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In Memoriam, doña Gloria Begué Cantón, bañezana

Publicado por IBAÑEZA.ES el 13/08/2018 9:27 Comentar

El 27 de diciembre de 2016 fallecía en su casa madrileña doña Gloria Begué Cantón, nacida en La Bañeza el 23 de enero de 1931. Era una de los cuatro hijos del matrimonio formado por el natural de Bujalance (Córdoba) Juan María Begué Arjona, estudiante en los Agustinos de El Escorial, precoz Registrador de la Propiedad a los 23 años, destinado en La Bañeza desde el inicio de los años 20 hasta finales de 1934, y la bañezana Olimpia Cantón Blanco, hija de Bernardo Cantón Cisneros y hermana de Bernardo Cantón Blanco (sucesivos propietarios padre e hijo de la empresa de alumbrado La Electra Bañezana). Hermanos de doña Gloria eran Olimpia (finada en Madrid el 29 de enero de 1998, también eminente constitucionalista), María Luisa (Química) y Juan María Begué Cantón.

Los extraordinarios y abundantes méritos profesionales que a lo largo de su vida fue cosechando doña Gloria Begué han sido reseñados y reconocidos desde diversos ámbitos, sobre todo con ocasión de su fallecimiento. Fueron algunos de ellos los siguientes:

Destacó desde adolescente, y fue la primera alumna en ser Premio Extraordinario de Bachillerato, convirtiendo su biografía desde entonces en una sucesión de “carreras ganadas”: Compatibilizó los estudios superiores de Derecho y Ciencias Económicas en la Universidad Complutense de Madrid obteniendo la licenciatura de ambas carreras y el Doctorado en Derecho. Posteriormente se trasladó al Departamento de Economía de la Universidad de Chicago donde de 1958 a 1961 realizó estudios de doctorado. En 1963 de regreso a España obtuvo por oposición la plaza de profesora adjunta de Economía Política de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y fue adjunta de Teoría económica en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas (la primera mujer que lo era en España). Fue catedrática de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Salamanca. Ganó la oposición en 1964 y se convirtió en la primera mujer catedrática de una facultad de derecho –también la primera en ser decana- y la cuarta que conseguía una Cátedra en España. En 1977 fue nombrada senadora por Designación Real (de nuevo la primera) en la Legislatura Constituyente y en 1980, a propuesta del Senado, Magistrada del Tribunal Constitucional (la primera también), institución de la que fue Vicepresidenta desde 1986 hasta 1989. Toda una larga serie de logros que harían de la ilustre y distinguida bañezana una pionera y la primera en romper el “techo de cristal” de las mujeres.

Tales merecimientos, y otros más, fueron puestos de manifiesto en las fechas de su fallecimiento por El Adelanto Bañezano, y pocos días más tarde, señalándolos también, relataba José Cruz Cabo en La Bañeza Hoy como aquella mujer que había llegado “a lo más alto de la ciencia y la política”, aquella insigne bañezana, se había negado amablemente cuando él quiso hacerle una entrevista, pues “de La Bañeza no quería saber nada, ya que solo tenía recuerdos dolorosos, al haberle matado a su padre al comienzo de la guerra civil”, al igual que se negara a que le dedicasen una calle y la homenajearan conforme a sus amplias cualidades y su mucha valía, y creo que ya toca, con respecto a tales afirmaciones, introducir algunos matices aclaratorios:

Doña Gloria Begué Cantón en el Senado 27 años después. Enero 2006.

Fue el Registrador Juan María Begué uno de los once bañezanos paseados en Izagre en la madrugada del 10 de octubre de 1936, en su caso por sus afinidades y colaboraciones con los socialistas bañezanos (a los que tal vez se acercara por la influencia de su cuñado Bernardo Cantón, primer director del semanario Avance a su creación en 1932), y el mayúsculo y persistente dolor causado en doña Gloria por el injusto asesinato de su padre está desde luego más que justificado. Resultan también entendibles las viscerales –y por ello irracionales- reacciones de rechazo, sobre todo en los más cercanos allegados a las inmerecidas víctimas, a los lugares que fueron el escenario de tan tremendas desgracias personales y familiares, asociados con tan amargos y penosos recuerdos, rechazo que (como ya apuntaba en mi libro del año 2010 La Bañeza 1936. La Vorágine de julio) es muchas veces injusto con la localidad objeto del mismo, a la que se hace genérica y totalmente responsable, y especialmente con sus actuales pobladores, y su extendida y arraigada perdurabilidad entre personas de las más variadas condiciones y capacitaciones intelectuales (incluida la excepcional de doña Gloria) no hace sino mostrarnos aún hoy lo profundo y duradero de la huella que la represión franquista trazó, directa o indirectamente, en tantas mentes, corazones y conciencias de quienes la padecieron.

A mediados de octubre del año 2008 tuve en varias ocasiones el honor de hablar personalmente por teléfono con doña Gloria, “largo y tendido”, y entre otras cosas, de aquel rechazo suyo a La Bañeza, y de lo injusto que resultaba, en especial para tantos bañezanos y bañezanas que como ella fueron víctimas directas o cercanas de aquella represión, y sus descendientes, injusticia y contradicción de la que era consciente (me decía), pero que no podía remediar, pues “el sentimiento pesaba más que la razón”.

Pero tampoco sentía doña Gloria un rechazo “universal” por La Bañeza y todo lo que ella representara, y ya había dejado claro su voluntad y su capacidad de discriminar entre la ciudad “oficial” y algunos bañezanos en los días del inicio de septiembre de aquel mismo año, cuando solicitando desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) por teléfono su ayuda para localizar en Izagre la fosa común en la que terminaron su padre y los demás compañeros de martirio, para exhumar sus restos y entregarlos a sus descendientes que los reclamaban, se desvivió por ayudar a que las restantes familias de los asesinados pudieran también rescatarlos de la fosa, al igual que ya había podido hacer con los de su padre la suya en los años cincuenta. De hecho, sirvió de mucho su decidida colaboración para el hallazgo de “la fosa de los bañezanos” y la exitosa recuperación de los restos que en ella se encontraban.

Vital fue también después la ayuda de doña Gloria para esclarecer importantes detalles relativos a cuántos y quiénes habían sido asesinados con su progenitor al alba de la aciaga fecha, así como algunas de las circunstancias concurrentes, conocidas gracias a los datos e informaciones de primera mano que en las charlas de aquel otoño de 2008 ella me aportara por teléfono. Y en la primavera del año 2010, cuando, identificados los huesos de aquellos malhadados que pudieron serlo, tocaba entregarlos a los descendientes que los anhelaban, de nuevo brillaba la solidaria generosidad de doña Gloria, que, desdiciendo de aquel pretendido rechazo a todo lo que tuviera que ver con La Bañeza, compartía por teléfono con algunos bañezanos familiares de los entonces inmolados la alegría y la satisfacción de cumplir la meta de haberlos hallado, de retirarlos del indigno lugar en que yacían, y de darles adecuado reposo en el cementerio bañezano, en los particulares panteones o en la doble sepultura donada por el Ayuntamiento (cuyas losas y mármoles obsequiaba el responsable de Mármoles San Pedro).

Pero no se quedó solo en esto la benefactora implicación de doña Gloria. Fue más allá (y lo cuento, rompiendo la discreción de que hizo gala y a sabiendas de que no me perdonará por ello, porque –en aras de los matices aludidos- considero de justicia que se sepa): A la hora de costear el monumento que en el lugar de Izagre en el que fueron los once bañezanos masacrados desde abril de 2010 los recuerda y honra su memoria, como el reparto de su importe podía resultar gravoso para las débiles economías de la mayoría de los familiares de las víctimas (a pesar del solidario precio de coste que la firma Mármoles Martí, de Veguellina de Órbigo, fijara), fueron doña Gloria Begué Canton y doña Josefina Alonso Ruiz quienes corrieron con su totalidad.

Descanse en paz doña Gloria Begué Cantón, bañezana de pro que, según y cómo, sí quiso saber de La Bañeza.

Más información en La Bañeza 1936. La vorágine de julio. (Algunas consideraciones previas). León. Ediciones del Lobo Sapiens. 2010. (Y en www.jiminiegos36.com)


Penurias escolares en 1934

Publicado por Ibañeza.es el 30/07/2018 7:17 Comentarios desactivados

A la mitad de enero de 1934, a petición de los maestros (maestra y maestro) regentes de las escuelas unitarias del local de Severino Hernández Cancelas, se colocan en ellas unos cristales; el arreglo del retrete ha de hacerlo por su cuenta el arrendador de los locales, que se dotaban por entonces de estufas y de luz eléctrica, por cuya instalación se abonaban 77 pesetas al industrial Bernardo Canton Blanco, titular de la compañía Electra Bañezana.

Manifestaba por entonces el ministro de Instrucción Pública que el asunto de la calefacción de las escuelas corresponde a los ayuntamientos (por carecer de ella se habían cerrado en Madrid cinco grupos escolares), aunque “por una sola vez y sin continuidad” se ocupará de ello el Estado, que tendrá que rebajar el presupuesto de su departamento al hacerse cargo de los gastos de calefacción de las escuelas municipales, cerradas muchas de ellas en España por negarse los ayuntamientos a pagarla. En La Bañeza en el pleno del 14 de febrero se desechaba la petición de los maestros encargados de las escuelas unitarias de que se les provea de carbón para las estufas recién instaladas. Ya se había desestimado una solicitud semejante de las escuelas graduadas por considerar que el Estado les da consignación para calefacción (en realidad, se dice, 150 pesetas para todos los gastos de atenciones y servicios), y se propone la intervención del delegado municipal en el Consejo local de Primera Enseñanza, el concejal Joaquín Lombó Pollán, y la convocatoria de una reunión del mismo, cosa difícil dice el delegado (no se reunió ni cuando en el otoño de 1933 se clausuraron las escuelas), que añade que funciona irregularmente y manifiesta su deseo de, por ello, dimitir como vocal. Se reconoce que 30 pesetas es poca cantidad para la calefacción de cada escuela, aunque se puede contar, se dice, con la gratificación que por la enseñanza de adultos reciben los maestros.

Maestra y niñas de una escuela en La Cabrera en 1934.

En la sesión municipal del 18 de abril se acuerda realizar las obras necesarias en el pavimento de la escuela de Sacaojos, ya en mal estado bajo el mandato del anterior alcalde, pero que no se reparó por no dilucidar entonces si las obras correspondían al Ayuntamiento bañezano o a la Junta administrativa de la pedanía. Debió de hacerse aquél cargo de su estado, “pésimo (según el informe del arquitecto municipal del 13 de junio) tanto en la planta baja como la casa del maestro, por lo que debiera de construirse otra nueva”, y se acuerda al acabar el mes repararla durante las vacaciones de verano, ya que no se encontró en el pueblo local adecuado para sustituirla, ni tampoco a la vivienda del docente. Ya en agosto, dado que el importe de reparación de la casa-escuela según el proyecto del arquitecto municipal sería sobre una casa ruinosa, lo que representará perderla, se acuerda estudiar la conveniencia de construir un edificio de nueva planta, convocando a tal efecto a la Junta vecinal para ver si tal construcción puede abordarse, y como las posibilidades y condiciones aportadas no satisfacen a la Corporación bañezana (el pueblo acarrearía y cedería la piedra de sus canteras y tres árboles para la madera –ya en diciembre dirán hacerse tan solo cargo del transporte de la piedra-, pero debía ser construida por el Ayuntamiento), después de votarse en el pleno del día 29 se decide esperar a que la construya el Estado, frente a la desechada alternativa de ser levantada por el municipio, que satisface a la minoría socialista.

