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Cosas de antaño

Publicado por José Cruz Cabo el 16/08/2017 9:21 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

En los años 30 y 40 y algunos de los 50, La Bañeza no tenia aguas corrientes en las casas y las personas que podían tenían una persona que todas las noches les recogia los desechos humanos o cocinados y los llevaban para el rio o para otros sitios donde hubiera hierba o tierra.

Yo conocí en los años cuarenta la casa de unas personas ricas, donde tenían un water de madera, muy bien labrado, pero debajo había un balde que por las noches llegaban a recogerlo los que se dedicaban a ello por unas pocas y miserables pesetas.

Uno de los dichos de la época que fueron famosos porque había acabado la guerra civil y un barrendero, que se levantaba a las cinco de la mañana, fuera invierno o verano, apodado Camuñas, una de las buenas personas de la ciudad, aunque su oficio entonces estuviera devaluado. En pleno invierno, a eso de las nueve de la mañana, ya muerto de frío, entraba en la tasca de Felipe Román, que tenía estufa de serrín, se acercaba a ella y decía “Cuando vengan los míos” durante varios días, hasta que el bueno de Felipe, le preguntó: “¿Quienes son los tuyos?” y Carralejo le contestó: “ya lo debías saber, cuales son: junio, julio y agosto, que no paso frío y no necesito tu estufa”.

El señor Sierra, que fue maestro de mi maestro Luis Cadenas, nos decía en verano “Con estos calores que hacen, se derriten los gorriones y hasta las personas se fríen como tostones” y si era invierno, nos decía “En estas mañanas frías, los amigos verdaderos, ni se dan los buenos días, ni se quitan el sombrero”

Hay que tener en cuenta que en aquellos años solo se entraba en calor en la cama, porque durante el día si tenías brasero, que era lo que había para calentarse, encima de no entrar en calor más que por delante te salían sabañones y cabras, porque los braseros de picón solo calentaban por delante y cada poco había que removerlo, que se decía “Hecha una firma al brasero”.

Yo solo estuve con calor los 15 meses que pasé en Sevilla del uno de septiembre del 39 al 20 de diciembre del 40. El resto pasé frío hasta que fui a vivir a la calle hoy Conrado Blanco, en el año 60, porque ya comenzaban las estufas de butano y eléctricas. Así era la vida de los bañezanos de entonces.


La enseñanza en La Bañeza al final de los años 20

Publicado por Ibañeza.es el 14/08/2017 8:14 Comentarios desactivados

En la capital del partido judicial bañezano (según la Guía de Mourille López de 1928) hay un edificio con dos Escuelas Graduadas de bastante capacidad pero insuficientes para atender las necesidades de la población, cuyo censo escolar excede de 600 niños de ambos sexos; hay otras dos bibliotecas (la de la municipalidad y la del Casino de La Unión), además de la de dichas escuelas, cuando en 1914 no había ninguna.

Más pormenores en cuanto a la enseñanza en La Bañeza en 1927 nos aporta el Almanaque Catequístico para 1928, publicado por Ángel Riesco Carbajo, presbítero y coadjutor, desde la perspectiva de los centros educativos en los que imparten catequesis los sacerdotes bañezanos: En las Escuelas de la Villa ocupa la planta alta la graduada de niñas, con tres secciones, y con igual número la baja la graduada de niños, siendo Cecilio Sixto Toral Manjón el maestro del 2º Grado. Al Colegio de las monjas asisten a la Escuela Dominical “jóvenes de la ciudad y pueblos limítrofes que no pueden aprender de otra manera por tener que dedicarse al servicio domestico o a las labores del campo”, y en el mismo se imparte también clases a “alumnas gratuitas”, párvulos, y “del Sagrado Corazón”. El Colegio del Niño Jesús, sito en la calle de la Verdura y regentado por don Servando Juárez Prieto (licenciado en Filosofía y Letras y Maestro Nacional que publicó varias obras didácticas –Ortografía Práctica, y Nociones de Matemáticas, entre otras- además de la literaria Canción del Inclusero), reúne a más de 80 alumnos, algunos de los pueblos limítrofes, internos los de los más alejados, funcionando desde 1909, cuando después de creado al inicio del siglo en San Adrián del Valle su fundador lo trasladara a la ciudad, y había mantenido en los años en torno a 1917 alumnos subvencionados por el Ayuntamiento.

En la Escuela del Sagrado Corazón, que ocupaba una casa de planta baja de reciente construcción, inmediata a la Capilla de las Angustias y camino del Jardín, dirigida por don Justo García, cursan enseñanza elemental multitud de niños y algunas niñas, sumando más de 100. La Escuela de San José, a cuyo frente está Josefa Santiago, enseña a numerosas niñas de todas las edades y a algunos párvulos. Doña Catalina Acebes se ocupa en la Escuela de Santa Teresita, en la travesía del Barrio de Bueyes, de los benjamines de ambos sexos.

A propósito de la enseñanza de parvulitos (la que después se llamó preescolar o infantil), Everilda Cabo Valenciano pasa por ser quien estableció la primera guardería en La Bañeza, y hubieron de pasar aún muchos años hasta que la cubrieran los organismos estatales. Hasta entonces, todavía en el final de los años cincuenta algunos asistimos a escuelas privadas como la de don Gabriel Fernández de Mata (un bañezano cultivado, uno de los hijos de quien fue abogado y juez, diputado provincial y presidente de la Diputación, industrial residente en 1935 en la calle Manuel Diz, 9 con su esposa, dos hijos y criada y entonces con una economía naufragada que apenas reflotaba haciéndose enseñante), en el bajo de una céntrica casa en Jiménez de Jamuz (trasunto en la época y aquí de aquellas viejas escuelas de ferrado) en la que nos iniciábamos en “los cristos” y en “el silabario” antes de comenzar, a los seis años, en la Escuela Nacional (la de “los pequeños”) de don Jacinto Cuevas, a la que llegábamos ya así un tanto “desasnados”.

