebrarse en la Fonda la Galocha, en la salida de la población hacia el Monte de Riego, y a los de disfraces y máscaras, y al de Piñata del Carnaval, se concurría en el Teatro Seoanez, del que para la ocasión se retiraban algunas butacas (contaba con 650 y 6 plateas) y convertía en elegante y espaciosa pista.

Había además otros lugares de recreo: los locales de las sociedades el Casino, el Círculo (que disponía de Estudiantina y de Rondalla), La Caridad, el Liceo y los Recreos ya citados; cines como el Ideal Cinema; el Teatro Seoanez; cafés como los de Maximino Ruiz García; La Unión, de Modesto Ruiz García y Modesto Arias (en los locales del Casino de igual nombre; en 1907 lo regentaba Jerónimo González Álvarez); Nogarol; Marina (con cuplés), o el Café Victoria…, y también el Bar Moderno de José Concejo Grandoso, muy frecuentado por la intelectualidad bañezana que redactaba El Sorbete en 1921, al que llamaban El Boliche del Che, o El Casinillo, y en cuya amplia terraza “se hablaba y se discutía de socialismo, anarquismo y sindicalismo”.

En junio de 1931 no todo era propaganda política y elecciones constituyentes próximas a celebrarse: cerraban a altas horas de la noche los cafés de Maximino Ruiz, Francisco Fidalgo y Ramón Acebes González, y en el Café Minuto (a veces también en el Marina) debutaban por aquellas fechas gentiles canzonetistas (prácticamente una atracción por semana a lo largo de aquellos años, según publicitaba la prensa local) que entretenían a su público con sesiones de tarde y noche, como Lia Foli, a la que seguiría la vedette de cante flamenco Lola Alcázar y la colosal artista y estupenda bailarina Teresita Aguirre; el Teatro Pérez Alonso combinaba espectáculos arrevistados con sesiones cinematográficas y recitales de canciones, y algunos patricios bañezanos viajaban por entonces a Madrid para asistir a la inauguración de la nueva plaza de toros.

Se denuncia el día 11 de agosto de 1933 ante el juez municipal lo sucedido la noche anterior, cuando “contestaron con frases gruesas y ofensivas” al sereno Manuel Casasola Pisabarro el dependiente del despacho del Café de “Minuto” y el cartero Luís Pérez Fernández, que “venían dando voces con tres artistas” (del cuplé o canzonetistas que actuaban aquellos días en los cafés de la ciudad).

En septiembre de 1935 se daba desde la alcaldía a los cafés bañezanos “orden de no exhibir en los escaparates o transparentes imágenes o fotograbados indecentes”, después de que se ruegue el 27 de agosto a Francisco Miranda del Palacio, Maximino Ruiz, Francisco Fidalgo, y Vicente Blanco que “se abstengan de exponer fotografías de artistas que atenten a la moral, y que prohíban en sus establecimientos la entrada de menores”, se recuerde a Ángel González (que regentaba un kiosco de prensa en la Plaza Mayor) “la prohibición que existe sobre exhibir escritos pornográficos en la vía pública”, y de que Servando Juárez Prieto, como alcalde accidental, proclamara el día 30 un bando llamando a los residentes a que “se abstengan de proferir blasfemias y palabras indecorosas”.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El concejal comunista de La Bañeza que nunca existió

Publicado por Ibañeza.es el 22/04/2019 7:57 Comentarios desactivados

En La última gesta. Los republicanos que vencieron a Hitler (1939-1945) (Aguilar, 2006), el historiador Secundino Serrano cuenta el papel decisivo que desempeñaron tres leoneses contra la ocupación nazi de Francia: El maestro y guerrillero Julián García Villapadierna luchó con las tropas francesas y fue uno de los escasos supervivientes. También el leonés Teodoro González, alias Fernando, combatió contra las tropas de Hitler y falleció luchando en junio del 44 en Fôret de Saint-Léger. Por último, “el concejal del Partido Comunista en La Bañeza” Erasmo Díez Zapico, que huyó a Francia tras el fin de la Guerra Civil, se unió al ejército francés, y fue uno de los republicanos que entró en España con las invasiones del valle de Arán.

Tan solo 22 comunistas se proclamaron candidatos en todo el país en las elecciones a Cortes Constituyentes del 28 de junio de 1931 (67 concejales de esta ideología habían sido elegidos en las municipales del 12 de abril, y un único diputado comunista, por Málaga, obtendrá escaño en las Cortes de 1933, para alcanzarlo 17 en las de febrero de 1936), ninguno en León, como ya había ocurrido en las citadas de abril y ocurriría en las siguientes. En la provincia las derechas no saben entonces a quién votar, después de la abstención de los que eran aspirantes de Acción Nacional que deja como protagonistas casi exclusivos de la vida pública a los republicanos ante el desprestigio y el retraimiento de los monárquicos.

El Partido Socialista nunca fue numeroso durante la Segunda República en el territorio leonés, aunque llegó a tener en él unas 50 agrupaciones que sumaban 1.487 afiliados en 1932, cifra que aumentaría en los años siguientes. Los escasos comunistas en el país y en nuestra provincia, donde su partido no cuajó hasta después de iniciada la guerra civil, debieron de serlo más aún (casi testimoniales) en la comarca bañezana, y de hecho de los más de 400 represaliados después de julio de 1936 que en nuestro primer volumen (La Bañeza 1936. La vorágine de julio. Algunas consideraciones previas, publicado en el año 2010) hemos censado no tenemos constancia de que lo fueran más de cuatro (desperdigados y ni siquiera unitarios, pues alguno era del POUM), y no hubo nunca, desde luego, ningún “Erasmo Díez Zapico, concejal del Partido Comunista en La Bañeza, huido a Francia tras el fin de la contienda y unido al ejército galo para ser uno de los republicanos que entraran en España con las fallidas invasiones del valle de Arán”, por más que así se haya publicado por aquel prestigioso historiador leonés, que ha obtenido el dato de errados testimonios familiares (uno de los hijos del guerrillero, residente en Burdeos), un error que ya llamó nuestra atención hace unos años, que ha sido copiado y difundido luego por otros investigadores (como el astorgano Alejandro M. Gallo, que ha novelado historias del maquis en Asturias), y que, después de arduas indagaciones en el entorno local de aquel personaje y de consultas con el historiador confundido y con la investigadora francesa Evelyn Mesquida, de origen español y experta en la historia de la resistencia francesa al nazismo y en la participación en ella de los republicanos españoles, hemos tenido ocasión de corregir ahora:

En 1990 fallecía en La Mata de Curueño (León), a los 81 años, Erasmo Díez Zapico, el resistente erróneamente referido, sin ninguna vinculación con La Bañeza, donde no hubo en el periodo republicano estructura comunista ni presencia municipal alguna de ningún partido de tal signo, y no habría concejales comunistas (dos, Santiago Fonfría Rodríguez y Gaspar Santos Santos) hasta las elecciones municipales de 1979.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Dulzuras y amargores del Bar Azucarero