No eran las únicas escuelas en lamentable estado: por las mismas fechas las de Jiménez de Jamuz, y también las casas-vivienda de los maestros, estaban en completa ruina, y acordaba la Corporación del Ayuntamiento al que la pedanía pertenece vender en pública subasta (con la urgencia que el caso requiere) un solar municipal bien situado y conocido por el Pósito y reformar unas y otras con los fondos obtenidos. A otro de los maestros nacionales en el pueblo se le enviaba con igual premura uno o dos albañiles que a cuenta del Ayuntamiento le recorran y reformen la casa-habitación. Finalizando el mes de julio los corporativos habían ya acordado la necesidad de construir nuevas escuelas, y a mediados de septiembre se aprobaba la cuenta de 300 pesetas por el alquiler en 1932 y 1933 de la casa-habitación y edificio escuela de niñas de Santa Elena de Jamuz a Manuel de Blas del Palacio.

A la mitad de julio la Dirección General de Primera Enseñanza había enviado un aparato de proyección para las Escuelas Graduadas bañezanas, y se denunciaban por entonces desde el semanario socialista astorgano El Combate algunas irregularidades y desatenciones en la primera enseñanza, como eran las de que en Castrocalbón la maestra no apareciera por su escuela, lo mismo que hacía la de Soguillos, en Laguna Dalga, y en La Bañeza redujera su dedicación a ella la maestra que vivía en Astorga y se desplazaba cada día en tren entre las dos ciudades (se trataba de Tránsito Castro González, la esposa del abogado astorgano Olegario Combarros).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Velando por el orden. El 18 de julio de 1936 en La Bañeza

Publicado por Ibañeza.es el 17/07/2018 7:30 Comentarios desactivados

Traemos en esta ocasión los párrafos iniciales del apartado dedicado a lo ocurrido en la citada fecha en la ciudad de La Bañeza, en el contexto y el transcurso de los días del golpe militar de 1936 en la provincia de León y en el país, primicia y anticipo del libro Cuando se rompió el mundo. El asalto a la República en León y sus tierras, en el que venimos trabajando desde febrero de 2014, y que en unos meses estará listo para ser publicado en la editorial leonesa Lobo Sapiens.


El 18 de julio de 1936, sábado, amanecía caluroso, y en La Bañeza los concejales de la Gestora municipal frentepopulista que integraban la comisión especial de aguas constituida el 20 de abril y de la que desde el 27 de mayo seguían formando parte además del Interventor municipal, Norberto Ángel Martínez Mielgo (de Izquierda Republicana, natural de Hospital de Órbigo, soltero, de 31 años, perito mercantil; seguramente en esta fecha su plaza estaba ya vacante por hallarse destinado como Jefe interino de la Sección de Presupuestos en la Diputación de Palencia), Porfirio González Manjarín (albañil, de 35 años, casado) y Eugenio Sierra Fernández, a los que se sumaban entonces Isaac Nistal Blanco (de 54 años, casado, socialista como los dos anteriores, albañil y maestro de obras) y Joaquín Perandones Franco (de Unión Republicana, casado, de 30 años, industrial), estaban convocados por la mañana a una reunión en la Casa Consistorial para tratar una vez más de la sempiterna cuestión de la traída de las aguas y la dotación del alcantarillado a la ciudad, que ahora por fin y desde el empuje con que la nueva Corporación había retomado tras el inicio de su mandato el 15 de abril el problemático asunto tanto tiempo pendiente, se veía factible conseguir. Cuando a finales de agosto la Gestora impuesta por los sublevados triunfantes revise la actuación de aquella última Corporación republicana hallarán un recibo por importe de 991,25 pesetas empleadas en el viaje a Madrid en la misma fecha del 18 de julio de una comisión que integraban tres personas, sin que al respecto hayamos encontrado más noticias sobre la identidad de los comisionados o el objeto de su desplazamiento, que, si se inició o se culminó, debió de hacerse en medio de las crecientes dificultades, desajustes y zozobras que ya aquel día se vivían a lo largo del itinerario que precisarían recorrer.

La mañana de aquel sábado aparecía en el semanario La Hojita Parroquial una esquela en la que “un grupo de patriotas bañezanos” invitaba a las gentes de la localidad a los funerales que por el alma de José Calvo Sotelo, asesinado en Madrid el día 12, se preveía oficiar en la Iglesia de Santa María el lunes siguiente (se efectuarían con toda solemnidad el 26 de agosto). Algunos viajeros llegados aquella fecha en ferrocarril a La Bañeza quedaron allí atrapados unos días, mientras la situación se decantaba y resolvía, como le sucedió a los padres de Santos Izquierdo de la Torre (que tenía entonces 9 años), desplazados desde A Rúa en el tren correo de Galicia porque eran padrinos de una boda (seguramente la de la señorita Felisa Tagarro González y el joven Severiano Pequeño Bobo –propietario de los Almacenes Bobo-, que se celebraría el día 20 en una ciudad ya bien inquieta y agitada, “en la iglesia y sin ser molestados por nadie”), y de los que no supieron nada más hasta el día 31, cortado por los acontecimientos el tráfico ferroviario que no se restablecerá hasta el 30 de julio, después de ser volado en los primeros días de la sublevación (transcurrida la media tarde del 20) en la línea de Palencia a La Coruña, de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, el puente del ferrocarril de Valbuena de la Encomienda por jóvenes izquierdistas de los pueblos de la zona.

Estando reunida la bañezana comisión de aguas, en aquella jornada de calor tan bochornoso como había sido la anterior, tuvieron sus componentes noticias no oficiales (que ya durante la pasada noche se habían ido desgranando), pero no por ello menos preocupantes, sobre la sublevación militar iniciada en Marruecos el día antes por la tarde, y de que en Melilla habían ocurrido algunos disturbios (dirá Eugenio Sierra Fernández, originario de Astorga, de cuyo Teatro fue empresario cuando allí y hasta 1931 residió con su familia, de 42 años, casado, secretario en 1928 de la UGT astorgana, tipógrafo en la imprenta bañezana de la Viuda de M. Fernández, al ser interrogado el 28 de julio), por lo que el alcalde, Ángel González González (natural de Saludes de Castroponce, de 51 años, casado, jornalero, socialista, regidor en funciones desde el pasado 20 de mayo, como primer teniente de alcalde que era, tras la dimisión del titular, el veterinario Joaquín Lombó Pollán, de Izquierda Republicana), “ordenó o previno a los empleados municipales al objeto de que no se alterase el orden aquella noche, y que al día siguiente, domingo 19 de julio, fue aceptado por él y por los demás compañeros de la Corporación el ofrecimiento que les hicieron gran número de obreros de esta población para cortar cualquier disturbio y para defender la causa, digo, el poder constituido”. Uno de aquellos empleados municipales fue Abraham Bécares Rodríguez (natural de Canales y vecino de La Bañeza, socialista de 29 años, casado, tipógrafo y ocupado en consumos desde el inicio de aquel mes), “requerido por el alcalde cuando realizaba su trabajo en unión de otros compañeros, Valeriano Domínguez Carbajo y Manuel Rubio Antúnez, para que en las horas francas de servicio cumplieran el de vigilancia y mantenimiento del orden dentro y sobre todo en los alrededores de la villa” (declaraba el primero en la misma fecha).

El 23 de agosto, interrogado por Pedro Lagarejo Villar, cabo comandante del puesto de la Guardia Civil de La Bañeza (“donde lleva ya tres años destinado, por lo que conoce perfectamente a todo el vecindario”, dirá cuando en noviembre testifique contra una buena parte de quienes lo integraban), lo hará José García González, soltero, de 25 años, socialista, también guarda de consumos desde la misma fecha (destinado como los anteriores en la recaudación de arbitrios; sería uno de los varios separados del servicio poco después), quien dice que el día 18 de julio fue llamado a presentarse en el Ayuntamiento por ser empleado del mismo, y le dijo el alcalde Ángel González[1] que tenía que estar de vigilancia, para lo cual el médico Emilio Perandones Franco (socialista, de 28 años de edad, soltero) le proporcionó una pistola, de color aluminio, que tuvo en su poder hasta el lunes día 20 por la noche, en que se la retiró el acalde para devolvérsela a quien se la diera, confiándole a cambio una escopeta para mantener el orden público, con la que estuvo un día completo por la Plaza Mayor (la entregará al cabo de la Guardia Civil el mismo 23 de agosto cuando junto con otros sea detenido).

A medida que llegaban nuevos datos sobre lo que estaba sucediendo en el país, en medio de la preocupación que aquellos generaban en todos, y especialmente entre los directivos, afiliados y simpatizantes de las entidades republicanas e izquierdistas locales, algunos bañezanos se fueron acercando al Consistorio a lo largo del sábado, día 18, para ponerse a disposición de la Corporación y prestarle su apoyo. Así lo hizo Cecilio Toral de la Fuente, de 23 años, soltero, estudiante (lo había sido del cuarto curso de Magisterio, Plan de 1931, en el recién finalizado, y dependiente de comercio en el de Alberto Valderas Castro), secretario de Unión Republicana, partido que como tal formó parte del Frente Popular (“roto en el mes de mayo en La Bañeza por desacuerdo entre las organizaciones que lo integraban”, puntualizará en su declaración ante el comandante militar de la Plaza el 14 de agosto, cuando sea uno de los numerosos encausados por los sucesos de “los días de julio”), que se ofrece moralmente, y no materialmente por ser inútil para manejar armas. Alguno entre tantos como serían sumariados por tales sucesos, Mariano Medina Alvarado (que corrobora la ruptura hace dos meses del Frente Popular[2], al que por Izquierda Republicana –IR- dice pertenecer desde las elecciones de febrero), soltero, de 23 años, empleado de banca, asegurará no haber intervenido en ellos entre los días 18 y 21 por haber estado trabajando en las oficinas del Banco Urquijo Vascongado, del que es asalariado “desde hace unos doce años, cuando entró de botones” (es también afiliado de la Asociación de Empleados de Banca, afecta a la UGT).

Ourense, 15 de julio de 2018.


[1] Lo apodaban “Chepa González”, propietario del kiosco de prensa que en la Plaza Mayor –al lado del templete- atendía su hijo Ángel, y “quien todas las mañanas, antes de incorporarse a las tareas propias de su cargo en el Ayuntamiento, llevaba personalmente El Debate, La Nación o el ABC a sus abonados”.