Según la estadística escolar del curso 1929-1930 que remite el director de la Escuela Graduada de niños de La Bañeza, Ricardo Álvarez Acedo (seguía ejerciendo de maestro a mitad de febrero de 1931), cuya entrega a la alcaldía dispone el 6 de septiembre del último año el gobernador civil Emilio Díaz-Moreu Irisarry, en su sección de Primer Grado hubo 50 alumnos matriculados, y asistieron 40, además de una matrícula de 30 adultos, de los que asistieron 20; en la de Segundo Grado, a cargo de Antonio Juárez Crespo, 43 matriculados y 36 asistentes, además de 16 adultos asistentes de los 30 matriculados; en la de Tercer Grado, cuyo responsable es ahora el maestro Cecilio Sixto Toral Manjón que lo era años antes del Segundo, se matricularon 35 niños y asistieron 30, y 17 adultos de los 18 matriculados. En la Escuela Graduada de Niñas, que dirige Margarita Marcos Emperador, en el Grado Primero, a su cargo, asistieron 60 alumnas, de 70  matriculadas; en Segundo Grado, a cargo de Francisca Pascua Riesco, hubo 40 matriculadas y 33  asistentes, y en el Tercer Grado, responsabilidad de Dionisia Arconada, asistieron 22 niñas, de 30 matriculadas. 800 niños componían el censo escolar en la ciudad.

A la Escuela Nacional de Primera Enseñanza de Sacaojos, regida por Horacio Martínez Blanco, asistieron 11 niños y 18 niñas, de 19 y 39 matriculados, además de 10 de los 16 adultos inscritos; su censo escolar era de 30 niños. En la Escuela Nacional de San Mamés de la Vega (cuyo censo escolar era de 29 niños), a cargo de Daniel Huerga Diéguez (seguiría rigiéndola a la mitad de agosto de 1935, cuando la intervención de Hacienda pide contestación a Oficio sobre él como maestro de la pedanía, y lo estaría hasta la mitad de octubre de aquel año, en que sería jubilado por haberse quedado ciego total), habían asistido 16 niños y 19 niñas, de 13 y 29 matrículas, además de 4 de los 10 adultos matriculados. Llaman la atención los censos escolares de las dos pedanías bañezanas, en los que parece no haberse incluido a las niñas, y que en San Mamés asistieran a la escuela más niños que los matriculados.

De las escuelas privadas, en el Colegio de las Hermanas Carmelitas, autorizado desde octubre de 1907, con 20 secciones y 12 profesores, hubo 60 niños y 200 niñas matriculados, con una asistencia media de 178 alumnos. En la escuela regentada por Claudio Joaquín Fraile Tascón, carente de autorización oficial, con 4 secciones mixtas y un solo maestro, se matricularon 18 niños y 12 niñas, asistiendo una media de 25 alumnos, además de 8 adultos, todos los matriculados. En el Colegio de Servando Juárez Prieto, autorizado desde marzo de 1907, con 6 secciones mixtas y un solo docente, se habían matriculado 45 niños y 25 niñas, asistiendo a las clases 30 de ellos, además de 35 adultos, de los que asistieron 7. Por último, en la escuela de Luisa Palau Fernández hubo matriculados 10 niños y 13 niñas, habiendo asistido al aula 18 de ellos. Hay en otros documentos referencias a las escuelas privadas de Ricardo del Río, con matrícula de 26 niños y 6 niñas, y asistencia de 22, y de Margarita Marcos, con 111 matriculados y 89 asistentes, además de la de Justo García y la de Catalina Acebes, de las que no se consignan datos.

En julio de 1930 la Corporación bañezana planeaba resolver la escasez de maestros existente en proporción a la población escolar de la ciudad y gestionaba conseguir por mediación del exdiputado Antonio Pérez Crespo el Grupo Escolar necesario para las exigencias de la educación en la ciudad, y a principios de 1931 proyectaba reformar el Edificio-Escuela para dedicarlo todo a enseñanza, perfeccionándolo pedagógicamente y estableciendo una escuela de niños y otra de párvulos, de Patronato municipal. Desde La Opinión, en casi todos los editoriales y en numerosas colaboraciones, se sigue reclamando aquel segundo Grupo Escolar para La Bañeza, ahora con el argumento de acrecer las necesidades escolares con la pronta finalización de la Azucarera en construcción y el añadido de población que el inicio de su actividad acarreará. Cifra el semanario entonces las necesidades en dos nuevos Grupos Escolares, uno de niños y otro de niñas, con seis grados cada uno, y ampliar los dos existentes al menos en otros tres grados cada cual, o cuando menos en uno destinado a párvulos. Aquellos dos Grupos Escolares seguirían siendo reclamados por las corporaciones municipales republicanas, y aún por la última, que había puesto en su consecución un especial empeño. Hasta bastantes años más tarde no se harían realidad en La Bañeza.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Una exposición fuera de serie

Publicado por José Cruz Cabo el 11/08/2017 9:22 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

El bañezanísimo Manuel Álvarez Raigada, enamorado del cine de su ciudad, ha montado una maravillosa exposición en el Centro Cultural de las Tierras Bañezanas, segundo piso, que demuestra bien a las claras la historia del cine en nuestra ciudad, donde llegamos a tener cuatro preciosos y espaciosos cines. Finaliza el dia 25.

En su exposición se recogen entradas, afiches de muchas peliculas, carteles de los grandes estrenos, artículos sobre esa materia y sobre todo, cuando el cine comenzaba a decaer, artículos animando a los bañezanos a acudir a los distintos cines, para que volvieran a llenarse y no tuvieran que cerrarse, pero la televisión le iba quitando espectadores y al final todos tuvieron que cerrar. Cines que eran tan buenos o mejores que los que había en las grandes capitales.

De hecho, me decia su hermana Nuria, que a ella cuando volvia a Barcelona después de pasar las vacaciones aquí, estrenaban una película en la capital Condal y cuando las amigas le animaban a ver la película, les decia que ya la había visto en La Bañeza en los dias de vacaciones y no se lo creian, pero era verdad, porque aquí había cuatro cines que ponian una pelicula diaria o como mucho se repetía un dia y en las grandes ciudades una película duraba dos, y hasta seis meses en cartelera del mismo cine.

