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La Bañeza no existe

Publicado por A. Cordero el 11/12/2018 9:03 Comentar

Dicho así… igual asusta un poco, pero creo que nos ha pasado a todos en nuestra constante batalla con los auto correctores; inventos que para algunos quizás sean una bendición por constituir la única forma de escribir regular, para mí son un tormento porque nunca he permitido que piensen por mí, por eso cuando pongo Bañeza y el susodicho se empeña en poner ‘bañera’, me sienta mal. Muy mal.

Pues eso es lo que pasa, que como la tecnología parece empeñada en hacernos la vida más fácil, a los que dominamos el arte de colocar haches o quitar haches, a distinguir las bes de las uves y las jotas de las ges y a repartir correctamente las tildes, el corrector no hace más que molestar y jugarnos malas pasadas si no estamos atentos a lo que da por hecho que queremos escribir.

Así, en el caso que acapara el titular y en tantos y tantos pueblos con nombres distintos a los vocablos que ellos dominan, en fiestas y tradiciones, en dichos populares y en casos que acortan la palabra antes de la cuenta o cambian la terminación de un verbo, puede meter la pata y quien escribe, por dejarse llevar por el trabajo fácil acaba escribiendo palabras ajenas al texto que muchas veces no guardan relación con el mismo, como en el caso de Bañeza/bañera que yo aproveché para hacer esta columna.

Por eso las citadas ayudas, han hecho más fácil la vida a muchas personas cuyos textos es mejor escucharlos que mirarlos, salvo en los casos en que hay/ay/ahí (táchese la que no proceda, jejejejeje) hay que saber cual es la correcta, y evitar confiar en la sabiduría del corrector porque no siempre sabe a qué nos referimos, teniendo en cuenta la extensión de nuestro lenguaje y las diferentes  formas de escribir una misma palabra para otorgarle distinto significado.

De este modo, es muy común ver en libros, periódicos, revistas, folletos, carteles, en la televisión y por supuesto en internet, muchos gazapos escritos por becarios que ese día no fueron a clase y por personas que no dominan el tema y confían en la tecnología pero que no saben que ‘a parte’ y ‘aparte’, ‘a cerca’ y ‘acerca’ no es lo mismo y no es correcto utilizarlos de forma simultánea.

Pero como esta columna está escrita en un tono más irónico de lo habitual, vamos a pensar que quien escribe lo hace correctamente porque (con estos también suele haber –que no a ver– problemas) quizás la culpa sea del propio corrector el que piense que, como la ortografía es un básico y esas lecciones son de primaria, quiera gastarle una broma dejando al sujeto de turno quedar en evidencia a propósito.


Aunque nos lo pinten bonito, comemos mierda

Publicado por A. Cordero el 12/11/2018 7:45 Comentarios desactivados

En casa siempre nos ha preocupado el tema de la alimentación y jamás compramos alimentos precocinados para evitar comer ingredientes extraños que de pensarlo nunca comeríamos, pero que el fabricante haya incluido en el producto y no sea “tan bueno” como dice la publicidad. En cuanto a los procesados, que algunos se han convertido en inevitables, siempre miramos las etiquetas de forma exhaustiva y rechazamos cualquier alimento que se salga de los cánones que tenemos marcados. Así han abandonado nuestra despensa muchos artículos que hasta hace poco parecían aceptables pero desde que la legislación ha puesto tan fácil descifrar lo que comemos, el rechazo hacia los productos con aditivos dudosos o –a nuestro juicio– innecesarios ha sido total. Sin paños calientes.

Entiendo que no siempre es fácil comer sano y natural, porque las prisas o la falta de previsión obligan a adaptarse a la tentadora oferta existente en los lineales de los supermercados, con esas comidas listas para comer, o en restaurantes de baja estofa que para ofrecer el menú por siete u ocho euros –en ocasiones hasta menos– sucumben a la rapidez y a la facilidad que les ofrece la marca más barata de salsas, aderezos y condimentos con los que disfrazan los humeantes platos que salen de la cocina y sirven para llenar la barriga que, dicho sea de paso, no es lo mismo que comer.