[2] Se habría producido coincidiendo con la dimisión el 20 de mayo del alcalde Joaquín Lombó Pollán y los gestores Toribio González Prieto y Leopoldo Bahillo Melero (ambos también de IR) que con él renunciaron a seguir formando parte de la Comisión Gestora nombrada el 13 de abril por el gobernador civil. Al parecer, también había notables desavenencias y disensiones internas ya desde primeros de abril en IR de León. Joaquín Lombó había militado en el viejo (fundado en 1912) Partido Republicano Autónomo Leonés –o Alianza Republicana- antes del advenimiento de la Segunda República.

Más información en www.jiminiegos36.com

Franco y otros generales rebeldes. / Foto: Archivo


Las andanzas en Astorga del Príncipe Abisinio (III)

Publicado por Ibañeza.es el 25/06/2018 7:41 Comentarios desactivados

LAS RELACIONES CON LA SEÑORITA ASTORGANA.

Las relaciones con la señorita astorgana dieron comienzo a los pocos días de haber llegado a Astorga licenciado del Tercio. El carácter simpático y bondadoso del príncipe hizo ver en la señorita un personaje a quien adornaban bondades extraordinarias. Las relaciones que éste había adquirido en la aristocracia le sirvieron de mucho para lograr el objetivo que se había propuesto. No bien la conoció mostró deseos de acompañarla. Esta aceptó la propuesta aunque nos consta que nunca tomó en serio las pretensiones del supuesto heredero de Etiopía. En Astorga, como ya hemos dicho, Shevington frecuentaba los centros de la buena sociedad, y esto le proporcionaba ocasión de acompañar con más frecuencia a su deseada. A los pocos días marcha a la Toja esta señorita, y a continuación el supuesto príncipe a Córdoba.

El Diario de León.- 14 de octubre de 1935. (Lunes).

LA AVENTURA DEL PRÍNCIPE ABISINIO EN TIERRAS LEONESAS.

Descarrila el tren en Plasencia y hay muertos y heridos.

Generosa correspondencia con la señorita astorgana.- Esta rompe las relaciones.- Shevington es el verdadero príncipe de Abisinia, según “Diario de Madrid”.

Después de la información publicada en el último número relativa al príncipe abisinio hemos de concretar algunos puntos más, para que se vea que no es pura fantasía. De este asunto se han ocupado otros periódicos de Madrid, y en especial “Diario de Madrid”, con la diferencia de que ellos han hecho alusión a la estancia de Shevington en nuestra provincia, que es para nosotros lo que más interés despierta.

El supuesto heredero del trono etíope la segunda y última vez que estuvo en Astorga, pasó de un mes, durante el cual alternó con la aristocracia de la población. En el Casino de Astorga, y allí debe constar en acta, se dio un festival en su honor al que acudió muchísima gente.

 

Fotografía utilizada para alistar voluntarios en la conquista de Abisinia.

SE ESCRIBIÓ DURANTE MUCHO TIEMPO CON LA SEÑORITA.

En la última información ignorábamos si la correspondencia que había tenido la señorita astorgana había sido mucha y frecuente; hoy sabemos que fue copiosísima y que duró no solamente el tiempo en que estuvo enfermo en Córdoba y en Inglaterra, adonde según él fue reclamado por su país, sino después de haber regresado a Etiopía. El supuesto príncipe en todas las cartas se expresaba en términos encomiásticos para España.

EL PRÍNCIPE EN PELIGRO.

Sabemos de fuente muy autorizada que la correspondencia con la señorita astorgana, de quien dejamos hecha mención, comenzó tan bien hubo salido de Astorga, desde Plasencia envió la primera carta a la futura emperatriz, y esto obedeció a que el tren en que viajaba descarriló en las inmediaciones de la población dicha, descarrilamiento que tuvo graves consecuencias, ya que en él perecieron algunas personas y hubo bastantes heridos. El exlegionario no podía menos de comunicar a aquella en quien había puesto sus ojos la noticia de que había salido ileso del accidente.

Desde Córdoba fueron muchísimas las cartas que escribió y lo mismo desde Londres y Abisinia.

COMO CESARON LAS RELACIONES.

Las relaciones que se prolongaron bastante tiempo cesaron por voluntad expresa de la señorita astorgana. Esta, que nunca había tomado en serio las cosas, tampoco quería ser protagonista de una aventura.

¿ERA EL VERDADERO PRÍNCIPE?

Ya queda expuesto que era el príncipe de Abisinia, pero si esto fuera poco, copiamos a continuación lo que dice en una información el “Diario de Madrid

“…entre los hijos de Menelik II figuraban el padre del príncipe Shevington y la que hoy es emperatriz de Abisinia. Poco antes de la muerte del invencible Negus, Shevington había quedado huérfano, de manera que al desaparecer el rey le correspondía el trono etíope. Como aún era un chiquillo se nombró regente a su tía carnal, a la mujer del poderoso “Ras” Tafari, hoy Rey de Reyes, y el pequeño Shevington quedó encomendado al cuidado de varios fieles de Menelik. La regente y su marido se aposentaron en Addis Abeba. Pronto comenzaron a tejerse intrigas entre los altos funcionarios de la corte negra, intrigas a las que, según parece, no era ajeno el regente consorte, que tendía a desplazar definitivamente de la gobernación del Estado al nieto de Menelik, vinculando el poder a una nueva dinastía que comenzaría con los entonces regentes.

El “ras” Tafari, hombre decidido, inteligente y dominador, viéndose cerca del trono se propuso llegar hacia él. La regente nada podía hacer en contra, pues según las costumbres feudales, imperantes en Abisinia, no era sino un instrumento dócil en manos del marido.

Por todos estos datos que anteceden y otros el supuesto príncipe que el año 1924 estuvo en Astorga es a quien correspondería ser en la actualidad el verdadero emperador de Etiopía.

Así lo creyó el Gobierno español que entonces estaba al frente de los destinos del país, en primer lugar licenciándole de la Legión, sin haber cumplido el compromiso, y más tarde dándole toda clase de facilidades, durante la estancia en nuestra nación.

Los periódicos que dieron la noticia de su marcha a Inglaterra así lo creyeron al dar la noticia.

Aunque ahora no se habla de él es casi seguro que se encuentra en Abisinia presenciando la guerra que se ha desencadenado en su país.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Las andanzas en Astorga del Príncipe Abisinio (II)

Publicado por Ibañeza.es el 4/06/2018 7:53 Comentarios desactivados

VUELVE A ASTORGA.

Su licenciamiento tuvo lugar aproximadamente por el mes de marzo del año 1924 y a los pocos días volvió a Astorga. En este viaje venía acompañado de otro personaje llamado Ricardo, que parece que era español y venía con el supuesto príncipe en concepto de secretario particular. Tal vez hubiera sido compañero de armas en la legión.

Esta segunda y última vez llegó en automóvil, que decía era de su propiedad. Su primera visita fue para el señor Rubio y familia. Aseguraba que venía exclusivamente a ver a sus amigos, a quienes nunca podría olvidar. Durante su estancia en la ciudad maragata hacía ostentación de hombre adinerado; frecuentaba los lugares a los que iba la alta sociedad, teatros, casinos, etcétera. Fue cuando ya manifestó que era príncipe y que pronto sería proclamado emperador de su país.

Al principio todo lo que decía se tomaba a chacota, pero más tarde fue propagándose la idea de que se trataba de un personaje que encerraba algún misterio.

¿TENÍA NOVIA EN ASTORGA?

La amistad que tenía con el industrial chocolatero le obligó a confesar que sentía verdadera predilección por una señorita astorgana, cuyo nombre nos está vedado decir; pero si podemos afirmar que aquella señorita pertenecía a la buena sociedad astorgana y que se ha casado hace varios años.

Al principio ésta, como las demás astorganas, tomaba al supuesto príncipe por un personaje extraño, a quien no podía dar ninguna clase de crédito; pero a medida que pasaban los días fue creciendo en ella la idea de que se trataba de un personaje poderoso. No debió de desagradar a la señorita el antiguo legionario, pues como más adelante veremos, sostuvo relaciones con él y hasta se cambiaron cartas entre ambos, durante la estancia del supuesto príncipe en Córdoba. No sabemos a ciencia cierta el tiempo que este personaje estuvo en esta segunda y última vez en Astorga, pues, como decimos anteriormente, su “mejor amigo” el señor Rubio Valcarce que es quien podría facilitar datos completos ha fallecido.

MARCHA DE ASTORGA.

De Astorga se ausentó con la firme promesa hecha al señor Rubio de volver nuevamente, al mismo tiempo que le hacía proposiciones para ir a Abisinia, donde él procuraría darle un alto cargo. Marchó a Córdoba y, en esta ciudad, una enfermedad le retuvo en cama bastante tiempo. Desde esta población escribió distintas cartas al señor Rubio. En todas le trataba como a su intimo y mejor amigo.

PADRINO DE UNA NIÑA.

La amistad que sostuvo con el señor Rubio llegó a tal grado que prometió apadrinar a una hija de éste que nació por aquellos días en que se encontraba enfermo en Córdoba. El señor Valcarce aceptó la proposición y, aunque al acto del bautizo no estuvo presente el futuro emperador de Etiopía, en el registro figura como padrino dicho personaje.

LA PRIMERA CARTA.

La primera carta que conserva la viuda del señor Rubio, doña Aurelia Murias, es una que tiene fecha de 25 de septiembre de 1924. Está fechada en Córdoba. En ella se interesa por la señorita astorgana con quien se suponía sostenía relaciones. Después de manifestar que la había enviado dos telegramas, se expresaba de este modo refiriéndose a la supuesta novia: “Para ella será un sueño el que yo me case con ella, pero no lo es sino que para mí la dicha mayor consistirá en que desease ceñir sobre sus sienes la corona de Abisinia”.

El 29 de septiembre escribe otra carta al señor Rubio. Le anuncia que en breve saldrá para América, pero antes quiere pasar por Astorga. Muestra sus deseos de que su presunta novia sea madrina de una niña que por aquellos días había nacido al señor Valcarce, y termina diciendo que, una vez restablecido, vendrá a Astorga.

Pocos días después se efectuó el bautizo, sin que se cumplieran los deseos del supuesto heredero de Etiopía. No obstante esto la señorita astorgana figura como madrina de Covadonga, que así se llama la ahijada de Shevington.

LA ÚLTIMA CARTA.

Fotografía utilizada para alistar voluntarios en la conquista de Abisinia.

Durante aquellos días envió varios telegramas a los señores Rubio, y el día cuatro de octubre escribe la última carta que doña Aurelia Murias conserva en su poder. Manifiesta mucho sentimiento porque no fue madrina de Covadonga la señorita por quien él mostraba tanto interés, pero espera que la consideren como tal. Agrega en la carta: “Pasado mañana, domingo, salgo para Algeciras y continuaré el viaje a Londres, para ventilar asuntos importantes de mi país con aquel Gobierno”.

Esta es la última carta que obra en poder de doña Aurelia, aparte de una tarjeta que también envió, con el escudo imperial de Abisinia. Aunque en esta última carta prometía a los señores de Rubio venir nuevamente a Astorga, no lo hizo, acaso porque la señorita en quien había puesto sus ojos no correspondía a sus amores.