Publicado por IBAÑEZA.ES el 8/04/2019 8:05 Comentarios desactivados

En enero de 1933 se requería desde el consistorio bañezano a David González Manjarín (en junio formaría parte del Jurado Mixto de Industrias Hosteleras de León), cursado aviso de la Sociedad General de Autores de España (representada en la capital desde el inicio de noviembre del año anterior por Pedro Fernández-Llamazares Escobar) tras la denuncia interpuesta por el músico Odón Alonso González, para que suspenda toda ejecución de obras musicales en público en el Café de camareras que regentaba en el extrarradio (Bar Azucarero se llamaba), en el camino de los Molinos, en las inmediaciones de la fábrica de azúcar, cuyo poco ejemplar funcionamiento merecería la reprobación de algunos concejales en el pleno del 15 de febrero y que se acuerde informarse “para evitar muchos abusos”, para terminar siendo denunciado el 23 de mayo ante el juzgado de Instrucción, inspeccionado sanitariamente para certificar su idoneidad el 30 de agosto, y requerido a su cierre el 9 de diciembre quien era ya su dueño, Francisco Alonso Prieto, después de haberlo comprado al anterior (deducimos de las insistentes reclamaciones que por entonces se le hacen desde la Oficina Liquidadora de Derechos Reales de Astorga para que abone lo que en concepto de aranceles de compra-venta adeuda).

En la última fecha (según los informes que obran en la alcaldía, procedentes de los policías y serenos) “se venía ejerciendo en aquel establecimiento descaradamente la prostitución clandestina con varias mujeres que se suceden destinadas a este tráfico, del que su dueño hace su medio de vida, y que además de ser un delito perjudica a la salud pública del vecindario”, y en el que se producían altercados como el promovido en la noche del cinco al seis de noviembre por un parroquiano portugués al agredir a una mujer, de Ponferrada, de las siete que allí se encontraban, y otras incidencias comentadas por algunos jóvenes de los que acuden al lugar, en el que “mantener trato carnal cuesta dos duros” y dilapidan algunos en aquel comercio y en francachelas sus dineros debiendo ser en alguna ocasión rescatados en lamentable estado de embriaguez para sus casas por aquellos mismos atareados serenos que informaban (como sucedía a primeros de diciembre ante la petición de ayuda que les hace Cecilio Toral de la Fuente, de 20 años, dependiente del comercio de Cástor Soto de las Heras, para recoger de aquel establecimiento a su tío A. F. M.). Sería Cecilio Toral en los años siguientes maestro-estudiante (cursillista), y representante de Unión Republicana, como su secretario, en el Frente Popular bañezano, por lo que se le encarcelará después de julio de 1936.

Por el daño causado, sanitario y moral, por la corrupción de las costumbres, y por el grave escándalo y los disgustos familiares ocasionados, el alcalde clausura entonces provisionalmente el local y ordena el 6 de enero de 1934 su cierre definitivo (que el día 14 seguía sin acatarse), para desestimarle el 14 de febrero su petición de reapertura al titular. Aquel mismo Bar Azucarero será regentado a la altura de julio de 1936 por Tomás Martínez Prieto, de Santibañez de Vidriales, regresado unos años antes de la emigración en Argentina (en torno al inicio de 1934; su hijo Mateo Martínez Villalba figura en el padrón de 1935 como nacido en abril de 1933 en el país andino, en Santiago del Estero) y desposado con la bañezana Modesta Macías Castro (residían en la bañezana Avenida de Pablo Iglesias). El negocio era para entonces, además de un local mitad lupanar y mitad tasca, lugar que frecuentaban los trabajadores de la cercana Azucarera Bañezana, y por causa de una pelea o discusión habida allí entre falangistas y obreros de la fábrica en los primeros días después de haber sido tomada La Bañeza por los sublevados contra la República, de aquel bar será sacado para el martirio en una cuneta su dueño el 27 de julio para ser seguramente el primero de la larga lista de los que a partir de aquella fecha serían en la ciudad y en la comarca paseados y desaparecidos (en su caso, a la edad de 29 años y en las cercanías de Castrocalbón), víctimas de la extensa y mortal represión perpetrada por los esbirros de Falange y quienes los dirijan.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La chispa del ferretero bañezano en los comicios generales de 1933

Publicado por Ibañeza.es el 25/03/2019 7:39 Comentarios desactivados

Se publicaba en El Adelanto el día 4 de noviembre de 1933 la composición de las mesas electorales de los comicios generales del próximo día 19 en los dos distritos de La Bañeza y sus respectivas secciones, de las que formaban parte, entre otros, el sacerdote José Víctor Rodríguez Blanco, Gaspar y Víctor Marqués Pérez, Sofía Alija Fernández, Ricardo Álvarez Acedo, Balbino Nistal Fernández, Hipólita Carbajal Sánchez, Melchor Lombó Pollán, Julia Cabañas Martínez, Arturo Cabo Moro, y Elisa Carnicero Fernández. Componían el censo electoral en la ciudad 2.348 electores, 1.220 hombres y 1.128 mujeres, mayores todos de 23 años.

En su número del día 12 alardea el semanario católico bañezano de que las derechas hacen propaganda electoral por los medios más modernos, la radio y el avión, “algo nunca visto en España y que la iguala a los países más cultos y adelantados como Estados Unidos y Alemania”. Cuando el día 9 el gobierno la prohíba mientras dura el periodo electoral (excepto por la radio para los discursos en los actos públicos autorizados) Acción Popular habrá gastado mil kilómetros de papel en pasquines y 50 millones de octavillas (cuatro millones por día venían repartiendo y arrojando los aviones), lo que suponía 750 duros diarios en reclamos, aunque desde sus páginas se dirá el 9 de diciembre que “las derechas casi no hicieron propaganda en La Bañeza, excepto las gestiones hechas desde el comité local de Acción Femenina y la intensa campaña de El Adelanto (que ha sido insuficiente), añadiendo que se echa de menos la organización efectiva de las derechas bañezanas, y se las llama una vez más a organizarse, “pues de no hacerlo sus intereses estarán a merced de gentes ignorantes y mangoneadas por la política perturbadora de la Casa del Pueblo”, cuya nueva sede se había inaugurado, por cierto, unos meses antes.

Las agresivas y modernas propagandas de la CEDA habían contado con cuantiosas donaciones de potentados que querían acabar con lo realizado en los dos años anteriores, como las del banquero Juan March, millonario y reconocido antirrepublicano. Las izquierdas, al menos las bañezanas que se acogían en aquella Casa del Pueblo, debieron de gozar de menores medios, y más tradicionales y artesanos (la brocha y el bote de pintura), a juzgar por lo que el mismo semanario narrará el día 25 de noviembre en un suelto que titula “Los hay con chispa”, según el cual, en la fachada de un comercio local de ferretería, pusieron “votad a los socialistas” y debajo una hoz y un martillo. Por la mañana, sin inmutarse, el comerciante añadió un “No”, con lo que se leía “No votad a los socialistas”, y debajo de la hoz y el martillo añadió “Ferretería”. Ilustra además la publicación católica independiente de algunas otras anécdotas electorales sucedidas en La Bañeza cuando las votaciones: una mujer que se presentó a votar por otra, que resultó ser la presidenta de la mesa; una más que dijo ser quien no era, y fue desenmascarada por una integrante del colegio electoral; o un hombre que no consiguió su pretensión de colar una docena de papeletas en la urna, manejos fraudulentos y caciquiles tradicionales y presentes todavía en variados lugares en aquellas elecciones y también en otras posteriores.