Hay que tener una gran pasión por el cine para conseguir guardar y clasificar tantos documentos, carteles, entradas, fotografías y afiches de tantos años y además algunos artículos referentes al mismo. En El Adelanto los que más escribimos de cine fuimos, José Luis Baeza y un servidor, José Luis cuando el cine y él estaban en alza y yo cuando el cine comenzaba a perder espectadores, para ver si con mis artículos y la propaganda de los cines en El Adelanto se conseguia levantarlo, pero a poco de llegar el destape al cine, comenzó la decadencia del mismo, hasta que ahora el ayuntamiento lo ha vuelto a poner de actualidad. Ya no son cuatro grandes y hermosas salas como antes pero el teatro que comenzó en el año 1930 a pasar películas mudas con música de piano y a traer de muy vez en cuando alguna de las grandes compañías de teatro nacionales y alguna extranjera, como los Vieneses o el ballet del Marqués de Cubas, siga juntando otra vez a los que de verdad les gusta el cine. Manuel Alvarez Raigada nos demuestra que las buenas cosas no pasan nunca de moda. Gracias Manuel por tanta paciencia y demostrada calidad.

Gracias a Santiago Sevilla, a Olga Cavero, como delegada de cultura, a la Presidencia de Zapatero como jefe del gobierno español y al ayuntamiento actual, volvemos a poder acudir a ver cine del grande.


A media asta

Publicado por Ibañeza.es el 31/07/2017 22:26 Comentarios desactivados

Hace ya mucho tiempo que no escribía nada, supongo que con agradecimiento y regocijo general, pero hay media docena de egregios que  añoraban estos acordes. La vuelta se debe a la gratitud que es la memoria del corazón.

El sábado la Iglesia Católica recordó a Santa Marta, esa que, según San Lucas recibió en su casa a Jesús y andaba muy afanada sirviéndole… Ese Jesús tuvo a bien el que despidiéramos a Conchita “Boño” ese día. El sentido del humor de Dios es… divino y tiene gracia que, quien de servir a los demás hizo su profesión, haya sido rezada en la fiesta de quien sirvió al Hijo de Dios.

Otros tienen muchos más saberes que yo para hablar de ella y de ellos, pero considero un deber plasmar mi agradecimiento por tantos ratos compartidos esperando a Tomás o cumpliendo con la Piedad. Se dice que cuando una persona muere, toda una biblioteca desaparece con ella. ¡Cuántas anécdotas y qué discreción al referirlas! Conchita sí que tenía para un buen libro de memorias; fue una pena que no lo hiciera: aparte de voluminoso, hubiera sido instructivo, didáctico, revelador y entretenido. He admirado mucho su libertad para decir, por igual, lo bueno y malo que veía en nosotros, carente de halago en el primer caso y de maldad en el segundo. Además, dada su generosidad, recibí instrucción en asuntos culinarios, todo un privilegio: Casa Boño sigue siendo un referente cuando de comer bien en L.B. se trata.

Sí, he tenido la suerte de tratar con mujeres extraordinarias. La primera vez que escribí una Clave de Mi, hablé del señorío de doña María Alonso Moro, una bañezana integral. Dije entonces que quien no tuvo la suerte de conocerla, bien poco sabe lo que es el señorío y el trato exquisito, agradable, ingenioso, afable y chispeante. Cualidades que ella consideró excesivas y que sólo son un pálido reflejo de su personalidad. No hizo de su vida un espectáculo, ni se dio a conocer a base de publicidad y mucho menos trató de comprar el cariño de la gente. Los guardianes de las más puras esencias se lo han perdido.

Dejé estas “Claves” coincidiendo con otro abandono, el de una de mis “vice-Madres”. Ya dije que había tenido suerte con la gente que Dios ha dispuesto en mi camino. Amalia fue la última en llegar, me conoció de mayor, al igual que tía Purina (otra inolvidable). Era una mujer de belleza deslumbrante, ocurrente, simpática, de amena conversación y palabra oportuna. Me quiso desde el primer momento. Fue tan generosa como para abrirme no sólo las puertas de su casa, sino también las de su corazón y de su familia, hasta meterme en ella y con una sencillez y naturalidad propia de la grandeza, algo por lo que estar siempre en deuda con ella.

No sé si ellas supieron que las quiero. Descansen en paz, las tres. Alguien aquí las sigue recordando agradecido porque las almas libres son raras pero se identifican porque te sientes a gusto, muy a gusto cuando estás con ellas o cerca de ellas.


Artesanos chocolateros, tejedores y fotógrafos

Publicado por IBAÑEZA.ES el 31/07/2017 8:03 Comentarios desactivados

Se dieron a lo largo de las pasadas centurias, además de la ancestral alfarería practicada en Jiménez de Jamuz (también se asentaron alfareros en Castrocalbón y en La Bañeza, en su barrio de Olleros, en diferentes tiempos) otras variadas artesanías en la comarca bañezana y en sus tierras aledañas, ocupando a sus hombres y mujeres y concurriendo a sus mercados, además de las tradicionales de cuyos productos se surtía la vida diaria o estacional de sus gentes: la de los zuecos o galochas, la del mimbre de las cestas y talegas, la del cuero de la guarnicionería y los talabarteros (presente también en Santa María del Páramo ya desde el siglo XIX en tenerías como la de Froilán Prieto González y otras), los herreros y herradores componedores en sus fraguas de las herramientas de labranza, la tan necesaria como laboriosa fabricación de carros (aún conocimos en nuestra infancia y nuestro pueblo jiminiego el industrioso “taller de los Marianos”), los hacedores de adobes y tapiales…, y algunas de ellas, como las de manufactura del chocolate o la confección de mantas y cobertores, se expandieron hasta alcanzar extensión y categoría de auténticas y afamadas industrias.

