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La Bañeza no existe

Publicado por A. Cordero el 11/12/2018 9:03 Comentar

Dicho así… igual asusta un poco, pero creo que nos ha pasado a todos en nuestra constante batalla con los auto correctores; inventos que para algunos quizás sean una bendición por constituir la única forma de escribir regular, para mí son un tormento porque nunca he permitido que piensen por mí, por eso cuando pongo Bañeza y el susodicho se empeña en poner ‘bañera’, me sienta mal. Muy mal.

Pues eso es lo que pasa, que como la tecnología parece empeñada en hacernos la vida más fácil, a los que dominamos el arte de colocar haches o quitar haches, a distinguir las bes de las uves y las jotas de las ges y a repartir correctamente las tildes, el corrector no hace más que molestar y jugarnos malas pasadas si no estamos atentos a lo que da por hecho que queremos escribir.

Así, en el caso que acapara el titular y en tantos y tantos pueblos con nombres distintos a los vocablos que ellos dominan, en fiestas y tradiciones, en dichos populares y en casos que acortan la palabra antes de la cuenta o cambian la terminación de un verbo, puede meter la pata y quien escribe, por dejarse llevar por el trabajo fácil acaba escribiendo palabras ajenas al texto que muchas veces no guardan relación con el mismo, como en el caso de Bañeza/bañera que yo aproveché para hacer esta columna.

Por eso las citadas ayudas, han hecho más fácil la vida a muchas personas cuyos textos es mejor escucharlos que mirarlos, salvo en los casos en que hay/ay/ahí (táchese la que no proceda, jejejejeje) hay que saber cual es la correcta, y evitar confiar en la sabiduría del corrector porque no siempre sabe a qué nos referimos, teniendo en cuenta la extensión de nuestro lenguaje y las diferentes  formas de escribir una misma palabra para otorgarle distinto significado.

De este modo, es muy común ver en libros, periódicos, revistas, folletos, carteles, en la televisión y por supuesto en internet, muchos gazapos escritos por becarios que ese día no fueron a clase y por personas que no dominan el tema y confían en la tecnología pero que no saben que ‘a parte’ y ‘aparte’, ‘a cerca’ y ‘acerca’ no es lo mismo y no es correcto utilizarlos de forma simultánea.

Pero como esta columna está escrita en un tono más irónico de lo habitual, vamos a pensar que quien escribe lo hace correctamente porque (con estos también suele haber –que no a ver– problemas) quizás la culpa sea del propio corrector el que piense que, como la ortografía es un básico y esas lecciones son de primaria, quiera gastarle una broma dejando al sujeto de turno quedar en evidencia a propósito.


Un fugaz parlamentario leonesista, y el regionalismo excluyente (I)

Publicado por Ibañeza.es el 3/12/2018 8:32 Comentarios desactivados

En las elecciones a Cortes Constituyentes del 28 de junio de 1931 se presenta como regionalista independiente por León, como leonesista, Francisco Molleda Garcés, “conservador bugallalista hasta hace poco” e hijo de quien había sido jefe de los conservadores de la provincia desde hacía 30 años, Antonio Molleda Melcón. Obtuvo 17.230 votos, pero este único diputado nacional leonesista de la historia no consiguió refrendar su acta, no llegó a serlo, apartado de una Cámara en la que estaba llamado a compartir escaño con los representantes de los entonces incipientes regionalismos catalán, vasco y gallego, porque la Comisión de Actas del Congreso lo incapacita para ello por incompatibilidad para el cargo, debido probablemente a que a sus múltiples empleos (vocal en la Diputación provincial y Juez municipal, entre otros) sumaba el de abogado del Estado, sin que de nada sirviera su protesta alegando las incompatibilidades de otros diputados que, al contrario, no fueron apartados. Lo sustituyó el bañezano Herminio Fernández de la Poza, candidato que, sin alcanzar los votos necesarios, se había presentado en aquellas elecciones por el Partido Republicano Radical de Lerroux. Sobre tal sustitución planeó la sombra de la supuesta masonería a la que después se acusó de pertenecer al bañezano, en un Parlamento que contó con un significativo número de diputados masones repartidos entre todas las adscripciones ideológicas.

Diputados nacionales por León en el año 1931.

En 1931, en la Revista del Clero Leonés Eugenio Merino escribirá sobre una autonomía leonesa-castellana que defienda los intereses agrícolas, y J. González lo hace “sobre los fundamentos históricos del regionalismo leonés”. Ese mismo año Bravo Guarida (que ya había protagonizado en 1919 y 1922 unas avanzadas proclamaciones leonesistas) establece el Curso de Estudios Leoneses, y desde primeros de diciembre de 1931 a principios de enero de 1932 aparece en El Diario de León el documento por entregas titulado Catecismo regionalista castellano-leonés, obra del párroco F. Gómez Campos (que rechaza el matrimonio civil y demás aspectos del Estado laico recogidos en la Constitución aprobada días antes), y cuyos postulados, opuestos por igual al nacionalismo separatista y al federalismo y tendentes a una autonomía con fuerte impronta católica y tradicional, se acercan a los del carlista tradicionalista Vázquez de Mella: integración de la unidad de Castilla-León; Santander como salida natural de Castilla al mar; la Cuenca del Duero base del territorio regional, y el proyecto estatutario salvaguarda y mantenedor de la unidad y la soberanía nacional, todo ello dentro de los marcos del “regionalismo sano”.

El autor, oculto bajo aquel seudónimo pero en realidad el clérigo Eugenio Merino Movilla, rector entonces del Seminario de Valderas y destacado referente en labores histórico-arqueológicas en la región terracampina y en el ámbito del catolicismo social y obrero, propugnaba (en una pretensión que entonces fue un fracaso) la creación de un partido regionalista que luche por alcanzar las aspiraciones diferenciadoras y que amparase esencias e instituciones propias como las del Concejo y las Cortes, además de los aspectos económicos, y señala los deberes del buen regionalista (…depurar los municipios de banderías necias y de caciques vividores; …defender los derechos y justas reivindicaciones de las clases, y más de las humildes; …practicar la solidaridad mutua entre familias, vecinos, pueblos y comarcas,…) para la consecución de un regionalismo guiado por “los mejores castellanos, los habitantes de los pueblos”, y para alcanzar el ente asociado, único y de conjunto de Castilla y León, “cuya savia y sangre han de ser la Fe y la Religión”, y del que excluye a los ateos y a los socialistas.

El 28 de diciembre de 1931 se reúne en Cacabelos una asamblea de alcaldes de la provincia para tratar sobre la formación de un Estatuto Leonés. Se nombró una comisión (formada por los de Cacabelos, Mansilla, Renuedo de Valdetuejar, Villamañán y Santa María del Páramo, y presidida por el secretario de Pola de Gordón, señor Micó) para enviar a los demás ayuntamientos la ponencia presentada allí para su estudio, y redactar un reglamento para su discusión. Se convocó una nueva asamblea para, estudiado el asunto, discutirlo con detenimiento.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Pequeña antología de poetas bañezanos

Publicado por José Cruz Cabo el 25/11/2018 9:15 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

Hace unos meses cayó en mis manos un libro con este título, impreso en Madrid en el año 1955 y firmado por “Diego de Órbigo”, un seudónimo del que fue uno de nuestros grandes periodistas como Don José Marcos de Segovia, ya que casi siempre firmaba con seudónimos.