Quizás la guerra particular que tenemos en casa contra la innumerable lista de aditivos con los que la industria alimentaria trata de seducir a los paladares menos exigentes, sea un poco exagerada, pero echándole un vistazo rápido, tardamos muy poco en darnos cuenta de que comemos MIERDA, así, con letras grandes; y lo preocupante es que a las autoridades sanitarias, parece darles igual porque no prohíben un colorante que además de teñir los pantalones vaqueros o la gasolina de color azul, también se emplea en helados, golosinas, pasteles…, o el rojo, utilizado en innumerables productos que se comen a diario, se extrae aplastando un insecto llamado cochinilla pero que, bajo la denominación ‘rojo carmín’ o E-120 da un poco menos asco.

Así empezamos en casa a rechazar los alimentos procesados en las grandes multinacionales, los yogures, la bollería, los refrescos, las golosinas, muchas marcas de galletas, chocolates, el amarillo de la paella, las salsas industriales, las bechameles de los establecimientos hosteleros, las salsas ‘indefinidas’ y a decantarnos por fabricantes locales y pequeños artesanos siempre que el tiempo, la pericia en los fogones o la adquisición de la materia prima no nos impida hacer acopio de mermeladas, salsas y conservas con las que “demostrarle” a la industria alimentaria que está metiendo la pata y fabricando enfermedades en lata, en brik, en bolsa, en botella, en caja, en polvo…, para todos los gustos.

Y es que no hace falta esconder los colores, sabores y texturas naturales de los alimentos bajo unas salsas que solo aportan grasas y azúcares, o alargar de forma artificial la vida de un producto sano o medianamente sano a base de conservantes y aditivos muchos de ellos cancerígenos y que están muy presentes en nuestra dieta diaria, o en la alimentación infantil, que es más grave. Quienes me conocen saben que no me gustan los disfraces, que la carne y el pescado (aunque también tengan lo suyo), como mejor se degustan es a la plancha, con sal (que es otro veneno del que hablaré en otro momento) y aceite de oliva, ese lujo impagable que tenemos en España y que tanto envidian en muchos países, sin tener que recurrir a saborizantes, potenciadores del sabor o Umami, como dicen los japoneses.


La expresión es “Jaque al Rey”, pero léase presidente

Publicado por A. Cordero el 1/10/2018 8:09 Comentarios desactivados

Ya llevamos unos cuantos días en los que no se habla de otra cosa. La gran mayoría de los artículos de opinión, editoriales y páginas principales de los periódicos hablan de plagio, y aunque los hay que no han dicho ni “mu”, en la calle, en los corrillos, en las redes sociales y en todas partes está el tema como última novedad. Y como no se puede tapar el sol con un dedo, de poco vale que los incondicionales traten de defender lo indefendible, ya que las trampas, las mentiras o el engaño son muy rentables hasta que la careta –por guapa que sea- deja al descubierto la verdadera cara que se esconde tras ella; casi siempre no tan guapa.

De poco valen las pataletas, las amenazas o el tratar de convencer con una sonrisa de esas que ya no sirven para convencer ni a los de casa, cuando cada nueva ficha movida deja un poco más en jaque a un jugador que apenas le quedan ya unos míseros peones sobre un tablero, que de repente se ha vuelto tan resbaladizo que ya no se sabe dónde poner los pies. Queda claro que a medida que avanza la partida se va acercando un final que no debería haber tenido principio.

Quizás si estas prácticas tan poco éticas y vergonzosas de adueñarse del trabajo de otros (y no sólo hablo de los de arriba, también aquí, a nivel de pueblo que me compete bastante más), acabaran en el juzgado, esos que copian a diestro y siniestro, que cogen un texto, le quitan el nombre del que lo escribió y le colocan el suyo, o simplemente lo dejan sin ninguno, para que parezca un editorial para su medio de comunicación o su simulacro de periódico, se lo pensarían dos veces antes de hacer pasar por propio un trabajo de otros, más que nada por lo que en términos económicos pudiera suponer.

Lo de este “rey” ya pasa de escándalo, pero lo de quienes dan el visto bueno a un trabajo que está claro que no hay por donde cogerlo, a pesar de tener unas lujosas tapas de cuero y unas elegantes letras plateadas, creo que deja bastante en evidencia la calidad de la educación de algunas universidades, el prestigio de ciertos catedráticos (quizás con llamarles maestrillos lleguemos al nivel que demuestran tener) y la poca vergüenza con la que estos señores respetables se embolsan el dinero de otros, de los que si son serios, de los que además de pagar realizan sus tesis doctorales con esfuerzo, investigando y dedicando mucho tiempo a elaborar algo que si será digno de llamarse tesis doctoral.