Chocolateros acreditados hubo en La Bañeza (ya en la Exposición Universal de Barcelona de 1888 recibían sendos premios por su exquisita elaboración las mantecadas y chocolates de Hermógenes Blanco, cuya tradición de esmerado buen hacer pastelero seguirían su hijo y su nieto Conrado); también en Castrocontrigo desde 1916, y en San Justo y San Román de la Vega (el acomodado Juan Geijo en el segundo, un aventurero que había hecho las Américas y tornado a su tierra natal para casarse y montar la fábrica de chocolates La Montañesa -cuyo edificio todavía se conserva- y que compartía su amor por la fotografía con su afición a los coches, siendo el primer vecino que compra en aquel pueblo un automóvil), seguramente algunos procedentes de Astorga, donde “en 1914 se censan en la ciudad 49 fábricas dedicadas a la preparación del chocolate, alguna de ellas de las más importantes de España, una saturación que hace emigrar a otros lugares a muchos chocolateros astorganos, incluso a naciones americanas, expandiendo el nombre de la ciudad y de la maragatería”, cuyos arrieros propagaron el complementario trabajo familiar de las faenas del campo y el comercio y popularidad del elaborado del cacao en la que era ruta habitual de sus desplazamientos comerciales y acarreos (una empresa de diligencias de transporte de viajeros que recorrían el noroeste de España en el siglo XIX era ya de titularidad maragata y tenía su sede en Santiagomillas), ofreciendo sus productos en los establecimientos comerciales y realizando, para los pudientes, confecciones a domicilio y al gusto de quienes reclamaban sus servicios (como hacía la viuda de Hermógenes Blanco en los anuncios que en julio de 1916 aparecían en La Crónica, semanario bañezano). Una industria artesanal que no requería, al parecer, mucho aparataje, pues cuando don Trinidad Afaba traspasa al inicio de junio de 1934 su fábrica de chocolates “La flor de La Bañeza” la componían una máquina para elaborarlo movida a brazo, otra para mondar y limpiar el cacao, un tostador y varios moldes.

Arte muchas veces familiar fue también el de la fotografía, destacando la rama de los Prieto Ferrero en la que todavía era villa bañezana cuando mediado el siglo XIX supo de su descubrimiento en Francia en 1816 por el físico Niépce y por el pintor Mandé Daguerre en 1831, lo que motivaría que Benito, uno de sus miembros, viaje a aquel país aprendiendo allí el oficio que unos años después, al regreso a su lugar natal, enseñará a su hermano Leonardo para montar entre ambos el estudio fotográfico que inauguran en 1879 y que crea en La Bañeza un negocio fotográfico familiar y una afición que Leonardo transmite a sus siete hijos, todos conocedores del oficio y tres de ellos profesionales de la fotografía (Leonardo Prieto Fernández, que continuaría con el estudio bañezano, y Julio y Gaspar en Ponferrada), dando lugar a cuatro generaciones ininterrumpidas de fotógrafos que llegan a la época actual asentados además en Astorga y Benavente. Benito (fallecido en 1944, a los 72 años, “y enterrado en una sepultura procedente de Robledo de la Valduerna”), por su parte, montó posteriormente –hacia 1880- su propio gabinete fotográfico en Ribadeo (Lugo, con sucursales en Navia y Luarca) del que derivará una progenie de artistas en la que destaca su hijo Benito Prieto Coussent (nacido en 1907; llegaría a estar preso en Tui en 1936 acusado de simpatizar con las izquierdas y de ayudar a obreros y anarquistas de la villa, en cuyo Instituto era profesor de dibujo), pintor de celebridad internacional que aprendió de él los secretos de la luz y la composición, alumno de Julio Romero de Torres y compañero de Salvador Dalí en la madrileña Academia de San Fernando. Aquel oficio tenía entonces mucho de ambulante, desplazándose los fotógrafos con sus equipos por lugares más o menos alejados de sus domicilios, y así encontramos el retrato de un grupo familiar realizado en 1907 por Leonardo Prieto Ferrero en Villalba de la Loma, pueblo cercano a Mayorga de Campos, ya en la provincia de Valladolid.

Los apreciados cobertores y mantas fueron por antonomasia los del cercano Val de San Lorenzo, cuya artesanía textil goza de larga tradición. A mediados del siglo XVIII se tejían paños y estameñas, que se usaban para las prendas femeninas, y el pardo, generalmente para las masculinas. Además de los fabricantes de tejidos había mujeres que se ejercitaban en hilar y muchas otras se dedicaban al peinado y cardado la lana. Al concluir la arriería, sus habitantes, en vez de emigrar, se aplicaron a incrementar la fabricación de paños burdos con lana de los rebaños de la zona y lino de los linares de la ribera del Turienzo. La crisis textil de la mitad del XIX incidió fuertemente en la artesanía del Val y de otros muchos lugares. Las fábricas catalanas de Sabadell y de Tarrasa eran ya a mediados de aquel siglo los más importantes centros productivos del país, que habían implantado con éxito un modelo industrial moderno y competitivo, al que tal vez, adaptándose a los nuevos tiempos, solo siguieron haciendo competencia desde Béjar.

La ciudad de Palencia, conocida desde antiguo por sus mantas, continuaba aún entonces esta producción en sus telares tradicionales cuando gentes de Val de San Lorenzo se desplazaban a trabajar a aquellos talleres palentinos. Uno de los estacionales, José Cordero Geijo, lo hizo con el empeño de sustituir la industria de paños burdos de su pueblo por la fabricación de cobertores o mantas, cuyo secreto atesoraba la ciudad castellana, regresando a los pocos meses con los conocimientos adquiridos y algunos utensilios necesarios. En 1858, el día de su Fiesta Sacramental, fueron expuestas en el Val de San Lorenzo las seis primeras mantas tejidas en este lugar. Y así comenzó una nueva era y la cosecha de galardones como el otorgado en 1900 en la Exposición Internacional de París. En 1920 un grupo de setenta y tres vecinos formaron una Comunidad de bienes e instalaron La Comunal, la primera fábrica con maquinaria moderna, destinada a cardados e hilados de lana.

Val de San Lorenzo fue por muchos años un prestigioso centro textil con tradición artesanal. Existían en 1998 alrededor de veinte familias dedicadas a tejer mantas, alfombras, y otros manufacturados, además de cuatro fábricas más industrializadas y con mayor capacidad de producción, mientras en un viejo y antiguo telar familiar se tejían aún mantas al estilo tradicional, y alguna tejedora seguía haciendo aquellos mantones negros con flecos que tanto usaron nuestras mujeres del campo en los días invernales.