El libro me llamó la atención ya que no lo conocia, y naturalmente, me lo leí del todo y como no quiero que quede en el olvido y supongo que no esté en la biblioteca, voy a explicar quienes son los escritores poetas de nuestra ciudad que forman el grueso de los textos.

En la portada se explica el escudo de la ciudad que hay en el Ayuntamiento. “Interpretación decorativa del escudo del joven e inspirado tallista bañezano, Manuel Cruz Cabo, que presisamente lo talló como regalo al Ayuntamiento que le había concedido la beca para estudiar en los Salesianos de Baracaldo durante seis años y suele estar en el salón de sesiones del ayuntamiento. Sigue un proemio de los actos celebrados en la Casa de León en Madrid y despues en nuestra ciudad el 7 de julio de 1953 por la Agrupación Juan de Ferreras, de Diego de Órbigo o José Marcos de Segovia.

La historia la inicia Juan de Ferreras, fundador y secretario de la hoy Real Academia de la Lengua del que se publica además de una pequeña biografía, varias poesías de este grandísimo bañezano. Sigue la biografía del también gran bañezano Padre Manuel Fraile Miguélez del que se insertan dos poesías suyas. Sigue la de Vicente Fernández Alonso, farmacéutico y periodista, con amplia biografia y varias poesías suyas. José Mayo Fernández, de Cebrones del Río y tres poesías salidas de su pluma. Julián Escudero Pozuelo, poeta desconocido y que aportó las poesias el que fue gran historiador eclesiastico y director del archivo diocesano de Astorga, Don Augusto Quintana Prieto, del que también se publica su biografía y varias poesías. Sigue el gran poeta bañezano Marcelo Toral Pascua con varias poesías.

Manuel Martín Sanchez, de nuestra ciudad y que escribió poesias en El Adelanto. Julio Tagarro González, medico pediatra y que escribió en nuestro casi centenario semanario unos cuantos artículos en plan de broma. Gaspar Julio Pérez Alonso, abogado, alcalde que fue hace dos sglos y el que construyó el teatro Pérez Alonso. Enrique Alonso Sors, que nos deleitó en el Adelanto con muchos y buenos artículos. Eugenio Santos de Mata. El capitán José María Juárez Blanco, hijo de Don Servando el maestro.

José María Marcos Lefler, que nos dejó en el Adelanto casi un centenar de poesias sobre personas bañezanas. Antonio Alonso González, autor de la letra de nuestro himno de La Bañeza. Felipe Alonso Marcos, que fue un gran poeta sobre todo religioso y semanasantero, la mejor poesía del Nazareno es suya. Luis Marcos García, licenciado en Filosofía y letras. José Fernández Núñez que escribió, muchos artículos en El Adelanto. Conrado Blanco León, padre de nuestro Conrado y gran poeta. Jesús Toral Pascua, también tiene poesías y artículos en El Adelanto de hace años. El gran general, poeta y biógrafo Nicolás Benavides Moro, en su libro “Momentos” hay una poesía dedicada a mi padre Manolillo.

La agrupación de Ferreras tuvo unos años muy importantes hasta que se fueron muriendo los que la crearon y desapareció. En recuerdo de todos ellos va este artículo y el libro debiera de estar en la Biblioteca y hasta en el archivo.


La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (y IV)

Publicado por Ibañeza.es el 19/11/2018 8:03 Comentarios desactivados

El 16 de diciembre comenzaba a actuar en León el Tribunal de Urgencia para juzgar a los encartados en la subversión, compareciendo en aquella fecha Gregorio Fernández y Manuel Roces, condenados a 4 meses y 1 día de prisión, dos de los muchos apresados masiva y preventivamente en la capital y en la provincia, la mayoría militantes de la CNT, la FAI, y sus Juventudes Libertarias, en lo que bien puede pasar por magnífico prólogo de lo que sucederá tres años después (algunos volverían a ser detenidos antes, en la revuelta de octubre de 1934), cuando bien pocos sean quienes de ellos consigan escapar a la represión posterior al golpe militar de 1936. En la mañana de aquel mismo día presentaba el gobierno la cuestión de confianza y comenzaban las consultas para formar el nuevo, dándose ya su probable lista. Tres días después en la capital leonesa el mismo Tribunal absuelve a Manuel Durruti Domingo y a otro encausado, condenando a los restantes procesados.

El día 18 se resolvía la crisis de gobierno nombrando Lerroux (con el apoyo de la CEDA) un nuevo gabinete en el que entran un agrario, un melquiadista, uno de la ORGA, un progresista, uno de la Agrupación al Servicio de la República, uno de la Lliga, y siete radicales, y en el que pasa a Gobernación Martínez Barrio. El 19 Mariano Menor Poblador (del PRRS), pasa a ser el nuevo gobernador civil de León (aunque no llegaría a ejercer de tal, siendo sustituido el día 31 del mismo mes), la misma fecha en la que Gil Robles afirmaba (en un discurso tildado de fascista por las Juventudes Socialistas) que “el país debe de optar entre Largo Caballero y nosotros”, añadiendo: “queremos el poder para hacer una reforma constitucional”, y explicando que a cambio de sus votos espera obtener amnistía para los alzados con Sanjurjo en agosto de 1932 y una profunda revisión de la legislación en materia religiosa y laboral de las Cortes Constituyentes, a lo que responderá Indalecio Prieto que “frente a sus ambiciones dictatoriales de arrasar los logros republicanos no dudarán los socialistas en desencadenar la revolución para defenderlos”, presagio y germen de lo que sucederá en octubre del año siguiente.

Aún detenía la Guardia Civil de Veguellina de Órbigo el día 23 a Claudio Centeno Santiago (el “Charrero”), “reclamado por el juez militar eventual de aquella plaza” (dice El Diario de León, y tal vez se creara un juzgado específico en el lugar para encausar lo sucedido) por ser uno de los que intervino en la revuelta que allí se originara, y el 26 apresaba la de Vega de Espinareda en Sezano a uno de los complicados en los hechos revolucionarios, mientras en Cacabelos dos fugitivos de aquellos sucesos disparaban contra una pareja de la Benemérita.