Nada indica la católica publicación bañezana sobre quién de los siete que según el anuario de 1928 regentaban en la ciudad ferreterías (Liberto Díez Pardo, Eumenio Fernández Alonso, Julián Fernández de la Poza, Benigno Isla Carracedo, Pedro López, José Ramos Pérez, y Francisco Ruiz García) pudiera haber sido aquel sereno y gracioso ferretero.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Una imagen de las elecciones de febrero de 1936.


La maestra Mari Sol en los años 20 en Villanueva de Jamuz

Publicado por Ibañeza.es el 11/03/2019 7:05 Comentarios desactivados

En 1928, el que había sido Delegado gubernativo de varios distritos provinciales en los años  anteriores durante los Directorios de la dictadura primoriverista y era concejal del ayuntamiento de la capital y secretario de la Unión Patriótica Nacional, el capitán José Mourille López, publicaba La provincia de León. (Guía general), y en ella señala existir en León 1.546 maestros y maestras y 1.507 escuelas nacionales (además de una buena cantidad de otras privadas), de aquéllas 82 de maestros (1 graduada, 27 de niños y 54 mixtas) y 58 de maestras (1 graduada, 27 de niños y 30 mixtas) en el partido judicial de La Bañeza, y ser la décima provincia por su menor número de analfabetos (el 36,61%), mientras este índice es en nuestro partido del 39,44%.

Portada del libro. / Archivo de José Cabañas

Según aquella Guía, hay en Santa Elena de Jamuz buen local escolar (en julio de 1921 había cesado Lorenzo Hernández Prieto como maestro de instrucción primaria, el cual remitía en febrero de 1915 Oficio de residencia como sustituido), regular en Villanueva (figuran en 1928 un maestro y una maestra, al igual que en Jiménez, y tan solo un maestro en Santa Elena), y se halla en construcción la escuela en Jiménez de Jamuz.

En aquel regular local-escuela de Villanueva de Jamuz (donde figura Teresa Martínez como enseñante en 1928) había sido maestra propietaria desde 1921 hasta 1929 Josefa Álvarez Díaz, una experiencia que, combinada con la de su paso como docente por el pueblo asturiano de Carbayín, y firmando como Josefina Álvarez de Cánovas (Inspectora de Primera Enseñanza y Licenciada en Derecho), plasmaría en cuatro libros de lectura para las escuelas (ya nacionalcatólicas) de niñas, y en especial en el titulado Mari Sol, maestra rural, que publicó la Editorial del Magisterio Español en 1944, aprobado por el ministerio de Educación Nacional, con licencia eclesiástica, el Imprimatur del Vicario general, y el Nihil Obstat del censor.

Había nacido Josefa Álvarez Díaz en Puertas de Cabrales (Asturias) en mayo de 1898. Desarrolló después su labor profesional como Inspectora de Primera Enseñanza en la provincia de Toledo (1929-1931). Entre su producción anterior prologó en 1933 el libro Hacia una Escuela Nueva. Fue una de las 100 mujeres pensionadas por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), en su caso en Francia, Bélgica y Suiza en 1935. (Resultaría sin duda interesante comparar aquellos místico-patrióticos libros de lecturas de la posguerra con su Plan de Hacer Escolar para el curso 1934-1935).

Según el relato de la maestra Mari Sol, el pueblo de Villanueva de Jamuz no tenía entonces carretera (la de Alija, en la que se halla, pasaría aún en 1934, con el ensanche y el acondicionamiento en su extremo bañezano, a serlo desde su anterior categoría de camino), y sus casas estaban “rodeadas de altos muros de adobe con portón que da a la vivienda recoleta de habitaciones, todas abiertas al corral, con piso de barro (lo que obligaba a calzar galochas en invierno) y alumbradas con candil de mecha (la torcida), no anidando en su castillo ya desde hace muchos siglos más que las cigüeñas y las golondrinas”. Sin acomodo ni vivienda para la maestra, comiendo las familias de la olla común (“al pilón”, bien sazonado de pimentón picante), con la anterior escuela en un local arrendado y la que aquella maestra desempeña instalada también en alquiler “en la antigua y desocupada panera de los diezmos y primicias de la Iglesia, que las alumnas han de abandonar cuando llega el tiempo de la siega”… Una obra que compone un mosaico en el que no faltan la descripción (entreverada de términos propios de sus gentes) de tipos populares de la tierra, las alusiones a tradiciones y costumbres del lugar, y la narración de las estacionales faenas campesinas de sus naturales.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


En memoria de los asesinados en 1936 en el puente de Valimbre

Publicado por Ibañeza.es el 25/02/2019 8:01 Comentarios desactivados

“Destrozan el memorial en recuerdo de los republicanos fusilados en el puente de Valimbre”
23 de febrero de 2019.
(El fascismo se cura leyendo)

Cuarenta cadáveres de paseados aparecerían en parajes del contorno de Astorga en el tiempo que va del final de julio a diciembre de 1936, al menos 19 de ellos en los montes de Estébanez desde octubre hasta acabar el año, de los primeros en este frecuentado lugar de ajusticiamiento los de tres desconocidos miembros de las milicias nacionales, seguramente castigados ellos mismos con la muerte por haberse extralimitado en la aplicación de la represión encomendada (uno falangista vallisoletano –la marca JONS Valladolid se muestra en su ropa interior-, y portaban los otros dos en la solapa de la americana sendas insignias con los colores de la bandera monárquica), a los que seguirían varios vecinos de Valderas y otros muchos, además de los que se irían hallando en los primeros meses de 1937, el de un hombre en las cercanías de San Justo de la Vega, otro cadáver -bastante descompuesto- en el monte de Castrillo de los Polvazares, y uno más en las inmediaciones de Villavante, este identificado como el de un astorgano con domicilio en la calle del Postigo.

Al igual que en San Marcos de León, en el cuartel de la Guardia Civil de Astorga se cometían las más execrables y refinadas torturas con quienes de madrugada eran sacados y asesinados sin piedad en algún camino o descampado más o menos cercano, como se haría con los tres hermanos Fuertes Martínez y con José Herrero, eliminado este dejando desamparados a su viuda y a sus cinco hijos de corta edad, parecido abandono e indefensión en el que quedaban los deudos de los seis ejecutados en diferentes fechas de los meses de agosto y septiembre de 1936 en Castrillo de las Piedras al lado del puente de Valimbre, tal vez arrancado alguno de su cautiverio en el Cuartel de Santocildes (además de estos lugares y la Prisión de Partido, lo eran de detención en la ciudad maragata los locales de Falange, el Requeté, la JAP, y las Milicias Ciudadanas).