El interés por el Val de San Lorenzo y por su preciada artesanía llegó antaño hasta la madrileña Escuela de Cerámica de la Moncloa (creada en 1911 como extensión de la Institución Libre de Enseñanza), de la que se desplazó en el curso de verano de 1926 un grupo de 45 personas entre profesores y alumnos que convivió durante seis semanas con sus vecinos buscando motivos de inspiración para su arte, plasmado en una excelente colección de 300 acuarelas de retratos, paisajes, artesanía textil, labores agrícolas y escenas de hogar que allí realizaron, y al menos otras 253 elaboradas en el curso posterior a partir de fotografías tomadas por el profesor Aniceto García Villar, uno de los que acompañó a los estudiantes, y de cuyas reproducciones dispondrán en el museo de la localidad. Los artífices madrileños, que recalaron entonces en el Val debido a la amistad que unía al director de aquella Escuela, Francisco Alcántara, con el pintor Joaquín Sorolla, que desde 1902 a 1911 había viajado por nuestra provincia en varias ocasiones, también realizaron algunos trabajos en arcilla, que no se conservan debido a la destrucción sufrida en la guerra civil, lo que no sucedió con las acuarelas, que fueron salvadas de los bombardeos. La Escuela pagaba diariamente a cada vecino del pueblo por posar para los artistas la cantidad de tres pesetas, algo impensable de ganar allí en aquel momento (en cinco se fijaba a finales de febrero de 1931 el salario mínimo del personal ferroviario), y fue aquella una experiencia de inspiración institucionista adelantada en sus pretensiones, planteamientos y métodos a las que unos años más tarde, en el periodo republicano, depararán las Misiones Pedagógicas también por estas tierras.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Dos anuncios curiosos

Publicado por José Cruz Cabo el 30/07/2017 8:43 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

En los años sesenta se dieron dos pérdidas curiosas, que fueron anunciadas en su día en El Adelanto. Una fue que llegó a Gráficas Nino, un señor de un pueblo cercano y nos pidió que le pusieramos en el semanario un anuncio diciendo que se había perdido una dentadura postiza. Se le recogieron los datos y se puso en el semanario.

Durante unos cuantos días no pasó nada, pero en la semana siguiente nos fueron entregadas en la imprenta hasta seis dentaduras postizas distintas, por personas que las habían encontrado en la calle, con la fatalidad que ninguna de las seis coincidían con la que habíamos anunciado. Hicimos venir al paisano varias veces y ninguna de las seis dentaduras postizas era la suya.

En otra ocasión un concejal del ayuntamiento, no pongo el nombre porque aun vive, nos llegó a la imprenta con la porra de un policia de la ciudad y a pesar de que sabíamos de quien era, este concejal se puso pesado y tuvimos que anunciar que se había encontrado una porra de policia y el que la perdió podía pasar por Gráficas Rafael a por ella.

Naturalmente, el policía vino por la porra y algo cabreado dijo “estuve tomando un chato en el Bar La Isla y por comodidad, la puse encima de una silla y cuando terminé y salí del bar se me olvidó recogerla y cuando fui a por ella me dijeron que allí no había dejado nada, ya que los dueños con el jaleo del bar, no se dieron cuenta de que la habían cogido y al policia le dijeron que ellos no la habían visto y hasta que no apareció el anuncio en nuestro semanario tuvo que andar sin porra y luego fue a buscarla y se enfadó porque dijo que el que la llevó sabía que era de él y quiso dejarlo en ridículo.


Los 110 años del Diario de León en una exposición única

Publicado por José Cruz Cabo el 25/07/2017 8:20 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

En la inauguración tuve la satisfacción de poder asistir a la apertura de la exposición de los 110 años del Diario de León, periódico en el que estuve de corresponsal durante casi treinta años.

La exposición está instalada en el Citba de La Bañeza o antigua harinera, detrás de la Oficina de Turismo, con una cantidad de imágenes y textos de diversas épocas que demuestran la gran importancia de este diario provincial en tantos años de existencia.

Naturalmente la mayoria de los que vinieron a la inauguración, incluido su director Joaquín S. Torné, no me conocian, solo uno que fue también futbolista del equipo bañezano. Canelas, sabía mi historia porque cuando finalizó su etapa de futbolista seguimos viéndonos y hasta coincidiendo cuando el Diario tuvo aquí oficina.

En la inauguración estuvo presente el Presidente de la Diputación, Juan Martínez Majo, que dijo que esta exposición resume los 110 años de un diario siempre al servicio de la provincia de León. El alcalde de nuestra ciudad, José Migtuel Palazuelo, expresó su satisfacción por haber conseguido que El Diario montara aquí esta maravillosa exposición que además viene a valorar las tres cosas más importantes de la ciudad, con impresionantes fotografías del Carnaval, la Semana Santa y la Carrera de Motos. Tuvo a bien acordarse de los tres escritores bañezanos que hemos estado en este centenario periódico, Antonio Núñez, el famoso Chencho, que empezó en Proa y termino su vida periodística en este diario y Pepe Cruz, un servidor, que estuvo de corresponsal casi treinta años escribiendo de nuestra ciudad en este diario.

Finalizó los discursos el director del Diario, que destacó la magnífica sede de la Exposición que finalizará con el mes, porque se combina un simbolo de la ciudad, como es este maravilloso espacio, con los 110 años de la historia de nuestro y de todos los leoneses, este periódico centenario.


Conductores suicidas, asesinos o quizás no tanto

Publicado por A. Cordero el 24/07/2017 8:01 Comentarios desactivados

Hace unos días me tropecé con un listado de infracciones de esos que no se sabe si están dictados por la mismísima DGT, o por el gracioso de turno, con el llamativo título “multas del verano”. Un texto de esos que viajan de un grupo a otro, y, muchas veces centran el tema de tertulia en el bar o en su defecto, en las redes sociales pero más en la intimidad. Pero lo malo de generalizar las normas, tanto las de tráfico como las que se esconden en las ordenanzas municipales, es que a veces se traspapelan las caras, se confunden los hechos, se manipulan los datos y víctima y verdugo se acaban confundiendo y terminamos por no saber quién es quién, tildando de “asesino” a quien no lo es y dejando que se vaya de rositas quien siembra el pánico en las tranquilas noches veraniegas, por ejemplo.