El 14 de marzo de 1935 se iniciaba en el leonés Cuartel del Cid el Consejo de Guerra (presidido por el coronel del Regimiento Burgos 36 Vicente Lafuente Lafuente-Baleztena (cuyo papel en la represión en León después de la sublevación militar de 1936 le valdría el ascenso a general) contra varios paisanos vecinos de Veguellina complicados en los sucesos de diciembre de 1933 (en cuya preparación intervinieron dirigentes de allí y de la capital, se afirma en la vista) por su agresión a la Guardia Civil que protegía los trabajos de los obreros telefonistas enviados a restablecer las líneas saboteadas, de la que resultaron dos de sus números inútiles y pudo costar la vida a otros dos (dice en su crónica de aquella fecha La Vanguardia). Eran los agresores Antonio García Dueñas (alias Gatiti, considerado como autor), y sus cómplices Manuel Álvarez Silva, Hipólito Abriala Pérez, Agustín Arias Rey (“Pitillo”, que con otros ya había participado en julio en el ataque al contratista Paulino Clérigo), Francisco Fernández García, Pascual Lozano Martínez, Andrés Martínez Blanco, Leopoldo Mielgo Domínguez, Casimiro Riesco Pérez, Joaquín Vega García, Manuel Fernández García y Abundio Lozano Martínez, de Pobladura de Pelayo García (dos procesados “Pitillo” –de 27 años- y “Sindi” –de 25-  no comparecen por haberse fugado con otros cuatro presos el 27 de agosto de 1934 de la cárcel provincial). El fiscal solicitaba la pena de muerte para el primero (además de para los no comparecientes) y condenas de reclusión perpetua para los restantes procesados (excepto Abundio Lozano, para quien, como encubridor, insta seis años de prisión). Los defensores (abogados Alfonso Ureña Delás y Carlos Álvarez Cadórniga), alegando que los hechos no están probados, pidieron la absolución de todos ellos. A la mitad de noviembre de 1935 el ministerio público reclamaría también en Consejo de Guerra la pena capital para el cenetista Timoteo José Álvarez Casasola (también procesado antes en rebeldía), detenido por entonces en Zaragoza (vecino de Veguellina, era natural de Roperuelos del Páramo, y sería fusilado en León, a los 31 años, el 29 de enero de 1938 con su compañero de militancia Abundio, de 25 años, y nueve más), y el 31 de aquel mes se verá ante el Tribunal Supremo el recurso contra el fallo del Tribunal Militar de León que había condenado a Antonio García Dueñas a la pena capital, sentencia que confirmará el 4 de diciembre el alto Tribunal.

Un rebelde arrestado por la Guardia Civil en Labastida (Logroño).

[Habían despedido en Veguellina de Órbigo al comienzo de julio de 1933 a varios obreros en la obra de construcción del puente sobre la vía férrea, ocasionándose protestas contra el contratista de obras Paulino Clérigo (tradicionalista de ascendencia vasca; su hijo Restituto Clerigo Santamaría, maestro cursillista de 1935 nombrado en junio interino para la escuela mixta de San Félix de la Valdería, será en 1937 Secretario Provincial de FET y de las JONS, después de la impuesta unificación de las milicias nacionales), agredido por cinco obreros que le solicitaron empleo, a lo que no accedió por tener cubierto el cupo, y forzado a huir pistola en mano hacia el cuartel de la Guardia Civil, donde se refugió, perseguido a tiros por algunos militantes anarquistas (Agustín Arias Rey –el “Pitillo”- y Manuel Trigal Mata, entre ellos) y apedreado en el trayecto, en el que hizo uso del arma. Los agresores fueron detenidos por los guardias y puestos en libertad poco después. Los dos citados participarán en julio de 1936 en la oposición al golpe militar en Veguellina; el primero conseguirá huir, y será el segundo condenado a muerte por ello y conmutado luego por reclusión perpetua].

Algunos de los penados en marzo de 1935 ya lo habían sido el 24 de enero de 1934 por el Tribunal de Urgencia de León, que veía la causa por los sucesos de Veguellina, Hospital de Órbigo y otros pueblos durante el movimiento revolucionario contra Casimiro Riesco, Leopoldo Mielgo Domínguez y Andrés Martínez, defendidos también antes por los mismos dos letrados y por Olegario Combarros (aparece como falangista astorgano en el otoño de 1936), y condenados por reunión ilegal a dos meses de arresto mayor, y por sedición a un año y ocho meses. A tres meses se condenó por reunión ilegal a los siete procesados restantes, y por sedición a dos años y once meses, absolviendo a unos y a otros de la acusación de uso de explosivos.

Se va al rápido y total desarme en toda España, decía el ministro de la Gobernación, Rico Avello, el día 30 de diciembre de 1933 (circulares gubernamentales para la retirada de armas continuarían dictándose aún en marzo de 1936), y añade que recomendará al ministro de Justicia el rápido establecimiento de campos de concentración de vagos y maleantes (en el centro, norte y sur del país) para aplicar eficazmente la Ley que de ellos se ocupa desde el pasado agosto. El día anterior los presos sociales (denominación que la prensa obrera daba entonces a quienes eran en su mayoría asalariados) de la cárcel de León se quejaban de las pésimas condiciones del edificio y de la insuficiencia del local (se había hecho preciso trasladar a Oviedo a parte de los presos comunes para acoger a los de la revuelta anarquista, promotores de la protesta), algo que se repetirá en el año próximo a iniciarse después de la insurrección socialista de octubre, cuando vuelva a desbordar de recluidos la prisión leonesa, además de las varias de Astorga y el Depósito Municipal de Presos y Detenidos de La Bañeza que como una más de aquéllas seguía funcionando.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


Adiós a Víctor, conocido fotógrafo y deportista

Publicado por José Cruz Cabo el 14/11/2018 15:56 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

Víctor de la Fuente Gracia, más conocido por Victor el fotógrafo, nos dejó después de 96 años luchando con la vida y sus problemas. Yo lo conocí en los primeros años cuarenta en su casa y estudio fotográfico situado en la Plaza Obispo Alcolea, donde hoy es el Centro Cultural de las Tierras Bañezanas.

Nuestra amistad se fortaleció cuando su hija Elsa y dos de mis hijos eran pequeños. En aquellos años cuarenta comenzó a practicar la gimnasia con las pesas y otros aparatos. En el río Tuerto, donde ahora están las piscinas, comenzó a practicar el piragüismo y le siguieron otros a los que él enseñó cómo se debían usar los remos para coger velocidad.

En aquella época la mayoría de la gente se casaba en domingo y como yo no trabajaba le acompañaba a realizar el reportaje; fueron muchos domingos y muchos pueblos de la zona recorridos. El intercambio de libros y revistas era continuo entre los dos, ya que nos gustaba leer y luego comentar, cuando estábamos juntos.

Le ayudé cuando cambió de casa, que la hizo con un gran estudio y tanto Nieves como Carmina, nuestras esposas, se hicieron amigas y nuestra amistad se consolidó definitivamente. Fueron varias las portadas que hizo para El Adelanto y algunas exposiciones de su otra pasión, la pintura, realizando cuadros de todas clases con una maestría impresionante.

