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“Déjame ver tu currículum para ver lo que has hecho”

Publicado por A. Cordero el 11/12/2017 9:04 Comentar

Siempre me ha dado pena la actitud de algunas personas, que en su juventud tuvieron cierto éxito en los negocios, incluso levantando un imperio de la nada, sin más ayuda que sus propias manos; a veces para dejar en herencia a unos hijos o sobrinos que igual ni lo merecen un patrimonio que les permitiría vivir holgadamente el resto de su vida, mientras que ellos en el ocaso de su vida no tienen más aspiraciones que contar los días y esperar a que llegue la dama de la guadaña.

Hay quien se ríe de mi cuando digo que en mi imaginación veo a San Pedro a las puertas del cielo pidiendo al recién llegado que le describa los méritos que ha ido acumulando a lo largo de su vida; una especie de currículum donde aparezca todo, lo bueno y lo malo para que el guardián del cielo decida a qué lugar lo destina según sea la cosecha del visitante hasta el momento de presentarse allí.

“Déjame ver tu currículum para ver lo que has hecho”, supongo que dirá San Pedro en el umbral de la puerta y, lamentablemente, habrá quien solo pueda decir: “trabajar, comer y dormir. Y cuando los años me impidieron seguir trabajando, me dediqué a esperar a la guadaña”. Algo así, con mis palabras. Por eso empezaba este rollo hablando de la pena que me da la actitud de las personas que se ajustan a este patrón que pongo tantas veces como ejemplo, que las hay.

En cambio, me encanta la actitud y el “currículum” de otras personas que a los noventa años siguen queriendo aprender, que a pesar de sus méritos, sus éxitos, sus condecoraciones y su sabiduría, se encogen de hombros y dicen que “todavía están aprendiendo”, como el P. Álvaro Huerga, como Conrado Blanco, por citar dos ejemplos muy arraigados a La Bañeza, desafiando a la edad y a los impedimentos de ésta y dando a los jóvenes y no tan jóvenes una gran lección de humildad y demostrando que los años no tienen por qué poner trabas a los sueños.

Estoy segura de que ante currículums de esta talla, San Pedro tendrá que sentarse y tomárselo con calma para poder asimilar todo su contenido antes de asignarles el puesto definitivo, porque tendrá páginas y páginas y páginas y páginas…


Porque en León se come muy bien, lo vamos a conseguir

Publicado por A. Cordero el 4/10/2017 8:03 Comentarios desactivados

Es verdad que uno siempre es amante de su tierra, de sus costumbres, fiestas, monumentos y tal –y a todos nos ha pasado alguna vez–, que cuando viajamos, dependiendo de donde nos lleven nuestros pasos, echamos un poco de menos la gastronomía local y tendemos a comparar aquello con lo nuestro. También es verdad que en León se come muy, muy bien, mucho mejor que en la mayoría de las provincias españolas y en las comparativas tiene el listón muy alto.

Y eso no sólo lo decimos los leoneses, lo dice todo el mundo. Algunos turistas incluso nos visitan por nuestra gastronomía y lo que menos les motiva es el patrimonio. Con el tiempo recuerdan el tamaño de las tapas (gratis, muy importante) y lo bien que comieron cuando estuvieron en León, o en El Bierzo, o en Astorga, o en la Maragatería, o en Valdevimbre, o en La Bañeza, donde tenemos tantos y tan buenos establecimientos en los que el cliente se lleva un grato recuerdo a su casa.

Es por eso que muchos grandes chefs, de dentro y fuera de nuestras fronteras, están apoyando la candidatura que el Ayuntamiento de León ha puesto en marcha para conseguir que nuestra provincia (y quiero recalcar lo de provincia) sea Capital gastronómica en el año 2018. Porque en León, hay que meter muchas zonas que dan fama a la capital pero también a la provincia que sin ella no sería lo que es; lugares donde se encuentran las IGP y los sellos de calidad que llevan a León a colocarse en la cima en cuanto al buen yantar se refiere.