Como hay momentos en los que la ética y el sentido común pasan a un segundo plano, empujados por un ansia de comodidad o de libertad que el sujeto común dice merecer, hay quien se relaja, se quita la camisa delante de las personas que –habitualmente la llevamos puesta aunque tengamos el mismo calor– o se descalza en lugares comunes por la misma razón, “porque me da la gana y quiero estar cómodo”, sin tener en cuenta que a quienes estamos tomando un café o paseando, posiblemente no nos apetece ver una barriga cervecera que dista bastante del erotismo, de la belleza y por supuesto, del buen gusto. Pero como hay quien solo piensa en sí mismo, cual Tarzán en la selva, por las vías de la ética y las buenas maneras no hacemos labor.

Quizás quien ha sacado a la palestra las susodichas normas, ha exagerado un poco, pero no estaría de más echar mano del manual de las buenas formas y evitar que los señores que dictan las leyes vayan por la tremenda y ataquen al ciudadano como mejor saben: poniendo ceros a una cifra con la que las reglas de convivencia se aprenden solas. La verdad es que como yo soy algo intransigente en los temas en que la legalidad se tambalea me alegré por algunas de esas medidas; está claro que el único modo de aprender las normas de ciudadanía de forma fácil y efectiva es si el asunto afecta al bolsillo y eso estos señores lo saben bien.

Hay quien supone que esta medida sea un exceso de imaginación para asustar a la opinión pública con unos cuantos supuestos destinados a engrosar las arcas públicas, pero tal vez esta sea la única fórmula que entienden algunos de esos conductores suicidas, o lo que es peor conductores asesinos; así pasear de noche por las calles no se considerará un deporte de riesgo. Claro que sacar la mano por la ventanilla, beber agua o conducir con chanclas y sombrero, tampoco me parecen delitos suficientes para criminalizar al conductor, mientras que a quienes tiran colillas por la ventanilla o a quienes hacen carreras por las vías públicas, igual había que añadirles dos o tres ceros por la derecha y un asterisco con rotulador permanente en los listados de la DGT.


El ferrocarril León-Braganza y otras fallidas vías férreas

Publicado por Ibañeza.es el 17/07/2017 8:33 Comentarios desactivados

Los años veinte estuvieron en nuestro país (y especialmente en lugares como León, Astorga, Veguellina de Órbigo o La Bañeza) muy ligados al ferrocarril, dado el auge alcanzado ya entonces por este medio de transporte en contraposición a las deficientes y escasas carreteras y al rudimentario y costoso tráfico de mercancías en camiones. Con base en estas circunstancias, y al socaire de la pretensión del Consejo Superior de Ferrocarriles de establecer “líneas secundarias, estratégicas y de tráfico local”, el ilustre bañezano, abogado y militar Nicolás Benavides Moro proyectó en 1925 la construcción de la línea férrea León-Braganza (Portugal). Sus estudios y propuestas movilizaron a la prensa en pro del trazado, llegando hasta dicho Consejo, que se interesó por el proyecto, y a los ingenieros de la Compañía de Ferrocarril del Norte de España, que propugnaron un ramal que colmara “intereses ferroviarios regionales” y que desde Puebla de Sanabria pasara por La Bañeza, Valencia de Don Juan, Sahagún y Saldaña, para enlazar en Mataporquera con los ya existentes del Norte hacia Asturias y de La Robla a Valmaseda.

Los bañezanos defendieron su propuesta, variante de otra de la Diputación provincial que pretendía el enlace Guardo (Palencia)-La Bañeza. Dos años más tarde don Nicolás Benavides, entonces coronel de Estado Mayor, añadió a su diseño algunas variaciones con la idea de que el trazado (“el más corto y el menos costoso”) uniera dos importantes puertos marítimos (Bilbao-León-La Bañeza-Puebla de Sanabria-Braganza-Oporto) y aproximara las cuencas mineras astur-cántabro-leonesas al norte de Portugal carente de carbón.

En 1927 otro bañezano, Vicente Fernández Alonso (uno más de los iniciales entusiastas de la dictadura primorriverista en nuestra tierra que lo sería después del socialismo), logró mediante sus intervenciones en la prensa local, regional y nacional, las adhesiones del ayuntamiento y de la Diputación leoneses al proyecto de don Nicolás, para cuya defensa y la de la línea León-Braganza se celebró en octubre una asamblea interprovincial en la Casa Consistorial bañezana seguida de un banquete popular en el que brindaron por el éxito del empeño, entre otros, el médico Mariano Andrés Luna y el Jefe de Correos Augusto Valderas Blanco.

En este asunto, “que bien lo merecía y lo merece” (se decía de él todavía a la altura de 1957) La Bañeza comenzó a ser oída en algo que le interesaba (aunque más importaba a la capital provincial y a las zonas leonesas del Páramo y zamoranas de la Carballeda y la Sanabria, aisladas y sin comunicación ferroviaria), y a su favor se sumaron muchas voces, manifestándose en contra solo una, la de “un contumaz colaborador de un periódico vecino (El Pensamiento Astorgano) que obtuvo varapalos a diestro y siniestro, tanto por lo serio como por lo bufo”. En los inicios de 1931, desde el número 5 del semanario bañezano La Opinión, Vicente Fernández Alonso llega a proponer, ante el desinterés de la capital, una línea que comience en Veguellina o en Astorga con ramal de Nogarejas a La Bañeza.

(Tal vez sean reminiscencias aún de aquellos intereses y anhelos las actuales pretensiones de conseguir ver realizada la autovía León-Braganza, cuyo trazado presenta grandes similitudes con el que antaño se pretendió para aquella tan deseada vía férrea).