Quizás cuando estas líneas se publiquen, el rey haya movido ficha y se haya obsequiado con unas vacaciones pagadas por todos los españoles, junto con algo más de eso que nuestros presidentes –a excepción de uno del que curiosamente nadie copia– se aferran como náufragos en altamar. Quizás le quede algo de dignidad, agache las orejas y deje que sean los españoles quienes decidan si realmente nos importa el doctorado o la ausencia del mismo, o si lo verdaderamente importante es un señor sincero, honesto, leal y capaz de trabajar para engrandecer un país que –últimamente– está mermando.


¡Qué tendrá la política, que todos corren tras un asiento!

Publicado por A. Cordero el 15/07/2018 8:20 Comentarios desactivados

Igualito que en aquel juego de las sillas en el que había que correr en círculo para colocar el culo en uno de los asientos disponibles justo al dejar de sonar la música. Solo que en el tradicional juego, el hecho de coger una silla no era tan ventajoso y el quedarse con el culo al aire tampoco era tan grave… Cosas del lenguaje, de los dobles sentidos y las metáforas con las que jugamos quienes nos atrevemos a dirigirnos al público desde una columna de opinión.

El caso es que de un tiempo a esta parte en la política de alto standing la cosa está que arde; las viejas glorias vuelven a salir de sus guaridas para volver a mostrar su cara (tratando de que no se la partan, claro está); muchas veces prometiendo un “más de lo mismo” de aquello que antaño no coló, pero bueno, quizás hay más desmemoriado del que pensamos y no se recuerdan hazañas ni proyectos empolvados por el paso del tiempo.

Y mientras que en los pueblos y ciudades de provincias se empiezan a recibir llamadas, saludos por mensajería y palmaditas en la espalda, algunas caras conocidas empiezan a sonar por los corrillos y comienza a notarse la cercanía de una nueva cita electoral, claro, que antes hay que empezar a colocar culos desde arriba hacia abajo, como mandan los cánones y hay demasiados pretendientes para esa silla que parece estar vacante aunque, que sepa querido lector, que no siempre es oro todo lo que reluce.

Es el momento en que el juego de las sillas pasa a otros niveles; el buen rollo y el compañerismo del tradicional juego se convierten en un torneo en el que todo vale y las armas utilizadas para conseguir la victoria son de lo más variopintas: guerras encarnizadas, faltas de respeto, intolerancia, insultos… todas las caras que el cinismo presenta en cualquiera de sus facetas, con un único objetivo: la preciada silla.

De todas formas, y como todavía falta un tiempo para ver cómo ha quedado el asunto, todas las quinielas son válidas y hasta completar los asientos todo serán conjeturas. Quizás cuando se publique este artículo, ya habrá quien habrá visto truncado su sueño de seguir sentado, quien habrá rechazado la silla porque no se ajusta del todo a las medidas de su trasero y quien comenzará a saborear las mieles del éxito cuando mejor se degusta; antes de conocer los sinsabores que ciertas sillas conllevan.


Cuando lo mejor de la tele acaba siendo la publicidad

Publicado por A. Cordero el 29/05/2018 7:52 Comentarios desactivados

Un día que por motivos personales no pude dar mi rutinario paseo nocturno, pensé que era buen momento para acomodarme en el sofá y echar un vistazo a la denostada televisión. Aprovechando que se trataba de una de esas noches en las que la mejor opción era una taza de leche caliente con cacao de Santocildes que decidí acompañar con el murmullo de la cariñosamente llamada ‘caja tonta’; pensé que estaría bien para hacer ruido en uno de esos ratos perdidos en los que tendría muchas posibilidades de quedarme dormida antes del primer intermedio.