Ante las cifras que mueve cada año la Alubiada de La Bañeza, celebrada recientemente y referente de encuentros multitudinarios en la provincia, sin contar la infinidad de citas gastronómicas que tienen lugar en cada rincón de León, donde a lo largo del año se celebran todo tipo de eventos gastronómicos –siendo los gratuitos o los que tienen precios populares los más atractivos, que todo hay que decirlo–, León tiene más que sobrados méritos para alzarse con el galardón y lo contrario nos parecería mal…

Es por eso que, a quienes nos preocupan las cifras y quienes vivimos un poco de las cosas de comer, nos damos especial cuenta de lo que esto supondría para la provincia en cuanto a términos económicos se refiere, ya que se incrementaría el turismo de forma notable y eso repercutiría en beneficio para la provincia, en todos los sectores, no sólo el hostelero, también la repostería, las tiendas de alimentación, los pequeños artesanos y muchos más, porque el hecho de lucir la coletilla “Capital gastronómica” ya invita a desplazarse a León y comprobar de primera mano si es verdad eso de que “en León se come tan bien como dicen”.


Conductores suicidas, asesinos o quizás no tanto

Publicado por A. Cordero el 24/07/2017 8:01 Comentarios desactivados

Hace unos días me tropecé con un listado de infracciones de esos que no se sabe si están dictados por la mismísima DGT, o por el gracioso de turno, con el llamativo título “multas del verano”. Un texto de esos que viajan de un grupo a otro, y, muchas veces centran el tema de tertulia en el bar o en su defecto, en las redes sociales pero más en la intimidad. Pero lo malo de generalizar las normas, tanto las de tráfico como las que se esconden en las ordenanzas municipales, es que a veces se traspapelan las caras, se confunden los hechos, se manipulan los datos y víctima y verdugo se acaban confundiendo y terminamos por no saber quién es quién, tildando de “asesino” a quien no lo es y dejando que se vaya de rositas quien siembra el pánico en las tranquilas noches veraniegas, por ejemplo.

Como hay momentos en los que la ética y el sentido común pasan a un segundo plano, empujados por un ansia de comodidad o de libertad que el sujeto común dice merecer, hay quien se relaja, se quita la camisa delante de las personas que –habitualmente la llevamos puesta aunque tengamos el mismo calor– o se descalza en lugares comunes por la misma razón, “porque me da la gana y quiero estar cómodo”, sin tener en cuenta que a quienes estamos tomando un café o paseando, posiblemente no nos apetece ver una barriga cervecera que dista bastante del erotismo, de la belleza y por supuesto, del buen gusto. Pero como hay quien solo piensa en sí mismo, cual Tarzán en la selva, por las vías de la ética y las buenas maneras no hacemos labor.

Quizás quien ha sacado a la palestra las susodichas normas, ha exagerado un poco, pero no estaría de más echar mano del manual de las buenas formas y evitar que los señores que dictan las leyes vayan por la tremenda y ataquen al ciudadano como mejor saben: poniendo ceros a una cifra con la que las reglas de convivencia se aprenden solas. La verdad es que como yo soy algo intransigente en los temas en que la legalidad se tambalea me alegré por algunas de esas medidas; está claro que el único modo de aprender las normas de ciudadanía de forma fácil y efectiva es si el asunto afecta al bolsillo y eso estos señores lo saben bien.

Hay quien supone que esta medida sea un exceso de imaginación para asustar a la opinión pública con unos cuantos supuestos destinados a engrosar las arcas públicas, pero tal vez esta sea la única fórmula que entienden algunos de esos conductores suicidas, o lo que es peor conductores asesinos; así pasear de noche por las calles no se considerará un deporte de riesgo. Claro que sacar la mano por la ventanilla, beber agua o conducir con chanclas y sombrero, tampoco me parecen delitos suficientes para criminalizar al conductor, mientras que a quienes tiran colillas por la ventanilla o a quienes hacen carreras por las vías públicas, igual había que añadirles dos o tres ceros por la derecha y un asterisco con rotulador permanente en los listados de la DGT.


‘No eres de La Bañeza’ si no compras en empresas de aquí

Publicado por A. Cordero el 15/05/2017 8:25 Comentarios desactivados

Igual es muy fácil escribir estas letras teniendo en cuenta que soy parte implicada y para mí constituyen el agradecimiento que voy a hacer por medio de ellas. La empresa familiar de la que he formado parte toda mi vida laboral, ha sido una de las elegidas para formar parte de una reivindicación que deberíamos hacer todos: Comprar en La Bañeza. Consumir productos de La Bañeza. Quedarnos a vivir en La Bañeza. Trabajar en y por La Bañeza. Llevar a la práctica eso que tantas veces nos llena la boca al mencionar La Bañeza; no quedarnos sólo en esa especie de amor virtual que no llega a más, mientras por un lado decimos añorar y por el otro escapamos en el primer tren sin tener en cuenta el destino ni las condiciones de vida a las que nos llevará.