En una de sus exposiciones me regaló un precioso cuadro que tengo en mi mejor habitación, dada la gran calidad del mismo. Fue muy simpático cuando en la Plaza Obispo Alcolea vistió a Elsa de novia y a mi hijo Jesús de novio, y los Carniceros y otros niños y niñas hicieron de testigos. Las fotos de aquella boda las conservo como oro en paño.

Víctor tuvo una vida que muchos quisieran y fue el iniciador en la ciudad del piragüismo y el fortalecimiento muscular. Te vamos a echar de menos a pesar de que ya lo hacíamos ahora porque ya no podías salir. A tu Carmina y tu Elsa, así como a tu hijo político y tus dos nietos, nuestro mas emocionado pésame y creo que pronto nos veremos en el más allá.


ADELBA cumple 33 años

Publicado por Ibañeza.es el 14/11/2018 9:55 Comentarios desactivados

Charo Martínez Domínguez

La Asociación de Diabéticos de La Bañeza y Comarca sigue con su labor de formar, informar, ayudar a los diabéticos (especialmente a los recién diagnosticados) y a sus familiares y amigos.

Todos tenemos un pariente, un amigo o un conocido que padece esta dolencia. La diabetes no se “nota” por fuera, nuestro aspecto no delata nuestro problema de salud.

Este año el Día Mundial de la Diabetes, que se celebra cada 14 de noviembre tiene un lema muy interesante “LA FAMILIA Y LA DIABETES” y voy a dar mis opiniones al respecto.

Cuando en una familia aparece un diabético se trastoca la unidad familiar en un principio. Después llega el periodo de aceptación y se ven las cosas de otro modo.

Siempre se producen cambios en la alimentación y en los horarios, mucho mas ordenados, gracias al “debutante”. Así que este es un aspecto positivo que mejorará la salud de todos los miembros de la familia. La dieta de un diabético no es nada especial ni es más cara.

La familia, los compañeros y amigos deben ayudar al diabético sin agobiarle. Deben respetar sus raciones de alimentos sin decir eso tan conocido de “¡Come más, total por un día…!

Pero también la familia debería reconocer los síntomas de una hipoglucemia (bajada rápida del nivel de glucosa) y ayudarle a resolver esta situación. Si el problema se agrava debe saber reaccionar con rapidez y serenidad. Me explico, si el diabético pierde el conocimiento, lo primero es avisar a urgencias, y se recomienda tener GLUCAGÓN (en sus distintas fórmulas comerciales) en casa y saber cómo se inyecta. Por supuesto hay que avisar al Centro de Salud que obligatoriamente debe tener este medicamento para solucionar ese grave contratiempo que sufren mayoritariamente los diabéticos de Tipo 1 y los que precisan insulina.

Sirva este consejo para las Residencias de ancianos y Centros de día en los cuales hay pacientes Diabéticos ancianos que no son conscientes de sus hipoglucemias.

ADELBA está para ayudar a sus socios y todos saben que siempre tenemos actividades para todos los gustos. Excursiones, visitas guiadas para conocer nuestro Patrimonio artístico y cursillos de alimentación y cocina.

Esperemos que las autoridades sanitarias se preocupen por la investigación y la prevención. Las complicaciones salen muy caras. Esperemos que la crisis no sea un freno en el campo de la ciencia. No hablo solo de Diabetes sino de todas las enfermedades que nos acechan.

Finalmente quiero agradecer a todas las instituciones que nos ayudan en todos los sentidos. Gracias a los que se hacen socios no siendo diabéticos y a todos los que siguen pagando la cuota aunque se hayan ido a vivir fuera de nuestra ciudad.

Adelba seguirá con sus actividades mientras encuentre apoyo tanto de los socios como de sus colaboradores que realizan un trabajo que no tiene compensación económica, pero ocupa tiempo y dedicación.

¡Acercaos a conocernos! Tenemos experiencia en educación diabetológica y lo más importante es que sabemos escuchar y llegar a donde la administración no llega por falta de tiempo o por otras causas.

¡Ah, se me olvida lo principal! Muchas felicidades ADELBA, QUE CUMPLAS MUCHOS MÁS!…Y que todos podamos disfrutarlo.


Los tiempos cambian que es una barbaridad

Publicado por José Cruz Cabo el 13/11/2018 8:27 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

En los años treinta los bañezanos teníamos las Escuelas de Villa; abajo estábamos los chicos y en el primer piso las chicas, el patio de juegos era interior –pequeño para tantos como éramos– y las chicas bajaban al recreo a la Plaza de los Cacharros.

Los juegos no tenían nada que ver con los de ahora, entonces nos divertóamos con las carpetas, a la una anda la mula y las chapas de las botellas que machacábamos hasta dejarlas lisas por ambos lados. Pintábamos en la acera un campo de fútbol y con las chapas le dábamos a una bolita para intentar meter gol en la portería contraria; el peón y el pite; y las niñas sobre todo la comba. Para jugar al fútbol con un un puñado de periodicos o papel atados con una cuerda.

En las escuelas los chicos y las chicas estábamos separados y casi no nos veíamos ni a la sakida de las clases; y es que las monjas sólo tenían niñas, que podían ser internas, externas y mediopensionistas. La ciudad no tenía aguas y salvo los ricos que hacían retretes con una silla y un caldero debajo, teníamos que hacer nuestras necesidades en la calle y en casa en el orinal que luego se tiraba en la calle.

La Bañeza no tuvo aguas corrientes hsta el año 1948, pero sólo podían meter la acometida los ricos en toda la casa. Hasta que poco a poco todo el que tenía casa metía el agua detrás de la puerta de entrada y ponía una pila para lavar. De hecho, recuerdo que el agua corriente en todas las casas, y sobre todo en algunos barrios, salvo El Polvorín que la tuvo luego, no pudieron hacerlo hasta los años sesenta y con mucho sacrificio.


Aunque nos lo pinten bonito, comemos mierda

Publicado por A. Cordero el 12/11/2018 7:45 Comentarios desactivados

En casa siempre nos ha preocupado el tema de la alimentación y jamás compramos alimentos precocinados para evitar comer ingredientes extraños que de pensarlo nunca comeríamos, pero que el fabricante haya incluido en el producto y no sea “tan bueno” como dice la publicidad. En cuanto a los procesados, que algunos se han convertido en inevitables, siempre miramos las etiquetas de forma exhaustiva y rechazamos cualquier alimento que se salga de los cánones que tenemos marcados. Así han abandonado nuestra despensa muchos artículos que hasta hace poco parecían aceptables pero desde que la legislación ha puesto tan fácil descifrar lo que comemos, el rechazo hacia los productos con aditivos dudosos o –a nuestro juicio– innecesarios ha sido total. Sin paños calientes.

Entiendo que no siempre es fácil comer sano y natural, porque las prisas o la falta de previsión obligan a adaptarse a la tentadora oferta existente en los lineales de los supermercados, con esas comidas listas para comer, o en restaurantes de baja estofa que para ofrecer el menú por siete u ocho euros –en ocasiones hasta menos– sucumben a la rapidez y a la facilidad que les ofrece la marca más barata de salsas, aderezos y condimentos con los que disfrazan los humeantes platos que salen de la cocina y sirven para llenar la barriga que, dicho sea de paso, no es lo mismo que comer.