Pero no. Agoté todas las teclas del mando  sin poder encontrar en la parrilla un solo programa que mereciera algo de mi atención y me hiciera sumergirme por un rato en lo que pasa al otro lado de la pantalla pero a medida que iba pulsando uno a uno los números del mando a distancia (incluido el cinco, rompiendo uno de mis principios pero probé suerte en el canal de la bazofia por excelencia), iba engrosando el montón de la basura cual papelera atiborrada de documentos inservibles…

Ya a punto de terminar la leche, al relamerme los bigotes de chocolate, pensé que aquello era una especie de ‘telepacto’ entre cadenas para evitar que yo pudiera malgastar mi tiempo una vez terminados los informativos. He de reconocer públicamente que mi escasa cultura televisiva me impedía conocer las estrategias de las cadenas, tanto las estatales como las privadas que se habían puesto de acuerdo (léase copiado) para emitir similar basura a la misma hora, y eso que no sabía que los grandes grupos: RTVE, AtresMedia y Mediaset están sentando las bases para establecer una especie de acuerdos sobre la programación que –desconfío– prometan más de lo mismo, en fin, yo pienso seguir paseando por las noches.

El caso es que justo antes de abandonar mi periplo por las dimensiones del mando para sumergirme de lleno en mi dosis diaria de Facebook y tal y tal, me quedé un rato mirando la pantalla viendo algunas –casi obras de arte si las comparamos con las apuestas de las cadenas para el prime time– y me convencí que después de los informativos, el tiempo, alguna serie de calidad y poco más, lo mejor de la tele eran los anuncios; algunos llamativos, otros sugerentes, otros útiles y todos ellos muy currados y con las imágenes y palabras justas para cumplir su objetivo. Con razón la publicidad es una carrera universitaria a la que los alumnos dedican varios años de su vida… pero eso lo voy a dejar para otro día.

Así, –como sigo con mi teoría de que las cadenas están confabuladas–, hice otro recorrido por las teclas del mando y me quedé un rato mirando los anuncios, sí, queridos lectores, los anuncios. Coches, perfumes, ofertas de supermercados, antigripales y diversos artículos que acapararon mi atención más tiempo que los mal llamados periodistas, tertulianos y fauna variada, algunos de los cuales no se me ocurre nada bueno para definirlos; aspirantes a captar la atención del pobre televidente y que campan a sus anchas por los platós de televisión a cambio de sueldos millonarios por mostrar al mundo sus miserias.


En La Bañeza sí hay algo, hay ferias multitudinarias

Publicado por A. Cordero el 1/05/2018 8:57 Comentarios desactivados

Otro año más, y van siete, la plaza Mayor se volvió a dejar impregnar del olor característico de un buen chorizo; es decir, de carne, ajo, sal, orégano y pimentón. Sabemos que hay más cosas que –yo que soy de pueblo y acostumbrada a las elaboraciones clásicas de la matanza– prefiero pensar que no llevan para permitirme el lujo de degustar un producto rico, artesano, tradicional y de calidad, como es el chorizo de León (al ibérico de las dehesas salmantinas tampoco le hago ascos, todo hay que decirlo, aunque se le cuele algún E- de esos con los que en casa somos intransigentes).

El caso es que a pesar de la climatología nada favorable para montar el chiringuito en plena calle, todo resultó según lo esperado y los aficionados al chorizo con huevos fritos y patatas fritas nos armamos de botas, ropa de abrigo y paraguas y salimos a disfrutar de uno de los Manjares de Reyes leoneses en todo su esplendor. En mi caso a hacer un poco de vida social, a adquirir unas provisiones de esas que la OMS califica de insanas y a hacer un vídeo para que los lectores de Ibañeza que no lo pueden oler, al menos lo vean y se imaginen su sabor, como siempre, rico, rico.

Las ferias aquí suelen ser multitudinarias en general, pero ¿qué tendrán las ferias de comer que tanto atraen? Hace unos días, cuando ya se había difundido la noticia de esta feria fuera de La Bañeza y sus comarcas  y de la degustación por tres euros de la “tartera de la feria, compuesta de chorizo, dos huevos fritos y patatas”, alguien me decía que el domingo vendría a La Bañeza, “porque daban gratis –remarcando lo de gratis– una degustación de chorizo”, y que ya le habían dicho personas que habían venido otros años que era “suficiente comida”. Otra vez la palabra gratis anticipándose al resto de propiedades…

Pero a pesar de no ser gratis, sino casi, del cambio brusco del tiempo, de las actividades “similares” programadas, repescadas y meditadas y de la fecha de la feria, colocada en medio de un puente que a estas alturas del año ya invita a hacer alguna escapada, las cifras –y no sólo las de la organización– han sido buenas y siguen consolidando la segunda de las citas gastronómicas ineludibles del calendario de actividades de La Bañeza, que crece cada año.