Agradezco enormemente la labor de investigación y el detalle de esta chica de sugerir entre sus ejemplos, el nuestro, porque eso es una publicidad impagable y directa, y sobre todo, porque no llega de la mano de las instituciones que igual son las que deberían luchar de verdad desde sus campañas del comercio para que sean realmente efectivas.  Esto me gusta y siempre he defendido la necesidad de comprar al tendero del barrio, porque es quien mejor sabe el perfume que nos gusta, los zapatos que se adaptan a nuestros pies y a nuestro estilo de vida, cómo de hecho nos gusta el solomillo, qué corte de pelo nos favorece más o qué es lo que nos gusta tomar cuando vamos al bar de siempre, mejorando las relaciones, los negocios y la atención al cliente de forma considerable.

Ahora quiero hacer un inciso en una noticia que leí hace unos días (y que no me dio ninguna pena, por cierto), sobre el cierre masivo de centros comerciales en Estados Unidos por aquello de que “se había pasado el boom” y que esa especie de epidemia se estaba contagiando a otros países. Al parecer las marcas más comerciales vuelven a apostar por la individualidad y prefieren tener una sola tienda situada estratégicamente en calles céntricas que varios cuchitriles hacinados en un espacio común separado por paneles de Pladur.

Tal vez, con este hilo conductor sea momento de recapacitar un poco y valorar la pequeña tienda de nuestros vecinos, porque son ellos, no las grandes superficies, ni las grandes cadenas alimentarias que “lo regalan todo”, los que a su vez son también nuestros clientes, los que nos saludan por la calle, los que nos invitaron ayer en la cafetería de enfrente, los que forman parte del mismo grupo de carnaval, de la misma Peña, de la clase del niño, o del grupo de Pilates….

Así, con la obligatoriedad de agradecer este gesto, encuentro la excusa perfecta para seguir haciendo hincapié en lo que he dicho tantas veces y que siempre me recuerda a una campaña del comercio promovida por el ayuntamiento y que tiñó de verde aguamarina la zona comercial de la ciudad con un eslogan que quedó grabado en nuestra memoria y que decía así: “Compra en La Bañeza, tienes de todo”. Con permiso de la autoridad de entonces, yo añadiría: “y todo de la mejor calidad”. Esta chica, que probablemente no habría nacido en aquel momento, adaptó sin querer el anuncio a los formatos y tiempos actuales y dijo: “No eres de La Bañeza si consumes productos fabricados en otras provincias en lugar de los de nuestras comarcas”. Cualquiera de los dos ejemplos va encaminado a hacer crecer a La Bañeza, que es lo que todos queremos, ¿o no?


Cuando se tienen tantas chaquetas y tanta tela que cortar…

Publicado por A. Cordero el 17/04/2017 9:10 Comentarios desactivados

Hace días me dijo un personaje -del que hay mucha tela que cortar- que tenía mucha facilidad para cambiar de chaqueta y, procurando no meterme de lleno en el saber popular, he de reconocer que si, que tengo muchas chaquetas en mi armario y cada día me pongo una distinta, ya que el cambio de ropa es tan necesario como la ducha, aunque muchos no hagan demasiado uso ni de lo uno ni de lo otro. Yo, por el contrario, suelo sacar a la calle, y sobre todo a actos sociales -a los que acudo con mucha frecuencia- toda mi colección.

Quizás sean algunos de esos que solo tienen una chaqueta, un par de camisas de saldo y un jersey raído, los que deberían hacer más acto de presencia en determinados saraos, y resolver dudas que, hasta donde a mí me llega la inteligencia es su obligación, en vez de solucionar con pataletas e insultos fáciles aquello que está muy bien cómo se está haciendo, pero no va con su doctrina; aspecto éste en el que también hay mucha tela que cortar.

Y no me pienso explicar, porque a mis lectores avispados – que son la mayoría- no les hace falta y si alguno lo necesita le recomiendo que se quede en lo superficial y no le de más vueltas. Total, para hablar solo de chaquetas… es curioso, pero otra vez más tengo que sacar a relucir el dicho que mi padre me repetía a todas horas “según ven a la gente así la tratan” y no puedo evitar sentirme orgullosa y afortunada de haber tenido ese padre y de tener tantas chaquetas, claro que para esos que no distinguen la de ir a correr de la de ir a misa, poco o nada podemos hacer los entendidos en estilo y moda.