Quizás la guerra particular que tenemos en casa contra la innumerable lista de aditivos con los que la industria alimentaria trata de seducir a los paladares menos exigentes, sea un poco exagerada, pero echándole un vistazo rápido, tardamos muy poco en darnos cuenta de que comemos MIERDA, así, con letras grandes; y lo preocupante es que a las autoridades sanitarias, parece darles igual porque no prohíben un colorante que además de teñir los pantalones vaqueros o la gasolina de color azul, también se emplea en helados, golosinas, pasteles…, o el rojo, utilizado en innumerables productos que se comen a diario, se extrae aplastando un insecto llamado cochinilla pero que, bajo la denominación ‘rojo carmín’ o E-120 da un poco menos asco.

Así empezamos en casa a rechazar los alimentos procesados en las grandes multinacionales, los yogures, la bollería, los refrescos, las golosinas, muchas marcas de galletas, chocolates, el amarillo de la paella, las salsas industriales, las bechameles de los establecimientos hosteleros, las salsas ‘indefinidas’ y a decantarnos por fabricantes locales y pequeños artesanos siempre que el tiempo, la pericia en los fogones o la adquisición de la materia prima no nos impida hacer acopio de mermeladas, salsas y conservas con las que “demostrarle” a la industria alimentaria que está metiendo la pata y fabricando enfermedades en lata, en brik, en bolsa, en botella, en caja, en polvo…, para todos los gustos.

Y es que no hace falta esconder los colores, sabores y texturas naturales de los alimentos bajo unas salsas que solo aportan grasas y azúcares, o alargar de forma artificial la vida de un producto sano o medianamente sano a base de conservantes y aditivos muchos de ellos cancerígenos y que están muy presentes en nuestra dieta diaria, o en la alimentación infantil, que es más grave. Quienes me conocen saben que no me gustan los disfraces, que la carne y el pescado (aunque también tengan lo suyo), como mejor se degustan es a la plancha, con sal (que es otro veneno del que hablaré en otro momento) y aceite de oliva, ese lujo impagable que tenemos en España y que tanto envidian en muchos países, sin tener que recurrir a saborizantes, potenciadores del sabor o Umami, como dicen los japoneses.


La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (III)

Publicado por Ibañeza.es el 5/11/2018 7:57 Comentarios desactivados

En Valderas los obreros secundaron el lunes la huelga para volver la mayoría el martes al trabajo (excepto los ocupados en la reparación de las calles, que lo harán el día 14), animados por las noticias que les llegan de los disturbios de otras zonas y de las más cercanas, Veguellina de Órbigo entre ellas, donde la revuelta alcanzó graves cotas y “más se sintieron los horrores de la huelga revolucionaria”. Fue allí “víctima de un criminal atentado una pareja de la Guardia Civil cuando en la noche del domingo, día 10, se dirigía desarmada al cuartel del pueblo. Un grupo de desconocidos agredió a tiros por la espalda (ya a las puertas del recinto) a los guardias José Muñiz Alcoba y Manuel Guerra Martínez, presentando el primero 14 heridas de bala y 6 el segundo. El estado del uno era gravísimo, y menos grave el del otro. Ambos fueron trasladados en una ambulancia de la Diputación al sanatorio del doctor José Eguiagaray, en León, y habían mejorado ya bastante el día 16 (fecha en que lo narra El Adelanto, en un número “sometido a la previa censura”, como dispone el estado de alarma decretado, aunque los dos quedarán inútiles para el servicio, se dirá más adelante). Se practicaron algunas detenciones, después de que los rebeldes hicieran explotar varios cartuchos de dinamita y cortaran los hilos del telégrafo, teléfono y alumbrado, levantando algunos trozos de la vía férrea, y siendo milagroso que no se produjera una catástrofe a la llegada del expreso de Madrid” a aquella estación de ferrocarril, en la que trabajaría desde 1935 como factor Emilio Sanmiguel Herrero, padre de Lorenzo Sanmiguel Martínez, que tendría años después un marcado protagonismo en la guerrilla leonesa, encabezando una partida (la de “Martínez”), y sobre todo en la red de espionaje tramada en el norte peninsular y organizada por la Embajada inglesa con vistas a proveer a los Aliados de una alternativa en España al desembarco en Normandía de junio de 1944, lo que de haberse llegado a realizar hubiera cambiado radicalmente en nuestro país el curso de su historia.

Se dirá en El Combate el 23 de diciembre que “cuando los revolucionarios levantaron los raíles del tren en las estaciones de León y Veguellina cortaron al propio tiempo los alambres del disco para evitar el descarrilamiento de los trenes, pues al no poder dar con tal disco vía libre aquellos pararían, como sucedió, haciendo imposible el descarrilamiento,… aunque diga la ‘buena prensa’ (la católica y conservadora) que confundieron los cables del telégrafo (que van por arriba) con los del disco (que van a ras de tierra)”.

Cuando desde El Diario de León se cargue contra los derrotados revoltosos de octubre de 1934, se dirá el 17 de diciembre que “en la memoria de todos está en Veguellina la revolución de diciembre de 1933, en que la fábrica azucarera estuvo a punto de ser volada con la consiguiente ruina de un centenar de pueblos agrícolas; la Guardia Civil, en sanguinario asedio, se salvó de la muerte por milagro; levantados fueron los raíles del Ferrocarril del Norte con el fin de que perecieran los viajeros del exprés gallego; cortada la línea de Telégrafos y Teléfonos, y derribada la gigantesca red eléctrica de la empresa Fuerzas Motrices del Valle del Luna”, aunque nada se dijo sobre ello (tampoco sobre el derribo del tendido eléctrico) en ninguna publicación entonces, en los días de aquella algarada revolucionaria, y nada se dirá el 14 de marzo de 1935 cuando el mismo diario informe del Consejo de Guerra en el que se juzgarán aquellos hechos.

Un rebelde arrestado por la Guardia Civil en Labastida (Logroño).

Aquellos hechos sediciosos se achacan desde el semanario bañezano a “los obreros engañados por las predicaciones sangrientas de los jefes anarquistas y socialistas” (aunque los últimos no hubieran tenido participación en ellos y se hubiera tratado de una revuelta de perfil netamente libertario), algo que vendría a formar parte años después de los diversos mitos extendidos y sostenidos por los sublevados: el de que las víctimas de su represión habían sido embaucados por las ideas disolventes traídas a unas sociedades tradicionales, armónicas y pacíficas por gentes de fuera, como los forasteros, “cuatro pillos lenines comunistoides y socialeros –casi todos extranjis- que han laborado los últimos dos años y medio con engaño, huelgas, alboroto y división, explotando al pobre pueblo bañezano”, como dirá el clérigo regente que firma K-Vernícola en sus ediciones del 25 de noviembre y del 2 y 9 de diciembre, en una siembra de burla, desprestigio y odio en la que la publicación persistía, y que, convenientemente alimentados, producirían en pocos años resultados cainitas e inciviles.