Ya había habido años antes intentos de conseguir otros trazados ferroviarios que transcurrieran por La Bañeza: los regidores bañezanos acordaban en junio de 1859 dar toda clase de facilidades para la construcción del “camino de yerro” que habría de unir la villa con la capital de la provincia, en lo que ya se consideraba una decisiva apuesta de futuro. Después, se había pretendido en 1904, y se llegó a realizar para tal fin una asamblea en Veguelllina de Órbigo, el ferrocarril Grado-La Bañeza y su posterior prolongación hasta Puebla de Sanabria; en 1907 tomaron gran relieve las gestiones encaminadas a alcanzar su construcción, realizándose en mayo una reunión de representantes de los ayuntamientos enclavados en su pretendido trazado, y el desplazamiento a Madrid de una comisión formada por los dos diputados provinciales del distrito y dos concejales, que se entrevistaron con el ministro y con responsables de Fomento y obtuvieron su interés y la demanda de que se les presentase el oportuno estudio. Cuando desde La Bañeza se comunicó a los ayuntamientos de Grado y de Puebla de Sanabria el importe de aquél (70.000 pesetas), contestó el primero que no contribuiría, y el segundo ni siquiera contestó. En 1923, en el Índice de peticiones que la ciudad de León hace al Rey y al Directorio Militar gobernante para el progreso de la provincia, se dice hallarse aún en estudiado proyecto (aprobado desde junio de 1890 y considerado ya en 1864 de interés por el gobierno) la línea a Portugal por Benavente desde León, “que tantos años atrás ya fuera rechazada por la decisión de un preboste maragato”, y por la que desde la Cámara de Comercio de Gijón se abogaba en noviembre de 1930, propuesta de la que aquí se hacía eco El Diario de León a primeros de marzo de 1931.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Estación de La Bañeza a mitad de los años 30.


‘Corazón de canela’ agranda la calidad de la colección Charín

Publicado por José Cruz Cabo el 7/07/2017 8:44 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

Un año más la Fundación Conrado Blanco nos ofrece otra joya literaria dentro de su colección Charín, en memoria de Charo González, esposa que fue de nuestro siempre recordado cronista Conrado Blanco.

En una conjunción impresionante de buen gusto, se unen María del Camino Ochoa, para la dirección del texto del libro, y Fernando Noriega para los maravillosos dibujos y alguna poesía. La portada a todo color de Fernando, ya nos va indicando que vamos a leer y admirar un libro maravilloso y así es desde el prólogo de la coordinadora de bibliotecas de León, María Dolores Martínez Lombó, a la que sigue el entrañable artículo del presidente de la Fundación, el notario bañezano Eugenio de Mata Espeso y hasta la página final..

Camino Ochoa nos obliga a conocer la llave de la esperanza, leyendo las páginas de Corazón de Canela. Siguen tres poesías de Nieves Sanchez Ramos, a cada cual más emocionante. Siguen varias dentro de Poemas con canela, de Rocio Antón y Lola Núñez,Yanitcia Canetti, Sagrario Pinto. Virginia Cantó, Maribel Fuentes, Juan José Lago, José Javier Alfaro, Marta Zagrilla, Fernando Noriega, Alfonso Pascual, Maribel Fuentes, Venacio Iglesias, Camino Ochoa y Luis Caussés.

Sigue Canela con poemas Con versos y texto de Camino Ochoa, explicando como se deben de leer y conjugar con los alumnos de los colegios, antes y después de la lectura y finaliza con recetas de Empanadillas de manzana con canela, Pastelitos de cacao y canela y adivinanzas de cuento.

El libro es una joya literaria y de impresión realizada en nuestra ciudad por Ediciones Monte Riego e impreso en Gráficas Nino y el montaje es de Rafael Cabo del Riego. El libro a los niños se lo regala de forma gratuita la Fundación Conrado Blanco y desde luego es un libro para leer varias veces gozando de sus magníficos textos y poesías, así como de los insuperables dibujos de Fernando Noriega.


Cuando solo los pobres servían a la Patria

Publicado por Ibañeza.es el 3/07/2017 8:04 Comentarios desactivados

Prosiguió en el siglo XX la guerra marroquí iniciada en 1859, “cuando España alzó banderas contra el moro” (de las iniciales campañas de aquel año y el siguiente sobrevivió el bañezano José Monroy Santos, honrado como héroe “pensionado de supervivencia” a la altura de 1916), y que tantas aprensiones y temores suscitó entre tantas generaciones de quintos sorteados y en sus familias (todavía apesadumbradas en la década de los sesenta cuando al mozo le tocaba “pa África”), y lo hizo entre escasos triunfos como Alhucemas y sonados desastres como los del Barranco del Lobo en julio de 1909 y Annual en el mismo mes de 1921, en medio de un sistema de reclutamiento que permitía a los pudientes, privilegiados, y clases acomodadas quedar exentos, rescatados, de la incorporación a filas (en 1912 se estableció el Servicio militar obligatorio, aunque persistió el privilegio de los soldados de cuota, los que mediante pago gozaban de contribuir con una prestación aligerada y reducida al solo periodo de instrucción durante seis meses), o ser sustituidos mediante el abono de un canon, que era de 6.000 reales en 1910 y de 2.000 pesetas en 1916, cantidades que desde luego no estaban al alcance del pueblo, habida cuenta que el sustento diario de un trabajador ascendía entonces a unos 10 reales -2,50 pesetas-, y que la economía de la época contaba con una muy escasa circulación dineraria, por lo que generalmente los menos acomodados eran prófugos o se autolesionaban y los adinerados se redimían o sustituían por otro mozo al amparo de las posibilidades ofrecidas por la ley.

Además, la mayor parte de los reservistas eran pobres campesinos y obreros cuyos intereses nada tenían que ver con los que se ventilaban en la contienda, padres de familia en las que la única fuente de ingresos era el trabajo de éstos. Mientras, los hijos de los ricos compraban al vástago de un trabajador para que ocupara su plaza en África, lo que con profusión y acierto era denominado en el periodo como trata de blancos. En La Bañeza en 1916 pudo permitirse tal discriminatorio privilegio el recluta Julián Fernández de la Poza, al que al inicio de aquel año solicitaban de la Caja de Recluta de Astorga “la presentación de la carta de pago de la cuota militar”, al igual que Odón Alonso González y José Cabo Valenciano en 1921.

Eran formas de eludir la “contribución de sangre” la “redención a metálico” (primero y desde 1836), además de la “sustitución personal” después, y otras exenciones (cambiar un número bajo por otro alto en el sorteo), así como las que originaron el negocio de los Seguros de Quintas que florecieron a su costa, en unos tiempos en los que las frecuentes guerras hacían de la prestación del Servicio militar un importante riesgo aun en el caso de volver de ellas con vida.