Dice el manual del prefecto caballero; un libro muy aburrido que habla de americanas, cuellos abotonados, zapatos de vestir, corbatas y todas esas prendas tan incomodas que se ponen algunos hombres, y cuyo estudio en profundidad recomiendo a estos tipos de chándal y camisetas de propaganda, que “el bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza y el elegante se viste”. Un interesante consejo de Honoré de Balzac que por supuesto yo no discutiré, pero si me tomaré la licencia de recomendar su uso, abuso y reflexión.

Y no, querido escribidor de piropos chaqueteros para mi persona, creo que no le hará falta que yo le diga cuál es el grupo en el que mejor se adapta usted y los suyos, seguro que aunque esos datos le parezcan de “pijos” verá que es todo un arte el saber combinar prendas y lucir un aspecto agradable a los ojos de quien nos mira, porque, déjeme que le diga, que no sólo hay que sentirse a gusto uno mismo, sino que hay que tratar de que quienes nos rodean, se sientan a nuestro lado o se cruzan con nosotros, también se sientan bien al compartir espacio. En mi caso, prefiero cerca una persona limpia, bien vestida y perfumada, que un marrano sin peinar, sin pasar por la ducha y con un polar (por citar la antítesis de la chaqueta…) Igual solo es cuestión de que usted y los suyos miren alrededor, piensen en el puesto que están representando y nos obsequien con una presencia digna y de buen gusto; a veces no es cuestión de innovar sino de copiar, que no es delito.


Cuando un producto se dice natural pero lleva ingredientes extraños

Publicado por A. Cordero el 26/02/2017 8:46 Comentarios desactivados

Dicen que cada vez nos cuidamos más, y quién soy yo para decir lo contrario. Quizás algunos reportajes en blogs y revistas sobre vida sana y hábitos saludables pasan por alto ciertas cosas o han sucumbido al soborno de las grandes multinacionales, o quizás sea el propio consumidor que haciendo excesivo caso de la publicidad y sin pensar que ésta tiene otra funcionalidad, en ocasiones le lleva a creerse al pie de la letra todo lo que dice la tele, pero el caso es que cada vez hay que estar más atentos a lo que comemos, porque los ingredientes extraños se cuelan con mucha facilidad en nuestras mesas.

Con tanta hartura de programas en los que chefs y aprendices de chef denominados innovadores y a los que ya no les sirve presentar en el plato una comida normal, nos bombardean con productos químicos que -según ellos- garantizan una textura, un color, o una apariencia muchas veces innecesaria y siempre antinatural, desde el otro lado de la pantalla animan al ama de casa de toda la vida a experimentar nuevas técnicas que no pueden competir ni de lejos con una paella, un plato de pasta, un estofado o unas Alubias de La Bañeza, por poner algunos ejemplos.

Tanto es así, que las amas de casa tradicionales se acaban sintiendo desplazadas cuando llega –vamos a suponer– la sobrina entendida y moderna con la brillante idea de hacer al cocido de garbanzos de toda la vida una deconstrucción, una esferificación, una liofilización, una cocción con nitrógeno líquido o cualquier otra técnica llegada del programa de la tele; un lugar donde la superficie de trabajo más parece la mesa del laboratorio de un científico sacado de un capítulo de Los Simpson que una cocina, y donde los recipientes con polvos sospechosos ocupan el lugar de las especias y los ingredientes de toda la vida.

Quizás en estas cosas se me nota mucho mi procedencia rural, pero yo no me como una tortilla comprada ni aunque me aten de pies y manos y me la metan en la boca… es más, desde que al Ministerio de Sanidad le vale todo, yo puedo dedicar un cuarto de hora en el supermercado a mirar los ingredientes de todas las marcas de un único producto y acabar dejándolo de nuevo en la estantería si el fabricante no logra convencerme.

Hace ya bastantes años y gracias al último supermercado que aterrizó en La Bañeza y a sabiendas de dónde envasa muchos de sus productos de marca blanca, no meto nada en el carro sin haber hecho antes un análisis exhaustivo de todo aquello que no tiene que llevar. Por ejemplo: antioxidantes, humectantes, conservantes, colorantes, potenciadores del sabor y un sinfín de pócimas o “venenos lentos” que tras un código que intentan disfrazar con un inocente  E- se esconden ingredientes nada recomendables para el consumo humano; algunos de ellos prohibidos por las autoridades sanitarias de otros países de la UE.