El 23 de agosto, a las cinco de la tarde, en el kilómetro 321 de la carretera Madrid-Coruña el primero, “un hombre desconocido, de unos 30 años de edad, que viste traje de corte y botas negras de cuero” (más tarde identificado como Amancio Sarmiento Alonso, casado, vecino de Noceda del Bierzo y maestro nacional en el mismo pueblo). Otro de unos 60 años un kilómetro antes a las cuatro de la tarde del 12 de septiembre, vistiendo botas negras y traje de pana. En el mismo punto y a la misma hora tres días después uno más, de unos 65 años, con traje de corte negro, sombrero, y botas negras (al que identifican en noviembre de 1940 como Ernesto de Paz Guisasola). Al siguiente día 16, a las once de la mañana en El Val, a la altura del kilómetro 318, dos desconocidos, de unos 45 años el uno, vistiendo traje de corte azul y zapatos negros, y el otro, que viste chaqueta de gabardina negra, pantalón de tela rayada, y alpargatas color café, de unos 30 años, sepultados ambos en el cementerio de Castrillo y que, “aparecidos en la cuneta y encontrados por las gentes cuando se dirigían a Astorga”, resultarían ser los bercianos José Villar Sobrín y Agustín Alonso Jambrina, maestro de la cría del gusano de seda en San Román de Bembibre. Pasada una semana, de nuevo en el punto kilométrico 320, término de Cuevas, era hallado a las ocho de la mañana el cadáver de un desconocido joven de unos 20 años, que vestía pantalón de corte color chocolate y alpargatas blancas y que se enterraba en el cementerio de aquella pedanía del municipio de Valderrey, al igual que ya se hiciera con los tres primeros que se hallaron.

Los trajes de los infelices asesinados a la vista del vetusto puente de Valimbre sobre el río Turienzo (“que no eran de hombres de campo; más bien parecían de personas significadas”) se guardaron durante muchos años en un trastero de la iglesia de Castrillo, junto a las andas de los pasos y los santos, para ayudar a identificarlos por si por allí pasaban sus familiares, y tal vez sirvieran para ponerles nombre luego a alguno de ellos, aunque no se consiguiera hacerlo con el primero y el último.

La filiación del paseado el 23 de septiembre de 1936 no vino a desvelarse hasta hace menos de dos años, y se logró por el empeño de Miguel Ángel Núñez Martínez en conocer el destino de su tío político Toribio Alfayate González, nacido en Santa Colomba de la Vega en junio de 1910 y maestro de 26 años, soltero, por entonces en Posada de Valdeón: él fue el último de aquella inmisericorde sucesión de ajusticiados. Formado en la Escuela Normal del Magisterio Primario de León en los cursos de 1930 a 1934, era nombrado a la mitad de febrero de 1935 maestro nacional interino para la escuela de niños de aquella villa (solicitaba en abril el mismo desempeño en cualquiera de la provincia), hospedándose en una pensión en Los Llanos, y de allí salía a la mitad de julio de aquel año para pasar con su familia sus vacaciones de verano, al igual que haría al año siguiente, 1936, pero participando este en León como maestro cursillista en los agitados y al final interrumpidos Cursillos del Magisterio Nacional, y seguramente en algunas de las movilizaciones, protestas, huelga y altercados que en ellos se vivieron, tornando después de aquellas fechas a la casa familiar en Santa Colomba para ayudar a sus padres labradores y sus otros cinco hermanos en las labores veraniegas.

Y en ello anduvo hasta que en la noche del 23 de septiembre fue sacado de casa por la Guardia Civil. Estaba acostado. Podía haber huido por la huerta trasera, pero no lo hizo (confiado, como tantos, en que nada anómalo había hecho ni había causado ningún mal, dice muchos años más tarde su primo José Alfayate García, también después maestro), y sin pasar por la cárcel ni por ningún otro lugar de reclusión de La Bañeza sería directamente conducido por la carretera Madrid-Coruña hasta el lugar de su martirio, seguido el vehículo que lo transportaba junto con sus matadores por Ángel, el mayor de sus hermanos, y por un tal Jacinto. En el kilómetro 320 era asesinado de varios disparos por el guardia civil Olegario Ferrero Barrio, y el oír las detonaciones en el pueblo de Cuevas era señal de que algunos de sus vecinos habrían de ir en la mañana a recoger de la cuneta los cuerpos de los infortunados. Así hizo con el de Toribio el presidente de la Junta vecinal, Anselmo, quien en un carro de bueyes lo trasladó al cementerio, en el fondo del cual lo enterraron después de desnudarlo de sus ropas y envolverlo en una sábana (como a los ejecutados anteriores; en el dobladillo de los pantalones aún tenía paja de las faenas de la era).

El maestro Toribio Alfayate González.

Según la versión de otra fuente familiar, Toribio Alfayate habría sido apresado brevemente en el Depósito Municipal bañezano tras su detención por la Guardia Civil, y de allí lo sacaría al alba el lumpen de origen portugués Irineo de Jesús Pereira “el Portu”, que se había hecho de Falange, para asesinarlo porque codiciaba apropiarse de la bicicleta nueva en la que el maestro se movía, un relato que resulta menos creíble si lo es el asentamiento de la defunción del portugués en el Registro Civil de La Bañeza el 19 de septiembre de 1936, tras haber sido muerto el día antes (también por militares y por actuar represivamente por su cuenta asesinando a un republicano de La Bañeza que, para evitar las represalias se había alistado en la Legión). Tras el paseo del maestro, algunos vecinos de Santa Colomba de la Vega habrían bloqueado con grandes piedras la desviación al pueblo desde la carretera de Madrid a La Coruña, tratando de evitar que en otros vehículos se sacara de su hogar a más personas.

Quienes sí parece que tuvieran algo que ver en el asesinato de Toribio fueron el viejo cacique del valle de Valdeón, Daniel Abascal González “el Pasiego”, jerarca de Falange en la zona y alcalde del municipio ejerciente desde Riaño todo el tiempo que hasta el 3 de septiembre de 1937 Posada de Valdeón fue republicano, y su denuncia del joven enseñante y lo que desde allí informara sobre él, con el que habían tenido al parecer enfrentamientos a cuenta de la aplicación de las vigentes disposiciones sobre laicidad en la escuela los dos párrocos que por el pueblo pasaron mientras él ejercía de maestro, don Fabio García y don Pedro Riaño Canal. Así, por la intervención del alcalde de Posada llegaría la orden de eliminar al docente, sin que nada hiciera o pudiera hacer para evitarlo Gonzalo García Montiel, desde aquel mes de septiembre de 1936 alcalde de Soto de la Vega, y sin que se opusiera el párroco de su propio pueblo, don Bienvenido Arias Pérez, cura de pistola al cinto y entusiasta de Falange.