Porque, queridos lectores, a pesar de los comentarios nostálgicos esos de que “en La Bañeza ahora ya no hay nada”, como en décadas pasadas, está demostrado que La Bañeza está viva, que La Bañeza se mueve; sólo hay que darse una vuelta por donde está el ambiente, echar una ojeada a los programas y carteles, mirar las carteleras de cine y de teatro, los eventos deportivos, intentar encontrar mesa en un bar a determinadas horas para tomar algo. Seguro que hay algo que nos llame la atención.


Una libertad de expresión y una ignorancia confusas

Publicado por A. Cordero el 7/03/2018 9:07 Comentarios desactivados

En estos tiempos en los que parece que vale todo y la libertad, tanto de expresión, como la que nos permite hacer en cada momento lo que nos de la gana, parece ser que prima por encima de las obligaciones y del respeto hacia ciertos lugares, momentos, tradiciones y personas; (no sé si debo explicarme más o dejarlo así), a veces –demasiadas veces– nos pasamos de la raya y atravesamos límites que jamás se deberían traspasar.

Quizás debería morderme un poco la lengua en determinadas ocasiones, pero amparándome en que yo también poseo la libertad para expresarme y si estas líneas me lo permiten, me voy a dejar llevar por la ironía carca y refunfuñona de una tal Doña Rogelia para decir ciertas cosas. Otro día adoptaré el papel de Pepito Grillo, que este entrañable personaje también tiene mucho que decir…

Da igual que hablemos de un acto religioso, que de uno municipal, que de uno popular, de esos que dicen que se celebran con rigor pero el rigor se manipula constantemente, ya que siempre hay alguien que se piensa poseedor de una bula pontificia para hacer lo que le da la gana y saltarse las normas establecidas diciendo que “para eso hay libertad de expresión”.

Pero hay ocasiones en los que la libertad de expresión se confunde con una ignorancia de lo más atrevida y una falta de saber estar, de educación y de ética cuando uno se mete en lugares a los que no debería ni siquiera imaginar. Tal es el caso de ciertas críticas y burlas hacia algunos aspectos religiosos y políticos aprovechando que –desgraciadamente, y gracias a una mal llamada libertad de expresión- todo vale. Bueno, todo no, cuando atentan a nuestros derechos y libertades nos ponemos en pie de guerra para defenderlos, pero eso es otra historia.

El caso es que ahora que llega la Semana Santa, también llega el momento de que cada uno haga “de su capa un sayo” y haga uso de su libertad de expresión a sus anchas, cruzando por el medio de una procesión, comiendo pipas y dejando llena de cáscaras la entrada de la capilla, acompañando al cortejo con gafas de sol y tal y tal… Y tal, hasta el punto de confundir unas vestiduras sagradas con un traje de carnaval, un presbiterio con el escenario de un teatro de poca monta o la casa de Dios con la de “Tócame Roque”.


Las auténticas magas del Carnaval de La Bañeza

Publicado por A. Cordero el 14/02/2018 8:41 Comentarios desactivados

Es muy fácil ir a la tienda y salir con una nueva personalidad metida en una bolsa, a la que con un poco de maquillaje y algo de desparpajo se le puede dar bastante vidilla –eso ya depende del sujeto que vaya dentro del disfraz–, o colocarse un pijama, un albornoz y unas zapatillas de andar por casa y decir que van disfrazados, para los que les vale cualquier cosa. Pero el Carnaval de La Bañeza va más allá de lo fácil y, exceptuando esos grupos que dan prioridad a otros gastos y consideran que ‘llevando un disfraz, vale’ están los que buscan sorprender y ser el centro de todas las miradas, a ser posible conseguir que se recuerden y se siga hablando de ellos con el paso del tiempo.

Pero el Carnaval de La Bañeza no sólo es llevar un traje precioso y bailar al son de la música. Detrás de un bonito traje de carnaval hay mucho trabajo que no siempre se valora: habilidad con la costura, mucha dedicación, muchas horas, muchos detalles hasta dar por finalizado el trabajo porque no es lo mismo hacer un traje en serie que hacer uno a medida y quienes nos dedicamos un poco al arte de la costura, sabemos que son muchas las puntadas que hay que dar hasta que la prenda está lista para poner.