Dice Arguiñano (y era el único cocinero televisivo del que me fiaba hasta que empezó a publicitar caldos concentrados), que “somos lo que comemos”, por eso en mi casa no comemos cualquier cosa. Es así que cuando vi que una conocida marca de magdalenas en cuyo envase figura en letras grandes la palabra ‘natural’, mientras exhibía entre sus ingredientes glicerina (yo pensé que se utilizaba para hacer jabones y perfumes…) empecé a comprar las magdalenas a Tomás Guerrero siempre que la pereza o la falta de tiempo me impide coger harina, huevos, azúcar, zumo de naranja o de limón, levadura y unos cuantos papeles y hacerlas en casa. Con el resto de alimentos, igual.


Mi participación en el III Congreso de cofradías

Publicado por A. Cordero el 3/02/2017 8:17 Comentarios desactivados

El pasado domingo tuve ocasión de compartir una experiencia nueva, gracias a que la Junta Profomento de la Semana Santa de La Bañeza confió en mí para ejercer las labores de presentación de un evento que también para ellos suponía un reto; el de superar con nota una jornada dedicada a compartir todas las inquietudes y cuestiones -en ocasiones- menos gratas y que se encuentran de puertas adentro de cualquier hermandad o asociación. Y lo consiguieron. La Bañeza volvió a demostrar una vez más su hospitalidad, sus dotes organizativas y su poder de convocatoria, juntando a una treintena de cofradías de toda la provincia y la presencia del Sr. Obispo para clausurar con una Eucaristía una jornada en la que los asistentes tuvimos ocasión de disfrutar y aprender.

Me siento afortunada por presenciar en primera fila el recorrido por pueblos y ciudades de toda España, de la mano del Cronista Oficial de Orihuela, Antonio Luis Galiano, que desgranó con todo detalle muchas curiosidades que acompañan a algunas imágenes, cofradías o procesiones de toda la geografía nacional y que resultaban desconocidas para mí. Muchas por no haber tenido ocasión de viajar a esos lugares y otras porque nos acercó pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos; tal vez por no prestar la atención que se merecen las tallas, o por desconocimiento del significado de la simbología que el autor de los pasos escondió entre lo más vistoso, lo visible para quienes no nos detenemos a estudiar los detalles, como este experto alicantino que nos regaló su conocimiento y las conclusiones de sus viajes por la iconografía de la pasión.

Pero no menos interesante fue la segunda parte, a pesar de que por el título hacía pensar en densos temas legales, esos que son menos atractivos pero que hay que tener presentes para cumplir con las exigencias fiscales vigentes. Sin embargo, fueron los puntos sobre la gestión humana de las Entidades lo que más espacio ocupó en la mesa-coloquio, donde pude atesorar conocimientos y unos cuantos titulares para escribir de cada uno de ellos una columna de opinión, pero he preferido hacer solo una a modo de resumen y de forma más genérica y resaltar únicamente la riqueza que adquirí con mi presencia en el III Congreso-Simposium de Cofradías de Semana Santa de León.

Aspectos distintos al ser cofradías diferentes, pero idénticos, porque los patrones de comportamiento se repiten en todas ellas, así fueron los temas tratados en los distintos apartados que Marcelino García Seijas puso sobre la mesa para ser debatidos. Las bandas, los braceros, los ex, los radicales libres… Una extensa biografía  que se ajusta a las identidades de todos los miembros de una cofradía y que ilustraron -sin nombre ni rostro- a los que alguna vez han ido por libre sin pensar que “la entrada en una Cofradía es libre, pero una vez dentro ya comienza a haber obligaciones”, conclusión a la que llegaron en algún momento todos los componentes de la mesa y que no siempre se comparte.

Así, bajo la agente mirada de Nuestro Padre Jesús Nazareno, inmortalizado en la fotografía de Xenia, que ilustra el cartel de este año, me di cuenta de lo afortunada que soy al haber  sido elegida para poder participar en esta enriquecedora jornada dedicada a la Semana Santa y de la suerte que tenemos los que pertenecemos a una cofradía, aunque nuestra labor no sea la de tocar un instrumento o pujar un paso; imagino que eso es un orgullo añadido. Es por eso que he querido que estas humildes palabras sirvan para agradecer a la Junta Profomento el que hayan contado con mi presencia para un acto de esta categoría. Por la jornada del domingo y por vuestra confianza, Gracias.


Los perritos de sus dueños y los excrementos de los vecinos

Publicado por A. Cordero el 20/01/2017 8:49 Comentarios desactivados

Hace un año por estas fechas estaba ultimando el pregón que tenía que pronunciar en la fiesta de San Antón, y jugando entre lo serio y lo jocoso, metí entre los versos de mi discurso algunos que hacían mención a los dueños de los perros y de lo poco que agradarían al Santo algunas actitudes tan poco sociales y tan distintas a las normas de convivencia que nos rigen y que a todos nos gustan. La intención era que el eco de mi ironía se mezclara con la bendición y llegara a alguno de ellos, a ser posible perdurando en el tiempo.