Lo sucedido en Veguellina de Órbigo y en otros lugares había sido la explosión de conflictos fortuitos en los lugares en los que había militancia anarcosindicalista, coincidente con los puntos álgidos de agitación laboral, sindical y social, en acciones mayoritariamente aisladas entre ellas y sin más nexo de unión que ser la manifestación externa del descontento desesperanzado de las clases político-sociales menos favorecidas por la República; una revuelta con más rabia que ideas; un antagonismo que no es más que un frustrado intento de radicalización que ya preludia el resquebrajamiento de la sociedad en bloques enemigos y que parece indicar que en León los gobernantes, los revolucionarios y los militares ya están tomando partido antes del 18 de julio de 1936.

En la noche del martes, día 12 de diciembre, se presentaban al juez de Astorga, señor Duque, tres individuos (a quienes perseguía la Benemérita), presuntos autores de los bárbaros sucesos de Veguellina, los sindicalistas Casimiro Riesco y Manuel Martín, de Hospital de Órbigo, y Leopoldo Mielgo, de Puente de Órbigo, que ingresaban de inmediato en la cárcel en calidad de incomunicados. En la misma fecha era detenido por la Guardia Civil e ingresado también en la astorgana Prisión del Partido Antonio Peña Gallego, de Veguellina, y se ordenaba la detención de Miguel González Álvarez (“Sindi”), y de Agustín Arias Rey, a los que se acusaba de agresión. En la siguiente, día 13, dirá el rotativo leonés La Democracia que “el orden es completo en la capital y en la provincia, dándose por sofocado en su totalidad el movimiento, pues éste era el único foco que quedaba en toda España”.

De inmediato se aplicó sobre los insurgentes la represión que la ley y el estado de alarma establecían, y ya el día 14 pasaban a considerarse hechos de guerra los realizados por la fuerza pública al reducir a los intervinientes en los últimos sucesos, cuando los insurrectos aún merodean y cometen desmanes en los pueblos altos del Bierzo y llegaban a León al medio día, en dos autobuses y custodiados por guardias de Asalto, 21 detenidos de Fabero y Villafranca para ser recluidos en su cárcel por no haber sitio en las de aquellos pueblos. Al día siguiente se traslada a 16 a la prisión de Sahagún, y a la de Astorga se envían otros tantos (además de los 37 escoltados desde Bembibre el mismo día), al tiempo que el gobernador civil impone 32 multas de 10.000 pesetas (o el arresto subsidiario por dos meses en caso de insolvencia, que era el de la mayoría) a igual número de principales promotores, dirigentes y organizadores del movimiento revolucionario, además de otra de 500 al coadjutor de Santa María del Páramo, Antonio Sotillo Sanromán, “por enseñar y obligar a los niños de la catequesis a cantar canciones con la música de la marcha real” (se le levantaría la sanción a finales de enero de 1934, pues aquellos cánticos –a la Virgen- se hacían sin estar presente el sacerdote).

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)


La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (II)

Publicado por Ibañeza.es el 22/10/2018 7:23 Comentarios desactivados

Para que aquel ensayo de revolución del año 33 apareciera con todas las contradicciones, se promovió en el mes de diciembre, el periodo menos indicado para echarse a la calle, y mucho menos aún en regiones como las leonesas. En León, una de las ciudadelas del buen entendimiento social; con un partido republicano radical que no desertaba de su coordinación y coherencia con las tribulaciones populares; con un partido socialista exasperado por lo que tenía aquella aparición de las derechas autónomas de derrota en toda la línea de sus previsiones; y sobre todo con una Confederación Nacional del Trabajo que no había digerido todavía las defecciones socialistas durante los primeros tanteos republicanos, con aquellos barbarismos de Casas Viejas, de Arnedo, o de las deportaciones de los más significados hombres de la Federación Anarquista Ibérica, con el leones Buenaventura Durruti en cabeza, ni estaba dispuesta a que los nuevos amos de la finca les negaran el pan y la sal, fue la Revolución.

Se levantaron en armas los hombres de la mina, las gentes ácratas de Fabero del Bierzo y las de La Valcueva y las de Toreno, y más o menos todas aquellas que rumiaban en soledad sus desencantos. Y a bombazo limpio, con más coraje y corazón que cabeza, se lanzaron a la conquista del mundo. Tomaron el cuartel de la Guardia Civil y produjeron la muerte de algún representante de la Ley. Y se dispusieron a tomar Ponferrada, su proyección revolucionaria máxima, su objetivo estratégico principal. Ni fue posible la guerra, ni fue ya posible la paz, salvo la de los sepulcros.

Se inició la represión, la reconquista, y pagaron los de siempre. El gobernador civil de la Provincia, Salvador Etcheverría Brañas, impuso la ley a bandazo tronante, y las cárceles de León, de Astorga y de Ponferrada se llenaron de desilusionados y deslumbrados. Fue una guerra estúpida, un movimiento táctico criminal, y una represión desmesurada. Ni los muchachos que habían tomado lo de la revolución en serio, a lo que tenían perfecto derecho, ni las víctimas entre los Guardias Civiles merecían un tan pobre, tan triste y tan paranoico montaje. Murieron cuatro romanos y cinco cartagineses. Pero quedó en la boca de cuantos intervinieron y en los que siguieron el relato, un sabor ácido que les venía de las entrañas.

De los entresijos de aquel episodio bárbaro nadie parecía querer saber nada. Sólo los anarquistas de la CNT, los apasionados y fieles cachorros de la FAI; ni el Partido Socialista ni la Sindical del mismo apego tenían nada que ver con la tremenda refriega organizada.

A los republicanos de todos los colores les parecía inoportuno, inadecuado y negativo el ensayo revolucionario, tal vez porque si salía bien, podía extenderse el invento y dar al traste con la casta y pura doncella republicana; para los socialistas, porque como miembros de la combinación republicano-socialista, llamada a gobernar por las buenas, aquellas malas no le servían sino para descubrir sus posibles fallos ante los trabajadores; y a los núcleos victoriosos de las derechas acumuladas, tampoco les convenía comenzar su andadura gubernamental machacando masas proletarias y tiñendo las crónicas de sangre.

Solamente los encendidos e irreconciliables libertarios encontraban el levantamiento, no solo justificado, sino propicio para una posible extensión y sobre todo para una comprobación de fuerzas.

Consecuencia lógica de tantísima confusión, las carreras a pelo, las escapadas tácticas, los escondites bajo la capa del cielo. Y en León, no faltaban ni heroicos fugitivos, ni técnicos en los juegos del escondite y de la dispersión.