Tomado de mi libro en preparación Cuando se rompió el mundo. El asalto a la República en León y sus tierras, próximo a publicarse en Ediciones del Lobo Sapiens. León. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El sindicalismo católico y la Federación de Astorga

Publicado por Ibañeza.es el 11/02/2019 7:05 Comentarios desactivados

Al final del siglo XIX se había ido produciendo también en nuestra tierra un asociacionismo obrero en torno e influido por la Iglesia, que ya en 1891 pretendía intervenir en la “cuestión social” a través de la encíclica Rerum Novarum de León XIII, y así fueron surgiendo: en 1893 una Congregación de Obreros Cristianos en León; en Astorga, en 1901 y para su socorro, un Círculo Católico de Obreros, y otro en Sahagún en junio de 1908, y entre 1911 y 1912 en Villarejo de Órbigo un Sindicato Agrícola Católico, además de diversos sindicatos católicos de mineros en las poblaciones de las cuencas hulleras leonesas. Ya en 1904 en algún documento socialista se decía: “…apenas forman una Sociedad los compañeros, cuando los patronos, ayudados por los alcaldes, los jueces y los curas, constituyen un Círculo Católico para dar con ella en tierra…”.

El 18 de junio de 1909 se constituyó en La Bañeza la Sociedad de Labradores, para la defensa de los intereses agrícolas de sus asociados, seguramente a raíz de la promulgación en 1906 de la Ley de sindicatos agrícolas y de su Reglamento de 1908, unas disposiciones que permitían la asociación de campesinos en sindicatos, cámaras agrarias o comunidades para la adquisición de herramientas, máquinas, tierras, animales o productos, pero no para la reivindicación de sus derechos.

A principios de 1917 se consolida el viejo asociacionismo confesional con el establecimiento sobre el mapa diocesano de Castilla la Vieja y León de la Confederación Nacional Católica Agraria, cuya peculiar interpretación de las relaciones laborales la convierten en la herramienta definitiva del control patronal, además del más idóneo garante contrarrevolucionario. En 1928 depende de aquella Confederación la Unión Católica Agraria Castellano-Leonesa, con sede en Valladolid, y a ella pertenecen las federaciones de León y Astorga (que cuentan al inicio del periodo republicano con 83 y 94 sindicatos), a las cuales se hallan adheridos, entre otros muchos, los de Castrotierra, Fresno de la Vega, Izagre, Valdemorilla, Villarroañe, Villabraz, Villamañán, Villademor de la Vega, a la Federación Católica de León; y Alija de los Melones, Audanzas del Valle, Benavides, Bustillo del Páramo, Castrocalbón, Congosto, Herreros de Jamuz, Huerga de Garaballes, Laguna Dalga, Laguna de Negrillos, Mansilla del Páramo, Navianos, Nistal, Posadilla, Priaranza de la Valduerna, Requejo, Riego de la Vega, Robledo de la Valduerna, San Cristóbal de la Polantera, San Justo y San Román de la Vega, San Román el Antiguo, Santibañez de la Isla, Toral de Fondo, Valdesandinas, Valdefuentes del Páramo, Veguellina, Villamor, Villarejo, Villoria de Órbigo, y las dos sociedades de agricultores de La Bañeza, a la Federación Católica de Astorga. Precisamente las contradicciones entre la teoría y la práctica de los sindicatos confesionales y los Círculos Católicos de Obreros llevarían a uno de sus clérigos activistas e impulsores, el candidato cunero en la provincia leonesa por Izquierda Republicana en las elecciones de febrero de 1936, Luís López-Dóriga Messeguer, a involucrarse después en los de orientación socialista.

Desde las federaciones confesionales se había hecho reciente propaganda para la constitución de la Confederación Sindical Hidrográfica del Duero y de la Sección de la Liga de Mujeres Campesinas en enero de 1928, amparada por el obispo y relacionada con la derecha clerical, con la que también tendría algo que ver la Sección de Señoras de las Conferencias de San Vicente de Paul que al menos a finales de 1929 está implantada en La Bañeza, donde al igual que en toda la provincia el sindicalismo dominante hasta la caída de la dictadura primorriverista había sido de inspiración católica

Celebraba el 10 de marzo de 1933 su asamblea anual la Federación Católica Agraria Leonesa (se manifestaba contra el proyecto de Ley de congregaciones religiosas, que entonces se debatía, noticiaba El Adelanto), a la que asistieron 53 representaciones de sindicatos federados, con el balance de haber fundado 35 asociaciones de propietarios, 23 de arrendatarios y 26 de obreros. Acabando el año existían en la provincia leonesa 445 sindicatos agrícolas, con 13.814 asociados, de los que 86 entidades y 5.852 sindicados correspondían a la Federación de León, mucho más nutrida entonces que la de Astorga, en un tiempo en el que la provincia leonesa superaba con mucho a las demás en el número de los sindicatos agrícolas formados, aunque fueran diminutos y de escasos afiliados.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

La carga, de Ramón Casas (1900). Museo de Olot.


Leonesismo desde la emigración (El Centro Región Leonesa y otros)

Publicado por Ibañeza.es el 28/01/2019 8:02 Comentarios desactivados

Según los datos del Instituto Geográfico y Estadístico, unos cien mil leoneses emigraron a América entre 1885 y 1915 (tan solo el 10 de noviembre de 1907 salieron de la estación de Astorga 600 emigrantes hacia los puertos de Vigo y La Coruña); fueron Cuba y Argentina sus principales destinos, y muchos pueblos quedaron semivacíos, como Destriana, que entre 1904 y 1905 perdió más de cien habitantes. En cuanto al país austral, en diciembre de 1922 en la revista leonesa Renacimiento se señala la existencia en Buenos Aires del gran Centro Región Leonesa, sociedad recreativa, de apoyo mutuo y cultural en el que figuran la mayoría de los numerosos paisanos que allí residen.

En nuestra tierra la emigración venía ya de lejos: El monárquico bañezano Juan Fernández de Mata había escrito el 23 de septiembre de 1893 en La Provincia: “Infinidad de hombres y mozos de los pueblos, principalmente montañeses, hanse embarcado en La Coruña en uno de los vapores para La Habana y Buenos Aires. La emigración a las Américas es cada día más numerosa, no obstante las penurias y contratiempos a que se exponen quienes abandonan la madre patria, signo evidente del malestar cada vez mayor que se advierte en ésta”. En torno a 1880 había ya asentados en lugares de Cuba y Puerto Rico emigrados parameses, como Joaquín Rodríguez Francisco (guardia civil en 1868 y dependiente de comercio por tres años), propietario en Utuado, en el segundo país, de la finca Vista Alegre y fundador de la primera tienda del barrio, y su sobrino Agustín Rodríguez Mata, de 21 años y quinto entonces reclamado, naturales ambos de Santa María del Páramo, desde donde César Santos Tagarro clamará el 8 de enero de 1913 en La Correspondencia de España contra “el hambre y la miseria de las que están ahítos sus paisanos, a los que les falta el pan que han de ir a buscar a América, emigrando para no volver jamás mientras el país se despuebla”.