Creo que no lo conseguí, porque cada noche cuando salgo a caminar por las calles aledañas a la mía, tengo que ir pendiente de dónde pongo los pies si no quiero llevarme un recuerdo para casa. Se nota que cuando se deja de hablar de las ordenanzas municipales en materia de excrementos perrunos y de la multa que le pusieron a “Fulanito”, los dueños de los perros se relajan y continúan cada día dejando su impronta en cualquier rincón apartado donde pasa menos gente que en el centro, sin despeinarse y saltándose a la torera todo tipo de normas, leyes, conductas y comportamientos.

Ajenos al hecho de ser protagonistas de este artículo y creyéndose poseedores de una bula o similar que les deja hacer a su antojo, hacen uso de la doble vara de medir y no se paran a pensar ni por un momento en el derecho que tienen los paseantes y los vecinos del portal de tener su entrada libre de semejantes dádivas. Se parapetan detrás de los derechos perrunos y no se cortan un pelo en poner a los pobres animalitos a dejar sus deposiciones en cualquier parte, sin distinguir si el lugar elegido por el can es la puerta de la iglesia o las escaleras de una casa particular.

Quizás la proximidad de la festividad de San Antón y la devoción que me inculcaron mis padres de pequeña, me ha servido a mi como inspiración para este artículo; espero que de igual modo les sirva a los marranos (de dos patas) para tomar conciencia de lo que significa tener devoción a un santo y dejarse llevar por sus enseñanzas; o más bien, para intentar al menos meterse por un momento en la piel de San Antón e imaginar lo que éste les diría si los sorprende obsequiando a los vecinos y viandantes con este tipo de presentes.

Igual imaginan bien, porque tontos no son y eso que se imaginen es lo que desde estas líneas les recomendaría que les digan a sus hijos cuando los encaminen a la plaza del Salvador a recibir de manos de don Arturo la bendición del Santo y, claro está, ponerlo en práctica cada día, porque San Antón no descansa y es patrón todo el año…

*Dueños de dulces perritos, ¿se imaginan a sus hijos recordándoles cada día que San Antón los mira y los ha visto dejando un recadito olvidado? No, no se precipiten y piensen bien lo que les van a responder.


Atesorando nostalgia, recuerdos y sillas vacías cada Navidad

Publicado por A. Cordero el 24/12/2016 15:01 Comentarios desactivados

Cuento de Navidad

Al contrario que el resto de niños de su edad, Jorge no se sentía especialmente atraído por el espíritu de la Navidad. Ese sentimiento que inundaba calles, casas y corazones, para él no tenía el mismo sentido, ya que a su alrededor hacía tiempo que no se respiraba esa alegría teñida de rojo y música navideña. Los villancicos que cantaban en el colegio y las guirnaldas de colores con las que el ayuntamiento había decorado las calles, contrastaban con las sillas vacías de su casa.

Desde la ventana veía salir de la tienda donde parecían recobrar vida los juguetes, a infinidad de personas cargadas de paquetes e intentaba impregnarse del espíritu navideño que llenaba cada rincón de la ciudad. No podía evitar soñar como cualquier niño, aunque su madre no pudiera decorar la casa ni acompañarlo a enviar la carta a los Reyes Magos, pero Jorge se quedaba embelesado, con la nariz pegada al cristal esperando ver a uno de los pajes reales de la tienda; uno que siempre se fijaba en él mientras recogía todas las cartas.

Tal vez ese paje sabía por qué Jorge estaba triste tras el cristal, porque cada año al levantarse de la cama se encontraba algún presente y sabía que era cosa de aquel paje que lo miraba desde la tienda cada Navidad. Jorge cerraba los ojos para imaginarse un mundo que ya no existía, pero en lo más recóndito de sus sueños, o tal vez la magia de la Navidad, hacía posible.

Diciembre de 2016. 70 años después

Un año más al mirar hacia el piso de arriba de la vieja casa veo a Jorge que, a sus 80 años sigue pegado a la ventana, como cuando era niño, envuelto en la nostalgia que cada año le produce la Navidad. A pesar de estar tantos años empapado del ambiente navideño existente a su alrededor sigue sin gustarle la Navidad, lleva desde niño acumulando ausencias impregnadas en naftalina y recuerdos en viejas fotos amarillentas y atesorando sillas vacías alrededor de su mesa.