Y es verdad que hay modistas profesionales que se dedican a ello y muchos de esos trajes salen de sus talleres, para ellas es más fácil trabajar sobre unos patrones que le son familiares y en unas cuantas horas consiguen realizar esos trajes, pero en mi columna de hoy quiero hacer una mención especial a esas esposas, madres y sobre todo abuelas que son las encargadas de que sus familiares salgan a la calle vestidos de carnaval. Ellas son las más merecedoras de los halagos y sin embargo, no siempre se repara en las manos que hacen posible admirar la magia del carnaval.

Ellas son las auténticas magas del carnaval. Esas mujeres que dedican horas y horas al noble oficio de coser y muchas veces se encuentran con tener que descoser la prenda casi en su totalidad porque no es idéntica a lo exigido en el grupo, porque la niña creció o porque el marido engordó, o porque ‘déjame la falda más larga, no ahora más corta o esta manga tal y tal…’, que yo de eso también sé un poco. Sin pensar en que la abuela o la madre –sin tener nociones académicas de costura– bastante hace con confeccionar una docena de trajes cada año.

Y es tan fácil distinguir un traje hecho con amor, con tiempo, dedicación, sabiduría, pericia… esos que se confeccionan en las casas de las auténticas magas del carnaval, de uno de esos que llegan en contenedores procedentes del gigante asiático empaquetados en fardos de miles de unidades… igual de fácil que encontrar las diferencias entre un carnaval con ‘denominación de origen’, como es el Carnaval de La Bañeza, y otro carnaval cualquiera.


Dicen que si los Reyes tal, que si los Reyes ‘nosequé’

Publicado por A. Cordero el 6/01/2018 7:07 Comentarios desactivados

Yo no sé si creérmelo, pero dicen que este año los Reyes Magos van a repartir el trabajo, quizás porque ya están algo mayores para recorrer el mundo en una sola noche a lomos de sus camellos llevando regalos a todos los niños, o porque están hartos de comer turrón y beber leche en cada casa; parece ser que harán una selección por edades y sólo visitarán a los más pequeños para llevarle los regalos que han pedido ellos o sus padres en su nombre, quién sabe.

Dicen que estos son reyes y a la vez magos y la magia hace milagros, pero en ocasiones es más práctico utilizar la lógica que los sueños y la lógica en este caso, hace ver la realidad aunque no sea ni la más bonita ni la más deseada. Parece ser el primer precio que se paga cuando se deja atrás la inocencia, cuando uno mismo empieza a razonar, a atar cabos, a fijarse en los pequeños detalles que los mayores no cuidan con tanto celo como debieran.

Dicen que este año algunos niños de La Bañeza han recibido una carta de sus Majestades de Oriente en la que les explican el secreto mejor guardado de los padres por Navidad; una carta donde indican a los niños –ya mayores– que a partir de esta edad empiezan a pedir ayuda a sus padres para repartir los regalos, porque ellos solos ya no se atreven a entrar por los balcones, a trepar por las paredes ni a hacer miles de kilómetros en una sola noche y, que al parecer, los padres les echan una mano con el asunto de los regalos.

Dicen que la misiva se dirige a los niños en edades comprendidas entre 7 y 10 años, cuando empiezan a ser mayores y ya están en edad de entender el misterio; un compromiso que sus padres han cumplido desde que nacieron, custodiando el secreto y asegurándose de que cada niño tuviera los regalos elegidos el día que ellos habían elegido para dárselos, fuera Noche Buena o la noche de Reyes.

Dicen que hay muchos niños en el mundo, y en La Bañeza, que no van a recibir regalos y no porque se hayan portado mal, no. No tendrán regalos porque no tienen la suerte de tener unos padres como los de estos niños que se han levantado de la cama corriendo a ver sus regalos, por eso los Reyes recomiendan no abusar en las peticiones y, en la medida de lo posible, compartir los regalos con los niños menos afortunados.

Dicen que ayer los vieron recorriendo las calles de La Bañeza subidos a unas enormes carrozas y repartiendo balones y caramelos a los niños que se habían portado bien durante todo el año y que, además, les dejaron en sus casas los regalos que habían pedido. Yo ya soy mayor, pero me voy a levantar pronto para ver si a mi también me han traído algo, porque, queridos amigos, da igual la edad que se tenga y yo estoy segura de que mientras se mantenga la ilusión, todo es posible, digan lo que digan.