Por lo que hace al leonesismo (con tan amplio y variado recorrido histórico como para que ya en tiempos de la Primera República llegara a su Asamblea Constituyente en agosto de 1873 desde la comisión de la Diputación provincial de León -integrada por el secretario y cinco diputados, todos monárquicos- y apoyada por el ayuntamiento de La Bañeza y otros como los de Valencia de Don Juan y Riaño una petición de modificación del proyecto de Constitución federal de un mes antes que permitiera a la provincia formar un Estado propio dentro de la República Federal Española), surgía en 1934 el Grupo pro León, y en el mismo año la institución regionalista el Orfeón Leonés (la masa coral más antigua de España, creada en 1888 –o en 1886, según otros, con la inauguración del Círculo de Obreros Católicos-) estrenaba el Himno a León, con letra de José Pinto Maestro (su presidente, y director del diario conservador La Mañana) y música del bañezano Odón Alonso González (el director), y con motivo de la solemne celebración del quinto centenario de la gesta del Paso Honroso (para la que la comisión presidida por Mariano Domínguez Berrueta solicitó la contribución de los ayuntamientos, aportando el de La Bañeza 100 pesetas), al tiempo que se inauguraba el 22 de julio la Biblioteca Regional Leonesa, dependiente de la Diputación, a cuya Comisión Gestora propone desde El Diario de León José Marcos de Segovia (que firma Salvador Ferreras Mansilla) que se interese por adquirir para la neonata biblioteca las obras y un retrato del bañezano prócer nacional Padre Juan de Ferreras y García, teólogo y poeta, historiador y Bibliotecario Mayor de la Academia Española que con el marqués de Villena fundara en 1713, que se sumarían en tal caso a los Apuntes para la historia del Partido Judicial de La Bañeza, de Manuel Fernández y Fernández Núñez, que él mismo acababa de donar.

De la Revista Mensual del Centro Región Leonesa. Buenos Aires. Año I. Nº 5. Junio y Julio de 1919.

El mismo autor bañezano daba el 1 de abril de aquel año en los nuevos y recién inaugurados locales capitalinos del Orfeón una conferencia muy aplaudida sobre el tema “Estampas Leonesas”, excitando en ella a la unión para defender los Fueros leoneses, declarándose contrario al centralismo, y manifestando que “debemos ir a Madrid no a rogar sino a imponer nuestros derechos”. Dos días después Luís Corral y Fue abunda desde El Diario de León en proponer la creación de un Centro Leonés de Estudios Económicos.

El leonesismo del que aquellos acontecimientos eran muestra se acrecentaba asimismo por entonces en América, donde en el mes de julio de 1934, también coincidiendo con la conmemoración de las proezas del Paso Honroso, se inaugura en el Centro Leonés de La Habana la Biblioteca Leonesa (de autores leoneses y asuntos de León) reunida desde 1927 por la Comisión de Intereses Morales y Materiales que entonces se creaba merced a donaciones particulares y a la hecha por la Diputación, a cuya formación había también contribuido el contramaestre de la armada cubana y maragato Toribio Fernández, y aquí, con el comienzo de las fiestas de conmemoración de las hazañas del caballero Suero de Quiñones (un brillante acto de afirmación del ideal leonesista), se proclama que “hay que emprender una cruzada para rescatar los tesoros leoneses que están fuera de las tierras de León, como la documentación llevada de San Marcos (con manuscritos de Quevedo) que aún se halla en el Archivo Histórico Nacional sin abrir ni catalogar”.

En el número extraordinario de septiembre de aquel año 1934 de la revista León del Centro Región Leonesa de Buenos Aires se incluían sendas colaboraciones de los bañezanos Nicolás Benavides Moro (uno de los citados como regionalista leonés por el sociólogo Díez Llamas) y Manuel F. y Fernández Núñez, una publicación de aquella entidad “de ayuda mutua, recreo e instrucción” creada en julio de 1916 que vería la luz en febrero de 1919 y desde la que la asociación de leoneses (entre los que abundan los maragatos) enviaba entonces “a la madre España su más ferviente adhesión en estos momentos de incertidumbre amarga, ocasionada por ingratitudes reprobables”.

(A algunos de los números publicados entre febrero de 1919 y mayo de 1925 se puede acceder en Internet desde la Biblioteca Digital de Castilla y León, en el enlace http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=18430).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Altercados por el empleo (y otros sucesos) al inicio de 1934

Publicado por IBAÑEZA.ES el 14/01/2019 8:03 Comentarios desactivados

En la ribera del Órbigo al comienzo de 1934, ante el rigor de la estación climatológica (en la Azucarera de Veguellina continuaba la suspensión por la falta de remolacha al no poder arrancarla por los hielos), se preveía el próximo paro forzoso de los obreros agrícolas y de la construcción, lo que se evitaría con la pronta realización del trozo de la carretera de Valcabado a Combarros que desde el año 1923 está para subasta y que cruzará por el centro de la Cepeda (una de las comarcas provinciales con mayor necesidad de vías), activada ahora por la buena voluntad de los técnicos, dice el corresponsal en la zona de El Diario de León. El desempleo seguía siendo un problema omnipresente, también en la capital de la provincia, donde el Ayuntamiento tiene abierta hace ya tiempo una suscripción popular pro parados, y los responsables del sindicato confesional La Coalición se quejan ahora en “Carta al Director” de no poder participar de lo recaudado “por impedírselo los obreros marxistas y sus asociaciones”, por lo que piden la colaboración del periódico para que “el dinero de los católicos no sirva para dar armas a los enemigos de la familia, la propiedad y el orden”, insistiendo unos días después en denunciar que “hay una comisión que gestiona la bolsa de trabajo y que no lo concede si no se trata de obreros afiliados a la UGT o a la CNT”.

Una situación que al parecer se dio con frecuencia en bastantes lugares, y que daría ocasión a que, por ejemplo, en las Bases de Trabajo rural de la provincia de León para el año 1934 se faculte al presidente del Jurado Mixto “para imponer al patrono que seleccione obreros por razón de ideas políticas o tendencias sindicales, que haya de colocarlos por riguroso orden de inscripción en las oficinas de colocación y registros locales”, y que ayuda a entender el trasfondo de verdad de la socorrida excusa de tantos obreros represaliados después de julio de 1936 de “haberse visto obligados a sindicarse para poder trabajar”, afiliación obligatoria que fue una estrategia de las izquierdas en su intento de controlar el mercado de trabajo, un bien escaso por el que se daba una dura competencia, con la que desde la proclamación de la República los diferentes sindicatos (también los de derechas y católicos) trataron de impedir la contratación de trabajadores no afiliados, pretendiendo anular la capacidad coercitiva de los patronos en las relaciones laborales y trasladar la influencia política sobre los trabajadores de los oferentes de empleo (siempre más inclinados a las derechas) a sus gerentes, sindicatos y agrupaciones campesinas y de oficios varios. A la necesaria afiliación para obtener trabajo se refieren ampliamente los testimonios recogidos en León y Palencia por González de Prado.