Tal vez, aprovechando que los niños de ahora utilizan otros medios para enviar sus mensajes a los Reyes Magos, no se note mi ausencia si dejo a un lado mis labores como cartero real y le llevo un poco de ilusión a Jorge. Seguiré cumpliendo con mi cometido de repartir la magia de la Navidad y… Quizás él necesite más mi presencia que los niños y consigo llenar por esta noche una de esas sillas vacías.


Correctores innecesarios, ignorantes y muy poco fiables

Publicado por A. Cordero el 28/11/2016 9:09 Comentarios desactivados

No puedo con las faltas de ortografía, pero intento ser respetuosa con quien las comete y nunca jamás lo dejo en evidencia, no se las corrijo en público y, a veces evito escribir la misma palabra correctamente porque soy consciente de que lo notaría, optando por un discreto sinónimo. Quienes me conocen lo saben y quienes me leen –aunque en algunas ocasiones se encuentren palabrejos sin sentido– entienden perfectamente lo que se esconde tras ellos, a pesar de que el diccionario no se haya percatado de lo que intento decir.

Quizás esa discreción que utilizo cuando veo textos en las redes sociales con faltas de ortografía, es la que espero que tengan conmigo si alguna vez se me cuela una tilde indebida o un gazapo en alguno de esos comentarios que escribo deprisa, o con el móvil que muchas veces se encarga de corregir y me hace meter la pata. A todos nos pasa alguna vez. Una vez leí en el muro de un profesor de primaria unos ‘hojos’ que casi me salen los míos por el impacto, pero no quise poner en un aprieto a quien se dedica a enseñar a los más pequeños porque se supone que sabe más que yo.

Acepto las críticas, por supuesto, pero las críticas de verdad, con fundamento; de hecho he aprendido muchas cosas por dejarme aconsejar y escuchar esas críticas. Pero no es ese caso el que traigo hoy a estas líneas, sino el contrario, ya que suele ser el más ignorante y el que no sabe distinguir la b de la v (ya que suenan exactamente igual) o colocar adecuadamente ‘hay’, ‘ay’ y ‘ahí’, el que sale en defensa del castellano cuando ve Dabiz, Letizia o Ibán,  y dice a quien sabe más que “vigile la ortografía” porque David “no se escribe así”, o que al “izado de una bandera” le falta la h.

Y se ofenden cuando una tercera persona les corrige, porque se piensan que no hay nadie que sepa más, y van con sus ‘vaya’ y ‘valla’ o con sus ‘a’, ‘ah’ y ‘ha’ colocadas de forma aleatoria al fin del mundo, pensando que, como suenan igual, el lector entenderá lo que han escrito, sin pensar en que un texto que exige ‘a’(preposición) no tiene cabida ‘ha’ (del verbo haber) ni ‘ah’ (sorpresa o admiración), ya que son tres palabras distintas y, como no dicen lo mismo no se pueden colocar indistintamente, aunque ellos piensen que una hache más o menos no tiene ninguna importancia.

Si a ese texto nauseabundo, le añadimos que sobran o faltan comas, puntos y demás signos ortográficos y lo colocamos en las redes sociales o en una nota seria todo escrito en mayúsculas, no hay quien lo lea. Y qué curioso, que suelen ser estos correctores ignorantes e innecesarios los mismos que escriben con total libertad lingüística y se permiten el lujo de corregir algunas de esas distracciones o autonomías que se toma una persona a la hora de escribir su nombre de una forma diferente a lo que nuestro ojo está acostumbrado a ver, sin que por ello sea considerado falta según el diccionario. En fin.


Halloween: esperpento o versión macabra de la belleza

Publicado por A. Cordero el 31/10/2016 8:23 Comentarios desactivados

La casualidad quiso que cuando me disponía a escribir este artículo, se cumplían 150 años del nacimiento de Valle Inclán, creador del esperpento; un palabrejo que el diccionario de la RAE define como ‘persona, cosa o situación grotesca o estrafalaria’ y que el dramaturgo gallego utilizaba para hacer una crítica satírica a la sociedad, en palabras de ‘andar por casa’. Una introducción a mi rollo que nada tiene que ver con la obra del genial poeta.