FESTEJOS EN ASTORGA.

Durante su estancia en Astorga se efectuaron algunos festejos en su honor. Al pronto no se tomaba en serio lo que decía, pero más tarde adquirió visos de certeza en Astorga la idea de que era el verdadero emperador de Etiopía.

LA MARCHA DEL EX LEGIONARIO.

Por aquellos días marchó a Londres como indicaba en la última carta que escribió al señor Rubio. Un periódico de León baba la noticia en los siguientes términos: “Completamente restablecido de la enfermedad que le aquejaba marchó de Puerto Real a Cádiz, donde tiene su residencia, el príncipe Shevington de Abisinia. Fue despedido por las autoridades y personalidades más salientes de la población. Durante su estancia en Puerto real fue objeto de numerosos agasajos y muestras de atención.

Por orden telegráfica del ministro de la Guerra al capitán general de la Región y de éste al Gobernador Militar de Cádiz, partió a Puerto Real un médico militar para atender y trasladar al príncipe de Abisinia en caso de que su enfermedad lo requiriese.

Su Alteza agradeció mucho el ofrecimiento oficial y no hizo uso de él por encontrase ya restablecido”.

He aquí como se expresó uno de los periódicos que dio la noticia de su enfermedad. Claramente se deduce que el Gobierno español no había tomado el caso como uno de tantos que se presentan. Este supuesto príncipe hasta para el Gobierno era el futuro emperador de Etiopía.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Las andanzas en Astorga del Príncipe Abisinio (I)

Publicado por IBAÑEZA.ES el 21/05/2018 7:07 Comentarios desactivados

A la mitad de agosto de 1935 Italia continuaba con el embarque de tropas para Abisinia, enviadas por Mussolini, por cierto, al igual que los cañones para aquella conquista, con las bendiciones del romano pontífice Pío XI (a pesar de que la Sociedad de Naciones considera a Italia país agresor y le impone sanciones económicas), y gran cantidad de españoles se han inscrito en su consulado en Barcelona como voluntarios en el ejército italiano para tomar parte en la segunda guerra contra Etiopía (la primera se había dado entre los años 1895 y 1896, cuando la invasión italiana del país, uno de los pocos casos exitosos de resistencia armada al colonialismo europeo del siglo XIX), en la que nuestro país se declarará neutral, se noticiaba el día 24, aunque como dirá Julio Camba en ABC, habrá aquí los bandos de los italianistas y los etiopistas, posicionados “no tanto por deseo de exterminar a la otra nación, como por afán de degollar al otro bando, al de derechas favorable a Italia el de izquierdas que se proclama a favor de Etiopía”, si bien, y como afirma aquel cuyo pseudónimo es K-Vernícola en El Adelanto del 19 de octubre, “muchos de los entusiastas del Negus no lo son por devoción a los abisinios, sino porque Roma está en Italia; y ni siquiera porque allí está Mussolini, sino porque en ella está el Papa”, al tiempo que “muchos italianos en edad militar abandonan el país ante el temor de una movilización general con motivo de aquel enfrentamiento”, mientras en España, al decir de El Diario de León, “las disensiones socialistas cada día son más hondas, y sigue el partido dividido en tres tendencias: las que comandan Prieto, Besteiro y Largo Caballero”.

Fotografía utilizada para alistar voluntarios en la conquista de Abisinia.

Se rompen el 3 de octubre las hostilidades entre Italia y Abisinia, que decretaba la movilización general. Las tropas italianas avanzan sobre Ardua, y se producen numerosos muertos y heridos en los primeros combates. Lo relacionado con el país africano, invadido por Italia, estaba de actualidad, y narra El Diario de León el día 12 el episodio vivido hace unos años en la provincia leonesa por quien pretendía ser el verdadero emperador de Etiopía, que sostuvo cordiales relaciones con un industrial de Astorga y hasta estuvo a punto de hacer emperatriz de Abisinia a una bella señorita astorgana, “el negro príncipe Shevington, un personaje de leyenda que por enemistades e intrigas de la corte etíope huyó a Europa, donde estuvo en la guerra europea a las órdenes de Francia, pasando a primeros de 1921 por nuestra provincia trabando en Astorga amistad con el industrial chocolatero José Rubio Valcarce, desapareciendo al poco de la capital maragata para alistarse por cinco años en la Legión Extranjera cuando estaba reciente en el protectorado español el desastre de Annual, aunque estuvo enrolado solo tres, volviendo por Astorga a su licenciamiento en marzo de 1924 para visitar al señor Rubio y su familia acompañado de su secretario, con un lujoso automóvil, haciendo ostentación de hombre adinerado, y sintiendo verdadera predilección por una señorita astorgana perteneciente a la buena sociedad y que se ha casado hace varios años”, con la que mantendría un noviazgo e intercambiaría cartas desde su estancia en Córdoba, donde una enfermedad le retuvo en cama bastante tiempo. A la novia le llegaría a ofrecer ceñir la corona de Abisinia, y al señor Rubio, su amigo, a quien le apadrinaría una hija llamada Covadonga nacida por entonces, un alto cargo en aquel reino.

Durante su estancia en Astorga se celebraron algunos festejos en su honor, prometiendo a primeros de octubre de 1924 volver allí después de su viaje a Londres, lo que no hizo “acaso porque la señorita en quien había puesto sus ojos no correspondía a sus amores”. Dos días después concretaba el mismo periódico “algunos puntos más, para que se vea que no es pura fantasía”, tomados de lo que a este asunto habían dedicado otras publicaciones madrileñas, y en especial el Diario de Madrid, concluyendo que “el supuesto príncipe que el año 1924 estuvo en Astorga es a quien correspondería ser en la actualidad el verdadero emperador de Etiopía”, y que “aunque ahora no se habla de él es casi seguro que se encuentra en Abisinia presenciando la guerra que se ha desencadenado en su país”, una lucha que se hacía cada día más dura (se dice el 22 de noviembre): los abisinios combaten con el sistema de guerrillas y los italianos bombardean.

En el anterior relato, resumido, hemos recogido lo que El Diario de León publicaba por aquellas fechas, cuya trascripción literal es la que sigue:

El Diario de León.- 12 de octubre de 1935. (Sábado).

EL EMPERADOR DE ETIOPÍA POR TIERRAS LEONESAS.

Sostuvo cordiales relaciones con un industrial de Astorga y hasta estuvo a punto de hacer emperatriz de Abisinia a una bella señorita astorgana.

El Gobierno español también le tenía en concepto de príncipe, cuando fue licenciado del tercio.

Todo lo relacionado con Abisinia tiene hoy actualidad por eso adquiere relieve entre nosotros los leoneses, un episodio vivido en nuestra provincia por un personaje que pretende ser nada menos que el verdadero emperador de Etiopía. Se trata de Shevington, príncipe etíope que más que príncipe parece un personaje de leyenda. Es casi seguro que este personaje es el verdadero emperador de Abisinia, por ser nieto de Menelik II, que a su muerte dejó dos hijos: la actual emperatriz de Etiopía y el padre de Shevington que falleció cuando este contaba muy pocos años de edad. A la muerte de su padre, como era muy niño, fue nombrada regente la esposa del hoy emperador de Etiopía. No se sabe de seguro si por intrigas habidas en la Corte o por otras causas, lo cierto es que Shevington enemistado con el emperador y altos dignatarios de la Corte, huyó a Europa, donde estuvo en la guerra europea a las órdenes de Francia.

VISITA POR PRIMERA VEZ ASTORGA.

Poco después de terminada la guerra europea, hacia primeros del año 1921, el supuesto príncipe estuvo en nuestra provincia. En Astorga trabó amistad con el entonces industrial chocolatero don José Rubio Valcarce. Este industrial ha fallecido hace aproximadamente siete años, por lo que hemos tenido que valernos de segunda persona para adquirir los datos de cuanto se relaciona con la estancia de este personaje en la capital maragata. No bien llegado a la ciudad la casualidad quiso que el supuesto príncipe hablase con el industrial citado, a quien desde entonces al decir de él mismo, tuvo por el mejor amigo.

Por aquellos días tuvo frecuentes entrevistas con el señor Rubio, de las cuales conservó siempre el negro un grato recuerdo. A los pocos días desaparecía de la capital maragata para alistarse en la legión, ya que por entonces había tenido lugar en nuestro protectorado español el llamado desastre de Annual.

EN LA LEGIÓN.

Alistado en la legión siguió conservando un grato recuerdo del señor Rubio, a quien escribió varias cartas. De estas no se conserva ninguna, aunque si otras, que más adelante daremos a conocer a nuestros lectores. En la legión firmó un contrato por cinco años. A los tres se licenció y parece ser que el licenciamiento obedeció a gestiones de Gobiernos extranjeros, probablemente del inglés, aunque esto no ha podido ser bien aclarado. Lo cierto es que a la familia del señor Rubio, a quien vino a visitar más tarde, confesó que su licenciamiento obedecía a una reclamación diplomática.

Su licenciamiento fue presenciado por numerosos legionarios que despidieron a su antiguo compañero dándole los honores de príncipe.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Las rendijas de la desmemoria (en La Bañeza y Astorga)

Publicado por Ibañeza.es el 9/05/2018 7:35 Comentarios desactivados

Traemos hoy a este espacio la reseña de un libro de ahora sobre lo que, principalmente en La Bañeza y en Astorga, ocurrió antaño. Se trata de la obra Las rendijas de la desmemoria, de la antropóloga de raíces bañezanas y astorganas Lala Isla Ortiz (descendiente de una familia de la pequeña burguesía comercial de La Bañeza marcadamente conservadora, y de otra de Astorga no menos pequeñoburguesa, aunque más liberal), un muy meritorio y enjundioso trabajo que, después de no pocos años de minuciosa y cuidada artesanía, ve ahora la luz.

Estamos ante el esmerado fruto de una labor arriesgada, valiente, y también dolorosa, como sin duda es el ejercicio de introspección y desnudez personal y familiar que la autora practica, a la vez que magistralmente enfrenta y contrapone al menos dos de las diversas memorias existentes (lo que en su familia le contaron y lo que más tarde y por sí misma descubrió) sobre lo acontecido –esencialmente en las dos ciudades de sus orígenes- en la pasada guerra civil y la posguerra: la durante tanto tiempo oficial y única de los vencedores y los usufructuarios de la victoria, y la de los vencidos y olvidados, un contraste del que, con verbo ágil, ameno y acertado, hace surgir un libro que es, por cierto, comparable en importancia y calidad a los titulados Habíamos ganado la guerra y Confesiones de una vieja dama indigna, brotados hace ya años de la crítica pluma y los recuerdos y vivencias de otra significada hija de familia vencedora, como fue la catalana Esther Tusquets, criada también a la sombra del régimen nacido del golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

Poco más cabe decir de la obra que ahora nos regala Lala Isla, sobre todo después de lo que el insigne historiador e hispanista Paul Preston remarca en el Prólogo de la misma, sobrada garantía de que nos hallamos ante un libro excelentemente concebido, riguroso y solvente, de interés para tantos, especialmente –pero no solo- en La Bañeza y Astorga, y digno de ser leído. Con los  merecimientos que semejante maestro de historiadores le señala dejamos al lector:

 

Portada del libro de Lala Isla.