Aquellos conflictos derivaban a veces en violencias, como cuando el 30 de julio de aquel año en las obras de la Azucarera de León un delegado socialista de la Casa del Pueblo, Felipe Fernández Villanueva, hería gravemente a un obrero que se negaba a cotizar y se le enfrenta ante la exigencia del pago de la cuota semanal y las amenazas de que nadie podría trabajar sin estar al corriente de su pago, o en huelgas (a veces ilegales) como la que el 28 de febrero había paralizado la rotativa de ABC por encontrarse trabajando en ella un obrero que no pertenecía a la Casa del Pueblo madrileña.

Sobrepasada la mitad de enero presentaba la CEDA en el Parlamento su propuesta contra el paro, que contemplaba la creación de un fondo de crisis con aportaciones del Estado, los ayuntamientos y las diputaciones, el fomento de obras públicas, y el seguro obligatorio contra el desempleo (según el ministerio de Trabajo, al terminar 1933 había en España 618. 947 asalariados sin ocupación), y en Astorga una manifestación de obreros en paro se dirigía al Ayuntamiento para entrevistarse con el alcalde en demanda de empleo, una situación que estallará cuando el día 23 por la mañana se reúnan los elementos patronales para tratar  de solucionar el desempleo en la ciudad y se intente en el Consistorio la distribución de trabajo, pretendiendo emplear a un parado de cada familia, a lo que se opusieron los obreros (elementos levantiscos, dirigidos por la Casa del Pueblo, según el semanario católico bañezano El Adelanto), que recorrieron las calles rompiendo lunas, impidiendo que los autos de línea descargasen las mercancías que llevaban, y obligando a cerrar el comercio, con el consiguiente perjuicio por ser día de mercado, aunque siguió realizándose en la parte destinada al ganado vacuno, pues cuando los agitadores llegaron allí se les enfrentaron los ganaderos con palos y aguijadas haciéndoles huir. Ante la falta de autoridad del alcalde socialista (que “brilló por su ausencia”) frente a los disturbios promovidos por los obreros parados (contaba El Diario de León) la Cámara de Comercio contactó con el gobernador civil, que envió desde la capital a un primer grupo de Guardias de Asalto. Cuando al medio día llegaron otros más fueron ovacionados, reduciendo a los revoltosos, pacificando los ánimos, y restableciendo el orden de inmediato, deteniéndose a Alejandro Pereira por intento de agresión al teniente de Seguridad señor Izquierdo. El día 24 se hallarían armas (dos revólveres, una pistola y una navaja barbera) en Celada de la Vega, en la taberna de Jesús González, por la Guardia Civil, que practicó un cacheo con ocasión de encontrarse allí de vigilancia por la celebración de las ferias de San Vicente.

A las protestas por la falta de trabajo se unían aquellos días las motivadas por la subida del precio del pan, contra la que lo hacían los obreros de la Casa del Pueblo de León en un oficio remitido a la alcaldía. En La Bañeza, en la sesión municipal del 31 de enero proponía el concejal socialista Porfirio González Manjarín que la Corporación se dirija al ministro de Agricultura protestando por tal subida que perjudica a todo el vecindario, y que una comisión municipal de abastos regule este precio y el de la carne y las patatas (que es muy elevado), y señalaba que (al contrario de lo que ahora sucedía) los ayuntamientos monárquicos no permitían la compra a los acaparadores hasta que no se abastecía el vecindario (lo que es corroborado por el concejal Liberto Díez Pardo, que ya lo fue en aquellos tiempos), y que durante la dictadura algún tiempo se vendieron patatas por los almacenistas bañezanos a precio reducido. Aumentaban además ahora las tarifas ferroviarias, aunque se desecha el 21 de marzo en votación la propuesta del concejal Narciso Asensio Asensio (también de la minoría socialista) de que protestara por ello el Ayuntamiento bañezano.

También se sumaban las de los escolares de la FUE, que declaran la huelga de 48 horas  por haberse clausurado el centro de Zaragoza como consecuencia de la participación de algunos de sus miembros en el atentado contra el estudiante Manuel Baselga (del SEU), cuya convocatoria llegaría también hasta la capital leonesa, donde, aunque la Federación de Estudiantes Católicos (FEC) se declaró ajena a la huelga y recomienda a sus afiliados que continúen asistiendo a las clases y así lo haya hecho la mayoría de los alumnos el día 24, a la salida se promovieron algunos incidentes al ser increpados por los huelguistas, y se dirá el 26 estar cerrados la Escuela Pericial, el Instituto y la Normal. En la Universidad de Madrid se daban por segunda vez el 12 de febrero choques violentos entre estudiantes fascistas y de izquierdas.

Se iban desgranando en nuestra tierra también otros sucesos: en los almacenes de cereales del bañezano Teodoro Santos, en la carretera de Jiménez, robaban 40 sacos de alubias seleccionadas y una máquina de escribir el día 20 de enero por la noche, todo valorado en 5.700 pesetas. Cuando la Guardia Civil investigaba el robo en Benavente y en Zamora se avisó de haber sido detenidos en San Rafael (Guadalajara) unos ocho individuos en una camioneta con los sacos robados. Fueron reclamados por el juzgado bañezano, y se creía en un principio que los malhechores tuvieran cómplices aquí, lo que resultó no ser así cuando se trasladó a cinco de aquellos sujetos (los apodados: Picardias, Sereno, Bonillo, Cubano, y Pelines; los otros tres se hallaban detenidos en Madrid), que culparon de la organización de la banda de espadistas a la que pertenecen al de alias Juanito. Todos ellos estaban también complicados en el robo de diez cerdos en Almodovar del Valle, y uno había cumplido condena en el Penal de Burgos. Los efectos robados le fueron entregados a su dueño.

A dos de aquellos maleantes (el apodado el Moreno, de Salamanca, y otro) no debió de resultarles muy confortable la destartalada cárcel bañezana, pues acabando enero se fugaban por el expeditivo método de hacer un hueco en el tabique que dividía sus celdas y, quitando ladrillos de otras paredes, llegar al patio de ronda, donde clavaron en la pared del muro exterior algunas piezas arrancadas de las marcaciones de las puertas y treparon hasta sobrepasarlo, alcanzando desde allí la libertad. El 25 de abril estarían a punto de fugarse otros dos presos de aquel Depósito, detenidos por robo y a disposición del juzgado de Zamora, sin que lo lograran al alertar de la evasión otro penado con sus voces a los transeúntes de la calle cuando los fuguistas habían roto ya un buen trozo de pared, debajo de la ventana, con un hierro del que se habían proveído, evitando su fuga la intervención de los serenos y otras gentes.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La Izquierda Revolucionaria y Antiimperialista leonesa en 1931

Publicado por Ibañeza.es el 31/12/2018 8:07 Comentarios desactivados

El 23 de octubre de 1931 participaban en un mitin en León Victoria Kent, Gordón Ordás y Claudio Sánchez Albornoz. Asistió mucha gente y otra mucha hubo de quedar fuera del Teatro Alfageme. Se colocaron altavoces en los cafés Novelty y Central y en las entradas del teatro. Los oradores fueron silbados al llegar, y hubo interrupciones al grito de “nos habéis engañado”, que “bien podían ser de católicos como de comunistas”. Así lo contaba El Diario de León, y ciertamente no eran solo los conservadores leoneses quienes se sentían burlados en las expectativas depositadas en el régimen del 14 de abril:

Desde mitad de junio por lo menos había en León presencia del partido Izquierda Revolucionaria y Antiimperialista (IRYA), fundado poco antes por Irene Falcón con algunos otros escindidos del PSOE, y cuyo objetivo era “la conquista de la Revolución y llevar a cabo la destrucción total de los elementos reaccionarios que de manera solapada van tomando posiciones ventajosas dentro de la República”. Propagaba un boletín semanal cuyo número 6 salía el 2 de agosto (el 20 de junio había aparecido el número 2, impreso como todos en Gráfica Leonesa: Capitán Galán, 44), y en él, bajo el título de “Silencio…: culpabilidad”, se vuelven a ocupar (ya lo habían hecho en el número 3) del abandono y el olvido en que el Comité Republicano y la Juventud Republicana de la capital han dejado a José García Escudero, el joven herido en Veguellina “por arbitrario disparo de los civiles con ocasión de un mitin allí pronunciado pocos días antes de proclamarse la República”, y lo hacen “recordando sus promesas a quienes para encumbrarse se valieron de todo y de todo se han olvidado”, incluido “que quedó inútil un hombre y no se le presta la ayuda prometida, traicionando al ciudadano que exteriorizó el anhelo popular de entonces en un viva que le costó la inutilidad de un brazo”.

También reprochan a nuestros diputados “que borreguean en el Congreso y que se divierten aplaudiendo las majezas de Maurita”, no haber cumplido con el deber de hacer que se traslade de Veguellina al guardia civil que hirió al compañero, y “que estén aún sin liquidar al doctor Hurtado los gastos de curación de quien generosamente les ayudó a… conquistar la tajada de mangoneo, cuya factura sin abonar sigue en poder de Octavio Canseco, depositario que era entonces del dinero recaudado para presos y expatriados políticos”. Tampoco se supo más, pregona el boletín, de la suscripción abierta por la Juventud Republicana a favor de su afiliado, ni de la lista que La Democracia publicó el 29 de abril, ni se entregó al interesado la cantidad recaudada. Censuran la conducta de estos republicanos que están dando lugar a que el médico haya de acudir a los tribunales para cobrar sus honorarios, aunque a los redentores, dicen, nada les importaría ver en el banquillo a quien calificaron de “mártir de Veguellina.

(Trasladándonos a los antecedentes de lo que desde el boletín se recrimina, en medio de la agitada vida nacional de los primeros meses de 1931 se había producido el 10 de marzo en Veguellina la detención por la Benemérita de 22 personas que se encontraban clandestinamente reunidas, a las que se ocuparon documentos y se condujo a Astorga, hecho notoriamente protestado desde el periódico republicano y socialista La Democracia, se noticiaba entonces en El Diario de León, católico y regional, y casi un mes más tarde, el día 5 de abril, “habían estado en La Bañeza propagandistas republicanos y socialistas desplazados desde León, y a su regreso, por la tarde, se detuvieron en Veguellina para leer ante el vecindario una proclama electoral en la que se alteró el orden y se profirieron gritos subversivos seguidos del intento de la Guardia Civil de disolver la concentración y del uso de sus armas ante la negativa del público a hacerlo y el disparo contra ella que, surgido de entre los concentrados, atravesó el tricornio de uno de los números. De la descarga con la que respondió la Benemérita resultó herido por un balazo que le atravesó el pulmón izquierdo el joven de 23 años José García Escudero, de la Juventud Republicana Leonesa -creada a primeros de agosto de 1930-, al que se trasladó al Sanatorio del doctor Hurtado. Al conocerse la noticia en la capital, se formaron grupos que lanzaron consignas subversivas y que fueron disueltos fácilmente”. Así narraba lo sucedido El Diario de León al día siguiente. En la noche del día 6 fueron detenidos por aquellos hechos y conducidos a la prisión provincial acusados de agresión a fuerza armada los vecinos Francisco y Manuel Luengo Seco, Arcadio y Gerardo Corujo Costales, Antonio Peña Gallego, y José María Rodríguez Montero. El 11 de marzo habría habido en el mismo lugar “22 detenidos en un acto electoral que intentó reproducir la sublevación de Jaca”, un hecho que seguramente alguna fuente confunde con el antes narrado, y del que no hallamos otra noticia ni referencia hemerográfica alguna).

Ya habían antes reprobado desde la publicación “a los acróbatas republicano-socialistas locales que defienden su tajada electoral sin contar con el pueblo, que no tiene un problema político, sino un anhelo social”, y titulando “Sangre obrera” imputan al Gobierno tener las manos sucias y tintas en ella de trabajadores de Pasajes, de Málaga, Sevilla,… muertos por la Guardia Civil (¿aún y hasta cuándo se mantiene a la Benemérita, bastante después de la proclamación de la República?, preguntan), y le encaran el diferente trato dado a los enemigos de la patria, responsables –y aún no responsabilizados- de las calamidades y desastres desencadenados sobre el sufrido pueblo, y el dispensado a la gran masa obrera que votó a la República y barrió a sus enemigos, y haber inaugurado trágicamente sus gestiones ametrallando a los proletarios y prometiéndoles todavía más metralla de “sus” guardias civiles y “su” Guardia de Asalto, para rematar afirmando que “una República así no la queremos los obreros. Ni a tales republicanos. Así solo pueden quererla sus enemigos: el reaccionarismo, el caciquismo, el clericalismo”, y señalando a los señores ministros socialistas que “el régimen que quiere el pueblo es el mismo del que vosotros habéis renegado”, estadistas de aluvión que tan solo pretenden cambiar los signos pero sin remover los fundamentos sociales y muro de contención frente a quienes, como ellos y otros (los afiliados a la CNT y la FAI), aspiran a su derribo y a la reedificación de una nueva República efectivamente “de trabajadores de todas clases”.

Aquella radical y contestataria formación (que se disolvería en 1932, cuando se integre, junto con el Partido Social Revolucionario, en el minoritario Partido Comunista de España), cuyo comité local se hallaba en la calle Serradores, 8 de León, ya se había despachado en su segundo boletín (en el que como en los restantes llama a los trabajadores leoneses a adherirse –en agosto su sede ya ha cambiado a la calle San Francisco, 15- y a leer Nosotros, la revista afín a sus postulados creada en 1930) contra las tres fracciones republicanas en litigio, las de la conjunción republicano-socialista y los “juníperos” de la derecha liberal republicana, “cínicos partícipes en la farsa electoral (estaban convocadas para  el 28 de junio elecciones a Cortes constituyentes) enzarzados en su pugilato de ambiciones”, a los que promete hacer saber pronto “lo terrible que es la justicia del pueblo para los farsantes que piensan escarnecerle y engañarle impunemente”.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

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