El tren de los sueños, el que llega por Navidad

Publicado por A. Cordero el 25/12/2017 9:03 Comentarios desactivados

(Cuento de Navidad)

Aquellas iban a ser unas navidades vacías. Tan solo una semana antes había tenido que enfrentarse a una dura prueba y no estaba demasiado receptiva a felicitaciones de esas que van de un WhatsApp a otro, incluso de aquellos contactos que año tras año van quedando al final del listado y solo emergen a la superficie los días previos a la Navidad, como el anuncio del turrón; felicitaciones vacías de esos, apenas conocidos, que atesoran números de teléfonos y direcciones de correo electrónico como un triste coleccionista de cromos polvorientos que en esas fechas se transforman al compás de los villancicos y las luces de colores y van repartiendo felicitaciones por todas partes.

Aquellas navidades echarían por tierra todos los sueños atesorados durante años aprovechando la magia que emanan y que, de repente, y como si de un truco de un prestidigitador se tratara habían perdido todo el encanto en los días posteriores a una fatídica llamada. No, no podía sumarse a las celebraciones tradicionales de la Navidad, ni podría ofrecer la mejor de sus sonrisas, porque aunque tratara de sonreír, sus ojos se encargaban de desvelar parte de lo que escondía detrás de su sonrisa.

Decidió comprar un billete de tren sin importarle demasiado el destino, tratando de escapar de las guirnaldas navideñas que atiborraban las calles y de todos aquellos conocidos que le tendían su mano para ayudar a mitigar algo que sólo el paso del tiempo curaría. Deseaba esconderse entre desconocidos, con un cuaderno y aquel bolígrafo que desprendía mucho más que tinta convertida en palabras y escapar del escenario del dolor. Dar pena nunca formó parte de sus predilecciones y en ese lugar, del que no sabía ni el itinerario ni la situación en el mapa, conseguiría dejar de ser el centro de las miradas.

Se subió al tren y cuando llegó al final del recorrido tomó otro, y otro, y otro y después de muchas lágrimas, muchas hojas de calendario agotadas, algunos relatos inacabados, poesías desgarradoras y unos cuantos trenes sólo de ida, llegó el momento de coger alguno de vuelta, sólo por saborear de nuevo algunas sensaciones y por volver a sentir el calor de algunos abrazos que no consiguió olvidar. Y cogió otro tren. Y allí, en el asiento de al lado estaba él.

Sintió un escalofrío cuando su mirada se cruzó con la suya y notó que en el fondo de los ojos de aquel hombrecillo había algo que le era familiar. Soy tú, le dijo. No temas, llevo tiempo esperándote y por fin estas aquí. Tras intentar, sin éxito, zafarse del magnetismo de aquel personaje, se dejó convencer por la curiosidad que le provocaba y decidió escuchar lo que tenía que decirle.

“Digamos que vengo del país de los sueños; soy el guardián de tus sueños, tu conciencia… llámame como quieras, conozco todos tus pensamientos y quiero devolverte la ilusión que tenías en la infancia, cuando esperabas a los Reyes Magos en tu casita a la orilla del río. Súbete al tren de los sueños y déjate contagiar de la magia. Protagonizarás este cuento que te voy a contar. Escucha atentamente…” Cuando despertó se sintió feliz. Algo había pasado en aquel tren mientras se sumergía en las palabras de aquel hombrecillo que, por cierto, había desaparecido. ¿Lo habría soñado?, o quizás ese tren también formaba parte de la magia de la Navidad.


“Déjame ver tu currículum para ver lo que has hecho”

Publicado por A. Cordero el 11/12/2017 9:04 Comentarios desactivados

Siempre me ha dado pena la actitud de algunas personas, que en su juventud tuvieron cierto éxito en los negocios, incluso levantando un imperio de la nada, sin más ayuda que sus propias manos; a veces para dejar en herencia a unos hijos o sobrinos que igual ni lo merecen un patrimonio que les permitiría vivir holgadamente el resto de su vida, mientras que ellos en el ocaso de su vida no tienen más aspiraciones que contar los días y esperar a que llegue la dama de la guadaña.