Las rendijas de la desmemoria (Prólogo de Paul Preston)

Hace ya más de quince años, me llegó un libro de Lala Isla.  Se trataba de un trozo de autobiografía con el título intrigante Londres, pastel sin receta.  En ella contaba las peripecias de una joven española que aterrizó en el Reino Unido en los años setenta, pero el libro alcanzaba mucho más que eso.  A lo largo de una narrativa graciosísima, presentada con un estilo que vibraba de vida y color, ofrecía unas observaciones agudas de las inmensas diferencias sociales y culturales entre la España del tardofranquismo y la Gran Bretaña del primitivo Thatcherismo.  Lo que logró aquel libro tan divertido fue hacer que una materia seria llegara a mucha más gente que lo usual en un tema de esa índole. Al describir las enormes diferencias entre las dos sociedades, sobre todo en cuestiones relacionadas con el matrimonio, la familia y la educación, logró confeccionar un estudio sociológico de gran utilidad, además de una crónica de la decadencia británica, el descenso de la grandeza imperial hacia un país con rasgos del tercer mundo.  Fue un estudio en el cual sustituía con humanidad y humor el tono paternal y el estilo seco de los textos académicos.  Además se trataba de un libro muy profético que anticipaba ciertos aspectos de la sociedad británica empobrecida cultural, social y económicamente que se vería años después por todo el proceso del Brexit.

Conociendo lo que acabo de contar, no tenía la más mínima duda de que Las rendijas de la desmemoria, esta segunda entrega de la autobiografía de una mujer extraordinaria, sería igualmente esclarecedora y ocurrente aunque necesariamente bastante menos humorística.  Y así es.  La capacidad de observación de la autora se moviliza ahora para contar lo que vio y lo que vivió al criarse en el seno de una familia extendida procedente de Astorga y La Bañeza a partir de mediados de los años cuarenta.  Considerándose tanto su familia paterna como la materna fiel a la causa denominada nacional, la historia contada por Lala Isla refleja, por una parte, el ambiente de silencio de su niñez y adolescencia y, por otra, el proceso a través del cual empezó a cuestionar lo que le habían contado como la historia real de sus familiares y de sus dos ciudades.

Al hacer esto, Lala Isla consigue construir una antropología social de la España de los años de su infancia y adolescencia vista desde la atalaya de una familia de derechas.  Uno de los ejemplos chocantes del control social de la clase dominante que nos ofrece es la reacción de su abuela paterna cuando un día una de sus empleadas domésticas llegó llevando un sombrero, prenda que no solían llevar las obreras.  La abuela la despidió en el acto.  La primera parte del libro está llena de semejantes anécdotas ilustrativas mientras la segunda se centra en algo mucho más dramático. Lo que descubrió Lala Isla al husmear en la historia de su familia y sus pueblos puede colocarse al lado de los estudios minuciosos de José Cabañas González sobre los horrores de la guerra civil en La Bañeza y el libro espeluznante de Ramón Sender Barayón -Muerte en Zamora- sobre la matanza de su madre, Amparo Barayón, la esposa de Ramón J. Sender, (uno de los ejemplos más extremos de la represión sobre los inocentes en Zamora, como en tantos lugares de Castilla y León).

Lala cita la frase de su padre ‘aquí no pasó nada durante la guerra’ que planta la duda de si reflejaba más bien un deseo suyo de que no hubiera pasado nada o un deseo de que no se descubriera lo que había pasado de verdad.  Esta frase recuerda el título irónico de otro de los libros más impresionantes sobre la represión franquista durante la guerra y después.  Me refiero a Aquí nunca pasó nada, de Jesús Vicente Aguirre González sobre La Rioja, provincia tan conservadora como Zamora, no muy lejos de León, con un elevado grado de soterrada tensión social, y con unas experiencias semejantes.  Allí, como en León, la derecha se hizo con el control con pasmosa facilidad ya que solamente tuvo en frente la débil resistencia de grupos de izquierdas desarmados y luego se llevaron a cabo muchas matanzas, la mayor parte de ellas extrajudiciales.

Con una ambición, como ella dice, de descerrajar el silencio, la autora nos lleva al fondo de lo nunca dicho, de lo escondido o silenciado, no solamente en su familia y en su entorno sino en docenas de miles de familias en las cuales, por diferentes razones, se consideró más prudente callar lo que se había visto y sufrido.  No sé si es apropiado para un libro tan perturbador hablar del encanto de su estilo tan ameno.  Sí se puede elogiar su originalidad, que se encuentra en ese contrapunto de dos tipos de realidad, lo que a Lala Isla le contaron durante su infancia y adolescencia y lo que a base de muchas lecturas y entrevistas conseguidas a veces con alguna dificultad ha podido averiguar. Así ilumina lo que pasó en términos de las palizas y tortura, prisión y muerte, que fueron el destino de izquierdistas, de los asesinatos de mujeres republicanas, y de las experiencias de las esposas de los leales ejecutados sometidas a frecuentes vejaciones como afeitarles la cabeza, obligarlas a beber aceite de ricino y otras formas de humillación sexual.

Cuando el lector de este libro sigue los descubrimientos de Lala Isla, comprende inmediatamente que su padre decía ‘aquí no pasó nada durante la guerra’ porque tenía razones de sobra para que no se descubriera lo que había pasado de verdad.  Entre las cosas dolorosas que reconstruye minuciosamente se cuenta la participación de su padre, su abuelo y uno de sus tíos en una algarada callejera muy violenta en la primavera de 1936. Los tres, falangistas de pro, después de haber atacado a unos obreros dejando a uno medio muerto, fueron a su vez agredidos por izquierdistas del pueblo.  El padre de Lala siempre había dicho que ‘los rojos’ les habían atacado a los tres simplemente porque eran señoritos.  Ella ha desentrañado ahora la verdadera historia.

Narra luego otros detalles de la represión de la guerra en La Bañeza que me recuerdan muchas historias semejantes que me indignaron mientras escribía mi libro El holocausto español.  Especialmente triste, aunque lejos de ser descomunal, es lo que cuenta de la detención del republicano, inocente de cualquier crimen, Joaquín Perandones cuando iba por la calle con su mujer y su hija pequeña.  Pidió llevarlas antes a casa y el guardia le respondió fríamente con un comentario que expresaba la crueldad usual de los represores: ‘Déjelas, que vayan solas, que así se van acostumbrando’.  Entre las historias realmente espeluznantes contadas sobre la brutalidad contra las mujeres figura la que pasó a un matrimonio de maestros del pueblo zamorano de Benavente, al sur de La Bañeza.  Fueron asesinados por unos falangistas bañezanos y luego tirados al río Órbigo.  Antes de hacerlo, le cortaron un pezón a la mujer y el mismo día uno de los asesinos que lo hizo paseaba por la cárcel con el pezón pinchado en la solapa, recién cortado con la sangre casi fresca.

Una muestra de lo minucioso del trabajo de desmitificación llevado a cabo por Lala Isla es cómo desmonta la leyenda franquista respecto a las tres enfermeras astorganas que murieron en el frente de Somiedo, tema que también está investigando Mercedes Unzeta, sobrina de una de ellas.  Siendo tres mujeres jóvenes y guapas de la burguesía de Astorga, la manera de su muerte fue tergiversada para explotarla como una leyenda del martirologio político-religioso.  De hecho, como muestra nuestra autora, las tres, hechas prisioneras, sí que sufrieron una muerte horrible, ametralladas con otros presos por una mujer republicana enloquecida por la muerte de su marido.  Sin embargo, la muerte de las tres inocentes enfermeras fue convertida por la propaganda franquista en una muestra de la supuesta bestialidad de ‘las hordas rojas’.  Se inventaba una historia en la cual las tres mujeres fueron violadas repetidamente para luego ser fusiladas desnudas.  Esto no solamente fue la versión ventilada por la prensa local sino que fue la base de un libro de Concha Espina, Princesas del Martirio, publicado en Barcelona en 1940, un libro que la novelista escribió bajo el enorme chantaje de las autoridades franquistas, que habían detenido a un hijo suyo al que amenazaban con fusilar.  El sobrino de una de las enfermeras, apoyado por la Iglesia de Astorga, trata ahora de beatificar a las tres, intento al que no se ha sumado al menos una de las familias.  Como muestra Lala Isla con su característica sensibilidad, todo el proceso fue muy doloroso para las tres familias respectivas.

A pesar de la gravedad tremenda del contenido, y la seriedad con que está contado, Las rendijas de la desmemoria no deja de ser un libro de Lala Isla.  Por tanto, no faltan los destellos de humor o los brotes de nostalgia por el pasado, como por las bragas de perlé.  Entre cientos de detalles reveladores que llaman la atención está la anécdota de escuchar a su madre y una tía hablar de Franco ‘sin un respeto o cariño especial pero tampoco con miedo o aprensión’.  Y esto ¿por qué?  Porque aparte de haber ganado la guerra y ‘tranquilizado al país’, a ojos de muchas mujeres de ‘buena familia’, Franco no dejó de ser un provinciano que había dado un braguetazo, casándose por encima de sus posibilidades con una señorita de pretensiones aristocráticas que a fin de cuentas usaba la misma modista que ellas. También nos evocan Londres, pastel sin receta los irónicos comentarios feministas que alumbran sobre el papel doméstico de la  mujer en el franquismo (por no decir en la actualidad).  Se trata, en fin, de un libro magnífico basado en la historia personal pero que arroja muy lejos su luz, máxime por la originalidad de su enfoque.

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El libro de Lala Isla, Las rendijas de la desmemoria, publicado en la leonesa Ediciones del Lobo Sapiens, se presenta por su autora en León, en la Biblioteca Pública (calle Santa Nonia, 5), el próximo día 11 de mayo, viernes, a las 19.30 horas. Desde dicha fecha estará presente en librerías. Está prevista su presentación en agosto en La Bañeza y Astorga.


Cuando las Misiones Pedagógicas visitaron Astorga y La Bañeza

Publicado por IBAÑEZA.ES el 23/04/2018 7:23 Comentarios desactivados

Surgía en 1907 la iniciativa de las Misiones Pedagógicas, consistente en excursiones de carácter científico, conferencias y otros trabajos dirigidos a difundir la cultura por los pueblos. Ya en el Congreso Nacional Pedagógico de Valencia de julio de 1909 se trata sobre intercambio escolar y misiones pedagógicas, y un Real Decreto de mayo de 1910 recomendaba a los inspectores de enseñanza organizar conferencias y misiones pedagógicas para interesar a los elementos sociales en favor de la escuela primaria, mientras en febrero de 1912 también en Valencia se propone que las segundas se desplacen a los pueblos “con el fin de mejorar las costumbres y desterrar la ignorancia, origen de las mayores perturbaciones sociales”, una realización que resultó difícil en los años posteriores a pesar de las buenas intenciones y los intentos de llevarla a cabo, como los de la Asociación de Misiones Pedagógicas en el mismo año 1912, o la Comisión nombrada el 6 de marzo de 1931 para organizar y dirigir una misión pedagógica para “llevar por España un curso de perfeccionamiento ambulante”, y que, ya constituida, no pudo cumplir su propósito al proclamarse el 14 de abril la Segunda República, en la que las Misiones Pedagógicas se re-crean, se potencian y se expanden (también desaparecen antes de la guerra civil casi del todo), un logro cuya culminación se puede considerar republicano y del que se beneficiaron numerosos pueblos de la diversa geografía hispana, aunque ya en agosto de 1919 se celebraban en lugares como Sahagún conferencias ambulantes en sesiones de mañana, tarde y noche, recibidas por los encargados de las Misiones Pedagógicas en aquel partido, ante un numeroso auditorio y en las que participa, entre otros, el director de la Escuela Normal de Maestros de León.