Ya en 1819 Pascual Martínez Fuertes, acaudalado de Boisán, había contratado con Joaquina Mielgo y su hijo Miguel López Mielgo, del mismo pueblo, para que éste sirva a la Patria como sustituto que reemplazará como soldado a su hijo Francisco Martínez Martínez (apodado Cuarentavacas), pagándole 10.000 reales -2.500 pesetas-, un precio elevado según los contratos similares que regían aquellos años (en Santa Marina del Rey se pagaban entre 5.000 y 6.000 reales), seguramente no menos que el riesgo que debió de afrontar el reclutado, que se encontró de pleno con la sublevación del general Riego y fue quizá llevado a América, en aquellos años tan revueltos en España y en sus posesiones de ultramar. La esposa del entonces sustituido contrataría en 1855 con Tiburcio Otero, de Villalibre de Somoza, por 4.000 reales, la sustitución de su hijo Santiago Martínez Criado (en lo que parece que era ya una costumbre famliar).

En 1847 Juan Martínez, de Jiménez de Jamuz, sustituía por 4.200 reales (“o afianzando el doble”) la suerte de soldado de su hijo Cayetano. En 1856 la viuda Agustina Vidales, del mismo pueblo, libra a su hijo Mateo Vidal Vidales “que sostenía la labranza en la familia” y había obtenido el primer número en el sorteo, cambiándolo con el del mozo Agustín López, de Villanueva de Jamuz, “exento de cupo” al sortear (solo se reclutaba a la quinta parte de los integrantes del reemplazo, y de ello venía lo de quinto), pero que servirá en su lugar los 8 años entonces establecidos y al que entregará 1.000 reales al año siguiente y un traje completo cuando se licencie. En 1858 Ambrosio Peñín sustituye a su hijo Antonio por Antonio González, de Quintana y Congosto, al que paga 5.500 reales. Felipe Pérez, de Tabuyuelo de Jamuz, se cambia por 3.000 pesetas en 1863 por el hijo del amo con el que estaba de criado para ser alistado en vez de aquel por otros tres después de haber servido ya tres años en África. El confitero bañezano Manuel Fernández Centeno halla en 1878 sustituto para su hijo Manuel en el jiminiego Jacinto García Sanjuán, al que paga 6.500 reales, y en el mismo año y por 6.600 Inocencio Santamaría Vivas, de Jiménez de Jamuz, sustituye a su hijo Pablo Santamaría Fuertes, al que necesita en los trabajos alfareros, por un mozo de 22 años de Posada de la Valduerna.

Y si cierto fuera lo que la bañezana Josefina Alonso Ruiz nos dice que oyó contar siempre en su casa, rescatado habría sido también, a la altura de 1820 y con el dinero que para ello le prestara su bisabuelo, el que llegaría a ser oficial del Ejército y perseguido liberal, además de afamado relojero londinense, José Rodríguez Losada (constructor en 1866 del reloj enclavado en la madrileña Puerta del Sol), que años después enviaba a su benefactor un reloj de oro (que aún conserva la familia) en agradecimiento por su ayuda.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras de la provincia, de 1808 a 1936), recientemente publicado en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Alhucemas. Cala del Quemado. Café en el barrio civil. De una colección de postales traída por el jiminiego Miguel Lobato Fernández de su Servicio militar en África en torno a 1925.


Antes también había fiesta del libro

Publicado por José Cruz Cabo el 1/07/2017 8:54 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

Aunque no recuerdo el año, tuvo que ser cerca del año setenta, cuando se comenzó a festejar el día del libro y sacar los libros a la calle el día 23 de abril, con motivo de homenajear a Cervantes. La primera librería que sacó los libros a la calle fue Gráficas Rafael, cuando tenía su librería en la Plaza Mayor, y además era un librero que tenía la convicción de que los libros eran muy importantes para el saber y el conocimiento de las personas.

Al año siguiente salieron también a poner el puesto en la plaza, además de Gráficas Rafael, las hermanas Victoria y Josefina Alonso, que tenían la tienda de libros y zapatos en la acera de Imperiales Alonso, también en la Plaza Mayor. Al tercer año ya salió también Pilar Marcos que tenía la libreria en la calle hoy Vía de la Plata.

Aunque yo en Gráficas Rafael estaba para el trabajo de tipografía, el Dia del libro, que se ponía el puesto en la Plaza Mayor, me obligaban a salir a despachar, ya que yo he sido un lector de libros casi compulsivo, y después cuando el año 67, Gráficas Rafael se quedó con la joyería y al año 68 se murió, Gráficas Nino comenzó su andadura, en agosto de dicho año 68, salimos a la Plaza Fray Diego Alonso, ya que la Plaza Mayor nos quedaba lejos y seguimos con los puestos, hasta que la Junta de Castilla y León declaró el día 23 de abril fiesta de la comunidad.

Yo durante esos años de salir con los libros y hacer el diez por ciento de descuento, era al que más consultaban para hacer la compra de títulos, ya que muchos de los que sacábamos a la calle yo los había leído ya de la biblioteca o de los que me dejaban las hermanas Alonso con las que desde el año 55 que fui a vivir a un piso de su propiedad, cogimos una amistad que ha durado muchos años, y había clientes de ambos sexos que me pedian la opinión para comprar unos u otros títulos.

Como todos no tenemos los mismos gustos, primero preguntaba el tema que querían comprar y luego les daba mi opinión. La verdad es que ese día al año con los libros en la calle se vendían títulos que llevaban años en la librería y nadie se acordaba de ellos y ese día conseguian venderse.

Con la malísima idea que tuvieron los procuradores de la Junta de Castilla y León de poner la fiesta de la Comunidad el día 23 de abril, para conmemorar una derrota por oponerse al gobierno oficialmente establecido, ya que con todo lo que fuera Carlos I, Rey de España y emperador de Alemania, fue uno de los grandes reyes que ha tenido nuestra nación y los castellanos le presentaron batalla que perdieron y una derrota no es para ponerla como fiesta de una comunidad que tampoco es como dicen, porque los leoneses nunca fuimos castellanos.

Con este motivo la fiesta del día del libro dejó de celebrarse en nuestra ciudad, pero hemos salido ganando, porque ahora no es un día solo, es toda una importante feria aunque sea en otra fecha.


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