Así aquel Elías García Sobrino, el que escribía los mensajes y las proclamas en tiempos de huelga, hombre austero y leal entregado tan de por vida a la “causa” que en ella acabó consumido y convertido en cenizas mártires. O aquel José Rey Álvarez, tan sereno y tan entero en los momentos de mayor riesgo; o Manuel Durruti Domingo, emplazado para la muerte en el año inmediato; o Melón Prieto, que empezó por ser boxeador y acabó zurrándoselas con el viento, como el personaje de Machado, o Juan Monje Antón, de la raíz de los negrillos de la tierra, pequeño, acortezado y duro, que un día le robó un fusil al centinela del Cuartel de la Fábrica; o “El Zancajo”, que cargó a hombros con su padre enfermo y le trajo a morir al pie de casa, y que luego fuera ejecutado a garrote vil en el patio de la carcelona de Puerta Castillo, en el año de la gran derrota, en el extravío del año 36; o “El Canalejas”, que era como un César Vallejo, en pequeño, al que todos le pegaban sin que él hiciera jamás daño a nadie, y que en la canallesca bronca del año 36, fue apresado en su casa de Puertamoneda, trasladado en un coche misterioso, como eran todos los que se dedicaban a la recogida de desleales, por las milicias sin padre ni apellidos políticos registrados, a la Diputación Provincial, que era donde se había establecido el cuartel general de los guardianes del orden público y de las puras esencias de la raza, y ya nadie volvió a saber de su vida ni de su muerte.

Todos o casi todos los que en aquel trágico esperpento del año 33 fueron detenidos, interrogados o borrados del censo por paradero desconocido, cuyo fracaso derivó en la paulatina declinación del poder sindical de la CNT, de cuyos componentes, sobre todo de sus fieles de la FAI, no quedaría sino un recuerdo como de leyenda, que el feroz holocausto del año de la sublevación de los sargentos habría de afirmar, en el año 1936 (¡Apenas tres años después de que se apagaran  las llamas de la ingrata sublevación de los pobres!), acabaron no diré que de mala manera, porque de muchos ni siquiera se sabe cómo fueron suprimidos.

El 11 de diciembre se remitían a los alcaldes del partido bañezano copias de los bandos fechados el 9 y que el gobernador civil había enviado el día antes al regidor de La Bañeza y a los de las demás cabezas de partido y villas y pueblos señalados (como Santa María del Páramo, Benavides, Hospital de Órbigo, Villamañán, Valderas, Veguellina, San Cristóbal de la Polantera, o Riego de la Vega) declarando el estado de alarma en la nación, cuyos acuses de recibo se devolvían de  Pobladura de Pelayo García el día 13, de San Adrián, Destriana, Quintana del Marco y  San Pedro Bercianos el 14, y el 15 de Santa Elena de Jamuz y de Castrocalbón. El mismo día 11 se corta por algunos revoltosos la línea telefónica que une León con Galicia y la telegráfica entre Astorga y la capital, y se inicia en la mañana una huelga que afecta a todo el ramo de la construcción y a las fábricas, a la que se suman por la tarde los tipógrafos, con lo que no habrá prensa el martes día 12, aunque si parece que abrió el comercio en la tarde de la fecha anterior.

Los sucesos revolucionarios anarcosindicalistas resultarían de más aparatosa gravedad en Cataluña, la Rioja, y Aragón (entre las víctimas habidas en Zaragoza se contó al leonés de Villarejo de Órbigo Dionisio Martínez Fernández, de 19 años, muerto cuando prestaba servicio como repartidor de Telefónica), y en la provincia de León alcanzarían los chispazos de aquel movimiento (así los nombra El Diario de León) a la capital, donde declararon la huelga general los elementos de la CNT, no publicándose los periódicos y adoptándose grandes precauciones, sin que la normalidad se viera alterada (aunque la policía controlaba la situación en un par de días –dirán otras fuentes- y detenía de inmediato a los anarquistas más activos), y a lugares de la cuenca minera del Bierzo como Cacabelos, Fabero (donde los cenetistas del Sindicato Único Minero, capitaneados por el natural de Requejo de la Vega Clemente Gregorio Aparicio Pérez proclamarán el comunismo libertario), Vega de Espinareda y Villafranca, donde estallaron focos revolucionarios (principalmente en las tres primeras poblaciones), habiendo salido para Ponferrada dos compañías del Regimiento nº 36 de León (en nueve automóviles de línea requisados, a cargo de un comandante y dos capitanes, uno de ellos Eduardo Rodríguez Calleja) y una compañía de ametralladoras de Astorga, concentrándose además nutridas fuerzas de la Benemérita, acompañadas todas ellas por dos aeroplanos de la base de la Virgen del Camino. La calma se restableció, huyendo al monte los rebeldes y saliendo para Vega de Espinareda una sección de ametralladoras y 35 Guardias Civiles para reducir a los extremistas, que se hicieron fuertes en este pueblo. En Cacabelos resultó herido un Guardia Civil, y en un camión abandonado por los revoltosos se halló el cadáver de un paisano, todo ello según lo contaba el semanario bañezano El Adelanto el día 16, añadiendo que para entonces la huelga ya se solucionó en León, y reina la tranquilidad en toda la provincia y en España, según comunicaba a los periodistas el gobernador civil.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Un joven participante en la revuelta detenido por la Guardia de Asalto en Zaragoza.


Conrado y Charo siguen ayudando a La Bañeza

Publicado por José Cruz Cabo el 21/10/2018 9:05 Comentarios desactivados

José Cruz Cabo

Hemos podido contemplar la exposición que la Fundación Conrado Blanco expuso en la Sala Azul de la calle Juan de Mansilla, junto a la de la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de todo lo que está realizando en el arte de las dos iglesias de nuestra ciudad, consiguiendo restaurar todas las imágenes y retablos de Santa María y El Salvador.

Además te podías llevar un folleto con todas las obras de arte que ya han restaurado y de las que se van a restaurar próximamente, una publicación que está magníficamente impresa por Ediciones Monte Riego de nuestra ciudad y en el mismo explican todo lo que han hecho y mejorado en retablos e imágenes y además está la historia de artistas y restauradores que hicieron las obras.

Este patronazgo de la Fundación Conrado Blanco que preside el que fue notario de León y bañezano de pro, Eugenio de Mata, está realizando un gran mecenazgo en favor de todos los bañezanos poque las obras artísticas se conserven en toda su belleza original y gracias a esto todas las obras que se restauran seguiran proclamando su belleza original, servirán para conocer mejor nuestra historia, y recordando a Conrado y Charo, que tanto hicieron por nuestra ciudad y que siguen haciendo a través de su fundación.

Cuanado fuimos a ver la exposición estaba la secretaria de la Fundación, Luisa Arias González, quien nos explicó muchas de las cosas que se han hecho y de las que se harán el próximo año, ya que la fundación tiene programado todo lo que va a realizar aparte de los libros que se hacen con motivo de los certámenes de poesía de ambos cónyuges y con la posibilidad de costear algún libro que se pueda escribir sobre la historia de nuestra ciudad, como pasó con Domingo del Prado y su Napoleón y el de José Dionisio Colinas, sobre el convento del Carmen que acabaron con él, el estado y la incuria de los que entonces gobernaban nuestro país. Terminamos felicitando a la Fundación y a sus miembros y que sigan muchos años con este trabajo y otros que puedan surgir, siempre mejorando nuestra ciudad, incluso dándola a conocer.