Con el Teatro del Pueblo, eran el cinematógrafo y las proyecciones fijas (especialmente el primero; las segundas se usan sobre todo en relación con el Museo Circulante) el auxiliar más poderoso de la actuación misionera en las poblaciones visitadas. De las películas del amplio fondo disponible sobre variada temática se proyectaron en Astorga 18 de los días 22 al 25 de diciembre de 1933, y otras tantas en Val de San Lorenzo, en Nistal y San Román de la Vega, en algunas fechas (que no constan en la Memoria) del mismo mes y año. El 8 de abril de 1934 volvieron las proyecciones a Quintanilla, donde se pasaron tres películas, y el 2 y 3 de noviembre se llevaban ocho a La Baña, además de las seis incluidas en el cursillo agronómico que el 21 de diciembre se impartía en Ponferrada. Algunas de aquellas proyecciones se usaron en los pueblos de La Cabrera como instrumento de lucha por la mejora de la higiene infantil, unidas a conferencias y folletos que perseguían desterrar el vino de la dieta de sus niños y frenar su excesiva mortandad.

El pintor Ramón Gaya en el Museo Ambulante de las Misiones Pedagógicas. La imagen bien pudo haberse tomado en La Bañeza.

Del 7 al 13 de agosto de 1933 una exposición de la primera de las dos colecciones de pintura del Museo Circulante visitó Benavente (a donde llegaba después de estar en Toro). Desde Madrid, el Patronato de Misiones Pedagógicas había propuesto el 24 de julio de 1933 a la alcaldía bañezana traer el Museo de Pintura Circulante del 12 al 19 de agosto, y solicitaba local y medios para su instalación, cediéndose para ello el propio salón del consistorio (que sufraga los gastos) al tiempo que se encargaba al Consejo local de Primera Enseñanza organizar la exposición. El 11 de agosto comunicaba el Patronato que retrasaría su instalación en unos días por desplazarse antes a Galicia. En realidad el retraso tornaría en suspensión de la visita pues la gira por Galicia (por algunas villas orensanas, más concretamente) se debió de alargar más de lo previsto, hasta finales de diciembre de 1933, y es al final de este periplo, ya bajando de tierras gallegas, cuando las Misiones (que portaban el Museo del Pueblo, y las actividades de Cine, Biblioteca, Música, y el Retablo de fantoches) recalan en Astorga y San Román y Nistal de la Vega, para finalizarlo en Val de San Lorenzo, donde su estancia recordaría sin duda a sus vecinos la de los alumnos de la Escuela Madrileña de Cerámica del verano de 1926, que arribaron allí entonces debido a la amistad que unía a su director, Francisco Alcántara, con el pintor Joaquín Sorolla, que desde 1902 a 1911 había viajado por nuestra provincia en varias ocasiones.

Aquel Museo (llamado también del Pueblo, o del Arte) recorrió después otras geografías, y no se le terció mostrar sus pinturas en algunos de los lugares antaño suspendidos hasta el verano de 1935, y así lo hizo en Astorga del 4 al 9 de agosto. En La Bañeza preveía permanecer del 11 al 16, aunque debió de quedarse hasta el día 18 (se ocupó de su vigilancia Lucas Mantecón, y se le pagaron por ello tres jornales), después de que el pleno municipal del 7 de aquel mes acordaba “rogar al Patronato de las Misiones Pedagógicas, que anunciaba la llegada de su Museo Circulante de Arte para el día 10 hasta el 16 de agosto, amplíe la estancia hasta el día 18 inclusive, por alcanzar hasta esa fecha las fiestas patronales de la ciudad”, prosiguiendo en Valencia de Don Juan del 18 al 23 del mismo mes, en una gira provincial iniciada a mitad de julio en Ponferrada y que cerraba en Riaño a mediados de septiembre (con estancias además en Villafranca, Villablino, y Sahagún), en una ruta descendente ahora (al revés de la de dos años antes) del Bierzo a la Meseta. Finalizado aquel recorrido, el Patronato de Misiones Pedagógicas remitía desde Madrid el 16 de octubre al Ayuntamiento bañezano una colección de fotografías pictóricas (realizadas para las Escuelas Normales de Maestros) que se expondrán, según se les comunicará desde la alcaldía al inicio de noviembre, unas en las dependencias de la Casa Consistorial y en las escuelas otras.

El Museo Circulante recorría el país en camiones alquilados y acercaba al pueblo “para su goce y para educar su inteligencia” las grandes obras pictóricas de los autores españoles más importantes de los siglos XII al XVII, en reproducciones de gran tamaño cuidadosamente realizadas. Generalmente estaba una semana en cada lugar, en los días de ferias o de fiestas, y los dos o tres misioneros responsables obsequiaban a los visitantes con copias de los cuadros en fototipia o huecograbado, y dejaban a su finalización otras mayores y enmarcadas para la decoración de los ayuntamientos, escuelas y centros obreros, y como recuerdo permanente del paso del Museo. La colección iba acompañada por voluntarios de la categoría de Sánchez Barbudo, Ramón Gaya o Luis Cernuda, quienes además de dar conferencias explicaban las pinturas a los visitantes, muchos de ellos campesinos. El Museo del Arte llevaba además un proyector de cine y un fonógrafo, y en el inicio de sus sesiones, como en el de todas las actividades que las Misiones difundían, se leía el texto que Manuel Bartolomé Cossio había escrito para explicar quienes eran y lo que hacían: “una escuela ambulante enviada por el gobierno de la República a los pueblos y aldeas, ante todo a las más pobres, a las más recónditas, a las más abandonadas…”.

Los cuadros se colgaban en el lugar más apropiado, normalmente el salón de actos del Ayuntamiento (como se hizo en La Bañeza) o en alguna escuela, cubriendo las paredes con sábanas blancas, para que se vieran mejor, se ponía música clásica de fondo y se colocaban macetas con plantas y flores en la sala, disponiéndose horarios de visita matutinos y de tarde que se combinaban con charlas instructivas sobre las pinturas y su historia y con sesiones dedicadas a los niños, a los que se facilitaba materiales para que ellos mismos dibujaran (algunos habrá que aun lo recuerden…). Antes de irse, la costumbre era dejar en el lugar el gramófono y la colección de discos que hasta allí habían transportado, y también una biblioteca de unos cien libros para que los adultos y los niños siguieran aprendiendo.

140 bibliotecas (60 en 1932 y 80 en 1933) habían distribuido en municipios y pedanías de la provincia de León (más que en ninguna otra) las Misiones Pedagógicas al finalizar el segundo de los años, además de otras 89 bibliotecas escolares repartidas ya en 1931: en Astorga, La Baña, La Bañeza (una donada a la escuela –que será expurgada después que se desate la vorágine de julio de 1936- y otra a la Agrupación Socialista), Benavides, Veguellina, Villarejo, Hospital y Villamor de Órbigo (a la Sociedad Recreativa), Castrillo de San Pelayo, Castrillo de la Valduerna, Fresno de la Vega, Benavente, Pombriego, Manganeses de la Polvorosa, Pobladura y San Román del Valle, Santa María y Valcabado del Páramo, Santa Marina del Rey, Valencia de Don Juan, y Villamañán. En 1934 se reparten en la provincia leonesa 17 nuevas bibliotecas (más de 5.000 había concedido el Patronato al finalizar el año en éste y los dos anteriores), y a 16 pueblos más se entregaban en 1935. La que se halla en una de las escuelas unitarias de la ciudad maragata “es gobernada por los niños y usada por toda clase de personas, circulando además lotes de libros a otras escuelas que los piden”. Aquella y todas las demás serían incautadas a finales de agosto de 1936, una vez que triunfan los alzados, obligándose a los maestros a precintarlas y entregar las llaves al alcalde.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Cárcel bañezana y la represión de la revuelta de octubre de 1934 (II)

Publicado por Ibañeza.es el 9/04/2018 7:31 Comentarios desactivados

De “importadores de veneno y de discordias, venidos de otras poblaciones, donde se les consideraba indeseables, para romper la armonía de las clases sociales de La Bañeza” califica El Adelanto a aquellos detenidos, y alude a algunos otros desterrados, que debieron de ser más que el anarcosindicalista y trabajador de la Azucarera Alberto Jiménez, introductor y animador del anarquismo en La Bañeza, cuyos adeptos (no más de media docena) habrían contado con un local de reunión (posiblemente en 1936) “en la escuela de don Justo García, junto a las huertas, más provisto de libros que la Casa del Pueblo”, según muestra Ernesto Méndez Luengo en su relato novelado [1977: 106], aunque Gabriel González González, entonces afiliado a las Juventudes Socialistas bañezanas, nos afirmaba en noviembre del año 2007 que “no existió nunca local de la CNT en La Bañeza”.

Las muy aflictivas condiciones soportadas por los numerosos apresados entonces en el habilitado Cuartel-Prisón de Santocildes, en Astorga, no debieron de ser muy diferentes en el Depósito Municipal de Presos y Detenidos de La Bañeza, tal vez aquí peores por más masificada y por sufrir mayor deterioro, hacinándose innumerables presos, bañezanos y de otros lugares, magullados y heridos por las palizas y torturas recibidas y en una situación agravada por el padecimiento de enfermedades contagiosas como la tuberculosis, que llega a extremos tales que por ella y por la falta de atenciones a los recluidos que la sufren se origina un enfrentamiento entre los médicos bañezanos Mariano Andrés Luna (que terminaría siendo falangista) y el socialista y republicano Emilio Perandones Franco (que acabará fusilado en León en febrero de 1937). Da de alguna manera la medida del estado de hacinamiento de aquel reclusorio que en la sesión municipal del 7 de noviembre de 1934 se presentaran cuentas de 10,40 pesetas por escobas y botijos y de 275 por paja para sus camastros. Condiciones como las padecidas en una y otra reclusión, y aún mucho peores, se volverán a repetir y padecer en ellas y en tantos otros lugares durante muchos años por los presos republicanos de después de la sublevación de julio del 36, cuando, por ejemplo, Santocildes se vuelva a habilitar como cárcel, convertida en Prisión Central el 11 de noviembre de 1938. También la cárcel bañezana aparecerá como Prisión Central en la documentación penitenciaria de aquellos años.