Quería yo decir que –a mi modo de ver– esta costumbre/celebración/fiesta o nosequé es bastante grotesca y antiestética. Quizás yo sea la rara, porque no me gusta Halloween, pero he de decir, sin arrugarme lo más mínimo y con permiso de don Ramón, que esta celebración me parece un esperpento y no pienso endulzar la afirmación ni dejarme convencer por ningún adepto a la moda importada del otro lado del Atlántico.

Cada año por estas fechas sigo tropezándome con multitud de disfraces, maquillajes y demás aderezos en los que la belleza está ausente para celebrar algo que nada tiene que ver con la fiesta que celebramos aquí: el día de Todos los Santos. Creo que para hacer una fiesta y comer golosinas no hace falta excusa y si son de las que por su aspecto apetitoso entran por el ojo… Pero no es el caso; Halloween es todo lo contrario. Es curioso que vivamos buscando la perfección y nos dejemos llevar tan fácilmente por la versión macabra de la belleza.

Hace unos días me encontré en internet una asquerosa versión de la tarta Red Velvet, clavada por un cuchillo y denominada ‘Tarta sangrienta’ para celebrar la “noche más terrorífica”, amén de todo tipo de recetas de aspecto nauseabundo con las que intentan aderezar el momento. Lo siento, pero yo soy más de dejarme conquistar por lo bonito y, aunque la nueva repostería trate de eclipsar a los tradicionales buñuelos, sigo admirando la hermosura y el sabor de las cremas y masas de toda la vida.


Aunque esté en internet y sea ‘robable’ no todo se puede robar

Publicado por A. Cordero el 14/09/2016 10:07 Comentarios desactivados

Hoy quiero dar rienda suelta a la ironía para esconder el mosqueo y voy a empezar mi rollo con un ejemplo: si yo voy a un restaurante (en una casa particular se notará más la falta), robo un plato, me lo llevo para mi casa y le quito el anagrama que delata el nombre del establecimiento, lo uso mientras presumo de tener un plato de lujo y mis amistades se piensan que el plato es mío; algunos hasta dirán: “vaya plato más bonito, se nota que es bueno, cómo me gustaría a mí tener un plato como ese, ya le costaría…” y resulta que el plato es robado y manipulado para hacerlo pasar por mío sin serlo.

Pero claro, robar un plato de treinta centímetros de diámetro en un restaurante no tiene que ser muy fácil y quitarle el logotipo que ha sido grabado para resistir agresiones por calor, frío y cientos de lavados en un lavavajillas, tampoco. No creo que se elimine con acetona o alcohol sin dañar el plato; aunque si le pregunto a mis amigos hosteleros, seguro que me cuentan unos cuantos casos de menaje desaparecido misteriosamente, de esos que el comensal dice querer llevarse “de recuerdo”, cuando el dueño o el camarero los pilla con las manos en la masa.

Pero, aunque no lo parezca, hoy no pensaba hablar de platos robados, sino de información, fotos, vídeos; contenidos virtuales que es mucho más fácil robar y, desgraciadamente, no siempre se nota. He dicho en repetidas ocasiones que internet es una casa sin puertas, todo está ahí, al alcance de un clic y sólo hay que entrar, mirar el muestrario y llevarse lo que uno considere que le hace apaño, hacerlo pasar por propio y vanagloriarse de ello, cobrando por un trabajo que no han hecho, haciendo crecer el ego y escondiendo tras él la inoperancia e ignorancia que les caracteriza tanto fuera, como dentro de las redes sociales.

En un plato no es tan fácil, pero en una foto o texto, si tiene marca de agua o copyright, se quita cortando media foto y si es un texto y hace falta decir que nos lo mandaron por una paloma mensajera, nos hacemos los tontos y  hasta que el dueño se entere e inicie los trámites pertinentes puede pasar mucho tiempo y con  un poco de suerte igual se le olvida. Si no tiene ningún impedimento, no hay ningún problema, nos adueñamos del efecto en cuestión y seremos la envidia de las redes sociales porque, a ojos de nuestros amigos seremos unos triunfadores por tener información de primera mano y saber manejar todas las técnicas, hasta que se enteren de la verdad.

Lo malo es cuando el dueño real del objeto es algo más avispado de lo que se esperaba y reconoce –entre cientos– uno de esos efectos robados que quien lo robó trata de hacer pasar por suyo y el verdadero dueño le saca los colores, o lo deja en entredicho, o decide ir más allá y hacer que todo el peso de la ley caiga sobre quien se ha dejado llevar por la codicia sin pensar en las consecuencias legales de un acto así, porque, que internet no tenga puertas, no quiere decir que todo lo que hay se pueda coger sin más.


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