Hay quien se ríe de mi cuando digo que en mi imaginación veo a San Pedro a las puertas del cielo pidiendo al recién llegado que le describa los méritos que ha ido acumulando a lo largo de su vida; una especie de currículum donde aparezca todo, lo bueno y lo malo para que el guardián del cielo decida a qué lugar lo destina según sea la cosecha del visitante hasta el momento de presentarse allí.

“Déjame ver tu currículum para ver lo que has hecho”, supongo que dirá San Pedro en el umbral de la puerta y, lamentablemente, habrá quien solo pueda decir: “trabajar, comer y dormir. Y cuando los años me impidieron seguir trabajando, me dediqué a esperar a la guadaña”. Algo así, con mis palabras. Por eso empezaba este rollo hablando de la pena que me da la actitud de las personas que se ajustan a este patrón que pongo tantas veces como ejemplo, que las hay.

En cambio, me encanta la actitud y el “currículum” de otras personas que a los noventa años siguen queriendo aprender, que a pesar de sus méritos, sus éxitos, sus condecoraciones y su sabiduría, se encogen de hombros y dicen que “todavía están aprendiendo”, como el P. Álvaro Huerga, como Conrado Blanco, por citar dos ejemplos muy arraigados a La Bañeza, desafiando a la edad y a los impedimentos de ésta y dando a los jóvenes y no tan jóvenes una gran lección de humildad y demostrando que los años no tienen por qué poner trabas a los sueños.

Estoy segura de que ante currículums de esta talla, San Pedro tendrá que sentarse y tomárselo con calma para poder asimilar todo su contenido antes de asignarles el puesto definitivo, porque tendrá páginas y páginas y páginas y páginas…


Porque en León se come muy bien, lo vamos a conseguir

Publicado por A. Cordero el 4/10/2017 8:03 Comentarios desactivados

Es verdad que uno siempre es amante de su tierra, de sus costumbres, fiestas, monumentos y tal –y a todos nos ha pasado alguna vez–, que cuando viajamos, dependiendo de donde nos lleven nuestros pasos, echamos un poco de menos la gastronomía local y tendemos a comparar aquello con lo nuestro. También es verdad que en León se come muy, muy bien, mucho mejor que en la mayoría de las provincias españolas y en las comparativas tiene el listón muy alto.

Y eso no sólo lo decimos los leoneses, lo dice todo el mundo. Algunos turistas incluso nos visitan por nuestra gastronomía y lo que menos les motiva es el patrimonio. Con el tiempo recuerdan el tamaño de las tapas (gratis, muy importante) y lo bien que comieron cuando estuvieron en León, o en El Bierzo, o en Astorga, o en la Maragatería, o en Valdevimbre, o en La Bañeza, donde tenemos tantos y tan buenos establecimientos en los que el cliente se lleva un grato recuerdo a su casa.

Es por eso que muchos grandes chefs, de dentro y fuera de nuestras fronteras, están apoyando la candidatura que el Ayuntamiento de León ha puesto en marcha para conseguir que nuestra provincia (y quiero recalcar lo de provincia) sea Capital gastronómica en el año 2018. Porque en León, hay que meter muchas zonas que dan fama a la capital pero también a la provincia que sin ella no sería lo que es; lugares donde se encuentran las IGP y los sellos de calidad que llevan a León a colocarse en la cima en cuanto al buen yantar se refiere.

Ante las cifras que mueve cada año la Alubiada de La Bañeza, celebrada recientemente y referente de encuentros multitudinarios en la provincia, sin contar la infinidad de citas gastronómicas que tienen lugar en cada rincón de León, donde a lo largo del año se celebran todo tipo de eventos gastronómicos –siendo los gratuitos o los que tienen precios populares los más atractivos, que todo hay que decirlo–, León tiene más que sobrados méritos para alzarse con el galardón y lo contrario nos parecería mal…

Es por eso que, a quienes nos preocupan las cifras y quienes vivimos un poco de las cosas de comer, nos damos especial cuenta de lo que esto supondría para la provincia en cuanto a términos económicos se refiere, ya que se incrementaría el turismo de forma notable y eso repercutiría en beneficio para la provincia, en todos los sectores, no sólo el hostelero, también la repostería, las tiendas de alimentación, los pequeños artesanos y muchos más, porque el hecho de lucir la coletilla “Capital gastronómica” ya invita a desplazarse a León y comprobar de primera mano si es verdad eso de que “en León se come tan bien como dicen”.

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