A pesar de las penalidades padecidas, y de su lamentable estado de abandono, los cautivos en el Depósito Municipal bañezano elevarán el 22 de enero de 1935 una instancia al alcalde “para que les facilite libros, papel y efectos para instruirse entre sí en las primeras letras”, y a la contra de las denuncias y las discordias médicas, desde la alcaldía se comunicará al principio de mayo al comandante del Juzgado Eventual de León que “los detenidos en este Deposito no han sido objeto de malos tratos, según interesa se le haga remitir por don Félix Gordón Ordás”, y en el pleno municipal del 26 de junio uno de los gestores se quejará del relajado servicio de sus encargados, “rogando se les pase un oficio para que se abstengan de dar libertades a algunos reclusos que hasta por la calle salen”, acordándose además mejorar las dotaciones del recinto carcelario construyendo en su interior un pozo de los llamados abisinios, con bomba manual de extracción de agua, como los otros varios con que ya cuenta la ciudad (en la sesión del 28 de agosto se aprobará una cuenta de 105 pesetas por el uno y la otra).

La represión laboral y los despidos de quienes secundaron la huelga general revolucionaria de octubre del 34 se dieron también en La Bañeza, como muestra la demanda de uno de aquellos despedidos, Manuel Rodríguez Fernández (casado y padre de cinco hijos; sería apresado después de julio de 1936), en el Jurado Mixto de León, por la que comparecía en junio de 1936 en la alcaldía acompañado de testigos que acreditaban que “el 6 de octubre de 1934 en la industria del patrono José Perandones Cabo pararon solo dos obreros, y fueron todos a la huelga el día 8; que el 22 de octubre fue despedido por represalias políticas por haberse declarado en huelga con los demás obreros; que el pasado 8 de marzo se presentó al trabajo en casa del patrono pero no fue readmitido (en los primeros días de marzo de 1936 se publicaba un decreto que obliga a readmitir en sus puestos de trabajo a los despedidos por causa de aquella huelga), y que tan solo ha trabajado ocho días desde su despido hasta la fecha en que interpuso la demanda”.

Después de octubre de 1934 el Registrador de la Propiedad Juan María Begué Arjona era trasladado a Pola de Laviana (Asturias) al principio del siguiente año y sometido a vigilancia por orden del gobernador general de Asturias “por ser elemento que se había significado dentro del partido socialista en su anterior cargo en La Bañeza”, y a la mitad de diciembre del mismo 1934, con la Casa del Pueblo bañezana clausurada, desde aquel Gobierno se denegaba la petición cursada por Eugenio Sierra Fernández para volver a dar en sus locales, como antes, espectáculos de cine, denegación también seguramente motivada en la censura cinematográfica que para la provincia de León se había establecido (el Gobierno Civil le remitirá el 3 de agosto de 1935 notificación sobre autorización de espectáculos en la sede socialista).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Cárcel bañezana y la represión de la revuelta de octubre de 1934 (I)

Publicado por Ibañeza.es el 26/03/2018 7:08 Comentarios desactivados

Después de la revuelta socialista del inicio de octubre de 1934, en el Depósito Municipal de Presos y Detenidos de La Bañeza, utilizado como prisión en la que se encarceló a muchos de quienes participaron en ella, y de acuerdo con el informe que el veterinario y exministro leonés Félix Gordón Ordás publicaba a principios de enero de 1935 en la hoja suelta que tituló Por la salud del régimen. La represión en las provincias de Asturias, León y Palencia, habrían sido maltratados:

El 28 de octubre Francisco Escudero Cachón, minero de 40 años, casado y con seis hijos, natural de Orzonaga y vecino de La Valcueva, detenido dicho día en San Pedro de los Llanos, antes de ser ingresado en la prisión pasó por el cuartel, donde fue golpeado brutalmente por la Guardia Civil.

En la misma fecha antes de su ingreso en la cárcel fue en el mismo cuartel bañezano apaleado antes de su interrogatorio Celestino Díez González, de 26 años, soltero, minero, natural y vecino de La Valcueva, detenido en San Pedro Bercianos.

El mismo 28 de octubre, Santos Fernández García, de 46 años, labrador, casado, de San Pedro Bercianos, y su hijo Laurencio Fernández García, de 21 años, labrador, soltero, natural y vecino del mismo pueblo, son detenidos al presentarse a instancias de la Guardia Civil en el cuartel, donde el hijo es apaleado y maltratado a puntapiés y vergajazos en presencia de su padre. Se les acusa de tener trabajando en sus tierras a dos individuos huidos de los sucesos revolucionarios; padre e hijo ignoraban la procedencia de ambos trabajadores, que de análoga manera han sido apaleados en el cuartel de la Guardia Civil de La Bañeza.

Aquel mismo hecho lo narraba El Adelanto del día 3 de noviembre de 1934 del siguiente modo: “Al regresar de León a nuestra ciudad una pareja de la Guardia Civil de este puesto, que había ido a llevar unos presos, se enteró en el pueblo de San Pedro Bercianos de que en casa del labrador Santos Fernández García se habían alojado dos sujetos sospechosos, a los que la pareja encontró escondidos en un hoyo, a quinientos metros del pueblo. Confesaron llamarse Francisco Escudero Cachón (pudiera ser Casbán, alias “Bilbao”), de 39 años, casado, vecino de La Valdueza, y Celestino Díez González, del mismo pueblo y de 25 años. Se declararon autores, junto con otros, de los asaltos a los cuarteles de la Guardia Civil de Matallana (de Torío) y La Vecilla. Como encubridores de los detenidos fueron también presos el citado labrador Santos Fernández y su hijo Laurencio”. Proseguía Gordón Ordás puntualizando en su informe que

El 29 de octubre, Eusebio Villafañez Alonso, de 22 años, soltero, minero y vecino de Ciñera, detenido en Palacios de Fontecha, donde trabajaba, ingresa en la cárcel bañezana, pero antes fue apaleado por la Guardia Civil con vergajos, palos y fusiles mientras uno de los guardias le encañonaba con la pistola. Al día siguiente de haber entrado en la prisión, el médico forense de La Bañeza le examinó, apreciándole un sinnúmero de contusiones y algunas heridas.

En la misma jornada un detenido natural de Ciñera y vecino de Santa Lucía de Gordón, Bautista Tejedor de la Fuente, de 27, años, soltero, minero, y apresado el mismo día en Bercianos del Páramo, en casa de su familia (el Juzgado Militar Eventual de la Plaza de León dispondrá su libertad del Depósito Municipal bañezano el 31 de julio de 1935, “por serle sobreseída por la Autoridad Judicial de la División la causa en la que estaba procesado por los sucesos revolucionarios de Santa Lucía”), ingresó con Villafañez y le ocurrió como a éste, si bien sus heridas fueron de menor importancia.

El 3 de noviembre se tortura y apalea duramente a otro minero antes de encarcelarlo, José de la Fuente Rabanal, de 21 años, soltero, de Carrocera y también vecino de Santa Lucía, detenido ese día en La Bañeza en el hogar de unos parientes. Volvió a ser salvajemente maltratado el día 29 cuando se le condujo a su pueblo para recoger la escopeta que había declarado tener escondida, golpeado por unos seis guardias mientras lo mantenían semicolgado del techo (torturas parecidas se aplicarán en aquel cuartel en el otoño de 1936 al menos a Andrés Posada, padre de un perse-guido de Jiménez de Jamuz, Primitivo Posada Ríos, para que delate el paradero en que su hijo se esconde).

El 17 de noviembre es maltratado de obra en el bañezano cuartel de la Guardia Civil Blas Fernández Vega, de 29 años, minero, casado, natural de Villazala del Páramo (donde fue detenido en casa de su hermana) y vecino de Santa Lucía, e ingresado después en la prisión. Los mismos guardias civiles hubieron de reconocer pronto su inocencia, no obstante haberse declarado culpable por miedo a recibir más palos, y lo amenazaron con pegarle de nuevo por haberse declarado culpable de delitos que no cometió.

De modo parecido, han sido apaleados en el cuartel de la Guardia Civil de La Bañeza Cayetano González Lorenzo (“el Vasco”), Salvador Rúa González, Isaac González González y Toribio Santos Santos. El penúltimo para que no le pegaran más, declaró, como pretendían, que había ejercido coacciones durante la huelga, y el último fue puesto en libertad después de haber sufrido una tremenda paliza de la que le quedaron en el cuerpo señales muy visibles (todos ellos bañezanos partícipes en la revuelta en la ciudad, fueron apresados por la Benemérita el 19 de diciembre “por estar complicados en los últimos sucesos revolucionarios”. Volveremos a encontrarlos –sobre todo a los dos primeros- interviniendo en La Bañeza y su comarca en las fechas del golpe militar de julio de 1936).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El cierre en 1933 de las Escuelas Nacionales bañezanas (III)

Publicado por Ibañeza.es el 12/03/2018 7:11 Comentarios desactivados

La Ley de confesiones y congregaciones religiosas atacaba la base del sistema educativo católico al decretar el cierre de los centros de enseñanza de la Iglesia, con excepción de los seminarios, y los legisladores, excesivamente apresurados, fijaron el 31 de diciembre de 1933 como fecha tope para el mismo. La Iglesia católica poseía 295 centros de segunda enseñanza, con 20.684 alumnos y 4.965 de enseñanza primaria, donde estudiaban 352.004 escolares. El Gobierno confiaba en levantar en pocos meses 7.000 escuelas públicas y 20 institutos nacionales de bachillerato, que paliasen los efectos de la clausura inmediata de los centros religiosos, sobre todo en el medio rural, y seguir luego creando escuelas a un ritmo de 4.000 por año (e invitaba a las entidades particulares y organismos oficiales a ofrecer gratuitamente edificios en los que poder instalar centros docentes). En la enseñanza media, la sustitución se realizó sin grandes problemas, pero no sucedió lo mismo con la primaria. Aunque se improvisaron unos 10.000 maestros mediante cursillos especiales, fueron muchos los ayuntamientos que por falta de voluntad o de medios no abrieron nuevas escuelas, lo que originó una considerable incertidumbre en numerosas familias. Por fin, cuando se aproximaba el término del plazo legal para el cierre de los centros religiosos, se produjo el 19 de noviembre la derrota electoral de la izquierda, y los nuevos gobernantes radicales-cedistas suspendieron la aplicación de la Ley, lo que permitió a la Iglesia mantener abiertos sus establecimientos docentes.

En lo relativo a La Bañeza, la inspectora de la zona (la señorita Bohigas Gavilanes), que no se había desplazado a la ciudad para ver las reformas de las escuelas terminadas, volvía a clausurar a finales de septiembre de 1933 sus locales por no ajustarse la reparación recién finalizada a lo ordenado y no estar en condiciones de higiene sus retretes (“obra muy costosa para la que el Ayuntamiento en la actualidad no puede disponer de cantidad, por lo que le ruega tenga en cuenta tales razones y levante la clausura que en la actualidad tiene ordenada” le solicitaba el alcalde el día 22), por lo que se nombra una comisión formada por los concejales Lombó Pollán, González Manjarín y Nistal Blanco para dirigirse a León, a la Inspección Provincial, y si allí no resolvieran que al día siguiente se abrieran las escuelas, continuar los dos últimos viaje a Madrid para entrevistarse con el ministro de Instrucción.