La revuelta anarcosindicalista de 1933 en Veguellina y otros lugares (I)

Publicado por Ibañeza.es el 8/10/2018 8:05 Comentarios desactivados

La española Segunda “República de trabajadores de toda clase” había decepcionado pronto a los obreros, desde que ya en junio de 1931 desencadenara la represión policial contra los cada vez más numerosos movimientos populares. Además el desgaste del gobierno republicano-socialista, que había introducido tantas rápidas reformas, sin terminar ninguna, y el aplastante triunfo en las urnas del frente antirrepublicano y antirreformista el 19 de noviembre de 1933 habían traído incertidumbre, desasosiego social y desesperanza a los grupos proletarios organizados, que veían como el rumbo de la Segunda República daba un importante golpe de timón, frente al cual florecen desde diciembre en toda España abundantes intentos insurrecciónales abanderados por los anarquistas, que también alcanzan a León, a pesar de haberse declarado el estado de prevención ya el 4 de diciembre.

El gobernador general de Cataluña pedía aquel mismo día al gobierno refuerzos de policía para que puedan descansar los que están allí, muy fatigados por los últimos acontecimientos provocados por los anarcosindicalistas. Se registraban y clausuraban en Madrid el 5 todos los círculos tradicionalistas (protestan sus militantes diciendo que las Casas del Pueblo están llenas de armas y ni se registran ni se clausuran), la oficina fascista de Falange Española y los ateneos libertarios; se retiraba (una vez más) el periódico El Socialista por orden del gobierno y por publicar un artículo violento, y se descubría en Tui (Pontevedra) un intento de sedición entre algunos marineros de la tripulación de la lancha de guerra Cabo Praderas, deteniéndose a los principales comprometidos, prolegómenos todos de actuaciones rebeldes de mayor envergadura que poco tardarían en producirse, y así se declaraba el día 9 el estado de alarma en todo el territorio nacional al estallar un levantamiento anarquista, con ramificaciones principales en Logroño, Huesca, Zaragoza y Barcelona, y con el resultado de cuatro guardias civiles muertos y once heridos, aunque “la rebelión está sofocada”, se añadía entonces.

En veinte minutos había creído el ministro de la Gobernación que se ahogaría aquel movimiento perturbador de extrema izquierda que los rumores ya anunciaban para la noche del 8 de diciembre, y en el que no intervendrían más fuerzas que las de la CNT-FAI (como dirá más adelante en el Parlamento Indalecio Prieto, desmarcando de él al socialismo, que a pesar de las retóricas declaraciones revolucionarias de Largo Caballero no secundaría la protesta), lo que no vino a resultar tan sencillo, durando cuatro días y dejando 75 muertos y 101 heridos entre los revolucionarios, 11 muertos y 45 heridos de la Guardia Civil, y 3 muertos y 18 heridos de las fuerzas de Seguridad.

Sólo a partir del triunfo conservador en las elecciones generales de noviembre comenzaron a producirse (a acrecentarse más bien, al tiempo que abundaban los intentos insurreccionales en toda España) los desórdenes en la provincia leonesa, en la que los problemas básicos que convulsionaban la vida del país (la Reforma Agraria, la cuestión religiosa y el paro obrero) no tenían traducción, y donde el sindicato UGT era reformista, sin ser faista el anarcosindicalismo, un reformismo sindical que obedecía a la cercanía de los trabajadores más a su antigua mentalidad agrícola que a su condición de asalariados. Por otra parte, el gobernador civil de León, Salvador Etcheverría Brañas, tenía ya conocimiento el 10 de noviembre anterior, por el informe del agente de Investigación y Vigilancia asistente a la misma como delegado gubernativo, de que en una reunión en el local de la CNT en la capital se acordaba declarar la huelga general revolucionaria con todas sus consecuencias si en las elecciones del 19 de aquel mes triunfaban las extremas derechas, y desde la Dirección General de Seguridad el 9 de diciembre de que el sindicato anarquista y la FAI llamaban en todo el país a la revuelta para imponer el comunismo libertario. Los anarcosindicalistas leoneses, partícipes de las consignas de los comités nacionales de una y otra organización, decidirán comenzar la huelga general el día 11, una vez conocidos los movimientos revolucionarios en Aragón y otros lugares.

Una visión cercana e interior del cómo y el porqué de la asonada que estalló en Veguellina de Órbigo (donde la CNT contaba en septiembre de 1932 con 169 asociados en su Sindicato de Oficios Varios, representados por Victoriano Fernández en el III Congreso Regional; en la vecina Astorga aún funcionaba a la altura de 1925, concebida y gestionada bajo criterios ácratas, una Biblioteca Pública Naturista) y en otros lugares del país y de la tierra leonesa nos la facilita Victoriano Crémer cuando en Ante el espejo vuelve atrás la mirada, con ojos de vencido,

hacia la que con presunción se dio en llamar “Revolución del 33” y que ni siquiera fue motín con probabilidades de éxito, sino demostración del mal humor nacional, preferentemente de los trabajadores de todas clases, salidos o sacados de sus casillas por las confusas operaciones electorales de un mes de noviembre en el cual se le dio el voto a la mujer y se perdieron todos los estribos republicanos y democráticos que nos parecía que habíamos conseguido arrancar de sus tradicionales poseedores.

Si tan sólo hacía dos años que habíamos decidido, pacíficamente, transformar la carátula del país y poner el gorro frigio a la copiosa matrona nacional, no cabía admitir que solamente dos años después, las urnas, donde se cuecen todos los engañosos juegos democráticos, hubieran dado el triunfo total a la confabulación capitaneada por Gil Robles y los caballeros de la CEDA y que, como satélite adherido, apareciera al frente del Gobierno nada menos que Alejandro Lerroux. Aquella Confederación de las Derechas Autónomas, así que se hizo cargo del mando, comenzó la tarea de desmontar los pocos signos de progreso y de emancipación de los siervos que la República había sugerido. Y la llamada Reforma Agraria quedó borrada, y las incautaciones devueltas a sus poseedores tradicionales, y los tanteos para la contención del poder militar y eclesial se tiraron por la borda de una nave que desde sus primeros avances había enarbolado la bandera de la contrarrevolución preventiva. Algo que los obreros y campesinos no acabaron de comprender por mucho que se les explicara.

Y como ya en la apenas nacida República los trabajadores se habían sentido profundamente defraudados, así que comenzaron a entrever los entresijos de una política que se anunciaba claramente, despiadadamente, impíamente revanchista se propusieron impedirlo.

Del libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)

Un joven participante en la revuelta detenido por la Guardia de Asalto en Zaragoza.

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