Así se hizo, viéndose en la capital con el inspector Jefe de Primera Enseñanza, que les indicó no poderse atender a la apertura de las escuelas si no se enviaba antes del día 6 u 8 de octubre al Consejo provincial de primera enseñanza una relación detallada de todo lo ocurrido en este asunto (lo que se hizo luego con premura). Al no solucionar la situación con ello, prosiguieron camino de Madrid los ediles Isaac Nistal Blanco y Porfirio González Manjarín, conferenciando allí con el director general de Primera Enseñanza, al que informaron del estado de los locales escolares y de su cierre, lamentándose éste de que se tratara de un asunto político, al haber ratificado el cierre la inspectora fundada tan solo en referencias (“Tenemos allí un coco que hay que extirpar”, habría dicho el responsable ministerial, referido a la inspectora que tales problemas causaba, según el acta del pleno en el que se relatan las gestiones). El director ordenó telefónicamente al inspector Jefe de León visitar por sí mismo las escuelas y disponer su apertura, solicitada por la comisión visitante con el compromiso de arreglar en ellas lo necesario cuando sea oportuno.

Acompañó en todos los trámites en Madrid a los concejales bañezanos el astorgano Quirino Salvadores Crespo (mecánico, tornero-fresador), diputado socialista por Zamora (asentado allí desde niño y allí asesinado el 14 de septiembre de 1936), al que otorga la Corporación bañezana un voto de agradecimiento por su ayuda de ahora y por los apoyos que ya había desplegado en la capital zamorana cuando otra comisión se desplazó a aquella ciudad para atender a otras gestiones de interés general para el Ayuntamiento.

A pesar de lo actuado, avanzando octubre aún continuaban las escuelas públicas cerradas, y se recibía el día 9 nota de la inspectora solicitando para autorizar su apertura certificado médico de hallarse los retretes en las debidas condiciones higiénicas, que se le envió de inmediato firmado por el doctor Manuel Marqués Pérez, Inspector municipal de Sanidad y vocal médico en el Consejo local de Primera Enseñanza, añadido a los informes sanitarios favorables de dos médicos locales (aquel mismo y Laureano Alonso González) sobre las escuelas que días antes el alcalde ya le había remitido (no obstante los cuales insistiría en exigir el nuevo dictamen).

En un escrito publicado el 7 de aquel mes por El Adelanto afirmaba la inspectora que “el médico del Consejo local no podría certificar la salubridad del retrete del patio de las escuelas, que los vecinos de La Bañeza pueden visitar para convencerse de la razón”. Fundados en ello, se propone la Corporación municipal en su sesión del día 10 facilitar tal visita al pueblo bañezano, y mostrarle el oficio en que se señalaban las obras a realizar, que se han cumplido. Los retretes, según la inspectora deben de estar provistos de agua corriente, y aunque ella prometiera enviar planos y proyecto para la obra elaborados por el técnico de la inspección (entonces el Ayuntamiento carecía de arquitecto), aún no los remitió. Todos los informes facultativos (que de nuevo se remiten) son en aquella fecha favorables, y así y todo las escuelas no se abren, se dice, y añade el concejal Narciso Asensio que “debe descubrirse quienes son los que quieren que los niños continúen en la ignorancia” (a pesar de sus lamentos por el fin de la enseñanza religiosa), mientras que su compañero de la minoría socialista Porfirio González Manjarín propone informar de los hechos al gobernador civil para que adopte una resolución favorable a la apertura, y solicitar del Consejo provincial la contestación a la relación de lo sucedido (que aún no se ha dado), acordándose publicar un bando invitando al vecindario a visitar las escuelas, que se abrirán unas horas para tal fin, y que si antes no se abren, el domingo día 15 se organizará una manifestación desde la Plaza Mayor hasta el edificio en que se hallan pidiendo su apertura, que no resultó necesaria, pues en el siguiente pleno se dirá haberla autorizado la inspectora para el viernes 13 de octubre, a reserva de su visita a los locales.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


El cierre en 1933 de las Escuelas Nacionales bañezanas (II)

Publicado por Ibañeza.es el 26/02/2018 8:57 Comentarios desactivados

Al comenzar octubre de 1933 “el municipio bañezano que tanto alardeó de su cultura y que promovió la creación de una Escuela de Artes y Oficios que quedó en agua de borrajas” (decía El Adelanto), continuaba con las dos escuelas nacionales clausuradas, que lo habían sido en mayo por la inspectora Francisca Bohigas Gavilanes, dado su mal estado desde hacía tiempo y sus inatendidos requerimientos de adecuarlas desde septiembre de 1931, en defensa de los derechos de los 350 niños y niñas que las pueblan, y sin que el Ayuntamiento hubiera realizado las obras convenidas para dotar unas de retretes (con agua corriente y pozo séptico) y eliminar en otras su insalubridad (mientras que si había proveído hacía poco de servicios higiénicos las oficinas del juzgado). La situación se resolvía a mediados de octubre, retomándose las clases el día 13 para ocuparse del Tercer Grado la maestra Tomasa Rodríguez Peñín, y del Segundo Tránsito Castro González (esposa del abogado astorgano Olegario Combarros), las dos enseñantes como propietarias, y de la Unitaria de la calle Pablo Iglesias Julia Ibán Valdés como maestra interina (a primeros de mayo de 1934 se la trasladaba al pueblo de Parada-Nigrán, cerca de Vigo). Por entonces contaba con doce maestros La Bañeza, y en Santa María del Páramo cuatro maestras y siete maestros cursillistas están realizando el mes de prácticas.

Un largo y complicado camino había seguido la suspensión y el reinicio de las clases en las escuelas públicas bañezanas, afectado a lo que parece por los avatares, las contiendas y los intereses que giraban en torno a la Ley de sustitución de la enseñanza religiosa, que las derechas calificaban de nefasta, que obstaculizaban y a la que por todos los medios se oponían:

Se nombraba el 24 de junio en La Bañeza (y “se comunica al maestro más moderno en la localidad”) a los concejales Joaquín Lombó Pollán y Porfirio González Manjarín como integrantes de la Comisión mixta para el estudio de la sustitución de aquella enseñanza, que ha de colaborar para su reemplazo con la Dirección General de Primera Enseñanza, y cuyos gastos han de correr por cuenta de los ayuntamientos, tal como obligaba la correspondiente orden ministerial, dispendios estos que desde la prensa de derechas (incluidos El Diario de León y El Adelanto) se critican ácidamente por excesivos e innecesarios cuando la situación económica del país es tal que el ministerio de la Guerra acordaba por entonces que, “en vista de que le es imposible proveer de prendas interiores a los nuevos reclutas, se les den las que en los licenciamientos dejen los individuos en almacenes, después de desinfectadas y lavadas”. A finales de aquel mes el abogado leonés y diputado en Cortes Publio Suárez Uriarte remitía a la Corporación del Ayuntamiento de Santa Elena de Jamuz un escrito relativo a las gestiones que ha realizado cerca del ministro de Instrucción Pública para conseguir una subvención a las escuelas del municipio. Al inicio de agosto los delegados municipales bañezanos aún no habían actuado ni tomado siquiera posesión en aquella Comisión, y solicitan en el pleno municipal del día 2 que se ponga en conocimiento de la Comisión provincial para que subsane tales deficiencias, comunicándolo también al presidente de la Comisión mixta local.

Elías Falagán Domínguez.

En los meses del otoño aquella Junta municipal solicitará las relaciones nominales de los alumnos matriculados en cada uno de los centros de enseñanza bañezanos a sus maestros responsables, Hilario Escudero Fernández del Colegio Bañezano, Servando Juárez Prieto del Colegio del Niño Jesús, Francisca Pascua Riesco de la Escuela Graduada de Niñas, Ricardo Álvarez Acedo de la Escuela Graduada de Niños, Clotilde Pascua Riesco y Pedro Rubio García del Colegio Montessori, María Escudero Fernández del Colegio de la Sagrada Familia, y Julia Ibán Valdés, de la Escuela Unitaria de Niñas. 40 alumnas asistían a la última; 13 niños y 24 niñas de entre 4 y 13 años cursaban con María Escudero; 40 niños acuden al Colegio Montessori con Pedro Rubio, y 14 niñas y 18 niños de entre 4 y 13 años al mismo con Clotilde Pascua; a la Graduada de Niños van 38 alumnos de 6 años, 32 de 7, 31 de 8, 31 de 9 años, 17 de 10, 32 de 11, 9 de 12 y la misma cantidad de 13 años, en total 199 alumnos; en la Graduada de Niñas cursan 168 alumnas, 45 en el grado 1º, 34 en el 2º, 27 en el 3º, 30 en el 4º, y 31 en el 5º grado; además figuran 70 niños y niñas matriculados en el Grado de Párvulos, a cargo de la maestra que lo era de Castrocalbón, agregada a la Graduada bañezana al haberse clausurada la escuela que regentaba en aquel pueblo. En el Colegio Bañezano estudian 92 niños de entre 4 y 13 años, y 10 niñas de edades entre 13 y 6 años y 24 niños lo hacen en el Colegio del Niño Jesús, uno de ellos Elías Falagán Domínguez, de 9 años, hijo del socialista Elías Falagán Martínez, que vendrá a ser, como su padre, una víctima más en La Bañeza de la represión fascista cuando fallezca a la edad de 15 y a la altura de 1940 a consecuencia de una peritonitis provocada por la brutal paliza que en el cuartelillo le propinarán falangistas bañezanos.

El presidente de la Comisión mixta para la sustitución de la enseñanza religiosa, Porfirio González Manjarín, convocará a los demás miembros de la misma, los maestros Dionisia Arconada Ontañón y Ricardo Álvarez Acedo, además del concejal Joaquín Lombó Pollán, a sendas reuniones el 23 de noviembre y el 18 y 22 de diciembre, cuando, después del triunfo de las derechas en las elecciones generales del pasado noviembre, los ímpetus del reemplazo de tal enseñanza corren ya muy tibios y mermados para terminar después desapareciendo. Cuando se renueven en la primavera de 1936, porque las plazas escolares existentes seguirán siendo escasas, tampoco se llevará a cabo la sustitución de la enseñanza religiosa en La Bañeza, y ni siquiera cuando el Gobierno del Frente Popular retome y ponga en práctica aquella pretensión de cerrar los centros que la imparten sucederá tal en la ciudad.

Se había previsto al comenzar agosto de 1933 que la enseñanza en los centros religiosos cesara el primero de octubre, aunque en lugares como Astorga (y otros) la comisión de Hacienda de su Ayuntamiento emitía a la mitad de aquel mes un dictamen, que se aprueba por unanimidad, según el cual es imposible para el Consistorio, dada su situación financiera, subvenir a las necesidades que crea en la ciudad la sustitución de la enseñanza religiosa, al igual que ya había hecho a principios de julio el Ayuntamiento de León.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


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